Posteado por: Alejandro Villarreal | Miércoles, julio 2, 2008

BITÁCORA

La ‘Bitácora’ es propiamente la parte dedicada de Biblia y Tradición a la actividad de ‘bloggear’. Es esta sección se reportan noticias relacionadas con el catolicismo y el aborto principalmente, aunque esto no impide incluir muchos otros temas de interés general. Otra finalidad de esta sección es informar acerca de las novedades y actualizaciones de las secciones fijas de Biblia y Tradición.

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Título: Bula «Exsurge Domine» -15 de junio de 1520-
Autor: Papa León X
Traducción: Miguel Tenreiro

Levantaos, Señor, y juzgad Vos mismo vuestra propia causa. Recordad vuestras censuras a los que están llenos de insensatez todo el día. Escucha nuestras plegarias, pues los zorros avanzan, tratando de destruir la viña en cuyo lagar sólo Vos habéis pisado. Cuando estabais cerca de subir a Vuestro Padre, entregasteis el cuidado, el gobierno y la administración de la viña, que es una imagen de la Iglesia Triunfante, a Pedro, como cabeza y vuestro vicario y a sus sucesores. El jabalí del bosque busca destruirla y toda bestia salvaje viene a devastarla.

Levantaos, Pedro, y realizad el servicio pastoral divinamente confiado a vos, como ya se ha dicho. Prestad atención a la causa de la Santa Iglesia Romana, madre de todas las iglesias y maestra de la fe, que vos por orden de Dios, santificasteis con vuestra sangre. Avisasteis bien de que vendrían falsos maestros en contra de la Iglesia Romana, para introducir sectas ruinosas, atrayendo sobre ellas rápidas condenas. Sus lenguas de fuego, son un mal incansable, lleno de veneno mortal. Ellos tienen un celo amargo, la discordia en sus corazones, y se jactan y mienten en contra de la verdad.

Te suplicamos también a vos, Pablo, para que os levantéis. Fuisteis vos quien esclareció e iluminó a la Iglesia con vuestra doctrina y con vuestro martirio, como el de Pedro. Ahora, se ha presentado un nuevo Porfirio quien, como el otro del pasado, lleno de errores, asedió a los santos apóstoles, y ahora ataca a los santos pontífices, nuestros predecesores.

Él los condena violando vuestra enseñanza, en vez de implorarles y no tiene pudor de atacarlos, de lamentarse de ellos, y cuando se desespera de su causa, de menospreciarlos con insultos. Él es como los herejes “cuya última defensa”, como dice Jerónimo, “se ponen a vomitar veneno de serpiente con su lengua, cuando ven que sus causas están para ser condenadas, y estallan en insultos cuando se ven vencidos”. Aunque hayáis dicho que debería haber herejías para poner a prueba la fe, aun así ellos deben ser destruidos en la propia cuna por vuestra intercesión y ayuda, y así, no crecerán ni se harán fuertes como vuestros lobos.

Finalmente, que se levante toda la Iglesia de los Santos de la Iglesia Universal. Algunos, dejando de lado la verdadera interpretación de la Sagrada Escritura, están ensandecidos por el padre de las mentiras. Sabios a sus propios ojos, de conformidad con la práctica antigua de los herejes, interpretan estas mismas Escrituras de una manera diferente a la inspirada por el Espíritu Santo, ya que están sólo inspirados por su propio sentido de la ambición, en consideración al aplauso popular, como dice el Apóstol. Realmente, tuercen y adulteran las Escrituras. Por lo tanto, de acuerdo con Jerónimo, “No persiste más el Evangelio de Cristo, sino el del hombre, o lo que es peor, del demonio.”

Clamamos, para que toda la Santa Iglesia de Dios, se ponga en pie, y con los Santos Apóstoles interceda ante Dios Todopoderoso para extirpar los errores de Su oveja, para desterrar todas las herejías de los campos de la fe, y para que sea de Su agrado mantener la paz y la unidad de Su Santa Iglesia.

Nos cuesta expresar nuestra tristeza y la aflicción, por lo que ha llegado a nuestros oídos, desde hace algún tiempo, a través de noticias de hombres de confianza y del rumor general. ¡Ay de Nos! que vimos con nuestros ojos y leímos los muchos y diversos errores. Algunos de ellos ya han sido condenados por los concilios y constituciones de nuestros predecesores, y hasta contienen formalmente las herejías de los griegos y bohemios. Otros errores o son herejes, falsos, escandalosos, u ofensivas a los oídos piadosos, así como seductores de las almas simples, el origen de falsos intérpretes de la fe que en su orgullosa curiosidad aspiran a la gloria del mundo, y que siendo contrarios a la enseñanza de los Apóstoles, desean ser más sabios de lo que podrían ser. La locuacidad de estos, no amparada por la autoridad de las Escrituras, como dice Jerónimo, no ganaría confianza si no fuese porque aparentan sostener su perversa doctrina basándose en testimonios divinos, aunque mal interpretados. En el punto de vista de ellos, el temor de Dios es cosa del pasado.

Estos errores, por inspiración humana, han sido revividos y propagados recientemente entre los más frívolos y los más ilustres de la nación Germánica. Nos afligimos más aún de que esto haya sucedido allí porque nosotros y nuestros predecesores siempre pusimos a esa nación en lo más alto de nuestro afecto. Después de que el imperio fue transferido de los griegos para estos alemanes por la Iglesia Romana, nuestros predecesores y Nos siempre elegimos de entre ellos abogados y defensores de la Iglesia. Realmente, es cierto que estos alemanes, verdaderos hermanos en la fe católica, han sido siempre encarnizados oponentes de las herejías, como atestiguan esas loables constituciones de los emperadores germánicos, en defensa de la independencia de la Iglesia, la libertad, la expulsión y extinción de todos los herejes de Alemania. Aquellas constituciones formalmente emitidas y luego confirmadas por nuestros predecesores, fueron escritas bajo las mayores sanciones, incluso la pérdida de tierras y señoríos para aquellos que los albergasen o no los echasen fuera. Si estas fuesen observadas hoy en día, ellos y Nos estaríamos obviamente libres de este altercado.

Prueba de esto es la condenación y castigo de la infidelidad de los Husitas y Wyclifistas, así como de Jerónimo de Praga en el Concilio de Constanza. Prueba de esto es la sangre derramada por los alemanes muchas veces en las guerras contra los Bohemios. Una prueba final es la refutación, el rechazo y la condena de los errores anteriores -no menos instructivo que las verdades o los santos- o de muchos de ellos, por las universidades de Colonia y Lovaina, las cultivadoras más devotas y religiosas de los campos del Señor. Podríamos citar muchos otros hechos que hemos decidido omitir con el fin de que no parezca que estamos componiendo una Historia.

En virtud de nuestro trabajo pastoral transmitido a Nos por el divino favor, no podemos bajo ninguna circunstancia tolerar o subestimar por más tiempo el veneno pernicioso de los errores anteriores, sin perjuicio de la religión cristiana y del daño a la fe ortodoxa. Decidimos incluir en el presente documento alguno de estos errores. La sustancia de estos es como sigue:

  1. Es sentencia herética, pero muy al uso, que los sacramentos de la Nueva Ley, dan la gracia santificante a los que no ponen óbice.
  2. Decir que en el niño después del bautismo no permanece en el pecado, es conculcar juntamente a Pablo y a Cristo.
  3. El incentivo del pecado, aun cuando no exista pecado alguno actual, retarda al alma que sale del cuerpo la entrada en el cielo.
  4. La caridad imperfecta del moribundo lleva necesariamente consigo un gran temor, que por sí solo es capaz de atraer la pena del purgatorio e impide la entrada en el Reino.
  5. Que las partes de la penitencia sean tres: contrición, confesión y satisfacción, no está fundado en la Sagrada Escritura ni en los antiguos santos doctores cristianos.
  6. La contrición que se adquiere por el examen, la consideración y detestación de los pecados, por la que uno repasa sus años con amargura de su alma, ponderando la gravedad de sus pecados, su muchedumbre, su fealdad, la pérdida de la eterna bienaventuranza y adquisición de la eterna condenación; esta contrición hace al hombre ser persona que finge sentir lo que no siente y hasta ser más pecador.
  7. Muy veraz y superior a la doctrina es el proverbio hasta ahora enseñado por todos sobre las contriciones: “La suma penitencia es no hacerlo en adelante; la mejor penitencia, la vida nueva”.
  8. En modo alguno presumas de confesar los pecados veniales; pero ni siquiera todos los mortales, porque es imposible que los conozcas todos. De ahí que en la primitiva Iglesia sólo se confesaban los pecados mortales manifiestos (o públicos).
  9. Al querer confesarlo absolutamente todo, no hacemos otra cosa que no querer dejar nada a la Misericordia de Dios para que nos lo perdone.
  10. A nadie le son perdonados los pecados, si, al perdonárselos el sacerdote, no cree que le son perdonados; muy al contrario, el pecado permanecería, si no lo creyera perdonado. Porque no basta la remisión del pecado y la donación de la gracia, sino que es también necesario creer que se está perdonado.
  11. En modo alguno confíes ser absuelto a causa de tu contrición, sino a causa de la palabra de Cristo: “Cuanto desatares, &c.” Por ello, digo: ten confianza, si obtuvieres la absolución del sacerdote y cree fuertemente que estás absuelto, y estarás verdaderamente absuelto, sea la contrición que fuere.
  12. Si el que se confiesa no estuviera contrito por una imposibilidad, o el sacerdote no lo absolviera en serio, sino por juego y sin embargo, cree que está absuelto, está en toda verdad absuelto.
  13. En el sacramento de la penitencia y en la remisión de la culpa no hace más el Papa o el obispo que el ínfimo sacerdote; es más, donde no hay sacerdote, lo mismo hace cualquier cristiano, aunque fuere una mujer o un niño.
  14. Nadie debe responder al sacerdote si está contrito, ni el sacerdote debe preguntarlo.
  15. Grande es el error de aquellos que se acercan al sacramento de la Eucaristía confiados en que se han confesado, en que no tienen conciencia de pecado mortal alguno, en que han previamente hecho sus oraciones y actos preparatorios: todos ellos comen y beben su propio juicio. Más si creen y confían que allí han de conseguir la gracia, esta sola fe los hace puros y dignos.
  16. Oportuno parece que la Iglesia estableciera en general Concilio que los laicos recibieran la Comunión bajo las dos especies; y los bohemios que comulgan bajo las dos especies, no son herejes, sino cismáticos.
  17. Los tesoros de la Iglesia, de donde el Papa da indulgencias, no son los méritos de Cristo y de los Santos.
  18. Las indulgencias son piadosos engaños de los fieles y abandonos de las buenas obras; y son del número de aquellas cosas que son lícitas, pero no del número de las que convienen.
  19. Las indulgencias no sirven, a aquellos que verdaderamente las ganan, para la remisión de la pena debida a la divina justicia por los pecados actuales.
  20. Se engañan los que creen que las indulgencias son saludables y útiles para provecho del espíritu.
  21. Las indulgencias sólo son necesarias para los crímenes públicos y propiamente sólo se conceden a los duros e impacientes.
  22. A seis géneros de hombres no son necesarias ni útiles las indulgencias, a saber: a los muertos o moribundos, a los enfermos, a los legítimamente impedidos, a los que no cometieron crímenes, a los que los cometieron, pero no. públicos, a los que obran cosas mejores.
  23. Las excomuniones son sólo penas externas y no privan al hombre de las comunes oraciones espirituales de la Iglesia.
  24. Hay que enseñar a los cristianos a amar más la excomunión que a temerla.
  25. El Romano Pontífice, sucesor de Pedro, no fue instituido por Cristo en el bienaventurado Pedro vicario del mismo Cristo sobre todas las Iglesias de todo el mundo.
  26. La palabra de Cristo a Pedro: Todo lo que desatares sobre la tierra &c. (Mt. 16), se extiende sólo a lo atado por el mismo Pedro.
  27. Es cierto que no está absolutamente en manos de la Iglesia o del Papa, establecer artículos de fe, mucho menos leyes de costumbres o de buenas obras.
  28. Si el Papa con gran parte de la Iglesia sintiera de este o de otro modo, y aunque no errara; todavía no es pecado o herejía sentir lo contrario, particularmente en materia no necesaria para la salvación, hasta que por un Concilio universal fuere aprobado lo uno, y reprobado lo otro.
  29. Tenemos camino abierto para enervar la autoridad de los Concilios y contradecir libremente sus actas y juzgar sus decretos y confesar confiadamente lo que nos parezca verdad, ora haya sido aprobado, ora reprobado por cualquier concilio.
  30. Algunos artículos de Juan Hus, condenados en el Concilio de Constanza, son cristianísimos, veracísimos y evangélicos, y ni la Iglesia universal podría condenarlos.
  31. El justo peca en toda obra buena.
  32. Una obra buena, hecha de la mejor manera, es pecado venial.
  33. Es contra la voluntad de Dios el quemar a los herejes.
  34. Batallar contra los turcos es contrariar la voluntad de Dios, que se sirve de ellos para castigar nuestra iniquidad.
  35. Nadie está cierto de no pecar siempre mortalmente por el ocultísimo vicio de la soberbia.
  36. El libre albedrío después del pecado es cosa de mero nombre; y mientras hace lo que está de su parte, peca mortalmente.
  37. El purgatorio no puede probarse por Escritura Sagrada que esté en el canon.
  38. Las almas en el purgatorio no están seguras de su salvación, por lo menos no todas; y no está probado, ni por razón, ni por Escritura alguna, que se hallen fuera del estado de merecer o de aumentar la caridad.
  39. Las almas en el purgatorio pecan sin intermisión, mientras buscan el descanso y sienten horror de las penas.
  40. Las almas libradas del purgatorio por los sufragios de los vivientes, son menos bienaventuradas que si hubiesen satisfecho por sí mismas.
  41. Los prelados eclesiásticos y príncipes seculares no harían mal si destruyeran todas las bolsas de dinero de la mendicidad.

Nadie de mente sana es ignorante de lo destructivo, pernicioso, escandaloso y seductivo para las mentes piadosas y simples, que son varios de estos errores, contrarios como son ellos a toda caridad y reverencia para con la Santa Iglesia Romana, que es la madre de todos los fieles y maestra de la fe; destructivos, como son, del vigor de la disciplina eclesiástica, particularmente de la obediencia. Esa virtud es la fuente y origen de todas las virtudes, y sin ella cualquiera es fácilmente llevado a ser infiel.

He aquí por qué Nos, en la enumeración anterior, importante como es, deseamos proceder con gran cuidado ya que es adecuado, y cortar el avance de esta plaga y enfermedad cancerosa, de modo que no se extienda más allá en el campo del Señor como espino nocivo. Nos levantamos, por lo tanto, una cuidadosa inquisición, escrutinio, discusión, examen severo, y deliberación madura con cada uno de los hermanos, los eminentes cardenales de la santa Iglesia Romana, así como con los priores y maestros generales de las órdenes religiosas, al lado de otros profesores y maestros peritos en sagrada teología, en derecho civil y canónico. Concluimos que estos errores o estas personas no son católicos, como se dijo anteriormente, y que no deben ser considerados como tales. Más, antes, son contrarios a la doctrina y a la Tradición de la Iglesia Católica, y en contra de la verdadera interpretación de las Sagradas Escrituras recibidas de la Iglesia. Agustín afirmaba que la autoridad de esta debía de ser aceptada tan fielmente que confirmó que no habría creído en el Evangelio sin la autoridad de la Iglesia Católica que había sido responsable de esta. Por lo tanto, de acuerdo con estos errores, o alguno de ellos o varios de ellos, se sigue claramente que la Iglesia, que es guiada por el Espíritu Santo, estaría en el error y que siempre estuvo equivocada. Eso va en contra de lo que Cristo, con ocasión de su Ascensión, prometió a sus discípulos (como se lee en el santo Evangelio de Mateo): “Estaré con vosotros hasta la consumación del mundo”; va en contra de las determinaciones de los santos Padres, o de las determinaciones y leyes de los concilios y del supremo Pontífice. El mal que no esté de acuerdo con estas leyes, según el testimonio de Cipriano, avivará y será causa de toda herejía y cisma.

Con el consejo y consenso de dichos venerables hermanos nuestros, con la madura deliberación sobre cada una de las propuestas más arriba y por la autoridad del Omnipotente Dios, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de nuestra propia autoridad, Nos, condenamos, reprobamos y de todo punto rechazamos todos y cada uno de los antedichos artículos o errores, respectivamente, según se previene, como heréticos, escandalosos, falsos u ofensivos de los oídos piadosos o bien engañosos de las almas sencillas, y opuestos a la verdad católica. Como tales al enumerarlos, decretamos y declaramos que todos los fieles de ambos sexos deberán considerarlos como condenados, reprobados y rechazados… Se lo prohibimos a todos en virtud de la santa obediencia y bajo pena de excomunión inmediata…

Aún más, debido a los precedentes errores y de otros muchos contenidos en los libros escritos y en los sermones de Martín Lutero, del mismo modo Nos condenamos, reprobamos y rechazamos completamente todos los libros, escritos y sermones del citado Martín, que contengan dichos errores o cualquiera de ellos, ya sean en Latín, ya sean en cualquier otra lengua; y deseamos que sean considerados como totalmente condenados, reprobados y rechazados. Prohibimos a todos los fieles de ambos sexos, en nombre de la santa obediencia y bajo las penas mencionadas en los que incurrirán inmediatamente, por leerlos, apoyarlos, predicarlos, alabarlos, imprimirlos, publicarlos o defenderlos. Incurrirán en estas penas quienes osaren a apoyarlos de cualquier manera, personalmente o a través de quien quiera que sea, directa o indirectamente, tácita o explícitamente, pública u ocultamente, ya sea en sus casas o en otros lugares públicos o privados.

De hecho, e inmediatamente después de la publicación de esta carta, todas estas obras deberán ser buscadas cuidadosamente donde puedan encontrarse por los ordinarios y otros (eclesiásticos y regulares), y deberán ser quemadas pública y solemnemente en presencia de los clérigos y del pueblo bajo todas y cada una de las penas anteriores.

En cuanto se refiere al propio Martín, oh buen Dios, ¿en qué nos descuidamos o que dejamos de hacer? ¿Qué caridad paternal hemos omitido para que podamos hacerle retroceder de tales errores? Ya que después de haberlo llamado, le urgimos mediante varias tratados con nuestro legado y a través de nuestras cartas personales a abandonar estos errores.

Pues hasta le ofrecimos salvo conducto y el dinero necesario para su viaje, y a venir sin miedo o desconfianza de cualquier especie, que serían refutadas con toda caridad, y no hablaría en secreto sino abiertamente y cara a cara, según los ejemplos de nuestro Salvador, y del apóstol Pablo. Si lo hubiera hecho, estamos seguros de que él podría haber cambiado su corazón y podría haber reconocido sus errores. Él no habría encontrado todos estos errores en la Curia Romana que tan mal atacó, asignándola más de lo que debía, debido en parte a los rumores vacíos de hombres perversos. Podríamos haberle mostrado, más claramente que la misma luz del día, que los Pontífices Romanos, nuestros predecesores a los que atacó injuriosamente más allá de toda decencia, nunca se equivocaron en sus leyes o constituciones, las cuales trató de censurar. Porque, de acuerdo con el profeta, ni falta aceite saludable ni el médico en Galaad.

Pero él siempre se negó a escucharnos y, haciendo caso omiso a la notificación previa y en cada una y todas las aberturas, no se dignó a venir a Nos. Hasta ahora ha permanecido contumaz. Con el espíritu endurecido, continuó bajo censura por más de un año.

Y lo que es peor, al añadir mal sobre mal, cuando tomando conocimiento de la citación, rompió temerariamente con cualquier llamamiento a un futuro concilio. Este querer estar seguro es contrario a la constitución de Pío II y Julio II, nuestros predecesores, por la cual todos los que apelasen de esta manera, deberían ser castigados con las penas correspondientes para los herejes. En vano suplicará la ayuda de un concilio, ya que abiertamente admite que no cree en el concilio.

Ya que por el contrario, siendo alguien con una fe notablemente sospechosa, y siendo de hecho, un auténtico hereje, podemos proceder sin ningún otro llamamiento o retraso, con su condenación y damnación como hereje, con todas y cada una de las penas y censuras arriba mencionadas.

Sin embargo, siguiendo el consejo de nuestros hermanos, e imitando la misericordia del Dios Todopoderoso que no quiere la muerte del pecador sino que este se convierta y viva, y olvidando todas las injurias hechas a Nos y a la Sede Apostólica, decidimos usar de toda la compasión de que somos capaces. Es nuestra esperanza, tanta como podamos tener, el que él pase por un cambio interior tomando el camino de la mansedumbre que le propusimos, para que vuelva y se aleje de sus errores. Lo recibiremos benignamente como al hijo pródigo que regresa para abrazar a la Iglesia.

Por lo tanto, le hacemos saber al propio Martín y a todos aquellos que se han adherido a él, y todos aquellos que lo cobijan y apoyan, por intercesión del Corazón lleno de misericordia de nuestro Dios, y la aspersión de la sangre de nuestro Señor Jesucristo, por la cual y a través de la cual se llevó a cabo la redención del género humano y la edificación de la Santa Madre Iglesia, que exhortamos y suplicamos de todo corazón para que deje de perturbar la paz, la unidad y la verdad de la Iglesia por la cual el Salvador oró tan insistentemente al Padre. Que él se pueda alejar de sus perniciosos errores, para que pueda volver a Nos. Si quieren realmente obedecer, y nos certifican mediante legítimo documento que obedecieron, encontrarán en Nos el afecto caritativo de un padre, y la fuente de la mansedumbre y de la clemencia abierta.

Ordenamos a Martín para que a partir de ahora desista de toda predicación y que cese absolutamente en su oficio de predicador, mientras esto no ocurra…

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Martes, diciembre 27, 2016

«La privatización de Pemex un retroceso» por el Dr. Alfredo Jalife-Rahme

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Título: La privatización de Pemex un retroceso
Autor: Dr. Alfredo Jalife-Rahme
Tomado del Dominio ciudadano

La privatización de Pemex un retroceso

Nota aclaratoria: de ninguna manera la publicación de este vídeo representa un apoyo al Partido del Trabajo (PT), y al contrario, este partido también forma parte de la traición de los políticos al pueblo de México, sobre todo en su promoción irrestricta del aborto y la criminal ideología de género, siendo este partido al fin y al cabo, un simple instrumento del Partido Comunista Mexicano y éste a su vez de las mafias internacionales que hoy dictan la suerte de los pueblos cristianos para mal. También es vergonzosa su defensa del corrupto líder sindical Martín Esparza que no ha rendido cuentas a los mexicanos por sus manejos y bienes mal habidos ni ha sido encarcelado. La publicación de este vídeo sólo quiere tomar los argumentos del Dr. Jalife-Rahme respecto a los pésimos manejos del gobierno respecto a PEMEX, a la espalda y en contra de la voluntad de los mexicanos.

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Sábado, diciembre 24, 2016

«Palestinización de los mexicanos y el muro fronterizo con EEUU» por el Dr. Alfredo Jalife-Rahme

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Título: Palestinización de los mexicanos y el muro fronterizo con EEUU
Autor: Dr. Alfredo Jalife-Rahme entrevistado por Sebastián Salgado de Hispan TV

Palestinización de los mexicanos y el muro fronterizo con EEUU

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Miércoles, noviembre 9, 2016

El Diluvio Universal, la destrucción de Sodoma y Gomorra, y ahora… ¿el Planeta-Cometa?

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Título: El Diluvio Universal, la destrucción de Sodoma y Gomorra, y ahora… ¿el Cometa-Planeta?
Crestomatía del programa La Otra Campana presentado por Santiago Roque Alonso de TLV1 titulado: Completamiento del 3er Secreto de Fátima (la catástrofe geofísica)

El Diluvio Universal, la destrucción de Sodoma y Gomorra, y ahora… ¿el Cometa-Planeta?

El teniente coronel Santiago Roque Alonso realiza un análisis del mensaje de Fátima en donde se anuncia un castigo a la humanidad por sus ofensas a Dios cada vez más graves y generalizadas, y por una evidente apostasía de los hombres de la Iglesia desde sus esferas más altas (lo cual sería señalado en la tercera parte del mensaje de Fátima) y su negativa a Consagrar Rusia al Corazón Inmaculado de la Sma. Virgen María, este castigo podría conectarse a su vez con el Aviso y el Castigo anunciado en Garabandal por la misma Virgen (y por el contrario, debemos tener excesivo cuidado con lo que falsas apariciones como Medjugorje digan al respecto). Para este fin, Dios se valdría de un objeto inmenso en el espacio que el eminente astrónomo chileno Carlos Muñoz Ferrada llamaría el Planeta-Cometa, por el comportamiento muy particular que presenta. Aún si nos parecieran dudosos los apuntes de una irreconocible Hna. Lucía Dos Santos posteriores a 1949 (fecha que se cree es la verdadera de la muerte de la vidente), también tenemos las descripciones del Apocalipsis sobre un acontecimiento que involucra a un gran objeto del espacio. En meses previos, países como Alemania han estado realizando llamados a su población para hacer acopio de agua y víveres, aunque se piensa en la inminencia de una guerra, tampoco se descarta que muchos gobiernos sepan de este peligro y no lo quieran hacer público, como lo menciona don Santiago Roque. Esta hipótesis (hasta no tener al objeto en cuestión a la vista) no debe ser objeto de sensacionalismo, sino de conversión, todo tiempo es propicio para la conversión. Santa María de Guadalupe, ruega por nosotros.

Información complementaria: Observaciones del Astro y la Iluminación de conciencia de Antonio Yagüe

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Domingo, noviembre 6, 2016

«Santa María Virgen de Guadalupe» por el M.I. Sr. Cango. Dr. Rómulo Eduardo Chávez Sánchez

Título: Santa María Virgen de Guadalupe
Autor: M.I. Sr. Cango. Dr. Rómulo Eduardo Chávez Sánchez
Tomado del Canal Claudio Stewart de youtube
Publicado aquí sin el permiso expreso del autor

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Jueves, noviembre 3, 2016

«La doctrina religiosa de Lutero» por el R.P. Alfredo Sáenz S.J.

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Título: La doctrina religiosa de Lutero
Autor: R.P. Alfredo Sáenz S.J.
Tomado del Canal TLV1
Publicado aquí sin el permiso expreso del autor

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Martes, octubre 11, 2016

Testamento de la Reina Isabel la Católica -fragmento-

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Título: Testamento de la Reina Isabel la Católica -fragmento-
Autor: Crestomatía del programa «El 12 de Octubre: El “Día de la Raza” es el día de la Hispanidad» realizado por TLV1
Publicado aquí sin el permiso expreso del autor.

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Viernes, septiembre 30, 2016

Testimonial de la Hna. Ma. de Guadalupe Rodrigo sobre la situación actual en Siria

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Título: Testimonial de la Hna. Ma. de Guadalupe Rodrigo, Misionera sobre la situación actual en Siria
Autor: Hna. Ma. Guadalupe Rodrigo de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado
Original en inglés: Conferencia de la Hna. Ma. Guadalupe Rodrigo, Misionera en Siria en medio de la Tomado del Canal TLV1 y del Canal Diócesis de San Sebastian -diciembre de 2015-.

Entrevista: La verdad sobre la guerra de Siria

Conferencia de la Hna. Ma. de Guadalupe Rodrigo, testimonial de la guerra sucia en Siria y la persecución a cristianos

 

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Título:Iniciativa de ley pro-homosexual: Enrique Peña Nieto y el PRI contra el pueblo de México
Autor: Juan Dabdoub Giacoman

 

Iniciativa de ley pro-homosexual: Enrique Peña Nieto y el PRI contra el pueblo de México

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Martes, septiembre 20, 2016

«El Libro Negro de la Nueva Izquierda» por TLV1

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Título: El Libro Negro de la Nueva Izquierda
Autor: Agustín Laje Arrigoni, Lic. en Ciencias Políticas, periodista , escritor y codirector de Prensa Republicana, junto al Dr. Nicolás Márquez, abogado, periodista, investigador y escritor de numerosos libros
Tomado de TLV1

El Libro Negro de la Nueva Izquierda

En “El Libro Negro de la Nueva Izquierda” se analiza como el marxismo cultural se ha desbordado en todos y cada uno de los ámbitos de la vida social, haciendo del sistema un campo minado en el que cualquier aspecto es propenso a estallar bajo las más diversas y nocivas consignas, todas tendientes a subvertir el orden social y a erosionar los cimientos de una cultura cada vez más frágil, indefensa, enferma y decadente, en la que lo sano, lo honorable y lo sagrado aparecen, cada vez más, como síntomas de una enfermedad que hay que erradicar como sea, aun a costa de la misma sociedad.

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Jueves, septiembre 15, 2016

«Nuestro Señor insiste: ¡Consagren Rusia ya!» por el R.P. Nicholas Gruner

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Título: Nuestro Señor insiste: ¡Consagren Rusia ya!
Autor: R.P. Nicholas Gruner, S.T.L., S.T.D.
Notas añadidas. Publicado aquí sin el permiso expreso del autor

El presente texto es una transcripción de la primera alocución proferida por el Padre Nicholas Gruner en la Conferencia ¡‘Consagración Ya’!, realizada por el Centro de Fátima en Roma, del 9 a 13 de mayo de 2011.

Por el Padre Nicholas Gruner, S.T.L., S.T.D. (Cand.)

¡Buenos días! Comencemos por rezar un Avemaría, pidiendo a Nuestra Señora que nos ayude a comprender Su Mensaje en toda su gravedad. (Todos rezan el Avemaría.).

Mi alocución de hoy es sobre el título ¡Consagración Ya! En primer lugar, debemos preguntarnos por qué esta Conferencia y, inmediatamente después, por qué Consagración y por qué ¡Ya!

Estoy seguro de que todos sabemos la razón, pero quiero apenas rever el asunto brevemente.

Todo empieza con una historia. Es una historia sobre cada uno de nosotros, una historia sobre todos nosotros. Es una historia sobre todo el mundo.

Pero no es sólo una historia; es una historia verdadera, es una historia que estamos viviendo ahora. Y no es una historia infantil, es muy seria.

Esta historia no es sólo para pasar el tiempo; es, en última instancia, sobre nuestra salvación personal, sobre la paz en el mundo, y sobre si tenemos que vivir en el medio de la guerra en los próximos años, o si vamos a vivir en el medio de un período de paz, o sea, sin guerra.

En última instancia, esto depende de nosotros y es nuestra responsabilidad. San Tomás de Aquino nos dice que “contra hechos no hay argumentos”.

Comencemos, pues, con los hechos. En 1917, el Papa Benedicto XV, que antes de ser Papa era un diplomático del Vaticano, reconoció, después de tres años de arduos esfuerzos, que no había modo de poner fin a la Primera Guerra Mundial, que ella era obra del demonio y nada la haría parar, a excepción de una intervención del Cielo.

Y así, el 5 de mayo de 1917, él suplicó a la Virgen Santísima de un modo público, en una carta dirigida al Cardenal Vicario de Roma. El Papa suplicó a la Virgen Santísima de un modo público, pidiéndole que le mostrase, a él y a toda la humanidad, el camino a la paz.

Nuestra Señora responde al Papa Benedicto XV

La Virgen Santísima vino, por decirlo así, porque el Papa Le pidió que viniese. Así, ocho días más tarde, la Señora apareció. Y durante seis meses consecutivos, la Señora explicó cuál era el único camino a la paz en el mundo.

El 13 de mayo, la Señora apareció a los tres Pastorcitos – Jacinta, Francisco y Lucía – y les dijo que quería que ellos volviesen allí el día 13 de los cinco meses siguientes, hasta el 13 de octubre.

La Señora les decía siempre, por supuesto, que rezasen el Rosario. Ella les dijo que volvería en el mes siguiente para decirles lo demás que quería de ellos.

El 13 de junio, tal como el 13 de mayo, la Señora abrió las manos y de las palmas de las manos salió una luz.

El 13 de mayo, la luz cayó sobre los corazones de los Pastorcitos, dándoles una idea anticipada del Cielo.

El 13 de junio, la luz que salía de las palmas de sus manos incidió sobre los Pastorcitos y, cuando la Señora abrió las manos, los Pastorcitos pudieron ver el Inmaculado Corazón de María cercado de espinas. Ellos comprendieron que esas espinas representaban los pecados de los hombres, que ellos ofendían mucho a Nuestra Señora, y que Nuestra Señora esperaba Reparación para ser consolada.

La luz también incidió sobre los Pastorcitos de maneras diferentes; la luz que vino de una de las manos caía sobre Jacinta y Francisco y se elevaba al Cielo. Los Pastorcitos comprendieron por esta luz que en breve fuesen a morir e ir al Cielo. La luz que venía de la otra mano caía sobre Lucía y fue abajo, sobre la tierra. Lucía comprendió, por esta luz, que ella fuese a quedar más tiempo en la tierra.

Y Nuestra Señora no les dio este entendimiento sólo interiormente; sino también se lo expresó por palabras.

Es mostrada a los Pastorcitos la visión del infierno

Hemos visto que Nuestra Señora explica siempre todo. El 13 de julio, Nuestra Señora abrió las manos y, esta vez, cuando los Pastorcitos miraron a aquella luz, ella no cayó sobre ellos, pero en el suelo ante Nuestra Señora, entre Ella y los Pastorcitos.

Ellos miraron abajo para ver lo que la luz mostraba, y fue entonces que pudieron ver el fuego del Infierno. Cuenta Lucía en sus memorias:

“Vimos como un mar de fuego. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas de las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo cayendo por todos lados, semejantes al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. (Debe haber sido a la vista de esto cuando di aquel ‘(¡Ay!’, que dicen haberme oído.) Los demonios se distinguían por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa. Esa visión fue durante un momento, y gracias a nuestra Buena Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo. De no haber sido así, creo que hubiésemos muerto de susto y pavor”.

Entonces Nuestra Señora habló, y nos dio la clave de todo el Mensaje de Fátima:

“Habéis visto el infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”.

La clave es ésta:

Dios quiere establecer en el Mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María

Dios tiene un gran objetivo: salvar los pecadores de ir al Infierno. Para esto, Dios quiere establecer la devoción al Inmaculado Corazón de María en todo el mundo. Para conseguirlo, Dios tiene un plan. Y Nuestra Señora nos dice que el plan es ese. Es en dos partes. Una parte es la Consagración de Rusia, y la otra es la Comunión de Reparación en los Primeros Sábados del mes.

En esta conferencia hablaremos principalmente sobre la Consagración de Rusia, pues parece ser lo más difícil de realizar. Nuestra Señora en Su Mensaje del 13 de Julio dijo, “Por fin, Mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre Me consagrará Rusia que se convertirá y será concedido al mundo algún tiempo de paz”.

Pero fíjense, antes de todo, que la Señora dice “Por fin”, es decir, después de alguna dificultad. Han pasado ahora 94 años este 13 de mayo [2011], desde la primera aparición de Nuestra Señora. Y hay un plazo marcado para realizar eso. Parece ser de 100 años, por aquello que Nuestro Señor nos dijo más tarde, como veremos. Y ese límite temporal está a aproximarse rápidamente [en 2017 se cumplirán 100 años de la aparición de Ntra. Sra. de Fátima].

Estamos obligados a difundir el Mensaje

Hablaremos sobre por qué es que debe hacerse ahora la Consagración, y por qué Rusia. Pero primero acabemos el breve sumario de la Historia de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima, para que cada uno de nosotros la tengamos presente.

El 13 de agosto, ya allá había 15 mil personas. Vinieron a causa de las 5 mil que habían venido en julio. Y estas 5 mil, a causa de 50 personas que habían aparecido en junio.

Esto es porque ellos contaron a los amigos y a los vecinos, pasaron la palabra, a pesar de la oposición del gobierno, a pesar del miedo que sentía el clero de Portugal de aquel tiempo, y a pesar también de la oposición de los periódicos de aquel tiempo. Vimos, entonces, cómo es importante contar a los amigos y a los vecinos.

Los Pastorcitos contaron a sus padres, y ellos contaron a los amigos; y fue así que la noticia se esparció.

Vinieron 15 mil personas el 13 de agosto de 1917, pero los Pastorcitos habían sido secuestrados. Los Pastorcitos fueron puestos en la prisión, fueron amenazados con la muerte. Y aquí tenemos nosotros tres niños, que ni siquiera sabían cómo manejar un arma ni amenazar alguien; tres niños que son encarcelados como enemigos del Estado, que son un peligro para el Estado, o, más exactamente, para el Estado masónico en que Portugal se había hecho.

Los Pastorcitos rehusaron negar a Nuestra Señora

Los Pastorcitos fueron encarcelados y les mandaron que negasen haber visto a Nuestra Señora. Ellos no quisieron hacerlo. Les dijeron que deben negar que Nuestra Señora les hubiese dado un Secreto. Ellos no querían hacerlo. Después les dijeron: “Entonces decidnos el Secreto”. Y tampoco se lo contaron.

Es que ellos necesitaban autorización de Nuestra Señora para contarlo a alguien. Por eso, como los tres Pastorcitos no cooperaron, el Administrador de Ourém (el pueblo próximo de Fátima) les dijeron que fuese a fritarlos vivos en aceite hirviendo y que así morirían.

Pero ni con eso los Pastorcitos alteraron su historia. Ellos no fueron a obedecer las malas órdenes del Administrador.

Cuando Nuestra Señora les decía que hiciesen alguna cosa, ellos lo harían. Cuando Ella les decía que no hiciesen cualquier cosa, ellos no lo harían.

Oposición a Fátima

Vemos, por lo tanto, que la oposición a Fátima comienza ya durante las apariciones mismas, y es una oposición feroz. El gobierno de Portugal más tarde envió el ejército a impedir las personas de ir a ver el Milagro del Sol. Pero Nuestra Señora es más poderosa que un ejército. Ella convirtió allí los soldados y permitió que las personas viniesen a Fátima.

Ya vimos que el 13 de agosto los Pastorcitos no estaban en la Cova da Iria, aunque hubiesen prometido estar allá. Fue por eso que, en agosto, Nuestra Señora les apareció el día 19; y de nuevo reiteró Su promesa de realizar un gran Milagro el 13 de octubre, para que todos pudiesen creer. La Señora dijo además que muchas almas irían al Infierno, por no tener quien rezase y se sacrificase por ellos.

El 13 de agosto, Nuestra Señora apareció. Tal como siempre había hecho, apareció sobre una pequeña nube. La muchedumbre vio la nube aproximarse y parar sobre una encina, y vieron el árbol doblar, como sucedería si alguien estuviese de pie sobre ella; pero la gente, claro, no vio a Nuestra Señora.

Pasados uno o dos minutos mientras Nuestra Señora esperaba por los Pastorcitos, Ella salió. Y la gente pudo ver la nube ascender del árbol y los ramos donde la nube se había posado, volver a la posición normal. Era evidente que Nuestra Señora se había ido.

El 13 de septiembre aparecieron 30.000 personas. Y los que aparecieron el 13 de septiembre, tal como en julio y agosto, ya vieron grandes señales. El 13 de septiembre no había nubes, no hubo un eclipse, pero la luz del sol disminuyó tanto que se podrían ver las estrellas al mediodía.

El Papa Benedicto XVI, al fin de su Audiencia Pontificia de Miércoles, 11 de mayo, fue 50 metros del podio para bendecir la imagen de la Virgen Peregrina del Fátima Center, de Nuestra Señora de Fátima.

El Papa Benedicto XVI, al fin de su Audiencia Pontificia de Miércoles, 11 de mayo, fue 50 metros del podio para bendecir la imagen de la Virgen Peregrina del Fátima Center, de Nuestra Señora de Fátima.

Al ángulo opuesto a la cámara, el Padre Gruner, al lado de la Imagen, con John Salza inmediatamente atrás, recibe con gratitud la bendición del Papa, al mismo tiempo que la Imagen de la Virgen Peregrina, que ya había sido bendito por el Papa Pablo VI con el propósito específico de viajar y promover el Mensaje de Fátima.

Al ángulo opuesto a la cámara, el Padre Gruner, al lado de la Imagen, con John Salza inmediatamente atrás, recibe con gratitud la bendición del Papa, al mismo tiempo que la Imagen de la Virgen Peregrina, que ya había sido bendito por el Papa Pablo VI con el propósito específico de viajar y promover el Mensaje de Fátima.

La gente vio nuevamente las estrellas al mediodía, como ya las habían visto el 13 de julio, pero pudieron también ver pétalas cayendo del cielo. Parecían pétalas de rosa, pero cuando querían tocarlas, desaparecieron. Y cuando cayeron en el suelo, también desaparecieron.

El 13 de octubre había 70 mil personas, a pesar de la lluvia. Llovía tanto que había lodo hasta los tobillos. Esperaron y al mediodía, hora solar, que equivalía a cerca de las 13:30, en la hora legal, la Virgen Santísima apareció.

Un milagro histórico: el sol bailó

Cuando acabó de hablar con Nuestra Señora, Lucía apuntó al sol, y en ese momento la gente miró al cielo, las nubes se abrieron, y se podría mirar al sol sin dañar los ojos. El sol comenzó a girar, comenzó a rodar. Parecía un disco de plata en el cielo.

En cierto momento, a la medida que giraba, comenzó a lanzar colores – primero rojo, después verde, después azul – de tal manera que, si una persona usase una camisa blanca, quedaría roja y verde y azul, mientras que el sol giraba. Pasados cuatro minutos, el sol paró y en seguida comenzó otra vez a girar, pero más rápidamente, con colores más hermosos. Después de otros cuatro minutos, paró una vez más, y al fin comenzó a girar por la tercera vez; pero esta vez parecía no sólo girar como también caer.

El 13 de mayo, los que asistieron la Conferencia ¡“Consagración Ya”! participaron en una procesión en honor del día de Fiesta de Nuestra Señora de Fátima.

El 13 de mayo, los que asistieron la Conferencia ¡“Consagración Ya”! participaron en una procesión en honor del día de Fiesta de Nuestra Señora de Fátima.

Apropiadamente, la procesión se dirigió a una iglesia en las proximidades llamada Nuestra Señora de Guadalupe, Quien convirtió 9 millones de mexicanos en 9 años.

Apropiadamente, la procesión se dirigió a una iglesia en las proximidades llamada Nuestra Señora de Guadalupe, Quien convirtió 9 millones de mexicanos en 9 años.

Al principio, empezó a hacer zig-zag en el cielo, y después comenzó a caer y a caer y a caer. El sol parecía muy grande en el cielo, se hizo muy caliente y toda la gente pensó que el sol fuese a caer encima de ellos.

Pensaron que era el fin del mundo. La gente cayó de rodillas en el lodo y pedía misericordia a Dios, pedía a Dios que les perdonase los pecados, pedía la intercesión de Nuestra Señora. A cierto momento, el sol dejó de caer y volvió a su lugar normal en el cielo. Cuando las personas de rodillas se levantaron, dieron cuenta que la ropa había secado; y donde habían arrodillado en el lodo, la ropa también estaba limpia.

Esto sucedió para que todos creyesen. Aún más importante que esto, por supuesto, fueron las curas. Personas que no podían andar y no podían ver fueron curadas instantáneamente en aquel momento. Y encima de todo, hubo conversiones.

La conversión de los pecadores es el mayor milagro

Como San Agustín nos dice, es un milagro mayor para Dios convertir un pecador de que crear el mundo, porque cuando Dios creó el mundo, lo creó a partir de la nada y, como es evidente, la nada no resistió a Dios. Pero cuando Dios convierte un pecador, lo convierte después que él haya comenzado a resistir Su voluntad. Así, la conversión de un pecador es un milagro mayor que la creación del mundo.

Sucedieron estos milagros el 13 de octubre, y continuaron a suceder en Fátima para dar testimonio de cómo este Mensaje viene de Dios; que tiene que ver con nuestro tiempo, que tiene que ver con la paz mundial, que tiene que ver con la salvación de las almas.

El grandioso plan de Dios para nuestro tiempo

Queremos hablar de este plan que Dios nos reveló en Fátima, el plan para establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón.

Nuestra Señora dijo el 13 de julio que fuese a volver, para pedir las Comuniones de Reparación en los Primeros Sábados, y que volvería también para pedir la Consagración de Rusia.

Hablaremos ahora de la Consagración de Rusia. En 1929, el 13 de julio, Lucía estaba en su capilla de once a media noche; la capilla estaba completamente oscura a excepción de la lámpara del tabernáculo. Lucía yacía postrada en el suelo, diciendo la oración que el Ángel de Fátima les había enseñado:

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo Os adoro profundamente y Os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios, e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de Su Santísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, Os pido la conversión de los pobres pecadores”.

La visión de la Santísima Trinidad

Cuando Lucía estaba diciendo esta oración, toda la capilla se iluminó; y, cuando miró encima, vio ante ella una visión de la Santísima Trinidad. En todas las apariciones de la Virgen Santísima, y en toda la historia de las apariciones durante 2.000 años, no tengo conocimiento que la Santísima Trinidad hubiese aparecido en cualquier otra ocasión.

Tenemos la teofanía de Nuestro Señor cuando Él fue bautizado en el Rio Jordán, y también en el Monte Tabor, en la Transfiguración. Pero, que yo sepa, ésta es la primera manifestación de la Santísima Trinidad, visible y audiblemente presente, desde ese entonces.

Sor Lucía vio Dios Padre en forma de hombre anciano; entre el Padre y el Hijo estaba el Espíritu Santo, simbolizado como una paloma, y Dios Hijo estaba en la Cruz. Debajo de Su brazo derecho, en la Cruz, estaba Nuestra Señora de Fátima, de pie encima de una nube sobre el altar. Corría sangre de las llagas de Dios Hijo. De la herida en Su lado provenía la Eucaristía. Un cáliz recogía la Sangre que goteaba de Sus heridas y de la Hostia. Bajo Su brazo izquierdo en la Cruz, se veían las palabras “Gracia y Misericordia”, que eran escritas con letras hechas de agua, por decirlo así, que corrían sobre el altar.

“Por este medio”

Es en esta aparición, la más solemne, que Nuestra Señora habla, aunque todo lo que dice sea porque Dios quiere que Ella lo diga. Y dijo explícitamente:

“Ha llegado el momento en que Dios pide al Santo Padre que haga, en unión con todos los Obispos del mundo, la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón; prometiendo salvarla por este medio”.

Cada palabra es importante. Voy a comentar por unos momentos las palabras “por este medio”. San Tomás de Aquino, en su Teología Sacramental, nos dice que son las palabras del sacerdote que son el medio por el cual el Sacramento se realiza. Sin las palabras siendo pronunciadas, el Sacramento no se realiza. De la misma manera, sin el Papa y los Obispos consagrando a Rusia, no podremos alcanzar la salvación de Rusia ni la paz en el mundo. Es por este medio.

Tal como yo no podría escribir mis apuntamientos sin un bolígrafo, sin un instrumento, no podemos alcanzar la paz en el mundo sin este medio, sin el instrumento del Papa y los Obispos haciendo la Consagración de Rusia. Podemos pensar que tenemos mejores ideas, pero eso es irrelevante. Fue esto que Dios dictó y decretó, y no cambiará de ideas.

Sor Lucía y su confesor pasaron los siete años siguientes intentando convencer el Papa – en este caso, el Papa Pio XI – a consagrar a Rusia. El Papa, evidentemente, fue muy delicado, pero básicamente nada hizo.

Debemos insistir en la Consagración de Rusia

En 1935, Lucía y su confesor estaban un poco desanimados. El confesor escribió a Lucía, preguntándole: ¿“Le parece bien que insista”? Lucía respondió: “Sí”. ¿“Debo modificar alguna cosa”? “No”.

En 1936, el confesor escribió nuevamente e hizo la misma pregunta. Esta vez, Lucía respondió de una manera diferente. ¿“Si es conveniente insistir? No sé… Interiormente he hablado al Señor de este asunto. Y hace poco le preguntaba por qué no convertía a Rusia sin que Su Santidad hiciese esta consagración. Jesús respondió y dijo: ‘Porque quiero que toda Mi Iglesia reconozca esa consagración como un triunfo del Inmaculado Corazón de María, para después extender su culto y poner, al lado de la devoción de Mi Corazón divino, la devoción a este Corazón Inmaculado’”.

En otros términos, Nuestro Señor estaba diciendo que no había nada a hacer, de otra manera que insistir en la Consagración; no podría hacerse de otro modo. “Quiero que toda Mi Iglesia reconozca esa consagración como un triunfo del Inmaculado Corazón”. Por lo tanto, se puede proponer la consagración del mundo; se puede proponer esto, se puede proponer aquello; pero nada dará resultado, a no ser la Consagración de Rusia.

Esto fue nuevamente confirmado por Nuestra Señora, al hablar a Lucía en mayo de 1952. La Conferencia Episcopal de Italia divulgó este acontecimiento en el libro Il Pellegrinaggio della Meraviglie que fue publicado en 1960, pero el acontecimiento tuvo lugar en mayo de 1952.

Nuestra Señora dijo a Lucía:

“Participa al Santo Padre que continúo esperando por la Consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón. Sin esa Consagración, Rusia no podrá convertirse ni podrá el mundo tener paz”.

¿Podría ser aún más simple?

Es todo o nada. O tenemos la Consagración de Rusia o tenemos la aniquilación de naciones y la esclavización del mundo. Es tan simple como esto. Yo sé que he andado a estudiar, a publicar y a promover esto durante 34 años. Algunas personas que conocen Fátima desde hace poco, o que nunca estudiaron realmente este asunto, dicen que no puede ser así tan simple, que no puede ser tan fácil. Pero es tan simple y es tan fácil, y nada más dará resultado.

¿Por qué es que Dios insiste en esto? Tomemos un ejemplo de la Sagrada Escritura (4 Libro de Reyes 5:1-15), cuando fue dicho a Naamán, un General sirio que sufría de lepra, que él podría ser curado si fuese a Israel y pedir al profeta su cura.

Así, Naamán fue al Rey de Israel y le pidió que lo curase. El Rey, pensando que Naamán buscaba sólo un motivo para provocar una guerra, rasgó sus vestidos y dijo: ¿“Acaso soy Dios, para poder curar la lepra”?

El profeta, oyendo de este asunto, envió un mensaje al corte del Rey, diciendo: “Diga a Naamán que venga a mí y deje que Israel sepa que hay un profeta en la tierra”. Y Naamán fue al profeta, pero el profeta no se encontró con él personalmente. En vez de esto, envió un mensajero a Naamán, diciendo: “Si quieres ser curado, desciende al Rio Jordán, báñate allí siete veces, y serás curado”.

Naamán, enfadándose, dijo: “En Siria tenemos ríos mucho mejores que este insignificante Rio Jordán”, pero sus consejeros, al contrario de los consejeros del Papa, eran mucho más sensatos. Los consejeros de Naamán le dijeron: ¿“Si el profeta hubiese exigido de ti que realizase algo difícil, lo habrías hecho”? Él respondió: “Claro que sí”. Entonces, los consejeros de Naamán continuaron: “En ese caso, ¿por qué no lo intentas y ves lo que sucede”? Y así Naamán hizo lo que los consejeros le habían dicho, como la Sagrada Escritura cuenta en el Cuarto Libro de los Reyes, Capítulo V. Después de haberse bañado en el rio por la séptima vez, vio, al salir, que su lepra había desaparecido y, como leemos en la Sagrada Escritura, tenía la piel tan suave como un bebé.

¡Una oración de sólo 5 minutos para evitar la guerra y la aniquilación!

Dios pide cosas simples para mostrar, en primer lugar, que no es por nuestros esfuerzos, no es por nuestros merecimientos, es sólo por obra de Dios que esto puede suceder. Y tal como la relación entre bañarse en un rio y curarse de la lepra es casi nula, también será la relación entre una simple oración de cinco minutos, dicha por el Papa y 5 mil Obispos y la paz en todo el mundo que de esta oración, resultará. Compárese esto con los miles de millones – si no trillones – de dólares que se gastan en la guerra.

Piensen bien en todo el esfuerzo que las personas ponen en la guerra. En el Afganistán, por ejemplo, cuesta 113 MIL MILLONES de dólares por año. Esto representa la economía anual de la mayor parte de los países, y el producto del trabajo de millones de personas, sólo para tener un ejército de 100 mil hombres en otro país.

Esto representa 300 millones de dólares por día, o más de un millón de dólares en cada 15 segundos. Todo esto acabará porque las Sagradas Escrituras nos dicen que vendrá un tiempo en que los hombres transformarán sus espadas en rejas del arado. Isaías nos dice que los instrumentos de guerra serán convertidos en instrumentos de paz.

Ese tiempo sólo llegará después de que el Papa y los Obispos hayan obedecido la orden de consagrar a Rusia al Inmaculado Corazón de María.

Con todas las guerras, muerte, destrucción y asesinatos que están actualmente sucediendo, no parece posible. Pero el hecho es que se lee en las Sagradas Escrituras que esto sucederá, que nuestros instrumentos de guerra se transformarán en instrumentos de paz, que la gente será alimentada en vez de ser muerta.

La gente y sus sumos sacerdotes de nuestro tiempo son parecidos con las personas del tiempo de Jesucristo. No reconocieron el momento de la Historia en que estaban, aunque el profeta Daniel les hubiese dicho que Cristo vendría en su tiempo.

Así, tenemos muchos profetas que nos dicen que este tiempo es un tiempo de cambio para el mundo. Creo que es un tiempo predicho en las Sagradas Escrituras, y que muchos de nosotros no lo reconocemos.

Gino Fazzari, Mons. Paul Khoarai, el Padre Gruner y John Salza en el Vaticano, después de que el Papa Benedicto XVI hubiese bendito nuestra imagen de la Virgen Peregrina. El Padre Gruner se mantiene siempre cerca de la imagen, porque ya se había producido en Roma, en el pasado, por lo menos un intento de robarla.

Gino Fazzari, Mons. Paul Khoarai, el Padre Gruner y John Salza en el Vaticano, después de que el Papa Benedicto XVI hubiese bendecido nuestra imagen de la Virgen Peregrina. El Padre Gruner se mantiene siempre cerca de la imagen, porque ya se había producido en Roma, en el pasado, por lo menos un intento de robarla.

Isaías nos dice:

“…de sus espadas forjarán rejas de arados, y hoces de sus lanzas; no desenvainará la espada, un pueblo contra otro, ni se adiestrarán más en el arte de la guerra”. (Isaías 2:4)

Todas las naciones de la tierra tienen una escuela de guerra. La guerra se enseña de generación a generación. Cuando la promesa de paz de Nuestra Señora se realizará en un futuro no muy distante, también se realizará la promesa de paz que fue hecha a la humanidad en el Antiguo Testamento. Y entonces, todas las naciones dejarán de aprender la arte de la guerra, porque Dios también lo prometió a través de los profetas del Antiguo Testamento (Isaías 2:4; Miqueas 4:3).

14.000 guerras en 6.000 años

En 6 mil años de registros históricos, encontramos más de 14.000 guerras. Estamos cerca de un cambio completo en el curso de la Historia, una vez que los pedidos de Nuestra Señora sean oídos y obedecidos.

En este tiempo, debemos, todos y cada uno de nosotros, rehusar a quedar sin hacer nada ante esta tremenda intervención de Dios y de Nuestra Señora en los acontecimientos de Fátima.

Y hay consecuencias terribles para nosotros, si no obedecemos. El Mensaje de Fátima toca cada uno de nosotros, y nuestra negativa colectiva en hacer lo que sea necesario para que se realice la Consagración de Rusia, tiene un precio.

Nuestra Señora dijo:

“Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas”.

Esto no es todo, a respecto de las cosas terribles que sucederán – si nosotros, el Papa, los Obispos, los padres y los laicos no obedecen a tiempo – pero debería ser lo suficiente fuerte para que todos nosotros hagamos lo que podemos para obedecer y animar todos los otros, en especial el Papa y los Obispos, para que obedezcan muy rápidamente.

Oración y penitencia pueden cambiar la Historia

Personas como el Cardenal Bertone y otros piensan que la oración y la penitencia no pueden cambiar el curso de la Historia. Si yo no creyese en esto, no habría pasado 34 años de mi vida promoviendo el Mensaje de Fátima.

Pero no bastan las oraciones y las penitencias que elegimos hacer; son las oraciones y las penitencias que Dios determina que hagamos que conseguirán cambiar el curso de la Historia. Esta oración es, evidentemente, el Rosario; y en el año pasado nosotros, juntamente con otros, rezamos más de 22 millones de Rosarios para que el Papa hiciese la Consagración de Rusia. Hicimos hace años una campaña de Rosarios, que alcanzó 10 millones de Rosarios. Y estoy contento por saber que el Obispo Fellay lanzó una Cruzada de más de 12 millones de Rosarios para el próximo año – entre la Pascua de 2011 y el Pentecostés de 2012.

Debemos rezar el Rosario, pero también debemos hacer penitencia. La primera penitencia, como Nuestro Señor explicó a Lucía en la década de 1940, es cumplir nuestros deberes cotidianos. Algunas personas, tales como muchos en el Ejército Azul, piensan que la penitencia es simplemente tratar de hacer lo que hacemos día a día en nuestras vidas personales. Esto es verdad hasta cierto punto, pero hay más que esto. También tenemos el deber de promover el Mensaje de Fátima EN SU TOTALIDAD, tal como cuando, en Fátima, aquellos 50 personas en junio contaron a los vecinos y a los amigos, y aquellos 5 mil personas en julio contaron a los amigos y a los vecinos, y así en adelante, de modo que, por su acción de pasar la palabra, vinieron 70 mil personas en octubre.

Tenemos que esparcir el Mensaje, porque hay quien se opone a Fátima

Hay oposición por parte del Secretario de Estado, no sólo el Cardenal Bertone, sino por el Cardenal Sodano antes de él, y por el Cardenal Casaroli antes de él, y así en adelante.

El Secretario de Estado del Vaticano hizo un acuerdo, un mal acuerdo, para no criticar los errores de Rusia. El acuerdo fue hecho en 1962. Pero Nuestra Señora de Fátima vino en 1917 para avisarnos contra los errores de Rusia. El resultado de este acuerdo inmoral Vaticano-Moscú es que hoy la mayor parte de los sacerdotes no saben que debemos resistir, y resistir abiertamente, contra el Comunismo – y los otros errores de Rusia, que ya se esparcieron por todo el mundo.

El error del aborto legalizado fue promovido con éxito por primera vez en Rusia. Hoy, ese error está en todo el mundo. Karl Marx propuso un impuesto gradual de rendimiento, y hoy casi todos los países tienen un impuesto gradual de rendimiento. La mayor parte de las personas no reconocen esto como un error de Marx y del Comunismo. Así, si Ustedes piensan aquello que los periódicos le mandan pensar, o sea, que el Comunismo está muerto, no lo crean. Los errores, bajo diferentes títulos, bajo diferentes nombres, todavía existen.

Pero esto no es nada, comparado con lo que nos sucederá. Las preparaciones para la guerra son muy reales. Si Ustedes las buscan, podrán verlas. Pero si esperan que los titulares de los periódicos les digan que están allí, no esperen encontrarlas. Los periódicos no quieren decirles estas cosas, pero allá están las noticias, si se observan con cuidado. Tanto los Estados Unidos como Rusia están preparándose para una guerra de grandes proporciones, ahora, en este momento. Y algunas de las escaramuzas están tomando lugar ahora. Sólo para darles algunos hechos y números, 70 mil oficiales fueron reclutados recientemente por Rusia. ¡70 mil! ¿De cuántos soldados serán cargados estos oficiales? Están comprando 600 nuevos aviones de caza y 100 nuevos buques.

Esto sólo del lado ruso. Mientras tanto, el lado americano está también preparando para la guerra. Hay una doctrina del involucramiento de Rusia en la propuesta del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, conocido por la abreviatura PNAC, en que se ve que los Estados Unidos, con el pretexto de combatir el terrorismo o esto o aquello, están estableciendo bases militares en turno de Rusia.

Los rusos fueron sorprendidos por los alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Aunque hubiesen planeado atacar a Alemania, Alemania atacó primero en la Segunda Guerra Mundial. Pero los rusos esta vez no serán tomados de sorpresa. No están durmiendo, pero somos nosotros que estamos durmiendo.

El plazo que Dios nos concede está próximo su fin

Puede estar de acuerdo o no con este análisis geopolítico de los acontecimientos que están actualmente tomando lugar. Incluso si Usted no está de acuerdo, deberá reconocer que nuestro plazo de tomar una decisión es muy corto.

Veamos el horario que Dios nos dio. En 1931, Lucía estaba en Rianjo, un pequeño pueblo en el norte de España, donde fue a descansar. Era en agosto. Fue a rezar en la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe por la conversión de Rusia, de España, de Portugal y de Europa. Nuestro Señor le habló, y dijo: “Me consuelas mucho a pedir la conversión de estas pobres naciones. Pídelo también a Mi Madre”. Y después le enseñó dos oraciones a ella.

Dijo a Lucía que reza muchas veces esta oración:

Dulce Corazón de María, sed la salvación de Rusia, de España, de Portugal, de Europa y del mundo entero”.

En otras ocasiones, reza así:

Por vuestra pura e Inmaculada Concepción, oh María, alcanzadme la conversión de Rusia, de España, de Portugal, de Europa y del mundo entero”.

Nuestro Señor habló después del Papa y de los Obispos, y muy posiblemente también de los sacerdotes. Y dijo:

“Participa a Mis ministros que, en vista de seguir el ejemplo del Rey de Francia en la dilación de la ejecución de Mi petición (de consagrar a Rusia) también lo han de seguir en la aflicción”.

¿Qué referencia es ésta al Rey de Francia? La orden es, evidentemente, la orden para la consagración de Rusia.

El Rey de Francia recibió el 17 de junio de 1689 la orden del Sagrado Corazón de Jesús de que Francia sea consagrada al Sagrado Corazón, que la Corte Real francesa participase en una ceremonia especial en que Francia fuese consagrada al Sagrado Corazón, y que se pusiese el emblema del Sagrado Corazón en la bandera francesa. El Rey no obedeció. Era el gran Luis XIV, a quien llamaban el Rey-Sol; tenía toda la pompa y poder, pero a los finales de su reinado su monarquía ya estaba a deshacerse a los pocos.

Y su sucesor, Luís XV, tampoco obedeció esa orden. Exactamente cien años después, el 17 de junio de 1789, el Tercer Estado se declaró la Asamblea Nacional y excluyó el Rey de tener cosa cualquier a decir sobre la legislación. Al Rey, que entonces era Luis XVI, le fue arrancado su poder precisamente 100 años después de aquel día, y cuatro años después le era cortada la cabeza en la guillotina.

Nuestro Señor dijo que debiese ser comunicado a Sus ministros – al Papa, a los Cardenales y a los Obispos – que siguen el Rey de Francia (a quien ellos cortaron la cabeza) en su aflicción y castigo. El Rey de Francia fue ejecutado como un criminal – no era un criminal, pero se ejecutó como si fuese un criminal.

Es esto lo que vemos en la visión que el Vaticano nos reveló en junio de 2000. Vemos el Papa siendo ejecutado, no sólo muerto, antes ejecutado, por un grupo de soldados, por un pelotón de ejecución. Es esto lo que sucederá al Papa y a los Obispos; no sólo ellos, pero también a los sacerdotes, religiosos y laicos católicos.

Estamos todos juntos en esto

Estamos todos juntos en esto, pero es porque la Consagración de Rusia no ha sido hecha a tiempo.

San Alfonso María de Ligorio nos dice que con Dios, todo es medido. Se basa en un pasaje del Libro de la Sabiduría. Todas las cosas son medidas como por un cuentagotas. Vemos esto en el caso del Rey de Francia, 100 años exactamente.

Y fue Nuestro Señor Mismo Quien nos llamó la atención a este hecho, cuando dijo a Lucía: “Participa a Mis ministros… como el Rey de Francia”. No lo dijo precisamente, pero parece que nos está diciendo que, tal como el Rey de Francia tuvo 100 años, así también el Papa tiene 100 años.

Estamos ahora en el 94º año. 13 de mayo de 2011 es el 94º aniversario de la primera aparición de Nuestra Señora en Fátima. Ya no tenemos mucho tiempo.

Habría sido más fácil hacer la Consagración de Rusia anteriormente, pero, a la medida que pasa el tiempo, se hace cada vez más difícil hacerla.

Hay quien piense que es demasiado difícil de hacer. ¡No es! Todavía es posible hacerla. La manera cómo hoy se puede hacer es explicada en el libro Russian Sunrise. Pero no hay duda que hay algún impedimento.

El Papa NO necesita autorización para consagrar a Rusia

El año pasado, uno de los oradores, Catherine Pearson, nos dijo que hay seis razones posibles por qué el Papa no haga la Consagración de Rusia. En primer lugar, no debemos pensar que el Papa no sabe de esto, porque lo sabe. No sólo sabe sino también quiere hacerla. Sé de esto a través de un diplomático del Vaticano, un Arzobispo, que fue personalmente a Rusia a petición del Papa Benedicto XVI. Este Arzobispo me dijo que el Papa envió un mensaje al Patriarca de Moscú, a pedirle permiso para hacer la Consagración, y a preguntarle si él se importaba. Al que parece, nadie jamás explicó debidamente el asunto al Patriarca. No es un insulto a los Rusos, ni es una maldición, por el contrario, es una bendición. Sin embargo, el Patriarca Ortodoxo Ruso consideró esto como una especie de insulto y dijo que sí, se importaba.

Pues bien, el Papa no necesita pedir permiso al Patriarca para hacer esta Consagración. Pero como el Papa hizo esta pregunta, era necesario que alguien explicase al Patriarca que no era un insulto al pueblo ruso, pero, en verdad, era una gracia especial. Es una gracia que yo desearía para mi propio país. Es una gracia que cualquier persona que ama a su país desearía. Pero la elección es de Dios, la elección es de Nuestra Señora.

Después que David se consagró es cuando consiguió ser victorioso

Debemos ver la historia de David en el Antiguo Testamento. David era uno de ocho hermanos, y el profeta fue al padre de David y dijo: “Tengo que consagrar uno de tus hijos como Rey”. Y entonces el padre de David, Isaí, trajo sus siete primeros hijos; y el profeta vio el primero y entonces dijo: “No, este no”. El segundo: “No”. El tercero, el cuatro, el quinto, todos ellos: “No”.

El profeta entonces preguntó: ¿“No tienes más hijos”? Isaí dijo: “Sí, tengo uno más, está en casa cuidando de los ovejas”. Entonces él le dijo: “Tráigamelo”. Y el profeta reconoció David como aquel que debía consagrar. Así, David fue consagrado, y después volvió a cuidar de las ovejas.

Nada parecía haber cambiado. Pero después de David había sido consagrado por el profeta ungido por Dios, algunos días más tarde las ovejas fueron atacadas por un oso y David respondió al ataque del oso matándolo, armado sólo con un cuchillo. En otra ocasión, un cordero de David fue atacado por un león, y David también mató el león sin ayuda.

Poco tiempo después, el gigante Goliat se puso al lado del monte durante 40 días, desafiando los hombres de armas de Israel para que luchen con él. Si uno de los hombres del Rey Saúl luchase contra Goliat y lo matase, los Filisteos serían sus esclavos; pero si Goliat matase el guerrero que fuese elegido, entonces los Israelitas serían esclavos de los Filisteos.

Durante 40 días, el gigante dijo: ¿“No tenéis el Dios vivo de vuestro lado? ¿Entonces, de que tenéis miedo”? Goliat blasfemó contra Dios y desafió los hombres de Israel a defender el honor de Dios. Y nadie se presentó; nadie excepto David.

Pasados unos días, dando tiempo a los otros hombres de armas, los grandes y sus fuertes, para aceptar el desafío, ninguno de ellos lo haría. Y por lo tanto David se presentó y dijo: “Yo lo haré”. Tengan en cuenta que David sólo tenía 18 años de edad. No era muy fuerte, no era muy grande. Y el Rey Saúl le dijo: “No puedes hacer esto. No eres fuerte, no tienes experiencia de combate, y él es muy grande para ti, muy fuerte”. David respondió: “Tu siervo, sólo, mató un oso y mató un león. También soy capaz de matar este hombre, Goliat”.

Y fue así que Dios eligió David y lo consagró; y una vez que él fue consagrado, quedó con esa protección especial, adquirió ese poder especial que él no tenía antes. Fue por eso que él, solo, pudo matar el león y pudo matar el oso. Y fue por eso que él también salió victorioso de la lucha contra Goliat y fue capaz de matarlo en combate singular.

Los Papas han sido amenazados

Hay una gran oposición en el mundo a la Madre de Dios y a Dios Mismo. Es tan poderosa esta oposición que ni siquiera los Papas han osado hablar contra ella. Tenemos el testimonio del Papa Pio XI que nos dice esto. Ustedes pueden encontrarlo en su Encíclica escrita en 1930.

Hoy, los Papas ni siquiera dicen que tienen miedo de hablar; ellos simplemente no hablan de ciertas cosas. En 1930, el Papa Pio XI se opuso públicamente a Mussolini, publicando una Encíclica Non abbiamo bisogno, y continuó, publicando aún otra Encíclica contra Hitler. No se importaba de oponerse a los que el mundo consideraba poderosos; pero, cuanto a aquellas personas que eran aún más poderosas de que estas, afirmó que ni osaba hablar contra ellos.

Y hoy son estos mismos individuos poderosos – pueden saberles el nombre, pero no les conocen el poder – son estos mismos individuos y sus amenazas que cuelgan sobre la cabeza del Papa que le impiden hacer la Consagración.

Como Catherine Pearson señaló, hay sólo seis razones posibles por qué el Papa no ha hecho la Consagración de Rusia, pero se eliminan efectivamente las cinco primeras. Les recomiendo que lean el texto de su alocución en la edición 96ª de The Fátima Crusader.

Pero la sexta razón que da es que el Papa ha sido gravemente amenazado. No se trata de una amenaza personal, no se trata de chantaje, es mucho peor que eso. Es el género de amenaza a que Josyp Terelya se refirió. Josyp Terelya fue prisionero de conciencia de 1963 a 1987 en el Gulag soviético.

Vino una orden para ejecutarlo, y el Coronel del KGB que tomó conocimiento de esta orden no se importó de contar a Josyp una cosa que era secreta. Pero Terelya sobrevivió para contar la historia.

Chernóbil no fue un accidente

El gran accidente de Chernóbil tuvo lugar en 1986. En 1987, antes de ser liberado, el Coronel del KGB le dijo:

“Chernóbil no fue un accidente, fue desencadenado deliberadamente. En verdad, tenemos todos nuestros reactores en áreas pobladas para mantener las poblaciones controladas. Si no obedecen, podemos siempre utilizar estos reactores a cualquier momento que quisiéramos”.

Fue un Coronel del KGB que dijo esto a Terelya. Terelya se refirió a esto en su libro Witness, y, además, habló de esto en una de nuestras Conferencias. Es este tipo de amenaza que colgaba sobre Juan Pablo II, el miedo de que la Polonia fuese destruida por estos reactores nucleares. No tengo idea de la naturaleza exacta de la amenaza que cuelga sobre la cabeza del Papa Benedicto XVI, pero el género y el grado de la amenaza a que él está sujeto es como la amenaza de que Josyp Terelya habló [el Padre Gruner relata esto dos años antes de la “renuncia” de Benedicto XVI].

El poder de Nuestra Señora

Pero no necesitamos de preocuparnos con esta amenaza, como Coralie Graham señaló en la abertura de nuestra Conferencia. Nuestra Señora es mucho más poderosa que todos esos enemigos de Dios.

El Padre Pio, que era muy devoto de Nuestra Señora y del Rosario, prometió al pueblo de San Giovanni Rotondo que, durante la Segunda Guerra Mundial, no habría actos militares de violencia, y que el pueblo no sería bombardeado.

Sucedió que los americanos habían ocupado la base aérea en las cercanías de la ciudad de Foggia (cerca de 40 kilómetros del pueblo de Padre Pio), y la usaron para misiones sobre la Yugoslavia.

Un día, de regreso de 16 horas de vuelo, un piloto americano vio que tenía aún una bomba a bordo y que le restaba muy poco combustible, sólo lo suficiente para regresar a la base. Él tenía órdenes estrictas, bajo amenaza de tribunal marcial, si no los siguiese, para largar todas las bombas antes de aterrizar. En su modo de pensar, no tenía alternativa, tenía que largar la última bomba. Como estaba encima de las nubes, no sabía lo que estaba debajo de él; sabía, sí, que tenía que seguir ordenes y lanzar la bomba antes de aterrizar.

El Santo Padre Pio salva su ciudad de ser bombardeada

El piloto inició los procedimientos para largar la bomba, pero él vio entonces un hombre en las nubes que venía en dirección a él. El hombre habló, diciendo: ¡“No lo hagas”! El piloto vaciló, estando muy impresionado. Pero a pesar de eso, órdenes eran órdenes, y él no quería poner en riesgo el campo de aviación ni ser llevado a tribunal marcial. Ni sabía que había un pueblo por bajo de él. Pensó que era un campo o el agua. Así, puso el botón para largar la bomba, pero se trabó. No funcionó. Y no tuvo otra opción que aterrizar con aquella bomba a bordo. El Comandante de la Base, que estaba feliz por ver que él había vuelto ileso, se enojó al ver que el piloto tenía todavía una bomba a bordo. Lo amenazó entonces con un tribunal marcial por no cumplir de órdenes y por poner la base en peligro.

Pero el piloto dijo, en su defensa: “Vi este hombre en las nubes, a decirme que no hiciese eso”. El Comandante de la Base respondió: “Veo que está cansado de tantas horas de vuelo; necesita descansar”. Y decidió no llevarlo a tribunal marcial.

Cuando el piloto volvió al caserón, fue a ver su amigo Alphonse D’Artega (un conocido mío), que vivió muchos años aquí en Roma, en Parioli. En ese entonces, él estaba trabajando en la base, pero no era aviador. Su amigo piloto le dijo lo que había acontecido, y estuvieron conversando sobre esto en el comedor. Un muchacho italiano, de cerca de 10 años, ayudaba a servir las mesas en el comedor. Como él comprendía el inglés, oyó y exclamó: “Oh, parece que es el Padre Pio”. El piloto y el amigo dijeron: ¿“Quién es él”? Respondió el muchacho: “Vive por encima de aquella colina, a unos 40 kilómetros, y celebra Misa todos los días a las 5 de la mañana”. D’Artega preguntó a su amigo piloto: ¿“Quieres ir allá y verlo”? Y él respondió: ¡“Claro”! Y el otro replicó: “Tomaré prestado un jeep”.

La mañana siguiente fueron allá, y, como D’Artega me contó, la vieja iglesia del Padre Pio era muy pequeña. Fueron los dos los últimos a entrar, y quedaron de espaldas a la pared. El piloto era protestante, y nunca antes había estado en una iglesia católica. D’Artega miraba alrededor, y el piloto también, y salieron varias personas de la sacristía preparando el altar. No había nada digno de nota. Pero cuando D’Artega estaba distraído mirando cualquier cosa antes del comienzo de la Misa, su amigo piloto le llamó su atención con un codazo en las costillas, y dijo: ¡“Allá está él! Es ese el hombre que yo vi en las nubes”, e identificó positivamente el San Padre Pio.

Por lo tanto, el Padre Pio había prometido al pueblo de San Giovanni que ellos nunca serían atacados durante la Guerra, y cumplió su promesa, llegando al punto de obrar bilocación en las nubes e impedir un piloto de largar una bomba sobre su ciudad. Y ciertamente el poder de Nuestra Señora es mayor que el poder de Padre Pio.

Confiemos en Nuestra Señora

Nuestra Señora puede detener cualesquier amenazas que cuelgan sobre la cabeza del Papa; puede detener cualquier peligro antes de alcanzar la Iglesia o la gente, por el Poder de Dios. Lo que nosotros necesitamos hacer es rezar más por el Santo Padre. Nuestro Señor se refirió en Rianjo a lo que sucedería al Papa, que él seguiría el Rey de Francia en la aflicción, si continuase en su rechazamiento de obedecer a la orden para consagrar a Rusia de la manera especificada. No sé si Lucía preguntó a Jesús lo que deberíamos hacer, a la luz del rechazamiento del Papa. Pero la última observación que Nuestro Señor le dijo era: “Nunca será tarde para recurrir a Jesús y a María”.

Nunca será tarde para rezar, nunca será demasiado tarde para pedir a Nuestra Señora y a Nuestro Señor que intervengan.

Dijo Sor Lucía que no hay ningún problema en el mundo, sea nacional o internacional, sea físico o moral, que no pueda ser resuelto por el Santo Rosario. No hay problema ninguno, ni el problema del Papa y los Obispos no haciendo la Consagración. Hasta este problema puede ser resuelto. Sólo tenemos que rezar, y, como dijo el Padre Pio, hacer con que las otras personas recen el Rosario.

El Obispo Giuseppe Bernardini, a la frente (foto de la izquierda), describió la vida de sus padres Sergio y Domenica, Siervos de Dios (fotos del derecho), que vivieron cerca de Módena, Italia, en el Siglo XX. Su causa de beatificación está en curso. Tuvieron 10 hijo, 8 de los cuales entraron en Órdenes Religiosas. Conozca esta historia inspiradora en la próxima edición de The Fátima Crusader.

El Obispo Giuseppe Bernardini, al frente (foto de la izquierda), describió la vida de sus padres Sergio y Domenica, Siervos de Dios (fotos del derecho), que vivieron cerca de Módena, Italia, en el Siglo XX. Su causa de beatificación está en curso. Tuvieron 10 hijo, 8 de los cuales entraron en Órdenes Religiosas. Conozca esta historia inspiradora en la próxima edición de The Fátima Crusader.

Recemos el Rosario por la intención de que el Santo Padre haga la Consagración. Si un pequeño grupo de personas (hay cerca de 500 sacerdotes en la Fraternidad San Pio X) puede obtener 12 millones de Rosarios en un solo año, ciertamente los Obispos y los sacerdotes aquí presentes pueden hacer esto y más, haciendo con que su diócesis y sus amigos promuevan el Rosario, y recen el Rosario por esa intención. Por eso, recemos muchos Rosarios por el Santo Padre. Nunca será tarde para recurrir a Jesús y a María.

¿POR QUÉ Rusia?

Hay quien piense, ¿por qué Rusia, por qué consagrar a Rusia? Claro que es suficiente decir que Dios la eligió, y esto basta. Rusia es una nación muy importante; se ubica al mismo tiempo en Europa y en Asia. Rusia también es la nación más poderosa del mundo. A pesar de la propaganda que dice que los Estados Unidos es lo más poderoso, por el contrario Rusia es mucho más poderosa.

En 1984, publicamos los hechos cómo Rusia era seis veces más poderosa que los Estados Unidos en varias áreas de ojivas nucleares. Dios empleará este poder de Rusia para oponerse al misterio de iniquidad que está amenazando el Papa y amenazando la Iglesia. Les será dada la oportunidad de convertirse, o serán forzados a conformarse con la voluntad de Dios. Rusia ha sufrido tantos años a las manos de este mismo poder del misterio de iniquidad (Ver el libro del Padre Kramer con ese título y un extracto del libro en este número de The Fátima Crusader, en la página 29). Ellos comprenden esto más íntimamente que la mayoría de nosotros, pero no se pueden convertir sin este Acto de Consagración. Como Lucía dijo: “la Santísima Virgen, repetidas veces, tanto a mis primos Francisco y Jacinta, como a mí, nos dijo…que Rusia sería el instrumento del castigo del Cielo para todo el mundo, si antes no alcanzábamos la conversión de esa pobrecita Nación”.

Así, Rusia tiene un papel crucial, si sea de justicia o sea de misericordia. Si realizamos la Consagración de Rusia, Rusia será el instrumento de misericordia y nos abrirá una era de paz para toda la humanidad. Si no se hace la Consagración de Rusia a tiempo, Rusia será el instrumento de castigo por los pecados de todo el mundo.

¿Merecemos ser castigados en este momento? Bueno, se calcula que más de mil millones de bebés fueron muertos en abortos en los últimos 20 años. ¡MIL MILLONES! Es un séptimo de la población mundial. Sabemos, por las Sagradas Escrituras, que hay cuatro pecados que claman al Cielo por venganza. Uno de ellos es el asesinato de personas inocentes. La sangre inocente de MIL MILLONES de bebés clama al Cielo por venganza.

El mundo tomó una dirección diferente de que fue indicada por Nuestra Señora

Esto es un pecado tremendo, pero no es el único pecado. Como el Papa Juan Pablo II dijo cuando fue a Fátima, el mundo avanzó en la dirección opuesta a la que Nuestra Señora indicó en 1917. Dijo que el pecado se había institucionalizado en nuestro mundo. Nos habituamos a esto porque, claro, vivimos aquí, y pasado algún tiempo ni siempre podemos estar alerta y siempre enojados o desconfiados de alguna cosa. A partir de un cierto tiempo, decimos: “Oh, sí, y ¿qué hay de nuevo”? Y nos olvidamos que esto es muy serio.

El mundo está acumulando una deuda terrible – no sólo una deuda económica, sino sobre todo una deuda moral – y llegará un día en que tendrá que ser pagado.

Podemos hablar de la apostasía actual. El Papa Juan Pablo II habló, más que una vez, de la apostasía silenciosa en Europa; pero no es sólo en Europa, es en todo el mundo. Hemos visto esto en las guerras que hay. Aunque no parezca afectarnos muy directamente en el Occidente, se calcula que más de un millón de personas fueron muertas en Afganistán y en Irak, y eso sólo en los años recientes. ¿Cuántas de estas personas fueron muertas inocentemente – o sea, cuántas personas inocentes fueron muertas?

¿Por qué es que la Consagración de Rusia marcará una diferencia? La misericordia de Dios es mayor que cualquier mal que hagamos. Y Dios, por Su misericordia, quiere obrar con esta generación un gran acto misericordioso. Pero sabe que no lo puede dar, porque sabe que podemos pensar que lo merecemos. Y no lo merecemos. San Agustín dice que Dios, en Su gran misericordia y gran amor, quiere concedernos grandes bienes, pero no los puede dar porque esto nos hará orgullosos. Pensaríamos que esto se debería a nuestros esfuerzos, a nuestros merecimientos, a nuestra bondad, y esto no es verdad.

Dios tiene un dilema

¿Cómo es que Él puede darnos estos grandes dones de la paz mundial si nosotros haciéndose orgullosos, pensamos que los merecemos? Pero Dios, nos dice San Agustín, encontró un camino. Y ese camino es a través de los merecimientos e intercesión de los santos.

Dios concede Sus favores especiales sólo por la intercesión y merecimientos de los santos. Así, si nosotros vimos a los santos y pedimos su intercesión para cosas que no podemos obtener por nuestras propias oraciones y merecimientos, Dios concederá esas gracias especiales, eses dones especiales, a causa de los merecimientos y oraciones de los santos, que son los amigos especiales de Dios.

San Alfonso María de Ligorio nos dice que es gran cosa un hombre o una mujer haber obtenido mérito suficiente para salvar su propia alma. Pero dice más que es cosa mayor aún, una persona habiendo obtenido mérito que llegue para salvar su alma y las almas de otras personas alrededor de él. Y esto, nos dice él, fue lo que hicieron los santos canonizados.

Dios quiere que todos nosotros utilicemos las oraciones y merecimientos de Nuestra Señora

Santo Alfonso María de Ligorio dijo también que la mayor cosa para una persona es ser tan santa que haya obtenido mérito suficiente para salvar las almas de todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. Y eso, sólo la Santísima Virgen María hizo. Y Dios quiere que lo reconozcamos y sepamos. Dios quiere que nosotros volvamos al Inmaculado Corazón de María para que, por Sus merecimientos e intercesión, salvemos nuestras almas. Y Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Fue por eso que Él reservó la gracia de la paz en el mundo, la gracia de la conversión de Rusia y la conversión del mundo al Inmaculado Corazón de María.

Es por eso que pide específicamente este Acto de Consagración, este acto especifico de dedicar, de separar para el servicio de la Virgen Santísima, los pueblos y el país de Rusia. Cuando esto se hace, Nuestra Señora podrá cuidar y controlar Su posesión, primero, convirtiendo Rusia a Dios y a Su Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, y después utilizándola para evangelizar el mundo.

Un vaso elegido

San Pablo fue el instrumento de persecución contra los primeros cristianos, pero era un vaso elegido. Primero Dios lo hizo caer del caballo abajo. Entonces, lo convirtió; y después Dios lo consagró como Obispo, y después él se hizo el mayor de todos los Apóstoles. Él mismo dice, en las Sagradas Escrituras, que convirtió más almas e hizo más que los otros Apóstoles, todos juntos.

Rusia es como San Pablo. Es un vaso elegido para evangelizar y convertir el mundo, lo que sucederá después de que Rusia sea consagrada al Inmaculado Corazón de María. No sabemos cuando esto sucederá, pero sabemos que sucederá. La pregunta que tenemos ante nosotros es: ¿Haremos lo que podemos y lo que debemos hacer para alcanzar la Consagración de Rusia antes de la aniquilación de naciones, antes que los enemigos de Dios se apoderen de todas naciones, para mandar sobre nosotros como si fuésemos sus esclavos, para mandar sobre nosotros de una manera que será muy dolorosa para nosotros?

En el mensaje de Akita, se dice que “los vivos tendrán envidia de los muertos”. Después de este castigo y de la aniquilación de naciones, los vivos envidiarán los muertos. ¿Y por qué? Porque las condiciones de vida serán peores de que podamos imaginar, bajo el reino de personas que trabajan para el demonio, que preparan para nosotros esta guerra y la esclavización de todos los sobrevivientes en su campo de prisioneros a la escala mundial anti-Dios, anti-Cristo y anti-humano. Y sucederá así, a menos que conseguimos que se haga a tiempo la Consagración de Rusia.

El Mensaje de Fátima nos envuelve a TODOS nosotros

Comprendemos que esto implica todos nosotros. Tal como aquella gente simple habló a sus amigos y vecinos sobre las apariciones de Nuestra Señora de Fátima, también nosotros, todos y cada uno, en cualquier situación de vida que estemos, tenemos este papel a desempañar – hablar personalmente a nuestros amigos y vecinos y transmitirles el Mensaje.

¡Tienen ese derecho!

No tengan dudas, Ustedes tienen este derecho, porque fue definido por el Segundo Concilio de León y por el Concilio Vaticano I. Tienen el derecho de suplicar al Papa. Hay personas que les dirán que no enviaren peticiones al Papa. Los que dicen que no se haga peticiones al Papa están totalmente equivocados. ¿Por qué es que están equivocados? Porque el Papa, al aceptar el cargo de Papa, acepta la responsabilidad de recibir peticiones de los Fieles que procuran una decisión en cosas relativas a asuntos eclesiásticos.

Esto fue definido por la Iglesia, no una vez sino dos veces. Es una definición solemne que todos nosotros, como católicos bautizados, tenemos el derecho de recurrir al Papa en este asunto. Tenemos el derecho de pedir al Papa que ejerce su autoridad.

Se puede pedir al Papa que enseñe y decida oficialmente, con toda su autoridad papal, que el Mensaje de Fátima es un verdadero Mensaje profético, proviniendo de Dios, y que parte del Mensaje de Fátima ordena al Papa y a los Obispos que consagren a Rusia al Inmaculado Corazón de María; es una orden solemne de Dios que obliga el Papa a obedecer, bajo pena de pecado mortal. Hasta podría pedirse al Papa que tomase una resolución obligatoria en sentido contrario, si estuviera preparado para ser parado por Dios por intentar decidir contra el Mensaje de Fátima.

Hay quien diga que el Papa no puede ser mandado por el Mensaje de Fátima. Están ciegos. Voy a tratar de esto en mi próxima alocución en esta Conferencia, sobre por qué el Papa tiene que obedecer. Él tiene una obligación solemne, está solemnemente obligado ante Dios. Hacer la Consagración es un asunto grave. Esto no es juzgar el Papa, es simplemente decir cuál es el orden moral objetivo.

Debemos rezar por el Santo Padre

He aquí por qué debemos rezar por el Santo Padre. Él tiene una pesada responsabilidad, tal como los Obispos, por quienes debemos rezar también. Pero al mismo tiempo, tengamos ideas claras y una comprensión clara. Como San Tomás de Aquino nos enseña, el primer fruto del error es la injusticia. Si promovemos mentiras sobre Fátima para parecer leales, o porque tenemos una noción equivocada de lealtad para con el Papa, no lo estamos ayudando, no estamos ayudando la Iglesia, no estamos ayudando los Obispos. Sólo estamos mandándolos a su condenación a la pena de muerte.

¡Hay UN solo camino!

Debemos decir la verdad clara y simplemente, y explicarla de modo que las personas sepan que hay un camino, y un solo camino para librarnos del estado en que la Iglesia se encuentra, del estado en que el mundo se encuentra. Hay un solo camino para parar la matanza sin sentido de millones de personas en guerras, en abortos, en disturbios a causa de la falta de comida, en el terrorismo financiero (Maurizio D’Orlando hablará sobre esto hoy, más tarde, en esta Conferencia “Consagración Ya”), etc., y que el camino, el único camino, es la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María.

¡Qué Dios los bendiga!

 

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Miércoles, septiembre 14, 2016

«Género, imperialismo biopolítico y revolución cultural» por La Brújula

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Título: “Género”, imperialismo biopolítico y revolución cultural
Autor: Lucas Carena y Pablo J. Davoli del programa La Brújula de TLV1
Publicado aquí sin el permiso expreso del autor

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Jueves, septiembre 8, 2016

«La Moneda Soberana» por Proyecto Segunda República

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Título: La Moneda Soberana
Autor: Proyecto Segunda República y/o TLV1

 

La Moneda Soberana

 

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Martes, septiembre 6, 2016

«¿Qué hay acerca de la ortodoxia de la Madre Teresa?» por Marian T. Horvat

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Título: ¿Qué hay acerca de la ortodoxia de la Madre Teresa?
Autor: Marian T. Horvat
Original en inglés: What about the orthodoxy of Mother Teresa? -oct. de 2003-
Traducción: Alejandro Villarreal -sept. 2016- Publicado y traducido aquí sin el permiso expreso del autor

El cuidado que la Iglesia católica tradicionalmente ha tenido al proclamar beatos y santos es bien conocido. Se realizan esmeradas investigaciones para demostrar, sin lugar a duda, la ortodoxia de los siervos de Dios en sus escritos y dichos, en su práctica de las virtudes heroicas y en su vida ejemplar, como modelo para toda la Iglesia. Además es necesario un milagro para la beatificación y otro para proclamar la santidad.

A través de arduas investigaciones son examinados los escritos y las palabras atribuidas al candidato para asegurar que todo se adhiera estrictamente al Magisterio y la Tradición de la santa Iglesia. Incluso la duda más insignificante sobre la ortodoxia en una afirmación registrada de la persona a la que se investiga ha sido suficiente para detener el proceso de beatificación, sin seguir adelante. Citaré el caso bien conocido de Ana Catalina Emmerich, cuyo proceso de beatificación se ha detenido por orden del papa Clemente XIV, debido a las cuestionables interpretaciones de sus visiones realizadas por su secretario, Clemente Bretano. Es incierto si serán aprobadas tales tesis. Pero debido a esta duda no puede ser beatificada, y ser presentada así, como modelo oficial para los católicos.

Sabiendo esta gran vigilancia de la Santa Madre Iglesia al proclamar la ortodoxia de aquellos a quienes ella eleva al honor del altar, uno puede comprender las dudas y confusiones que ocasiona la reciente beatificación [octubre de 2003] de la Madre Teresa de Calcuta entre algunos católicos.

Nadie pone en duda que ella haya prodigado sus cuidados y asistencia a los pobres de Calcuta, y haya sido una defensora incansable de los nasciturus. El problema reside en materia de fe, la primer y más importante de las virtudes heroicas necesaria para ser proclamada beata. Parecería que es necesario una reexaminación de algunas afirmaciones de la Madre Teresa que implican que la salvación es posible en todos los diferentes credos y religiones. En otras palabras: ¿Puede alguien ser proclamado beato [y mucho menos santo] si afirma o implica que la Iglesia católica no es la única y verdadera Iglesia, como lo hizo ella?

Déjenme ofrecerles algunos ejemplos tomados de un libro de reciente publicación, Everything Starts From Prayer, Mother Teresa’s Meditations on Spiritual Life for People of all Faiths [literalmente: Todo comienza con la oración. Meditaciones de la Madre Teresa sobre la vida espiritual para personas de todas las fes]. En el prefacio Anthony Stern enfatiza el espíritu ecumenista del trabajo de la Madre Teresa, citándola: «Siempre he dicho que debemos ayudar al hinduista a ser mejor hinduista, al mahometano a ser mejor mahometano, al católico a ser mejor católico».

Ella es elogiada como una gran maestra ecumenista de la oración. Quienes la enaltecen bien podrían formar parte de un encuentro de oración en Asís: un rabino judío, un maestro zen, un maestro budista tibetano, un ministro protestante y el presidente de la Conferencia Episcopal Católica de los Estados Unidos, entre otros. Éste último, el obispo Anthony Pilla, llama a sus meditaciones “núcleos de verdad”, profundos en sabiduría e introspección espiritual.

He aquí uno de esos “núcleos”, la Madre Teresa afirmó:

«Algunos lo llaman Ishwar, otros Alá, algunos simplemente Dios, pero tenemos que reconocer que es Él quien nos creó para grandes cosas: amar y ser amados. Lo que importa es que amamos. No podemos amar sin oración, y así, desde cualquier religión en la que estemos, debemos orar juntos. »

Esta no es una declaración aislada tomada fuera de contexto, es uno de muchos testimoniales que indican la actitud general de la Madre Teresa de indiferencia hacia el credo que el hombre profese. [1] En esta meditación ella muestra una noción heterodoxa de Dios, así como una noción distorsionada del amor.

Una noción heterodoxa de Dios. Una cosa es decir que Dios tiene diferentes nombres en diferentes lenguas. Por ejemplo, decimos God en inglés, Dieu en francés, Dios en español, Gott en alemán, y así en otras. Pero es obvio que tanto los católicos de habla hispana, como los católicos de habla francesa, los católicos de habla alemana y los católicos de habla inglesa, todos entienden la misma realidad con la palabra Dios.

Ahora, es otra historia el aplicar este razonamiento a los diferentes credos y religiones, los cuales afirman una variedad de nociones acerca de la Primera Causa que creó al mundo y al hombre. Es absolutamente incorrecto decir que Ishwar, Alá y el verdadero Dios [la Sma. Trinidad] son sólo diferentes nombres de una misma realidad.

Los mahometanos niegan la Trinidad del verdadero Dios y la divinidad de Jesucristo. Por lo tanto, su Alá está muy lejos  de ser la misma realidad adorada por los católicos. El dios de los budistas no es una persona como el verdadero Dios. Es una especie de fuerza inmanentista que se encuentra esencialmente en todas las criaturas. Algunas sectas budistas adoran innumerables deidades. Los hinduistas siguen una doctrina diferente, también adoran a todo un mundo de deidades, incluyendo espíritus como Ishwar, hombres y animales, como las vacas y víboras.

Así, la Madre Teresa presentó una falsa suposición  de que esos “dioses” son todos el verdadero Dios, el cual es adorado por los católicos. Esta afirmación es completamente errónea, y se opone a la simple razón natural y directamente contradice el dogma católico.

Es difícil creer que la Madre Teresa haya sido beatificada [en 2003, y ahora canonizada en 2016] después de pronunciar estas afirmaciones, las cuales reflejan objetivamente su pensamiento representativo. También es difícil entender cómo las autoridades católicas pueden elogiar tales afirmaciones como “núcleos de verdad”.

Una falsa noción de amor. Continuando, la idea que ella presenta, que toda clase de amor es bueno, es por decir lo menos, muy superficial. Ella repite frecuentemente esta noción: e.g. «el amor es un fruto de temporada, siempre disponible y al alcance de todas las manos. Cualquiera puede obtenerlo sin límite. Todos pueden alcanzar este amor a través de la meditación, el espíritu de oración y sacrificio… si aprendemos a amar, aprenderemos a ser santos ».

¿Qué es el amor? El amor es la adhesión de la voluntad a una persona, objeto o ideal. Esta relación por sí misma no es buena o mala, depende del propósito del amor. Si alguien ama con un mal propósito, este amor es indigno. Si se ama por los motivos correctos, es provechoso. Esta es la razón por la que San Agustín afirma con sencillez: «sólo los buenos pueden amar». [2]

Por lo tanto, cuando alguien ama al verdadero Dios, Quien es la bondad misma, es un amor bueno. Pero si alguien tiene una inclinación hacia algo malo, hacia algo que llama dios, pero realmente es un demonio, esto no es un amor bueno. Es una pasión maligna, no un amor bueno, y se necesita corregir a esa persona, no mostrar empatía a este respecto. De hecho existen límites para el amor. Santo Tomás de Aquino lo enseñó claramente: «las pasiones son malignas si el amor es maligno, buenas si es bueno» [3].

Sin embargo, esta enseñanza no se encuentra en la meditación de la Madre Teresa sobre Dios.

Primero, ella asume la falsa suposición de que Dios es el mismo para mahometanos, paganos y católicos.

Segundo, ella simplifica la noción del amor, e implica que uno puede amar, tanto de forma buena como mala, que el objeto del amor es indiferente. Todo lo que importa es el amor. Esto contradice la enseñanza básica católica del Catecismo que nos instruye a amar al verdadero Dios sobre todas las cosas.

Una monja, incluso una muy popular, que afirme estos dos errores, no podría ser proclamada beata ni santa, ya que para obtener este honor sus enseñanzas en materia de fe no deben contener errores, ni siquiera uno muy pequeño. Esto es muy importante no sólo porque involucra el honor y la integridad de la Iglesia, sino también porque una beata [y ahora santa] debe ser modelo de salvación para los fieles católicos.

Es obvio que el amor que predica la Madre Teresa en tales meditaciones no es un modelo de amor católico, tampoco es la Santísima Trinidad de la Iglesia católica ese dios del que habla.

Es claro que existe una justificada preocupación doctrinal de algunos católicos por esta rápida beatificación de la Madre Teresa. Pero estas dudas inquietantes también acechan sobre la legitimidad del milagro presentado como prueba de santidad.

Un milagro incierto. Normalmente el proceso de beatificación puede comenzar sólo después de que el candidato ha cumplido cinco años de fallecido, y después de que ha sido presentado el milagro como prueba. Los milagros son algo que la Iglesia no toma con ligereza. En los casos de curaciones físicas debe ser claro, sin sombra alguna de duda, que dicha curación no tiene causas naturales.

Ahora, en el caso de la Madre Teresa, Juan Pablo II exoneró el periodo de cinco años de espera, y en el 2002 el Vaticano reconoció un milagro, la curación de Mónica Besra, una campesina de 35 años del norte de la India que sanó de un tumor de ovarios. Besra y los Misioneros de la Caridad afirman que el tumor desapareció en 1998, cuando una medalla con la imagen de la difunta monja albanesa fue puesta sobre la zona doliente.

Sin embargo, el Dr. Ranjan Mustafi, jefe de ginecología que trató médicamente a la mujer en el Hospital del distrito Balurghat en la Bengala occidental, dijo que era muy posible que esta paciente fuera curada mediante cuatro drogas contra la tuberculosis que estaba tomando en ese tiempo, las cuales habrían disuelto el tumor. Él dijo que admiraba mucho a la Madre Teresa y piensa que debería ser beatificada por su labor con los pobres, pero no por este caso, «ella (Besra) tenía una enfermedad que fue curada por la ciencia médica, no por un milagro» [4].

Sus superiores en el hospital apoyaban su opinión, diciendo que los registros muestran que la paciente respondió al tratamiento como se esperaba. Cinco doctores en Roma consultados por el Vaticano para este caso desestimaron esta probabilidad científica y estuvieron de acuerdo para decir que no había explicación médica para su curación. Mustafi dijo que nunca tuvo comunicación con el Vaticano [5].

Por supuesto, Mónica Besra cree que es un milagro, pero admite que ella estaba recibiendo tratamiento médico en el Hospital de Balurghat en ese tiempo, tan sólo dijo: «Aquellos que aman a la Madre (Teresa), lo creerán». No había duda de que amaba a la Madre Teresa, pero no es el sentimiento lo que determina el valor de un milagro en el proceso normal de la Iglesia católica.

Conclusión. Así que, ¿qué es lo que tenemos aquí? Nociones defectuosas acerca de Dios y el amor, un milagro hundido en la duda, un proceso colocado en la vía rápida por el papa [2003, Juan Pablo II], quien en sí mismo es todo un campeón de la falsa noción del pluralismo teológico. Este concepto implica la admisión de que no existe una sola Revelación y una uniformidad en su interpretación, como la Iglesia católica siempre lo enseñó, sino que hay “revelaciones” e interpretaciones -falsas- de las otras religiones, que también serían correctas.

Esto lleva irremediablemente a sospechar que la intención de Juan Pablo II [y hoy al Sr. Bergoglio y su iglesia modernista] no sólo era beatificar a una persona, en este caso la Madre Teresa, sino a “canonizar” la ideología del progresismo postconciliar sobre el ecumenismo [sincretista] y la [nueva] salvación universal a la que se adhiere.

Esta beatificación también levanta sospechas acerca de otros personajes, como Juan XXIII, cuyo cuerpo “incorrupto” fue demostrado que se obtuvo por medio de un embalsamamiento químico, y quien siempre se adhirió a los errores modernistas. No podemos hacer otra cosa que preguntarnos lo que ha sucedido: ¿Ha cambiado la fe católica o una persona no necesita ser ya católica para ser beatificada [o canonizada]?

Notas:

[1] Stern relata el siguiente incidente como otro ejemplo de su espíritu ecumenista en acción: En una ocasión, cuando la Madre Teresa atendía a un agonizante budista, un visitante escuchó que le susurraba, «Ud. diga la oración de su religión y yo la repetiré. Oraremos juntos y será algo bello para Dios» (Prefacio, Everything Starts From Prayer)

[2] De Trinitate, 8,3,4: Pl 42:949-50.

[3] Summa Theologica, I-II,24,3.

[4] Too swift to Sainthood, Newsday, 15 de octubre de 2003.

[5] Beth Duff-Brown, To believers, proof of miracle not needed, National AP Courier and Press internet site, 18 de octubre de 2003.

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Lunes, septiembre 5, 2016

El engaño de Medjugorje

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Título: El engaño de Medjugorje
Original en inglés: The Medjugorje deception
Publicado, traducido y subtitulado aquí sin el permiso expreso del autor

El engaño de Medjugorje

 

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Lunes, agosto 22, 2016

Cuestionando el Holocasto – ¿Por qué lo creímos? (Parte I)

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Título: Cuestionando el Holocasto – ¿Por qué lo creímos? (Parte I)
Autor: Eric Hunt
Original en inglés: Questioning The Holocaust – Why We Believed?
Traducción: alertajudiada.com

Interesante documental realizado por Eric Hunt en el cual se analiza la información oficial acerca del supuesto “holocausto” perpetrado por los nazis contra los judíos durante la II Guerra Mundial, resaltando las inconsistencias de este supuesto acontecimiento, desde las cámaras de gas hasta los testimonios fantásticos de los supervivientes, pasando por la encarnizada persecución hacia aquellos quienes osen cuestionar o dudar de su autenticidad. Es sumamente vergonzoso que hoy y desde hace algunos años ya, dentro de la Iglesia católica se apoye esta mentira monumental que ha servido de ariete en contra de los enemigos de Israel quienes han denunciado sus crímenes contra la humanidad en Palestina y que bien podríamos considerar como una de las señales de la Bestia cuya duda a su veracidad implica una desacreditación y persecución en la sociedad actual bajo la temible etiqueta de “antisemitismo”. El relato oficial del holocausto no es un dogma católico por mucho que Bergoglio y el clero modernista lo eleve al rango de semi adoración y por el contrario se alza como una de las mentiras más infames contra el pueblo alemán y que hoy está siendo extendido a todo la humanidad para someterla a las aspiraciones hegemónicas de Israel. Es deber del católico enarbolar la verdad, y en particular este tema, con el fin de denunciar el abuso de autoridad que ya se da en muchos países que castigan en mayor o menor grado el dudar de un supuesto acontecimiento histórico, lo cual es inédito en la historia de la humanidad. Entre los países que aplican sanciones a lo que ellos llaman (y tipifican como gran crimen) “negación del holocausto” están: Australia, Austria, Bélgica, Bosnia y Herzegovina, República Checa, Francia, Alemania, Grecia, Hungría, Israel, Italia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Holanda, Polonia, Portugal, Rumania, Rusia y Suiza. En México se quiere intentar una criminalización del pensamiento en este sentido propuesta por el diputado federal Ricardo Monreal Ávila del partido político MORENA, lo cual es lamentable, por decir lo menos.

Cuestionando el Holocasto – ¿Por qué lo creímos? (Parte I)

 

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Viernes, junio 24, 2016

¿Putin el “cruzado” o Putin el eterno comunista y propagandista del régimen?

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Título: ¿Putin el “cruzado” o Putin el eterno comunista y propagandista del régimen?
Traducción/transcripción y comentarios: Alejandro Villarreal -junio de 2016-

 

En este interesante discurso de Vladimir Putin del año 2012 en Israel, elogia a esa nación y promete combatir a quien cuestione la historia oficial del “Holocausto”. En el año 2014 Putin firmaría una ley que criminalizaría la negación del Holocausto en Rusia, también prohibiría la exhibición de símbolos y manifestaciones nazis, y muy convenientemente consideraría las manifestaciones nacionalistas en Ucrania como parte de estos nuevos delitos, para así combatirlas “legalmente”. ¿Dónde está la memoria de los caídos a manos de los regímenes comunistas?, ¿el que media Europa cayera en manos de la URSS, con todo lo que implicó, también entra en la consideración de Putin de “haber sido salvados por el Ejército Rojo”?

¿Putin el “cruzado” o Putin el eterno comunista y propagandista del régimen?

Transcripción del discurso:

Queridos amigos, estoy muy impresionado y profundamente conmovido por todo lo que he visto hoy, todo lo que he escuchado. Refuerza mi sentimiento de respeto por el pueblo judío, por Israel. Les agradezco mucho porque es bueno el esfuerzo de perpetuar la memoria de los héroes de la II Guerra Mundial. Dedicamos un monumento que será uno de los más importantes en Israel. He visto muchos monumentos en Israel y todos han sido brillantemente diseñados y son muy impresionantes. Pero este monumento nos recuerda, a todos nosotros, cuán heróica fue la generación de la II Guerra Mundial, y también nos recuerda todos nuestros sacrificios, esto debería recordarnos que la victoria de 1948 es la victoria de todas las personas sobre la tierra. La memoria de los caídos es sagrada ante mis ojos y estoy profundamente conmovido que Ud. sientan lo mismo. Aquí en Israel, millones de personas, como en Rusia, se sienten vigorizados ante ciertas fechas, como la del 22 de junio de 1941 [Operación Barbarroja] o el 9 de mayo de 1945 [Rendición de Alemania]. Todos recordamos hoy a aquellos quienes cayeron en la guerra, a quienes murieron en los campos de exterminio. EL HOLOCAUSTO ES UNA DE LAS PÁGINAS NEGRAS Y TRÁGICAS EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD, Y ES IMPOSIBLE ALCANZAR LA PAZ CON LO QUE LOS NAZIS PERPETRARON. ESTA LOCURA TERMINÓ SÓLO GRACIAS AL EJÉRCITO ROJO. EL EJÉRCITO ROJO SALVÓ, NO SÓLO A LOS JUDÍOS, SINO A OTRAS NACIONES. Y aquí en Tierra Santa hoy les estamos dedicando este monumento. Nos recuerda que el mundo todavía es frágil, que la paz todavía es frágil y debemos hacer todo para que los políticos nazis, el pensamiento nazi y las ideas nazis permanezcan en el pasado. Debemos preservar las conclusiones de los juicios de Nuremberg y recordar toda la verdad acerca de la II Guerra Mundial. NO PERMITIREMOS QUE LA MEMORIA DEL PASADO SEA DISTORSIONADA. NO DEBEMOS CREER A LOS DEFENSORES DEL NAZISMO, DEBEMOS RECORDAR AL HOLOCAUSTO, A LAS VÍCTIMAS, LAS EJECUCIONES. No permitiremos que la memoria del pasado sea distorsionada. Hablamos acerca de millones de personas. Porque las futuras generaciones tienen que saber la verdad acerca de los héroes de la II Guerra Mundial y distinguir entre la verdad y las mentiras, a eso dedicamos este monumento. Deseo expresar mi agradecimiento personal al Primer Ministro Benjamín Netanyahu, y mi agradecimiento personal al presidente Shimon Peres, y a todos nuestros amigos, y por supuesto al equipo de escultores quienes ayudaron a crear esta escultura y concebir la idea. Las alas de la paloma blanca, madre de la paz, símbolo de la paz. Esperamos que la paz sea siempre el fundamento de las relaciones entre nuestros países y nuestros pueblos. Gracias.

Vladimir Putin.

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Miércoles, junio 22, 2016

Jefe rabino sefaradí de Israel confirma que Putin es judío

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Título: Jefe rabino sefaradí de Israel confirma que Putin es judío
Original en inglés: Israel’s Chief Sephardic Rabbi confirms Putin is a Jew (+ Why the Jews will flee America at the end of this year) + a P.S. -marzo de 2016-
Traducción: Alejandro Villarreal -junio de 2016- (notas añadidas).

Nota de B&T: Este es un artículo tomado del sitio redefininggod.com, el cual tiene muchos textos sobre el Nuevo Orden Mundial. Este artículo se centra en las relaciones muy estrechas del presidente ruso Vladimir Putin con las comunidades judías de su país y el mundo, así como su profundo compromiso político con temas polémicos como el llamado “antisemitismo” y el “holocausto”, que van más allá de una simple amistad y que según el autor del artículo, existen indicios de que Putin es considerado por ellos parte de su “tribu” o “grupo” político-religioso, pero no se queda en eso, sino que afirma además que Putin es posiblemente el Mesías judío que ellos todavía esperan, en desprecio de N.S. Jesucristo. Si bien me parece muy interesante los argumentos que presenta este autor, tengo reservas sobre sus últimas afirmaciones, pero lo que es innegable es que Putin tiene un estrecho lazo con este grupo político-religioso y lo cual lo hace aún más sospechoso como para considerarlo un “moderno cruzado”, como muchos entusiastas crédulos (por decir lo menos) consideran al presidente ruso. Tómese esta información con todo cuidado.

Un lector nos puso al tanto acerca de esta reunión de Putin con líderes judíos de Israel y Europa ocurrida en Moscú en julio de 2014:

El presidente ruso Vladimir Putin se reunió con rabinos de Israel y Europa en Moscú, el 9 de julio de 2015.

Nota de B&T (extractos del artículo referido): En esta reunión Putin agradeció a estos eminentes rabinos de Israel y Europa por lo que él llamó “su ayuda a Rusia en contra del resurgimiento del Nazismo”… En esta reunión Putin también habló acerca de los “negadores del holocausto (judío)”, llamándolos no sólo estúpidos sino sinvergüenzas. Esta reunión tuvo lugar en la víspera de una conmemoración anual del “Holocausto” (así, con mayúscula) que se celebraría el jueves siguiente en la ciudad de Sebastopol, en Crimea… El rabino Boruch Gorin, asistente del rabino Lazar y presidente del Museo Judío de la Tolerancia de Moscú, agregó: “Es innegable que el presidente Putin y el Kremlin desean demostrar que el antisemitismo no es aceptado y que todo está bien aquí respecto a los judíos, no lo disputamos, haremos nuestro trabajo.”

Este es el encabezado periodístico del periódico israelí Arutz-Sheva de ese tiempo:

Putin: Apoyaré la lucha de Israel… Cálida reunión entre la delegación de rabinos encabezada por el Jefe rabino Yitzhak Yosef y el líder ruso.

El artículo nos ofrece un párrafo muy revelador:

El rabino Yosef comenzó diciendo: según la tradición judía, su liderazgo está decidido por el reino de dios (el dios judío), Rey del mundo, y por lo tanto lo bendecimos (a Putin): “Bendito es Aquel quien dio de Su gloria en carne y sangre”

Para comprender el significado de esta salutación revisemos el artículo Jewish Prayers for the Government -literalmente: Oraciones judías por los gobiernos- escrito por el eminente rabino Raymond Apple.

Oraciones judías por el gobierno del rabino Raymond Apple

En este artículo podemos observar dos elementos clave:

Normas para la Monarquía. En tiempos antiguos pocas personas podían ver a su gobernante en persona, escuchar su voz o atestiguar su fama. El Talmud (TB Berakhot 58a) reportó que las personas estaban ansiosas por ver al rey, judío o gentil, e incluso los ciegos percibían su advenimiento. La halakhah (ley judía) requería de una bendición: AL VER A UN REY JUDÍO, Y A SU CORTE, SE PRONUNCIABA BARUKH SHENATHAN MIK’VODO LEVASAR VEDAM, “BENDITO SEA ÉL… QUIEN CEDIÓ UN POCO DE SU GLORIA A LA CARNE Y LA SANGRE“; al ver a un rey gentil, Barukh… shenathan mik’vdo liv’ru’av, “quien cedió un poco de Su gloria a Sus criaturas.”. Los reyes judíos, aunque criticados por sus fallas, presumían, al menos en teoría, ejemplificar los anhelos divinos; el Talmud (TB Berakhot 58a) considera que la realeza terrenal debe ser eco de la celestial. El Libro de los Proverbios 21,30 afirma “No hay sabiduría, entendimiento ni consejo en contra del Señor”. Sin embargo, la enseñanza y la experiencia judía tenía sus dudas acerca de los reyes gentiles, a quienes consideraba faltos de ética. Algunas autoridades, reflejado en Artscroll 1984:228, limitaban la bendición a los monarcas a “un rey gentil que gobernaba justamente”… La forma en que un hombre se convierte en rey no está definida. El Éxodo 1:8 simplemente dice “Un nuevo rey se levanta en Egipto”. Un rey podía heredar la corona, otro rey podía obtenerla mediante un golpe de estado (como Ahasuerus en el Libro de Ester). SU DESIGNACIÓN DEBERÍA SER DIVINA EN EL CASO DE LOS REYES JUDÍOS. Las personas no votaban. Las repúblicas se convirtieron parte del debate serio a partir de la Edad Media…

De acuerdo a la tradición judía, existe una oración específica dedicada a un rey judío diferente a la dedicada a un rey gentil: “Bendito sea Él… quien dió de Su gloria a la carne y la sangre.

Los rabinos saludaron a Putin diciéndole: “Bendito es Aquel quien dio de Su gloria a la carne y la sangre“. Si Putin fuese gentil, ellos deberían haberle saludado con un “bendito Aquel quien dio de Su gloria a Sus criaturas“.

Esta es la primera confirmación de que los rabinos sabían que Putin es judío.

Y según el pensamiento judío, un rey judío es designado por Dios. Y ya que los rabinos lo saludaron diciéndole “según la tradición judía, su liderazgo fue decidido por el reino de Dios“, esta es la segunda confirmación de que ellos sabían que Putin es judío.

Asumiendo que las referencias de Arutz-Sheva son precisas, el rabino Yosef nos ha confirmado oficialmente que Putin no sólo es judío, sino un rey judío. Y dado que en la información que ofrecimos en el artículo Chabad-Lubavitch, Vladimir Putin and the globalist End Times script -literalmente: Chabad-Lubavitch, Vladimir Putin y la agenda globalista del Fin de los Tiempos- acerca de Putin siendo preparado para asumir el papel de Moshiach ben Yosef, -literalmente: Mesías hijo de José, es doblemente interesante que el rabino Yosef haya dicho lo que dijo.

Otra confirmación de la situación de Putin como el “Mesías judío”, puede leerse en el artículo Is Vladimir Putin the Jewish Messiah -literalmente: ¿Es Vladimir Putin el Mesías judío?-

¿Por qué razón los judíos viajarán a Estados Unidos a finales de este año?

Encontré un artículo el otro día que me ofreció una parte importante de la clave para este rompecabezas de la agenda del fin de los tiempos. Habla acerca de cómo una eventual presidencia de Trump conduciría a los judíos hacia Israel, y entonces me di cuenta cómo encajaba todo en el plano general.

En numerosos artículos previos, he hablado acerca de la realidad del Verdadero Tsunami, de la verdad sobre el 9/11 y la verdad de las finanzas (del Sistema de la Reserva Federal y Wall Street) y cómo serán publicadas en los principales medios de comunicación en el tiempo de la transición. Y ya que todas estas revelaciones implicarán a los sionistas judíos, EEUU se volverá un lugar muy incómodo para ellos de la noche a la mañana. Esto les dejará a los judíos de EEUU dos opciones:

La primera, ellos verán a un virtual presidente Trump jugar el papel de iracundo populista alimentando al pueblo americano del sentimiento antijudío, lo cual es bastante atemorizante para ellos.

Por otro lado, ellos verán a un victorioso Moshiac ben Yosef, Vladimir Putin, en Jerusalén, listo para darles la bienvenida.

¿Qué creen que harán ellos?

Por supuesto que viajarán a EEUU, poniendo así a los judíos ordinarios en una canasta listos para su destrucción final en 2023. Si algún judío ordinario cree que los judíos de élite realmente se preocupan por ellos, es un tonto. Ellos los sacrificarán tal y como lo hicieron durante la Segunda Guerra Mundial, esto ya ha sido realizado en otras ocasiones.

Notas finales.

(14 marzo de 2016).- El cambio deliberado hacia la derecha política en Occidente ya ha iniciado con la reunión de Putin con los judíos. Aquellos quienes vayan hacia él, irán hacia sus dominios…

Putin ha dicho que los judíos deberían mudarse a Rusia. El presidente ruso Vladimir Putin propuso este martes que los judíos que enfrentan la ola de antisemitismo e intolerancia deberían mudarse a Rusia, donde él dijo, serían mejor aceptados.

Tomado de The Washington Post.

Nota de B&T: Se ofrece también este artículo de The Times of Israel -junio de 2015- en la que se muestra al rabino Berel Lazar, llamado el “rabino de Putin”, en reunión fraterna con el presidente ruso, y quien ha afirmado: “Rusia tiene en Vladimir Putin a su líder más pro judío” y a quien acredita por “luchar en contra del antisemitismo más vigorosamente que cualquier otro líder ruso antes que él“.

Vladimir Putin y el Jefe rabino de Rusia Berel Lazar en una de muchas fotografías de sus reuniones (marzo de 2005)

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Título: El valor de lo sagrado y los principales enemigos del cristianismo hoy
Autor: Dr. Hugo Verdera y/o TLV1

 

El valor de lo sagrado y los principales enemigos del cristianismo hoy

 

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Lunes, junio 13, 2016

«La Resurrección de N.S. Jesucristo» por el R.P. Manuel Carreira, S.J.

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Título:La Resurrección de N.S. Jesucristo
Autor: R.P. Manuel Carreira, S.J.

 

La Resurrección de N.S. Jesucristo

El R.P. Manuel María Carreira Vérez, S.J. es un eminente sacerdote español, teólogo y filósofo, y doctor en astrofísica.

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Lunes, mayo 9, 2016

«La lacra de la pornografía» por Juan Manuel de Prada

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Título: La lacra de la pornografía
Autor: Juan Manuel de Prada

 

La lacra pornografía

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Domingo, abril 24, 2016

Guerras ocultas: Tecnología militar, oro y dólar.

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Título: Guerras ocultas: Tecnología militar, oro y dólar
Autor: Enrique Romero, Adrián Salbuchi y/o Canal TLV1

 

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Jueves, marzo 31, 2016

Segunda República: Atentados terroristas en Bruselas

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Título: Atentados terroristas en Bruselas
Autor: Enrique Romero, Adrián Salbuchi y/o Canal TLV1

 

Atentados terroristas en Bruselas

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Título: El error de Nostra Aetate en la práctica: Bergoglio dice que mahometanos, hindúes, católicos, coptos y protestantes son hermanos, hijos del mismo “dios” y del mismo “padre”.
Autor: Alejandro Villarreal

“… mahometanos, hindúes, católicos, coptos, evangélicos protestantes, hermanos, HIJOS DEL MISMO DIOS, deseamos vivir en paz integrados.” (Al minuto 1 con 53 segundos)
“… diversas religiones, diversas culturas, pero HIJOS DEL MISMO PADRE, hermanos…  (Al minuto 3 con 45 segundos)”

Sin que ya sea sorpresa ya y contando con que ya muchos se han acostumbrado a las ocurrencias del Sr. Bergoglio, de nuevo ha reiterado el error de Nostra Aetate, pretendiendo que mahometanos y talmudistas/kabalistas, es decir, los falsos judíos de la Sinagoga de Satanás (Ap. II,9), y extendiendo en esta ocasión el círculo a prácticamente todas las religiones del planeta, creen en la Santísima Trinidad. Algunos dirán que eso no es lo que dice Nostra Aetate, sino que todos creen en el mismo Dios, entonces habría que preguntarse si los cristianos siguen creyendo en la Sma. Trinidad, porque el planteamiento o implica una conversión de mahometanos y talmudistas/kabalistas o implica la apostasía de los cristianos. Estas palabras del Sr. Bergoglio son parte de una campaña de apología al mahometanismo y de su permanente ocultación de las fechorías de sus amigos israelitas, tanto en Palestina como en la destrucción de países árabes, limitándose a decir que “son los traficantes de armas” los que fomentan la guerra en la actualidad, cuando todos sabemos que es Benjamín Netanyahu y su partido Likud que gobierna Israel quienes azuzan a Estados Unidos y todos sus aliados en contra de los enemigos de los sionistas en Medio Oriente, pero no, en la descripción de Bergoglio no encontramos hombres con rostro, con nombre y apellido, sino sólo son “traficantes de armas”, al parecer un montón de pendencieros con pasamontañas en la cabeza y un gran signo de interrogación en la frente, pues al parecer es imposible saber quién fomenta hoy la guerra, a quién beneficia la guerra y quién es responsable de la avalancha mahometana de refugiados a tierras que alguna vez fueron cristianas (refugiados que están provocando a su vez conflictos y quienes desean estableces sus costumbres de tinte anticristiano).

¿Mahometanos y católicos creen en la Sma. Trinidad?, ¿los cristianos -apostatando- creen ya en el dios mahometano? Porque en definitiva, no creemos en el mismo Dios. Esto decía San Juan Damasceno -s. VII-VIII AD- (http://wwwmileschristi.blogspot.mx/2014/10/san-juan-damasceno-habla-del-islam.html):

También existe la superstición de los ismaelitas* que hasta hoy prevalece y mantiene a la gente en el error, siendo un precursor del Anticristo. Ellos son descendientes de Ismael, [quien] nació a Abraham de Agar, y por esta razón se les llama tanto Agarenos como Ismaelitas. También son llamados “sarracenos” que deriva de Σάῥῤας κενούς (Sarras kenous), o desamparados de Sara, por lo que Agar dijo al ángel: “Voy huyendo de mi señora Sarai” (1). En tiempos, éstos eran idólatras y adoraban la estrella de la mañana y a Afrodita, a la que en su idioma llaman Khabar, que significa “grande” (2). Y así, hasta los tiempos de Heraclio fueron grandes idólatras. A partir de ese tiempo hasta el presente un falso profeta llamado Mahoma ha aparecido en medio de ellos. Este hombre, después de haber tropezado con el Antiguo y Nuevo Testamento, y de igual manera, al parecer después de haber conversado con un monje arriano (3), ha ideado su propia herejía. Y entonces, habiéndose congraciado con la gente mediante su aparente piedad, les hizo creer que un cierto libro le había sido enviado desde el cielo. En él estableció algunas composiciones ridículas en este libro suyo y se lo entregó a ellos como objeto de veneración.

Él dice que hay un solo Dios, creador de todas las cosas, que ni ha sido engendrado ni ha engendrado (4). Él dice que Cristo es la Palabra de Dios y de su Espíritu, pero una criatura y un siervo, y que fue engendrado, sin semilla, de María, la hermana de Moisés y Aarón (5). Porque, él dice, que la Palabra y Dios y el Espíritu entraron en María, y dio a luz a Jesús, que fue un profeta y siervo de Dios. Y dice que los judíos querían crucificarlo por violación de la ley, y que se apoderaron de su sombra y la crucificaron. Sin embargo, el mismo Cristo no fue crucificado, dice, ni tampoco murió, porque Dios por Su amor por Él, lo llevó consigo al Cielo (6). Y dice esto, que cuando Cristo hubo ascendido al Cielo, Dios le preguntó: “Oh Jesús, ¿No has dicho “Yo soy el Hijo de Dios y Dios”?” Y Jesús, él dice, le respondió: “Ten misericordia de mí, Señor. Tú sabes que yo no he dicho esto y que no desdeño ser tu siervo. Pero los pecadores han escrito que hice esta declaración, y han mentido sobre mí y han caído en el error”. Y Dios respondió según Mahoma: “Yo sé que tú no dijiste esas palabras” (7).

Hay muchas otras cosas extraordinarias y ridículas en este libro que cuenta que fue enviado a él por Dios. Pero cuando preguntamos: “¿Y quién está ahí para dar testimonio de que Dios le dio el libro? ¿Y cuál de los profetas predijo que tal profeta se levantaría?”, ellos están perdidos. Y nosotros decimos que Moisés recibió la Ley en el Monte Sinaí, con Dios que aparece ante los ojos de toda la gente en la nube, y el fuego, y la oscuridad, y la tormenta. Y decimos que todos los profetas desde Moisés para abajo predijeron la venida de Cristo y como Cristo Dios (el Hijo de Dios encarnado) iba a venir y ser crucificado, morir y resucitar, y cómo él iba a ser el juez de vivos y muertos. Entonces, preguntamos: “¿Cómo es que este profeta de los suyos no vino de la misma manera, con los demás dando testimonio de él? ¿Y cómo es que Dios no presentó a este hombre en vuestra presencia con el libro al que os referís, aun cuando él le dio la Ley a Moisés, con la gente presenciándolo, y la montaña humeando, para que vosotros pudierais tener certeza?” ellos responden que Dios hace como le place. “Eso –respondemos nosotros- ya lo sabemos, pero nosotros os estamos preguntando cómo llegó el libro a vuestro profeta”. Entonces replican que el libro bajó a él mientras dormía. Entonces chistosamente les decimos que mientras él reciba su libro en sueños y de hecho no sienta la operación, el mismo adagio le sea aplicado (lo que quiere decir: me estás dando la vuelta al sueño) (8).

Cuando nos preguntamos de nuevo: “¿Cómo es que cuando nos ordenas en este libro tuyo no hacer nada ni recibir nada sin testigos, no le dicen: ‘Primero nos muestras por testigos de que eres un profeta y que has venido de Dios, y nos muestras cuáles Escrituras son las que dan testimonio de ti’?”, ellos se avergüenzan y se mantienen en silencio. Entonces nosotros proseguimos: “Aunque tú no puedas esposar una mujer sin testigos, o comprar, o adquirir una propiedad, aunque no puedas recibir un asno ni poseer una bestia de carga sin testigos, y aunque tú puedas poseer tanto mujeres como propiedad y demás cosas gracias a los testigos, aun así nada menos que tu fe y tus escrituras las aceptas sin aval de testigos. Pues el que te trajo esto no tiene el aval de ninguna fuente, ni existe nadie conocido que atestigüe sobre él antes de que viniera. Y por el contrario, lo recibe mientras está durmiendo”.

Más aún, ellos nos llaman herejes y asociadores (Ἑταιριστάς) porque, dicen, introdujimos un asociado con Dios declarando a Cristo Hijo de Dios y Dios. Nosotros les decimos como contestación: “Profetas y escrituras nos han traído esto, y vosotros, según mantenéis persistentemente aceptáis los profetas. Pero si nosotros erróneamente declaramos a Cristo hijo de Dios, es porque eso es lo que nos enseñaron y lo que nos trajeron”. Pero algunos de ellos dicen que eso es una malinterpretación que nos lleva a representar a los profetas diciendo tales cosas, mientras otros dicen que los hebreos nos odiaban y nos engañaron escribiendo en nombre de los profetas, para perdernos. Y entonces aún les decimos: “En tanto que vosotros afirméis que Cristo es la palabra de Dios y el espíritu, ¿por qué nos acusáis de ser herejes? Pues la palabra y el espíritu es inseparable de todo aquello que tiene existencia de un modo natural. Por lo tanto si la palabra de Dios está en Dios, entonces es obvio que Él es Dios. Si en cambio, Él está fuera de Dios, entonces según vosotros, Dios no tiene ni palabra ni espíritu. En consecuencia, para evitar un asociado a Dios, lo mutiláis. Sería mucho mejor para vosotros aceptar que tiene un asociado que mutilarlo, como si estuvierais tratando con una piedra o con un trozo de madera o cualquier objeto inanimado. Así que mientras torticeramente nos llamáis herejes, nosotros replicamos llamándoos mutiladores de Dios”.

Ellos nos acusan además de ser idólatras, porque veneramos la Cruz, que ellos abominan. Y nosotros les respondemos: “¿Cómo es que entonces os frotáis contra una piedra en vuestra Kaaba (9), y la besáis y la abrazáis?”. Algunos de ellos dicen que Abraham tuvo relaciones con Agar sobre ella, pero otros dicen que ató el camello a ella cuando iba a sacrificar a Isaac. Y nosotros les contestamos: “Pues la Escritura dice que había bosques en la montaña y había árboles de los cuales Abraham cortó madera para el holocausto y puso encima a Isaac (10), y entonces dejó los asnos detrás con dos jóvenes, ¿por qué decir tonterías? Pues en ese lugar ni hay árboles ni un pasillo para asnos”. Y se quedan sin palabras, pero aún afirman que la piedra es de Abraham. Entonces les decimos: “Aceptemos que es de Abraham, como decís con toda locura. Entonces, sólo porque Abraham tuvo relaciones con una mujer o porque ató el camello a ella, no os avergüenza besarla y todavía nos culpáis por venerar la Cruz de Cristo por la cual el poder de los demonios y el engaño del Diablo fueron destruidos”. Esta piedra de la que ellos hablan es la cabeza de aquella Afrodita a la cual veneraban y a la que ellos llamaban Khabar. Incluso hoy día restos de la escultura son visibles para el observador cuidadoso.

3. Éste puede ser el monje nestoriano Bahira (Jorge o Sergio), que conoció al muchacho Mahoma en Bostra de Siria y afirmó reconocer en él la señal de un profeta.
4. Corán, Sura 112.
5. Sura 19, 4-169.
6. Sura 4, 156.
7. Sura 5, 116ff.
8. Los manuscritos no contienen el adagio, pero Lequien sugiere éste de Platón.
9. La Ka’ba, llamada ‘la casa de Dios’, se supone construida por Abraham con la ayuda de Ismael. Ésta ocupa lo que los musulmanes consideran el sitio más sagrado de la mezquita de La Meca y de todo el mundo. Incorporada a su muralla está la piedra aquí referida, la famosa Piedra Negra, que obviamente es una reliquia de la idolatría de los árabes preislámicos.
10. Gen. 22, 6.
¿Mahometanos y católicos son hijos del mismo Dios, del mismo Padre?, ¿los mahometanos creen en la Sma. Trinidad?, ¿afirmar esta evidente contradicción no es reflejo de ignorancia o de ánimo de engañar?

Mahometanos☧

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Miércoles, marzo 16, 2016

Segunda República: ¡Apunten a Irán! (otra vez) -15 marzo 2016-

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Título: Segunda República: ¡Apunten a Irán! (15 marzo 2016)
Autor: Enrique Romero, Adrián Salbuchi y/o Canal TLV1

 

¡Apunten a Irán!

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Título: Sobre la Bula Cum Ex Apostolatus Officio del papa Paulo IV. Contra papólatras y papoclastas
Autor: R.P. Juan Carlos Ceriani

PLAN DEL TRABAJO

Hay quienes, analizando la finalidad de la Bula de Paulo IV y su trasfondo doctrinal, llegan a la conclusión de que la Santa Sede Romana se encuentra vacante:

* sea por herejía previa de los que han sido electos inválidamente,

* sea porque, canónicamente electos, perdieron el Pontificado por deposición al incurrir en herejía.

Si bien la Bula “Cum ex Apostolatus officio” trata explícitamente el caso de una elección nula por herejía previa del electo, no sucede lo mismo respecto de la deposición del Papa.

Por otra parte, como en 1917 fue promulgado el Código de Derecho Canónico, es indispensable considerar si la Bula y su disciplina han sido abrogadas o no por el mismo.

Este planteo del problema nos proporciona cuatro cuestiones para estudiar:

 
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PRIMERA CUESTIÓN:

El análisis de la Bula en general

Tanto el Pontífice como el documento que nos ocupan tienen una particular importancia, que se reactualiza en las circunstancias peculiares del siglo XX y las creadas por el Concilio Vaticano II y actos posconciliares.

En efecto, Juan Pedro Carafa (Paulo IV) fue realmente insigne en defender la Fe, especialmente durante los últimos años de su vida, los del Pontificado.

La Bula tiene especial interés porque su finalidad era evitar que la herejía se apoderase de la jerarquía eclesiástica, sin excluir la Sede Suprema. Es digna de ser estudiada y constituye un llamado de atención y una exhortación en esta tempestad sin precedentes.

Ella advierte a los que, descansando plácidamente en una cómoda obediencia, parecen no preocuparse por los ataques peligrosísimos contra la Fe, máxime cuando provienen de las autoridades de la Iglesia. Su “papolatría” los enceguece y no perciben el peligro. Pero la Bula está allí y les llama la atención: es posible que la herejía entre en la Iglesia y que sus jerarcas se contaminen.

Ella exhorta también a quienes comprueban desvíos de la Fe y el pulular de sentencias heréticas o favorecedoras de la herejía, y si bien los inspira el amor a la Verdad y a la Iglesia, muchas veces actúan más por pasión que con sabiduría y prudencia. Su “papoclasia” los conduce por senderos falsos. Mas la Bula esta allí y los amonesta: bien interpretada, con mayor razón dentro del marco de la legislación del Código de Derecho Canónico promulgado en 1917, no permite llegar tan fácilmente —como muchos de ellos lo hacen— a la conclusión de la invalidez del acto electivo del Pontífice o de su deposición, si ha sido válidamente electo.

El Profesor Néstor Adrián Sequeiros analizó muy profundamente este documento. De sus Notas Preliminares tomo ahora algunas explicaciones de la 5ª): Composición de la Bula:

Una somera descripción de las partes en que se despliega el contenido resulta útil no sólo como ayuda sinóptica, sino para interpretar debidamente el valor de los elementos particulares en el conjunto de este documento concreto, evitando distorsiones interesadas.

Según la división formal, adoptada por los editores, el texto abarca un “exordio” o introducción y diez parágrafos, cuya temática parcial procuran condensar los subtítulos marginales.

Pero, si atendemos con previsible método al desarrollo temático general, advertimos que, más allá de esas divisiones externas y por sobre la compleja trama de referencias doctrinales, históricas y jurídicas, la Bula presenta una estructura de clara sencillez y sólida unidad, en perfecta articulación, incluso, con los amplios segmentos de su sintaxis.

Distinguimos así tres partes principales en el documento, completadas por una cuarta sección, que hoy llamaríamos “de forma” (§§ 8 a 10), con requisitos protocolares comunes en las Bulas:

i) La “introducción” y el § 1 —al modo de los “considerandos” en la legislación actual— describen las causas que determinaron las resoluciones tomadas por el Pontífice en las dos partes siguientes.

ii) En el § 2 Pablo IV confirma las condenas establecidas contra herejes y cismáticos por los Pontífices, Concilios y otras autoridades anteriores.

iii) Desde el § 3 hasta el § 7 inclusive, el Papa sanciona, establece, decreta y define nuevos castigos, dirigidos específicamente contra los jerarcas eclesiásticos y autoridades mundanas.

iv) En los últimos tres parágrafos se deroga expresamente toda disposición contraria (§ 8), se prescriben las formalidades de la publicación (§ 9) y se fulmina la sanción contra los infractores (§ 10).

Ampliando la descripción de las tres primeras partes, propias de esta Bula, observamos que:

I. Los dos primeros apartados se suceden y complementan con vínculos tan estrechos que constituyen en realidad un solo proemio: allí se resume el contexto doctrinal e histórico donde se inscribe el documento. Es obvia la importancia de estudiarlos con mayor cuidado a fin de ponderar mejor el sentido y alcance de las resoluciones papales.

a) Resulta evidente que los dos primeros subtítulos, adjudicados por los editores, distorsionan en parte la referencia al contenido. Ambos podrían aplicarse al proemio entero, pues así como las “causas” se presentan desde el comienzo del texto, también el § 1 integra el “exordio”, es decir, su trama inicial.

b) En estricta sintaxis, ambas divisiones no son otra cosa que sintagmas causales subordinados a los cuatro verbos principales del § 2 (aprobamos y renovamosy queremos y decretamos).

Es decir, los tres párrafos forman una sola oración compuesta, que rebasa los límites de la puntuación utilizada en la época. (Sobre la relación de estos giros causales con los verbos del § 3°, ver luego el apartado III).

c) Pasando al análisis de esas causas, observamos que la primera (“considerando” ) es el deber del Pastor de Roma: la concreta obligación de enfrentar la herejía protestante que disgrega el rebano y difunde el error, pervirtiendo sutilmente la inteligencia de las Escrituras.

La causa siguiente (§ 1, ), a su vez, está prevista por el Papa como consecuencia de la anterior, a la que remiten expresamente las palabras “realidad tan grave y peligrosa“: se trata de la posible impugnación a un Pontífice legitimo desviado de la fe, en relación con la cual Paulo IV cita también otra parte de una antigua sentencia: el Vicario de Dios “a todos juzga sin que nadie pueda juzgarlo en este mundo“.

La tercera causa (§ 1, ), que surge también de aquel primer “peligro mayor”, precisa la necesidad de evitar la acción perniciosa de los poderosos, clérigos y laicos, sobre las almas.

A ellos se refiere sin duda alguna este considerando, no al Pontífice; contra ellos solamente fulminará Paulo IV los castigos a partir del § 2, para impedir el acceso de herejes y cismáticos a las jerarquías más altas, incluida la suprema; y en relación inmediata con ellos —no con la posible desviación del Papa, pues eso pertenece al considerando anterior— se “despierta el recuerdo de la profecía de Daniel” sobre la desolación del lugar santo.

La cuarta causa (§ 1, ), en fin, expresa el deseo papal de atacar a los enemigos de la grey cristiana, cumpliendo con su obligación pastoral señalada al comienzo del documento.

d) La disposición temática de las cuatro causas confirma nuestra observación de que las dos primeras partes constituyen un proemio único: al deber pontificio de la primera corresponde el deseo de cumplir con su tarea de Pastor, expresado en la cuarta. En el medio se sitúan las otras dos, referidas a sendos objetivos fundamentales en la vida y el pontificado de Paulo IV: la reafirmación de la autoridad papal () y la reforma de la Iglesia, con la depuración de sus dignatarios y la lucha frontal contra los herejes ().

II. Hasta aquí se habían expuesto los motivos de las decisiones papales, “que nunca se consideran como normas propiamente dichas“.

El § 2 inicia la parte dispositiva, constituyendo una primera sección de la misma donde se renuevan, como vimos, las sanciones de autoridades anteriores.

III. Las medidas propias de este Papa ocupan los próximos cinco parágrafos. Suponen, obviamente, las causales de los dos primeros, que también se subordinan a los verbos del § 3 (sancionamos, establecemos, decretamos y definimos) y se conectan, por medio de la expresión et nihilominus (“y asimismo”), con dos nuevos considerandos.

Estos concretan la tercera causa del § 1 (la necesidad de evitar la acción perniciosa de los poderosos, clérigos y laicos, sobre las almas), detallando contra quiénes se dirigen los castigos de Paulo IV.

Si se hubiera observado un poco la armazón sintáctica de la Bula (desplegada en una sola oración desde su inicio hasta finalizar casi el § 8), no se habría perdido tiempo buscando por sus resquicios la inclusión de un papa legitimo entre los condenados.

La falta de puntuación y el estilo “amplio”, destinados a desalentar a los antiguos falsificadores de la letra, motivó la confusión de los modernos intérpretes de su espíritu.

A partir de aquí se puede seguir fácilmente la subdivisión temática con la ayuda de las notas marginales.

Los veinte artículos que contienen las medidas decretadas son proposiciones objetivas dependientes de los verbos principales del § 3.

Además, a partir del § 6 estas subordinadas dependen también del predicativo subjetivo adiicientes (“… agregando… “): recién acá añade Paulo IV el caso del pontífice írrito por herejía previa a su promoción (§ 6) y da licencia a los súbditos de los herejes para que se abstengan impunemente de obedecerlos, siguiendo en cambio a los futuros Pontífices y dignatarios elegidos en forma canónica (§ 7).

Llamo la atención sobre un punto importante: se ve con claridad que la separación del texto debe hacerse de modo que coincidan el comienzo de este § 7 con el del artículo 19º (en el texto latino: liceat omnibus… “); así también se soluciona, sin dejar de lado la subdivisión temática, la dificultad formal que le preocupa a Disandro y al Padre Barbara, que en las versiones inglesas y francesa que hemos cotejado traducen mal…

Ahora, el correcto desarrollo y la justa apreciación del trabajo exigen ahora una puntualización sobre la naturaleza del Derecho Canónico.

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Naturaleza del Derecho Canónico

Unas breves pero fundamentales nociones nos pueden ayudar en nuestro estudio.

Teología y Derecho Canónico

La ciencia del derecho eclesiástico es verdaderamente parte de los estudios teológicos y hasta Graciano no se la distinguía de la Teología o ciencia de Dios, la cual, por no dividirse en partes formales, en la unidad fortísima de su objeto incluye las verdades de la fe, la moral y el derecho.

Derecho Canónico y Teología son inseparables. La Teología engloba necesariamente en su objeto la legislación de Dios y de su Iglesia. Ella recubre al Derecho Canónico de la misma manera que recubre a la ciencia de las Sagradas Escrituras. El Derecho Canónico se halla injertado en la Teología como una rama maestra sobre el árbol gigante de las ciencias sagradas.

El Derecho Divino como tal es objeto más bien de otras ciencias, como son la teología dogmática y la teología moral, el derecho natural y la filosofía del derecho, las cuales enseñan todas las premisas del derecho humano. Pero en cuanto el Derecho Divino es propuesto por la Iglesia, el derecho eclesiástico lo comprende. (Diccionario de Teología Moral, voz: Derecho Canónico).

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Objeto del Derecho Canónico

Algunas reglas propuestas por la Iglesia han sido tomadas del Derecho Divino o natural. Los cánones dogmáticos en las cosas de fe y costumbres, en cuanto proponen el Derecho Divino que se ha de creer formalmente, pertenecen a la teología dogmática; en cuanto implican consecuencias prácticas que nos ligan solamente ante Dios, pertenecen a la teología moral; pero si de ellos se deducen consecuencias ante la sociedad eclesiástica, entonces pertenecen igualmente al derecho canónico (Diccionario de Teología Moral).

Ciertos cánones del Código no son otra cosa que enunciados de verdades doctrinales: ver por ejemplo los cánones 737, 801, 870, 1012, 1323, 2214. Innumerables cánones, estrictamente legislativos, suponen una estrecha relación con importantes verdades doctrinales, por ejemplo la segunda parte del Libro III, “De los lugares sagrados”.

Otras reglas han sido sancionadas por la potestad propia de la Iglesia y se dicen cánones disciplinares: tratan de la fe que ellos promueven y tutelan, de las costumbres, de la liturgia y de la jerarquía eclesiástica. (Diccionario de Teología Moral).

Otras, finalmente, han sido aceptadas y aprobadas por la Iglesia, y son las leyes civiles canonizadas por ella; estas se reducen a reglas disciplinares (ídem).

La fe, las buenas costumbres y la disciplina, en cuanto se refieren a la razón del derecho (ratio iuris) y al orden externo y social de la Iglesia, constituyen el objeto del derecho canónico, de modo particular en cuanto en el fuero externo se prescriben y prohíben acompañadas de sanciones eclesiásticas (cfr. Ferreres, vol. I, nº 14 y Wernz, vol I, n° 57).

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Fuentes del Derecho Canónico

Llámanse fuentes del Derecho Canónico las personas físicas o morales de quienes dimanan las leyes eclesiásticas (fontes essendi), o también las obras en que estas leyes se hallan (fontes cognoscendi).

En el primer sentido son fuentes del Derecho Canónico Dios y Jesucristo, de los cuales dimana el derecho natural y el divino-positivo. También lo son los Apóstoles, el Papa, los Obispos, los Concilios, las Congregaciones Romanas, etc.

En el segundo sentido son fuentes la Sagrada Escritura, en la que se halla gran parte del derecho natural, del divino-positivo y del apostólico; las colecciones de los Concilios; las obras de los Santos Padres, en cuanto contienen las tradiciones divino-apostólicas; los Sínodos; las compilaciones antiguas, particularmente las que forman el antiguo Corpus Iuris; los bularios; las colecciones de decretos de las Sagradas Congregaciones, etc.

El Código de Derecho Canónico es hoy la fuente principal y casi única, juntamente con la colección de los decretos de la Sagrada Congregación de Ritos y demás libros litúrgicos, sirviendo las otras como auxiliares para la interpretación.

El Código de Derecho Canónico ha compilado las leyes anteriores, sean de derecho natural, sean de derecho divino-positivo, sean de derecho eclesiástico, contenidas en las fuentes essendi y cognoscendi. Todas esas normas canónicas tienen por objeto no sólo la disciplina sino también la fe y las buenas costumbres.

Resumiendo: la sana filosofía nos enseña en esto a distinguir, sin confundir ni separar. Puede haber una confusión entre doctrina y disciplina, concedemos; pero para evitarla, no hay que separarlas; hacerlo equivaldría a un error tan grave como el primero. Exactamente lo mismo ocurre entre cuerpo y alma, orden natural y orden sobrenatural, naturaleza y gracia, política y religión. Es necesario unir sin confundir y distinguir sin separar.

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El Código de 1917

Finalmente, conviene destacar la importancia del Código de Derecho Canónico promulgado en 1917.

Coleccionar, compilar, recopilar las leyes, es reunirlas en una sola obra con acierto, orden y unidad. Codificar es legislar, ordenando en un cuerpo sistemático todas o algunas partes del derecho.

El ideal de una colección o de un código es que sea público, auténtico, metódico, con perfecto orden lógico, puestas las leyes en forma de artículos breves y enteramente exclusivos (o excluyentes).

Este último concepto debe llamar nuestra atención. El código será más o menos imperfecto, según abarque sin distinción las leyes vigentes y las abrogadas, o solamente las vigentes, o al menos las separe, dejando las abrogadas para que sirvan a eruditos e intérpretes.

Los códigos exclusivos abrogan toda disposición anterior de carácter general que no esté en ellos contenida; pues una colección se llama excluyente en cuanto excluye o abroga otras colecciones u otras disposiciones jurídicas no contenidas en ella.

Las reglas fundamentales para la interpretación del Código se hallan en los siete cánones iniciales: nos dan a conocer la fuerza ya obligatoria, ya derogatoria, ya abrogatoria del Código.

Los cinco cánones primeros se refieren principalmente a lo que el Código reserva, o no abroga; el 6º deslinda lo vigente de lo abrogado, evidenciando su carácter exclusivo, excluyente.

El 19 de mayo de 1918 el Código de Derecho Canónico tomó fuerza de ley para la Iglesia universal. La nueva legislación canónica, unificada y codificada, abrogó ipso facto el derecho anterior, el cual conservó solamente valor de fuente.

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SEGUNDA CUESTIÓN: VIGENCIA DE LA BULA “CUM EX APOSTOLATUS OFFICIO”

Llegamos al primer punto capital de nuestro estudio: ¿Tiene aún vigencia la Bula de Paulo IV?

Asentemos algunos puntos fundamentales:

1º) Concedemos que la Bula no es una disposición particular para la elección pontificia.

2º) Concedemos que la Bula se fundamenta en el orden doctrinario o teológico y, de modo particular, en el principio que establece una incompatibilidad entre la condición de hereje y la jurisdicción eclesiástica, en virtud del vínculo entre Fe y Jerarquía.

3º) La incompatibilidad entre jurisdicción y herejía no es absoluta. Por eso, distinguimos entre la doctrina sobre la cual se funda la Bula o ella misma transmite y las medidas canónicas o disciplinarias establecidas por el legislador en vista de aquella. Una cosa es la invasión herética en el cuerpo jerárquico de la Iglesia, sin excluir el Pontificado, para disolver el vínculo Fe-Jerarquía, y otra muy distinta es el proceder canónico con que la enfrenta un Papa como Paulo IV u otro, predecesor o sucesor.

4º) La incompatibilidad entre jurisdicción y herejía no es absoluta: los cánones 2314 y 2264 muestran claramente que entre el momento en que un jerarca incurre en herejía y excomunión, y el momento de su deposición por su superior, transcurre un tiempo en el cual sigue gozando de su jurisdicción.

5º) La Bula podía ser abrogada.

Llegó el momento de repasar las breves pero importantes nociones que dimos sobre la naturaleza del Derecho Canónico; ellas nos enseñan que cada canon apunta mucho más alto y no solamente a dirimir casos fácticos.

El Código de Derecho Canónico no viene a abrogar o abolir el principio conforme al cual los electores/elegibles del Romano Pontífice deben ser íntegros custodios de la Fe, sino a legislar sobre el momento y el modo en que, en virtud de ese principio, la legitimidad asumida se pierde o no puede conservarse, o simplemente no puede ser asumida.

Se trata de una cuestión de prudencia: Paulo IV quería evitar el peligro de los prelados herejes, pero su modo de evitarlo entrañaba otro peligro, el de poner en duda todas las elecciones y todas las jurisdicciones.

San Pío X, Benedicto XV o Pío XII pudieron haber juzgado que el peligro de una tal duda era peor que el de permitir (por un tiempo y mientras la autoridad legítima diera sentencia condenatoria o declaratoria) gozar de jurisdicción a un hereje.

Por lo cual sin negar la doctrina ni ningún principio fundamental, pudieron válida y legítimamente modificar la ley.

6º) El Código de Derecho Canónico considera todas las cuestiones incluidas en la Bula, aunque no de la misma manera; salvaguarda la doctrina y la connaturalidad del vínculo Fe-Jerarquía, pero no de igual modo.

La Bula de Paulo IV “Cum ex Apostolatus officio“, no sólo constituye una fuente “de conocimiento” del Derecho Canónico, al igual que el Motu Proprio de San Pío V “Inter multiplices“, sino que figura entre las fuentes del Código de Derecho Canónico promulgado en 1917. En efecto, en la obra del Cardenal Gasparri “Codicis Iuris Canonici Fontes” se la incluye bajo el número 94. Cabe aclarar que en esta obra no figura el Motu Proprio de San Pío V.

Como ejemplo de la importancia que esto tiene en relación al tema que tratamos, y a la “distinción-separación” que algunos hacen entre doctrina y disciplina, señalamos que algunos cánones tienen como fuente, entre otros documentos, la Bula que nos ocupa.

Esto aparece en el Código de Derecho Canónico oficial, editado bajo el cuidado del que fuera Secretario de la Comisión Cardenalicia que preparó la codificación, Cardenal Pedro Gasparri (BENEDICTO XV:

Codex luris Canonici, Pii X Pontificis Maximi iussu digestus; Benedicti Pape XV auctoritate promulgatus. Præfatione, fontium annotatione et indice analytico-alphabetico ab Emo. Petro Crd. Gasparri. Romæ, Typis Polyglottis Vaticanis, MCMXVII. GASPARRI, PETRO CARD.: Codicis luris Canonici Fontes, Vol. I. Typis Polyglottis Vaticanis. Romæ. MCMXXIII).

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CÁNONES QUE TIENEN LA BULA DE PAULO IV COMO FUENTE

167. (el § 5 de la Bula)

§ 1. No pueden dar voto: (…)

3º. Los censurados o notados con infamia de derecho, después de la sentencia declaratoria o condenatoria;

4º. Los que dieron su nombre o se adhirieron públicamente a una secta cismática o herética;

5º. Los que carecen de voz activa, ya por legítima sentencia del juez, ya por derecho común o particular.

§ 2. Si es admitido alguno de los antedichos, su voto es nulo, mas la elección es válida, a no ser que se averigüe que, descontado este voto, el elegido no obtuvo el número de votes requerido, o que a sabiendas hubiera sido admitido un excomulgado por sentencia declaratoria o condenatoria.

188. (los §§ 3 y 6 de la Bula)

En virtud de renuncia tácita admitida por el mismo derecho, vacan ipso facto y sin ninguna declaración cualesquiera oficios, si el clérigo: (…)

4º. Apostata públicamente de la fe católica;

218. (el § 1 de la Bula)

§ 1. El Romano Pontífice, sucesor de San Pedro en el Primado, no solamente tiene el Primado de honor, sino la suprema y plena potestad de jurisdicción en la Iglesia universal, tanto en las cosas de fe y costumbres como en las que se refieren a la disciplina y régimen de la Iglesia difundida por todo el orbe.

§ 2. Esta potestad es verdaderamente episcopal, ordinaria e inmediata; lo mismo sobre todas y cada una de las Iglesias que sobre todos y cada uno de los Pastores y fieles, e independiente de cualquier autoridad humana.

373.
(el § 5 de la Bula)

(…) § 4. El canciller y los demás notarios deben ser de fama intachable y estar libres de toda sospecha.

1435.
(los §§ 4 y 6 de la Bula)

§ 1. (…) sólo están reservados a la Sede Apostólica, aunque se halle vacante, los beneficios que a continuación se mencionan:

(…)

3º Los conferidos inválidamente por haber mediado vicio de simonía;

4º Finalmente, los beneficios en los cuales puso manos el Romano Pontífice por sí o por delegado en alguna de las formas siguientes: si declaró nula la elección para el beneficio o prohibió a los electores hacerla; si admitió la renuncia; si promovió, trasladó o privó del beneficio al beneficiado; si dio el beneficio en encomienda.

1556. (el § 1 de la Bula)

La primera Sede por nadie puede ser juzgada.

1657. (el § 5 de la Bula)

§ 1- El procurador y el abogado deben ser católicos, mayores de edad y de buena fama.

1757.
(el § 5 de la Bula)

§ 2 Se hallan excluidos como sospechosos para testificar:

1º Los excomulgados, perjuros, infames, después de la sentencia declaratoria o condenatoria;

2198. (el § 7 de la Bula)

Solamente la autoridad eclesiástica persigue, por su naturaleza, el delito que solo quebranta una ley de la Iglesia, reclamando algunas veces, cuando la misma autoridad lo juzgare necesario u oportuno, el auxilio del brazo secular.

2207. (ningún § de la Bula es señalado)

Además de otras circunstancias agravantes, crece el delito:

1° En proporción a la mayor dignidad de la persona que lo comete o que por el delito es ofendida;

2° Por el abuso de autoridad o de oficio para cometerlo.

2209. (el § 5 de la Bula)

§ 1. Los que en virtud de común acuerdo para delinquir concurren simultánea y físicamente a un delito, todos son considerados reos de él en el mismo grado, a no ser que las circunstancias aumenten o disminuyan la culpabilidad de alguno.

2264. (el § 5 de la Bula)

Los actos de jurisdicción, tanto del fuero interno como del externo, realizados por un excomulgado, son ilícitos; y si se ha pronunciado sentencia condenatoria o declaratoria, son también inválidos, salvo lo que se prescribe en el canon 2261, § 3; antes de la sentencia son válidos, y aun lícitos, si los solicitaron los fieles a tenor del mencionado canon 2261, § 2.

2294.
(el § 5 de la Bula)

El que es infame con infamia de derecho, no sólo es irregular a tenor del canon 984, número 5°, sino que es además inhábil para obtener beneficios, pensiones, oficios y dignidades eclesiásticas, para practicar los actos legítimos eclesiásticos y para ejercer algún derecho o cargo eclesiástico, y debe, finalmente, apartársele de ejercer ministerios en las funciones sagradas.

§ 2. El que es infame con infamia de hecho, debe ser rechazado no sólo de recibir órdenes, a tenor del canon 987, número 7º, dignidades, beneficios y oficios eclesiásticos, sino también de ejercer ministerios sagrados y de practicar los actos legítimos eclesiásticos.

2314.
(los §§ 2, 3 y 6 de la Bula)

§ 1. Todos los apóstatas de la fe cristiana y todos y cada uno de los herejes o cismáticos:

1º. Incurren ipso facto en excomunión;

2º. Si después de amonestados, no se enmiendan, deben ser privados de los beneficios, dignidades, pensiones, oficios u otros cargos que tuvieren en la Iglesia y ser declarados infames, y a los clérigos, repetida la amonestación, debe deponérseles;

3°. Si dieren su nombre a alguna secta acatólica o se adhirieren públicamente a ella, son ipso facto infames; y quedando en vigor lo que se prescribe en el canon 188, número 4º, los clérigos, después de amonestados sin fruto, deben ser degradados.

2316.
(el § 5 de la Bula)

Es sospechoso de herejía el que espontáneamente y a sabiendas ayuda de cualquier modo a la propagación de la herejía o participa in divinis con los herejes, en contra de lo que prescribe el canon 1258.

He aquí la distribución inversa:

El § 1 de la Bula: cánones 218 y 1556

El § 2: 2314

El § 3: 188 y 2314

2207. (ningún § de la Bula es señalado. Pienso que es el 3°)

El § 4: 1435

El § 5: 167, 373, 1657, 1757, 2209, 2264, 2294 y 2316

El § 6: 188, 1435 y 2314

El § 7: 2198

Como vemos, el Código de Derecho Canónico legisla sobre las elecciones para los oficios eclesiásticos, incluyendo el Sumo Pontificado; así como también sobre la cesación de esos oficios, la pérdida de la jurisdicción eclesiástica y las penas y sanciones contra los que incurren en crímenes opuestos a la fe y unidad de la Iglesia. Ya analizaremos en detalle todo esto en la tercera cuestión.

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7. Importancia del Código de Derecho Canónico del año 1917: La Santa Sede, tanto en los Concilios Ecuménicos como fuera de ellos, jamás ha dejado de promover la disciplina eclesiástica por medio de leyes. Pero por excelentes y sabias que sean, estas leyes no pueden producir el deseado efecto si no se las conoce, y no pueden generalmente ser bien conocidas si andan dispersas. De aquí la necesidad de coleccionarlas o codificarlas.

Al decretarse nuevas leyes y abrogarse o modificarse las antiguas, es necesario, para su mejor conocimiento, formar colecciones en las que se reúnan las leyes nuevas, desaparezcan las que ya no están vigentes y aparezcan con sus modificaciones las que han sido modificadas.

Muchas fueron las colecciones que, tanto en Oriente como en Occidente, precedieron al Código de Derecho Canónico; pero la necesidad de una nueva codificación se iba dejando sentir cada vez más y con mayor fuerza.

Como durante seis siglos no se había hecho ninguna compilación general, necesariamente debían hallarse esparcidas las fuentes jurídicas en innumerables volúmenes; muchas leyes habían caído en desuso, otras eran entre sí contradictorias: y no pocas exigían ser revisadas y acomodadas a la necesidades actuales.

La formación del nuevo Código la decretó San Pío X por su Motu proprio “Arduum sane” del 19 de marzo de 1904. Para la ejecución de este grandioso proyecto, dispuso el Papa la creación de una Comisión Pontificia compuesta de Cardenales designados nominalmente por él mismo. Dicha comisión era presidida personalmente por el Santo Papa o, en su ausencia, por el más antiguo de los Cardenales.

Dispuso también San Pío X que hubiera un número suficiente de consultores elegidos por los Cardenales, con aprobación del Papa, entre los más doctos canonistas y teólogos.

Mandó además, por carta circular del 25 de marzo de 1904, que a la codificación aportaran su concurso todos los Prelados del orbe; para lo cual los Arzobispos debían oír el parecer de sus sufragáneos y de los otros miembros del Concilio provincial, y, después de oído, exponer a la Santa Sede qué mutaciones o correcciones consideraban debían hacerse en el derecho canónico entonces vigente.

Concluido el primer esbozo del Código, fue enviado por partes a los Obispos de todo el mundo, con fechas 20 de marzo de 1912, 1º de abril de 1913, 1º de Julio de 1913, y 15 de noviembre de 1914, para que, reunidos con su Arzobispo, lo revisaran e hicieran sobre él las observaciones que juzgaran convenientes y las remitieran a la Santa Sede.

En este estado se hallaba la codificación cuando ocurrió la muerte de San Pío X. Su sucesor, Benedicto XV, revisó todo lo actuado y promulgó el Código por medio de la Constitución “Providentissima Mater Ecclesia“, que lleva fecha del día de Pentecostés del año 1917.

Durante 10 años y bajo la presidencia de San Pío X, estuvo trabajando la Comisión cardenalicia que debía elaborar el Código. Tres años más continuó su labor, durante el pontificado de quien lo promulgó. En todos estos años, los Arzobispos del orbe entero y, desde 1912, los Obispos todos, tuvieron parte activa en esta codificación.

Tanto San Pío X, como Benedicto XV y los obispos del mundo entero, conocían la Bula de Paulo IV.

San Pío X, al promulgar su Constitución en 1904 y al dirigir las deliberaciones concernientes a las elecciones para los oficios eclesiásticos, incluyendo el del Romano Pontífice, las censuras y penas contra herejes y cismáticos, y las causales de pérdida de jurisdicción y el modo de realizarse, tenía expresamente en cuenta el documento de Paulo IV, su doctrina y su disciplina.

Todo esto figura en el Código de Derecho Canónico. ¿Cómo puede decirse entonces el Código no considera para nada las cuestiones incluidas en la Bula?

Si trece años de estudio y elaboración, la potestad de dos Pontífices y de todos los obispos del mundo no son suficientes para esclarecer las dudas sobre un documento irreprochable en cuanto a la doctrina y al modo de promulgarse…

Para que no se nos objete con el mismo argumento (dos Pontífices y todos los obispos del mundo) para enfrentarnos con el Concilio Vaticano II y el Código de Derecho Canónico de 1983, hemos aclarado “un documento irreprochable en cuanto a la doctrina y al modo de promulgarse“.

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8. Análisis del canon 6. Puede ser que en algún lector permanezca la duda sobre la abrogación del documento de Paulo IV. Hemos dicho que ha sido expresamente incluido entre las Fuentes del Código y que éste legisla sobre la misma materia, pero ¿fue abrogado por él?

Basta leer el canon 6 del Código para comprobar que sí. Dice así:

El Código conserva en la mayoría de los casos la disciplina hasta ahora vigente, aunque no deja de introducir oportunas variaciones. Por lo tanto:

1°. Quedan abrogadas todas las leyes, ya universales, ya particulares, que se opongan a las prescripciones de este Código, a no ser que acerca de las leyes particulares se prevenga otra cosa;

2°. Los cánones que reproducen íntegramente el derecho antiguo deben valuarse conforme a ese derecho, y, por lo tanto, han de interpretarse según la doctrina de los autores de nota;

3º. Los cánones que sólo en parte concuerdan con el derecho antiguo, han de valuarse conforme a éste en la parte que con él convienen; pero en aquella otra parte en que del mismo discrepan, se han de juzgar según su propio sentido;

4°. En la duda de si alguna prescripción de los cánones discrepa del derecho antiguo, no hay que separarse de este;

5º. En cuanto a las penas de las que en el Código no se hace mención alguna, sean espirituales o temporales, medicinales o las llamadas vindicativas, latæ o ferendæ sententiæ, deben darse por abrogadas todas ellas;

6°. Si alguna de las demás leyes disciplinares que hasta ahora se hallaban vigentes no se contienen ni explícita ni implícitamente en el Código, ha de afirmarse de ellas que perdieron todo su valor, si no es que se hallan en los libros litúrgicos aprobados o son leyes de derecho divino, ya positivo, ya natural.

Hay verdadera sabiduría, claridad y precisión en la redacción de este canon.

Paulo IV en su Bula, comienza por reafirmar todas las condenas anteriores contra herejes y cismáticos: “todas y cada una de las sentencias, censuras y castigos establecidos y promulgados” (§ 2). En los siguientes parágrafos (3, 4, 5 y 6) completa las medidas canónicas que cierran el paso a la herejía: depone, inhabilita, invalida, etc.

Se trata, pues, de leyes universales, de penas espirituales y temporales, medicinales y vindicativas, disciplinares: estamos de lleno en el canon 6.

Rogamos al lector tenga la diligencia de comparar las medidas tomadas por Paulo IV en su Bula y las disposiciones del canon 6 del Código, así como también la de leer nuestras nociones previas sobre la naturaleza del derecho canónico.

Las leyes antiguas tienen actualmente validez tan sólo por su inserción en el Código. Véanse el Motu proprio Arduum sane Munus de San Pío X (19 de marzo de 1904) y la Constitución Providentissima Mater de Benedicto XV (27 de mayo de 1917), por la cual fue promulgado el Código:

“Así, pues, invocando el auxilio de la gracia divina, contando con la autoridad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, de «motu proprio», con conocimiento cierto y en virtud de la plenitud de la potestad Apostólica de que estamos investido, por esta Nuestra Constitución, que queremos esté siempre en vigor, promulgamos el presente Código, tal cual está ordenado, y decretamos y mandamos que en adelante tenga fuerza de ley en toda la Iglesia y lo encomendamos a vuestra custodia y vigilancia para que sea observado.

Mas para que todos aquellos a quienes corresponde puedan conocer bien los preceptos de este Código antes de ser aplicados, decretamos y mandamos que empiecen a tener fuerza de obligar el día de Pentecostés, y no antes, del año próximo venidero, esto es, el día diecinueve de mayo de mil novecientos dieciocho.

Sin que obsten cualesquiera ordenaciones, constituciones, privilegios, aunque sean dignos de mención especial e individual, cualesquiera costumbres, aun inmemoriales, y otras cosas cualesquiera en contra.

A nadie, pues, le será lícito infringir u oponerse temerariamente a esta página de Nuestra Constitución, ordenación, limitación, supresión, derogación y voluntad de cualquier modo expresada. Si alguno tuviere la osadía de intentarlo, sepa que incurrirá en la indignación de Dios todopoderoso y de sus Santos Apóstoles Pedro y Pablo.

Dado en Roma junto a San Pedro en la festividad de Pentecostés del año mil novecientos diecisiete, tercero de Nuestro Pontificado.”

El canon 6 sienta como principio general que el Código, por lo común, conserva la disciplina vigente al tiempo de su promulgación, aunque introduce las modificaciones que considera oportunas. Por eso hace aclaraciones particulares:

a) Tiene el Código carácter de compilación posterior, que abroga todas las leyes anteriores a él que le son opuestas; y no sólo las generales si no están reservadas en los cánones que preceden, sino también las particulares no reservadas expresamente o en los cánones anteriores o en alguno de los otros, (Nº 1).

b) Las antiguas fuentes dejan de serlo y se convierten en normas de interpretación. (Nº 2).

c) Se destaca y determina el valor y la importancia interpretativa de estas fuentes antiguas con relación a la nueva ley, en función del principio de derecho según el cual la corrección de éste es odiosa. También se determina la importancia de los autores que las interpretan rectamente. En caso de duda, se ha de mantener la antigua interpretación. (Nos 2, 3 y 4).

En el número se trata de la duda sobre la discrepancia positiva entre la antigua ley y la nueva; es decir, se duda sobre si la nueva ley establece otra cosa diferente que la antigua, y en esta duda es cuando no hay que separarse de la ley antigua.

Si la duda sobre la discrepancia fuere meramente negativa, que tiene lugar cuando se duda si la ley antigua ha sido omitida en el Código o se halla en él contenida implícitamente, se aplica el número del presente canon.

d) Todas las penas que no se mencionan de modo alguno en el Código, quedan abrogadas. Por consiguiente, en lo referente a las penas es donde el Código muestra más clara, amplia y radicalmente su carácter exclusivo. (Nº 5) Este inciso es de tal importancia que pasarlo por alto constituiría una grave inadvertencia o un caso de ignorancia afectada.

Según este inciso quedan abrogadas por el Código todas las penas anteriormente establecidas por el derecho común, ya escrito, ya consuetudinario. Todas estas penas cesan, si de ellas no se hace mención expresa, aunque no sean contrarias a la nueva disciplina canónica.

e) Todas las demás leyes disciplinares vigentes hasta ese momento y que no son mencionadas en el Código ni explícita ni implícitamente, se tienen por abrogadas, a no ser que se las halle en los libros litúrgicos, o sean leyes de derecho divino (Nº 6). También aquí muestra el Código su carácter exclusivo, aunque no tanto como en el número anterior.

El Código es una codificación exclusiva de carácter general; por esta causa, no solamente abroga todas las antiguas leyes contrarias (universales o particulares, Nº 1), sino que también abroga todas las leyes disciplinares universales que, sin serle contrarias, no se hallan en el mismo contenidas explícita ni implícitamente.

Explícitamente, se contienen en el Código la mayor parte de las leyes antiguas, como se afirma al principio del canon 6; lo cual puede comprobarse compulsando las citas de los Códigos anotados.

Se hallan contenidas implícitamente en el Código aquellas leyes anteriores que se deducen directa e inmediatamente, por estar en él incluidas como la conclusión en su premisa, la especie en el género, el efecto en la causa, la parte en el todo o como condición necesaria.

Las leyes de derecho divino, sea natural, sea positivo, ni el Papa puede abrogarlas, ni se ha propuesto codificarlas; y así quedan siempre con el mismo valor que les es propio, tanto si se hallan dentro como fuera del Código.

Este larga y enfadosa pero necesaria explicación nos lleva a concluir inequívocamente que la Bula de Paulo IV, como tal, ha sido abrogada; pero no sucede lo mismo con toda su disciplina, siendo parte de ella incorporada al Código.

Hay quienes prefieren decir que, en este caso, se trata de una derogación.

Sin embargo, teniendo en cuenta el canon 6 del Código de Derecho Canónico, consideramos que no puede haber dudas al respecto.

9. Apoyado en todo lo considerado, hago netamente la distinción entre la doctrina que el documento de Paulo IV comporta inevitablemente, y las medidas canónicas establecidas por el legislador en vista de ella.

No me niego a ver la doctrina sobre la cual se fundamentaba la Bula… pero ni más, ni menos.

Lo que sí niego (no se trata de no querer ver) es que las medidas canónicas tomadas por Paulo IV tengan aún hoy plena vigencia.

Me explico:

no veo menos: afirmo que la Bula afectaba a la jerarquía de la Iglesia, llegando incluso a invalidar la misma elección papal, en caso de herejía previa del electo.

-no veo más: como analizaremos en la Cuarta Cuestión, sostengo que la suprema autoridad no se veía afectada en el sentido que el Sumo Pontífice electo canónicamente también esté incluido entre las dignidades a las cuales la Bula deponía en caso de herejía o cisma.

Lo que si niego (ya lo hemos probado) es que dicho documento tenga vigencia hoy y que su disciplina (lo probaremos en nuestra Tercera Cuestión) haya sido asumida en su totalidad por el Código en lo referente a la elección del Sumo Pontífice y a las penas canónicas en que incurren los clérigos en caso de que caigan en herejía o cisma.

10. ¿Perpetuidad de las leyes? Para cerrar este tema, salgamos al paso de una objeción supuestamente fuerte: la Bula de Paulo IV fue promulgada a perpetuidad, luego no puede ser abrogada y todo lo dicho hasta ahora es una ilusión o un gran sofisma.

En efecto, el encabezamiento o título de la Bula trae la formula Ad perpetuam rei memoriam; en el § 2 se lee: “queremos y decretamos que dichas sentencias, censuras y castigos deben observarse perpetuamente“; en el § 3: con esta nuestra Constitución, válida a perpetuidad“, etc.

Perpetua = etimológicamente: “continua”, “ininterrumpida”. En sentido canónico, esta fórmula advierte que por su gravedad el asunto tratado deberá ser tenido en cuenta permanentemente y, por supuesto, prescribe la continua obligatoriedad de sus normas mientras tenga vigencia el documento.

Al negar la posibilidad de que se abrogue un documento con ese carácter, se desconoce lo que sabe cualquier estudiante de Derecho Canónico: se llaman “perpetuas” las leyes promulgadas sin término fijo de vigencia y que mantienen su obligatoriedad “hasta ser explícita o implícitamente abrogadas. En este sentido son válidas a perpetuidad“. (Cf. Vermeersch – Creusen I, § 69; Naz, D. D. C. V, col. 637; etc., etc.).

Recordemos algunas nociones indispensables:

Se entiende por ley eterna el plan de la divina sabiduría por el que dirige todas las acciones y movimientos de las criaturas en orden al bien común de todo el universo. La ley eterna es en sí misma absolutamente inmutable, porque se identifica con el entendimiento y la voluntad de Dios, en los que no cabe error o la mutabilidad del propósito.

La ley natural no es otra cosa que la participación de la ley eterna en la creatura racional. Una de sus principales propiedades es la inmutabilidad intrínseca, por la cual nada absolutamente puede cambiarse en ella; de ningún modo se le puede substraer ningún precepto, ya que se funda en la misma naturaleza humana y en el orden moral, que no admiten variaciones en sí mismos a través del tiempo y del espacio.

Se llama ley divina positiva la que procede de la libre e inmediata determinación de Dios, comunicada y promulgada al hombre por la divina revelación en orden al fin sobrenatural.

Pueden distinguirse dos etapas principales en este ley positiva divina: la Antigua (con sus dos períodos, época primitiva y ley mosaica) y la Nueva y Eterna Alianza, promulgada por Cristo y los Apóstoles. La Antigua Alianza fue abrogada; la Nueva goza de inmutabilidad substancial hasta el fin de los siglos, pero puede sufrir modificaciones accidentales.

Si la ley divina positiva puede ser modificada y abrogada (caso de la ley mosaica), con mayor razón puede serlo una ley meramente humana.

Entre las leyes humanas encontramos las leyes eclesiásticas, que provienen de la legítima autoridad de la Iglesia en orden a la santificación y gobierno de los fieles.

La ley humana no es perpetua puesto que legisla y preceptúa sobre aquello que por su misma naturaleza no es necesario, sino contingente: “in rebus mutabilibus (enseña Santo Tomás) non potest esse aliquid omnino immutabiliter permanens
(I-II, q. 97, a. 1, ad 2: La medida debe ser estable en lo posible. Pero en las cosas mudables no se encuentra nada absolutamente inmutable. Por eso la ley humana no puede ser inmutable por completo).

La razón humana es cambiante e imperfecta y, por lo mismo, su ley es mutable, es decir, contiene preceptos particulares, no universales, conforme los diversos casos que se presentan (I-II, q. 97, a. 1, ad. 1).

Ya hemos visto que no es lo mismo la doctrina sobre la cual se basa la Bula de Paulo IV que las medidas canónicas establecidas en vista de ella. San Pío X, Benedicto XV o Pío XII (el legislador) pudieron juzgar prudente (dada la materia y los súbditos) modificar en parte la disciplina promulgada por su antecesor.

Tengamos en cuenta el § 8 de la misma Bula de Paulo IV:

No valen en contrario las Constituciones y Ordenanzas Apostólicas, ni los privilegios, indultos y letras Apostólicas concedidas a esos Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados y Cardenales, ni otras providencias de cualquier tenor y forma y con cláusulas de cualquier tipo, ni los decretos, incluso [los otorgados] de Motu proprio, a ciencia cierta y con la plenitud de la potestad Apostólica, o por medio de consistorios o de cualquier otro modo; tampoco los aprobados en reiteradas ocasiones, los renovados y los incluidos en el cuerpo de derecho, ni los convalidados por cualquier capítulo de un cónclave, incluso con juramento, confirmación Apostólica o cualquier otra reválida, ni los jurados por Nosotros mismos: en efecto, considerando de modo expreso las disposiciones de todos estos documentos —como a la vista e incorporados palabra por palabra— [y] de los que permanecerán en vigor en otros aspectos, las derogamos expresamente, esta vez sólo en lo específico, lo mismo que las de cualquier otro documento contrario.

Por lo tanto, establezcamos dos principios:

1°) Hablar de una ley estrictamente humana y a la vez absolutamente inmutable, es decir perpetua, es una contradicción.

2°) “Par in parem potestatem non habet”, es decir, un par no tiene poder sobre su par; nadie puede propiamente obligar a sus iguales.

En cuanto al primer principio es necesario aclarar algunas expresiones estrictamente canónicas, tales como “para perpetua memoria“, “a perpetuidad“; las cuales tienen un sentido preciso y riguroso en derecho canónico y sin embargo son utilizadas como ariete, en manifiesta contradicción, por aquellos mismos que, separando la doctrina de la disciplina, menosprecian las medidas disciplinarias.

En este caso, se apartan de la doctrina evidente, conforme a la cual una ley humana no puede ser perpetua de por sí, para asirse a fórmulas canónicas.

La cláusula “ad perpetuam rei memoriam” es solamente un testimonio de la voluntad decidida que el Sumo Pontífice tiene de dar a su documento una duración constante e invariable.

En cualquier “tratadito” de Derecho Canónico encontramos esta doctrina. Nos remitimos a cuatro autores de nota, de los cuales dos tienen una autoridad reconocida por todos los otros.

Wernz dice:

“como toda ley humana válida y justamente puede cesar desde fuera (ab extrinseco), es decir, por el legislador, de la misma manera también las leyes eclesiásticas a su tiempo están expuestas a la ablación por el competente legislador eclesiástico, con tal que exista justa causa y verdadera utilidad para la comunidad” (T. 1, Nº 118; los subrayados son del autor).

Allí mismo agrega:

Los legisladores eclesiásticos pueden abrogar sus propias leyes y las de sus predecesores y súbditos“.

Naz, por su parte se expresa así:

La ley está confeccionada para un espacio de tiempo indefinido. En realidad, ningún texto legislativo requiere que este carácter sea dado a las disposiciones legales. Es el análisis del concepto de ley el que conduce a concluir que la ley debe ser perpetua, al menos con una perpetuidad relativa.

En efecto, decir que las leyes son perpetuas en un sentido absoluto equivaldría a negar al aparato legislativo de una sociedad dada toda posibilidad de adaptación a las exigencias sucesivas de circunstancias históricas. Equivaldría a consagrar el concepto de ley intangible. La palabra abrogación perdería todo significado y las recopilaciones legislativas acogidas en cada siglo llegarían a ser rápidamente inutilizables.

En realidad las leyes no poseen más que una perpetuidad relativa, en el sentido en que son promulgadas para una duración indeterminada y permaneciendo obligatorias hasta que, positiva o tácitamente, el poder legislativo decide lo contrario” (T. I, Nº 95)

Y más adelante:

El autor de la ley, su sucesor o su superior puede abrogar las leyes. El Papa y el Concilio General tienen poder sobre todas las leyes eclesiásticas, cualquiera sea su autor.”(N° 182).

En el Diccionario de Derecho Canónico dirigido por Naz, en la voz “abrogación de la ley” se lee:

El sucesor del legislador puede abrogar sus leyes, por muy antiguas que sean, siempre y cuando se trate de leyes positivas eclesiásticas… En efecto, un adagio antiguo recordado por Inocencio III en los Decretales dice que el sucesor tiene un poder no solo igual sino idéntico al de su predecesor.

En el mismo sentido se expresan Vermeersch-Creusen (T. I, N9 69) y Capello (Vol. I, Nº 66).

En la “Historia de los Papas”, de Ludovico Pastor, volumen XVI, página 254, encontramos esta cita referida a Pío IV, sucesor inmediato de Paulo IV, quien el 6 de abril de 1560 publicó una declaración (un poco más de un año después de la Bula que nos ocupa):

En clara referencia a Paulo IV publicó una declaración, según la cual todos los que habían incurrido en alguna censura, en excomunión u otra condenación por causa de herejía podían someter otra vez su causa a una nueva averiguación judicial, no obstante todas las sentencias de sus predecesores”.

El mismo autor, en la página 56 y ss. hace referencia a la Bula de Pío IV del 9 de octubre de 1562, la cual legisla sobre el Cónclave para la elección pontificia, y cita:

“Nadie puede ser excluido de la elección so pretexto de que esté excomulgado o ha incurrido en alguna censura.”

El segundo principio (“Par in parem potestatem non habet”) es particularmente cierto cuando se trata de aquellos que poseen el poder supremo, el cual es UNO y el MISMO en todos y cada uno de sus poseedores.

Es interesante considerar lo que enseña Santo Tomás en el Cuarto Libro de las Sentencias d. 18, q. 2, a. 3, qa 1, ad 3 (retomado en el Suplemento, q. 22, a. 4): “nadie tiene jurisdicción en sí mismo, o en el superior, o en el igual. Y por lo tanto nadie puede excomulgarse, o excomulgar al superior, o al igual”.

Pero, si bien todo esto es correcto, es necesario reflexionar profundamente sobre el alcance de dicho principio.

Si bien un Papa tiene el poder de desligarse por el mismo poder que había permitido a su predecesor ligarlo, no debe utilizar esta facultad más que por razones gravísimas. ¿Cuáles? Las mismas que hubiesen llevado a su predecesor a modificar él mismo sus propias órdenes.

De otro modo, la esencia misma de la autoridad suprema sería atacada por estas órdenes contradictorias sucesivas.

Así como en filosofía y en teología una cosa es la potencia absoluta y otra la potencia ordenada, así también en derecho canónico una cosa es el poder absoluto y otra el poder ordenado.

Dicho de otro modo: no todo está decidido ni resuelto cuando se dice que San Pío X, Benedicto XV o Pío XII tenían poder absoluto para abrogar la Bula de Paulo IV. Queda aún por ver que lo hayan hecho lícitamente, es decir, que utilizaran ordenadamente ese poder, dadas las circunstancias y guiados por la prudencia gubernativa.

En cuanto al fondo, ya hemos concedido que la Bula de Paulo IV se fundamenta en el orden doctrinario y teológico y particularmente en el principio que establece una incompatibilidad entre la condición de hereje, cismático o apóstata y la jurisdicción eclesiástica, en virtud del vínculo entre Fe y Jerarquía.

Pero también hemos señalado que San Pío X, Benedicto XV y Pío XII, sin negar la doctrina ni el principio en cuestión, pudieron válida y lícitamente modificar la forma disciplinaria de salvaguardar el vínculo, dado que la incompatibilidad no es absoluta.

Inmediatamente veremos que el Código de Derecho Canónico mantiene parte de la legislación establecida por la Bula de Paulo IV, pero estableciendo que la pena de deposición sólo puede aplicarse en los casos expresamente consignados y que está reservada al tribunal de cinco jueces. Por lo tanto, tratándose de herejía, cisma o apostasía, no existe deposición ipso facto.

El artículo ya citado del Diccionario de Derecho Canónico (“abrogación de la ley”), hablando de las cualidades de la abrogación, dice:

La abrogación debe ser justa, es decir, realizada por un motivo legítimo. Sin embargo, si ella no está justificada, permanece válida, puesto que la abrogación de la ley depende de la voluntad del legislador; pero ella es ilícita, puesto que en este caso el superior abusa de una jurisdicción que posee para el bien común y que le ha sido dada para gobernar por medio de leyes justas y adaptadas a la sociedad que rige“.

Todo eso nos muestra que las leyes humanas son abrogables y modificables. Esto nos prueba que la Bula de Paulo IV ha sido abrogada válida y lícitamente por el Código de Derecho Canónico.

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TERCERA CUESTIÓN: VIGENCIA DE LA DISCIPLINA ESTABLECIDA POR LA BULA

Si bien la Bula “Cum ex Apostolatus officio“, dado el carácter exclusivo (excluyente) del Código de Derecho Canónico y particularmente su canon 6, ha sido abrogada en cuanto tal, no sucede lo mismo con parte de la disciplina por ella establecida, la cual fue incorporada a la nueva legislación. Es necesario considerar esto.

Sin entrar en menores detalles y en base al análisis de la Bula ya realizado, podemos resumir la disciplina del documento de Paulo IV diciendo que establecía:

1º) en su § 2, la confirmación de todas las sentencias, censuras y castigos establecidos contra los heréticos y cismáticos.

2º) en su § 3, la deposición ipso facto de aquellos que se desviasen de la fe o incurriesen en herejía o cisma (“eo ipso, absque aliquo iuris aut facti ministerio” = por eso mismo, y sin ningún procedimiento de derecho o de hecho).

3º) en su § 5, las mismas penas para los que acogiesen, defendiesen, favoreciesen a los así sorprendidos, confesos o convictos.

4º) en su § 6, la invalidación de la elección o promoción a la dignidad de Obispo, Arzobispo, Patriarca, Primado, Cardenal, Legado e incluso Romano Pontífice por desviación de la fe, herejía o cisma previo a la elección.

Claramente se ve que las medidas están tomadas contra dos clases de personas:

1ª) los que gozan de alguna jurisdicción en la Iglesia, excluyendo al Sumo Pontífice (esto se tratará en nuestra cuarta cuestión),

2ª) los electores activos y pasivos para los oficios eclesiásticos, incluyendo el Sumo Pontificado. Analicemos ambos temas.

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I – Penas contra los dignatarios

En cuanto a la pérdida de la jurisdicción por crimen contra la fe o la unidad de la Iglesia, la legislación de la Bula “Cum ex Apostolatus officio“, (entre otras fuentes), fue incorporada en parte al Código de Derecho Canónico. En efecto, ya hemos visto que los cánones 188, 2314, y 2316 la citan como fuente:

Canon 188: §§ 3 y 6

Canon 2314: §§ 2, 3 y 6

Canon 2316: § 5.

Recordemos que en la Bula el Pontífice Romano es mencionado explícitamente sólo en los §§ 1, 6 y 7: tratándose del Papa canónico (§§ 1 y 7); anulando la elección (§ 6), porque sabe que una vez canónicamente electo, ya no podrá ser juzgado.

Concedo, pues, que la Bula de Paulo IV determinaba la deposición ipso facto (“eo ipso, absque aliquo iuris, aut facti ministerio“) de los clérigos que se desviasen de la fe, o incurriesen o favoreciesen la herejía o el cisma, pero excluyendo al Sumo Pontífice.

Deposición significa privación de los oficios eclesiásticos, y se podrían distinguir algunos matices canónicos, pero no lo haremos aquí en bien de la claridad del trabajo. Esa legislación o disciplina fue incorporada en parte a la nueva codificación.

Los cánones 188, nº 4 y 2314, § 1, nº 3 establecen que, por renuncia tácita, el oficio queda vacante ipso facto y sin declaración alguna si el clérigoa fide catholica publice defecerit” (ver el sentido de este verbo en nuestro estudio publicado en Roma Æterna 112, página 13 y ss.), o diese su nombre a alguna secta acatólica o se adhiriese públicamente a ella.

El canon 2314, § 1, nos 1 y 2 establece la aplicación de la deposición del clérigo cuando, después de haber incurrido en herejía, apostasía o cisma y haber sido amonestado por dos veces, no se enmienda.

Ahora bien, el canon 2303 § 3 establece que la pena de deposición solamente puede aplicarse en los casos expresamente consignados en el derecho.

Nunca se incurre ipso facto es esta pena, sino que ha de imponerse siempre por sentencia condenatoria dictada por un tribunal colegial de cinco jueces (1576, § 1, nº2), no por cualquier delito, sino precisamente por alguno de los que el Código sanciona con dicha pena.

Estos casos son señalados por los cánones: 2314 § 1, nº2; 2320; 2322, nº1; 2328; 2350 §1; 2354, § 2; 2359, § 2; 2379; 2394, nº2, y 2401.

Ahora bien, de todos estos cánones el único que señala la pena de deposición por delito contra la fe o la unidad de la Iglesia es el 2314, § 1, nº 2, que ya hemos visto.

Luego, conforme a la legislación actual, la pena de deposición debe aplicarse en el caso de que un hereje, cismático o apóstata no se enmendare después de dos amonestaciones.

Por otra parte, como ya dijimos, el canon 1576, § 1, nº2 establece que las causas que versan sobre delitos que llevan consigo pena de deposición están reservados al tribunal de cinco jueces.

En consecuencia, el § 3 de la Bula “Cum ex Apostolatus officio, si bien fue incorporado al Código de Derecho Canónico, sufrió importantes variaciones:

1ª: a tenor de los cánones 2303 § 3 y 2314, la deposición ya no es ipso facto.

2ª: conforme al canon 188 y al 2314, § 1, nº3, el cargo queda vacante cuando existe una defección pública de la Fe o una inscripción en una secta o una adhesión pública a ella. Pero tengamos en cuenta que este canon tiene como fuente los §§ 3 y 6 de la Bula, y allí no está contemplado el caso del Papa canónicamente electo.

Debemos citar también el canon 2266: “Los excomulgados después de la sentencia condenatoria o declaratoria, quedan privado de los frutos de las dignidades, oficios, beneficios, pensiones y cargos, si tuvieran alguno en la Iglesia; y los vitandos quedan privados de las mismas dignidades, oficios, beneficios, pensiones y cargos.”

Pero si se tratase de Cardenales u Obispos hay que tener en cuenta también los cánones 1557, 1558 y 2227, sobre los cuales volveremos inmediatamente.

Por su parte, el § 5 de la Bula es modificado por los cánones 2315 y 2316. En efecto, es sospechoso de herejía el que espontáneamente y a sabiendas ayudase de cualquier modo a la propagación de la herejía (canon 2316); pues bien, al sospechoso de herejía, que amonestado no hace desaparecer la causa de la sospecha, debe apartárselo de los actos legítimos, y si es clérigo debe además suspendérselo a divinis, una vez repetida inútilmente la amonestación; y si no se enmienda en el plazo de seis meses debe ser considerado como hereje y sujeto a las penas de los herejes, es decir, las del canon 2314 (canon 2315).

Hay una gran diferencia entre perder ipso facto la jurisdicción por favorecer la herejía (como establecía la Bula) y ser apartado de los actos legítimos sin perder la jurisdicción, ser suspendido luego a divinis y seis meses más tarde ser depuesto (como establece el Código).

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II – Elecciones

En lo que respecta a las elecciones para cargos u oficios eclesiásticos debemos considerar:

* Las elecciones para cualquier oficio, salvo el Supremo Pontificado.

* La elección del Romano Pontífice.

Esta división es debida a que existe una legislación particular para esta última especie de elección, incorporada al mismo Código en su canon 160: La elección del Romano Pontífice se rige únicamente por la constitución de Pío X, Vacante Sede Apostolica, del 25 de diciembre de 1904; en las demás elecciones eclesiásticas se observarán las prescripciones de los cánones que siguen, y las peculiares; si alguna hubiese legítimamente establecida para cada oficio en particular.

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1: Para cualquier oficio, salvo el Supremo Pontificado

En una elección se distinguen dos actos: uno activo (elegir) y otro pasivo (ser elegido).

Por lo tanto es necesario tener en cuenta los cánones 167 y 2265, que establecen:

Canon 167, § 1, 3º, 4º y 5º: No pueden dar su voto: los censurados o notados con infamia de derecho, después de la sentencia declaratoria o condenatoria; los que dieron su nombre o adhirieron públicamente a una secta cismática o herética; los que carecen de voz activa, ya por legitima sentencia del juez, ya por derecho común o particular.

Canon 2265, § 1, 1º y 2º: Todo excomulgado (por caer en herejía o cisma externamente [canon 2314]) no puede ejercer el derecho de elegir, presentar o nombrar; no puede obtener dignidades, oficios, beneficios, pensiones eclesiásticas u otro cargo cualquiera en la Iglesia.

Canon 2265, § 2: Los actos realizados en contra de lo que se prescribe en el § 1, números 1º y 2º, no son nulos si no proceden de un excomulgado vitando o de otros excomulgados después de la sentencia declaratoria o condenatoria. (cf. canon 2258)

El canon 167 tiene como fuente la Bula de Paulo IV (§ 5); por lo demás, el sentido de la legislación es claro y no necesita comentario.

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2: Disciplina vigente sobre la elección del Papa

La Bula “Cum ex Apostolatus officio“, en su § 6, dice:

Si en cualquier tiempo fuera evidente que algún Obispo (incluso con cargo de Arzobispo, Patriarca a Primado) o un Cardenal de este Iglesia Romana (incluso, como se dijo, en función de Legado) o asimismo un Romano Pontífice se hubiera desviado de la fe Católica o hubiera caído en alguna herejía, incurrido en cisma o los hubiera suscitado o cometido antes de su promoción o de la asunción como Cardenal o Pontífice romano, tal promoción o asunción sea nula, írrita e inane, incluso si se hubiera realizado con acuerdo y consentimiento unánime de todos los Cardenales.

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A) ¿Rige todavía esta disciplina?

Recordemos, ante todo, que existe una legislación particular para la elección Sumo Pontífice, incorporada al mismo Código en su canon 160: La elección del Romano Pontífice se rige únicamente por la constitución de Pío X, Vacante Sede Apostolica, del 25 de diciembre de 1904.

Los que afirman que todavía rige la disciplina de la Paulo IV, sostienen que su Bula depone Cardenales en virtud de un principio irreformable, y que esas deposiciones son inabrogables. Por lo tanto, a partir de Paulo IV, cada vez que un Cardenal entre en el marco del principio doctrinario, irremediablemente quedará ipso facto depuesto.

Dicen que, como el Código de Derecho Canónico es meramente disciplinario y los documentos de San Pío X y Pío XII son partícipes de la condición disciplinaria del Código, no pueden legislar contrariamente a lo establecido por Paulo IV: de hacerlo, serian írritos.

Luego, son canónicamente depuestos los cardenales a los que afecta el texto de Paulo IV.

Coincidiría en esto el texto de Pío XII cuando dice que los Cardenales canónicamente depuestos no tienen ningún derecho para la elección.

Por mi parte, sostengo que el Código de Derecho Canónico y la Constitución de Pío XII han modificado, en parte, las medidas de la Bula.

Que se me entienda bien. No digo que la Constitución de Pío XII restituye la dignidad cardenalicia a los cardenales canónicamente depuestos. Afirmo que, según la legislación establecida por San Pío X y Pío XII, los modos de deposición son distintos a los establecidos por Paulo IV.

San Pío X, Benedicto XV y Pío XII podían modificar esa disciplina sin atacar la doctrina, y lo han hecho.

Consideremos la Constitución de San Pío X, de 1904:

1º) En el artículo 29 de su documento establece: Ningún Cardenal puede ser excluido de ninguna manera de la elección activa y pasiva del Sumo Pontífice bajo pretexto o por causa de cualesquiera excomunión, suspensión, entredicho u otro impedimento eclesiástico; suspendemos estas censuras solamente a los efectos de esta elección, conservando su vigor para todo el resto.

Esta legislación de San Pío X tiene su fundamento en la legislación antigua. Podemos remontarnos hasta la Edad Media.

Sobre el derecho de voto de los cardenales excomulgados o suspendidos, pero no canónicamente depuestos o no habiendo renunciado ellos mismos con el consentimiento del Papa, los documentos de San Pío X y Pío XII citan en nota: Clem. V, cap. 2, Ne Romani, § 4, de elect., I, 3 in Clem.; Pii IV Const. In eligendis, § 29; Greg. XV Const. Aeterni Patris, § 22.

Wernz-Vidal, en Ius Canonicum, T. II, numero 411, completa esto diciendo que: “Decreta Gregorii X (+ 1276) a Clemente V (+ 1314) approbata eo potissimum statuto sunt aucta, quod vel ipsi excommunicati, suspensi, interdicti Cardinales ad legitima suffragia ferenda admiterentur” (Cap. 2, de elect. I, 3, in Clem. Cfr. De prima capitulatione in conclave facta; Hefele, l. c. t. VI, p. 697, sq.) = Los Decretos aprobados desde Gregorio X hasta Clemente V fueron aumentados grandemente por aquel estatuto por el cual los Cardenales excomulgados, suspendidos, en interdicto han de ser admitidos a la legítima votación.

2°) En momentos de redactar y promulgar su Constitución, regla para la elección papal, San Pío X ya tenía en mente la reforma y la codificación del Derecho Canónico. Con seguridad, su prudencia gubernativa le habrá indicado que era necesario estudiar el documento de Paulo IV, consultar a sus consejeros, a los Arzobispos de todo el mundo y a todos los Obispos, antes de reformarlo. Diez años de trabajo habían concluido con el primer esbozo del Código cuando la muerte interrumpió la obra del gran pontífice. Pues bien, en ese Código nos encontramos con cánones tales como el 1557 y el 2314 que, sumados al canon 6 ya visto, tienen, como mínimo, verdadera fuerza derogatoria de la Bula de Paulo IV. Su legislación, si bien incorporada, sufrió variantes de importancia.

Para terminar de clarificar la posición de los que sostienen que la Bula de Paulo IV sigue en vigencia, hacemos notar que en su sistema hay un doble agente de excomunión y de deposición por motivo de herejía o cisma:

a) excomunión:

1) la Bula de Paulo IV.

2) el canon 2314, § 1, 1º.

b) deposición de clérigos, en general, y de cardenales, en particular:

1) la Bula de Paulo IV.

2) el canon 2314, y el Sumo Pontífice, en virtud del canon 1557.

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B) Aplicación de la legislación de la Iglesia

Habíamos quedado en el parágrafo sexto de la Bula de Paulo IV, que invalidaba la elección al Sumo Pontificado cuando el elegido había incurrido en herejía antes de la misma. Consideremos el estado actual de este tema tan grave como apasionante.

Como ya sabemos, la elección puede ser considerada, activa o pasivamente: ¿quién puede elegir?, ¿quién puede ser elegido?

Para responder a estos interrogantes debemos tener en cuenta el derecho divino positivo, el derecho eclesiástico general y el derecho eclesiástico particular.

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1) Elección activa del Papa

a) El Derecho Divino

El Derecho Divino Positivo no establece nada en particular sobre quiénes deben elegir al Romano Pontífice.

Nuestro Señor Jesucristo no determinó la forma en que había de designarse cada uno de los sucesores de San Pedro, sino que esta forma la dejó a la prudencia de su Iglesia, a la cual, como sociedad perfecta, y principalmente a su cabeza el Papa, le compete por derecho divino determinar, según las circunstancias lo pidan, la forma de tal elección o determinación, sin que en ello puedan inmiscuirse personas legas ni autoridad ninguna secular.

De hecho la forma de la elección del Papa ha variado según los tiempos, sufriendo diversas modificaciones. Puede encontrarse una referencia histórica en la obra “Ius Decretalium” de Francisco Wernz, t. II, Nos 570-575.

Sin embargo, por Derecho Divino, la condición de miembro de la Iglesia no es facultativa, sino que es una cualidad esencial al elector del Sumo Pontífice: quien no es miembro de la Iglesia no puede elegir a la cabeza visible del Cuerpo Místico.

Por lo tanto, así como los no bautizados no pueden tener derecho al voto en la elección papal, por no ser católicos, de la misma manera habría que pensar sobre los herejes, cismáticos y apóstatas…

¡Pero esto es lo que legisla la Bula de Paulo IV!, claman los que sostienen su inabrogabilidad…

Distinguimos. Por eso dije: de la misma manera habría que pensar sobre los herejes, cismáticos y apóstatas…

No todo hereje, cismático y apóstata deja de ser miembro del Cuerpo Místico de Cristo, porque hay herejes, o cismáticos, o apóstatas que sigue gozando de la jurisdicción eclesiástica… Una categoría de herejes, o cismáticos, o apóstatas no vetada por el derecho divino, sí vetable por el derecho eclesiástico y, por lo mismo, también abrogable su veto, o al menos posible su suspensión momentánea.

Cabe considerar, pues, desde el punto de vista dogmático, si los herejes, cismáticos y apóstatas son o no miembros de la Iglesia. Sólo de esta forma se podrá saber si la legislación eclesiástica de Paulo IV fue una mera repetición del derecho divino y por ende inabrogable, o por el contrario una mera ley eclesiástica cuya finalidad era salvaguardar mejor el derecho divino y la integridad de la Iglesia pero, en consecuencia, abrogable.

Para ser más claros procederemos en forma de breves proposiciones, tomadas de la obra “Theologia Dogmatico-Scholastica ad mentem S. Thomæ Aquinatis” de Valentino Zubizarreta, Arzobispo de Cuba, volumen I, Nos 544 a 556, la cual goza del reconocimiento de Pío XI mediante carta de su Secretario de Estado.

Las dichas proposiciones son el resultado de la evaluación de autores de nota como Hurter, Billot, Franzelin, Groot, San Roberto Bellarmino, Mazzela, Palmieri, Pesch, Tanquerey, Dens, Suárez, Billuart, en el orden que los cita Zubizarreta. Son las siguientes:

a) Los herejes, cismáticos (y apóstatas) ocultos son miembros externos de la Iglesia, pero áridos e imperfectos.

b) Los herejes, cismáticos (y apóstatas) notorios no tienen ningún vínculo con el Cuerpo de la Iglesia.

c) Los excomulgados tolerados, tanto ocultos como públicos, son miembros del Cuerpo de la Iglesia; no así los excomulgados vitandos.

Es importante tener en cuenta lo que dice el Código de Derecho Canónico en sus cánones 2258, 2264 y 2265:

2258. § 1. Los excomulgados, unos son vitandos y otros tolerados.

§ 2. Ninguno es vitando, a menos que haya sido excomulgado nominalmente por la Sede Apostólica, y la excomunión haya sido públicamente proclamada, y en el decreto o sentencia se diga expresamente que se debe evitar al excomulgado, salvo lo que se prescribe en el canon 2343, § 1, número 1°.

2264. Los actos de jurisdicción, tanto del fuero interno como del fuero externo, realizados por un excomulgado, son ilícitos; y si se ha pronunciado sentencia condenatoria o declaratoria, son también inválidos, salvo lo que se prescribe en el canon 2261 § 3; antes de la sentencia son válidos, y aun lícitos, si los solicitaron los fieles a tenor del mencionado canon 2261 § 2.

Este canon tiene como fuente el § 5 de la Bula de Paulo IV.

2265. § 1. Todo excomulgado:

1º. No puede ejercer el derecho de elegir, presentar o nombrar;

2º. No puede obtener dignidades, oficios, beneficios, pensiones eclesiásticas u otro cargo cualquiera en la Iglesia;

3º. No puede ser promovido a las órdenes.

§ 2. Los actos realizados en contra de lo que se prescribe en el § 1, números 1º y 2º, no son nulos si no proceden de un excomulgado vitando o de otros excomulgados después de la sentencia declaratoria o condenatoria; y si se ha pronunciado este sentencia, el excomulgado no puede tampoco obtener válidamente ninguna gracia pontificia, a no ser que en el rescripto pontificio se haga mención de la excomunión.

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b) Derecho eclesiástico general

Las disposiciones del Derecho Divino, sistematizadas por la teología fundamental, quedan salvaguardadas por la legislación general del Código de Derecho Canónico.

En efecto, el canon 167 establece que “no pueden dar voto los censurados o notados con infamia de derecho, después de la sentencia declaratoria o condenatoria; ni los que dieron su nombre o se adhirieron públicamente a una secta cismática o herética“.

Este mismo canon prescribe, además que “si es admitido alguno de los antedichos, su voto es nulo, mas la elección es válida, a no ser que se averigüe que, descontando ese voto, el elegido no obtuvo el número de votos requerido, o que a sabiendas hubiera sido admitido un excomulgado por sentencia declaratoria o condenatoria“.

Ya sabemos que el canon 167 tiene como fuente el § 5 de la Bula de Paulo IV.

Por su parte, como hemos visto, el canon 2265 establece que “todo excomulgado no puede ejercer el derecho de elegir, presentar o nombrar“, pero aclara que “los actos no son nulos si no proceden de un excomulgado vitando o de otro excomulgado después de la sentencia declaratoria o condenatoria“.

El canon 2258 nos da la definición de excomulgado vitando: “ninguno es vitando (que debe ser evitado), a menos que haya sido excomulgado nominalmente por la Sede Apostólica, y la excomunión haya sido públicamente proclamada, y en el decreto o sentencia se diga expresamente que se debe evitar al excomulgado“.

La Bula de Paulo IV excluía de la elección activa a aquellos cardenales que ya no gozasen de su oficio y dignidad al haber sido depuestos por causa de herejía o cisma. El canon 2314 se opone en parte a esto, pues suprime la deposición ipso facto.

Ya sabemos que el canon 6 del Código:

– abrogó todas las leyes opuestas al mismo (Nº 1),

– abolió las penas de las cuales no hace mención (Nº 5)

– hizo perder su valor a las leyes disciplinarias que no contenga explícita o implícitamente.

Luego, lo que rige en la actualidad es el canon 2314. A esto debemos sumar lo establecido por los cánones 1557, 1558 y 2227, los cuales analizaremos más abajo.

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c) Derecho eclesiástico particular

A las disposiciones generales del Derecho deben sumárseles las reglamentaciones particulares, si es que existen.

Justamente, tenemos una legislación particular para la elección del Sumo Pontífice. Se trata, como lo hemos adelantado, de la Constitución de Pío XIIVacantis Apostolicæ Sedis“, que modifica la de San Pío X.

En la introducción dice el Papa:

Nuestros predecesores, en el curso de los siglos, siempre han tenido cuidado de establecer y prescribir las medidas concernientes a las reglas que rigiesen la disciplina de la vacancia de la Sede Apostólica y la elección de Pontífice Romano. En consecuencia, se han esforzado por tener una vigilante solicitud y proveer mediante reglas sanas a un negocio de la Iglesia, cuyo cuidado Dios les encomendó, a saber, la elección del sucesor de San Pedro… Como era deseable que estas leyes relativas a la elección del Pontífice Romano, cuyo número había aumentado con el tiempo, fuesen compiladas en un solo documento, y como algunas, par las vicisitudes de las cosas, habían dejado de ser apropiadas a las circunstancias particulares, Pío X, Nuestro predecesor de piadosa memoria, decidió en un sabio designio, hace cuarenta años, realizar una selección oportuna y juntarlas por medio de la célebre Constitución Vacante Sede Apostolica, del 25 de diciembre de 1904.

Sin embargo, Pío XI, de reciente memoria, creyó necesario modificar ciertos capítulos de esta Constitución, como parecían exigirlo las consideraciones fundadas en la realidad y las circunstancias. Y Nos hemos pensado nosotros mismos que, por la misma razón, era necesario reformar otros puntos.

Por lo cual, después de un maduro examen, con pleno conocimiento y con la plenitud de Nuestro poder apostólico, hemos resuelto publicar y promulgar esta Constitución, que es la misma que la de Pío X, de santa memoria, pero reformada un poco por todas partes, para que ella sea la única (empleamos los términos de este mismo predecesor) utilizada por el Sacro Colegio de Cardenales durante la vacancia de la Sede Romana de Pedro y en la elección del Pontífice Romano, y en consecuencia abrogar la Constitución Vacante Sede Apostolica, tal como había sido propuesta por Pío X, Nuestro predecesor.

Ahora bien, esta Constitución, la cual debe ser “la única utilizada por el Sacro Colegio de Cardenales en la elección del Pontífice Romano“, en su artículo 34 (En la Constitución de San Pío X, Nº 29), establece:

Nullus Cardinalium, cuiuslibet excommunications, suspensionis, interdicti aut alias ecclesiastici impedimenti prætextu vel causa a Summi Pontificis electione activa et passiva excludi ullo modo potest; quas quidem censuras ad effectum huiusmodi electionis tantum, illis alias in suo robore permansuris, suspendimus“.

Es decir: “Ningún Cardenal puede ser excluido de ninguna manera de la elección activa y pasiva del Sumo Pontífice bajo pretexto o por causa de cualesquiera excomunión, suspensión, entredicho u otro impedimento eclesiástico; suspendemos estas censuras solamente a los efectos de esta elección, conservando su vigor para todo el resto“.

Más abajo, en el artículo 36 (En la Constitución de San Pío X, Nº 31), dice:

Cardinales canonice depositi, vel qui dignitati cardenalitiæ, consentienti Romano Pontifice, renuntiaverunt, nullum ius ad electionem habet. Immo, Sede vacante, nec potest S. Collegium restituere et habilitare Cardinales per Papam privatos seu depositos, ne ad vocem quidem“.

Es decir: “Los Cardenales canónicamente depuestos o aquellos que, con el consentimiento del Romano Pontífice, han renunciado a la dignidad cardenalicia, no tienen ningún derecho para la elección. Es más, durante la Sede vacante, el Sacro Colegio no puede restablecer ni habilitar, ni siquiera para votar, a los Cardenales privados del voto o depuestos por el Papa“.

En consecuencia: no rigen para esta elección los cánones 167 y 2265 (que hemos considerado más arriba) por ser disposiciones que impiden el derecho de votar por ley eclesiástica, es decir, son impedimentos eclesiásticos.

Sin embargo, esta legislación particular de Pío XII excluye explícitamente de la elección activa del Papa a los Cardenales “canónicamente depuestos”, los cuales pueden serlo solamente por el Papa (“per Papam privatos seu depositos“, cf. además cn. 1557).

Se comprende ahora la importancia de la aparente digresión al comenzar el tema bajo el título “disciplina vigente sobre la elección del Papa”. Al terminarla decíamos que en el sistema de los que sostienen que la Bula de Paulo IV sigue en vigencia existe un doble agente de deposición de Cardenales; un canon allí mencionado (1557), más otros dos, cerrarán la cuestión desde el punto de vista canónico.

El canon 1557 establece que “es derecho exclusivo del Romano Pontífice el juzgar a los Padres Cardenales

El canon 1558 declara “la incompetencia absoluta de los demás jueces en las causas a que se refiere el canon 1557″

Y el canon 2227 determina que “solamente el Romano Pontífice puede aplicar o declarar penas contra aquellos de quienes se trate en el canon 1557” y que “a no ser que expresamente se les nombre, los Cardenales de la Santa Iglesia Romana no están comprendidos bajo la ley penal“.

Queda claro, teniendo en cuenta el derecho divino y el eclesiástico, general y particular, que canónicamente:

los electores del Romano Pontífice son exclusivamente los Cardenales;

aunque estén excomulgados, suspendidos, interdictos o afectados por cualquier otro impedimento eclesiástico;

salvo que estén depuestos canónicamente por el Papa, (porque ya no son cardenales);

o se trate de herejes, cismáticos o apóstatas notorios, o excomulgados vitandos (porque se los impide el derecho divino).

Distinguiendo Doctrina de Disciplina, pero sin separarlas ni confundirlas, cerramos la cuestión, ahora, desde el punto de vista doctrinario.

Si bien Santo Tomás, en su Suma Teológica, 2-2 q. 39, a. 3, dice que “la potestad jurisdiccional no permanece en los cismáticos y herejes“, previamente, en 2-2 q. 11, a. 3, tratando de si los herejes han de ser o no tolerados, dice que “por parte de la Iglesia está la misericordia para la conversión de los que yerran. Por eso no condena de inmediato, sino después de una primera y segunda corrección, como enseña el Apóstol. Pero si todavía alguno se mantiene pertinaz, la Iglesia, no esperando su conversión, lo separa de sí por sentencia de excomunión, mirando por la salud de los demás“.

Esta doctrina se basa en la de San Pablo y en la de Santo Tomás; el Apóstol de las Gentes y el Doctor Común.

No dudamos que Paulo IV tuvo motivos serios y graves para, conforme a su prudencia gubernativa, apartarse de la máxima apostólica sancionando ipso facto con la pena de deposición a los Cardenales que incurriesen en herejía.

Mas esta medida podía implicar un peligro considerado por San Pablo, Santo Tomás, San Pío X y Pío XII más grave que la posibilidad de que intervengan en la elección del Papa cardenales heréticos, cismáticos o apóstatas no notorios: el que todas las jurisdicciones eclesiásticas sean puestas en duda y todas las elecciones se cubran con la sombra de la invalidez.

San Pío X y Pío XII, no lo dudamos tampoco, en su sabiduría gubernativa, han considerado prudente retornar a la fuente apostólica.

¿Cuál de las dos situaciones es más angustiante para las almas y por qué permite Dios una u otra, o ambas? Los senderos divinos son inescrutables y ante el misterio solo cabe la adoración y el silencio.

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2) Elección pasiva del Papa

¿Quién puede ser elegido como Sumo Pontífice? Todo aquel que no tenga impedimento ni de derecho divino, ni de derecho eclesiástico.

a) El Derecho Divino

Establece que para poder ser válidamente electo al Pontificado basta ser varón, bautizado, católico, con el uso de razón necesario para aceptar la elección y ejercer la jurisdicción.

Según esto, sólo quedan excluidos, por derecho divino; las mujeres, los impúberes, los dementes, los no bautizados y los herejes, cismáticos y apóstatas.

Recordando las nociones establecidas por la teología fundamental, se entiende que los vetados aquí por el derecho divino son los herejes, cismáticos y apóstatas notorios.

Es claro, entonces, que los vetados por el derecho eclesiástico, en razón de la bula de Paulo IV, no son los notorios.

Sería posible que un Papa promulgase una Bula para determinar que, si en algún tiempo cualquiera aconteciese que una mujer, un niño, un demente o un no bautizado fuese elegido como Romano Pontífice, la elección, incluso si esta hubiera ocurrido en acuerdo y unanimidad de todos los Cardenales, sería nula, írrita y sin efecto…

Hubiese sido posible que Paulo IV redactase su Bula en lo referente a los que por ser herejes, cismáticos o apóstatas notorios, o excomulgados vitandos no pertenecen a la Iglesia por derecho divino.

Aquellos a los cuales veta la Bula de Paulo IV, no son los mismos a los que impugna el derecho divino.

Esos herejes, cismáticos y apostatas no notorios, a partir de la promulgación de la Bula “Cum ex Apostolatus officio“, en razón del derecho eclesiástico, sin impedírselos el derecho divino, quedaban ipso facto inhabilitados para ser elegidos como Sumo Pontífice.

Mas como se trataba de derecho eclesiástico, cuyas disposiciones pueden cambiar, bien pudo ser modificado. Queda por ver si el Código del año 1917 lo modificó.

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b) Derecho eclesiástico general

¿Qué nos dice el derecho general del Código sobre este punto? Ya hemos visto que la legislación particular dada por Pío XII suspende los impedimentos de los cánones 167 y 2265 respecto de los electores; pero no sucede lo mismo en cuanto a la elección pasiva, es decir, en relación con aquellos que pueden ser elegidos.

En efecto, la Constitución de Pío XII se refiere sólo a los Cardenales, pero queda por ver qué impedimento puede establecer el Código para aquellos que no siendo Cardenales pueden ser elegidos (por ejemplo, un Cardenal depuesto o renunciante).

El canon 2265 dice que “todo excomulgado no puede obtener dignidades, oficios, beneficios, pensiones eclesiásticas u otro cargo cualquiera en la Iglesia“, pero aclara que “los actos realizados en contra de lo que se prescribe (anteriormente) no son nulos si no proceden de un excomulgado vitando, o de otro excomulgado después de la sentencia declaratoria o condenatoria“. (Paréntesis mío)

Por lo tanto, si el elegido para el Sumo Pontificado no fuese Cardenal, y, además, hubiese incurrido en excomunión y fuese vitando o sentenciado, la elección sería inválida conforme al derecho eclesiástico general.

La modificación que aporta el Código a la Bula es clara: no es lo mismo ser inhabilitado ipso facto por incurrir en herejía, que serlo luego de una sentencia condenatoria o declaratoria y una mención nominal

Recordemos el canon 2258: “ninguno es vitando, a menos que haya sido excomulgado nominalmente por la Sede Apostólica, y la excomunión haya sido públicamente proclamada, y en el decreto o sentencia se diga expresamente que se debe evitar al excomulgado“.

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c) Derecho eclesiástico particular

En la Constitución de Pío XII no existe ninguna restricción acerca de la persona que puede ser elegida como Romano Pontífice. Luego, el derecho divino y el derecho del Código que hemos visto son los únicos que regulan la elección pasiva en cuanto a su validez. Pero el documento de Pío XII, en el número 97 (En la Constitución de San Pío X, Nº 84), dice:

S. R. E. Cardinales vehementer hortamur ut in eligendo Pontifice… unice Dei gloriam et Ecclesiæ bonum præ oculis habentes, in eum sua vota conferant, quem universali Ecclesiæ fructuose utiliterque gubernandæ præ ceteris idoneum in Domino iudicaverint“.

Es decir:

Exhortamos vivamente a los Cardenales de la Santa Iglesia Romana para que en la elección del Pontífice… teniendo bajo los ojos solamente la gloria de Dios y el bien de la Iglesia, den sus votos a aquel que juzguen en el Señor ser el más idóneo para gobernar la Iglesia universal con fruto y provecho“.

Por lo tanto, lícitamente, puede ser elegido sólo el que, consideradas todas las circunstancias, sea juzgado el más digno.

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CUARTA CUESTIÓN: Posibilidad de la deposición de un Papa canónico en virtud de la Bula.

Planteo de la cuestión

En las páginas 23 y 24 de su comentario a la Bula, el Doctor Carlos Alberto Disandro plantea el problema de esta manera:

“Un solo punto permanece en la penumbra o en el trasfondo del texto, una sola cuestión que es preciso de todos modos formular, a saber: según esta doctrina de Paulo IV ¿puede un papa legítimamente electo, no afectado ni hasta el instante de la elección ni en el proceso siguiente hasta su entronización, podría pues ese papa canónico (con toda la fuerza de este enunciado) caer en herejía o cisma y por ende incurrir en la automática deposición que señala y precisa la Bula? En otras palabras, ¿podría ser considerado este texto romano un antecedente explícito para la doctrina que se resume en la sentencia: Papa hæreticus est depositus?

Explícitamente el documento no enumera ni incluye ese caso. Conviene anticiparlo. Implícitamente creo que sí, y que es probable la suposición de que la minuciosa y prolija deliberación compartida por Paulo IV con sus teólogos, consejeros, o cardenales más lúcidos, haya llevado en este tema a una solución más bien sugerida que formulada, en razón de las especiales circunstancias de la Iglesia, con el concilio de Trento interminado. En otras palabras, es difícil pensar que escapara al análisis del problema la cuestión del Papa hereje. De los tres niveles que implica el problema, a saber, la jerarquía episcopal o cardenalicia hereje, papa electo de modo írrito, papa canónico incurso en herejía, los dos primeros se imponían por la experiencia que enfrentaba el Pontificado en vastos aledaños de su otrora indiscutida prerrogativa. El tercero se cernía inevitablemente en la compulsa teológica, tal como creo resulta de un análisis más ceñido del texto latino.”

Es evidente que un planteo tal del problema, habiendo establecido ya la conclusión, hace que “el análisis más ceñido del texto latino” tenga por deducción que un papa canónico sea incluido allí donde Paulo IV no lo incluyó.

Recordemos que en toda polémica mal llevada no son los argumentos los que determinan la conclusión; sino que es la conclusión la que va en busca de cualquier argumento.

Lo cual equivale a decir en este caso que, si es nuestra intención probar que el papa canónico está afectado por la Bula, corremos el peligro de ceñir el análisis tanto cuanto sea indispensable, aún a riesgo de deformar el texto, y hacerle decir lo que queremos que diga.

Demos lugar ahora al “análisis más ceñido del texto latino”, para que resalte la importancia de mi interpretación del documento: me ciño al texto y no lo deformo.

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Papa canónico a fide devius

Disandro comienza diciendo en la página 24:

“En efecto, es verdad que Paulo IV recuerda de paso la sentencia Romanus Pontifex omnes iudicat, a nemine in hoc sæculo iudicandus, lo que parecería contradecir todos los pormenores de la Bula que atañen al caso preciso de un papa en funciones. Pero no es así: se entiende la sentencia de quien conserva la legitimidad in re, pues de otro modo serían contradictorios los párrafos 6 y 7. Por eso a continuación de la sentencia antedicha agrega que Romanus Pontifex, si deprehendatur a fide devius, possit redargui, usando un verbo (deprehendi) y un giro (a fide devius) de fuerte referencia al sujeto que el contexto siempre entiende de una grave situación o coyuntura contra la fe. Eso despierta el recuerdo de la profecía de Daniel y por lo mismo la responsabilidad directa del pontífice. Pues debemos notar que tanto el giro ya subrayado, como la mención de la profecía no atañen a los recursos inconvenientes, desviados o heréticos de cardenales u obispos, pues eso comienza a puntualizarse en el parágrafo 2, sino al deber estricto del pontífice (de que hablan la introducción y el parágrafo 1) en el cuidado de la Fe.”

Dada la importancia que este documento tiene, la cual es resaltada por el mismo Disandro, parece inimaginable pensar que Paulo IV “recuerde de paso” la sentencia según la cual el Romano Pontífice a todos juzga y no puede ser juzgado por nadie en este mundo.

Precisamente porque no es un recuerdo pasajero, sino algo que está bien presente en la mente del legislador, “en todos los pormenores de la Bula” sistemáticamente es excluido el “caso preciso de un papa en funciones”, es decir, “de quien conserva la legitimidad in re y no puede ser juzgado por nadie una vez que le fue conferida.

Destacamos una vez más la necesidad del análisis desapasionado del texto. Teniendo en cuenta esto, Paulo IV, después de haber declarado en el § 6 írrita, nula y sin efecto la elección de quien hubiese incurrido en herejía previa, en el § 7 permite sustraerse a la obediencia de quien fuera así promovido, pero manda prestar estricta obediencia y fidelidad a los canónicamente electos. Luego, no hay contradicción alguna.

Porque esto es así y no de otro modo, a continuación de la sentencia antedicha agrega que el Romano Pontífice, si fuese sorprendido en una desviación de la Fe, puede ser argüido, impugnado, reprochado, hacérsele ver su error, etc.

Es el caso de San Pedro y San Pablo en Antioquia: San Pedro no andaba rectamente conforme a la verdad del Evangelio (“non recte ambularent ad veritatem evangelii“, Gálatas 2:14), y San Pablo le resistió cara a cara, por ser digno de reprensión (“in faciem ei restiti, quia reprehensibilis erat“, ídem 11).

Paulo IV en el parágrafo tercero de su Bula sanciona con la deposición, no sólo a los que hayan incurrido en herejía o cisma, sino también a los que se hayan desviado de la Fe Católica; asimismo sanciona en el parágrafo quinto a los que hayan favorecido la desviación de la fe, la herejía o el cisma. En ninguno de los dos casos nombra al Romano Pontífice.

Ya comenzamos a comprobar la conveniencia, utilidad y necesidad de anticipar que el documento no enumera ni incluye explícitamente al Papa.

Dado que el Romano Pontífice canónicamente electo, conservando la legitimidad in re, juzga a todos y no puede ser juzgado por nadie; y en caso de desviación de la Fe solo puede ser argüido; mas considerando el grave peligro que significaría que un hereje pudiese ser elegido Papa; precisamente por estas tres cosas es que Paulo IV viene a anular la elección de quien hubiese incurrido en algún crimen contra la Fe.

Como “el giro ya subrayado y la mención de la profecía atañen al deber estricto del Pontífice en el cuidado de la Fe” es por eso que se lo menciona explícitamente sólo en los §§ 1, 7 y 6: en un caso, tratándose del Papa canónico (§§ 1 y 7); en el otro, anulando la elección (§ 6), porque sabe que una vez canónicamente electo, ya no podrá ser juzgado.

Disandro continúa:

“Supuesto que deba entenderse así el contexto, o sea que un papa canónicamente electo a fide devius possit redargui, lo que prepara por lo mismo la abominación en el lugar santo, ¿cómo entenderíamos, en el marco de la Bula, la perduración o cesación de su investidura? ¿Un papa a fide devius sigue siendo papa? El contenido del sujeto está mencionado como una posibilidad cierta, la extrema consecuencia avizorada en la profecía también; en medio de estas dos instancias, ¿qué decir de ese pontífice? Por analogía parecería imponerse la conclusión que surge de toda la orientación conceptual del documento, a saber, ha perdido su legitimidad.”

“Supuesto que deba entenderse así el contexto” (y el texto también), tales como los entiende Disandro, evidentemente no cabe otra conclusión: ¡“ha perdido su legitimidad”!… a pesar de que esto sea “por analogía” y contra el texto de Paulo IV y su contexto.

Entendiendo como lo entiende Paulo IV y cualquiera que lea sin pasión ni prejuicio, no cabe sino una conclusión: un Papa canónicamente electo juzga a todos y no puede ser juzgado por nadie en este mundo; reclama estricta fidelidad y obediencia; si es hallado desviado de la Fe, puede ser argüido, reprochado o impugnado.

Por lo tanto, en el documento de Paulo IV no encontramos la doctrina: un Papa canónicamente electo y en funciones puede desviarse de la fe, incurrir en herejía o caer en cisma y, por alguno de esos motivos, ser depuesto. (cfr. el de nuestros puntos fundamentales ya vistos).

En las notas que acompañan su traducción, el Profesor Sequeiros dice que este párrafo sobre el Pontífice Supremo es el que más sufre la rapiña de los intérpretes: cada uno se aferra al jirón que le interesa y en general todos descuidan la comprensión de su totalidad.

Los papólatras detienen la lectura al enterarse de que “nadie puede juzgarlo en este mundo” y pasan como sobre ascuas por el resto de la frase.

En cambio, quienes pretenden incluir al Papa canónicamente electo entre los depuestos por la Bula a causa de herejía subrayan la proposición consecutiva y su subordinada condicional (“al punto que el S. P…. si fuera sorprendido en una desviación de la fe podría a su vez ser impugnado“), dándole un valor absoluto, sin precisar el significado de las palabras ni estudiar su relación con la proposición relativa intercalada, que traducimos entre guiones.

A. La referencia al Pontífice y a una fórmula tradicional sobre su autoridad ocupa un lugar central en el proemio, según vimos en la nota 5, I, d.

Por eso mismo tampoco es una disposición de castigo al Pontífice legítimo.

B. Pero el aspecto más importante para la interpretación de este pasaje es su obligada referencia a la antiquísima tradición de textos sobre la inmunidad judicial del Sumo Pontífice, que culmina en el Código de Derecho Canónico con la sucinta fórmula del canon 1556 (“La Primera Sede no puede ser juzgada por nadie“) y tiene su paradigma evangélico en la corrección de San Pablo a San Pedro (Gal. 2, 11 y ss.).

Nuestro objetivo especifico, la ponderación de las palabras de la Bula, nos impone confrontarlas con las de un famoso canon del Decreto de Graciano que, al parecer, expresaría más claramente la posibilidad de juicio al Papa:

Huius culpas istic redarguere præsumit mortalium nullus, quia cunctos ipse iudicaturus a nemine est iudicandus, nisi deprehendatur a fide devius” (Corpus Iuris Canonici

Es decir:

En ese punto, ninguno de los mortales se atreve a reprochar sus culpas (las del Papa), porque él, que juzgará a todos, no debe ser juzgado por nadie, salvo que sea sorprendido en una desviación de la fe“.

Rogamos al lector que vuelva a leer ahora el texto latino de la Bula y nuestra traducción, antes de continuar con los siguientes comentarios:

Nos considerantes rem huiusmodi adeo gravem, et periculosam esse, ut Romanus Pontifex, qui Dei, et Domini Nostri Iesu Christi vices gerit in terris, et super gentes, et regna plenitudinem obtinet potestatis, omnesque iudicat, a nemine in hoc sæculo iudicandus, possit, si deprehendatur a fide devius, redargui;

Nos, considerando tan grave y peligrosa esta realidad, al punto que el Romano Pontífice —que en la tierra es Vicario de Dios y de Nuestro Señor Jesucristo y mantiene sobre pueblos y reinos la plena potestad y a todos juzga, sin que nadie pueda juzgarlo en este mundo— si fuera sorprendido en una desviación de la fe podría a su vez ser impugnado;

I. En estos y otros textos similares hay dos proposiciones:

a) el Pontífice, juez supremo, no puede ser juzgado por nadie en este mundo;

b) si se desvía de la fe, el Pontífice puede ser reprochado, reprendido (reprehendi), argüido, impugnado (redargui), acusado (accusari) o juzgado (iudicari). Los términos varían según los autores y enseguida volveremos sobre ellos.

II. Observemos que también varía la relación entre ambas proposiciones:

a) En el canon del Decreto de Graciano la última frase, una condicional restrictiva, parece dejar claramente asentada la posibilidad del juicio al Papa si “se desvía de la fe“.

Sin embargo no lo interpreta así San Roberto Belarmino, contemporáneo de Paulo IV, en De Romano Pontifice L 4, c, 7:

Aquellos cánones no quieren decir que el Pontífice como persona privada pueda errar heréticamente, sino tan sólo que el Pontífice no puede ser juzgado. Puesto que no es del todo cierto que pueda a no ser hereje el Pontífice, por esto, para mayor cautela, agregan una condición: a no ser que sea hereje“.

b) Aun suponiendo que no se acepte la explicación del sabio Doctor sobre esos cánones, en la Bula de Paulo IV la relación entre las dos proposiciones de la fórmula ha sido indiscutiblemente modificada en el sentido expuesto por el santo: el peso está cargado sobre la inmunidad jurídica del Papa, no sobre la posibilidad de que resulte impugnado par aquella desviación.

En efecto: no hallamos la fuerte restricción del otro texto (nisi = salvo que…); al contrario, los alcances de la impugnación están limitados, en primer término, por la frase previa intercalada, una larga proposición atributiva del sujeto, que además de la condición de juez supremo no juzgable destaca otros dos aspectos de la autoridad papal: ser el reemplazante de Dios y mantener la plenitud del poder.

III. Agreguemos dos observaciones sobre el vocabulario:

a) Hemos traducido redargui como “ser impugnado a su vez“; el prefijo re- indica que se contesta con una impugnación y el contexto no deja dudas sobre quiénes pueden ser los contestatarios.

El campo semántico de arguere abarca una gradación que asciende desde “mostrar claramente (un error)” y “reprochar” hasta “juzgar” o “acusar” (que implica asimismo un juicio).

Descartamos los dos significados últimos porque contradeciría al modelo evangélico la idea de que el Papa no juzgable… pudiera ser juzgado si se desvía de la fe.

b) Devius a fide, “desviado de la fe” podría por su parte interpretarse como sinónimo de “hereje” en el canon de Graciano pero no en esta Bula donde Paulo IV lo distingue de la herejía reiteradamente a partir del § 2, art. .

Un Papa legítimo puede desviarse de la fe; sólo eso concede el augusto legislador en el pasaje que nos ocupa. (Por el contrario, la nota marginal del editor al comienzo del § 3, para reflejar sin equívocos su contenido, debería continuar: “… o herejes, cismáticos, etc.“).

IV. La relectura de Gálatas 2, 11 y ss. confirma nuestras precisiones léxicas: San Pedro, el primer Papa, andaba desviado, desencaminado de la fe, “con pasos no rectos hacia la verdad del Evangelio” = “non recte ambularet ad veritatem evangelii“).

San Pablo no lo enjuicia ni lo depone sino “lo enfrenta cara a cara” = “in faciem ei restitit“), “porque era digno de reprensión” = reprehensibilis erat“).

Observamos:

a) San Pablo enfrenta, reprende, reprocha, arguye, corrige (endereza, vuelve al camino recto…). Traduciendo por “impugnar” (= combatir, Dicc. R. A. E.) hemos elegido el matiz más fuerte dentro de la gama que excluye la acusación o el juicio. Y al mismo tiempo, el término más fiel al espíritu y la letra del enfrentamiento evangélico.

b) “Desviarse de la fe” significa precisamente “andar con pasos no rectos en cuanto a la verdad del Evangelio“, según la palabra griega creada por San Pablo en este pasaje.

No es lo mismo que ser hereje o apostatar (deficere, recedere a fide); en estos casos hay, respectivamente, negación pertinaz de una verdad o abandono completo de la fe. (Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 1325, 2º).

Con palabras más breves y profundas que las nuestras ya Santo Tomás había explicado aquel incidente (S. Theol. 2, 2, q. 33, 4º):

Por eso también Pablo, que estaba subordinado a Pedro, lo arguyó (arguit) en público a causa del peligro inminente de escándalo en cuanto a la fe. Y así glosa (San) Agustín: «el propio Pedro dio ejemplo a los superiores para que no desdeñen ser corregidos incluso por sus subordinados cuando por casualidad hayan abandonado el sendero recto»”.

Para papólatras y papoclastas…

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En conclusión: Paulo IV, cuyo autor predilecto era Santo Tomás de Aquino (Pastor, op. cit, pag. 65), al reformular la sentencia tradicional la restauró en el prístino sentido del paradigma evangélico.

V. Ya vimos que todo este pasaje está planteado como consecuencia de la situación histórico-religiosa creada por “los que se alzan contra la disciplina de la fe ortodoxa“.

La mayor parte de la nota presente habría sido innecesaria si los intérpretes no hubieran parcelado el texto “con quiméricos, fingidos artificios“, porque las ideas se encadenan con evidente sencillez: la rebelión protestante es tan grave y peligrosa que hasta el Papa, a quien nadie ha de juzgar en la tierra, podría sin embargo ser impugnado si lo sorprendieran en desviación de la fe.

Es absurdo pensar que Paulo IV, que quería restablecer la potestad absoluta —incluso temporal— del papado y conjurar la peligrosa rebelión, hubiera puesto la Cabeza en la boca del lobo, sugiriendo a los herejes la posibilidad de acusar y deponer a un Papa verdadero. Por el contrario: reafirmó la autoridad papal en el sentido explicado por San Roberto Belarmino y procuró en el párrafo siguiente cortarles el camino hacia las jerarquías más elevadas.

VI. Para finalizar, el Profesor Sequeiros trae otro texto inserto en el Decreto de Graciano y atribuido al Papa Eusebio († 331), cuyo tenor parece concordar más felizmente que el de “Bonifacio” con las palabras de Paulo IV y con el espíritu de la corrección paulina:

Las ovejas encomendadas a su pastor no pueden reprenderlo (salvo que se haya apartado de la órbita de la fe), ni acusarlo de ningún modo.

Oves quæ suo pastori commissæ sunt, eum nec reprehendere (nisi a fide exorbitaverit), nec nullatenus accusare possunt“. (Secunda Pars, Causa II, q. VII, C. 13).

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Mal uso de la analogía

Disandro da un paso más, y dice en la página 25:

“En segundo lugar deducimos la misma conclusión a partir del parágrafo 5, que trata de quienes hayan favorecido, protegido o promovido la herejía. Esos incurren en las mismas sanciones de la Bula. Ahora bien, si en ese caso se consideran depuestos de sus dignidades, oficios y beneficios, obispos, cardenales, etc. ¿cuál sería el motivo para excluir a quien tiene la responsabilidad mayor para impedir se cumpla la profecía antedicha? Por analogía es evidente que un papa canónicamente electo, y que promoviera, protegiera o alentara la herejía o los herejes perdería los títulos de legitimidad canónica, y cesaría de ser pontífice. Esta conclusión coincidiría con un pasaje del parágrafo 2, donde la enumeración de cargos y dignidades con jurisdicción dice: de cualquier grado, condición y preeminencia incluso obispos, arzobispos, etc. o de cualquier otra dignidad eclesiástica. ¿Cuál podría ser en la Iglesia esa “otra dignidad”, si a continuación el párrafo menciona: cardenales, legados, etc.? ¿No se sugiere inequívocamente la dignidad jurisdiccional del pontífice Romano? Creo que sí.”

La respuesta al interrogante es tan sencilla como clara: el motivo por el cual Paulo IV excluye explícitamente al Papa es:

* o porque Paulo IV es de la opinión que un Papa canónicamente electo no puede favorecer, proteger o promover positiva y voluntariamente la herejía;

* o porque considera que, aún concediendo que esto ocurriese, no hay lugar a la deposición en virtud del derecho eclesiástico, puesto que la Primera Sede por nadie en este mundo puede ser juzgada, ni siquiera por un Papa posterior.

El sólo hecho de que en un documento de tanta importancia se excluya explícitamente al Sumo Pontífice, tiene que hacernos pensar que algún motivo grave e importante debe existir. Si ninguna de las dos razones avanzadas por nosotros es la correcta, otra será la causa. El legislador no está obligado a darla.

Responder que “es evidente” que en tales suposiciones el Papa “cesaría de ser pontífice” es, al menos, temerario; pero extraer esta conclusión “por analogía” y ciñendo un texto hasta deformarlo es una grave irresponsabilidad.

Disandro dice:

Por analogía es evidente que un papa canónicamente electo, y que promoviera, protegiera o alentara la herejía o los herejes perdería los títulos de legitimidad canónica, y cesaría de ser pontífice” (pág. 25)

Jurídicamente es inaceptable hablar de analogía en materia penal.

Cualquier estudiante de derecho penal sabe perfectamente que esto es cierto; conviene sin embargo consultar el Código de Derecho Canónico para fundamentar nuestra afirmación.

Recurrimos a los cánones 11, 15, 16, 18, 19, 20 y 2219, cuyo contenido resumo. Hago notar que estos cánones, a través de su ordenamiento numérico, presentan un crescendo en cuanto a su precisión y contundencia.

1°) La inhabilidad de la persona debe ser establecida por la ley expresa o equivalentemente (cn. 11).

Ahora bien, “la dignidad jurisdiccional del pontífice romano” no está establecida “expresamente”.

Y “alia maiori” (otra mayor), si bien equivale a la “dignidad eclesiástica Episcopal, Arzobispal, Patriarcal, Primacial” o de Exarca, Corepíscopo, Archimandrita o cualquier otra que lleva aneja la potestad episcopal o cuasi-episcopal, no es equivalente a la suprema y plena potestad del Romano Pontífice.

Los cánones 108 y 218 no dejan lugar a dudas sobre este punto.

Tampoco “el honor del cardenalato y el cargo de una legaciónestablecen equivalentemente la dignidad suprema del Sumo Pontífice.

Luego, el “papa canónicamente electo” no está enumerado en el texto de Paulo IV.

Pero, si la duda persiste:

2°) Las leyes, incluso inhabilitantes, no obligan en la duda de derecho (cn. 15), es decir cuando se duda acerca de la existencia, sentido, extensión de la ley. En caso de duda de derecho, la ley no es completa en sí misma y se considera inexistente y por lo mismo no produce su efecto propio.

Además:

3°) Las leyes eclesiásticas deben entenderse conforme a la significación propia de sus palabras consideradas en el texto y en el contexto (cn. 18). Puede ser que la significación permanezca dudosa; en ese caso hay que recurrir a los lugares paralelos, al fin y circunstancias de la ley y a la mente del legislador (cn. 18).

El texto, el contexto, el fin y circunstancias de la ley, y la mente de Paulo IV no dejan lugar a duda sobre la significación de la ausencia de la palabra “Sumo Pontífice”.

¿Cabe una sugerencia inequívoca sobre la dignidad jurisdiccional del pontífice?… El siguiente canon responde:

4°) Las leyes que establecen alguna pena deben interpretarse estrictamente (cn.19) tomando las palabras en sentido propio riguroso…

Mas cuando la palabra no existe… dirá Disandro, recurramos a la analogía o a la solución más bien sugerida que formulada. Pero la Iglesia ha previsto todo:

5°) Cuando sobre una materia determinada no existe prescripción expresa de la ley, la norma debe tomarse de las leyes dadas para casos semejantes, de las principios generales del derecho aplicados con equidad canónica, del estilo y práctica de la Curia Romana, del parecer común y constante de los doctores (cn. 20).

Disandro está a sus anchas, el Código, si bien meramente disciplinario, le da la razón

¡Pero no!… “nisi agatur de pœnis applicandis“. Los referidos principios supletorios que llenan las lagunas jurídicas no tienen aplicación cuando se trata de leyes penales. (cn. 20).

Y por si fuera poco:

6°) Además de tener que interpretarse más benignamente la materia penal, no se puede extender la pena de una persona a otra, o de un caso a otro caso, aunque haya la misma razón, o aún más (cn. 2219).

Luego, la interpretación benigna, sin pasión, indica que no se debe incluir al Sumo Pontífice; la otra regla impide aplicar al Papa las penas de Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, Cardenales y Legados, incluso si la razón fuese la misma
o más grave por tratarse del “que tiene la responsabilidad mayor para impedir se cumpla la profecía”.

Queda claro desde el punto de vista canónico que la aplicación de la analogía es inaceptable en esta materia por tratarse de derecho penal.

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Deformación de un texto

Como acabamos de ver, para reforzar su conclusión, Disandro utiliza la enumeración del § 2, en la cual cree ver “sugerida inequívocamente la dignidad jurisdiccional del pontífice romano”

Hagamos un paralelo para comprobar si esto es así.

Traducción de Disandro, Texto original Nuestra Traducción
“… de cualquier GRADO, CONDICIÓN Y PREEMINENCIA, INCLUSO OBISPOS, ARZOBISPOS, PATRIARCAS, PRIMADOS, o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior; o bien CARDENALES, o LEGADOS perpetuos o temporarios de la Sede Apostólica, con cualquier destino; o los que sobresalgan por CUALQUIER AUTORIDAD O DIGNIDAD temporal, de conde, barón, marqués, duque, rey, emperador,… “ “… cuiuscumque status, gradus, ordini, conditionis, et præminentiæ existant, etiamsi Episcopali, Archiepiscopali, Patriarchali, Primatiali, aut alia maiori dignitate Ecclesiastica, seu Cardinalatus honore, et Apostolicæ Sedi ubivis locorum, tam perpetuæ quam temporalis Legationis munere, vel mundana etiam Comitali, Baronali, Marchionali, Ducali, Regia, et Imperiali auctoritate, seu excellentia præfulgeant,… “… cualquiera sea el estado, grado, orden, condición y preeminencia que ostenten, aunque resplandezcan por una dignidad Eclesiástica Episcopal, Arzobispal, Patriarcal, Primacial u otra mayor, o por el honor del Cardenalato y por el cargo de una Legación —ya perpetua, ya temporaria— de la Sede Apostólica en cualquier destino o asimismo por una autoridad o excelencia mundana de Conde, Barón, Marqués, Duque, Rey y Emperador,… “

Hago notar aquí la ausencia de “estado” y “orden“, “honor” y “cargo“, así como también un desliz en la traducción: el verbo præfulgeant (sobresalgan o resplandezcan) lleva como complementos “dignitate Ecclesiastica”, “Cardinalatus honore”, “Legationis munere” y “mundane auctoritate seu excellentia”.

Esto nos prueba que:

1°) o la “traducción castellana” no ha sido “cuidadosamente pensada”, a pesar de que Disandro lo afirma en el Prólogo a la segunda edición (página 7),

2°) o realmente lo ha sido, lo cual significaría que el error es voluntario y tiene una finalidad, aumentando la responsabilidad del traductor.

El que sin duda fue cuidadosamente pensado es el texto de la página 25 que comentamos y sobre el cual volvemos: “… de cualquier grado, condición y preeminencia, incluso obispos, arzobispos, etc. o de cualquier otra dignidad eclesiástica. ¿Cuál podría ser en la Iglesia esa “otra dignidad”, si a continuación el párrafo menciona: cardenales, legados, etc.? ¿No se sugiere inequívocamente la dignidad jurisdiccional del Pontífice Romano? Creo que sí”.

Como método para resaltar aquello sobre lo cual quiere llamar la atención, en la traducción utiliza, sin advertir al lector, las mayúsculas; aquí el procedimiento es otro: recorta el texto, agrega los “etc.” y formula dos preguntas que responde como el oráculo de Delfos, sin afirmar ni negar, sino con un sugerente “creo que sí”.

El resultado es una verdadera deformación del pensamiento e intención del legislador y un engaño, (quizás un autoengaño), violatorio de la conciencia del lector.

Ruego a quien me lee, compare con atención el texto original, nuestra traducción y la de Disandro, así como también esta última con su texto de página 25.

La diferencia de esta versión con el resto es enorme, y se agrava la responsabilidad por el hecho de que es posible e incluso muy probable que gran parte de los lectores del trabajo de Disandro sólo retengan lo dicho en el comentario, sin pasar a la traducción y menos al original latino.

En efecto, no es lo mismo decir:

“o de cualquier otra dignidad eclesiástica superior”

Que decir:

“o de cualquier otra dignidad eclesiástica”

Y mucho menos:

u otra mayor

Y además ¿qué finalidad tiene la primera interrogación?: “¿Cuál podría ser en la Iglesia esa “otra dignidad”, si a continuación el párrafo menciona: cardenales, legados, etc.?”

Explicamos:

Paulo IV aplica las penas a los que han incurrido en la culpa, sean estos de cualquier estado, grado, orden, condición y preeminencia; y aunque resplandezcan por una dignidad eclesiástica, o por el honor del Cardenalato y por el cargo de una Legación, o por una autoridad o excelencia temporal.

Por lo tanto, en el pensamiento del legislador, no es lo mismo “una dignidad Eclesiástica” que el “honor del Cardenalato” o el “cargo de una Legación“.

Entre las dignidades eclesiásticas, diferentes del honor del Cardenalato y del cargo de una Legación, distingue o enumera: la Episcopal, la Arzobispal, la Patriarcal, la Primacial “u otra mayor” (aut alia maiori); o como quiere Disandro: “otra superior”).

Ahora comprendemos la importancia y gravedad del desliz en la traducción “cuidadosamente pensada”: alia maiori forma parte de las dignidades Eclesiásticas que, con el honor del Cardenalato y el cargo de una Legación resplandecen entre las autoridades espirituales junto a las temporales.

Esto se prueba por la forma incorrecta de traducir Episcopali, Archiepiscopali, Patriarchali, Primatiali, Cardinalatus, y Legationis.

No hace falta saber latín para darse cuenta que allí no dice obispos, sino episcopal; arzobispos sino arzobispal, etc.

¿Por qué traduce Disandro, OBISPOS, ARZOBISPOS, PATRIARCAS, PRIMADOS? Todo parece indicar que para su interpretación necesita unir “dignidad eclesiástica” a otra superior, y entonces ya no puede traducir episcopal, arzobispal, etc.

¿Por qué no traduce “honore” y “munere“? No hace falta dominar la lengua latina para advertir que no es algo superfluo que pueda omitirse en la traducción. Aquí también para su interpretación parece necesitar CARDENALES y LEGADOS.

Ahora bien la potestad de jurisdicción eclesiástica tiene sólo dos grados de institución divina: el Supremo Pontificado y el Episcopado subordinado (canon 108). Por institución eclesiástica se añadieron otros muchos grados, según las necesidades de los tiempos.

Todos los canonistas enseñan que los oficios y las dignidades anejas a esos cargos se dividen, en razón de la potestad de jurisdicción, en “maiora et minora” es decir, “mayores y menores”.

Esta distinción entre dignidades mayores y dignidades menores la establece el mismo Paulo IV en la Bula que analizamos.

En efecto, en el § 3 dice: “…nec ullo unquam tempore ad eorum pristinum statum, aut Cathedrales, Metropolitanas, Patriarchales, et Primatiales Ecclesias, seu Cardinalatus, vel alium honorem, aut quamvis aliam maiorem, vel minorem dignitatem (…) restitui, reponi, reintegrari, aut rehabilitari possint…”

Es decir, “… y nunca jamás puedan ser restituidos, repuestos, reintegrados o rehabilitados a su prístino estado, o a Iglesias Catedrales, Metropolitanas, Patriarcales y Primadas, o al Cardenalato u otro honor, o a cualquier otra dignidad mayor o menor… “, (Subrayados nuestros).

Son oficios o beneficios mayores (llamados “ápices dignitatum vel prælaturæ maiores”) aquellos que llevan aneja la potestad episcopal o cuasi-episcopal, o sea: Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos, Coadjutores, Auxiliares, Vicarios y Prefectos Apostólicos, Administradores Apostólicos, Abades o Prelados nullius, Vicarios generales y Capitulares.

Sólo Prümmer incluye al Sumo Pontífice entre las dignidades mayores; sin embargo los cánones 108 y 218 no dejan lugar a dudas sobre este punto, que, por otra parte, no está en discusión con Disandro, quien, al traducir mal, ni siquiera llega a considerarlo.

Han desaparecido de la Iglesia latina los Exarcas, los Corepíscopos y los Archimandritas. Los Patriarcas y los Primados han quedado, pero con un titulo sin jurisdicción (canon. 271).

En la Iglesia oriental la jurisdicción no tiene grados puramente titulares, sino que todos tienen poder jurisdiccional. Los grados son: Patriarca, Metropolita, Obispo, Exarca, Vicario patriarcal, Obispo auxiliar, Corepíscopo, Archimandrita, Protopresbítero y Presbítero.

En consecuencia, el texto de Paulo IV debe entenderse así: “… aunque resplandezcan por una dignidad Eclesiástica Episcopal, Arzobispal, Patriarcal, Primacial u otra mayor“, es decir, de Exarca, Coadjutor, Auxiliar, Corepíscopo, Archimandrita, Vicario Apostólico, Prefecto Apostólico, Administrador Apostólico, Abad nullius, Prelado nullius, Vicario general o Vicario Capitular.

Si en tiempo de Paulo IV estaban vigentes todas estas dignidades eclesiásticas, no podemos precisarlo; si el legislador tuvo intención de abarcar posibles futuras dignidades, no podemos probarlo.

Lo cierto y claro es que se refiere adignidades Eclesiásticas“, incluso las mayores o que llevan aneja la potestad episcopal o cuasi-episcopal, entre las cuales solo enumera cuatro e incluye el resto bajo el nombre genérico (“alia maiori“) sin descender a la especie.

Existen 11 enumeraciones de aquellos a los cuales afectan las disposiciones de la Bula: una en el § 2, cinco en el § 3, una en § 5, dos en el § 6, una en el § 7 y otra en el § 8.

En las siete primeras y en la última se excluye explícitamente al Sumo Pontífice.

En las tres restantes se hace referencia a él, en las dos del § 6 para invalidar la elección pontifical y en la del § 7 para exigir fidelidad y obediencia al Papa canónicamente electo.

Los listados octavo y noveno, del § 6, se refieren a los jerarcas eclesiásticos cuya promoción o asunción es nula por herejía previa. Aquí, sí está explícitamente mencionado el (pseudo) pontífice, las dos veces.

Además, aquí la enumeración ascendente culmina con el “Romano Pontífice”; en el § 2, no, a pesar de que la lista paralela, la de las autoridades mundanas, alcanza el rango más alto, el de Emperador. También esto prueba que Paulo IV cumple con la prudentísima obligación de todo legislador: explicitar delitos y delincuentes.

Paulo IV habla de aquellos que resplandecen por una dignidad Eclesiástica, o por el honor del Cardenalato y por el cargo de una Legación. Ahora bien, por sobre estas tres categorías está la suprema y plena potestad de jurisdicción del Romano Pontífice (canon 218).

Por lo tanto:

1) no es lo mismo en el texto de Paulo IV sobresalir o resplandecer por una dignidad Eclesiástica mayor que hacerlo por el honor del Cardenalato y por el cargo de una Legación.

2) con mayor razón, muy diferente es brillar por la suprema y plena potestad.

3) esa “otra dignidad” de Disandro es la “alia maiori” (otra mayor) de Paulo IV, dignidad eclesiástica que lleva aneja la potestad episcopal o cuasi-episcopal entre las que sólo enumera las de Obispo, Arzobispo, Patriarca y Primado.

Todo lo que llevamos dicho en este largo comentario constituye una prueba más de la necesidad absoluta e impostergable de anticipar que el documento no enumera el caso del Papa canónico entre los posibles incursos en herejía y, como consecuencia de ello, depuestos.

Si fuese necesario explicitar más, doy tres razones:

1ª) En el caso de alguien incurso en herejía antes de su elección o promoción al Sumo Pontificado, la elección es nula, y el oficio no es legítimamente recibido. No tenemos “papa hereje” por la sencilla razón de que no tenemos Papa.

2ª) En el caso de que un papa canónicamente electo se desviase de la Fe, según la Bula “possit redargui”, es decir, podría ser argüido, impugnado; pero no acusado de incurrir en herejía, tenido por hereje y depuesto.

Esto queda claro considerando y comparando los §§ 1, 2, 3, 6 y 7.

Tres son los elementos a tener en cuenta: las dignidades eclesiásticas, las faltas en las que pueden incurrir y las consecuencias que se siguen de ello.

En el § 1 se nombra explícitamente al Romano Pontífice y dice que si fuese sorprendido en una desviación de la Fe, puede ser argüido, impugnado.

En el § 2 se nombra equivalentemente a Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, Legados y Cardenales, y dice que serán penados con las antedichas sentencias, censuras y castigos los que de entre ellos se desvíen de la Fe, o incurran en herejía o cisma, o los fomenten.

En el § 3, Paulo IV completa las medidas canónicas y nombra equivalentemente por tres veces a Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, Cardenales y Legados, y dice que quedarían privados de sus jerarquías los que de entre ellos se desvíen de la Fe, o incurran en herejía o cisma o los fomenten.

Por lo tanto:

1º) Paulo IV distingue entre “apartarse de la Fe” y “caer en herejía o cisma”.

2º) Cuando hace referencia al Papa canónico, dice que puede apartarse de la Fe.

3º) Cuando hace referencia a las otras dignidades eclesiásticas, sin nombrar al Papa canónico, dice que pueden apartarse de la Fe e incurrir en herejía o cisma.

4º) Al Papa canónico desviado de la Fe se lo puede argüir, impugnar.

5º) A las dignidades eclesiásticas desviadas de la Fe o incursas en herejía o cisma, las priva de sus oficios.

En el § 6 invalida la elección de aquellos que previamente a la misma se hayan apartado de la Fe o hayan incurrido en herejía o cisma, o los hayan provocado. Aquí incluye la dignidad papal.

En el § 7 dice que se debe fidelidad y obediencia a los Obispos, Arzobispos, Patriarcas, Primados, Cardenales, o al Romano Pontífice, canónicamente electos.

Repito: la Bula de Paulo IV no incluye ni enumera explícitamente el caso de un Papa depuesto por herejía.

Ruego se me perdone esta insistencia, pero la superficialidad y precipitación con que son sostenidas sentencias tan graves, me hacen temer que en muchos casos puedan ser aceptadas de igual manera.

3ª) Hemos visto que la Bula no incluye ni explícita, ni implícitamente, ni por analogía el caso del Papa canónico entre los que pueden favorecer o promover la herejía y ser por ello depuestos. La Bula no lo contempla en su § 5.

¿Podría realmente un Sumo Pontífice determinar que, si otro Sumo Pontífice, válida y canónicamente en funciones, fuese sorprendido desviado de la fe o favoreciendo la herejía, por lo mismo perdería el pontificado y la legitimidad del oficio?

En virtud del principio ya visto, “par in parem potestatem non habet”, y del otro principio establecido por el canon 1556, según el cual “la primera sede no puede ser juzgada por nadie”, considero que no.

Es un principio del derecho fundado sobre la naturaleza de las cosas, que un igual no puede juzgar a su igual: “non habet imperium par in parem“.

Cabe destacar que el canon 1556 tiene como fuente la Bula de Paulo IV, § 1.

Hasta el momento, la única legislación aplicable sería el canon 188, 4º, en el sentido que he explicado en el otro artículo publicado en la revista Roma Æterna Nº 112, págs. 13 y 14.

Si esta legislación fuese de Derecho Divino en este punto y respondiese a lo que éste establece sobre los herejes o cismáticos notorios, la argumentación sería muy fuerte.

Pero tengamos en cuenta que el canon 188 también tiene como fuente el § 1 de la Bula de Paulo IV, y no el § 5.

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CONCLUSIÓN

Concluyo diciendo:

* Que la Bula “Cum ex Apostolatus officiofue abrogada por el Código de Derecho Canónico incorporándose a éste parte de lo que aquella legislaba. (Segunda y Tercera Cuestiones).

* Que la elección del Romano Pontífice se rige únicamente según la Constitución de Pío XII, del 8 de diciembre de 1945, y las reformas legitimas que haya sufrido posteriormente (esto no lo hemos analizado).

* Que ningún Cardenal puede ser excluido de la elección activa o pasiva bajo pretexto o por causa de cualquier impedimento eclesiástico.

* Que todo seglar, sacerdote, obispo o cardenal que hubiese sido excomulgado en forma vitanda o por sentencia declaratoria o condenatoria, si fuese elegido como papa, la elección seria nula.

* Que la Bula de Paulo IV no incluye la dignidad papal entre aquellos que pueden incurrir en herejía o cisma y ser depuestos por ello (Cuarta Cuestión).

Padre Juan Carlos Ceriani

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Miércoles, marzo 9, 2016

Segunda República: Donald Trump y la campaña electoral en EE.UU.

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Título: Segunda República: Donald Trump y la campaña electoral en EE.UU.
Autor: Enrique Romero, Adrián Salbuchi y/o Canal TLV1

 

Donald Trump y la campaña electoral en EE.UU.

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Viernes, febrero 26, 2016

Segunda República: Moneda privada vs. pública -23 feb. 2016-

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Título: Segunda República: Moneda privada vs. pública -23 feb. 2016-
Autor: Enrique Romero, Adrián Salbuchi y/o Canal TLV1

 

Segunda República -23 feb. 2016-

Enrique Romero y Adrian Salbuchi evalúan dos casos totalmente disímiles para afrontar la amenaza de la privatización de la moneda: Suecia (junto con Dinamarca y Noruega) PRIVATIZAN la moneda pública mientras que un grupo de lucidos ciudadanos suizos exigen que la moneda sea PÚBLICA y que se prohiba a los bancos privados emitirla de la nada…

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Sábado, diciembre 19, 2015

Segunda República: Un mundo en guerra -15 dic. 2015-

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Título: Segunda República: Un mundo en guerra (15 dic. 2015)
Autor: Enrique Romero, Adrián Salbuchi y/o Canal TLV1

 

Un mundo en guerra

(03:10) ESTADOS UNIDOS: No le peguen a mi hijia “ISIS”…
(05:00) GUERRA MUNDIAL: Ya estamos todos inmersos en ella
(06:43) EJE: MUNDO UNIPOLAR versus MUNDO MULTIPOLAR
(20:04) LA ENORME IMPORTANCIA DE TENER FFAA CREIBLES… (ejemplo de China)
(26:34) ANGELA MERKEL: La mujer del 2015… ¿y 2016? Woes, Women, Wins… (“The Economist”)
Columna de Enrique Romero en Radio Zónica
(31:42) TRUMP LE ABRE CAMINO A HILARY CLINTON, ¿Próxima presidente de USA? También Trump quiere censurar Internet.
(38:00) ISRAEL COMO SIEMPRE INCORREGIBLE…
(42:30) VATICANO SE ACERCA A IRAN…
(45:24) ECUADOR TIENE DEUDA “SOBERANA”, PERO NO MONEDA SOBERANA!!!
(47:28) TRANSGENICOS: HAY QUE PROHIBIRLOS!!!
(53:42) DARIO SALAS SOMMER: UN FILOSOFO MODERNO QUE VALE LA PENA LEER…

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Posteado por: Alejandro Villarreal | Miércoles, noviembre 25, 2015

Segunda República: Se calienta la Guerra Mundial -24 nov. 2015-

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Título: Segunda República: Se calienta la Guerra Mundial (24 nov. 2015)
Autor: Enrique Romero, Adrián Salbuchi y/o Canal TLV1

 

Se calienta la Guerra Mundial

(01:20) GUERRA MUNDIAL: Obama cree tener el derecho de sacar a cualquier régimen que no le guste. ¡¡FUERZA E HIPOCRESIA!!
(07:30) NOS TOMAN POR ESTÚPIDOS…
(10:15) CARAVANA ISIS PROTEGIDA POR EJÉRCITO DE EEUU
(20:30) TEATRO BATACLAN DE PARIS: 11-Sepr-2015 su dueño sionista vendió el teatro. Hacía reuniones para recabar fondos para Ejército Israelí
(22:40) THE ECONOMIST: Anuario 2015. Seguimos analizando…
(27:00) RELIGION GLOBAL “LIGHT”
(27:50) EL FRAUDE DEL CALENTAMIENTO GLOBAL
(34:20) NOTA A ENRIQUE ROMERO EN CANAL 26.
(38:40) TURQUIA DERRIBA CAZA RUSO SOBRE SIRIA…
(43:40) OCCIDENTE SIGUE AGREDIENDO A IRAN.
(50:37) JONATHAN POLLARD: Espía israelí. El problema de las doble-lealtades…
(54:00) PRESENCIA MILITAR DE EEUU EN SUD AMERICA Y EN ATLANTICO SUR…

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