Capítulo Tercero. El Judío y los Pueblos Descristianizados

El Judío en el Misterio de la Historia
Capítulo Tercero. El Judío y los Pueblos Descristianizados
Autor: Pbro. Julio Meinvielle (Teólogo)
Ediciones Theoría, Buenos Aires, 1975

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Contenido:

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>>CAPÍTULO SEGUNDO<<

>>EL JUDÍO EN EL MISTERIO DE LA HISTORIA<<

>>CAPÍTULO CUARTO<<

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Capítulo III. EL JUDIO y LOS PUEBLOS DESCRISTIANIZADOS

En el primer capítulo hemos expuesto la ley teológica que rige los pueblos desde el advenimiento de Cristo Nuestro Señor. Existe, decíamos, por disposición inescrutable de Dios, una oposición irreconciliable entre la Iglesia y la Sinagoga, entre judíos y cristianos, oposición que ha de perpetuarse irremediablemente hasta que llegue el tiempo de la Reconciliación. Judíos y cristianos han de encontrarse en todas partes sin reconciliarse y sin confundirse. Representan en la historia la e1eterna lucha de Lucifer contra Dios, de la serpiente contra la mujer, de las tinieblas contra la Luz, de la carne contra el Espíritu. La eterna lucha de Caín contra Arel, de Ismael contra Isaac, de Esaú contra Jacob, de Faraón contra Moisés, de los judíos contra Cristo.

Es tan fundamental esta oposición; que después de Cristo no son posibles para el hombre sino dos caminos: la cristianización o la judaización, como tampoco son posibles en todas las manifestaciones de la vida más que dos modos verdaderamente fundamentales: el cristiano y el judío; dos religiones: la cristiana y la judaica; dos políticas: la cristiana y la judaica; dos economías: la cristiana y la judaica; sólo dos internacionalismos: el cristiano y el judaico.

Hemos visto cómo la Iglesia tuvo presente este hecho de la “peligrosidad” del judío y cómo tomó precauciones, a veces dolorosas, para evitar la contaminación de los pueblos cristianos.

Los judíos confinados en sus ghettos bajo el control avizor del Estado podían desenvolverse paralelamente con los cristianos, pero sin mezclarse con ellos, a fin de no contaminarlos.

Mientras se evitó esta contaminación los pueblos cristianos nada tuvieron que temer de la peligrosidad judaica. El judío era un servidor del cristiano, como corresponde al hijo de la esclava estar al servicio del hijo de la Libre.

Pero ¿cuál era la mejor defensa del cristianismo contra la peligrosidad judaica? ¿Acaso los reglamentos policiales?

No. Jesucristo, Verdad y Salud del hombre, era la garantía y seguridad del cristiano, y Él había enseñado:

33. Buscad primero el Reino de Dios, r todo lo demás se os dará por añadidura: (Mt. 6).

28. No temáis a los que matan el cuerpo r no pueden matar el alma; temed antes al que puede echar el cuerpo y el alma en el infierno. (Mt. 10).

27. Tened buen ánimo. Yo soy, no temáis. (Mt. 14).

Es decir, que mientras los pueblos cristianos estén adheridos a Cristo nada tienen que temer de la Sinagoga.

Pero ¡ay de los pueblos cristianos si llega un día en que olvidan que su Salud es Cristo!

¡Ay de la Europa, si llega un día en que quiere romper los suavísimos lazos que la unen a la Santa Iglesia de Dios!

Porque entonces tendrán que caer bajo la esclavitud oprobiosa del diablo y de su ejecutor en la tierra, el judío… Entonces Europa y América, los pueblos gentiles que conocieron las bendiciones de la fe, tendrán que conocer el oprobio de su judaización.

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La descristianización del mundo

He aquí que al final de la Edad Media los pueblos cristianos cometen grandes, enormes, espantosos pecados… El clero, sobre todo, que debía ser sal de la tierra y luz del mundo. se corrompe y se oscurece.

Esto es gravísimo para la salud de los pueblos; porque si se van descristianizando, tendrán que irse judaizando. Esta es la ley teológica. Esta es también la comprobación, punto por punto, de la historia. Los hechos nos van diciendo que el proceso de descristianización, iniciado por el Humanismo del Renacimiento y de la Revolución Francesa, y que culmina ahora en la Revolución Soviética, es un proceso típico de judaización del mundo, es decir, en que los planes judaicos de dominación universal y absoluta sobre los cristianos van logrando cumplimiento.

Que estos planes existen no puede haber la menor duda para aquellos que han seguido los dos capítulos anteriores. Lo exige la irreducible oposición de Ismael e Isaac, de Esaú y Jacob, de Caín y Abel, que ha dispuesto Dios sobre el mundo. Lo exige el Talmud, que es el Código civil y religioso de los judíos. Lo comprueba la historia en todo lugar y tiempo.

Se demuestra, además, que tanto el Renacimiento como la Reforma Protestante, el Enciclopedismo pedantesco del siglo XVIII, ]a Revolución Francesa, el Capitalismo, la contaminación de los pueblos con el Liberalismo y el Socialismo, el Comunismo, la Revolución Soviética, han sido en gran parte fraguados por los judíos y han servido ciertamente de beneficio a los judíos en detrimento de los pueblos cristianos.

En otras palabras: desde el Renacimiento hasta el Comunismo se desenvuelve un proceso uniforme de descristianización de los pueblos y de su sometimiento a los judíos, que de siervos que eran en la Edad Media pasan a amos y reyes. Y este proceso es en gran parte obra de los judíos.

Creo que no es necesario advertir a lectores inteligentes que al atribuir al judío un papel preponderante en la obra de descristianización del mundo moderno no se quiere hacer de él un dios maligno con poderes sobrehumanos para fraguar revoluciones y catástrofes.

Todo proceso histórico se realiza dentro de un complicado ajetreo de fuerzas las más diversas, muchas de las cuales se determinan libremente; de suerte que hay que tener en cuenta todos estos intereses que se cruzan para explicar totalmente las realidades históricas que se engendran en el curso de la historia. Pero, aunque esto sea verdad, no hay duda que podemos enfocar nuestra atención exclusivamente sobre la acción e influencia de los judíos, para ver en qué sentido proceden y con qué intensidad y alcance, dentro de las posibilidades de acción, para crear y dar nacimiento a los grandes hechos que se producen m la historia desde el Renacimiento hasta aquí. Y mi tesis es que, dentro de las posibilidades de actuación, los judíos son causa primera y principal (digamos el cerebro que piensa y la mano que dirige, en expresión de Mons. Jouin) de los principales hechos anticristianos que se van jalonando desde el Renacimiento hasta el Comunismo.

El judío, agente teológico de la iniquidad, como demostré en el primer Capítulo, va cumpliendo con tenacidad indefectible esta tarea demoledora de destrucción del cristianismo.

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Renacimiento y Reforma

Esto supuesto, entremos a exponer la tesis propuesta.

¿Es posible, creer que los judíos de la Edad Media, con su inteligencia sagacísima para conspirar, con su corazón humeando odio contra una sociedad que los rechazaba, van a estar ociosos en la reclusión de sus ghettos?

El judío Darmesteter (Coup d’oeil sur l’histoire du Peuple juif) dice: El judío se ocupa en descubrir los puntos vulnerables de la Iglesia, y tiene a su servicio para descubrirlos, además de su inteligencia de los libros santos, la sagacidad terrible del oprimido. Es el doctor del incrédulo, Todos los sublevados del espíritu vienen a él en la sombra o a cielo abierto. Él está en obra en el inmenso taller del blasfemo del gran Emperador Federico y de los Príncipes de Suavia o de Aragón; es el que forja todo ese arsenal criminal de razonamiento y de ironía que legará a los escépticos del Renacimiento, a los libertinos del gran siglo, y el sarcasmo de Voltaire no es más que su último y resonante eco de una palabra murmurada seis siglos antes en la sombra del ghetto y más antes aún en tiempos de Celso y de Orígenes, en la cuna misma de la religión de Cristo.

Y es otro judío, Bernard Lazare, quien dice (L’Antisémitisme, I, 222) que durante los años que anuncian la Reforma el judío llega a ser el educador y quien enseña el hebreo a los sabios, los inicia en los misterios de la Cábala después de haberles abierto las puertas de la filosofía árabe; él los equipa, contra el catolicismo, de la temible exégesis que los rabinos habían cultivado y fortificado durante siglos; esta exégesis de la que se serviría el Protestantismo y más tarde el Racionalismo.

No hay duda (aunque no sea fácil aportar las pruebas documentales precisas) que todas las sectas y sociedades secretas, ocultistas y cabalistas que pululan por todas partes al final de la Edad Media en forma más o menos disfrazada, algunas de ellas bajo las apariencias de las célebres Academias Italianas de los siglos XV y XVI; otras, como? la misteriosa Orden de los Templarios, extinguida por Felipe el Hermoso y Clemente V, eran reductos de conspiración contra la Iglesia y los Estados cristianos, manejados hábilmente por la satánica mano judaica.

Un francmasón, el H. Ludwig Keller, consejero íntimo de los Archivos de Berlín, ha aprovechado los documentos que le estaban confiados para tratar a fondo esta cuestión (Les Academies italiennes au XVIII siécle et les comencements de la Francmasonnerie dans les pays latins et les pays du Nord), y llega a la conclusión de que las de los siglos XV y XVI, las Compañías de los siglos XVII y XVIII corno la “Truelle” de Florencia, las sociedades filarmónicas como el “Apollon” de Londres, fueron humanistas y han conservado, por tanto, desde el comienzo el carácter judío y pagano del Renacimiento. (Ver Mons. Jouin, La Judéo-Masonnerie et l’Eglise Catholique).

Por otra parte, Werner Sombart, el autorizado historiador del Capitalismo, que no es ni católico ni antisemita, en su documentado libro “Los judíos y la Vida Económica” demuestra cómo algunas sectas protestantes, y en especial el puritanismo (Les juifs et la Vie Economique, pág. 321), son judaicas, de suerte que puede justificarse lo que presentía el judío Enrique Heine: ¿Los Escoceses Protestantes -pregunta en sus Confesiones- no son hebreos con nombres bíblicos, su canto no tiene algo de hierosolimofariseo, y su religión no es en el fondo el judaísmo, con la diferencia que están autorizados a comer cerdo?

Por otra parte, se conocen las relaciones íntimas que durante la Reforma Protestante se establecieron entre el judaísmo y ciertas sectas cristianas, y el furor que se declaró entonces por la lengua y los estudios hebraicos; se sabe también que en la Inglaterra del siglo XVII los puritanos rodeaban a los judíos de un culto casi fanático y que los “Levellers”, Niveladores, que se decían judíos, exigían la promulgación de una ley que hiciese del Thora de los judíos el código inglés; se conoce, además, que los oficiales de Cromwell, también gran judaizante, le propusieron componer su Consejo de Estado de 70 miembros, a ejemplo del Sanedrín de los judíos, y que en el año 1629 se propuso en el Parlamento reemplazar el feriado del domingo por el del sábado.

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Los judíos se introducen en la Cristiandad

Pero cualquiera sea la influencia de los judíos en el Renacimiento y en la Reforma Protestante, lo cierto, certísimo, es que los judíos se beneficiaron de uno y otra. El judío Bernard Lazare ha podido decir (L’Antisémitisme, I, 225) que el espíritu judío triunfó con el Protestantismo.

El Renacimiento y el Protestantismo abren un boquete en el sólido edificio de la Cristiandad, por donde se introduce el judío; desde allí dentro el judío va a emplear su perseverancia y tenacidad secular con su astucia e hipocresía, para realizar su sueño también secular de destruir el cristianismo y de establecer el imperio judaico universal.

No olvidemos que éste es el sueño del judaísmo; ésta es la ley de su destino.

Este pueblo, que un día rechazó a Cristo porque no quiso entronizar la carne judaica, no ha perdido la esperanza de que venga otro Mesías que, en expresión del Talmud, dé a los judíos el cetro del mundo, de suerte que todos los pueblos y todos los reinos les serán sometidos. Entonces cada judío tendrá 2.800 servidores y 310 mundos. (Jalgut, fol. 56. Bachai, fol. 168). La venida de este Mesías será precedida de una gran guerra en la cual perecerán dos terceras partes de los pueblos, de modo que los judíos necesitarán siete años en destruir las armas conquistadas. (Abardanel, Masmia Jesua, fol. 4-9, a). ,

El célebre rabino Maimónides cree también en el imperio universal de los judíos, quienes dicen que cuando éste se entronice, los dientes de los antiguos enemigos de Israel saldrán de sus bocas y alcanzarán una longitud de 22 varas. (Othioth del Rabbi Agiba, 5, 3), y que entonces el Mesías recibirá los dones de todos los pueblos y no rehusará sino el de los cristianos. (Tract. Pesachim, folio 118 b).

El famoso Drach, gran rabino convertido, de quien hice referencias en el capítulo anterior, dice que el Mesías que los judíos se obstinan en esperar, a pesar de que éste se obstina en no venir, debe ser un gran conquistador que hará a todas las naciones del mundo esclavas de los judíos, Estos volverán a la Tierra Santa triunfantes, cargados con las riquezas de todos los infieles. Jerusalén será adornada con un nuevo Templo, y sus más pequeñas piedras serán de diamantes. (De l’ harmonie entre l’ Eglise el la Synagogue).

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Los judíos y la francmasonería

Ahora bien, con esta ilusión se introducen en la Cristiandad los judíos, medio a escondidas. En los ghettos han preparado las herramientas para la obra demoledora que ahora pueden emprender dentro de la misma Cristiandad.

¿Qué tienen que hacer ahora? Tienen que echar a rodar por el mundo de los cristianos ideas de rebelión que rompan esa armadura de Sociedad Medieval, tan fuertemente consolidada, y sobre todo terminar con estos dos puntales de la Sociedad cristiana: el altar y el trono; el Papa y el Rey. Para ello tienen preparada una fórmula magnética que va a deslumbrar y subyugar las multitudes de una sociedad en cierto modo agitada y turbulenta por culpa de ese trono y de ese altar que, olvidando que en el reino de Dios toda grandeza es una grandeza de servicio, porque el Papa y el Rey están sobre todos para servirlos a todos, han carnalizado el poder.

Una fórmula de tres palabras va a enloquecer al mundo: ¡Libertad, Igualdad, Fraternidad!

Pero ¿cómo lanzarlas al mundo para que se hagan sustancia en la carne de los cristianos, sobre todo sabiendo que basta que aparezca el sello judaico para que sean rechazadas?

Muy sencillo para esta raza conspiradora por naturaleza. Las hará germinar y aclimatar primero en conciliábulos secretos, donde se agruparán todos los ambiciosos de una sociedad en descomposición.

Y así los turbulentos y agriados por el espíritu de rebelión, con el cerebro delirando concepciones e ideas de transformación mundial, apañados por aristócratas no menos ambiciosos, se reunirán en “logias secretas” de la Francmasonería.

En esas tenebrosas sectas, bajo la apariencia de ritos y fórmulas judaicas inofensivas, con el pretexto de “trabajar por el mejoramiento material y mora1 en el perfeccionamiento social e intelectual de la humanidad” (E. Plantagenet, La Franc-Masonnerie francaise), se buscará destruir cuanto la Iglesia Católica había hecho en el mundo. (A. Preuss, Etudes sur la F. M. Américaine).

No se crea que el problema de la Masonería es un fantasma que se agita para explicar lo que no es sino resultado de fuerzas naturales. Basta decir que hay pruebas abundantes y sólidas de la acción mortífera de estas sectas corruptoras.

Son éstas, sobre todo, los documentos masónicos incautados, como los del “Iluminismo de Baviera”, caídos en manos de la Policía en 1785, y que el abate Barrue1 aprovechó para escribir sus Mémoires pour servir a l’histoire du Jacobinisme, 1798; los de “La Alta Venta Romana”, llegados a poder del Vaticano en 1845, y de los que se ocupó Crétineau Joly en su libro La Iglesia Romana frente a la Revolución; más recientemente los de los Archivos masónicos de Budapest, incautados en 1919 cuando la caída de Bela Kun en Hungría.

Pero aun sin recurrir a estos documentos, basta recoger las afirmaciones insolentes y cínicas de los mismos francmasones que hoy se sienten orgullosos de sus gestas perversas.

Las palabras con que el francmasón Bonnet resumió los triunfos masónicos en el Congreso Masónico del Gran Oriente de Francia en 1904 son muy ilustrativas.

En el siglo XVIII -dice- la gloriosa generación de los enciclopedistas encontró en nuestros templos un auditorio fervoroso que, entonces solo, invocaba la radiante divisa, desconocida por la muchedumbre: Libertad, Igualdad, Fraternidad. La semilla germinó pronto.

Nuestros ilustres H. H. D’Alembert, Diderot, Helvecio, Holbach, Voltaire, Condorcet, terminaron la obra de evolución espiritual y prepararon los tiempos actuales.

Y cuando se desplomó la Bastilla, la francmasonería tuvo el honor supremo de dar a la humanidad la carta que había elaborado con amor.

El H. La Fayette es el primero que presentó el proyecto de una declaración de los derechos naturales del hombre y del ciudadano que vive en sociedad, para formar con él el capítulo primero de la Constitución. El 25 de agosto de 1789, la Constituyente, de la que más de 300 miembros eran masones, adoptó definitivamente, casi palabra por palabra, como se estudió largamente en las logias, el texto de la inmortal declaración de los derechos del Hombre. En esta hora decisiva para la civilización la francmasonería francesa fue la con ciencia universal, y en las improvisaciones e iniciativas de las Constituyentes no cesó de aportar el resultado reflexivo de las elaboraciones de sus talleres.

Hasta aquí el francmasón Bonnet. Otros dos autores, Cochin y Charpentier, que coleccionaron los documentos de los archivos municipales y nacionales de Francia, han podido escribir que desde 1787 a 1795 no hay ni un solo movimiento popular, excepto el de la Vendée, que no haya sido movido y organizado en los más insignificantes detalles por los jefes de una organización secreta, que actuó en todas partes del mismo modo, haciendo ejecutar sus órdenes a la voz de mando.

¿Y quién creó y quién comandaba las multitudes de logias que infestaban el suelo de Francia?

El judío Isaac Wise nos da la respuesta en “The Israelite” del 3 Y 17 de agosto de 1855: La Masonería -dice- es una institución judía, cuya historia, reglamentos, deberes, consignas y explicaciones son judías desde el comienzo al fin, con excepción de alguna regla secundaria y algunas palabras en el juramento.

Y por los numerosos documentos secuestrados de los Archivos masónicos de Budapest en 1919 (La Franc-Masonnerie en Hongrie, Preface de Charles Wolf, Budapest, 1921) aparece claro que la masonería es una obra eminentemente judía. Así, por ejemplo, el libro que contiene la Constitución de la Gran Logia Simbólica de Hungría, impreso en Budapest en 1905, lleva la fecha de la era judía 5886. El texto de los votos pronunciados por los miembros está concebido en lengua hebraica. Las consignas, que cambian cada seis meses o cada año, son igualmente hebreas. La lista publicada al fin del libro nos muestra que el 92% de los miembros de las Logias son judíos; no son sino nombres como Abel, Bloch, Berger, Fuchs, Herz, Levy, Pollak, Rosenthal, Schon, etc., o bien nombres judíos magiarizados como Kun, Kadar, etc. (Ver Mons. Joum, La Judeo-Masonnerie et l’Eglise Catholique).

La afirmación de Gougenot des Mousseaux (Le juif et la judaisation des peuples, 1869) de que en el Consejo universal y supremo, pero secreto, de la Masonería, compuesto de nueve miembros, se han de reservar cinco asientos para los representantes de la nación judía, no es tan peregrina.

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Los judíos y la Revolución Francesa

La francmasonería es obra de los judíos. La Revolución Francesa, a su vez, es obra de la francmasonería. Por otra parte, la Revolución Francesa se hizo contra la Iglesia, en beneficio exclusivo de los judíos.

El Padre José Léhmann, célebre judío del siglo pasado, convertido, ha estudiado en forma concluyente la entrada de los judíos en la Sociedad Francesa y en los Estados cristianos.

La obsequiosidad de la Masonería -dice- para con el judaísmo no tardó en manifestarse. Los francmasones lleva ron a la Constituyente la emancipación de los judíos, y ellos se encargaron de hacerla pasar. Es Mirabeau quien le prestará el apoyo perseverante de su elocuencia, y Mirabeau es francmasón de los altos grados, íntimo con Weishaupt y sus adeptos. Y cuando, después de dos años de titubeos, la Asamblea Constituyente, llegada a su última hora y en su penúltima sesión titubee aún, el francmasón y jacobino Duport exigirá el voto sin más trámite y con la amenaza en los labios.

Tal será -dice Léhmann- el primer servicio oculto hecho al Judaísmo por la Masonería. Después de éste vendrán otros. Ella es, en definitiva, el formidable pasillo, con cuya ayuda la cuestión judía está segura de encontrar una salida, el sombrío corredor a través del cual los hijos de Israel podrán desembocar a gusto en la Sociedad (Abbé Joseph Léhmann, L’Entrée des Israelites dans la Société Francaise et les Etats Chrétiens, p. 356).

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Los judíos emancipados y su plan de conquista del mundo cristiano

El 27 de septiembre de 1791 los judíos quedan completamente emancipados a la faz del mundo. Y con los judíos emancipados queda asimismo el orden social cristiano destruido bajo el pretexto mentiroso de los Derechos del Hombre. Los judíos podrán iniciar desde ya, a plena luz, su trabajo de conquista de la sociedad cristiana no sólo porque están en pie de igualdad con los pueblos cristianos, sino también porque las leyes anticristianas que se han implantado van a favorecer la ejecución de sus planes seculares.

¿Cuál será, desde entonces, la táctica judaica para lograr el propósito de dominación universal? Sumamente sencilla y sumamente eficaz.

Se apoderarán de las riquezas de todos los pueblos. Y con esa riqueza corromperán a los mismos pueblos física y moralmente hasta reducirlos a una multitud de esclavos, que no tendrán otro destino que trabajar bajo el rugo de esta raza maldita y en su exclusivo beneficio.

Hemos de demostrar tres cosas.

La primera, que con el capitalismo los judíos se apoderan de las riquezas de todos los pueblos.

La segunda, que con el liberalismo y el socialismo los judíos, dueños de las riquezas del mundo, envenenan a todos los pueblos, pervirtiendo su inteligencia y corrompiendo su corazón.

La tercera, que con el comunismo los judíos exterminan a sus opositores y sujetan a los cristianos a un yugo de esclavos imposible de romper.

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Los judíos y el capitalismo. PRIMERA PROPOSICIÓN

Con el capitalismo, los judíos se apoderan de las riquezas de todos los pueblos.

¿Cuál es la esencia, el corazón del régimen económico capitalista que está en vigor desde la Revolución Francesa y que ha producido las grandezas carnales de los pueblos modernos? Es el régimen de riqueza financiera como primer motor de todas las actividades económicas. El poder financiero que se concentra en los bancos impulsa y desarrolla toda actividad comercial, industrial y de cultura agrícola-ganadera. El capital financiero es el gran factor de expansión económica. A través del crédito, del préstamo a interés, un capital financiero moviliza ingentes riquezas, que a su vez multiplican y acrecientan ese mismo capital financiero.

Los bancos se enriquecen rápidamente no sólo por el préstamo a interés en cuanto interés, sino sobre todo por el préstamo. También se enriquecen con el interés. Y bajo este concepto, el préstamo es maravilloso. Porque tenemos 10.000 pesos, y al cabo del año, sin que medie nuestro trabajo y nuestra preocupación, esta suma nos ha beneficiado con 600 pesos. Maravilloso, porque con él el dinero adquiere un poder de encantamiento, de imantación. El dinero, por sí solo, atrae más dinero. ¡Felices aquellos que en un régimen donde esté en vigor el préstamo a interés posean dinero! Sin necesidad de que lo arriesguen en empresas problemáticas podrán acrecentarlo. Basta que lo entreguen sobre buena garantía a un prestatario.

Maravilloso el préstamo a interés. Sin embargo, los judíos no pueden prestarse a interés entre ellos. Pueden, en cambio, prestar a los no judíos. (Deut. 23, 19). La razón de esta diferencia está en que entre ellos han de tratarse, como hermanos, y en cambio a los extraños pueden tratarlos como a enemigos. Y en realidad el préstamo a interés, en un régimen económico de fuerte estabilidad monetaria, va creando dos clases bien definidas: la prestamista y la trabajadora. La prestamista, que forzosamente tiene que irse enriqueciendo porque el dinero cada día aumenta con nuevo e indefectible acrecentamiento. La trabajadora, que forzosamente tiene que trabajar para sí y para los prestamistas; y como éstos se van acrecentando, luego tiene también que acrecentarse el trabajo de los productores hasta que llegue el momento en que sus trabajos no cubran lo que deben a los prestamistas, y entonces se vayan endeudando.

Pero hay otro capítulo por donde los bancos se enriquecen rápidamente, y es por las muchas operaciones de préstamo y devolución de los préstamos que realizan. Ello les permite, disponiendo de un fondo efectivo relativamente pequeño, realizar operaciones hasta diez veces superiores. Hay una verdadera creación de dinero en poder del banquero. El crédito es moneda. y el banquero, al crear crédito crea moneda. Y al crear moneda se enriquece rápidamente. Sabido es que el sector judío, siendo relativamente pequeño en comparación del sector de gentiles que se dedica a la creación de riquezas, maneja sobre todo el poder financiero que se ejerce a través de los bancos. ¿Qué pasa, entonces, en la economía?

Los no-judíos cultivan la tierra, hacen florecer los campos, crean poderosos establecimientos agrícola-ganaderos, levantan industrias, descubren y utilizan nuevas invenciones, hacen surgir de la tierra las verdaderas riquezas, y sin embargo son, en gran parte, miserables deudores.

Los judíos, en cambio, ni cultivan, ni inventan, ni producen, y son los dueños de todo.

Siempre se los ve prendidos al oro; siempre manipulan do mil papeles que se llamarán letras de cambio, cheques, pagarés, acciones, obligaciones, títulos, cuyos secretos sólo ellos conocen; siempre se quedarán con el oro, aun cuando a los demás les dejan estos papeles.

Y ellos, dueños del oro, que es el polo hacia donde todo converge, serán, por lo mismo, dueños de todo el movimiento financiero, de todo el movimiento comercial, de todo el movimiento industrial, de todo el movimiento agrícola-ganadero.

Ellos, que no cultivan un grano de cereal, tienen el monopolio del trigo, del arroz, del lino, del algodón, de la ce bada y de todos sus derivados, del mundo entero; ellos, que no crían una oveja, poseen el monopolio de los ovinos, vacunos, porcinos, y en general, de todas las carnes del mundo entero; ellos, que no explotan ninguna mina, son dueños de los yacimientos hulleros y petroleros; dueños del oro, de la plata, del estaño, del hierro. del cobre, de las fuerzas eléctricas; ellos, que no saben fabricar más que artículos de miserable calidad, controlan las fábricas más importantes de todos los países.

El Espíritu Santo dice en el Eccl. 10, 19, que al dinero obedecen todas las cosas, y los judíos, después de haber creado una economía que está toda ella en función del dinero, del acrecentamiento y multiplicaci6n del dinero como último fin, han sabido quedarse con el dinero. Y así se han quedado con todo, incluso con los gobiernos. Porque como éstos siempre necesitan dinero, siempre son sumisos clientes de los judíos.

Pero, ¿y no podrían los gobiernos romper los lazos en que los tienen prendidos los judíos? Sí podrían, pero ¡es tan difícil! Porque fuera de otras muchas circunstancias, cuya enumeración sería larga, observemos solamente este hecho: los judíos, según les convenga, son nacionales o internacionales.

¿Se trata, pues, de afianzar en el país una industria o productos judíos? Ellos se afanarán por hacerlos figurar Como nacionales o argentinos. Y si se quiere un signo relativamente acertado para conocer la procedencia judía de una fábrica o artículo, se tiene en el rotulo de nacional o argentino que ostentarán.

Pero, en cambio, cuando se los quiere constreñir con leyes o reglamentos que limiten su omnipotencia financiera, invocarán la procedencia belga, inglesa o norteamericana, no dudando hasta exigir la intervención a estos gobiernos en resguardo de sus intereses.

El judío internacional ha creado el capitalismo internacional para tener en sus manos las riquezas internacionales. Werner Sombart ha escrito un voluminoso libro donde documenta con abundancia abrumadora romo los judíos han creado el capitalismo y cómo sin ellos no se podría explicar este régimen económico. (Les juifs et la Vie Economique, traduit del’Allemand avec l’autorisation de l’auteur par le Dr. S. Jankélévitch, Payot, París, 1923). Henry Ford, el célebre rey del automóvil, aporta datos interesantísimos en “El judío internacional”, datos sobre todo relacionados con el poderoso capitalismo norteamericano, que demuestran la influencia jamás sospechada de la Banca judía internacional. Ni se diga que H. Ford ha desmentido su poderoso libro. porque un libro como el suyo, abundantemente documentado. no se desmiente con una simple carta redactada bajo la presión de toda la judería internacional en contra de su industria. Al contrario, esta victoria de la judería en contra de una potencia como Ford es la mejor demostración del poder fantástico de los judíos, amos de las riquezas del mundo.

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Los judíos y la corrupción demoliberal. SEGUNDA PROPOSICIÓN

Con el liberalismo y el socialismo, los judíos, dueños de las riquezas del mundo, envenenan a todos los pueblos, pervirtiendo su inteligencia y corrompiendo su corazón.

El gran beneficiario de la revolución liberal burguesa ha sido el judío. La declaración de los derechos del hombre y del ciudadano se iba a convertir en la declaración de los derechos del judío. No se puede demostrar que la Revolución Francesa, que abrió la puerta de la sociedad a los judíos, haya sido obra directa de ellos. Sin embargo, ellos tuvieron gran parte en el éxito de esta revolución. Después de los estudios de Agustín Cochin (Les Societés de Pensée et la Révolution en Bretagne, Plon, París; La société de pensée et la démocratie, Plon, 1920; La révolution et la libre pensée, Plon, 1924; Les actes du gouvernement révolutionnaire, A. Picard, 1920) ha quedado en claro que a la masonería le cabe parte de primer plano en la Gran Revolución. El prologuista del libro La Franc-Masonnerie Francaise et la préparation de la Révolution (Les presses Universitaires, Paris, 8e. mille), del notorio masón Gastón Martín, reconoce que la masonería, resumiendo en ella el aporte francés de los filósofos y de los economistas el aporte inglés y norteamericano, en fin, el aporte científico, ha sido, en medio del desorden de las instituciones y de los espíritus, una de las piezas maestras de la organización prerrevolucionaria y del orden nuevo, del orden burgués de 1789 . (pág. xv), y añade: El libro de M. Gastón Martín lo demuestra con una claridad luminosa. Si la revolución fue en gran parte obra de la masonería, tiene que haberlo sido igualmente de los judíos, que eran elementos de los más activos en la promoción de logias.

Pero, en fin, sea esto más o menos discutible, lo cierto es que los judíos lograron una influencia preponderante en la sociedad liberal burguesa. En el sector financiero, comercial e industrial alcanzaron posiciones importantes, que pusieron en sus manos el manejo de la riqueza de los países, sobre todo de Francia, y en el sector cultural y educacional lograron un dominio también total.

La influencia desmesurada que habían de lograr en la población las minorías judías habrían de provocar a su vez progroms o persecuciones, o un estado de animosidad que acompaña invariablemente a aquellos predominios. Es interesante leer los volúmenes de Simón Doubnov. Histoire moderne du peuple Juif, Tome 1 (1789-1848) y Tomé 11 (1848- 1914), Payot, París, para seguir esta alternativa de influencia de los judíos y persecuciones de los pueblos a través del siglo diecinueve en los países más diversos como Rusia, Alemania, Austria, Europa central, Francia, etc. Siempre se verifica e] mismo fenómeno. Los judíos, dejados en completa libertad en la sociedad gentil, se apoderan de las posiciones de poder en el campo económico, cultural y político, y someten a toda la sociedad a un alto grado de corrupción de las formas de pensar y de actuar, lo que a su vez determina una fuerte reacción de la opinión pública en su contra.

Pero el demo liberalismo es sólo una etapa en el proceso de disolución de los pueblos. La otra etapa es el socialismo. Y aquí los judíos han tenido una actuación también de primer plano. Que el socialismo sea judaico no sólo se demuestra porque sus prohombres fueran judíos, tales como Marx, Engels, Lasalle, Kurt Eisner, Bela Kun, Trotsky, León Blum, sino, sobre todo, como hace notar el judío Alfredo Nossig (Integrales Judentum, El Judaísmo integral), porque el socialismo y el mosaísmo no sólo no se oponen, sino que, por el contrario, entre las ideas fundamentales de ambas doctrinas hay una conformidad sorprendente (1).

El movimiento socialista moderno -dice- es en su mayor parte obra de los judíos; los judíos fueron los que imprimieron en él la marca de su cerebro; igualmente fueron judíos los que tuvieron parte preponderante en la dirección de las primeras repúblicas socialistas. Sin embargo, los socialistas judíos dirigentes estaban, en su inmensa mayoría, alejados del judaísmo; y a pesar de eso, el papel que desempeñaron no depende de ellos, porque obraba en ellos de una manera inconsciente el principio eugenésico del mosaísmo, y la raza del antiguo pueblo apostólico vivía en su cerebro y en su temperamento social.

El socialismo mundial actual forma el primer estadio del cumplimiento del mosaísmo, el principio de la realización del estado futuro del mundo, anunciado por los profetas.

Por eso es por lo que todos los grupos judíos, cualesquiera que sean, o sionistas o adeptos de la Diáspora, tienen interés vital en la victoria del socialismo, la que deben exigir no sólo por principio y por su identidad con el mosaísmo, sino también por principio de táctica.

Pero, diréis. ¿cómo es posible que el judío forje el socialismo y el capitalismo, dos fuerzas que se contradicen y se eliminan? Muy sencillo. Porque estas dos creaciones están forjadas para los cristianos, ad unum christianorum.

El capitalismo, para robarles lo que tienen: el socialismo, para envenenar a los que no tienen, y así establecer la lucha de clases.

Con capitalismo y pauperismo, con burgueses y proletarios, con liberalismo y socialismo, los judíos han logrado dividir el mundo en dos grandes bandos igualmente perniciosos. Y desde entonces todas las manifestaciones de la vida, culturales, benéficas, gremiales, religiosas, políticas, económicas, llevan el sello de uno u otro bando.

Y el catolicismo, que es la Salud del mundo, que forjó la Cristiandad, queda confinado en una “especie de ghetto”, arrinconado apenas en las sacristías, en los seminarios y conventos.

Las gentes, el público, se han judaizado; los ricos con el liberalismo, los pobres con el socialismo. Todos piensan, odian, aman y danzan a lo judaico. Todos se sienten libres, es cierto. Libres para ser manejados como títeres por el astuto poder de los hijos de Israel. Todos libres, pero ninguno piensa sino por el cerebro judaizado de su diario, de su libro, de su revista. Todos libres, pero ninguno odia ni ama sino a través de la artista o del actor judaizado del cine. Todos libres, pero sus ideas políticas, económicas, religiosas, filosóficas han sido preparadas e impuestas por los judíos.

Cuán exactas las palabras de un diario inglés (Jewish World, 9 febrero-1863) cuando dice: El gran ideal del judaísmo es que el mundo entero esté imbuido de la enseñanza judía y que en una fraternidad universal de las naciones -un judaísmo hecho más grande- todas las razas y religiones separadas desaparezcan.

Por su actividad en la literatura y en la ciencia, por su pasión dominante en todas las ramas de la actividad pública, están en tren de hacer vaciar gradualmente los pensamientos y los sistemas no-judíos en moldes judíos.

Hace años ya que se escribía esto… Hoy las cosas marchan muy avanzadas en favor de Israel.

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Los judíos y el comunismo. Hoy se plantea clara nuestra. TERCERA PROPOSICIÓN

Que con el comunismo los judíos exterminan a sus opositores y sujetan a los cristianos a un yugo de esclavos imposible de romper.

Porque el comunismo es típicamente judaico, y ha sido y es financiado con el dinero judío.

Está comprobado quién es el que ha proporcionado, al menos como agente directo, el oro que ha favorecido, fraguado y financiado la Revolución Soviética en Rusia: Jacobo Schiff, jefe de la fabulosa Banca Kuhn, Loeb and Co., fallecido en octubre de 1920.

A. Netchvolodow ha demostrado en su libro L’Empereur Nicholas II et les juifs cómo Jacobo Schiff adelantó fondos al Japón para la guerra con Rusia, cómo Schiff financió la propaganda revolucionaria entre los prisioneros de guerra rusos internados en Japón, cómo Schiff, el 14 de febrero de 1916, promete dinero a los revolucionarios rusos residentes en Nueva York, y cómo el mismo Schiff, según la relación secreta del Alto Comisario francés en Washington a su gobierno, en la primavera de 1917 proporciona subsidios a Trotsky para establecer en Rusia el comunismo.

Leamos parte de esta relación secreta, extraída de los archivos de una de las principales instituciones gubernamentales de la república francesa y que fue publicada por vez primera en el número 1, del 23 de septiembre de 1919, en el diario “A Moscú”, -editado en Rostow-sobre-el-Don.

Dice así:

I. – En febrero de 1916 se supo por primera vez que se tramaba una revolución en Rusia; se descubrió que las personas y casas infrascritas estaban comprometidas en esta obra de destrucción:

1. Jacobo Schiff, judío.

2. Kuhn, Loeb and Cº, casa judía.

Dirección:

Jacobo Schiff, judío

Félix Warburg, judío

Otto Kahn, judío

Mortimer Schiff, judío

Jerónimo H. Hanauer, judío.

3. Gugenheim, judío.

4. Mar Breintung, judío.

Apenas hoy duda que la revolución rusa, que estalló un año después de la información antedicha, fue lanzada y fomentada por influencias claramente judías. De hecho, Jacobo Schiff hizo una declaración pública en abril de 1917 diciendo que gracias a su apoyo financiero había tenido éxito la revolución rusa.

II. – En la primavera de 1917 comenzó Jacobo Schiff a pedir al judío Trotsky ayuda para hacer la revolución social de Rusia…

De Estocolmo, el judío Mar Wartburg comanditaba igual mente a Trotsky y compañía, y asimismo pedía ayuda al sindicato Westfaliano-Renano, importante negocio judío, lo mismo que al judío Olef Aschberg, de la Nye Banken de Estocolmo, y al judío Jivotovsky, cuya hija se casó con Trotsky. Así se establecieron las relaciones entre los multimillonarios judíos y los judíos proletarios.

III. – En octubre de 1917 la revolución social tuvo lugar en Rusia, gracias a la cual ciertas organizaciones de los soviets tomaron la dirección del pueblo ruso. En estos soviets se destacaron los individuos siguientes: (sigue una lista de 29 judíos y de Lenín, ruso de madre judía).

IV. – Si observamos el hecho de que la firma judía Kuhn, Loeb and Co. está en relaciones con el Sindicato Westfaliano-Renano, firma judía de Alemania; los hermanos Lázare, casa judía de París; y también la casa de banca Ganzburgo, casa judía de Petrogrado, Tokio y París; si observamos además que esos negocios judíos están en estrechas relaciones con las casas judías de Speyer y Cía., de Londres, Nueva York y Frankfurt, lo mismo que con la Banca Nye, negocio judío bolchevique de Estocolmo, se verá que el movimiento bolchevique como tal es, en cierta medida, la expresión de un movimiento general judío, y que ciertas casas de banca judías están interesadas en la organización de este movimiento.

Los aliados han obtenido una maravillosa victoria sobre el militarismo alemán. De las cenizas de la autocracia ale mana se levanta una nueva autocracia mundial… es el imperialismo judío, cuyo propósito final es establecer la dominación judía sobre el mundo.

La judería internacional se organiza febrilmente, agrupándose, esparciendo sus doctrinas envenenadas, realizando enormes sumas de dinero… e invirtiendo enormes sumas para su propaganda.

Hasta aquí algunos fragmentos de este interesantísimo documento.

Yo creo que cuanto más profunda y universalmente se estudie al judío, más ha de afianzarse la convicción de que esta raza, que Dios ha querido junto a los pueblos cristianos como agente de la iniquidad, puesta para acechar, está efectuando con indefectible seguridad la revancha sobre estos mismos pueblos; es clarísimo el lento pero progresivo avance del judaísmo sobre los pueblos cristianos. Cada etapa de descristianización es un nuevo jalón en la judaización. Y el comunismo señala como el término, el acabamiento de la emancipación de los judíos y el triunfo del judaísmo, en palabras de una revista judía (Vu, abril 1932) porque ha sido realizado por los judíos, y más que esto, porque el comunismo es el sometimiento efectivo de una multitud de cristianos a la minoría judía.

El capitalismo, en la mente judía, no es más que una etapa transitoria que ha de terminar forzosamente en el nivelamiento igualitario que se logra en el comunismo. De aquí que el judío Walter Rathenau, el magnate de las finanzas y de la industria alemana, uno de los hombres más poderosos del mundo, haya podido escribir:

La fórmula oratoria de la Revolución Rusa es la humanidad. Su deseo secreto: dictadura (provisoria) del proletariado y anarquismo idealizado. Su plan práctico en el porvenir, supresión de la estratificación europea, bajo la forma política de repúblicas socializadas.

Después que durante siglos nuestro planeta ha edifica do, acumulado, conservado, preservado los tesoros materiales e intelectuales para servir para el gozo de algunos, he aquí que llega el siglo de las demoliciones, de la destrucción, de la dispersión, del retorno a la barbarie…

Con todo, no sólo debemos recorrer la ruta sobre la que hemos entrado, sino que queremos recorrerla. (Le Kaiser).

El hecho cierto es que las sangrientas convulsiones operadas en Rusia, Hungría y Baviera, y después en España, tienen todos los caracteres de una tragedia tramada y ejecutada por los judíos, con hombres tan sombríos como Lenin, Trotsky, Bela Kun y Janos Kadar.

Y desgraciadamente los hombres de raza judía no sólo han desempeñado un papel en el desarrollo de la revolución bolchevique, sino que han sido los principales actores en cada uno de los peores crímenes de esta revolución. En los anales del terrorismo hay cuatro nombres que surgen siniestramente: Jankel Yurovski, el monstruo que asesinó a los once miembros de la familia imperial en los sótanos de la casa Ipatief en Yekaterinburgo, incluso las cuatro hijas del zar; Moisés Uritsky, el primer ,ejecutor en jefe de la Tcheka; Bela-Kun, el verdugo de Budapest y de Crimea; Djerdinsky, el ejecutor general de la Tcheka. De estos cuatro nombres, ni uno solo es ruso; uno de los cuatro, polaco; los otros tres, judíos. (Ch. Sarolea, Impression of soviets, Rusia).

Que el comunismo, como filosofía revolucionaria de Marx y como praxis implantada en Rusia, sea creación de los judíos no significa que estos mantengan actualmente la iniciativa y el poder que tuvieran en los primeros lustros de la revolución del 17. El curso de los acontecimientos ha seguido allá un camino muy accidentado y, aunque los judíos, bajo nombres rusos, tienen todavía poder, éste ha declinado mucho, sobre todo después de 1947, en que se rompe la alianza de los dos bloques. Aunque todavía está en vigor en la legislación soviética diez años de prisión contra el que injuria a un judío, se puede sostener que, en general, predomina en la Rusia actual un sentimiento anti-judío. Y, por otra par te, aunque los judíos continúan promoviendo el comunismo prefieren verlo realizado en otras formas que en la rusa. No es difícil advertir que en la aspiración de los judíos el comunismo sionista comienza a desplazar al ruso. Si la Pro videncia no dispone otra cosa, pareciera que el Estado de Israel hubiera de encabezar un nuevo comunismo mundial.

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El imperio universal judaico

¿Y junto con el comunismo qué otra cosa quieren los judíos? El imperio universal de su raza sobre los pueblos amansados, con Jerusalén por capital del mundo. Éste es el sentido del movimiento sionista, el cual quiere la reintegración de los judíos en Palestina, no para que la nueva Judea englobe la totalidad de los judíos, sino para que la creación de un centro judío sea a modo de un hogar común que comunique la impulsión necesaria a la mayoría de judíos que permanecerían en su patrias de adopción. (G. Batault, Le Probleme Juif).

Entonces el sueño dorado de los judíos será una realidad. Porque cuando los judíos sean dueños del mundo, con Jerusalén por capital, entonces, sueñan, ha de venir el Mesías, el gran conquistador que hará “a todas las naciones del mundo esclavas de los judíos” (Drach, De l’harmonie entre l’Eglise et la Synagogue) y que recibirá los dones de todos los pueblos y sólo rehusará el de los cristianos.

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Mixtura de judíos y de cristianos

¿Qué hay de verdad en estas pretensiones judaicas? ¿Lograrán esta dominación universal? ¿En qué medida? He aquí un problema difícil, cuya solución exigiría detenido examen. Es mejor omitir su tratado.

Lo que sí se puede decir es que hoy todas las fuerzas del mal que se han ido engendrando, consciente o inconscientemente, desde el Renacimiento hasta aquí, paganismo del Renacimiento, protestantismo, racionalismo, capitalismo, liberalismo, laicismo, socialismo, comunismo, todas ellas trabajadas por el virus del odio a Cristo y a su Iglesia, se están movilizando en un frente único…. frente compacto, arrollador… y estas fuerzas están satánicamente comandadas por la Franc-masonería y sobre todo por el Judaísmo. Los judíos, desde el Gólgota hasta aquí, no han abandonado su tarea de crucificar a Cristo. Ahora como entonces, ellos han tramado en el secreto su plan diabólico que los gentiles han de ejecutar… Y están ejecutando. La lucha se establece, entonces, terrible, decisiva, entre el Judaísmo y el Catolicismo. Muchos dicen entre Moscú y Roma. Pero Moscú no ha sido más que un simple cuartel del Judaísmo Universal. La estatua que allí se ha querido levantar a Judas es todo un símbolo.

La lucha se entabla furiosa entre Ismael e Isaac, entre Esaú y Jacob, entre Caín y Abel. Caín está por asestar el golpe mortal sobre su hermano Abel. El judío, que fue siervo de la Iglesia, está logrando la revancha absoluta sobre su antiguo amo.

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¿La logrará? ¿Vencerá Goliat a David?

Dios lo sabe. Pero unos son los planes de los hombres y otros son los planes de Dios. Y Dios sabe dirigir y encaminar los aciertos y desaciertos de los hombres para realizar sus fines secretísimos.

No hay duda que la mixtura de judíos y de cristianos, que se viene operando desde el Renacimiento, es perniciosa, porque la cizaña no se debe sembrar con el trigo, y esta mixtura nos tiene ahora abocados a una colisión catastrófica, cuyo desenlace es difícil presagiar.

Pero si Dios la permitió, algo bueno se ha de poder sacar de esta mixtura.

¿Y qué bien puede sacar de ella el Señor?

En primer lugar, hacer expiar a las naciones cristianas sus impiedades de siglos, para que vuelvan contritas al Señor. Dios no llamó a los beneficios de la fe a los pueblos bárbaros para que éstos se entregaran a las idolatrías y abominaciones de los tiempos modernos. Los pueblos cristianos, con Francia, la hija primogénita de la Iglesia a la cabeza, debían ser los heraldos de la Fe y del Amor cristiano entre los pueblos de Oriente y Occidente, para que en toda la tierra fuese conocido e invocado el nombre del Señor. En cambio, han sido los heraldos del pecado.

Hay que expiar, entonces, estas culpas. Y así como el pueblo judío, que renegó de Cristo, fue entregado al cautiverio oprobioso de los otros pueblos, así ahora los gentiles conoceremos el oprobio de la esclavitud judaica.

No olvidemos que Cristo profetizó a los judíos: Vendrán días de venganza… habrá gran apretura e ira sobre la tierra para este pueblo… y caerán al filo de espada, y serán llevados en cautiverio a todas las naciones, y Jerusalén será hollada de los gentiles hasta que se cumplan las tiempos de las naciones. (Lc. 31, 20-24).

Y esta palabra de Cristo se cumplió y se cumple. El año 70 Jerusalén fue cercada por los ejércitos de Tito, el Templo fue incendiado y un millón 100.000 judíos fueron masacrados y otros 97.000 llevados prisioneros (Josefo, De Bello Judaico), y, desde entonces el judío anda errante, hecho oprobio y baldón de todos los pueblos, siendo un testigo inicuo de Cristo, Rey de los Siglos.

Si los judíos fueron castigados, ¿los pueblos descristianizados quedarán sin castigo?

Pero castigo éste que ha comenzado ya… porque ayer fue Rusia y mañana el mundo… castigo que seria para todos, para judíos y cristianos; para ambos, porque ambos llevan siglos de espantosas impiedades.

Castigo espantoso y saludable, en el que la Justicia purificará y la Misericordia forjará apóstoles de santidad.

Creo que sin vocación de profeta es fácil prever que la humanidad ha de caer bañada en una ola general de sangre purificadora… sangre de los cismáticos rusos para expiar sus doce siglos de apostasía de Cristo, que está allí donde está Pedro; sangre de los herejes protestantes para lavar las felonías de cuatro siglos de maquinaciones anticristianas: sangre de los pueblos católicos que como viles rameras se han prostituído vergonzosamente, y ¡qué espléndido instrumento el judío en la mano de Dios para ser el verdugo de estos pueblos que trocaron la grandeza de la Cruz por la grandeza de Babel!… ¡Ah, pero también puede Dios suscitar un nuevo Atila (si no lo suscitó ya) que a judíos y a descristianizados los oprima como a la uva en el lagar!. ..

Todos tienen que ser purificados… ¿y después? Después surgirán hombres de santidad, judíos y cristianos, va rones llenos del cristianismo auténtico, de aquella fe y de aquella caridad cristiana de que estaban llenos los apóstoles y los mártires… No será posible el cristianismo falso y mentiroso de un siglo hipócrita; sólo después de la purificación se podrá efectuar la reconciliación de judíos y cristianos, de Esaú y de Jacob.

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Filadelfia, unión de hermanos

No olvidemos que es doctrina católica de fe, enseñada explícitamente por San Pablo, que cuando a todas las naciones llegue el conocimiento de la fe, el pueblo de Israel se convertirá en masa y será un hecho Filadelfia, o sea la unión de los Hermanos.

En el dolor común de un común castigo entenderemos judíos y cristianos que somos hermanos, hermanos en Aquel que fue prometido a Abrahán, a Isaac, a Jacob. Aquel cuya sangre debe correr como signo de bendición en el corazón de todos los pueblos, porque únicamente en Él son benditos todos los linajes de. la tierra.

Si puede ser saludable mi opinión, yo diré que la purificación general de los pueblos que ha de operarse en la próxima colisión catastrófica de las fuerzas del mal sobre las pocas fuerzas que opongan resistencia ha de ser una Efusión del Espíritu de Dios. El Espíritu de Dios, que es fuego ardiente, Ignis Ardens, abrasará a las almas, por entre las llamas de castigos materiales penetrará en ellas y las hará encontrarse profundamente en Aquel que ha dicho: Aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, porque si los hombres todos, judíos y gentiles, nos hemos perdido por la soberbia de nuestra carne, sólo nos podremos salvar en la humildad de Cristo, que no dudó en humillarse hasta los abatimientos de la Cruz.

(1) Aunque sea falsa la afirmación de Nossig de que el mosaísmo sea socialista, sin embargo la cita tiene valor demostrativo en cuanto demuestra que la interpretación judía moderna del mosaísmo concuerda con el socialismo.

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>>CAPÍTULO SEGUNDO<<

>>EL JUDÍO EN EL MISTERIO DE LA HISTORIA<<

>>CAPÍTULO CUARTO<<

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