Dictados de la Masonería sobre la Comunión y el Santísimo Sacramento

Fragmento tomado del libro ‘La Comunión de pie y en la mano’ del P. Arturo Eloy’, páginas 16, 17, 63-70.

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Las consignas que, ya desde la pasada centuria, ha estado proponiendo la masonería para destruir en poco tiempo la Iglesia, se basan en la destrucción del culto al Santísimo Sacramento. El culto al Santísimo Sacramento -razonan los masones- es el punto central y como el fundamento del culto católico; destruida esta base, el culto católico quedará destruido y todo el edificio del Catolicismo se vendrá por tierra.

“La Eucaristía es lo central en el Catolicismo -dice el Plan Maestro-, no se puede quitar que una vez, porque ningún católico lo aceptaría”.

“Pero propone un plan de ataque que es exquisitamente diabólico: lo primero, quitar lo más posible todo aspecto sagrado a la Eucaristía; que la gente no se arrodille para recibir la comunión, insistiendo en que es una comida y en que hay que hacerla en forma natural. Tomar la comunión en la mano ayudará también a quitarle ese sentido misterioso, divino, sagrado… es una comida… pues tomarla con la mano, normalmente, sin que le den a uno de comer… sólo a los niños les ponen la comida en la boca… y que se use pan común y corriente, sin misterios; que nada suene a sagrado, sino natural; que se coma, que se mastique, que se haga como en la Última Cena de Cristo” (Plan Maestro de la Masonería para destruir a la Iglesia, tal como lo ha sido dado a conocer en Nueva York por el Dr. Jerónimo Domínguez)

Pero los planes de la masonería para destruir el Catolicismo destruyendo el culto de los católicos no podrá realizarse sino desde el interior de la Iglesia, y para ello es indispensable contar con la colaboración de los sacerdotes. De allí la importancia de contar con sacerdotes adeptos a la masonería, sobre todo en los altos puestos de la administración de la Iglesia, porque es allí en donde se dictan las leyes que gobiernan a los católicos desde donde, en caso necesario, podrán ser obstaculizadas todas aquellas disposiciones que pudieran entorpecer los planes masónicos.

Tenemos un indicio de que sacerdotes adeptos a la masonería ya han logrado infiltrarse en los altos cargos de la Iglesia en el hecho evidente de que la comunión recibida de pie y en la mano -plan largamente madurado por la masonería- ya ha sido aceptada en los templos.

Copio a continuación algo relacionado con este plan masónico. Es un artículo firmado por Pablo María de la Porción en la revista española ¿Qué Pasa?, número del 26 de abril de 1976.

Dictados de la Masonería sobre la Comunión y el Santísimo Sacramento

¿Cuáles son en realidad las auténticas raíces de este mal (comunión en la mano, recibida de pie, etc.)? Hurgando más, y con documentos fehacientes en la mano, les diré que en los años 1928 y 1929, las circunstancias de la vida hicieron que cayeran en mis manos, y pude examinarlos de cerca, documentos masones altamente comprometedores, tanto en lo político como en lo religioso. Entre los varios que tuve ocasión de examinar, citaré la obra La Création, de Jaques de Boyer (1820), en la que por primera vez se lee lo del punto “Z” o de convergencia entre un “dios” que se está haciendo y el cosmos que en constante evolución va a su encuentro… Pero lo que más nos interesa ahora es el Epistolario Guaita-Rocá-Encausse. En él aparece una carta fechada en 1888 de Estanislao Guaita (el “Mago Negro” o poeta de Satanás) a Pablo Rocá (la eminencia gris de las logias, super grado 33 de la Masonería) y en uno de sus párrafos, dice así, literalmente (traduzco del francés):

“Hemos de trabajar activamente para lograr que en los templos romanos se comulgue de píe. El día que lo consigamos, nuestro triunfo está asegurado”.

En el mismo año, Pablo Rocá le contesta, y al hacer alusión a dicho párrafo, le dice:

“Estoy totalmente de acuerdo con sus puntos de vista, pero será conveniente pasar rápidamente a una segunda fase, dando el pan en la mano a esos antropófagos fanáticos”.

El ex-canónigo de Perpignan sabe que con la comunión en la mano se arrancará el “fanatismo” (léase fe teologal) del corazón de los romanistas. Estamos ya en 1889 y Guaita le contesta de nuevo:

“Con estos dos logros, el resto caerá como fruta madura, puesto que la Eucaristía es solamente esto: ágape símbolo de filantropía universal”.

Pocos años más tarde, sería el ex-abate Melinge quien escribiera:

“El Presidente de la Asamblea pondrá sobre la mesa ritual el cesto lleno de panes y el jarro lleno de vino, para que los hermanos se sirvan ellos mismos a discreción, puesto que solamente esto es la Eucaristía: ágape-símbolo de filantropía universal”.

Usa los mismos términos que Guaita. Hemos llegado a la fórmula de los maestros francmasones. Así harían triunfar la tesis calvinista.

Cuando a principios del presente siglo los modernistas se acercaron al papá San Pío X pidiéndole la Comunión de pie, alegando ya entonces que los israelitas comieron de pie al cordero pascual, símbolo o promesa de la Eucaristía, el Papa les contestó con esta frase lapidaria:

“Los símbolos y promesas se esperan de pie, más la realidad se recibe ya con amor y de rodillas”.

Y les despachó, porque entre San Pío X y Cristo-Eucaristía no había resquicio alguno por donde pudiera infiltrarse el diablo.

Padre (San) Pío da Pietralcina. Lettere al Padre Spirituale

Un testimonio más que confirma la infiltración de la masonería en la administración de la Iglesia nos lo ofrece el libro titulado Padre (San) Pío da Pietralcina. Lettere al Padre Spirituale. (Edizione Pro Sanctitate. Roma 1970). A este libro dedica un artículo la revista española Iglesia Mundo (número de diciembre del 77). Escribe Francisco González:

Quién fue el Padre Pío (San)

“El Padre (San) Pío de Pitralcina -¿quién lo ignora?- Es el gran estigmatizado de nuestros días, es decir, que las heridas que en su Sagrada Pasión tuvo en sus manos, en sus pies y en su costado Nuestro Señor Jesucristo, las recibió el Padre (San) Pío en estas mismas partes del cuerpo de una manera espontánea y completamente sobrenatural. Fue un gran santo -hizo muchos milagros en vida y continúa haciéndolos después de su muerte…

“El Padre (San) Pío es verdaderamente un hombre de Dios, solía repetir el Papa Benedicto XV”. (Un estigmatizado de nuestros días, por María Winowska, capítulo XIV).

“Citaremos a favor de este gran santo de nuestros tiempos unas palabras del Arzobispo de Milán, Juan Bautista Montini, posteriormente Pablo VI: “Veneradísimo Padre: he oído decir que Vuestra Paternidad celebrará próximamente el 50º aniversario de su ordenación sacerdotal; y me atrevo también yo a felicitarle por las gracias inmensas a Usted concedidas y por Usted dispensadas. Es éste verdaderamente el caso de repetir con alegría y reconocimiento a la bondad de Dios: “Venid, todos los que teméis a Dios, y os contaré cuán grandes cosas ha hecho Dios en favor de mi alma”. ¿Qué diremos de su sacerdocio, favorecido con tantos dones y con tanta fecundidad?…”.

“He aquí lo que escribe el Padre (San) Pío a su director espiritual el 19 de marzo de 1913: “En la mañana del viernes me hallaba todavía en el lecho cuando se me apareció Jesús. Se hallaba de mala traza y desfigurado, y me mostró una gran multitud de sacerdotes religiosos y seculares, entre los cuales se hallaban varios dignatarios de la Iglesia. De ellos unos estaban celebrando, otros iban a celebrar y otros habían celebrado.

“La contemplación de Jesús así angustiado me causó mucha pena, por lo que quise preguntarle el motivo de tanto sufrimiento. No obtuve ninguna respuesta. Pero miraba a aquellos sacerdotes hasta que, como cansado de mirarlos, retiró la vista y, con gran horror mío, pude apreciar que dos lágrimas le surcaban las mejillas. Se alejó de aquellos sacerdotes con expresión de gran disgusto y desprecio llamándolos macellai (carniceros) y, vuelto hacia mí, dijo: “Hijo mío, no creas que mi agonía haya durado tres horas; no, yo estaré en agonía por motivo de las almas más favorecidas por mi, hasta el fin del mundo. Durante el tiempo de mi agonía, hijo mío, no hay que dormir. Mi alma busca una gotita de compasión humana pero ¡ay!, que mal corresponden a mi amor. Lo que más me hace sufrir es que éstos, a su indiferentismo añaden el desprecio y la incredulidad. ¡ Cuántas veces estaba para acabar con ellos si no hubieran detenido mi brazo los ángeles y las almas enamoradas!… Escribe a tu Padre espiritual y refieréle esto que has visto y has oído de mí esta mañana”.

“Jesús continuó todavía, pero aquello que me dijo no podré manifestarlo a criatura alguna de este mundo. Esta aparición me causó tal dolor en el cuerpo, y mayor todavía en el alma, que por todo el día sentí una gran postración, y hubiera creído morirme si el dulcísimo Jesús no me hubiera sostenido. Estos nuestros desgraciados hermanos corresponden al amor de Jesús arrojándose con los brazos abiertos en la infame secta de la Masonería. Roguemos por ellos a fin de que el Señor ilumine sus mentes y toque sus corazones”. (Padre (San) Pío da Pietralcina. Lettere al Padre Spirituale. Edizione Pro Sanctitate. Roma 1970).

Quienes, por dar o permitir dar la comunión en la mano, se exponen a que las partículas consagradas caigan al suelo, en donde serán pisoteadas, se exponen a la ira de Dios.

… las siguientes palabras fueron dirigidas a los obispos de cierto país europeo, y qué voy a transcribir aquí, no porque piense que los obispos de nuestro país sean partidarios de la comunión en la mano, sino porque en algunos templos, seminarios y Casas religiosas se comete esta irreverencia y no se ve que alguien se esfuerce por impedirla.

“Recuerden aquellas palabras terribles que leemos en la Epístola a los Hebreos: “Si el que menosprecia la ley de Moisés, sin misericordia es condenado a muerte sobre la palabra de dos o tres testigos, ¿en cuanto mayor castigo pensáis que será digno el que pisotea al Hijo de Dios y trata como profana la sangre de la Alianza en la que fue sacrificado e insulta al Espíritu de la gracia?” (Hebreos 10, 28-29)…

“Hay obligación de distribuir la comunión de tal modo que salvaguarde la dignidad de un Sacramento ante el cual tiemblan los mismos ángeles…”.

“Téngase en cuenta que una ley inmoral o que facilite el sacrilegio, no puede obligar en conciencia”.

“Señores Obispos, mal hicieron sus Excelencias (y Eminencias) Reverendísimas cuando con su voto dieron luz verde a una práctica que en nuestra tierra suena a sacrilegio. Vuelvan atrás antes de que sea demasiado tarde. No permitan bufonadas blasfemas contra la Eucaristía, que es el mayor tesoro de la Iglesia Católica. Prohíban de una vez está práctica insensata y eviten la posibilidad de cometer nuevos sacrilegios. Recuerdan las palabras de aquel grande Obispo que fue San Gregorio Nacianceno: “No es vergonzoso cambiar de sentimiento y de conducta, sino el obstinarse en el error”. (Manuel Rodes. Presbítero del Rito Bizantino)

Ahora decida el católico con quienes desea cooperar: si con los que tratan de ajustarse a los planes de los enemigos jurados del Catolicismo, o con aquéllos otros que siguen tomando como norma las disposiciones de la Santa Sede…

El católico que quiera conservar hacia el Santísimo Sacramento del Altar aquella devoción del respeto que le inculcaron sus padres y que él mismo sentía cuando fue a recibir su Primera Comunión, deberá llegar a la conclusión de que no debe asistir a ningún templo en donde se dé la comunión en la mano para no verse obligado a presenciar como las Sagradas Especies a cada momento son puestas en peligro de que algunas de sus partículas se queden en la mano del comulgante o vayan a caer al pavimento, en donde serán pisoteadas.

Esperamos que, por la misericordia de Dios, nunca han de faltar en nuestra tierra buenos obispos y buenos sacerdotes que nos ayuden a conservar nuestra fe católica; pero es indispensable pedirle constantemente a Dios esta gracia poniendo por intercesora a la Santísima Virgen de Guadalupe, Madre de la Iglesia y Reina nuestra.

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