La violencia y la pornografía han sido dañinas para las mujeres, las familias y la sociedad

Título: La violencia y la pornografía han sido dañinas para las mujeres, las familias y la sociedad
Autor: William Bole
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Aviso: Este artículo contiene información sobre la sexualidad de naturaleza escabrosa que no es apta para menores de edad ni para otras personas moralmente vulnerables a este tema.

Vino de un hogar cristiano y sólido. Sin embargo, desde niño comenzó a obtener revistas pornográficas de la bodega o de la farmacia local. Eso le estimuló el deseo hacia la literatura pornográfica de contenido más violento y gráfico. En su mente adulta, la sexualidad quedó atada a la violencia.

Esa es la primera parte de la historia de Ted Bundy. La segunda parte ha llegado a ser más conocida. Se trata de una historia de asesinatos en serie.

Bundy es el asesino que fue condenado por violar y matar a un sin número de niños. En 1989 fue ejecutado en el Estado de la Florida por el asesinato masoquista de Kimberly Leach, de 12 años de edad.

La obsesión de Bundy con la pornografía infantil fuerte y violenta se conoce menos (debido al temor) que sus horripilantes crímenes. Sin embargo, muchos sospechan que la primera y la segunda parte de las historia de Bundy están conectadas en una relación de causa y efecto. Es decir, el material pornográfico le preparó el camino.

Para los expertos y activistas, la historia de Bundy no es otra cosa que otro horripilante dato que forma parte de la creciente evidencia de que la pornografía tiene sus consecuencias. La cuestión más preocupante se centra en el impacto que tiene la pornografía fuerte en las mujeres y los niños. Ellos son, junto a sus matrimonios y familias respectivas, las víctimas más frecuentes de la pornografía. Víctimas reales como Kimberly Leach.

En una entrevista extraordinaria en la víspera de su ejecución, el hombre que confesó haberla asesinado, describió un perturbador cuadro del camino recorrido por él, cuyo comienzo había sido la pornografía. “Soy totalmente responsable de todas las cosas que he hecho,” le dijo Bundy al psicólogo James Dobson. El Dr. Dobson dirige la organización Enfoque en la Familia y también fue miembro de la Comisión sobre la Pornografía de 1986 del Fiscal General de Estados Unidos. Bundy añadió que una vez que se hizo adicto a la pornografía, “seguía buscando materiales más potentes, más explícitos, más gráficos…Sigues queriendo algo que sea más fuerte, más fuerte, hasta que llegas a un punto donde la pornografía ya no da más”. Y continuó:

“Llegas al borde del abismo, donde comienzas a preguntarte si a lo mejor el hacerlo te va a dar aquello que está más allá de lo que estás viendo o leyendo”.

Hay víctimas de la pornografía que han sobrevivido que dicen haber aprendido siniestras lecciones acerca de “aquello que está más allá de lo que estás leyendo”.

Cada día, docenas de mujeres se ponen en contacto con “Basta Ya” (“Enough is Enough”), una organización secular no partidista de mujeres, dedicada a la erradicación de la pornografía fuerte. Algunas llaman para compartir sus experiencias de abuso sexual y violento. Otras cuentan cómo sus matrimonios han fracasado y sus familias han sido destrozadas.

Donna Hughes, portavoz de la organización, cuya sede está en Fairfax, Estado de Virginia, Estados Unidos, dijo que las imágenes pornográficas han invadido la intimidad de la vida marital. “Como nos contó una mujer, ‘Cuando mi esposo y yo usábamos la pornografía, sentía que ésta era su amante’. No era ella a quien él le respondía [sexualmente], sino a las mujeres de la pornografía,” dijo Hughes. “La pornografía degrada a las mujeres y los niños, y ellos no son las únicas víctimas. Ha habido hombres que nos han llamado y nos han preguntado:

‘Soy adicto a la pornografía. ¿Dónde puedo encontrar ayuda?’.”

A las activistas como Hughes les preocupa más la pornografía fuerte, también llamada obscenidad, que es ilegal y no está protegida por las leyes a favor de la libertad de expresión. Pero tampoco consideran inocua, sino todo lo contrario, el otro tipo de pornografía, la pornografía “suave”, de las revistas Playboy y Penthouse.

“Playboy y Penthouse son la mariguana que lleva al ‘crack’ y a la cocaína de la pornografía fuerte y de la pornografía infantil,” dijo el Reverendo Jerry R. Kirk, presidente de la Coalición Nacional para la Protección de los Niños y las Familias (National Coalition of the Protection of Children & Families), con sede en Cincinnati, Estado de Ohio, Estados Unidos. La Comisión de 1986 del Fiscal General concluyó su estudio sobre la pornografía diciendo que “la pornografía no violenta estimula el deseo hacia formas violentas”.

En 1987, el psicólogo P. E. Dietz y el abogado de asuntos criminales Alan Sears, examinaron 5.132 libros, revistas y películas que se vendían en librerías para adultos de tres ciudades distintas. Sus pesquisas dieron como resultado que menos del 5% de los materiales fuertes mostraban el acto sexual entre un hombre y una mujer. Más frecuentes eran los casos de “bestialidad, tortura, simulación de incesto, y cautiverio,” dijeron los investigadores.

Según Hughes, la experiencia ha mostrado que conforme el material pornográfico se vuelve más fuerte y violento, así se vuelve el comportamiento. Dijo que su organización constantemente se entera de las víctimas de crímenes sexuales, que dan testimonio personal sobre el vínculo entre la pornografía y la violencia. “Cuando hablamos con las víctimas del abuso, nos dicen que la pornografía fue usada de forma habitual en el abuso contra ellas. Los que abusan sexualmente de los niños, muchas veces la usan para tratar de estimular a los niños, o graban vídeos del abuso sexual y usan ese material como pornografía infantil,” dijo Hughes.

Pocos dudarían de que los que cometen abusos sexuales han utilizado la pornografía en la ejecución de sus crímenes. Sin embargo, hay algunos que todavía tienen una opinión benigna de la pornografía. La mayoría de las veces los defensores más ardientes de la libertad de expresión, tienden a considerar los materiales pornográficos como una forma inocua de diversión. Más aún, hay grupos a favor de las libertades civiles que alegan que la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que garantiza entre otras cosas la libertad de expresión, debe proteger una buena parte de lo que se considera pornografía fuerte.

Para los que luchan contra la pornografía, no existen los videntes inofensivos de “Bleed Little Girl Bleed” (“Sangra, niñita, sangra”), “Kiddie Killer” (“El asesino de niños”) o “Little Boy Snuffed” (“El niñito asesinado”), películas que han sido enjuiciadas en años recientes. Esta convicción ha sido confirmada por un número de estudios que han surgido durante la última década y que resumimos a continuación:

— Un panel del Congreso de Estados Unidos concluyó que la característica más predecible de los abusadores sexuales de niños es su obsesión con la pornografía infantil. “La pornografía infantil juega un papel central en los abusos sexuales de niños en Estados Unidos, sirviéndoles a los abusadores para ‘justificar’ su conducta, asistiéndoles en la seducción de sus víctimas y proporcionándoles un medio para chantajear a los niños que han abusado sexualmente, para así lograr la exhibición de dichos abusos,” dijo un informe de 1986 del Subcomité Permanente para la Investigación de la Pornografía Infantil y la Pedofilia del Congreso de Estados Unidos (U.S. Congress Permanent Subcommittee on Investigations of Child Pornography and Pedophilia).

— El 86% de los violadores estudiados por investigadores canadienses en 1985, se describían a sí mismos como usuarios regulares de la pornografía. El 57% confensó haber imitado escenas pornográficas en la ejecución de sus crímenes, según el informe de la Universidad de Queens en Kingston, Estado de Ontario, Canadá.

— Durante la entrevista que les hizo el FBI (Oficina Federal de Investigaciones de Estados Unidos) en 1981, el 81% de los asesinos masoquistas en serie dijeron que la pornografía fuerte era su “mayor interés sexual”. Uno de los entrevistados por el FBI era James Vachuska Jr, de Shreveport, Estado de Louisiana. Después de raptar y violar a una niña de 11 años, le inyectó aire en las venas con una jeringuilla vacía, lo cual es fatal. Luego arrojó el cuerpo desde un puente. Vachuska dijo que la idea se le ocurrió por una película pornográfica que vio.

Estos y otros estudios han ayudado al movimiento contra la pornografía a armarse. Los activistas, sin embargo, confiesan que nadie sabe con absoluta certeza si la pornografía fue lo que hizo que Bundy, o cualquiera de los otros, llevara a cabo sus crímenes.

El mismo Bundy, durante su última entrevista, puntualizó que mientras muchos han sido estimulados por la pornografía, pocos en comparación “han salido a la calle a hacer algo malo”. A esto respondió el Dr. Dobson diciendo:

“Las adicciones son así. Afectan más a unas personas que a otras. Pero existe un porcentaje de personas muy violentamente afectadas por la pornografía fuerte, y usted es evidentemente una de ellas”.

Hughes explica la conexión de la siguiente manera:

“Es como darle gasolina y fósforos a un pirómano. Este tipo de personas ya se siente inclinado a destruir. Y si usted le da los medios, eso lo puede llevar a sobrepasar los límites.”

De esa manera, continúa, la pornografía fuerte ha ayudado a echarle fuego a la epidemia de violencia en las familias norteamericanas y en la sociedad.

Quizás una de las lecciones más alarmantes de la historia de Bundy, es que una tragedia como esta le puede ocurrir a casi cualquier familia. A diferencia de otros que han cometido crímenes sexuales, no se sabe que Bundy haya sido abusado sexualmente de niño. Vino de una familia que oraba y permanecía unida, y que iba a la iglesia todas las semanas. Se desarrolló en lo que sus familiares y amigos consideraban un joven inteligente y normal. Inclusive, se ofreció como voluntario para una línea telefónica de emergencia para la prevención de suicidios.

Bundy, quien se convirtió al cristianismo durante la espera de su ejecución, expresó estos perturbadores pensamientos durante su entrevista final:

“Creo que hay personas que necesitan reconocer que aquellos de nosotros que han sido tan influenciados por la violencia en los medios de comunicación, y en particular por la violencia pornográfica, no son, inherentemente, unos monstruos. Somos sus hijos, somos sus esposos. Y crecimos en familias normales. Y la pornografía puede alcanzar y arrebatarle un niño a cualquier hogar. Me arrebató a mí de mi hogar hace unos 20 ó 30 años atrás, a pesar de la diligencia de mis padres, y ellos sí eran diligentes en proteger a sus hijos. Y aunque el hogar sea un buen hogar cristiano (y nosotros sí tuvimos un maravilloso hogar cristiano), no hay protección contra los distintos tipos de influencia que andan sueltos en una sociedad que tolera [tal violencia].”

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Nota: William Bole es escritor independiente y corresponsal de la costa este de Estados Unidos del periódico católico Our Sunday Visitor. Este artículo fue escrito para el número de octubre de 1995 de SFLI Newsletter, el boletín de la organización Internacional de Seminaristas pro vida en dicho país.

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