

.
.
.
.
.
Sin duda María tiene un lugar muy especial en el plan de la salvación, que Dios estableció desde toda la eternidad. Al ser destinada a ser la madre de Jesús, el Hijo único de Dios, se transformó en la más grande creatura.
En realidad, nadie como María puede llamar a Jesús «hijo mío» (Lc II, 48). Por eso, la misma María exclamó:
“De hoy en adelante todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lc I, 48).
Pero al mismo tiempo, María es grande por su fe y obediencia:
“Feliz tú que has creído, porque de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor” (Lc I, 45).
“He aquí la Esclava del Señor: que se haga en mí según tu palabra” (Lc I, 38).
Por eso María es el modelo de todo cristiano, que, al recibir el llamado de Dios, está invitado a responder con generosidad en un espíritu de fe y obediencia.
¿Y qué pasa? Que tantos hermanos separados no quieren saber nada de María, tratándola como una mujer cualquiera y buscando algún pretexto para atacarla. Un motivo más para darnos cuenta de que andan mal. Ojalá que estas breves reflexiones sirvan para invitarlos a reflexionar y abandonar una actitud tan poco cristiana.
.
Es uno de los temas que encontramos en el primer capítulo del Evangelio según San Lucas. Al llevar a Jesús en su vientre durante nueve meses, María se transformó en el «Arca de la Nueva Alianza».
Veamos los textos de San Lucas, relacionados con los textos del Antiguo Testamento, a los cuales se refieren.
.
“Al oír Isabel el saludo, el niño dio saltos en su vientre” (Lc I, 41).
“David vestido de lino, danzaba con todas sus fuerzas delante de Yahvé, mientras subían el Arca” (2Sam VI, 14).
.
“¿Quién soy yo para que venga a verme la Madre de mi Señor?” (Lc I, 43).
“¿Cómo voy a llevar a mi casa el Arca de Yahvé?” (2Sam VI, 9).
.
“María se quedo cerca de tres meses en casa de Isabel” (Lc I, 56).
“El Arca permaneció tres meses en casa de Obededón” (2Sam VI, 11).
.
“El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc I, 35).
“La nube cubrió entonces la tienda de las citas y la gloria de Yahvé llenó la morada” (Ex XL, 34).
“Cuando los sacerdotes salieron del lugar santo… la nube llenó la casa de Yahvé. Por causa de la Nube, los sacerdotes no pudieron continuar la ceremonia, pues la gloria de Yahvé había llenado la casa” (2Cro V, 11-14).
Como la nube (= Gloria de Yahvé) llenó la Morada, así Jesús llenó a María.
“En el Arca no hay nada fuera de las dos tablas de piedra, que Moisés colocó allí en el Horeb” (1 Re VIII, 9-10).
En el vientre de María solamente estuvo Jesús, el autor de la Nueva Alianza.
.
Dios, habiendo destinado a María como Madre de su Hijo, la liberó de cualquier mancha de pecado, desde el momento de su concepción.
He aquí la Bula «Inefabilis Deus» del Papa Pío IX, del 8 de diciembre de 1854:
“Para honor de la santa e indivisa Trinidad, para gloria y ornamento de la Virgen Madre de Dios, para exaltación de la fe Católica y acrecentamiento de la religión cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles.” (Denzinger, 1641).
Mientras nosotros nacemos con el pecado original, María por los méritos de Jesús, fue liberada de esta mancha desde antes de recibirla. Es como si se liberara a un preso, antes de caer en la cárcel.
¿Qué dice la Biblia al respecto? «Llena de Gracia» (Lc I, 28), es decir, llena del amor de Dios. La Tradición explica que se trata de una liberación total de cualquier mancha de pecado, hasta del pecado original.
Con la definición dogmática del Papa Pío IX, el 8 de diciembre de 1854, esta doctrina, ya presente en la Tradición, desde un principio, se vuelve obligatoria para siempre y para todos.
.
María dio a Jesús el cuerpo humano. Sin embargo, al tratarse del cuerpo que pertenece a la persona del Verbo, María se transforma en la Madre del Verbo, que es Dios, la segunda persona de la Santísima Trinidad.
He aquí el documento aprobado en el Concilio de Efeso (año 431):
“Pues, no decimos que la naturaleza del Verbo, transformada, se hizo carne; pero que tampoco se transmutó en el hombre entero, compuesto de alma y cuerpo; sino, más bien, que habiendo unido consigo el Verbo, según hipóstasis o persona, la carne animada de alma racional, se hizo hombre de modo inefable e incomprensible y fue llamado hijo del hombre, no por sola voluntad o complacencia, pero tampoco por la asunción de la persona sola, y que las naturalezas que se juntan en verdadera unidad son distintas, pero que de ambas resulta un solo Cristo e Hijo, no como si la diferencia de las naturalezas se destruyera por la unión, sino porque la divinidad y la humanidad constituyeren más bien para nosotros un solo Señor y Cristo e Hijo por la concurrencia inefable y misteriosa de la unidad. Porque no nació primeramente un hombre vulgar, de la Santa Virgen, y luego descendió sobre Él el verbo; sino que, unido desde el seno materno, se dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien hace suyo el nacimiento de la propia carne. De esta manera (los Santos Padres) no tuvieron inconveniente en llamar Madre de Dios a la Santa Virgen.” (Denzinger, 111a).
Por lo tanto, todos los ataques contra esta doctrina provienen del hecho de desconocer el significado profundo de la expresión «Madre de Dios», como si nosotros católicos pensáramos que María hubiera dado origen a Jesús como Dios.
.
La Iglesia es la continuación de Cristo en el mundo, es su cuerpo místico:
“Todos nosotros, ya seamos judíos o griegos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un único cuerpo. Y a todos se nos ha dado a beber del único Espíritu” (1Cor XII, 13).
Al ser María, la madre del cuerpo físico de Jesús, es también la madre de su cuerpo místico, que es la Iglesia.
.
Es una doctrina que encontramos muy claramente en la Iglesia desde el principio. Las objeciones vienen de una mala interpretación de los textos bíblicos.
.
El mismo diálogo con el ángel Gabriel hace suponer un compromiso de María al respecto:
“¿Cómo puede ser esto, pues no tengo relación con ningún hombre?” (Lc I, 34).
.
Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo.
“El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios” (Lc I, 35).
.
Virgen antes y durante el parto
Es lo que anuncia el profeta Isaías.
“He aquí que una virgen concibe (antes del parto) y da a luz (en el parto) a un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel” (Is VII, 14).
.
“Y María no tuvo relación con José hasta que nació Jesús” (Mt I, 25).
«Hasta que» no quiere decir que después sí hubo relaciones entre María y José. Se quiere afirmar sencillamente que Jesús nació por obra del Espíritu Santo y sin la participación de San José. Este es el tema que se está tratando. Por lo que se refiere el futuro, no se afirma nada.
Es como si yo dijera: «Hasta que salí de la ciudad, no hubo ninguna huelga de camiones». Con esto no quiero decir que después sí hubo huelga de camiones.
Con respecto a esta manera de expresarse, la misma Biblia dice:
“Mikol no tuvo hijos hasta el día de su muerte” (2Sam VI, 23).
¿Qué quiere decir? ¿Que después de su muerte sí tuvo hijos? Claro que no. Veamos otro ejemplo:
“Siéntate a mi derecha, hasta que haga de tus enemigos el estrado de tus pies” (Sal CX, 2).
¿Qué quiere decir? ¿Que después ya no estará sentado a su derecha? Claro que estará sentado siempre a su derecha.
A este respecto se puede ver también estas citas: Gen VIII, 7; XXVIII, 15: Mt XXVIII, 20.
.
Virgen después del parto. Primogénito
Dicen algunos: «La Biblia presenta a Jesús como hijo Primogénito (Lc II, 7). Esto quiere decir que María tuvo más hijos. De otra manera, la Biblia diría hijo Unigénito».
Respuesta: Esta manera de pensar no está de acuerdo con la Biblia. Para la Biblia primer nacido o primogénito es lo mismo (Ex XIII, 2; Num XVIII, 15). Para estos existían leyes especiales que había que aplicar pronto, sin esperar para ver si se trataba de un hijo único o del primero entre muchos.
“Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo a la ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación de la madre, llevaron al niño a Jerusalén. Allí lo consagraron al Señor, tal como está escrito en la ley: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor. Además ofrecieron el Sacrificio que ordena la ley: una pareja de tórtolas y dos pichones».” (Lc II, 22-24).
Como prueba extra bíblica, el año 1922 se encontró en Tell El Yejudieh (Egipto) una lápida sepulcral escrita en griego el año 5 antes de Cristo. Dice así: «La joven madre judía Arsínoe murió entre los dolores del parto al dar a luz a su hijo primogénito». No obstante que esta mujer no pudo dar a luz a más hijos, de todos modos, al primero y único hijo que tuvo, se le llamó primogénito y no unigénito. Lo mismo pasó con Jesús.
.
La expresión bíblica «hermanos de Jesús» representa el plato fuerte de los enemigos de María y de la Iglesia Católica. He aquí algunas observaciones al respecto:
.
La palabra «hermano» («ah, ahót») en hebreo y arameo tiene un significo más amplio que en nuestros idiomas.
Se usa para toda clase de parentesco: primo, sobrino, cuñado, etc. Se usa también para señalar a los componentes de la misma tribu y del mismo pueblo, a los amigos, a los aliados y al prójimo en general.
Por ejemplo, Abraham, tío de Lot (Gen XI, 27), declara que los dos son «hermanos» (Gen XIII, 8). San Pablo llama «hermanos» suyos a Tito y Epafrodito (2Cor II, 13; Fil II, 25). Jesús nos invita a no presentarnos frente al altar, si tenemos algo en contra de un «hermano» (= prójimo Mt V, 23).
“Reunió David a los hijos de Aarón… y a sus hermanos, ciento veinte” (1Cro XV, 4).
“Uno de aquellos días, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos que eran alrededor de ciento veinte” (Hech I, 15).
¿Es posible que todos estos «hermanos» hayan tenido la misma mujer como madre?
Con relación al significado tan amplio de la palabra «hermano» tenemos muchísimas citas bíblicas. He aquí algunas: Gen XIV, 14-16; XXIX, 15; Jos XVII, 4; Lev X, 4; 2Sam XIX, 12-13; 1Cor II, 1; Mt XVIII, 21-35, etc.
.
2. Jesús, hijo de María; María, madre de Jesús
Cuando se habla de la familia de Nazaret, se mencionan siempre Jesús, María y José. Nunca se mencionan otros hermanos.
“Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua” (Lc II, 41).
“Se pusieron a buscarlo entre sus parientes y conocidos” (Lc II, 44).
“Hijo, ¿por qué te has portado así?” (Lc II, 48).
“Su madre guardaba fielmente en su corazón todas esas cosas” (Lc II, 51).
¿Dónde estaban, pues, los «hermanos de Jesús»? No los encontramos, cuando María y José buscaban a Jesús en el Templo de Jerusalén; no los encontramos en las bodas de Caná ni en la crucifixión de Jesús. Es que no existe ningún hermano carnal de Jesús.
Fíjense bien: Nunca la Biblia dice que los «hermanos de Jesús» fueran «hijos de María». Solamente Jesús es mencionado como «hijo de María» (Mt I, 18; II, 11; Lc II, 34; Mc VI, 3; Jn II, 1; etc.).
“A los tres días se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús era de la fiesta” (Jn II, 1).
Si María hubiera tenido más hijos ¿por qué aquí se menciona solamente como «la madre de Jesús»?
.
3. Los cuatro «hermanos de Jesús»
He aquí la cita fundamental, que subrayan los hermanos separados:
“¿No es este Jesús el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven aquí entre nosotros?” (Mc VI, 3).
Así que los cuatro hermanos de Jesús son: Santiago, José, Judas y Simón, Pues bien, la misma Biblia aclara quiénes son sus padres. Antes que nada, notamos que se trata de padres diferentes.
.
“Unas mujeres miraban desde lejos… Entre ellas, María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y José, y la madre de los Zebedeos” (Mt XXVII, 56; Cf. Mc XV, 47).
En Mt X, 1-4, se aclara que los hijos de Zebedeo son Santiago el Mayor y Juan; mientras que Santiago el Menor y José son hijos de Alfeo (= Cleofás) y por lo tanto su madre María no es la madre de Jesús, sino otra María.
“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, la hermana de su madre, María mujer de Cleofás, y María Magdalena” (Jn XIX, 25).
Aquí se habla de una María, que es prima de la madre de Jesús (hermana=prima), esposa de Cleofás (= Alfeo) y madre de Santiago el Menor y José.
.
En todas las listas son mencionados con los nombres de sus padres y hasta con sus apodos. En ninguna parte se dice que su padre fuera José, el esposo de María, la madre de Jesús (Mt X, 1-4; Mc III, 13-19; Lc VI, 13-16). Se habla siempre de «Judas Tadeo, hermano de Santiago» y de «Simón el Cananeo, apodado el Zelote».
Es importante notar cómo los apóstoles Santiago el Menor y Judas Tadeo, parientes entre ellos, se consideran «servidores de Jesús», (Stgo I, 1 y Jud I, 1). Si hubieran sido hermanos carnales de Jesús seguramente habrían hecho alguna referencia al respecto.
Además, si se hubiera tratado de hermanos carnales, ¿por qué, antes de morir, Jesús entregó a su Madre a Juan, que era un extraño [no era pariente]? (Jn XIX, 25-27).
.
4. Los que hacen la voluntad del Padre
La siguiente cita bíblica ha sido muy utilizada por muchos grupos de hermanos separados para desprestigiar a María.
“Estaba todavía hablando con el pueblo, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, quisieron hablar con él. Alguien dijo a Jesús: «Mira, tu madre y tus hermanos están afuera y preguntan por ti», pero él respondió: «¿Quién es mi madre y quienes mis hermanos?» E indicando con la mano a sus discípulos dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los Cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».” (Mt XII, 46-50).
Lo que Jesús quiere subrayar aquí es que la fe y la obediencia (Jn I, 12) están por encima de cualquier vínculo de sangre (Jn I, 13), y esto tenía plena vigencia con relación a los «hermanos» de Jesús, que «no creían en él» (Jn, VII, 5). Con esto, Jesús no quería reprender a María por no escuchar y cumplir la voluntad del Padre. ¿Acaso esos hermanos, que interpretan así este pasaje bíblico, se olvidaron de la respuesta que dio María al Ángel Gabriel (Lc I, 38) o del elogio que hizo Santa Isabel acerca de su fe? (Lc I, 45).
.
María fue siempre virgen. Este ha sido siempre el sentir de la Iglesia desde un principio. Así la Iglesia interpretó Is VII, 14, «la Virgen que concibe» un hijo que es Jesús.
Solamente el año 380 d. C. un tal Elvidio empezó a decir que los «hermanos de Jesús» eran hermanos «carnales», enfrentándose al rechazo general de todos los cristianos. Ahora surgen las sectas y hacen lo mismo. Una señal más para darnos cuenta de que andan muy mal.
.
Este dogma fue proclamado solemnemente por el Papa Pío XII el 8 de diciembre de 1950.
Al no tener ningún pecado y al no estar sujeta a corrupción del sepulcro, María fue elevada al Cielo en cuerpo y alma, al terminar su paso por este mundo. Lo que a nosotros nos sucederá al fin del mundo, a María le sucedió al terminar su vida terrenal. Su cuerpo se transformó en cuerpo glorioso y se fue con Jesús, su hijo amado. Esto es lo que afirma la Iglesia. Si murió o no, antes de ser transformada, es opinión de los teólogos y no doctrina oficial de la Iglesia.
.
Es suficiente leer el relato de las Bodas de Caná (Jn II, 1-11), para convencerse de que María es intercesora delante de Jesús en nuestro favor. En realidad, Jesús no pensaba hacer ningún milagro. Intercedió María y se hizo el milagro. Ahora María se encuentra con Jesús en la gloria. ¿Qué está haciendo, pues? Lo mismo que Jesús, el Espíritu Santo y los santos.
“¿Quién nos condenará? ¿Acaso será Cristo Jesús, el que murió, más aún el que resucitó, y está a la derecha de Dios, rogando por nosotros?” (Rom VIII, 34).
“El propio Espíritu ruega por nosotros, con gemidos y súplicas que no se pueden expresar” (Rom VIII, 26).
“Los veinticuatro ancianos tenían en sus manos arpas y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos” (Ap V, 8).
Como vemos aquí, los veinticuatro ancianos están intercediendo por los seguidores de Cristo que están en este mundo (santos), presentando a Dios sus oraciones.
De hecho los santos, que pasan a la vida eterna, gozan de una mayor intimidad con Dios e interceden por los vivos. La Biblia nos presenta a Jeremías, Onías, Samuel y Elías, que después de muertos siguen actuando a favor del pueblo (Cf. 2Mac XV, 12-16; Sir XLVI, 23; XLVIII, 14-15: Sirácides = Eclesiástico).
.
1. La Biblia habla de la intercesión de los santos, mientras viven en este mundo:
- Abraham intercede por Abimelek y por las ciudades de la Pentápolis (Gen XVIII, 16-32; XX, 17).
- Moisés intercede por el pueblo (Num XI, 2; XIV, 13-20; XVI, 22; XXI, 7; Ex XXXII, 11-14, 30-32, etc.) y por el Faraón (Ex VIII, 25-26; IX, 29-33).
- María intercede por los esposos de Caná (Jn II, 1-11).
- Pablo intercede por los navegantes en peligro (Hech XXVII, 24); pide oraciones a sus fieles (Rom VIII, 27; XV, 30; 2Cor I, 11; Ef VI, 19; Fi I, 19; Col IV, 3; etc.) invita a interceder por todos los hombres (1Tim II, 1-2); ofrece sus sufrimientos por el bien de la Iglesia (Col I, 24).
.
2. También los santos, que pasaron a otra vida, interceden por los vivos:
- Jeremías, ya muerto, intercede por el Pueblo de Israel (2Mac XV, 14-16).
- Elías, ya muerto, sigue haciendo milagros (Sir XLVIII, 13-14).
- Los veinticuatro ancianos presentan las oraciones de los santos (Ap V, 8: VIII, 3-5), es decir, de los seguidores de Cristo.
- El rico epulón intercede por sus hermanos (Lc XVI, 27).
.
3. El Espíritu Santo intercede por nosotros (Rom 8, XXVI).
“Y asimismo, también el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; mas el mismo Espíritu aboga por nosotros con gemidos inenarrables” [Nácar-Colunga].
.
4. El mismo Jesús sigue intercediendo por nosotros (Rom VIII, 34; Heb VII, 25; 1Jn II, 1-2).
Si la imitación de Cristo es la ley suprema para el cristiano (Mt XI, 29; Jn XIII, 34; XV, 12; Rom VIII, 29; Fil II, 5; Ef V, 1-2; etc.) ¿por qué los justos [incluida la Madre de Dios], después de esta vida, no pueden seguir intercediendo por sus hermanos como está haciendo el mismo Jesús?
.
.
bibliaytradicion.wordpress.com
.
.
.












hermosos mensajes para conocer mas sobre la Madre Santisima
Por: Virginia el Lunes, mayo 30, 2011
a las 8:47
LAS PÁGINAS DEL SANTO ROSARIO TIENEN UN ERROR Y NO SE PUEDEN ABRIR
Por: lilia melo sanguino el Domingo, febrero 5, 2012
a las 15:54
Gracias por el aviso, sin embargo, no sé a cuál página se refiere, si fuese Ud. tan amable de referirme más datos (título y si es posible la dirección completa). Gracias.
Por: Alejandro Villarreal el Domingo, febrero 5, 2012
a las 16:54