

![]()
EXTRA ECCLESIAM NULLA SALUS
![]()
¿Qué significa la máxima: fuera de la Iglesia no hay salvación?
1. Esta máxima no significa: <<Todo el que no sea católico será condenado>>; sino que, siendo obligatoria para todos la religión católica, el que rehusa instruirse acerca de ella, o abrazarla una vez conocida, peca gravemente y se hace acreedor a la condenación eterna.
2. En cuanto a los que no conocen la Iglesia, si observan la ley natural grabada en su corazón, si cumplen con los deberes que les dicta la conciencia, Dios, que quiere la salvación de todos, les dará las luces y gracias necesarias para conseguir su salvación. Estos tales se salvarán por el deseo implícito de pertenecer a la Iglesia, deseo contenido en la caridad o contrición perfecta.
Sin embargo, es una gran desgracia no conocer la Iglesia, porque este desconocimiento lleva consigo la privación de los medios eficaces que esta buena Madre ofrece a sus hijos para que puedan llegar fácilmente al cielo.
Se puede pertenecer a la Iglesia, o en realidad, o por deseo, al menos, implícito. Llamamos implícito el deseo contenido en la voluntad expresa y general de emplear los medios y observar las leyes establecidas por Dios para conseguir la salvación.
Es de necesidad de precepto pertenecer a la Iglesia en realidad, y de necesidad de medio el pertenecer a ella, por lo menos, en deseo implícito. La necesidad de la Iglesia, por consiguiente, no se diferencia de la del bautismo. Para salvarse, hay que recibir el bautismo en realidad o en deseo; de la misma manera, hay que pertenecer a la Iglesia católica, en realidad o en deseo.
Esta doctrina puede explicarse en otros términos: es de necesidad de precepto pertenecer al cuerpo de la Iglesia, y de necesidad de medio pertenecer a su alma. El cuerpo o la parte visible de la Iglesia, es la sociedad de los fieles bautizados, unidos visiblemente entre sí por la profesión de la misma fe, la participación de los mismos sacramentos y la sumisión a los pastores legítimos.
El alma, o parte visible de la Iglesia, es la gracia santificante, principio de la vida sobrenatural. Las almas que la poseen, unidas invisiblemente a Jesucristo por la fe, la esperanza y, sobre todo, por la caridad, están unidas entre sí como las ramas del árbol que reciben del mismo tronco la misma savia y la misma vida. Para pertenecer al alma de la Iglesia, basta hallarse en estado de gracia, y poseer la vida divina que Jesucristo nos mereció con su muerte, y que Él nos comunica por el Espíritu Santo.
Todo aquel que reconoce a Jesucristo como a Dios y a la Iglesia católica como a la única divina, y que, esto no obstante, permanece fuera de su seno, no puede salvarse, porque se niega a cumplir el gran precepto impuesto por Jesucristo a todos los hombres de que sean miembros de su Iglesia. ¿Es injusto excluir de la salvación a los herejes y a los cismáticos de MALA FE, que por capricho y con obstinación, se niegan a buscar la verdad, o que, aún viendo la luz, permanecen voluntariamente en las tinieblas? ¿No es acaso justo que aquellos que rehusan entrar en el Arca de salvación perezcan en el naufragio? ¿que los que no quieren pertenecer a la casa de Dios en la tierra sean excluidos del celestial Jesrusalén?…
Los que dudan de la verdad de su religión, deben buscar la verdadera Iglesia. El hereje, el infiel, que, atormentados por la duda, descuidan la oración, dejan de consultar y de ilustrarse, se hacen reos de pecado grave.
AMDG
![]()
Extraído de: La Religión Demostrada de P. A. Hillaire, 1920.
![]()









