2. Los Mecanismos de la Evolución

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Título: 2. Los Mecanismos de la Evolución.
Tomado de DarwinismRefuted.com (capítulo ‘The Mechanisms of Darwinism’)
Traducción: Alejandro Villarreal de Biblia y Tradición

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Contenido

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i.Introducción

Según la teoría de la evolución (transformista), los seres vivos han debido su existencia a la casualidad, y se han desarrollado como consecuencia de meros efectos concurrentes. Aproximadamente hace unos 3,8oo millones de años, cuando, se dice, no existían organismos vivos sobre la tierra, los primeros organismos unicelulares procariontes (prokaryotes) surgieron. A través del tiempo, surgieron otras células más complejas, llamadas eucariontes (eukaryotes) y así los organismos pluricelulares pudieron existir. En otras palabras, según el darwinismo, las fuerzas de la naturaleza construyeron a partir de la simple materia inanimada, elementos y diseños altamente complejos e impecables.

Al evaluar esta afirmación, uno debería considerar primero si tales fuerzas existen realmente en la naturaleza. Más explícitamente, ¿son estos realmente  mecanismos naturales y que pueden llevar a cabo una “evolución”, según el escenario darwiniano?

El modelo neo darwinista, el cual tomaremos como la principal corriente en la actualización de la teoría evolucionista (transformista), dice que la vida fue posible mediante dos mecanismos: la selección natural y la mutación. La teoría básicamente sostiene que la selección natural y la mutación son dos mecanismos complementarios. El origen de las modificaciones evolucionistas yace en mutaciones aleatorias que toman lugar en las estructuras genéticas de los seres vivos. Los rasgos obtenidos a través de mutaciones son escogidos por el mecanismo de la selección natural, y por estos medios es que los seres vivos evolucionan. Sin embargo, cuando miramos más detenidamente en esta teoría, encontramos que no existe tal mecanismo evolucionista (transformista). Tampoco observamos que la selección natural ni las mutaciones puedan causar que las diferentes especies evolucionen (se transformen) de una especie a otra, y la afirmación de que sí pueden, es totalmente infundada.

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ii. ¿Una lucha por la supervivencia?

La conjetura esencial de la teoría de la selección natural sostiene que existe una feroz batalla por la supervivencia en la naturaleza, y que cada ser viviente sólo ve por sí mismo. En la época en que Darwin propuso esta teoría, las ideas de Thomas Malthus, el británico de la teoría económica clásica, fueron una muy importante influencia en él. Malthus sostenía que los seres humanos estaban sumergidos en una inevitable y constante batalla por la supervivencia, basando sus observaciones en el supuesto hecho de que la población, y por lo tanto sus necesidades de recursos alimenticios, se incrementa geométricamente, mientras que los recursos alimenticios sólo se incrementan aritméticamente. El resultado es que el tamaño de la población está inevitablemente controlada por factores ambientales, como la hambruna y las enfermedades. Darwin adaptó la visión malthusiana de la feroz lucha por la supervivencia entre los seres humanos al total de la naturaleza, y afirmó que la “selección natural” es consecuencia de esta lucha.

Darwin había sido influenciado por Thomas Malthus cuando desarrolló su tesis de la batalla por la supervivencia. Pero las observaciones y experimentos suministrados por Malthus eran erróneos.

Sin embargo, estudios posteriores revelaron que no existía tal cosa como una lucha por la supervivencia en la naturaleza y como lo había propuesto Darwin. Como resultado de una extensiva investigación en grupos de animales, efectuada en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado, el zoólogo británico V. C. Wynne-Edwards, concluyó que los seres vivos equilibran sus poblaciones de una forma muy interesante, la cual previene la competencia por la comida. Los grupos de animales manejan sus poblaciones sobre la base de sus recursos alimenticios. En otras palabras, los animales controlan su número de población, no por medio de una feroz competencia, como Darwin sugirió, sino limitando su reproducción. [8]

Incluso las plantas exhibían ejemplos de control de población, lo cual invalidaba la sugerencia de Darwin de que la selección implicaba competencia. Las observaciones del botánico A. D. Bradshaw indicaron que durante su reproducción, las plantas se comportaban de acuerdo a la “densidad” de lo ya plantado o germinado, y limitando su reproducción si el área ya estaba muy saturada por otras plantas [9]. Por otro lado, se observaron ejemplos de auto sacrificio en animales como hormigas y abejas, mostrando así, algo completamente opuesto a la lucha darwinista por la supervivencia.

[Nota del traductor: es necesario apuntar y precisar que lo dicho por Malthus respecto a la población y los recursos alimenticios es falso, pues desde que él realizó esta proposición, en realidad la población humana ha crecido 38 veces, mientras que la producción alimenticia ha crecido 133 veces. Si hoy observamos altos precios y cierta escasez de alimentos, tan sólo es por un control sin escrúpulos de la oferta de alimentos para mantenerlos a un precio constante y no porque realmente no exista una producción capaz de satisfacer a una gran densidad de población. Por lo que el control de densidad poblacional también se vuelve algo altamente cuestionable.]

En años recientes, la investigación ha descubierto más respecto a este auto sacrificio, incluso en las bacterias, en estos seres sin cerebro o sistema nervioso, totalmente desprovistos de alguna capacidad de pensamiento, mueren por voluntad para salvar a otras bacterias cuando son invadidas por virus [10].

Estos ejemplos seguramente invalidarían la conjetura básica de la selección natural y su lucha absoluta por la supervivencia. Es verdad que existe competencia en la naturaleza, sin embargo, existen claros ejemplos de auto sacrificio y solidaridad también.

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iii. Observaciones y experimentos.

Adicionalmente a las debilidades teóricas mencionadas antes, la teoría de la evolución (transformista) por selección natural se enfrenta a un obstáculo fundamental, cuando se compara con hechos científicos concretos. El valor científico de una teoría debe ser medido de acuerdo a su éxito o fracaso en la experimentación y en la observación. La evolución (transformismo) por selección natural falla en ambos criterios.

Desde la época de Darwin, no ha existido una sola evidencia que muestre que la selección natural es la razón por la cual los seres vivos evolucionan (se transforman). Colin Patterson, el paleontólogo en jefe del ‘British Museum of Natural History’ (Museo Británico de Historia Natural), de Londres, y un prominente evolucionista, hace énfasis en que la habilidad de la selección natural nunca ha sido observada, para que los seres vivos evolucionen (se transformen):

“Nadie, jamás ha producido una especie por medio del mecanismo de la selección natural. Nadie ha estado siquiera cerca de eso, y la mayor parte de los argumentos neo darwinistas giran aún sobre esta cuestión” [11].

Pierre-Paul Grassé, un reconocido zoólogo francés y crítico del darwinismo, ha dicho lo siguiente en el capítulo titulado “The Evolution of Living Organisms” (La evolución de los organismo vivos) de su obra “Evolution and Natural Selection” (evolución y selección natural):

“La ‘evolución en acción’ de J. Huxley y de otros biólogos, es simplemente la observación de hechos demográficos, fluctuaciones locales de genotipos, distribuciones geográficas. Frecuentemente, ¡las especies consideradas han permanecido prácticamente sin cambios por cientos de siglos! La fluctuación es resultado de las circunstancias, con una previa modificación del genoma, que no implica evolución, y tenemos la prueba tangible de esto en muchas especies pancrónicas (panchronic species), esto es, fósiles vivientes que han permanecido sin cambios por millones de años” [12].

Una ojeada más próxima a los pocos “ejemplos observados de selección natural” presentados por biólogos quienes defienden la teoría de la evolución (transformista), revelará que en realidad, ellos no han ofrecido evidencia innegable para la evolución (transformación).

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iv. La verdadera historia del melanismo industrial.

Cuando las fuentes de los evolucionistas son examinadas, inevitablemente se puede observar que el ejemplo de los palomillas en Inglaterra durante la Revolución Industrial es citado como modelo de evolución por selección natural. Esto es mostrado como un ejemplo concreto de evolución observada, en libros de texto e incluso en fuentes académicas. En realidad, este ejemplo no tiene nada que ver con la evolución.

Primero establezcamos lo que se ha dicho: De acuerdo a este registro, aproximadamente al comienzo de la Revolución Industrial en Inglaterra, el color de la corteza de los árboles, cerca de Manchester, tomaron una apariencia clara, y debido a esto, las palomillas oscuras que estaban adheridas a estos árboles resaltaban y eran muy atractivas para los pájaros que se alimentaban de éstas, y por lo tanto, tenían muy poca probabilidad de sobrevivir. Cincuenta años después, en los bosques que estuvieron cerca de la contaminación de las fábricas y que eliminaron a las palomillas por su efecto, ahora su corteza se había oscurecido de nuevo, y por lo tanto, ahora la palomilla de color claro era la más apetecida, ya que era más contrastante y visible. Como resultado de esto, la proporción de palomillas claras decreció respecto a las palomillas oscuras. Los evolucionistas creen que esto es una gran evidencia para su teoría. Ellos se refugian y se consuelan mostrando cómo la palomilla de color claro “evolucionó” en una oscura.

La imagen muestra árboles con corteza de diferente tonalidad y con palomillas claras y oscuras posadas sobre éstos, la de arriba representaría la situación durante la Revolución Industrial y abajo se muestra un estado posterior. Debido a que los árboles se oscurecieron, los pájaros fueron capaces de identificar más fácilmente las palomillas claras y su número decreció. Sin embargo, esto no es un ejemplo de “evolución”, debido a que no se obtuvo ninguna nueva especie, todo lo que sucedió fue que cambió la proporción entre dos tipos ya existentes de palomillas.

Sin embargo, aunque consideramos que tales hechos son verídicos, debe quedar bien claro que de ninguna manera puede utilizarse como evidencia para la teoría de la evolución (transformismo), ya que no se produjo ninguna forma que no existía. La palomilla oscura había existido entre la población de palomillas antes de la Revolución Industrial. Sólo la proporción relativa de las palomillas existentes fue lo que varió. Los palomillas no adquirieron ningún rasgo nuevo ni algún nuevo órgano, que hubiera causado una “especiación” [13]. Con el propósito de que una especie de palomilla se convirtiera en alguna otra especie viviente, un pájaro, por ejemplo, se tendrían que haber corroborado adiciones a sus genes, esto es, que un programa genético totalmente nuevo se hubiese agregado y que incluyera la información sobre los rasgos físicos del pájaro.

Esta es la respuesta que se debe dar al relato evolucionista sobre el melanismo industrial. Sin embargo, existe una parte muy interesante de la narración: No sólo su interpretación, sino que el total del cuento es defectuoso. Como biólogo molecular, John Wells explica en su libro ‘Icons of Evolution’ (Iconos de la evolución), el relato de las palomillas apimientadas, el cual se incluye en cada libro pro evolucionista y por lo tanto, se ha convertido en un “icono” en este sentido, pero no refleja la verdad. Wells discute en su libro la forma en que el experimento de Bernard Kettlewell se llevó a cabo y que se considera como la “prueba material” del relato, y que realmente constituye un escándalo científico. Algunos elementos básicos de este escándalo son:

1. Muchos experimentos conducidos después del de Kettlewell revelaron que sólo un tipo de palomilla era la que se posaba en el tronco de los árboles, y que otros tipos preferían posarse bajo las pequeñas ramas horizontales. Desde 1980 ha quedado muy claro que la palomilla apimientada no descansa en forma normal sobre el tronco de los árboles. En 25 años de trabajo de campo, muchos científicos como Cyril Clarke y Rory Howlett, Michael Majerus, Tony Liebert y Paul Brakefield concluyeron que en el experimento de Kettlewell, las palomillas fueron forzadas a actuar atípicamente, y por lo tanto, los resultados de las pruebas no pueden ser aceptados como evidencia científica [14].

2. A la vez que la investigación profundizó, el escándalo cambio su dimensión: “The moths on tree trunks” (Las palomillas sobre los troncos de los árboles), fotografiadas por Kettlewell, realmente eran palomillas muertas. Kettlewell utilizó especímenes muertos que pegó o fijó sobre el tronco de los árboles y después los fotografió. En realidad, había muy poca probabilidad de realizar tales fotografías ya que esta palomilla en particular no se posaba sobre el tronco de los árboles, sino debajo de las hojas [15].

Estos hechos fueron descubiertos por la comunidad científica sólo hasta finales de la década de los 90 del siglo pasado. El colapso del mito del Melanismo Industrial, el cual había sido uno de los temas más atesorados en los cursos de ‘Introducción a la Evolución’ en las universidades por décadas, decepcionó en gran medida a los evolucionistas. Uno de ellos, Jerry Coyne, enfatizó:

“Mi propia reacción me recuerda la consternación de mi descubrimiento, a la edad de seis años, cuando supe que mi padre y no ‘Santa’ era quien me traía regalos en la víspera de Navidad” [16].

Así, el “ejemplo más famoso de selección natural” fue relegado al basurero de la historia como un escándalo científico inevitable, ya que no probaba que la selección natural era un “mecanismo evolutivo”, contrario a las creencias de los evolucionistas (transformistas).

En resumen, la selección natural no es capaz ni de agregar nuevos órganos a un ser vivo, ni de quitarlos, mucho menos de cambiar un organismo de una especie en otra. La “gran evidencia” impuesta, y que ni siquiera Darwin pudo ahondar más que el caso del “melanismo industrial” de las palomillas en Inglaterra.

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v. La razón por la que la selección natural es incapaz de explicar la complejidad.

Como mostramos el principio, la más grande dificultad de la teoría de la evolución (transformista) por selección natural, es que no puede hacer posible que nuevos órganos o rasgos se den en los seres vivos. La selección natural no puede desarrollar nueva información genética en las especies, por lo tanto, no puede utilizarse para argumentar la aparición de nuevas especies. El más grande defensor de la teoría del “equilibrio puntuado” (punctuated equilibrium), Steven Jay Gould, se refiere a este gran obstáculo para la selección natural, de esta manera:

“La esencia del darwinismo yace en una sola frase: la selección natural es la fuerza creativa del cambio evolucionario (transformista). Nadie niega que la selección jugaría un papel negativo al eliminar lo que no es adecuado, pero las teorías darwinianas requieren que ésta haga posible lo que es adecuado también” [17].

Otro de los métodos engañosos que los evolucionistas emplean en el tema de la selección natural es su esfuerzo en presentar éste mecanismo como un diseñador inteligente. Sin embargo, la selección natural no tiene inteligencia alguna. Ésta no posee voluntad alguna para decidir lo que es bueno o conveniente y lo que es malo o inconveniente para los seres vivos. Como resultado de esto, la selección natural no puede explicar los sistemas biológicos y los órganos que poseen la característica de “complejidad irreductible” (irreducible complexity). Estos sistemas y órganos están compuestos de un gran número de partes cooperando entre sí, y no pueden funcionar si alguna de sus partes falta o está defectuosa. Por ejemplo, el ojo humano no funcionará a menos que esté constituido de todas sus partes y en buen estado.

Por consiguiente, la voluntad que es capaz de poner en conjunción todas esas partes debe ser capaz de prever el futuro e ir directamente al objetivo de otorgar una ventaja como consecuencia de la inclusión de un elemento, en la etapa final. Y ya que la selección natural no tiene conciencia o voluntad alguna, no puede llevar a cabo tal tarea. Este hecho, que derriba los fundamentos de la teoría de la evolución (transformista), también preocupaba a Darwin, quien escribió: “Si puede demostrarse que cualquier organismo complejo existió y que no pudo haber sido formado por numerosas y sucesivas modificaciones mínimas, mi teoría se vendría irremediablemente abajo” [18].

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vi. Las Mutaciones.

Las mutaciones son definidas como rompimientos o reemplazos que toman lugar en la molécula de ADN, la cual se encuentra en el núcleo de las células de los organismos vivos y la cual contiene toda su información genética. Estos rompimientos o reemplazos son el resultado de efectos externos tales como la radiación o la acción química. Toda mutación es un “accidente”, y daña los nucleótidos que componen el ADN o los cambia de lugar. La mayor parte de las veces, éstos causan mucho daño y la codificación de la célula no puede repararse.

La mutación, que es frecuentemente parcializada por los evolucionistas, no es una varita mágica que transforma a los organismos vivos en formas más avanzadas y perfectas. El efecto directo de las mutaciones es dañino. Los cambios efectuados por mutaciones sólo pueden ser narrados por las personas que sobrevivieron a Hiroshima, Nagasaki y Chernobyl: esto es, sinónimo de muerte, discapacidad, deformaciones monstruosas de la naturaleza…

Un pie deformado por efecto de la mutación.

La razón de esto es muy sencilla: el ADN tiene una estructura muy compleja y los cambios aleatorios sólo pueden dañarla. El biólogo B. G. Ranganathan afirma:

“En primer lugar, las mutaciones genuinas son muy raras en la naturaleza. Segundo, la mayoría de las mutaciones son dañinas ya que son aleatorias, si los cambios no son ordenados en la estructura de los genes, cualquier cambio aleatorio en un sistema altamente ordenado será para empeorar, no para mejorar. Por ejemplo, si un terremoto sacudiera una estructura complejamente organizada como un edificio, habría un cambio aleatorio en la estructura de esa construcción, y con toda probabilidad, no sería para mejorarla” [19].

No es sorprendente que ninguna mutación ventajosa se haya observado hasta el momento. Todas las mutaciones han probado ser dañinas. Los científicos evolucionistas como Warren Weaver comentan sobre el reporte preparado por el ‘Committee on Genetic Effects of Atomic Radiation’ (Comité sobre efectos genéticos de la radicación atómica), la cual ha sido formada para investigar las mutaciones que pudieran haber sido causadas por las armas nucleares en la Segunda Guerra Mundial:

“Muchos podrían verse en aprietos por las declaraciones de que prácticamente todas las mutaciones conocidas en los genes son dañinas. Ya que las mutaciones son parte necesaria en el proceso de la evolución (transformismo), ¿cómo es que un buen efecto evolucionista que llevaría hacia formas de vida más elevadas resultará de las mutaciones cuando prácticamente todas éstas son dañinas?” [20].

Todo esfuerzo puesto en “generar una mutación útil” ha resultado en fracaso. Por décadas, los evolucionistas han llevado a cabo muchos experimentos para producir mutaciones en las moscas de la fruta debido a que estos insectos se reproducen muy rápidamente y los efectos se observan casi inmediatamente. Generación tras generación de estas moscas mutantes y aún no se ha observado mutación útil alguna. El genetista evolucionista Gordon Taylor lo describe así:

“Es sorprendente, pero no muy mencionado el hecho de que genetistas han estado criando moscas de la fruta por aproximadamente sesenta años o más, en laboratorios de todo el mundo, produciendo nuevas generaciones cada once días y que nunca, hasta el momento, se ha observado la aparición de alguna nueva especie o siquiera la aparición de alguna nueva enzima” [21].

Desde el comienzo del siglo XX, los biólogos evolucionistas han buscado ejemplos de mutaciones ventajosas a través de la experimentación con moscas mutantes. Pero estos esfuerzos siempre han resultado en criaturas enfermas y deformes. La imagen de la izquierda muestra la cabeza normal de una mosca de la fruta, y la imagen de la derecha muestra la cabeza de una mosca de la fruta de donde salen las patas, como resultado de una mutación inducida.

Ranas mutantes nacidas con las patas atrofiadas.

Otro investigador, Michael Pitman, comenta sobre el fracaso de los experimentos llevados a cabo con las moscas de la fruta:

Morgan, Goldschmidt, Muller y otros genetistas han expuesto a generaciones de moscas de la fruta a condiciones extremas de calor, frío, luz, oscuridad y han sido tratadas con radiaciones y elementos químicos. Todas clase de mutaciones se han visto, prácticamente todas triviales o confirmadamente dañinas. ¿Es esta la evolución inducida por el hombre? Realmente no: Pocos ejemplares de estos monstruos de los genetistas podrían haber sobrevivido fuera de las condiciones controladas del laboratorio donde se crían. En la práctica los mutantes mueren, son estériles, o tienden a revertir el tipo (typo) desenfrenado [22].

Lo mismo puede sostenerse para el hombre. Todas las mutaciones que han sido observadas en seres humanos han tenido efectos fatales. Todas las mutaciones que toman lugar en humanos resultan en deformidades físicas, en debilitamientos como el mongolismo, síndrome de Down, albinismo, enanismo o cáncer. Es necesario mencionar que un proceso que incapacita o hace enfermar a las personas no puede ser considerado un “mecanismo evolucionista”, la evolución supuestamente debe producir mejores individuos para que sobrevivan sobre su estado anterior, esto es, sobre el hombre normal.

Una mosca de la fruta con sus alas deformadas.

El patólogo estadounidense, David A. Demick hace la siguiente observación en un artículo científico sobre mutación:

“Literalmente, miles de enfermedades humanas, catalogadas recientemente, están asociadas con mutaciones genéticas, y en cada momento se siguen encontrando. Un libro reciente de referencia médica sobre genética, tiene una lista de 4,500 diferentes enfermedades genéticas. Algunos de los síndromes hereditarios caracterizaron los días previos al análisis genético molecular, como el síndrome de Marfan, y ahora se muestran heterogéneos, esto es, asociados con muchas y diferentes mutaciones… Con esta variedad de enfermedades humanas que son causadas por mutaciones, ¿dónde podrían estar los efectos positivos? Con miles de ejemplos de mutaciones dañinas palpables, con seguridad es posible describir algunas mutaciones positivas a nivel de macro evolución. Éstas serían necesarias no sólo para la evolución hacia una mayor complejidad, sino también para compensar el descenso de las muchas mutaciones dañinas. Pero, cuando se trata de identificar las mutaciones positivas, los científicos evolucionistas guardan un extraño silencio” [23].

El único caso en que los biólogos evolucionistas aceptan las “mutaciones útiles” es en la enfermedad conocida como anemia drepanocítica (sickle cell anemia). En ésta, la molécula de la hemoglobina, que sirve para transportar el oxígeno en la sangre, se daña como resultado de una mutación y sucede un cambio estructural, como resultado de esto, la habilidad de la molécula de la sangre para transportar oxígeno es seriamente perjudicada. La gente que padece anémica drepanocítica sufre de una dificultad crónica para respirar. Sin embargo, este ejemplo de mutación es discutido bajo los desórdenes, en los libros de texto médicos, pero es extrañamente subevaluado por algunos biólogos evolucionistas y tenido como una “mutación útil”.

La forma (de media luna) y las funciones de los corpúsculos rojos son comprometidos en la anemia drepanocítica. Por esta razón, sus capacidad de transportar oxígeno se debilita.

Ellos sostienen que la inmunidad parcial a la malaria en aquellos que la han padecido es un “don” de la evolución. Usando la misma lógica, se podría decir que, ya que la gente que nace con parálisis en las piernas debido a problemas genéticos y que no podrá caminar, están a salvo de morir caminado al atravesar una avenida, y por lo tanto, su parálisis genética podría considerarse una “característica genética útil”. Esta lógica es claramente defectuosa.

Es obvio que las mutaciones sólo son un mecanismo destructor. Pierre-Paul Grassé, ex presidente de la institución ‘French Academy of Sciences’ (Academia francesa de las ciencias), es bastante claro en este punto, en un comentario sobre mutación. Grassé comparó a las mutaciones con “cometer errores al copiar un texto”, así con las mutaciones, los errores de escritura no llevan a clarificar la información, sino sólo a dañar la información ya existente. Grassé explicó este hecho de la siguiente manera:

“Las mutaciones que se manifiestan lo hacen incoherentemente, éstas no se complementan unas a otras ni tienen un efecto acumulativo en las generaciones sucesivas hacia alguna dirección específica. Las mutaciones modifican lo que ya está preexistente, pero lo hacen invariablemente de forma desordenada… Tan pronto como se manifiesta algún desorden en un organismo sano, por pequeño que sea, pronto se manifiesta la enfermedad seguida de la muerte. No es posible comprometer el fenómeno de la vida con la anarquía.” [24].

Así, por esta razón, como Grassé lo dice, “no importa qué tan numerosas sean, las mutaciones no producen ninguna clase de evolución” [25].

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vii. El efecto pleitrópico

La prueba más importante de que las mutaciones sólo conducen al daño, es el proceso de codificación genética (genetic coding). Casi todos los genes en un ser vivo completamente desarrollado portan más de una pieza de información. Por ejemplo, un gen podría controlar tanto la altura como el color de ojos de un organismo. El microbiólogo Michael Denton explica esta característica de los genes en organismos superiores como los humanos, de esta manera:

Los efectos de los genes en desarrollo son muchas veces sorprendentemente diversos. En el caso de los ratones, casi cualquier gen relacionado con la coloración del pelaje tiene algún efecto con la talla corporal. De 17 mutaciones inducidas con rayos X afectando el color de los ojos en las moscas de la fruta, Drosophila melanogaster, 14 afectaron la forma de los órganos sexuales de las hembras, una característica que se hubiera pensado que era totalmente ajena al color de los ojos. Casi cualquier gen que se haya estudiado en organismos superiores se ha encontrado que tienen más de un efecto sobre los órganos que los componen, un efecto múltiple que es conocido como pleitropia (pleiotropy). Como Mayr dice en ‘Population, Species and Evolution’ (Población, especies y evolución): “Es dudoso que existan genes que no sean pleitrópicos en los organismos superiores” [26].

1. Las alas que no se desarrollan 2. Los miembros traseros alcanzan su máxima longitud, pero los dedos no se desarrollan completamente. 3. Hay ausencia de piel suave para cubrir. 4. Aunque existe el pasaje respiratorio, hay ausencia de pulmones y saco respiratorio. 5. El tracto urinario no ha crecido, lo que no ha inducido el desarrollo de los riñones.

A la izquierda observamos el desarrollo normal de un ave domesticada, a la derecha se muestran los efectos dañinos de una mutación, en el gen pleitrópico. Un cuidadoso examen muestra que la mutación en un sólo gen daña muchos y variados órganos. Incluso si hipotéticamente consideramos que la mutación tiene efectos benéficos, este “efecto pleitrópico” neutralizaría tal ventaja al dañar muchos otros órganos.

Debido a esta característica de la estructura genética de los seres vivientes, cualquier cambio fortuito debido a la mutación en cualquier gen del ADN, afectará más de un sólo órgano. Consecuentemente, esta mutación no estará restringida a una sola parte del cuerpo, sino que revelará ampliamente su efecto destructor. Incluso si uno de estos efectos fuese benéfico, como resultado de una extrañísima suerte, los dañinos efectos irreversibles sobre otras partes pesarían más que el beneficio.

En resumen, existen tres razones principales por las que las mutaciones no pueden hacer posible la evolución (transformismo):

1. El efecto directo de las mutaciones es dañino. Ya que ocurren aleatoriamente, es casi seguro que el ser vivo que las experimente, se dañe. La razón nos dice que la intervención inconsciente en una estructura compleja y perfecta no mejorará dicha estructura, sino que la perjudicará. Y por supuesto, ninguna “mutación benéfica o útil” ha sido observada, nunca.
2. Las mutaciones no agregan ninguna nueva información al ADN del organismo. Las partículas que componen la información genética son movidas de su lugar, destruidas o fragmentadas. Las mutaciones no provocan que los seres vivos adquieran nuevos órganos ni nuevos rasgos. Éstas sólo causan anormalidades como que las piernas salgan de la espalda o que un oído esté sobre el abdomen.
3. Con el fin de que una mutación de transmita a la siguiente generación, tiene que haber sucedido en las células reproductivas del organismo. Un cambio fortuito que ocurre en una célula u órgano del cuerpo, no será transmitido a la siguiente generación. Por ejemplo, si el ojo humano se alterara por efecto de la radiación, o por otras causas, ésta mutación no pasaría a la siguiente generación.

La bacteria Escherichia coli no es diferente de los especímenes de hace millones de años. Durante este tiempo, han experimentado incontables mutaciones que no las han llevado hacia cambios estructurales.

Todas las explicaciones ofrecidas antes indican que la ‘selección natural’ y la mutación no tienen ningún efecto evolutivo (transformista). Lo que es más, no se ha observado nunca algún ejemplo de “evolución” obtenido por éste método. Algunas veces, los biólogos evolucionistas afirman que “ellos no pueden observar el efecto evolutivo por mecanismos de selección natural y mutación ya que este proceso sólo se lleva a cabo durante un largo periodo de tiempo”. Sin embargo, este argumento, es sólo una forma de hacerse sentir mejor y no tiene fundamento. Durante su vida, un científico podría observar miles de generaciones de seres vivos de corta vida, como las moscas de la fruta y las bacterias, y aún así, no se ha observado la “evolución”. Pierre-Paul Grassé afirma lo siguiente sobre la naturaleza invariable de la bacteria, un hecho que invalida la evolución (transformismo):

“Las bacterias son organismos que, debido a su gran número. producen las más numerosas mutaciones. La bacteria exhibe una gran fidelidad hacia su especie. El bacilo Escherichia coli, cuyas mutaciones han sido estudiadas muy cuidadosamente, es el mejor ejemplo. El lector estará de acuerdo en que es sorprendente, por decir lo menos, el querer demostrar la evolución y desentramar sus mecanismo al escoger un material de estudio ¡que ha permanecido prácticamente sin cambios, estabilizado, por millones de años!” En resumen, las mutaciones de las bacterias y los virus son meras fluctuaciones hereditarias que giran alrededor de una posición media: un desplazamiento a la derecha o a la izquierda, pero nunca un efecto de evolución final. Las cucarachas, la cuales han sido uno de los insectos vivientes más estudiados, han permanecido más o menos sin cambios desde la época del Pérmico, y aún así han pasado por muchas mutaciones, como la Drosophila, un insecto del Terciario [27].

La conclusión es, que es imposible que los seres vivos hayan evolucionado (transformado), ya que no existe ningún mecanismo en la naturaleza que pueda causar dicha evolución. Aún más, esta conclusión concuerda con el registro fósil, el cual no ha demostrado la existencia de un proceso de evolución, sino todo lo contrario.

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Notas:

[8] V. C. Wynne-Edwards, “Self Regulating Systems in Populations of Animals, Science, vol. 147, 26 March 1965, pp. 1543-1548; V. C. Wynne-Edwards, Evolution Through Group Selection, London, 1986.
[9] A. D. Bradshaw, “Evolutionary significance of phenotypic plasticity in plants,” Advances in Genetics, vol. 13, pp. 115-155; cited in Lee Spetner, Not By Chance!: Shattering the Modern Theory of Evolution, The Judaica Press, Inc., New York, 1997, pp. 16-17.
[10] Andy Coghlan “Suicide Squad”, New Scientist, 10 July 1999.
[11] Colin Patterson, “Cladistics”, Interview by Brian Leek, interviewer Peter Franz, March 4, 1982, BBC
[12] Phillip E. Johnson, Darwin On Trial, Intervarsity Press, Illinois, 1993, p. 27.
[13] For more detailed information about Industrial Melanism, please see Phillip Johnson, Darwin on Trial, InterVarsity Press, 2nd. Ed., Washington D.C., p. 26.
[14] Jonathan Wells, Icons of Evolution: Science or Myth? Why Much of What We Teach About Evolution is Wrong, Regnery Publishing, Washington, 2000, pp. 149-150.
[15] Jonathan Wells, Icons of Evolution: Science or Myth? Why Much of What We Teach About Evolution is Wrong, Regnery Publishing, Washington, 2000, pp. 141-151.
[16] Jerry Coyne, “Not Black and White”, a review of Michael Majerus’s Melanism: Evolution in Action, Nature, 396, 1988, pp. 35-36.
[17] Stephen Jay Gould, “The Return of Hopeful Monster”, Natural History, vol. 86, June-July 1977, p. 28.
[18] Charles Darwin, The Origin of Species: A Facsimile of the First Edition, Harvard University Press, 1964, p. 189.
[17] Stephen Jay Gould, “The Return of Hopeful Monster”, Natural History, vol. 86, June-July 1977, p. 28.
[18] Charles Darwin, The Origin of Species: A Facsimile of the First Edition, Harvard University Press, 1964, p. 189.
[19] B. G. Ranganathan, Origins?, Pennsylvania: The Banner Of Truth Trust, 1988.
[20] Warren Weaver et al., “Genetic Effects of Atomic Radiation”, Science, vol. 123, June 29, 1956, p. 1159.
[21] Gordon Rattray Taylor, The Great Evolution Mystery, Abacus, Sphere Books, London, 1984, p. 48.
[22] Michael Pitman, Adam and Evolution, River Publishing, London, 1984, p. 70.
[23] David A. Demick, “The Blind Gunman”, Impact, no. 308, February 1999.
[24] Pierre-Paul Grassé, Evolution of Living Organisms, Academic Press, New York, 1977, p. 97, 98.
[25] Pierre-Paul Grassé, Evolution of Living Organisms, Academic Press, New York, 1977, p. 88.
[26] Michael Denton, Evolution: A Theory in Crisis, Burnett Books Ltd., London, 1985, p. 149.
[27] Pierre-Paul Grassé, Evolution of Living Organisms, Academic Press, New York, 1977, p. 87.

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