Cómo Rezar el Rosario

Título: Cómo Rezar el Rosario
Fuente: ‘Fátima, Roma, Moscú’ del P. Gérard Mura, pp. 212-217; Rosario.org; Radio Cristiandad (archivos mp3)

Contenido:

i. Modo de Rezarlo

Rosario

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén

1. Se empieza a rezar tomando la cruz del Rosario

Pésame, Dios mío, y me arrepiento de todo corazón de haberos ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el Cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como Vos. Antes querría haber muerto que haberos ofendido, y propongo firmemente nunca más pecar y apartarme de todas las ocasiones próximas de pecado. Amén.

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los Cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo; la Santa Iglesia Católica, la Comunión de los Santos; el perdón de los pecados; la resurrección de la carne y la vida perdurable. Amén.

2. En la primera cuenta:

Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy; y perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación; más líbranos del mal. Amén.

3. En las tres primeras cuentas chicas:

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

4. En cada una de las otras (grandes) cuentas separadas:

i. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

ii. Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia. (Oración de Fátima)

iii. Se anuncia el misterio que corresponde.

iv. Padre Nuestro.

5. En los grupos de 10 cuentas chicas:

Se rezan 10 Ave Marías meditando sobre el misterio anunciado.

Al final del Rosario: Gloria; Oh Jesús mío; y la siguiente oración:

San Miguel Arcangel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén

ii. Los Misterios del Santo Rosario:

Misterios Gozosos (lunes y jueves)

1. La Anunciación (Lucas I, 26-38). Fruto: La virtud de la humildad.
2. La visitación de María Santísima a su prima Santa Isabel (Lucas I, 26-38). Fruto: El amor al prójimo.
3. EL Nacimiento del Niño Jesús en el portal de Belén (Lucas II, 1-20). Fruto: Espíritu de pobreza.
4. La Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de Nuestra Señora (Lucas II, 21-40). Fruto: La obediencia y la pureza.
5. El Niño perdido y hallado en el Templo (Lucas II, 41-52). Fruto: Buscar siempre la voluntad de Dios.

Misterios Dolorosos (martes y viernes)

1.La Agonía de Nuestro Señor en el huerto (Lucas XXII, 39-46). Fruto: La contrición por nuestro pecados.
2. La Flagelación de Jesús atado a la columna (Juan XVIII, 36-19; 1). Fruto: La mortificación del cuerpo.
3. La Coronación de espinas (Mateo XXVII, 27-31). Fruto: La mortificación del orgullo.
4. Jesús lleva la Cruz a cuestas (Lucas XXIII, 26-32). Fruto: La paciencia en las tribulaciones.
5. La Crucifixión y muerte de Nuestro Señor (Lucas XXIII, 33-49). Fruto: El don de sí mismo para la obra de la Redención.

Misterios Gloriosos (miércoles, sábado y domingo)

1. La Resurrección en gloria de Nuestro Señor Jesucristo (Lucas XXIV, 1-12). Fruto: La Fe.
2. La Asención de Nuestro Señor Jesucristo (Hechos I, 4-11). Fruto: La Esperanza y el deseo del Cielo.
3. La Venida del Espíritu Santo (Hechos II, 1-13). Fruto: La Caridad y los dondes del Espíritu Santo.
4. La Asunción de María Santísima en cuerpo y alma al Cielo. Fruto: La gracia de una buena muerte.
5. La coronación de Nuestra Señora como Reina del Cielo y de la Tierra (Apocalipsis XII, 1). Fruto: La verdadera devoción a la Santísima Virgen.

El Santo Rosario no es una oración meramente oral, sino también mental. Para rezarlo debidamente se medita, durante las diez Ave María, sobre el misterio anunciado. A fin de brindar material para estas contemplaciones, hemos insertado las referencias que permitirán profundizar el conocimiento acerca del pasaje del Evangelio que se medita.

iii. Los quince minutos de meditación sobre los misterios del Rosario

La meditación es una forma de oración poco usual entre los laicos. Nuestra Señora de Fátima la ha pedido, probablemente, para que se aprenda a rezar el Rosario meditándolo.

¿Qué es una meditación? Para los que han hecho un retiro de San Ignacio, esto ya no constituye una novedad. La meditación es una oración mental, silenciosa, sin palabras prescritas, por la cual el alma se pone en comunicación directa con Dios, hablando con Él de corazón a Corazón. Es un contemplar, reflexionar y saborear los misterios de la Fe, y los acontecimientos vinculados a nuestra Redención, y esto, poniéndose mentalmente en presencia de Dios recordando que Él nos ve, nos oye e incluso lee todos nuestros pensamientos.

He aquí lo que Sor Lucía misma dice acerca de la meditación pedida por la Santísima Virgen.

“Los quince minutos de meditación es lo que, paréceme, podría causarle alguna dificultad. Sin embargo, es muy fácil. ¿A quién le es imposible pensar en los misterios del Rosario, en la Anunaciación del Ángel, en María y en la humildad de nuestra querida Madre, quien viéndose exaltada de tal manera se llama así misma la esclava del Señor; en la Pasión de Jesús, que tanto ha sufridopor amor a nosotros, y en Nuestra Santísima Madre junto a Jesús en el Calvario? ¿Quién no puede pasar quince minutos con estos santos pensamientos junto a la más tierna de las madres?” (FJIEM, p. 162. De la carta de Sor Lucía a su madre, María Rosa, con fecha del 24 de julio de 1927.)

“He aquí mi manera de hacer la meditación sobre los misterios del Rosario los primeros sábados. Primer misterio: la Anunciación del Ángel a Nuestra Señora. Primer paso: representarme, ver y oír al Ángel saludar a Nuestra Señora con las palabras: ‘Dios te salve María, llena eres de gracia’. Segundo paso: pido a Nuestra Señora que infunda en mi alma un profundo sentimiento de humildad. Primer punto: meditaré la manera en que el Cielo proclama que la Santísima Virgen es llena de gracia, bendita entre todas las mujeres y destinada a ser la Madre de Dios. Segundo Punto: la humildad de Nuestra Señora reconociéndose y lamándose sierva del Señor. Tercer punto: cómo debo imitar a Nuestra Señora en su humildad, cuáles son las faltas de orgullo y soberbia por las cuales suelo disgustar más a menudo a Nuestro Señor y cuáles son los medios que debo emplear para evitarlos, etc.

El segundo mes, hago la meditación sobre el segundo misterio gozoso. El tercero, sobre el tercero [misterio], y así sucesivamente, siguiendo el mismo método para meditar. Cuando he concluido estos cinco primeros sábados, comienzo otros cinco y medito los misterios dolorosos, luego los gloriosos y, cuando los he terminado, vuelvo a comenzar los gozosos” (FJIEM, p. 163. Carta de Sor Lucía, citada por el P. Martins.)

Aunque la Madre de Dios, en su gran aparición de Pontevedra, pidió que se meditara sobre los quince misterios, no debe entenderse por esto que se deba meditar cada sábado sobre los quince misterios completos del Salterio, sino que basta con elegir un ciclo de cinco, por ejemplo los cinco misterios dolorosos, o aun, como lo hace Sor Lucía, con meditar sobre un sólo misterio cada sábado.

Nos permitimos dar aquí un ejemplo de cómo se puede efectuar esta meditación pedida por Nuestra Señora.

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a. Oración preparatoria

Oh María, quiero ahora corresponder a vuestro fervoroso deseo y acompañaros durante quince minutos meditando sobre los misterios del Santo Rosario. Con ello quiero consolaros procurando quitar las punzantes espinas que rodean vuestro Inmaculado Corazón y aliviar las heridas que os han infligido. Acordándome de la presencia de Dios y frente a vos, quiero meditar hoy los misterios de dolor.

b. Meditación

Primer misterio doloroso: la Agonía de Nuestro Señor en el Huerto de Getsemaní. Era de noche cuando Nuestro Señor, acompañado de sus Apóstoles, subió al Monte de los Olivos pasando entre los viejos troncos de los árboles. Y tomando a Pedro y a los dos hijos del Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo:

-Triste está mi alma hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo. Y adelantándose un poco, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: -Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz; sin embargo, no se haga como yo quiero, sino como quieres Tú. Y, viniendo hasta los discípulos, los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: -¿De modo que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad para que no accedáis a la tentacón; el espíritu está pronto pero la carne es débil.

Los Apóstoles, sin embargo, en vez de velar con su Divino Maestro, lo abandonaron dejándose vencer por el sueño. Así, para consolar a su Hijo Unigénito, el Padre celestial tuvo que enviarle un ángel que lo confortó presentándole un cáliz.

En esos momentos Nuestro Señor se llenó de tanta angustia pensando en la amarga Pasión que le esperaba, que sudó gruesas gotas de sangre.

Oh buen Jesús, al menos yo quiero acompañarte y consolarte agradeciéndote todo lo que Tú has sufrido por Mí. Quiero ofrecer al Padre Celestial estas gotas de sangre que sudaste en tu Agonía para ayudar así a mi Madre Celestial a salvar almas de los pobres pecadores y a fin de que no las hayas vertido en vano.

Oh Buen Jesús, muchas almas están ya tan endurecidas que no se dejan más enternecer por tu Preciosísima Sangre. Por ello quiero ofrecer las lágrimas de tu queridísima Madre para que, al menos de este modo, la rígida corteza de estos corazones se ablande y así se abran nuevamente a tu Divina Gracia.

Segundo misterio doloroso: … (Como materia para la meditación puede recurrirse a la lectura de los pasajes del Evangelio indicados más arriba, en la mención de los misterios del Santo Rosario)

Si nuestra meditación, ya que no estamos acostumbrados a esta manera de orar, resultara árida, acordémonos que María, como bondadosa Madre, mira en primer lugar nuestra buena voluntad y no el resultado de nuestra meditación.

Esta práctica puede llevarse a cabo no solamente en privado, sino también de modo público en la iglesia, con la meditación dirigida por un sacerdote. ¡Cuántas gracias se podrían atraer del Cielo para la salvación de las almas si los sacerdotes divulgaran esta devoción y ayudaran a sus fieles a hacer la meditación!

“Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado corazón. A quien la abrace prometo la salvación, y serán queridas de Dios estas almas como flores puestas por mí para adornar su trono”.

Fuente: ‘Fátima, Roma, Moscú’ del P. Gérard Mura, pp. 212-217

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iv. Las promesas para los que recen el Rosario.

La Virgen María hizo a Santo Domingo quince promesas para quienes acostumbren rezar el Rosario:

  1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
  2. Prometo mi especialísima protección y grandes beneficios a los que devotamente recen mi Rosario.
  3. El Rosario es el escudo contra el infierno, destruye el vicio, libra de los pecados y abate las herejías.
  4. El Rosario hace germinar las virtudes para que las almas consigan la misericordia divina. Sustituye en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.
  5. El alma que se me encomiende por el Rosario no perecerá.
  6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.
  7. Los verdaderos devotos de mi Rosario no morirán sin los Sacramentos.
  8. Todos los que rezan mi Rosario tendrán en vida y en muerte la luz y la plenitud de la gracia y serán partícipes de los méritos bienaventurados.
  9. Libraré bien pronto del Purgatorio a las almas devotas a mi Rosario.
  10. Los hijos de mi Rosario gozarán en el cielo de una gloria singular.
  11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario se alcanzará prontamente.
  12. Socorreré en sus necesidades a los que propaguen mi Rosario.
  13. He solicitado a mi Hijo la gracia de que todos los cofrades y devotos tengan en vida y en muerte como hermanos a todos los bienaventurados de la corte celestial.
  14. Los que rezan Rosario son todos hijos míos muy amados y hermanos de mi Unigénito Jesús.
  15. La devoción al Santo Rosario es una señal manifiesta de predestinación de gloria.

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a. Para merecer las promesas.

Existen muchas prácticas piadosas con las que se nos promete a quienes las realizamos, determinados “premios”, o más bien “consecuencias”. Es muy importante saber que para que se cumplan esas promesas es necesaria la cooperación del hombre. Expliquemos mejor:

Las prácticas piadosas (como el rezo del Rosario) son una forma de demostrar nuestro amor a Dios, nuestro deseo de alabarlo, darle gracias, pedirle favores y contagiar a otros de estos mismos deseos. Se refieren a oraciones, visitas al templo, participación en la liturgia, etc.

Cuando hablamos de amor a Dios, no nos referimos solamente a ofrecer esas prácticas piadosas; el amor a Dios se manifiesta además y sobre todo con las actitudes y comportamientos de la vida cotidiana. Por lo tanto, las prácticas piadosas te deben ayudar a vivir de acuerdo a ese amor que le tienes a Dios, es decir, de acuerdo a la voluntad de Dios, revelada por Jesucristo en su Evangelio.

O sea, si tú cristiano rezas, rindes culto, participas en la liturgia, es porque reconoces el inmenso amor que Dios te tiene; porque sabes que es justo y necesario alabar y bendecir a Dios en todo momento; porque reconoces que nada puedes sin la ayuda del Señor; porque quieres ser un auténtico cristiano -seguidor de Cristo- obedeciendo lo que Él nos enseñó: el amor al prójimo.

Cuando rezas para pedir una gracia o un favor a Dios, tienes presente que Él conoce bien cuáles son tus necesidades y confías en su Amor y Sabiduría; le pides a Dios, sí, pero anteponiendo lo que decimos en el Padrenuestro: “Hágase Señor tu voluntad…”. Dios conoce lo que tú necesitas realmente, aunque sea otra cosa lo que tú deseas. La voluntad de Dios es muchas veces incomprensible para el hombre, pero la fe permite que confiemos aunque no comprendamos, porque tenemos la certeza de cuánto Dios nos ama y sabemos que todo lo que permite es para nuestro bien, para alcanzar nuestra salvación.

La Virgen María intercede por nosotros ante Dios y promete a quienes rezamos el Rosario, por ejemplo, que “recibiremos cualquier gracia… seremos protegidos siempre… nos socorrerá en las necesidades… .” Y también promete que “hará germinar las virtudes… destruye el vicio y libra del pecado… el alma no perecerá…

Podrías preguntarte por ejemplo, por qué enfermó y murió aquella niña tan pequeña, ¿es que sus padres nunca le pidieron a la Virgen ni a Dios que la protegiera y la librara de la muerte? Por qué tantos accidentes, violencia, atropellos a gente buena, ¿será que nunca rezan el Rosario?…..

La única forma de contestarnos estas y otras preguntas, es a través de la fe; de la confianza plena en la Divina Providencia. Ningún razonamiento humano puede explicar la presencia del mal en el mundo.

La Virgen María promete muchas cosas a quienes rezamos el Rosario, pero:

  • Te libras del pecado sólo si te arrepientes, te confiesas y te propones enmendarte.
  • Tu alma no perecerá, si procuras estar siempre en gracia de Dios, es decir, sin pecado mortal.
  • Todo lo que pidas te será concedido, siempre que ayude a la salvación de tu alma.

Lo que más le interesa a la Virgen es que todas las personas se salven y alcancen, como Ella, la Vida Eterna. Todo lo que María ha dicho y prometido es con esta principal intención, que, como dijo en las Bodas de Caná, todos los hombres “… hagan todo lo que Él les mande.” (Jn 2,5)

Como puedes darte cuenta, rezar el Rosario -como cualquier otra práctica piadosa- no es una “fórmula mágica” para librarnos del mal y para obtener todo lo que queramos. Tampoco es un “pase automático” al cielo. Se requiere de varias condiciones, todas ellas precedidas por la fe firme en Dios, Padre Todopoderoso, y en Jesucristo, el único “Camino, Verdad y Vida”; además de las siguientes actitudes interiores:

  • Deseo sincero de alabar a Dios por medio de esas oraciones.
  • Aceptar y vivir las enseñanzas del Evangelio de Jesús.
  • Amor sincero a María, admirando sus virtudes y buscando imitarlas.
  • Propósito firme de apartarse del pecado para alcanzar la vida eterna.
  • Aceptar la voluntad de Dios, por la convicción de su gran Amor y Sabiduría.

Fuente: rosario.org

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v. El Santo Rosario en latín -mp3-

Misterios gozosos (descargar)
Misterios dolorosos (descargar)
Misterios gloriosos (descargar)

Per signum Crucis de inimicis nostris libera nos Deus noster.

In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amen.

¡Oh Dios!, tú único Hijo nos ha conseguido con su muerte y resurrección los bienes de la salvación eterna: concédenos que venerando estos misterios en el Santo Rosario de la Virgen María, imitemos aquello que contienen y obtengamos aquello que prometen.

Te lo pedimos por tu Hijo Jesucristo Nuestro Señor que contigo vive y Reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amen.

Confiteor Deo omnipotenti,
beatae Mariae semper Virgini,
beato Michaeli Archangelo,
beato Ioanni Baptistae,
sanctis apostolis Petro et Paulo,
et omnibus Sanctis;
quia peccavi nimis cogitatione, verbo et opere;
mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa.
Ideo precor beatam Mariam semper Virginem,
beatum Michaelem Archangelum,
beatum Ioannem Baptistam,
sanctos apostolos Petrum et Paulum,
et omnes Sanctos,
orare pro me ad Dominum, Deum nostrum.

Indulgentiam, absolutionem et remissionem peccatorum nostrorum, tribuat nobis omnipotens et misericors Dominus. Amen.

Credo in Deum Patrem omnipotentem, Creatorem caeli et terrae, et in Iesum Christum, Filium Eius unicum, Dominum nostrum, qui conceptus est de Spiritu Sancto, natus ex Maria Virgine, passus sub Pontio Pilato, crucifixus, mortuus, et sepultus, descendit ad ínferos, tertia die resurrexit a mortuis, ascendit ad caelos, sedet ad dexteram Dei Patris omnipotentis, inde venturus est iudicare vivos et mortuos. Credo in Spiritum Sanctum, sanctam Ecclesiam catholicam, sanctorum communionem, remissionem peccatorum, carnis resurrectionem et vitam aeternam. Amen.

Misterios gozosos. (lunes y jueves )

Primo, Beátæ Maríæ Vírginis anuntiatiónem contemplámur, et humílitas pétitur.
Secundo, Beátæ Maríæ Vírginis visitatiónem contemplámur, et ad fratres charitas pétitur.
Tertio, Dómini Nóstri Iésu Chrísti nativitátem contemplámur, et paupertátis spíritus pétitur.
Quarto, In templo Dómini Nóstri Iésu Chrísti presentatiónem contemplámur, et obediéntia pétitur.
Quinto, In templo Dómini Nóstri Iésu Chrísti inventiónem contemplámur, et Déum inquæréndi volúntas pétitur.

Padre nuestro (x1) PATER NOSTER, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.
Ave María (x10) AVE MARIA, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus. Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen.
Gloria GLORIA PATRI, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen.
Oración de Fátima O BONE IESU, dimitte nobis debita nostra, salva nos ab igne inferni, perduc in caelum omnes animas, praesertim eas, quae misericordiae tuae maxime indigent. Amen.

Misterios dolorosos. (martes y viernes)

Primo, Dómini Nóstri Iésu Chrísti oratiónem in horto contemplamur, et dólor pro peccatis nostris pétitur.
Secundo, Dómini Nóstri Iésu Chrísti flagellatiónem contemplamur, et córporum nostrórum mortificátio pétitur.
Tertio, Dómini Nóstri Iésu Chrísti coronationem spinis contemplamur, et supérbiæ mortificatio pétitur.
Quarto, Dómini Nóstri Iésu Chrísti crucis baiulatiónem contemplamur, et patiéntia in tribulatiónibus pétitur.
Quinto, Dómini Nóstri Iésu Chrísti crucifixiónem et mortem contemplamur, et súi ipsíus donum ad animárum redemptiónem pétitur.

Padre nuestro (x1) PATER NOSTER, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.
Ave María (x10) AVE MARIA, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus. Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen.
Gloria GLORIA PATRI, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen.
Oración de Fátima O BONE IESU, dimitte nobis debita nostra, salva nos ab igne inferni, perduc in caelum omnes animas, praesertim eas, quae misericordiae tuae maxime indigent. Amen.

Misterios gloriosos. (miércoles, sábado y domingo)

Primo, Dómini Nóstri Iésu Chrísti resurrectiónem contemplamur, et fídes pétitur.
Secundo, Dómini Nóstri Iésu Chrísti in cælum ascensiónem contemplamur, et spes pétitur.
Tertio, Spíritus Sáncti descensiónem contemplamur, et ad Deum cháritas pétitur.
Quarto, Beátæ Maríæ Vírginis in cælum assumptiónem contemplamur, et bene moriéndi gratia pétitur.
Quinto, Beátæ Maríæ Vírginis coronatiónem contemplamur, et fidúcia in María Regína Nostra pétitur

Padre nuestro (x1) PATER NOSTER, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.
Ave María (x10) AVE MARIA, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus. Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen.
Gloria GLORIA PATRI, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen.
Oración de Fátima O BONE IESU, dimitte nobis debita nostra, salva nos ab igne inferni, perduc in caelum omnes animas, praesertim eas, quae misericordiae tuae maxime indigent. Amen.

Al terminar los cinco misterios:

Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genitrix. Nostras deprecationes ne despicias in necessitatibus, sed a periculis cunctis libera nos semper, o Virgo gloriosa et benedicta. Amen.

Oraciones por las intenciones del Santo Padre para ganar indulgencia por las benditas almas del purgatorio:

Padre nuestro (x1) PATER NOSTER, qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in caelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie, et dimitte nobis debita nostra sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo. Amen.
Ave María (x3) AVE MARIA, gratia plena, Dominus tecum. Benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus. Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc, et in hora mortis nostrae. Amen.
Gloria GLORIA PATRI, et Filio, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saecula saeculorum. Amen.

Fuente: Radio Cristiandad (archivos mp3)

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