Posteado por: Alejandro Villarreal | Viernes, marzo 20, 2009

¿Ha Realizado ya algún Papa la Consagración de Rusia?

Título: ¿Ha Realizado ya algún Papa la Consagración de Rusia?
Autor: R. P. Gérard Mura, FSSPX
Texto extraído del libro Fátima Roma Moscú , pp. 33-37

¿Ha Realizado ya algún Papa la Consagración de Rusia? Requisitos para la Consagración

La petición de consagrar Rusia no fue cumplida por Pío XI. En cambio, Pío XII y Juan Pablo II han hecho varios intentos de cumplir lo solicitado por el Cielo. ¿Han correspondido realmente estos intentos de consagración al pedido de María, o todavía está pendiente la consagración tal como la pidió Nuestra Señora? Para poder contestar a esta pregunta es necesario exponer brevemente los requisitos exactos para la consagración de Rusia que María Santísima indicó el 13 de junio de 1929 en la aparición a Sor Lucía, en Tuy (26).

1. El Papa debe consagrar Rusia al Inmaculado Corazón de María. Rusia, por ende, tiene que ser el propio y único objeto de la consagración. Una consagración del mundo con la sola mención de Rusia no es suficiente (27). Rusia debe ser explícitamente nombrada. Es inimaginable que una consagración sea eficaz sin la expresa denominación del sujeto a consagrar. El sólo encomendar confiadamente Rusia a María, no es suficiente; tiene que tratarse de una verdadera consagración.

2. Todos los obispos tienen que efectuar la consagración en unidad con el Papa y simultáneamente, ya sea unidos ante el Papa o cada obispo en forma solemne en su diócesis (28). El Papa debe ordenar esta co-ejecución (29). Solamente así se constituye la consagración como verdadero acto de la Jerarquía Eclesiástica.

3. La consagración debe ser suficientemente solemne y tener carácter público de resonancia mundial (30).

4. El Papa y los obispos deben asociar solemnemente al acto de consagración un acto (con oración) de expiación o reparación por las ofensas al Corazón Inmaculado de María (31).

5. El Papa debe comprometerse también a promover oficialmente la Devoción de los cinco Primeros Sábados del Mes en desagravio al Corazón Inmaculado de María (32).

Al repasar estos requisitos precisos resulta evidente que, hasta el día de hoy, ningún Papa ha cumplido completamente con la consagración de Rusia tal como la pide el Cielo.

Examinando los intentos de los Papas de llevar a cabo esta consagración, veremos por qué la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado aún está pendiente.

Pío XII efectuó una consagración al mundo al Inmaculado Corazón de María el 31 de octubre de 1942. Fue, sin embargo, una consagración del mundo y no de Rusia.

Se debe diferenciar muy bien entre el deseo del Cielo de la consagración de Rusia y el pedido del Cielo de la consagración del mundo (con especial mención de Rusia) y las respectivas promesas para cada caso. Son dos consagraciones, cada una con una promesa distinta del Cielo. Para la consagración del mundo, se prometió adelantar el término de la guerra mundial; y, para la consagración de Rusia, la conversión de ese país.

En las apariciones a Lucía, en Fátima y en Tuy, la Virgen María pidió solamente la consagración de Rusia. Habiendo resultado infructuosas las reiteradas peticiones hechas a la Santa Sede en este sentido, el obispo de Leiria-Fátima, Monseñor Da Silva, optó por rebajar los pedidos del Cielo: exhortó a Sor Lucía a pedir la consagración del mundo con mención de Rusia. Desde el punto de vista diplomático es mucho más simple cumplir esta petición. Los obispos de Portugal tenían noticia, a través de la venerable estigmatizada Alexandrina María Da Costa (fallecida el ¡13 de octubre! de 1955) de la petición del Señor de consagrar el mundo al Corazón de María. El obispo Da Silva quiso, en esta coyuntura, sustituir el pedido de la Santísima Virgen de Fátima por una consagración del mundo combinándola, por su propia iniciativa, con la mención de Rusia.

Ante esto, Sor Lucía rezaba intensamente, ya que no sabía si podía cambiar las palabras de la Madre de Dios. Fue entonces cuando, el 22 de octubre de 1940, se le apareció Nuestro Señor y le dijo que, por la consagración del mundo con la mención de Rusia hecha por el Papa, Él acortaría los sufrimientos de la guerra. Sin embargo, no prometió la conversión de Rusia, como lo hizo notar expresamente Sor Lucía. La consagración del mundo con mención de Rusia, en el contexto de todo el mensaje de Fátima es, por ende, algo de segundo orden.

Y el Papa Juan Pablo II, ¿ha efectuado la consagración de Rusia? Podría pensarse que sí, ya que realizó tres intentos. En primer lugar, el Santo Padre realizó el sólo la consagración en Fátima, el 13 de mayo de 1982; luego, el 16 de octubre de 1983, en Roma, rodeado de los Padres del Sínodo Episcopal; y por último, el 25 de marzo de 1984, en Roma, luego de haber hecho una petición epistolar a los obispos para que se le unieran. En los tres intentos usó el mismo texto de oración, salvo modificaciones insignificantes.

En esta fórmula de consagración empleada, Rusia no aparece como objeto exclusivo y verdadero de la consagración, sino que se trata siempre de una consagración del mundo. Sor Lucía ha recalcado reiteradamente que esta fórmula no satisface el pedido de la Madre de Dios y que, por lo tanto, no se ha cumplido con el pedido del Cielo (33). Otros de los requisitos citados tampoco fueron cumplidos.

Podría objetarse que nuestro punto de vista es de mira estrecha. ¿Hace acaso Dios depender la salvación de continentes enteros sólo por el cumplimiento de algunos detalles formales? … las causas del no-cumplimiento tienen raíces muy profundas.

Entre los fieles conservadores a menudo se objeta: ¿qué pasaría si los obispos se negasen a participar del acto de consagración? El Papa debe, según el deseo del Cielo. ordenar la participación de los obispos (34). Pero en caso de que muchos obispos se negasen, aun así el Papa habría hecho lo necesario y parece que esto sería suficiente para cumplir las exigencias del Cielo. Incluso si muchos obispos se negaran, no obstante se alcanzaría el carácter público necesario del acto de esta consagración.

¿Por qué Dios hace depender la salvación del mundo de un acto tan sencillo e insignificante?

Dios ha hecho depender la superación del problema del comunismo ruso y la conversión del pueblo ruso a la Fe católica de un medio, en apariencia, extremadamente sencillo: dicho caricaturescamente, se pide al Papa y a los obispos católicos nada más que el pronunciar una oración y el fomentar una devoción. Cabría preguntarse si esto no llega a ser paradójico e incluso perjudicial para la Fe, ¿una conversión como efecto de un mero clic?

Que la aplicación de este medio tan sencillo no es tan fácil, queda claro por el hecho mismo que los Papas aún no lo han empleado, a pesar de los avances gigantescos del comunismo en el mundo entero y de los grandes signos del Cielo acerca de la autenticidad de la petición. Como iremos aclarando, se trata de dificultades que sólo pueden ser vencidas mediante un acto heroico de Fe.

Primeramente, hay que analizar las dificultades por separado. Debe quedar en claro que este “pequeño” acto de consagración, al ser mirado a la luz del entendimiento y de la teología, presupone verdades fundamentales de la doctrina católica y acarrea enormes consecuencias.

La insignificancia de la consagración debe poner de manifiesto la eficacia de María en la conversión realizada.

Desde el punto de vista humano, el acto que Dios pide para la conversión de Rusia no tiene proporción alguna con el efecto prometido. Sin embargo, será precisamente esto lo que destacara ante todos los hombres la gran conversión como un hecho sobrenatural. Además, como la consagración, según la petición de María, debe tener un carácter público y mundial, también el conocimiento del advenimiento sobrenatural de la conversión será accesible a todos los hombres. Justamente, por esta falta de proporción, el gran papel de María como Mediadora de Todas las Gracias, brillará ante todos los hombres en su plena grandeza, como también se pondrá de manifiesto su victoria sobre el demonio.

El hecho mismo de que, sólo por realizar la consagración, quede implícitamente resaltada la condición de María como Mediadora de Todas las Gracias, plantea a la vez, probablemente, una de las principales dificultades…

La consagración como condena del Comunismo y de la Política hacia el Este.

Transcurridas varias décadas desde las apariciones en Fátima, resulta claro que la consagración pedida implica justamente una rectificación necesaria de las erróneas posturas teológicas de los últimos Papas y de sus formas de proceder política diplomáticamente respecto del comunismo.

La adopción de una medida a escala mundial tan única y de tal solemnidad en contra del comunismo ruso, expresa una inequívoca condena del mismo. Encontramos aquí un primer supuesto de la consagración: el comunismo ateo es presentado, y con la máxima publicidad, como un problema mundial de primer orden y como problema humanamente insuperable.

Por el contrario, el Concilio Vaticano II rechazó hacer semejante condena. Esto quedó de manifiesto cuando desaparecieron irregularmente las firmas de 450 obispos, Padres Conciliares, que pedían una condena explícita del comunismo. Lo cual demuestra también claramente por qué los últimos Papas no han querido llevar a cabo la consagración.

La consagración de Rusia es incompatible con cualquier forma de política eclesial hacia el Este que vea en las gestiones diplomáticas la mejor solución frente al problema del comunismo ruso (35).

La consagración es inconciliable con un esfuerzo por la paz mundial que sea meramente natural y humano. Se contrapone a la opinión ilusoria de que los grandes problemas en el mundo se pueden solucionar confiando sólo en la buena voluntad de las personas y en la diplomacia, sin recurrir a Nuestro Señor Jesucristo y sin contar con el obrar sobrenatural de Dios.

En este lugar es menester la siguiente aclaración: cuando en nuestro libro nos referimos a Rusia, que según la advertencia de la Madre de Dios “propagara sus errores por el mundo, provocando guerras y persecuciones contra la Iglesia” no queremos de ningún modo hablar en contra del pueblo ruso, sino solamente en contra del sistema político e ideológico comunista. En este sentir nos apropiamos las palabras de Pío XI, quien agrega a su reprobación del comunismo:

“… pero con esto no queremos en modo alguno condenar en masa a los pueblos de la Unión Soviética, por los que sentimos el más vivo afecto paterno. Sabemos que no pocos de ellos gimen bajo el duro yugo impuesto a la fuerza por hombres en su mayoría, extraños a los verdaderos intereses del país y reconocemos que otros han sido engañados con falaces esperanzas. Condenamos el sistema y a sus autores y fautores, los cuales han considerado a Rusia como terreno más apto para poner en práctica un sistema elaborado desde hacía decenios; desde ahí siguen propagándolo por todo el mundo” (36).

Notas:

(26) Véase: Frére Michel de la Sainte Trinité, Toute la Vérité su Fatima, [en adelante: TVF] t. 3, p. 221; t. 2, pp. 294, 331 ss., 350, 530; t. 3; pp. 49, 466 s.

(27) Véase: TVF, t. 2, pp. 464; cfr.: Frére Francois Marie des Angers, Fatima Joie Intime Événement Mondial [en adelante: FJIEM], Saint-Parres-lés-Vaudes 1993, pp. 359, 361.

(28) Véase: FJIEM, p. 355.

(29) Véase: TVF, t. 2, p. 350.

(30) Véase: TVF, t. 2, p. 294; cfr.: p. 318; t. 3, pp. 221 ss.

(31) TVF, t. 3, p. 221, 467; t. 2, p. 350.

(32) Véase: TVF, t. 2, p. 294, p. 331; cfr.: t. 3, p. 467.

(33) Véase: FJIEM, p. 248, 359 ss.

(34) Véase: TVF, t. 2, p. 350.

(35) Cfr.: TVF, t. 2, p. 351.

(36) Pío XI, Encíclica Divini Redemptoris, del 1° de marzo de 1937.

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