4. Historia Natural Veraz (i)

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Título: 4. Historia Natural Veraz (i)
Tomado de DarwinismRefuted.com
Traducción: Alejandro Villarreal de Biblia y Tradición

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Contenido

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i. Introducción

Para algunas personas, la sola mención de la historia natural implica la teoría de la evolución. La razón de esto es la muy agresiva propaganda que se ha llevado a cabo a su favor. Los museos de historia natural en la mayoría de los países están bajo el control de biólogos evolucionistas que también son materialistas, y son ellos quienes describen las exhibiciones que contienen estos museos. Ellos invariablemente describen a las criaturas que vivieron en la prehistoria y a sus fósiles en términos de la teoría darwiniana. Una consecuencia de esto es que la mayoría de las personas piensan que la historia natural es equivalente al concepto de evolución (transformismo).

[Nota del traductor: Materialismo = Doctrina según la cual la única realidad es la materia. (RAE).
Nota adjunta: Se ha puesto entre paréntesis, junto al término evolución y sus formas derivadas, la palabra transformación, debido a que otro de los problemas con esta teoría es el significado real del concepto evolución comparado con el adoptado por esta corriente, que sería el sinónimo de trasformación de una especie en otra. En realidad, evolución sería equivalente al desarrollo y no un simple cambio o transformación. De esta manera, utilizado de forma correcta, todos los seres vivos evolucionan en el sentido que se desarrollan, pero no evolucionan en el sentido que se transforman en algo que no son.]

Sin embargo, los hechos son muy diferentes. La historia natural revela que las diferentes clases de vida surgieron en la tierra, no a través de algún proceso evolucionista (transformista), sino que parecen haber surgido de una sola vez y, desde el principio, con toda la complejidad que los caracteriza hasta nuestros días. Las diferentes especies vivientes aparecieron completamente independientes una de otra, y sin “formas transicionales” entre ellas.

En este capítulo, examinaremos la verdadera historia natural, teniendo como base al registro fósil.

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ii. La clasificación de los seres vivos

Los biólogos clasifican a los seres vivos en diferentes clases. Esta clasificación, conocida como “taxonomía” o “sistemática”, tiene su origen en el siglo XVIII con el científico sueco Carl von Linné (Carlos Linneo) conocido como Linneo (Linnaeus). El sistema de clasificación establecido por Linneo ha persistido y ha sido desarrollado hasta el presente.

Existen categorías jerárquicas en este sistema clasificatorio. Los seres vivos se dividen primero en reinos, como el de las plantas y el de los animales. Los reinos entonces se subdividen en Phylum o categorías (phyla -plural de Phylum-, categories). El Phylum se divide en subgrupos, de arriba hacia abajo la clasificación es la siguiente:

Reino
Clase
Orden
Familia
Género (genus)
Especie

En la actualidad, la gran mayoría de biólogos aceptan que existen 5 o 6 reinos separados. Así como las plantas y animales, ellos consideran como reinos separados: fungi, protista (criaturas unicelulares con núcleo celular, como la amoeba y algunas algas primitivas) y monera (criaturas unicelulares sin núcleo celular, como las bacterias). Algunas veces las bacterias se subdividen en Archaea -arqueobacterias- y Eukarya -eucariontes-, para un total de seis reinos, o en algunas clasificaciones, existen tres “súper reinos” (eubacterias, arqueobacterias y eucariontes). El más conocido de estos tres reinos es, sin duda, el reino animal. Y la gran división dentro del reino animal, como vimos antes, son los diferentes Phyla. En el diseño de estos Phyla se debe tener en mente que cada uno implica estructuras físicas totalmente diferentes. Por ejemplo, los artrópodos (Arthropoda), insectos, arácnidos y otras criaturas con patas articuladas, representan un Phylum en sí mismo, y todos los animales en el Phylum tienen la misma estructura física fundamental. El Phylum llamado Chordata -cordados- incluyen a aquellas criaturas con notocordio (notochord) o, mejor conocida como columna vertebral o espina dorsal. Todos los animales con columna vertebral o espina dorsal, como los peces, pájaros, reptiles y mamíferos, se encuentran en el subphylum de los cordados conocidos como vertebrados.

Existen alrededor de 35 diferentes phyla de animales, incluyendo los moluscos (Mollusca), los cuales incluyen a criaturas de cuerpo blando como los caracoles y los pulpos, o los nematodos (Nematoda), el cual da a entender que son gusanos. La propiedad más importante de estas categorías es, como ya mencionamos, que representan diferentes características físicas. Las características que se clasifican bajo el mismo phylum tienen la particularidad de tener similares estructuras corporales, pero los phyla son muy diferentes unos de otros.

Después de esta información general sobre la clasificación biológica, consideremos ahora la cuestión de cómo y cuando estos phyla aparecieron sobre la Tierra.

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iii. Los fósiles rechazan el concepto de “Árbol de la Vida”

Consideremos primero la hipótesis darwinista. Como sabemos, el darwinismo propone que la vida se desarrolló a partir de un sólo ancestro común, y que todas las variedades posteriores vinieron a través de pequeños cambios. En este caso, la vida debió haber surgido de formas de vida similares y simples. Y según la misma teoría, la diferenciación y complejidad entre los diferentes seres vivos debió haber sucedido en forma paralela, a través del tiempo.

Resumiendo, según el darwinismo, la vida debió parecerse a un árbol, con una raíz común y subsecuentemente separándose en diferentes ramificaciones. Esta hipótesis es constantemente enfatizada en las diferentes fuentes darwinistas, donde el concepto de “árbol de la vida” es frecuentemente empleado. Según este concepto del árbol, la clasificación de las unidades fundamentales de phyla entre los seres vivos se desarrollaron por etapas, como el diagrama adjunto lo muestra. Según el darwinismo, un phylum debió surgir primero y después otro, diferenciándose sólo con pequeños cambios a través de largos periodos de tiempo. La hipótesis darwinista dice que el número de animales en los phyla debió haberse incrementado con el tiempo. El diagrama adjunto muestra el incremento gradual de los animales que componían los phyla, según el punto de vista darwinista.

El "árbol de la vida", dibujado por el biólogo evolucionista Ernst Haeckel en 1866.

Según el darwinismo, la vida debió haberse desarrollado de esta manera, pero ¿es así como realmente sucedió?

Definitivamente no. Al contrario: los animales habrían mostrado sus diferencias y complejidades desde el momento en que aparecieron. Todos los phyla animales conocidos en el presente parecieron haber emergido en un mismo tiempo, a principios de la era geológica conocida como Cámbrica. La era Cámbrica es un periodo geológico que se estima haber durado unos 65 millones de años, aproximadamente hace unos 570 a 505 millones de años. Pero el periodo de la abrupta aparición de los grupos animales más importantes encaja en un tiempo mucho más corto durante la era Cámbrica, frecuentemente referida como la “explosión cámbrica”. Stephen C. Meyer, P. A. Nelson y Paul Chien en un artículo del año 2001, basado en una investigación detallada del mismo año, hacen la siguiente observación: “La explosión cámbrica ocurrió dentro de una ventana extremadamente estrecha de esa era geológica, durando no más de 5 millones de años” [56].

El registro fósil niega la historia de la evolución. La teoría de la evolución sostiene que los grupos de seres vivos -phyla- se desarrollaron a partir de un ancestro común y crecieron aparte al paso del tiempo. El diagrama adjunto afirma: Según Darwin, los seres vivos crecieron separándose unos de otros como las ramas de un árbol.

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Pero el registro fósil muestra todo lo contrario. Como puede verse en el diagrama adjunto, los diferentes grupos de seres vivos parecieron surgir súbitamente con sus estructuras diferenciadas. Aproximadamente 100 phyla surgieron repentinamente durante la era Cámbrica. Subsecuentemente, el número de estos decreció en lugar de aumentar, debido a que algunos phyla se extinguieron.

Antes de esto, no existen rastros en el registro fósil de nada, excepto de algunas criaturas unicelulares y unas pocas criaturas primitivas pluricelulares. Todos los phyla animales parecen haber surgido completamente formados y al unísono, en un periodo de tiempo muy corto, representado por la explosión cámbrica, ¡5 millones de años es considerado un periodo de tiempo muy corto, en términos geológicos!

Los fósiles encontrados en las rocas durante el Cámbrico pertenecen a criaturas muy diversas, como caracoles, trilobites, esponjas, medusas de mar, estrellas de mar, etc. La mayoría de las criaturas de este estrato muestran ya complicados sistemas y estructuras avanzadas, como ojos, branquias y sistemas circulatorios, tal y como los de los especímenes modernos. Estas estructuras son al mismo tiempo muy avanzadas y muy diferentes.

Richard Monastersky, un escritor de la revista “Science News” (Noticias de la ciencia), afirma lo siguiente acerca de la “explosión cámbrica”, la cual representa un callejón sin salida para la teoría de la evolución:

“Hace unos 500 millones de años… súbitamente aparecieron formas de animales sorprendentemente complejas y que podemos observar en la actualidad. Este momento, fechado en los primeros años de la Tierra durante la era Cámbrica, hace unos 550 millones de años, marca la explosión de un desarrollo que llenó los mares del mundo con las primeras criaturas complejas” [57].

El mismo artículo también cita a Jan Bergström, un paleontólogo quien ha estudiado los depósitos más antiguos de la era Cámbrica en Chengjiang, China, y dice así: “La fauna de Chengjiang demuestra que el gran phyla animal de la actualidad estaba presente ya en las primeras épocas del Cámbrico y que ya se distinguían unos de otros tal y como se distinguen hoy” [58].

Esta ilustración retrata las complejas estructuras de los seres vivos de la era Cámbrica. El surgimiento de tales criaturas diferenciadas y sin ancestros predecesores invalida completamente la teoría darwinista.

¿Cómo es que la Tierra fue poblada con tal número de especies animales de una forma súbita?, y ¿cómo estos distintos tipos de especies sin ancestros comunes pudieron haber emergido?, son preguntas que permanecen sin respuesta de los evolucionistas. El zoólogo de la Universidad de Oxford, Richard Dawkins, uno de los más feroces defensores del evolucionismo (transformismo) en todo el mundo, comenta sobre esta realidad que amenaza los propios fundamentos de los argumentos que siempre ha defendido:

“Por ejemplo, los estratos rocosos del Cámbrico… son de los más antiguos y en el que ya podemos observar a los principales grupos de invertebrados. Y podemos encontrar a muchos de ellos en un estado avanzado de evolución, en la primera vez que aparecen. Aunque se piensa que fueron plantados ahí, sin ninguna historia de evolución” [59].

Phillip Johnson, un profesor de la Universidad Berkeley de California, quien es también uno de los más famosos críticos del darwinismo, describe la contradicción entre esta verdad paleontológica y el darwinismo:

“La teoría darwinista predice ‘un cono de diversidad en incremento’, donde el primer organismo viviente o las primeras especies animales gradual y continuamente se diversificaron para crear niveles más altos en el orden taxonómico. El registro fósil animal representa más bien a tal cono al revés, con el phyla ya presente desde el comienzo y de ahí en decrecimiento”  [60].

Un fósil de la era Cámbrica.

Como Phillip Johnson ha revelado, muy lejos de que el phyla se haya formado por etapas, en realidad éste se ha manifestado en su totalidad de una sola vez, e incluso algunos de estos phyla se han extinguido en periodos posteriores. Los diagramas adjuntos revelan la verdad que el registro fósil ha evidenciado respecto al origen del phyla.

Como podemos observar, en la era Precámbrica existieron tres diferentes phyla consistentes en criaturas unicelulares. Pero en la era Cámbrica, unos 60 a 100 diferentes phyla animales aparecieron súbitamente. En la era que siguió, algunos de estos phyla se extinguieron y sólo unos pocos de aquella era han llegado hasta nuestros días.

El reconocido paleontólogo Roger Lewin, discute sobre este extraordinario hecho que ha demolido totalmente todas las presunciones darwinistas sobre la historia de la vida:

“Descrito recientemente como ‘el más importante acontecimiento evolutivo de la historia de los metazoos (Metazoa o animales)’, la explosión cámbrica estableció virtualmente todas las formas corporales mayores de animales -Baupläne o phyla- que han existido posteriormente, incluyendo muchos de los ”eliminados” que se extinguieron. Comparados con los aproximadamente 30 phyla existentes, algunas personas estiman que la explosión cámbrica pudo haber generado tantos como 100 phyla [61].

Espinas interesantes: Una de las criaturas que apareció súbitamente durante la era Cámbrica fue Hallucigenia, como muchos otros fósiles del Cámbrico, tiene espinas o caparazón duro para protegerlos de los ataques de sus enemigos. La cuestión que los evolucionistas no pueden responder es: ¿cómo es que pudieron desarrollar tal sistema de defensa en un tiempo en el que supuestamente no existían depredadores? La falta de depredadores de ese tiempo hace imposible responder a la cuestión en términos de la selección natural.

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iv. Los fósiles del esquisto de Burgess (Burgess Shale fossils)

[Nota del traductor: Esquisto = Roca de color negro azulado que se divide con facilidad en hojas. (RAE)]

Lewin continúa llamando a este extraordinario fenómeno de la era Cámbrica, “un acontecimiento evolutivo”, por la lealtad que siente hacia el darwinismo, pero es claro que estos descubrimientos no pueden ser explicados desde una aproximación evolucionista (transformista).

Lo que es interesante es que los nuevos descubrimientos de fósiles de la era Cámbrica hicieron el problema más complicado. En un escrito de febrero de 1999, publicado en la revista ‘Trends in Genetics (TIG)’ (Tendencias de la genética), una importante revista científica, toca este tema. En su artículo sobre el yacimiento de fósiles del esquisto de Burgess, región de la Columbia Británica en Canadá, se revela que estos descubrimientos fósiles, en esta área, no ofrece ningún apoyo a la teoría de la evolución.

El yacimiento de fósiles del esquisto de Burgess es considerado como uno de los más importantes descubrimientos paleontológicos de nuestra época. Los fósiles de muchas y diferentes especies desconocidas del esquisto de Burgess aparecieron en el estrato de forma súbita, sin haberse desarrollado a partir de especies pre-existentes yacentes en capas precedentes. TIG expresa este problema de la siguiente manera:

“Parecería muy raro que los fósiles de una pequeña localidad, sin mencionar lo excitante que es, se posicionen en el centro de un feroz debate tal como el ampliamente conocido sobre la biología evolucionista. La razón de esto es que los animales parecen haber explotado con sorprendente profusión durante el Cámbrico y que es reflejado en el registro fósil, y al parecer, no brotaron de alguna parte. La cada vez más precisa datación radiométrica y los nuevos descubrimientos de fósiles sólo han precisado lo precipitado y encauzado que fue esta revolución biológica [explosión cámbrica]. La magnitud de este cambio en la biota de la Tierra exige una explicación. Aunque se han propuesto muchas hipótesis, el consenso general es que ninguna de éstas es totalmente convincente” [62].

[Nota del traductor: Biota = Conjunto de la fauna y la flora de una región. (RAE)]

Marrella -cangrejo de encajes-: Uno de los interesantes fósiles encontrados en el yacimiento del esquisto de Burgess.

Estas hipótesis “no totalmente convincentes” corresponden a los paleontólogos evolucionistas. TIG menciona a dos importantes autoridades en este contexto, Stephen Jay Gould y Simon Conway Morris. Ambos han escrito libros para explicar “la súbita aparición de seres vivos” desde la posición evolucionista (transformista). Sin embargo, como también es enfatizado por TIG, ni la obra de Gould ‘Wonderful Life’ (Vida maravillosa), ni la obra de Simon Conway Morris ‘The Crucible of Creation: The Burgess Shale and the Rise of Animals’ (El crisol de la creación: El esquisto de Burgess y la aparición de los animales) han provisto de una explicación plausible para los fósiles del esquisto de Burgess o al registro fósil en general del Cámbrico.

Una investigación más profunda sobre la explosión cámbrica muestra el gran dilema que se creó para la teoría de la evolución. Descubrimientos recientes indican que casi todos los phyla, las divisiones animales más básicas, emergieron abruptamente durante el periodo Cámbrico. Un artículo publicado en el 2001 en la revista ‘Science’ (ciencia), dice así:

“Al comienzo del periodo Cámbrico, hace unos 545 millones de años, se observó la súbita aparición en el registro fósil de casi todos los tipos principales de animales (phyla) que dominan la biota actual” [63].

El mismo artículo hace la observación que tal complejidad y distinción entre los grupos de seres vivos, interpretadas por medio de la teoría de la evolución, debería haberse acompañado de descubrimientos de yacimientos donde se mostraran procesos de desarrollo gradual, pero esto no ha sido probado todavía:

“Esta evolución tan diferenciada y dispersa también, debió haber requerido de la historia de los grupos previos, los cuales no se encuentran en el registro fósil” [64].

El cuadro presentado por los fósiles del cámbrico refutan claramente las presunciones de la teoría de la evolución, y proveen de fuerte evidencia al involucramiento de un ser sobrenatural en su creación. Douglas Futuyama, un prominente biólogo evolucionista, admite este hecho:

“Los organismos, o pudieron haber aparecido completamente formados o no. Si no aparecieron así, debieron haberse desarrollado a partir de especies pre-existentes por algún proceso de modificación. Si aparecieron en un estado completamente desarrollado, por supuesto que debieron haber sido creados por alguna inteligencia omnipotente” [65].

El registro fósil indica claramente que los seres vivos no evolucionaron de formas primitivas a formas avanzadas, sino que aparecieron súbitamente y de una sola vez, en un estado formado. Esto provee de la evidencia para decir que la vida no existe a través de ningún proceso natural aleatorio, sino a través de un acto creativo inteligente. En un artículo titulado “the Big Bang of Animal Evolution” (El Big Bang de la evolución animal), publicado en la acreditada revista ‘Scientific American’, el paleontólogo evolucionista Jeffrey S. Levinton parece aceptar esta realidad, aunque sin querer, diciendo “por lo tanto, algo especial y muy misterioso, alguna ‘fuerza’ altamente creativa, existió en ese entonces” [66].

[Nota del Traductor: Es necesario reparar en la necesidad de que los cambios evolucionistas sean aleatorios, azarosos o que en principio no se tenga la “idea” del resultado final, es decir, que supuestamente haya pasado por algún proceso de acierto y error, pues afirmar lo contrario, sería afirmar que en tales cambios existe algún tipo de inteligencia o intención que dirige tales cambios, lo cual sería impensable por el carácter materialista de esta teoría que desea explicar el origen en términos de meros procesos naturales. Al mismo tiempo que la aleatoriedad es una necesidad para la teoría evolucionista es al mismo tiempo un gran obstáculo, pues emplear tiempo en procesos de acierto y error llevaría un tiempo inimaginable donde 500 millones de años serían insuficientes, como lo ha demostrado matemáticamente el astrofísico ateo y crítico del darwinismo Fred Hoyle.]

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v. La comparación molecular profundiza el obstáculo del Cámbrico para la evolución

Otro hecho que pone a los evolucionistas dentro de un profundo dilema respecto del tema de la explosión cámbrica son las comparaciones entre los taxones vivos.

[Nota del traductor: Taxón -plural taxa-, del latín. Grupo de organismos emparentados, que han sido agrupados en una clasificación dada, asignándole al grupo un nombre en latín, una descripción, y un “tipo”, de forma que el taxón de una especie es un espécimen o ejemplar concreto.]

Los resultados de estas comparaciones revelan que los taxones animales considerados “parientes cercanos” por los evolucionistas, hasta hace muy poco, son, de hecho, genéticamente muy diferentes, lo que hace que la hipótesis de la “forma intermedia” sólo exista en teoría e inclusive de forma muy dudosa. En un artículo publicado en ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ (Procedimientos de la Academia Nacional de las ciencias) de EEUU, del año 2000, se reporta que los recientes análisis de ADN han reacomodado los taxones que se consideraban “formas intermedias” en el pasado:

“El análisis de la secuencia de ADN ha dictaminado que se debe realizar una nueva interpretación de los árboles filogenéticos. Los taxones que alguna vez se pensó que representaban gradaciones sucesivas de complejidad en la base del árbol de los metazoos, han sido desplazados a posiciones mucho más elevadas dentro del árbol. Esto no nos lleva a los ‘intermediarios’ evolutivos y nos obliga a reconsiderar el génesis de la complejidad bilateral” [67].

En el mismo artículo, los escritores evolucionistas hacen la observación que algunos taxones que fueron considerados “intermediarios” entre grupos, como las esponjas, los cnidarios (cnidarians) y ctenóforos (ctenophores), ya no pueden ser considerados así debido a los nuevos descubrimientos genéticos. Estos escritores dicen que han “perdido la esperanza” de construir tales árboles evolutivos:

“El nuevo fundamento de la filogenia molecular tiene muchas e importantes implicaciones. Entre las más destacables es la desaparición de los taxones ‘intermedios’ entre las esponjas, cnidarios, ctenóforos, y el último ancestro común de los bilaterales [animales con simetría bilateral] o ‘Urbilateria’… Una conclusión es que tenemos una gran brecha en el camino hacia la Urbilateria. Hemos perdido la esperanza, algo muy común en el viejo razonamiento evolucionista, de reconstruir la morfología del “ancestro celomado” (coelomate ancestor) a través de un escenario que involucre grados sucesivos de complejidad en incremento, fundamentado en la anatomía de linajes vivientes ‘primitivos’.” [68].

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vi. Trilobites versus Darwin

Una de las especies más interesantes, de las muchas y variadas que súbitamente aparecieron durante la era Cámbrica, son los ya extintos trilobites. Los trilobites pertenecían al phylum de los artrópodos, y eran criaturas muy complejas con caparazones duros, cuerpos articulados y órganos complejos. El registro fósil ha hecho posible el llevar a cabo detallados estudios de los ojos de los trilobites. El ojo del trilobite está constituido de cientos de pequeñas facetas, y cada una de éstas contiene dos capas de lentes. Esta estructura ocular es una auténtica maravilla del diseño. David Raup, un profesor de geología en las universidades de Harvard, Rochester y Chicago, dijo:

“Los trilobites de hace 453 millones de años utilizaban un diseño óptimo, el cual requeriría un buen entrenamiento en ingeniería óptica y una gran imaginación para desarrollarlo en la actualidad” [69].

Otra ilustración mostrando los seres vivos de la era Cámbrica.

La extraordinaria complejidad manifestada, incluso en los trilobites, es suficiente por sí misma para invalidar al darwinismo, ya que ninguna otra criatura de tal complejidad, con estructura similar, se sabe que haya vivido en periodos geológicos previos, lo cual muestra que los trilobites parecen haber surgido sin ningún proceso evolutivo que los respalde. Un artículo del año 2001 de la revista ‘Science’, dijo lo siguiente:

“Análisis cladísticos de la filogénesis de los artrópodos revelaron que los trilobites, como los eucrustáceos, son ramas pequeñas bastante avanzadas del árbol de los artrópodos. Pero faltan los fósiles de los ancestros de los artrópodos… Incluso si es descubierta evidencia de un origen más temprano, permanece el reto de explicar ¿por qué tantos animales habrían incrementado su talla y adquirido caparazones dentro de un lapso muy corto de tiempo, a principios del Cámbrico?” [70].

[Nota del Traductor: Cladística = La cladística (del griego klados = rama) es una rama de la biología que define las relaciones evolutivas entre los organismos basándose en similitudes derivadas.]

Los ojos del trilobite, con su estructura doble y cientos de pequeñas unidades de lentes, fueron una maravilla del diseño.

Se conocía muy poco sobre la extraordinaria situación de la era Cámbrica cuando Carlos Darwin estaba escribiendo ‘El origen de las Especies’. Sólo después de la época de Darwin fue cuando el registro fósil reveló que la vida pareció haber surgido súbitamente durante la era Cámbrica. Por esta razón, a Darwin le fue imposible tratar ampliamente sobre el tema, en su libro. Pero sí toco este asunto bajo el encabezado: “On the sudden appearance of groups of allied species in the lowest known fossiliferous strata” (Sobre la súbita aparición de los grupos de especies aliadas en el estrato más bajo de fósiles conocido). Ahí escribió lo siguiente sobre la era Silúrica, un nombre que en ese tiempo comprendía lo que hoy conocemos como el Cámbrico:

“Por ejemplo, no me cabe duda de que todos los trilobites del silúrico han descendido de algún crustáceo, los cuales debieron haber vivido mucho tiempo antes de la era Silúrica, y los cuales probablemente difieren en gran medida de cualquier animal conocido… Consecuentemente, si mi teoría es correcta, es indisputable que antes del más bajo estrato silúrico estaría depositado la totalidad del intervalo de la era Silúrica hasta el presente, y representarían vastos periodos de tiempo, tan largos o quizás más prolongados que el de la era Silúrica, y durante este vasto y aún desconocido periodo de tiempo, el mundo se sació de criaturas vivientes. A la pregunta, ¿por qué no se han encontrado estos vastos periodos primordiales?, no puedo dar una respuesta satisfactoria” [71].

Darwin dijo que si su teoría era correcta, vastos periodos antes de los trilobites deberían estar llenos de sus ancestros. Pero ninguna de estas criaturas predichas por Darwin han sido encontradas.

Darwin dijo, “si mi teoría es correcta, la era (Cámbrica) debió estar llena de criaturas vivientes”. Y para la pregunta que desea saber la razón de la ausencia de los fósiles de tales criaturas, el trató de responderla durante toda su obra, utilizando la excusa: “el registro fósil es muy deficiente”. Pero actualmente el registro fósil es muy completo, y éste revela con claridad que las criaturas del Cámbrico no tuvieron ancestros. Esto significa que tenemos que rechazar la oración de Darwin que comienza: “si mi teoría es correcta…”. Las hipótesis de Darwin fueron inválidas, y por esta razón, su teoría es incorrecta.

El registro de la era Cámbrica ha demolido al darwinismo, tanto las estructuras corporales complejas de los trilobites, como la aparición de muchas otras estructuras corporales muy variadas durante el mismo tiempo. Darwin escribió:

“Si numerosas especies, pertenecientes al mismo género  o familia, han comenzado su vida en un mismo tiempo, este hecho podría ser fatal para la teoría de la descendencia con ligeras modificaciones a través de la selección natural” [72].

Esto es, la teoría que es el corazón de su obra. Pero como ya hemos visto antes, unos 60 diferentes phyla animales comenzaron su vida durante la era Cámbrica, todos juntos durante un periodo muy corto de tiempo, sin considerar las categorías más pequeñas, como las especies. Esto prueba que el cuadro que Darwin había descrito como “fatal para su teoría”, es de hecho, el caso real. Aquí yace la razón por la que el paleontólogo evolucionista suizo, Stefan Bengtson, quien ha admitido la falta de eslabones transicionales al describir la era Cámbrica, se ha expresado de esta manera: “Desconcertante (y embarazoso) para Darwin fue este acontecimiento que aún nos deslumbra” [73].

Otro asunto que necesita ser tratado con respecto a los trilobites, es que las partes que conformaban la estructura ocular de estas criaturas de 530 millones de años, han llegado hasta nuestros días sin cambio alguno. Algunos insectos de la actualidad, como las abejas y las libélulas, poseen exactamente la misma estructura ocular [74]. Este descubrimiento constituye otro fatal ventarrón en contra de la teoría de la evolución que afirma que los seres vivos se desarrollaron desde lo primitivo hasta lo complejo.

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vii. El origen de los vertebrados

Como ya hemos dicho al principio, unos de los phyla que súbitamente apareció durante la era Cámbrica es el Chordata o de los cordados, son las criaturas que cuentan con sistema nervioso central contenido dentro de un notocordio o espina dorsal o columna vertebral. Los vertebrados son un subgrupo de los cordados y los vertebrados se dividen en clases fundamentales como los peces, anfibios, reptiles, pájaros y mamíferos, son probablemente las criaturas más dominantes en el reino animal.

Los peces del Cámbrico. Hasta 1999, la cuestión de si cualquier vertebrado estaba ya presente en el Cámbrico se limitaba a la discusión sobre el Pikaia. Pero ese mismo año, un sorprendente acontecimiento profundizó el obstáculo al evolucionismo respecto a la explosión cámbrica: paleontólogos chinos de la fauna de Chengjiang descubrieron los fósiles de dos especies de peces que tenían aproximadamente unos 530 millones de años, pertenecientes al periodo conocido como Cámbrico bajo. Así, fue totalmente claro, que junto con otros phyla, el subphylum Vertebrata o vertebrados, estuvo también presente durante el Cámbrico y sin presentar ancestros evolutivos. Las dos distintas especies de peces del Cámbrico: Haikouichthys ercaicunensis y Myllokunmingia fengjiaoa.

Debido a que los paleontólogos evolucionistas trataron de ver en cada phylum la continuación de otro phylum, ellos afirmaron que el phylum de los cordados -Chordata- había evolucionado a partir de otro de invertebrados. Pero el hecho es que, como todos los phyla, los miembros de los cordados -Chordata- aparecieron durante el periodo Cámbrico, invalidando así esta suposición que se hizo desde el principio. El miembro más antiguo del phylum de los cordados -Chordata-, identificado dentro del periodo Cámbrico, es la criatura marina llamada Pinkaia, cuyo largo cuerpo recuerda a primera vista a una lombriz [75]. Pikaia apareció al mismo tiempo que todas los otras especies del phylum y el cual puede ser propuesto como su antecesor, y sin mostrar formas intermedias entre ellos. El profesor Mustafa Kuru, un biólogo evolucionista turco, dijo en su libro ‘Vertebrates’ (Vertebrados):

“No existe duda en que los cordados evolucionaron de los invertebrados. Sin embargo, la falta de formas transicionales entre los invertebrados y los cordados es lo que causa que las personas realicen muchas presunciones [76]”.

Si no existen formas transicionales entre los cordados y los invertebrados, entonces ¿cómo es posible afirmar que “no existe duda que los cordados evolucionaron a partir de los invertebrados”? Aceptar tal presunción con la falta de evidencia, sin haber satisfecho cualquier duda, con seguridad no es una forma científica de aproximarse a la cuestión, sino que es una aproximación dogmática. Después de esta declaración, el profesor Kuru discute las presunciones evolucionistas respecto al origen de los vertebrados, y una vez más confiesa que el registro fósil de los cordados está lleno de brechas:

“Los puntos de vista expresados sobre el origen de los cordados y la evolución siempre se enfrentan con las sospechas, ya que éstos puntos de vista no se fundamentan en ningún registro fósil [77]”.

Los biólogos evolucionistas algunas veces afirman que la razón por la que no existen registros fósiles concernientes al origen de los vertebrados es debido a que los invertebrados están constituidos de tejidos blandos y consecuentemente no dejarían rastros fósiles. Sin embargo, esta explicación es totalmente ficticia, ya que existe un abundante registro de fósiles de invertebrados. Casi todos los organismos de la era Cámbrica eran invertebrados y decenas de miles de ejemplos de fósiles de estas especies han sido recolectados. Por ejemplo, existen muchos fósiles pertenecientes a criaturas de tejidos blandos en los yacimientos del esquisto de Burgess. Los científicos piensan que los invertebrados fueron fosilizados, dejando intactos sus tejidos blandos, como el caso del esquisto de Burgess, al haber sido cubiertos por lodo con pobre contenido de oxígeno [78].

La teoría de la evolución presupone que el primer cordado, como el Pikaia, evolucionó en un pez. Sin embargo, tal y como el caso general de la supuesta evolución de los cordados, la teoría de la evolución de los peces también carece de evidencia fósil que la respalde. Por el contrario, del registro fósil observamos que todas las distintas clases de peces parecen surgir súbitamente y totalmente formados. Existen millones de fósiles de invertebrados y millones de fósiles de peces, y aún así, ni siquiera existe un sólo fósil intermedio entre ellos.

Robert Carroll admite este obstáculo para el evolucionismo, respecto al origen de muchos taxones entre los primeros vertebrados:

“Todavía no tenemos evidencia alguna de la naturaleza de la transición entre los cefalocordados (cephalochordates) y los craniates. Los primeros conocidos adecuadamente como vertebrados ya exhiben todas las características definitivas de los craniates que podemos esperar que se hayan preservado en fósiles. No se conocen fósiles que documenten el origen de los vertebrados con quijada [79]”.

Otro paleontólogo evolucionista, Gerald T. Todd, admite un hecho similar en un artículo titulado “Evolution of the Lung and the Origin of Bony Fishes” (Evolución de los pulmones y el origen de los peces con huesos):

“Todas las tres subdivisiones de peces con huesos aparecieron por primera vez en el registro fósil aproximadamente al mismo tiempo. Y ya muestran una morfología ampliamente divergente, y están fuertemente acorazados. ¿De dónde se originaron?, ¿qué fue lo que permitió que fueran tan ampliamente divergentes? y, ¿por qué no existen rastros de formas tempranas intermediarias? [80]”.

El origen del pez. El registro fósil muestra que los peces, como otras clases de seres vivos, también aparecieron súbitamente y en posesión de todas sus estructuras únicas. En otras palabras, los peces fueron creados, no evolucionaron.

Clave de la imagen:
1. Fósil de un pez llamado Birkenia, de Escocia. Esta criatura, se estima que tiene unos 420 millones de años, mide aproximadamente 4 centímetros.
2. Fósil de tiburón del género Stethacanthus de unos 330 millones de años.
3. Pez de unos 110 millones de años del yacimiento de Santana, Brasil.
4. Grupo de fósiles de peces de la era Mesozoica.
5. Fósil de un pez de aproximadamente 360 millones de años de la era Devónica, llamado Osteolepis panderi de unos 20 centímetros de largo y que recuerda a los peces actuales.

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viii. El origen de los tetrápodos

Cuadrúpedos o tetrápodos es el nombre general dado a los animales vertebrados terrestres. Anfibios, reptiles, pájaros y mamíferos se incluyen en esta clase. La presunción de la teoría de la evolución respecto a los cuadrúpedos sostiene que estos seres vivos evolucionaron de peces que vivían en el mar. Sin embargo, esta afirmación contiene contradicciones, en términos, tanto fisiológicos como anatómicos. Aún más, no existe fundamento alguno en el registro fósil.

Un pez tendría que sufrir grandes modificaciones para adaptarse a la vida terrestre. Básicamente tendrían que cambiarse sus sistemas respiratorio, excretor y esquelético. Las branquias tendrían que cambiarse por pulmones, sus aletas tendrían que adquirir rasgos de pies de tal manera que pueda soportar el peso del cuerpo, los riñones y todo el sistema excretor tendrían que transformarse para trabajar en un ambiente terrestre, y la piel necesitaría adquirir una nueva textura para prevenir la pérdida de agua. A menos que todas estas cosas, en principio, sucedieran, un pez sólo podría sobrevivir unos minutos fuera del agua.

Así que, ¿cómo es que el punto de vista evolucionista explica el origen de los animales terrestres? Algunos comentarios poco profundos de la literatura evolucionista están basados principalmente en el razonamiento de Lamarck. Por ejemplo, respecto a la transformación de las aletas a pies, ellos dicen: “Sólo cuando el pez comenzó a arrastrarse sobre la tierra, las aletas comenzaron a convertirse gradualmente en patas”. Incluso Ali Demisory, una de las más eminentes autoridades sobre la evolución en Turquía, escribió lo siguiente: “Quizás las aletas cambiaron a patas anfibias mientras los peces se arrastraban en el fango [81]”.

Como se mencionó antes, estos comentarios se fundamentan en una razonamiento lamarquiano, ya que los comentarios esencialmente tratan sobre el mejoramiento de un órgano a través de la transmisión de rasgos adquiridos, a las siguientes generaciones; parece que la teoría postulada por Lamarck, la cual colapsó hace un siglo, todavía tiene una fuerte influencia en lo profundo de las mentes de los biólogos evolucionistas actuales.

Si dejamos a un lado estos escenarios lamarquianos, y por lo tanto, no científicos, deberemos poner nuestra atención a los escenarios basados en la mutación y en la selección natural. Sin embargo, cuando estos mecanismos son examinados, se puede observar que la transición del agua a la tierra representa un grandísimo obstáculo.

Imaginemos la forma en que un pez pudo emerger del mar y adaptarse por sí mismo a la tierra: Si el pez no pasara por rápidas modificaciones respecto a sus sistemas respiratorio, excretor y esquelético, inevitablemente morirá. La cadena de mutaciones necesarias para debe proveer al pez de pulmones y riñones terrestres de forma inmediata. De manera similar, este mecanismo debería transformar las aletas en patas y proveerle de una piel que mantenga el agua dentro del cuerpo. Lo que es más, la cadena de mutaciones necesarias debe tomar lugar durante el ciclo de vida del pez.

El escenario de "la transición del agua a la tierra", frecuentemente mostrada en publicaciones evolucionistas por medio de diagramas imaginarios como el mostrado, muchas veces se presenta bajo un criterio lamarquiano (de Lamarck), lo cual claramente es seudo ciencia.

Ningún biólogo evolucionista podría jamás sostener tal cadena de mutaciones. La naturaleza poco plausible y absurda de tal idea es obvia. A pesar de este hecho, los evolucionistas han fabricado el concepto de “pre adaptación”, el cual se referiría a que el pez adquiriría los rasgos que necesita, mientras que todavía viviría en el agua. En pocas palabras, la teoría dice que el pez adquiriría los rasgos terrestres antes de incluso sentir la necesidad de tener tales rasgos, mientras todavía vive en el mar.

No obstante, tal escenario sigue siendo ilógico, aún visto desde el punto de vista evolucionista. Seguramente, el adquirir los rasgos de un animal terrestre, no sería, de ninguna manera, ventajoso para ninguna criatura acuática. Consecuentemente, la proposición de estos rasgos son adquiridos por selección natural no tiene ninguna base racional alguna. Por el contrario, la selección natural eliminaría a cualquier criatura que sufriera tal “pre adaptación”, ya que al adquirir tales rasgos para sobrevivir sobre la tierra lo pondría en una posición de desventaja en el agua.

En resumen, el escenario de “la transición del mar a la tierra” representa un gran obstáculo. Sin embargo, esto es aceptado por los evolucionistas, como un milagro de la naturaleza que no puede ser cuestionado. Esta es la razón por la que Henry Gee, el editor de ‘Nature’ (Naturaleza), considera este escenario como un relato desprovisto de ciencia:

“Los relatos convencionales sobre la evolución, sobre los “eslabones perdidos”, no son aptos para probarse, ya que sólo existe en ellos un posible desarrollo de los acontecimientos, el único planteado por el relato. Si su relato es sobre la forma cómo los peces se arrastraron hacia la tierra y cómo evolucionaron sus patas, uno está forzado a ver esto sólo desde este punto de vista, ya que así está diseñado el relato. Uno puede aceptar el relato o no, no existen otras alternativas [82]”.

No existió ningún proceso evolutivo en el origen de las ranas. La rana más antigua conocida ya estaba completamente formada y era totalmente diferente a los peces, y apareció con todas sus características peculiares. Las ranas actuales poseen las mismas características. No existe diferencia entre las ranas encontradas y preservadas en ámbar en la República Dominicana y las actuales.

El obstáculo no sólo lo representan los supuestos mecanismos de la evolución, sino también el registro fósil o el estudio de los tetrápodos vivientes. Robert Carroll ha admitido que “ni el registro fósil ni el estudio del desarrollo de los géneros modernos, proveen aún del cuadro completo de la forma en que los pares de extremidades en los tetrápodos evolucionaron… [83]”.

Los candidatos clásicos para formas transicionales en la supuesta evolución del pez en tetrápodo han sido varios géneros de peces y de anfibios.

Un fósil de Eusthenopteron foordi del Devónico tardío encontrado en Canadá.

Los historiadores naturales evolucionistas tradicionalmente han referido al celacanto -coelacanths- y su cercano ya extinto Rhipidistians, como los más probables ancestros de los cuadrúpedos. Este pez (celacanto) está colocado en la subclase Crossopterygii. Los evolucionistas invirtieron todas sus esperanzas en este pez simplemente porque tiene una estructura relativamente carnosa. Aún así, estos peces no son formas transicionales, ya que existen enormes diferencias anatómicas y fisiológicas entre esta clase y los anfibios.

De hecho, las supuestas “formas transicionales” entre los peces y los anfibios no son consideradas transicionales en el sentido que muestren pequeñas diferencias, sino en el sentido que son los mejores candidatos en el escenario evolucionista. Existen enormes diferencias entre los peces y los anfibios como para que se consideren sus ancestros a los primeros. Dos ejemplos de esto son el Eusthenopteron, un pez extinto, y el Acanthostega, un anfibio también extinto, los dos favoritos para la mayoría de los escenarios contemporáneos evolucionistas concernientes al origen de los tetrápodos. Robert Carroll, en su libro ” Patterns and Processes of Vertebrate Evolution” (Patrones y procesos de la evolución de los vertebrados), realizó el siguiente comentario acerca de estas supuestas formas:

” Eusthenopteron y Acanthostega podrían tomarse como los puntos finales en la transición entre peces y anfibios. De 145 características anatómicas que pueden compararse entre estos dos géneros, se muestran 91 cambios asociados con la adaptación de la vida a la tierra… Estos es mucho más del número de cambios que ocurrieron en cualquier otra transición que involucre un origen, en los 15 grupos principales de los tetrápodos del Paleozoico [84]”.

91 diferencias de 145 características anatómicas… Y los evolucionistas creen que todas éstas fueron rediseñadas a través del proceso de mutaciones aleatorias en aproximadamente 15 millones de años [85]. Creer en este escenario, podría ser necesario, por el bien de la teoría de la evolución, pero no parece algo científico o racional. Esto se aplica para todas las versiones de escenarios peces-anfibios, los cuales difieren en los candidatos escogidos para formas transicionales. Henry Gee, el editor de ‘Nature’ (Naturaleza), realiza un comentario similar basado en el Ichthyostega, otro anfibio extinto con características muy similares al Acanthostega:

“La afirmación de que el Ichthyostega es un eslabón perdido entre peces y los posteriores artrópodos revela en mayor medida nuestros prejuicios acerca de la criatura a la que supuestamente estudiamos. Se muestra la magnitud de nuestra imposición de un punto de vista restrictivo basado en nuestra limitada experiencia, cuando en realidad debería ser más amplia, desconocida y diferente de lo que podríamos imaginar [86]”.

Otra característica digna de mención sobre el origen de los anfibios, es la súbita aparición de las tres categorías básicas de anfibios. Carroll observa que “Los primeros fósiles de ranas, caecilians y salamandras, aparecieron a mediados del Jurásico temprano. Todos muestran los atributos más importantes de sus descendientes vivientes [87]”. En otras palabras, estos animales aparecieron abruptamente y sin presentar ninguna “evolución” desde entonces.

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ix. Especulaciones sobre los celacantos

El pez de la familia de los celacantos fue alguna vez considerado como fuerte evidencia de una forma transicional. Este argumento de basaba en los fósiles de los celacantos, los biólogos evolucionistas propusieron que este pez presentaba un pulmón que no le funcionaba por completo. Muchas publicaciones científicas reprodujeron esto como un hecho, junto con ilustraciones que mostraban la forma en que los celacantos habían pasado del agua hacia la tierra. Todas estas presunciones descansaban en que el celacanto pertenecía a las especies extintas.

Cuando los paleontólogos evolucionistas contaban sólo con fósiles de celacantos, esparcieron sus presunciones darwinistas relacionadas con éste, sin embargo, cuando se encontraron ejemplares vivientes, todas estas presunciones se cayeron.

Adjunto, ejemplos de celacantos vivos. La foto de arriba muestra al último espécimen de celacanto visto con vida, encontrado en Indonesia en 1998.

Celacanto disecado a partir de un ejemplar vivo.

Sin embargo, el 22 de diciembre de 1938 se hizo un muy interesante descubrimiento en el océano Índico. Un miembro de la familia de los celacantos, previamente presentados como formas transicionales que se habían extinguido hace 70 millones de años, ¡fue capturado! El descubrimiento de un “prototipo viviente” de celacanto indudablemente propinó a los evolucionistas un terrible golpe. El paleontólogo evolucionista J. L. B. Smith dijo al respecto: “No estaría más sorprendido si me encontrara con un dinosaurio en la calle [88]” En los años siguientes, se capturaron 200 celacantos en diferentes partes del mundo.

Los celacantos vivos revelaron cuán injustificadas eran las presunciones de las que fueron objeto. Contrario a lo que se había afirmado, los celacantos no tenían pulmones primitivos ni un cerebro grande. El órgano que los investigadores evolucionistas habían propuesto como pulmón primitivo se desvaneció cuando vieron que sólo era una vejiga natatoria muy grande [89]. Aún más, el celacanto, el cual había sido presentado como “un candidato reptante preparando el camino del mar a la tierra”, era en realidad un pez que vivía en las profundidades de los océanos que nunca se aproximaba a menos de 180 metros de distancia a la superficie [90].

Los peces del Cámbrico. La razón fundamental por la que los evolucionistas imaginan que los celacantos y peces similares son "los ancestros de los animales terrestres", es debido a que presentan aletas con huesos. Ellos imaginan que éstas gradualmente se convertirán en patas. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre los peces con huesos y los animales terrestres como el Ichthyostega: Como se muestra en la ilustración: 1. los huesos del celacanto no están unidos a la espina dorsal; sin embargo, los del Ichthyostega sí lo están, como se muestra en la ilustración (2); 2. por esta razón, la afirmación de que estas aletas gradualmente se desarrollarían en patas es bastante dudosa e infundada. Aún más, las estructura de los huesos de las aletas del celacanto son muy diferentes a la de los huesos de las patas del Ichthyostega. como se puede observar en las otras ilustraciones.

Al saberse todo esto, el celacanto repentinamente perdió toda su popularidad entre las publicaciones evolucionistas, Peter Forey, un paleontólogo evolucionista, dijo en un artículo en ‘Nature’ (Naturaleza):

“El descubrimiento del Latimeria elevó las esperanzas de haber reunido información directa de una transición de pez a anfibio, para esto estaba vigente la creencia de que los celacantos eran ancestros cercanos de los tetrápodos… Pero los estudios a la anatomía y fisiología del Latimeria habían encontrado que esta teoría era deficiente y que la reputación de los celacantos vivos como eslabones perdidos era injustificada [91]”.

[Nota del traductor: Latimeria (nombre dedicado a Marjorie Courtenay-Latimer) es un género de peces sarcopterigios que incluye las dos especies vivientes de celacantos, el celacanto de Comores (Latimeria chalumnae) y el celacanto de Indonesia (Latimeria menadoensis).]

Esto significaba que la afirmación más seria de una forma transicional entre pez y anfibio había sido demolida.

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x. Obstáculos físicos a la transición del agua a la tierra

La afirmación de que los peces son los ancestros de las criaturas terrestres la invalidan las observaciones fisiológicas y anatómicas, así como el registro fósil. Cuando examinamos las enormes diferencias anatómicas y fisiológicas entre las criaturas marinas y las terrestres, podemos observar que estas diferencias no podrían desaparecer mediante un proceso evolucionista de cambios graduales y aleatorios. A continuación realizaremos la lista de las diferencias más evidentes:

1. El traslado y la carga del propio peso. Los animales marinos no tienen problema alguno para llevar su peso dentro del mar, aunque la estructura de sus cuerpos no están hechas para tal tarea en la tierra. Sin embargo, la mayoría de las criaturas terrestres consumen el 40% de su energía en cargar su propio peso. Las criaturas que realizarían una transición del agua a la tierra al mismo tiempo tendrían que desarrollar nuevos sistemas esqueléticos y musculares para satisfacer sus nuevos requerimientos de energía, y esto no podría suceder por mutaciones aleatorias.

La razón básica por la que los evolucionistas imaginan que el celacanto y otros peces similares son los ancestros de las criaturas terrestres es debido a que sus aletas contienen huesos. Se asume entonces que sólo es cuestión de tiempo para que estas aletas se transformen en patas con funciones de carga. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre estos peces con huesos y las patas de las criaturas terrestres. Es imposible para las primeras el llevar a cabo una función de carga debido a que no están conectadas a la espina dorsal. Los huesos de las patas de las criaturas terrestres, en contraste, sí están conectadas a la columna vertebral. Por esta razón, la afirmación de que estas aletas lentamente se transformarán en patas, es infundada.

El problema de los riñones. Los peces se deshacen de las sustancias dañinas de sus cuerpos directamente en el agua, pero los animales terrestres necesitan riñones. Por esta razón, el escenario de la transición del agua a la tierra requiere un desarrollo de riñones, y de forma aleatoria. Sin embargo, los riñones poseen una complejísima estructura y, aún más, el riñón necesita estar formado al 100% y en total funcionamiento, con el fin de que realicen sus funciones. Un riñón desarrollado al 50, 70 o incluso al 90%, no funcionará, y ya que la teoría de la evolución depende de la presunción: "los órganos que no se utilizan, desaparecen", un riñón al desarrollado al 50% desaparecería del cuerpo en la primera etapa de evolución.

2. Retención de calor. Sobre la tierra, la temperatura puede variar muy rápidamente y fluctúa dentro de un rango muy amplio. Las criaturas terrestres poseen un mecanismo físico que soporta los grandes cambios de temperatura. Sin embargo, en el mar, la temperatura cambia lentamente, y dentro de un rango más estrecho. Se requeriría entonces un organismo vivo con un sistema corporal de regulación de temperatura para protegerlo y asegurar que el mínimo cambio de la temperatura sobre la tierra no lo dañe. Es ridícula la afirmación que dice que los peces adquirirán tal sistema por medio de mutaciones aleatorias tan pronto como salgan del agua hacia la tierra.

Metamorfosis

Explicación de la ilustración: Metamorfosis. Las ranas nacen dentro del agua, viven ahí por una temporada y finalmente emergen a la tierra por medio de un proceso llamado metamorfosis. Algunas personas piensan que esta metamorfosis en evidencia de la evolución, mientras que la una no tiene que ver con la otra. El único mecanismo propuesto por la evolución para la innovación es la mutación. Sin embargo, la metamorfosis no se lleva a cabo por medio de efectos coincidentes y aleatorios, mientras que la mutación sí lo hace. Por el contrario, este cambio está insertado en el código genético de las ranas. En otras palabras, ya es evidente cuando las ranas nacen que tendrán un determinado tipo de cuerpo que les permitirá vivir en la tierra. La investigación llevada a cabo recientemente ha mostrado que la metamorfosis es un proceso complejo controlado por diferentes genes. Por ejemplo, la pérdida de la cola durante este proceso está gobernado, según la revista ‘Science News’ (Noticias de la ciencia), por más de una docena de genes (Science News, 17 de Julio de 1999, p. 43). La afirmación de los evolucionistas sobre la transición del agua a la tierra dice que los peces, con su código genético completamente diseñado para permitirles vivir sólo bajo el agua, se transformarán en criaturas terrestres como resultado de mutaciones aleatorias. Sin embargo, por esta misma razón, la metamorfosis realmente sólo derribaría esta noción de evolución y de ninguna manera la apoyaría, ya que el menor error en el proceso de la metamorfosis significaría que la criatura morirá o resultará deforme. Es esencial que la metamorfosis suceda sin contratiempos, es imposible que este complejo proceso permita el menor error, los cuales no son evitables por medio de las mutaciones aleatorias, como clama la evolución.

3. El agua. Esencial para el metabolismo, necesitaría economizarse debido a que sobre la tierra es relativamente escasa. Por ejemplo, la piel necesitaría permitir sólo cierta retención de agua, mientras que también debe prevenir su evaporación excesiva. Esta es la razón por la que las criaturas terrestres experimentan sed, algo que las criaturas terrestres no experimentan. Por esta razón, la piel de los animales marinos no es adecuada para los ambientes fuera del mar.

4. Riñones. Los organismos marinos descargan sus materiales de desecho, especialmente el amoníaco, por medio de su ambiente acuático: en los peces de agua dulce, la mayoría de los desperdicios nitrogenados, incluyendo grandes cantidades de amoníaco -NH3- se eliminan por difusión a través de las agallas. Los riñones son principalmente un dispositivo para mantener el balance de agua en el animal (marino), en lugar de ser un órgano excretor. Existen dos tipos de animales marinos. Los tiburones, las rayas y manta rayas pueden tolerar grandes niveles de urea en su sangre. La sangre de los tiburones puede contener 2.5% de urea en contraste con el 0.01 a 0.03% de otros vertebrados. El otro tipo, es decir, los peces con huesos, son muy diferentes. Ellos pierden agua continuamente y la reemplazan tomándola del mar y desalinizándola. Éstos dependen de secreciones tubulares para eliminar los excesos de desperdicios.

Cada uno de estos sistemas excretores son muy diferentes de los sistemas de los animales terrestres. Por lo tanto, con el fin de que el paso del agua a la tierra haya ocurrido, los seres vivos sin riñones los tuvieron que haber desarrollado al instante.

5. Sistema respiratorio. El pez “respira” tomando el oxigeno disuelto en el agua que pasa a través de sus agallas. Ellos no vivirían más de unos cuantos minutos fuera del agua. Con el fin de sobrevivir sobre tierra, ellos tendrían que haber adquirido un sistema pulmonar funcional al instante.

Es virtualmente imposible que todos estos cambios dramáticos pudieran haber sucedido en un mismo organismo al mismo tiempo y todo aleatoriamente.

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xi. El origen de los reptiles

Dinosaurios, lagartos, tortugas, cocodrilos, todos caen bajo la clase de los reptiles. Algunos, como los dinosaurios, ya se extinguieron, pero la mayoría de estas especies aún viven sobre la Tierra. Los reptiles poseen algunas características distintivas. Por ejemplo, sus cuerpos están cubiertos con escamas, y son de sangre fría, lo que significa que son incapaces de regular su temperatura corporal fisiológicamente, esta es la razón por la que exponen sus cuerpos a los rayos de sol con el fin de calentarse. La mayoría de ellos se reproduce poniendo huevos.

Huevos diferentes. Una de las inconsistencias en el escenario evolucionista de anfibios a reptiles, es la estructura de sus huevos. Los huevos de los anfibios, los cuales se desarrollan dentro del agua, tienen una estructura gelatinosa y una membrana porosa, mientras que los huevos de reptil, como se muestra en la reconstrucción de un huevo de dinosaurio, son duros e impenetrables, con el fin de ajustarse a la condiciones terrestres. Con el fin de que los anfibios se volvieran reptiles, sus huevos deberían haber adoptado la apariencia fiel de los huevos de reptil aleatoriamente, y aún así, el menor error en tal proceso habría llevado a la extinción de la especie.

Respecto al origen de estas criaturas, la evolución de nuevo se enfrenta a un gran obstáculo. El darwinismo clama que los reptiles evolucionaron de los anfibios. Sin embargo, ningún descubrimiento ha verificado jamás esta afirmación. Por el contrario, las comparaciones entre anfibios y reptiles revelan que existen grandes brechas fisiológicas entre los dos, y que una criatura “mitad reptil y mitad anfibio” tendría poca probabilidad de sobrevivir.

Un ejemplo de esta brecha fisiológica entre estos dos grupos es la estructura diferente de sus huevos. Los anfibios depositan sus huevos en el agua, y su huevos son de apariencia gelatinosa, con una membrana permeable y trasparente, Tales huevos poseen una estructura ideal para desarrollarse en e lagua. Los reptiles, por otro lado, ponen sus huevos sobre la tierra, y consecuentemente sus huevos están diseñados para sobrevivir ahí. La capa dura de los huevos de reptil, conocido como “huevo amniótico”, permite la entrada del aire, pero es impenetrable al agua. De esta manera, el agua necesaria para el desarrollo del animal se mantiene dentro del huevo.

Si los huevos de los anfibios fueran depositados en tierra, inmediatamente se secarían, matando al embrión. Esto no puede ser explicado en términos de evolución, la cual asevera que los reptiles evolucionaron gradualmente desde los anfibios. Esta es la razón por la que, para que hayan comenzado su vida en la tierra, sus huevos debieron haber cambiado a la forma amniótica, de forma inmediata y en el lapso de una generación. ¿Cómo es que este proceso podría haber sucedido en términos de selección natural y mutación aleatoria?, es algo bastante inexplicable. El biólogo Michael Denton explica los detalles de este obstáculo al evolucionismo, de esta manera:

“Cada libro de texto evolucionista asevera que los reptiles evolucionaron de los anfibios pero ninguno explica cómo sucedió la más distinguida adaptación de los reptiles, el huevo amniótico, el cual debió haber sucedido gradualmente y por medio de cambios pequeños, sucesivos y acumulativos (y aleatorios). El huevo amniótico del reptil es ampliamente más complejo y absolutamente diferente de los huevos de anfibio. Difícilmente existirán otros dos huevos en la naturaleza que difieran más. El origen del huevo amniótico y la transición del anfibio en reptil representa sólo otra de las divisiones mayores de vertebrados en donde los esquemas evolucionistas nunca han sido ofrecidos satisfactoriamente. Al tratar de explicar, por ejemplo, la forma en que el corazón y los arcos aórticos de un anfibio pudieron haberse transformado gradualmente a las condiciones del reptil y mamíferos, implican una serie de grandísimos y horrendos problemas [92]”.

Tampoco el registro fósil provee de alguna evidencia que confirme la hipótesis evolucionista, respecto a los reptiles.

Robert L. Carroll, un paleontólogo evolucionista y autoridad en paleontología de los vertebrados, ha aceptado este hecho. El ha escrito, en su obra clásica, ‘Vertebrate Paleontology and Evolution’ (Paleontología de los vertebrados y la evolución):

“Las primeras amonitas se distinguen suficientemente de los anfibios del Paleozoico, de tal manera que los ancestros de éstos últimos no han sido establecidos [93]”.

En su trabajo más reciente, ‘Patterns and Processes of Vertebrate Evolution’ (Patrones y procesos de la evolución de los vertebrados), publicado en 1997, el admite que “el origen de los órdenes de los modernos anfibios y las transición entre los primeros tetrápodos” aún “se conoce muy poco”, junto con el origen de muchos de los grupos mayores [94].

El mismo hecho es reconocido por Stephen Jay Gould:

“Ningún fósil de anfibio parece ser con claridad el ancestro del linaje de todos los vertebrados terrestres (reptiles, pájaros y mamíferos) [95]”.

El error del Seymouria. Alguna vez los evolucionistas clamaron que el fósil del Seymouria era una forma transicional entre los anfibios y los reptiles. Según este escenario, el Seymouria fue "el ancestro primitivo de los reptiles". Sin embargo, subsecuentes descubrimientos fósiles mostraron que los reptiles habían vivido sobre la tierra unos 30 millones de años antes que el Seymouria. A la luz de esto, los evolucionistas tuvieron que callar sus presunciones cobre el Seymouria.

Hasta el momento, el animal más notable considerado como “el ancestro de los reptiles” ha sido el Seymouria, una especie de anfibio. Sin embargo, el hecho de que el Seymouria no pudo ser una forma transicional lo reveló el descubrimiento de que los reptiles existieron sobre la Tierra unos 30 millones de años antes de que el Seymouria aparecieron por primera vez. El fósil de Seymouria más antiguo fue encontrado en el Pérmico bajo o hace unos 280 millones de años. Aún así, las especies de reptiles conocidos más antiguos, los Hylonomus y Paleothyris, fueron encontrados en los estratos de Pennsylvania, y con una edad de unos 315 a 330 millones de años [96]. Seguramente que es implausible el decir que “el ancestro de los reptiles” vivió mucho después que los primeros reptiles.

En resumen, contrario al clamor evolucionista de que los seres vivos evolucionaron gradualmente, los hechos de la ciencia son que éstos aparecieron sobre la Tierra súbitamente y totalmente formados.

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xii. Víboras y tortugas

Aún más, existen obstáculos intransitables entre los diferentes órdenes de reptiles como las víboras, cocodrilos, dinosaurios y lagartos. Cada uno de éstos órdenes diferentes apareció súbitamente, según el registro fósil, y con estructuras diferenciadas. Observando las estructuras de estos grupos diferentes, los evolucionistas imaginan los procesos evolutivos que pudieron haber sucedido. Pero estas hipótesis no se reflejan en el registro fósil. Por ejemplo, una muy esparcida es la presunción evolucionista de que las víboras evolucionaron de los lagartos, los cuales gradualmente perdieron sus patas. Pero los evolucionistas son incapaces de responder a la pregunta ¿qué “ventaja” pudo obtener un lagarto al haber perdido gradualmente sus patas? Los evolucionistas son incapaces de responder e esta pregunta y a cómo es que una criatura así pudo haber sido “preferida” por la selección natural.

Un fósil de pitón del género Palaeopython de aproximadamente 50 millones de años.

Sobra decir que los fósiles más antiguos conocidos de víboras no muestran características de “formas intermedias” y que no existen diferencias entre esos fósiles y las víboras de nuestros días. El fósil más antiguo conocido de víbora es el Dinilysia, encontrado en los estratos del alto Cretáceo, en Sudamérica. Robert Carroll acepta que esta criatura “muestra una clara etapa avanzada de evolución en sus características (las características especializadas del cráneo de las víboras) [97]”, en otras palabras, que ya posee todas las características de las víboras modernas.

Otro orden de reptiles lo constituyen las tortugas, las cuales aparecieron en el registro fósil con sus característicos caparazones. Las fuentes evolucionistas afirman:

“Desafortunadamente, el origen de este orden altamente exitoso es oscuro por la falta de fósiles más antiguos, aunque las tortugas dejan más y mejores fósiles que otros vertebrados. A mediados del periodo Triásico, hace unos 200 millones de años, las tortugas eran numerosas y ya poseían sus características básicas… Los intermediarios entre las tortugas y los cotylosaurios (cotylosaur), los reptiles primitivos de los cuales probablemente las tortugas saltaron, faltan completamente [98]”.

Una tortuga de agua dulce de unos 45 millones de años, encontrada en Alemania. A la derecha, los restos conocidos de la tortuga marina más antigua. Este fósil de 110 millones de años, encontrados en Brasil, es idéntico a los especímenes que viven hoy.

Así, Robert Carroll también estuvo obligado a mencionar que el origen de las tortugas que están en entre “las transiciones y radiaciones más importantes, todavía se sabe muy poco [99]”.

Todos estos seres vivos, aparecieron súbita e independientemente. Este hecho de la ciencia apunta hacia una creación.

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xiii. Reptiles voladores

Un grupo muy interesante dentro de la clase de los reptiles son los reptiles voladores. Éstos aparecieron hace unos 200 millones de años, en el Triásico alto, pero en seguida se extinguieron. Estas criaturas fueron todas reptiles, ya que poseían todas las características fundamentales de la clase de los reptiles. Eran de sangre fría, es decir no regulaban su temperatura corporal, y sus cuerpos estaban cubiertos con escamas. Pero ellos poseían poderosas alas, las que les permitían volar.

Los reptiles voladores son representados en algunas populares publicaciones evolucionistas como descubrimientos paleontológicos que apoyan el darwinismo, esa es la impresión que dan. Sin embargo, el origen de los reptiles voladores es realidad representa un gran problema para la teoría de la evolución. La indicación más clara de esto es que los reptiles voladores parecen surgir súbitamente, totalmente formados y sin presentar formas intermediarias entre ellos y reptiles terrestres. Los reptiles voladores poseían alas bien diseñadas y que ningún reptil terrestre posee. Nunca se ha encontrado alguna criatura con medias alas en el registro fósil.

Un fósil de Eudimorphodon, uno de las especies de reptiles voladores más antiguas. Este espécimen, encontrado al norte de Italia, tiene unos 220 millones de años.

En cualquier caso, ninguna criatura con medias alas pudo haber vivido, ya que si estas criaturas imaginarias hubieran vivido, habrían presentado una gran desventaja respecto a otros reptiles, al haber perdido sus patas delanteras pero aún incapaces de volar. En ese caso, según las reglas evolucionistas, estos animales habrían sido eliminados y extinguidos (obviamente sin llegar a la etapa de reptil volador funcional).

De hecho, al examinar las alas de los reptiles voladores, éstas presentan un diseño impecable que no pudo haber sido alcanzado por ninguna “evolución” (transformación). Así como otros reptiles presentan 5 dedos en sus patas delanteras, los reptiles voladores también tenían 5 dedos en sus alas. Pero el cuarto dedo era 20 veces superior en longitud que la de los otros, y las alas se desplegaban por medio de este dedo. Si los reptiles terrestres hubieran evolucionado (transformado) en reptiles voladores, entonces este cuarto dedo habría crecido gradualmente, paso a paso con el tiempo. No sólo el cuarto dedo, sino toda la estructura del ala debería haberse desarrollado por medio de mutaciones aleatorias, y en todo este proceso se habrían presentado desventajas (graves incluso) para la criatura. Duane T. Gish, uno de los principales críticos de la teoría de la evolución en el campo de la paleontología, hizo este comentario:

“La sola idea de que un reptil terrestre pudo haberse transformado gradualmente en un reptil volador, es absurda. Las incipientes partes de las estructuras sujetas a tal evolución (trasformación), en lugar de conferir ventajas durante las etapas intermedias, habrían representado grandes desventajas. Por ejemplo, los evolucionistas suponen que, por extraño que parezca, las mutaciones que ocurrieron sólo afectaron por muy poco tiempo al cuarto dedo. Por supuesto, otras mutaciones también ocurrieron simultáneamente, y por increíble que parezca, éstas fueron las responsables del origen gradual de la membrana de las alas, los músculos para el vuelo, tendones, nervios, vasos sanguíneos y otras estructuras necesarias para formas las alas. En alguna etapa, estas alas en desarrollo del reptil habrían presentado un 25% de su progreso, pero esta extraña criatura, sin embargo, en estas condiciones, nunca habría sobrevivido, ¿qué ventaja representarían unas alas desarrolladas al 25%?, obviamente, no podría volar y no podría correr… [100]” .

Un fósil de reptil volador de la especie Pterodactylus kochi. Este espécimen, encontrado en Baviera, tiene unos 240 millones de años.

En resumen, es imposible considerar, respecto al origen de los reptiles voladores, los mecanismos darwinistas de la evolución. Y de hecho, el registro fósil revela que ningún proceso evolutivo se llevó a cabo. Las estratos de fósiles sólo contienen reptiles como los que conocemos hoy, y los reptiles voladores aparecen totalmente desarrollados, sin presentar formas intermediarias. R. Carroll, quien es uno de los científicos más respetados en el campo de la paleontología de los vertebrados, admitió lo siguiente, como evolucionista:

“… todos los pterosaurios del Triásico eran altamente especializados en el vuelo. Ellos proveen muy poca evidencia sobre sus ancestros y ninguna evidencia sobre sus etapas anteriores, sobre el origen del vuelo [101]”.

Las alas de los reptiles voladores se extendían a lo largo del "cuarto dedo" que era unas 20 veces superior en longitud que los demás dedos. El punto más importante de esta interesante estructura de ala, es que aparece repentinamente y totalmente formada, según se observa en el registro fósil. No existen ejemplos de fósiles que indiquen que este "cuarto dedo" haya crecido gradualmente, en otras palabras, no evolucionó o no se transformó.

Carroll, en fecha más reciente, en su ‘Patterns and Processes of Vertebrate Evolution’ (Patrones y procesos de la evolución de los vertebrados), cuenta al origen de los pterosaurios entre las transiciones más importantes y de las que no se sabe mucho [120].

Y dicho brevemente, no existe evidencia de la evolución (transformación) de los reptiles voladores. Debido a que el término “reptil” significa únicamente terrestre para la mayoría de las personas, las publicaciones evolucionistas más populares han dado la impresión, respecto a los reptiles voladores, de que a los reptiles les crecieron alas y volaron. Sin embargo, el hecho es que tanto los reptiles terrestres como los reptiles voladores aparecieron sin presentar relación evolutiva (transformista) alguna entre ellos.

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xiv. Reptiles marinos

Otra categoría interesante en la clasificación de los reptiles son los reptiles marinos. La gran mayoría de estas criaturas se han extinguido, aunque las tortugas son un ejemplo de uno de los grupos sobrevivientes. Y como los reptiles voladores, el origen de los reptiles marinos es algo que no puede ser explicado satisfactoriamente por medio de una aproximación evolucionista (transformista). El reptil marino conocido más notable fue el ichthyosaurio o ictiosaurio. El su libro ‘Evolution of the Vertebrates’ (Evolución de los vertebrados), Edwin H. Colbert y Michael Morales, admiten el hecho de que no se puede ofrecer una explicación evolutiva satisfactoria sobre el origen de estas criaturas:

“El ictiosaurio, en muchos aspectos, fue el reptil marino más especializado, éste apareció en los tiempos del Triásico temprano. Su advenimiento dentro de la historia de los reptiles fue repentina y dramática; no existen pistas en los sedimentos del pre Triásico de los posibles antecesores del ictiosaurio… El problema básico con las relaciones del ictiosaurio es que no se ha encontrado evidencia concluyente que relacione a estos reptiles con otro orden de reptiles [103]”.

Fósil de ictiosaurio del género Stenopterygius de aproximadamente 250 millones de años.

De forma similar, Alfred S. Romer, otro experto de la historia natural de los vertebrados, escribió:

No se conocen formas anteriores del ictiosaurio. Las peculiaridades de la estructura del ictiosaurio parecerían requerir un largo tiempo para su desarrollo y por lo tanto, debería tener un origen muy temprano en el grupo, pero no se conocen reptiles del Pérmico que lo antecedan [104].

Fósil de ictiosaurio de unos 200 millones de años.

Carroll, de nuevo, tiene que admitir que el origen del ictiosaurio y el notosaurio, éste último otro de la familia de los reptiles acuáticos, están entre los muchos casos “pobremente comprendidos” por los evolucionistas [105].

En resumen, las diferentes criaturas que caen bajo la clasificación de reptiles han aparecido en la tierra sin mediar ninguna relación evolutiva (transformista) entre ellos. Y como veremos en todo este curso, la misma situación se aplica a los mamíferos: existen mamíferos voladores (murciélagos) y mamíferos marinos (delfines y ballenas). Sin embargo, estos diferentes grupos están muy lejos de tener alguna evidencia de evolución (transformación), en lugar de esto, estos animales representan serias dificultades para la explicación evolucionista, ya que todas las diferentes categorías taxonómicas aparecieron o parecen surgir en la Tierra súbita y repentinamente (según el registro fósil), sin presentar formas intermediarias entre ellos y mostrando ya sus diferentes estructuras intactas durante mucho tiempo.

Esta es una clara evidencia de la ciencia, que lo que se conoce como Creación, es más que una simple metáfora.

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Notas:

[56] Stephen C. Meyer, P. A. Nelson, and Paul Chien, The Cambrian Explosion: Biology’s Big Bang, 2001, p. 2.
[57] Richard Monastersky, “Mysteries of the Orient,” Discover, April 1993, p. 40.
[58] Richard Monastersky, “Mysteries of the Orient,” Discover, April 1993, p. 40.
[59] Richard Dawkins, The Blind Watchmaker, W. W. Norton, London, 1986, p. 229.
[60] Phillip E. Johnson, “Darwinism’s Rules of Reasoning,” in Darwinism: Science or Philosophy by Buell Hearn, Foundation for Thought and Ethics, 1994, p. 12.
[61] R. Lewin, Science, vol. 241, 15 July 1988, p. 291.
[62] Gregory A. Wray, “The Grand Scheme of Life,” Review of The Crucible Creation: The Burgess Shale and the Rise of Animals by Simon Conway Morris, Trends in Genetics, February 1999, vol. 15, no. 2.
[63] Richard Fortey, “The Cambrian Explosion Exploded?,” Science, vol. 293, no. 5529, 20 July 2001, pp. 438-439.
[64] Richard Fortey, “The Cambrian Explosion Exploded?,” Science, vol. 293, no. 5529, 20 July 2001, pp. 438-439.
[65] Douglas J. Futuyma, Science on Trial, Pantheon Books, New York, 1983, p. 197.
[66] Jeffrey S. Levinton, “The Big Bang of Animal Evolution,” Scientific American, vol. 267, November 1992, p. 84.
[67] “The New Animal Phylogeny: Reliability And Implications”, Proc. of Nat. Aca. of Sci., 25 April 2000, vol. 97, no. 9, pp. 4453-4456.
[68] “The New Animal Phylogeny: Reliability And Implications, Proc. of Nat. Aca. of Sci., 25 April 2000, vol. 97, no. 9, pp. 4453-4456.
[75] Douglas Palmer, The Atlas of the Prehistoric World, Discovery Channel, Marshall Publishing, London, 1999, p. 66.
[76] Mustafa Kuru, Omurgali Hayvanlar (Vertebrates), Gazi University Publications, 5th ed., Ankara, 1996, p. 21.
[77] Mustafa Kuru, Omurgali Hayvanlar (Vertebrates), Gazi University Publications, 5th ed., Ankara, 1996, p. 27.
[78] Douglas Palmer, The Atlas of the Prehistoric World, Discovery Channel, Marshall Publishing, London, 1999, p. 64.
[79] Robert L. Carroll, Patterns and Processes of Vertebrate Evolution, Cambridge University Press, 1997, pp. 296.
[80] Gerald T. Todd, “Evolution of the Lung and the Origin of Bony Fishes: A Casual Relationship,” American Zoologist, vol. 26, no. 4, 1980, p. 757.
[81] Ali Demirsoy, Kalitim ve Evrim (Inheritance and Evolution), Meteksan Publishing Co., Ankara, 1984, pp. 495-496.
[82] Henry Gee, In Search Of Deep Time: Going Beyond The Fossil Record To A Revolutionary Understanding of the History Of Life, The Free Press, A Division of Simon & Schuster Inc., 1999, p. 7.
[83] Robert L. Carroll, Patterns and Processes of Vertebrate Evolution, Cambridge University Press, 1997, p. 230.
[84] Robert L. Carroll, Patterns and Processes of Vertebrate Evolution, Cambridge University Press, 1997, p. 301.
[85] Robert L. Carroll, Patterns and Processes of Vertebrate Evolution, Cambridge University Press, 1997, p. 304.
[86] Henry Gee, In Search Of Deep Time: Going Beyond The Fossil Record To A Revolutionary Understanding of the History Of Life, The Free Press, A Division of Simon & Schuster, Inc., 1999, p. 54.
[87] Robert L. Carroll, Patterns and Processes of Vertebrate Evolution, Cambridge University Press, 1997, pp. 292-93.
[88] Jean-Jacques Hublin, The Hamlyn Encyclopædia of Prehistoric Animals, The Hamlyn Publishing Group Ltd., New York, 1984, p. 120.
[89] http://www.ksu.edu/fishecology/relict.htm
[90] http://www.cnn.com/TECH/science/9809/23/living.fossil/index.html
[91] P. L. Forey, Nature, vol. 336, 1988, p. 727.
[92] Michael Denton, Evolution: A Theory In Crisis, Adler and Adler, 1986, pp. 218-219.
[93] Robert L. Carroll, Vertebrate Paleontology and Evolution, W. H. Freeman and Co., New York, 1988, p. 198.
[94] Robert L. Carroll, Patterns and Processes of Vertebrate Evolution, Cambridge University Press, 1997, pp. 296-97.
[95] Stephen Jay Gould, “Eight (or Fewer) Little Piggies,” Natural History, vol. 100, no. 1, January 1991, p. 25.
[96]Duane Gish, Evolution: The Fossils Still Say No!, Institute For Creation Research, California, 1995, p. 97.
[97] Robert Carroll, Vertebrate Paleontology and Evolution, p. 235.
[98] Encyclopaedia Britannica Online, “Turtle – Origin and Evolution.”
[99]Robert L. Carroll, Patterns and Processes of Vertebrate Evolution, Cambridge University Press, 1997, pp. 296-97.
[100] Duane T. Gish, Evolution: The Fossils Still Say No, ICR, San Diego, 1998, p. 103.
[101] Robert L. Carroll, Vertebrate Paleontology and Evolution. p. 336.
[102] Robert L. Carroll, Patterns and Processes of Vertebrate Evolution, Cambridge University Press, 1997, pp. 296-97.
[103] E. H. Colbert, M. Morales, Evolution of the Vertebrates, John Wiley and Sons, 1991, p. 193.
[104] A. S Romer, Vertebrate Paleontology, 3rd ed., Chicago University Press, Chicago, 1966, p. 120.
[105] Robert L. Carroll, Patterns and Processes of Vertebrate Evolution, Cambridge University Press, 1997, p. 296-97.

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