Posteado por: B&T | Lunes, septiembre 5, 2011

¿Infiltración comunista en la Iglesia?

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Título: ¿Infiltración comunista en la Iglesia?
Autor: R. P. Gérard Mura, FSSPX
Extraído del libro «Fátima Roma Moscú. La Consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María aún está pendiente»; cap. IV; §D; 2. ¿Infiltración comunista?; pp. 96-100. Imágenes añadidas

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La crisis de la Iglesia Católica desatada por el Concilio se había preparado, sin embargo, desde mucho tiempo antes. En lo que es conocido como el Segundo Secreto de Fátima, la Santísima Virgen había advertido:

«Si se hace lo que yo os diré, muchas almas se salvarán […], Rusia se convertirá y se tendrá paz. Si no, ella [Rusia] propagará sus errores por el mundo, provocando guerras y persecuciones contra la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas.»

Papa Pío XI

El Papa Pío XI había sido informado del pedido de consagración en los años 1930-1931 pero, como ya se mencionó [en otra parte del libro], se negó a realizarla. Las funestas consecuencias de este rechazo no se hicieron esperar. En efecto, ya en tiempo de la Guerra Civil Española se produjo una fuerte infiltración comunista en la Iglesia. Si el veneno comunista pudo penetrar hasta la Jerarquía Eclesiástica es entonces porque los Papa desoyeron a la Madre de Dios. Al respecto, algunas citas:

«Pero lo que vino después fue aún peor: durante estos años, Moscú comenzó a ordenar a todos los partidos comunistas del mundo que infiltraran los seminarios católicos. En Francia, esta infiltración comenzó en 1936, como lo atestigua Henri Barbé. ‘En Le Figaro [famoso diario conservador] había una columna anticomunista que estaba firmada por XXX y en la cual se publicaba aquello que en L’Humanité [otro connotado diario] se callaba a los lectores. La mayoría de los artículos eran escritos por Henri Barbé, un [convertido] ex líder del aparato comunista internacional. Uno de estos artículos daba información acerca de la política del partido, que databa de 1936 y que consistía en que jóvenes militantes comunistas entraran a los seminarios sacerdotales’ [145]. Esta política de infiltración fue practicada en gran escala. ‘En 1949 Pío XII admitía que, según lo que él sabía, había aproximadamente 2 mil sacerdotes que habían sido infiltrados en la Iglesia por los comunistas. Y diez años después, la Policía de Investigaciones (Police des Renseignements Généraux) de París, calculaba que [solamente] en Francia había 300 sacerdotes que se habían infiltrado en la iglesia y que pertenecían al Partido Comunista’ [146]

El Arzobispo Josyf Slipyj reuniéndose con el Papa Juan XXIII después de su liberación

A la luz de estas informaciones se entiende mejor cómo fue posible la política de concesiones a cualquier precio frente al comunismo, la cual se conoce bajo el nombre de Política hacia el Este, y que fue practicada por Juan XXIII a partir de 1960, año en que debía ser revelado el Tercer Secreto. Como fruto de enormes concesiones, Juan XXIII obtuvo sólo un notoriamente burlesco gesto de buena voluntad, a saber, la liberación del Arzobispo de Lvov (Ucrania), Joseph Slipyi, desde el Gulag, y su traslado al oeste. Justamente este Arzobispo, quien fue elevado a cardenal en 1965, se convertirá en el grano de arena que va a entorpecer el funcionamiento de la bien aceitada maquinaria de la Política hacia el Este vaticana. El Cardenal Slipyi no cesaría, hasta su muerte, de oponerse pública y oficialmente a esta política» [147].

Luigi Marinelli confirma estos datos:

Mons. Luigi Marinelli

«La amenaza comunista fue subestimada durante el pontificado de Pablo VI. Lenín era partidario de que un secretario del Partido Comunista en un estado católico, si se daba el caso, debía incluso tomar el hábito franciscano para cumplir su misión. En el año 1935, los servicios secretos informaron que aproximadamente mil estudiantes comunistas se habían introducido en los seminarios y noviciados de Europa occidental, donde fingían llevar una vida religiosa y se preparaban para ser sacerdotes. El partido pretendía ubicarlos posteriormente en los centros vitales de la Iglesia. El fenómeno se extendió más y más, hasta que en los años sesenta y setenta se produjeron fuertes disputas en los seminarios y noviciados, entre los sacerdotes obreros y los otros.» [148].

Además de esta infiltración de los años 1935/36 tuvo lugar una segunda ola después de la guerra: S. E. Monseñor Bernard Fellay, durante una conferencia en la fiesta de Cristo Rey, en 1998, informó:

S. E. Mons. Bernard Fellay

«Si la Iglesia se encuentra en una situación como la de hoy, es entonces debido a la penetración de ella de los poderes, o más bien de los enemigos, que también actúan en la sociedad: masones, comunistas y progresistas. La OTAN preparó en 1974 un informe secreto en el cual estima que la fuerza secreta de la KGB que ha penetrado en la Iglesia, es decir, en la Jerarquía de la Iglesia, asciende a 3 mil individuos: 3 mil agentes de la Jerarquía de la Iglesia.» [149].

Hans Graf Huyn explica cómo la Iglesia Ortodoxa, las distintas comunidades religiosas en el Este, las iglesias protestantes y, especialmente, el Consejo Mundial de Iglesias fueron infiltrados por los comunistas después de la guerra. Respecto de la Iglesia Católica informa:

Hans Graf Huyn

«El Congreso Mundial Comunista realizado en Moscú en 1969, califica a la Iglesia Católica como un objetivo principal para la infiltración soviética: ‘La Iglesia Católica y algunas otras religiones se encuentran en una crisis ideológica que estremece sus concepciones y estructuras establecidas durante siglos. En algunos países se desarrollan actividades y obras en colaboración entre los comunistas y las grandes masas democráticas de los católicos, como también con los simpatizantes de otras religiones. Su diálogo acerca de problemas tales como: guerra y paz, capitalismo y socialismo, neocolonialismo y países en desarrollo, ha alcanzado gran actualidad. Sus acciones conjuntas en contra del imperialismo, a favor de la democracia y del socialismo, revisten cada vez mayor importancia. Los comunistas están convencidos que justamente siguiendo este camino de amplios contactos y de acciones conjuntas, la gran masa de fieles será una fuerza activa en la lucha antiiperialista y en la realización de profundas transformaciones’. […] Acerca del trabajo de los grupos Pax en Europa occidental, Pierre de Villemarest informa: ‘Sus agentes ya están trabajando en Francia, Bélgica, Suiza, Holanda y Alemania. Aquí se trata de comunistas que han entrado a las Órdenes religiosas por instrucciones del partido, o de sacerdotes que se han convertido secretamente al comunismo, o de periodistas y escritores. […] Esta lenta penetración de las Iglesias, que pretende una descomposición desde adentro y una revisión de sus dogmas fundamentales, está acompañada de un trabajo subversivo que tiene un claro carácter de espionaje. […] El núcleo oculto es envuelto por círculos concéntricos progresivamente más estrechos. En el borde más externo se trata de campañas por la paz, de la liberación de los pueblos, de la disolución de los bloques, etc. Más adentro actúan organizaciones de especialistas en cuestiones religiosas. Estas deben ganar la confianza del clero superior; hacer fichas de los cardenales, obispos, sacerdotes, comunidades y agrupaciones; rastrear a posibles agentes y denunciar a los peligrosos fascistas y otros integristas. Finalmente, en el centro se encuentran las verdaderas redes de espionaje. A la actividad del servicio de informaciones de la KGB soviético, corresponde también el intento de penetración del núcleo de la Iglesia Católica, el Vaticano’.» [150].

Los ocultos intentos de infiltración del movimiento Pax en Francia, no obstante, se hicieron públicos en 1964, aunque inicialmente los obispos hubiesen rechazado toda crítica a este movimiento [151]. Jean Ousset, gran luchador por la realeza social de Jesucristo, cita el siguiente resumen de un instructivo para estos sacerdotes espías:

Jean Ousset

«Nuestros camaradas seguirán las directivas del jefe del Partido y deberán encontrar la forma de entrar en el corazón mismo de cada iglesia. Se pondrán al servicio de la nueva policía secreta y desarrollarán una efectiva labor en el núcleo de todas las actividades eclesiásticas. Desencadenarán un ataque en gran escala, darán todo de sí, incluso invocarán la ayuda de Dios y para lograr su objetivo, formarán un frente común y se servirán del gran encanto femenino. Para alcanzar este objetivo, para dividir las iglesias desde dentro, y para poner en oposición a las distintas organizaciones eclesiásticas, la organización del partido ha acordado […] nueve puntos [… que] conciernen los servicios del Partido en el exterior.» [152].

El 18 de agosto de 1962, como ya se ha mencionado en el párrafo sobre Pablo VI, se llegó a un acuerdo con un mediador del Patriarca de Moscú, leal al gobierno. Como producto de esta negociación, el Concilio Vaticano II no condenó el comunismo; e incluso, se llegó hasta el extremo de no querer condenar absolutamente nada, lo cual propició el cambio de rumbo de la Iglesia.

Con esta exposición no pretendemos decir que todo mal en la Iglesia provenga únicamente de espías infiltrados en ella. Para remitirnos a una imagen, podríamos decir que es como en una enfermedad: si por un enfriamiento del organismo (tibieza en la espiritualidad, abandono del fervor en la vida de oración y del espíritu de penitencia y sacrificio) han bajado las defensas del cuerpo, entonces se puede originar una seria infección por bacterias (infiltración de herejías y de las hostiles ideas masónicas y comunistas), la cual originará una enfermedad grave. La actual crisis de Fe es, básicamente, producto de una crisis de la Iglesia que surge desde dentro y no de un ataque externo; pero innegablemente, ha sido provocada en una considerable medida por “falsos” sacerdotes, lobos disfrazados de ovejas que, como malignas bacterias, infectan hasta la cumbre misma de la Santa Iglesia, Cuerpo Místico de Jesucristo, el cual, a pesar de ser indeleble por su esencia es, en sus miembros y en su parte visible, susceptible de ataques del adversario de Dios y de sus cómplices.

Tampoco hay que negar ni subestimar la infiltración masónica y su influencia en la Iglesia. La virulenta crisis actual, como ya se ha dicho, es consecuencia de la influencia protestante, masónica y comunista. León XIII publicó ya en el siglo XIX los planes de los Carbonari masónicos, quienes, ya durante el transcurso de ese siglo, pretendían infiltrarse en la Iglesia hasta el punto de conseguir la elección de un Papa que representara sus ideas, aunque sin pertenecer directamente, por cierto, a su sociedad secreta.

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Notas:

[145] Madiran, Jean, en: Itinéraires, n° 227 de noviembre de 1978, p.151.

[146] Introïbo, Bulletin de liaison des membres de l’Association Nöel Pinot, Angers, n° 4, 1974, p. 7.

[147] Nouvelles de Chrétienté, Bulletin Saint Jean Eudes, n° 56, junio/jilio 2000, pp. 17 s.

[148] Marinelli, Luigi, I Millenari. Wir klagen an, Berlin 1999, p. 258.

[149] Fellay, Mons. Bernard, Ist eine christliche Gesellschaft heute noch möglich?, Conferencia en la fiesta de Cristo Rey en Friburgo (Alemania), 24 de oct. De 1998.

[150] Huyn, Hans Graf, Ihr werdet sein wie Gott, München 1998, pp. 200 s.

[151] Cfr.: Schönberger, Andreas, Sowjetspionage in der Kirche. Affäre Pax schlägt neue Wellen in Frankreich und in Polen, en: Deutsche Tagespost, 30/31 oct. 1964, pp. 1 s.

[152] Ousset, Jean, Marxisme et Révolution, París 1973, pp. 161 s.
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Responses

  1. @ Alejandro. Artículo muy interesante, si bien la infiltración de los enemigos de la Iglesia comenzó desde los tiempos de San Pablo cuando él decía que no eran de los nuestros.

  2. Soy militante comunista y católico.
    No hay contradicción en eso, hay complementaridad.

    • Disculpe la franqueza, pero hay que ser muy ignorante o muy tonto para afirmar tal cosa. Quizás deba “militar” más en el catolicismo y enterarse más acerca del comunismo para abrir los ojos. No crea que porque hay muchos curas haciéndole al Che Guevara, con la anticatólica “teología de la liberación”, entonces la imcompatibilidad es superficial, al contrario, y como su comentario, sólo se denota mucha confusión (o mucha desvergüenza).


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