Posteado por: B&T | Jueves, diciembre 14, 2017

«Calculando la fecha de la Navidad. La historia detrás del 25 de diciembre» por William J. Tighe

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Título: Calculando la fecha de la Navidad. La historia detrás del 25 de diciembre
Autor: William J. Tighe, profesor asociado de historia en el Muhlenber College en Allentown, Pennsylvania.
Original en inglés: Calculating Chrismas
Traducción: Alejandro Villarreal -dic. 2017-

Muchos cristianos creen que celebran el nacimiento de Jesucristo, el 25 de diciembre, debido a que los Padres de la Iglesia se apropiaron de esa fecha, la cual correspondería a un festival pagano. No es que a muchos les importe esto, tan sólo a unos pocos grupos marginados del evangelismo americano quienes parecen pensar que esto haría de la Navidad un festival pagano en sí. Pero quizás es más interesante saber que la elección del 25 de diciembre fue el resultado de los intentos de los primeros cristianos para saber cuál fue la fecha de nacimiento de Jesús, fundamentado en cálculos calendáricos que no tuvieron nada que ver con festivales paganos.

En lugar de esto, fue el festival pagano del “Nacimiento del Sol Invicto”, instituido por el Emperador romano Lucio Domicio Aureliano, el 25 de diciembre de 274 AD, el que intentó crear una alternativa pagana a la fecha que ya tenía mucho significado para los cristianos romanos. Así, el “origen pagano de la Navidad” es un mito sin sustancia histórica.

Un error

La idea de que esta fecha fue adoptada de los paganos se remonta a dos estudiosos de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Paul Ernst Jablonski, un protestante alemán, deseó mostrar que la celebración del nacimiento de Jesucristo el 25 de diciembre fue una de muchas “paganizaciones” de la cristiandad que la Iglesia del siglo cuarto abrazó, como parte de “degeneraciones” que transformaron la cristiandad apostólica pura en el catolicismo. Dom Jean Hardouin, un monje benedictino, trató de mostrar que la Iglesia católica había adoptado festivales paganos con propósitos cristianos, sin paganizar el Evangelio.

En el calendario juliano, creado el 45 a.C. bajo Julio César, el solsticio de invierno tuvo lugar un 25 de diciembre, y por lo tanto, pareció obvio a Jablonski y Hardouin que ese día debió haber tenido algún significado para los paganos antes de que lo tuviera para los cristianos. Pero de hecho, esa fecha no tenía ningún significado religioso en las fiestas romanas paganas antes de la era aureliana, ni tampoco el culto al sol jugó un papel sobresaliente en la Roma anterior a este Emperador.

Existieron dos templos dedicados al sol en Roma, uno de los cuales celebraba su dedicación en la fiesta del 9 de agosto (el cual era mantenido por el clan que adoptó a Aureliano); el otro celebraba su dedicación en la fiesta del 28 de agosto. Sin embargo, ambos cultos se perdieron por negligencia hacia el siglo II, cuando los cultos orientales para el sol, como por ejemplo el Mitraísmo, comenzaron a ganar seguidores en Roma. Y en cualquier caso, ninguno de estos cultos, antiguo o nuevo, tenía festivales asociados con los solsticios o los equinoccios.

Fue de la siguiente manera que realmente ocurrieron las cosas: Aureliano, quien gobernó del 270 AD hasta su asesinato en 275 AD, fue hostil hacia el Cristianismo y es evidente que el haber promovido el establecimiento del festival del “Nacimiento del Sol Invicto” fue una maniobra que intentaba unificar los diversos cultos paganos vigentes en el Imperio Romano y que conmemoraban el “renacimiento” anual del sol. Él dirigió un imperio que parecía colapsar ante los malestares internos, rebeliones en las provincias, deterioro económico y repetidos ataques por parte de las tribus germanas del norte y del Imperio Persa por el oriente.

Al crear una fiesta nueva él intentaba “prolongar” la luz del día y poner un alto a la propagación de la oscuridad. El 25 de diciembre debía ser un símbolo de la esperanza por el “renacimiento” o el perpetuo rejuvenecimiento del Imperio Romano, lo cual resultaría de mantener la adoración a los dioses cuyo tutelaje (pensaban los romanos) había llevado a Roma a la grandeza y a dominar el mundo. Si esto también se oponía a la celebración cristiana, mucho mejor.

Un subproducto

Es verdad que las primeras evidencias de que los cristianos celebrasen el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento del Señor vienen de una Roma posterior a la era de Aureliano, en 336 AD, pero hay pruebas, tanto del oriente griego como del occidente latino, que los cristianos intentaron deducir la fecha del nacimiento de Jesucristo mucho antes de que se celebrase litúrgicamente, incluso desde el segundo y tercer siglo. De hecho, estas pruebas indican que la atribución de la fecha del 25 de diciembre fue un subproducto en los intentos de determinar cuándo habría tenido lugar Su muerte y resurrección.

¿Cómo sucedió esto? Existe una contradicción aparente en la fecha de la muerte del Señor, como la ofrecen los Evangelios sinópticos y el Evangelio de Juan. Los sinópticos parecerían señalarla el día de la Pascua, después de que el Señor celebrase la Cena de Pascua, la noche anterior; mientras que Juan lo haría en la víspera de la Pascua, justo en el momento en que los corderos estarían siendo sacrificados en el Templo de Jerusalén para la fiesta que tendría lugar ese mismo día después del ocaso del sol.

El resolver esta cuestión involucra contestar a la pregunta de si la Última Cena del Señor fue realizada en la Cena de Pascua, o fue un banquete celebrado un día antes, lo cual no abundaremos aquí. Es suficiente decir que la Iglesia primitiva siguió el texto de Juan en lugar de los sinópticos, y así se creyó que la muerte de Jesucristo habría tenido lugar el 14 Nisán, según el calendario lunar judío. Por cierto, los estudiosos modernos están de acuerdo en que la muerte de Jesucristo habría tenido lugar el 30 o el 33 AD, ya que sólo durante estos dos años la víspera de la Pascua habría tenido lugar un viernes, y las posibilidades de la fecha son el 7 de abril del 30 o el 3 de abril del 33.

Nota de B&T: La Enciclopedia Católica dice al respecto: …sólo una contradicción aparente y que las diferentes afirmaciones pueden ser conciliadas. Puesto que los judíos calculaban sus fiestas y Sabbaths de puesta de sol a puesta de sol: así el Sabbath comenzaba después de la puesta de sol del viernes y terminaba con la puesta de sol del sábado. Este estilo es empleado por los Evangelios Sinópticos, mientras que San Juan, escribiendo unos veintiséis años después de la destrucción de Jerusalén, cuando la ley y las costumbres judías ya no prevalecían, puede muy bien haber usado el método romano de computar el tiempo de medianoche a medianoche. La palabra pascua no se aplica exclusivamente al cordero pascual de la víspera de la fiesta, sino que es usada en las Escrituras y en el Talmud en un sentido más amplio para la festividad completa, incluyendo el chagigah; cualquier impureza legal pudo haber sido purificada por las abluciones vespertinas; los juicios, e incluso las ejecuciones y muchos trabajos serviles, aunque prohibidos en el Sabbath, no estaban prohibidos en las fiestas (Núm. 28,16; Deut.16,23). La palabra parasceve puede significar la preparación para cualquier Sabbath y puede ser la designación común de cualquier viernes, y su relación con el cordero pascual no significa necesariamente la preparación para la Pascua sino el viernes del tiempo de Pascua y de ahí que ese Sabbath fuera un Sabbath muy solemne. Además parece bastante seguro que si San Juan pretendía dar una fecha diferente de la dada por los Sinópticos y sancionada por la costumbre de su propia Iglesia de Éfeso, lo habría dicho así expresamente. Otros aceptan la aparente afirmación de San Juan de que la Última Cena fue el 13 de Nisán e intentan conciliar esto con el relato de los Sinópticos. A esta categoría pertenecen Pablo de Burgos, Maldonado, Petau, Hardouin, Tillemont, y otros. San Pedro de Alejandría (P.G. XCII, 78) dice “ En los años anteriores Jesús había guardado la Pascua y comido el cordero pascual, pero el día antes de sufrir como el verdadero Cordero pascual, les enseñó a sus discípulos el misterio del tipo.” Otros dicen: Puesto que la Pascua, al caer ese año en viernes, se contaba como sabbath, los judíos, para evitar la inconveniencia de dos sabbaths seguidos, habían pospuesto la Pascua un día, y Jesús la celebró el día fijado por la Ley; otros creen que Jesús anticipó la celebración, sabiendo que en el tiempo apropiado estaría en la tumba.

Sin embargo, como la Iglesia primitiva se separo necesariamente del judaísmo, entró en un mundo con diferentes calendarios, y tuvo que idear su propio cálculo del tiempo para celebrar la Pasión del Señor, de una manera no menos importante que la que empleaban los cálculos rabínicos para la fecha de la Pascua. También, debido a que el calendario judío era lunar y consistía de doce meses de treinta días cada uno, y cada determinado año se tenía que agregar un treceavo mes por decreto del Sanedrín para mantenerlo en sincronización con los equinoccios y solsticios, así como para prevenir que las estaciones se manifestaran en meses que no les correspondían.

Aparte de la dificultad que los cristianos habrían tenido en seguir, o quizás incluso en estar informados con precisión, de la fecha de la Pascua en cualquier año dado, al seguir un calendario lunar diseñado por ellos mismos los habría puesto en desacuerdo tanto con judíos como con los paganos, y muy probablemente se habrían involucrado en interminables disputas al interior. El siglo segundo fue testigo de severas disputas acerca de si la fiesta de Pascha siempre debía caer en domingo o en cualquier otro día, dos días después de 14 Artemisios/Nisán, ante lo cual un calendario lunar propio habría agravado tales problemas.

Estas dificultades influyeron de distinta manera entre los cristianos de Grecia de la parte oriental del Imperio y entre los cristianos latinos de occidente. Los cristianos griegos parecían más interesados en encontrar una fecha equivalente a 14 Nisán por medio de su propio calendario solar, y ya que el Nisán fue el mes en el cual ocurrió el equinoccio de primavera, ellos escogieron el decimocuarto día de Artemisios, pues en dicho mes se manifestaba invariablemente el equinoccio de primavera en su calendario. Aproximadamente en el 300 A.D., el calendario griego fue sustituido por el calendario romano, y ya que las fechas de los comienzos y finales de los meses de esos dos sistemas no coincidían, 14 Artemisios se tomó como el 6 de abril.

En contraste, los cristianos de occidente del siglo segundo en Roma y el norte de África desearon establecer la fecha histórica en la cual N.S. Jesucristo murió. Por el tiempo de Tertuliano ya habían concluido que su muerte habría sucedido el viernes 25 de marzo del año 29. A lo cual he de señalar que es imposible, pues el 25 de marzo del año 29 no fue viernes y la víspera de Pascua de ese año no cayó en viernes, por lo cual no pudo ser el 25 de marzo, ni siquiera ese mes.

Una edad integral

De esta manera, en Oriente tenemos la fecha del 6 de abril y en Occidente el 25 de marzo. En este punto, debemos introducir una creencia que parece haber sido muy popular en el judaísmo del tiempo de Jesucristo, la cual, como tal, no se encuentra en la Biblia y ha pasado al olvido entre los cristianos. La idea es sobre la “edad integral” de los grandes profetas judíos: el día de la fecha de la muerte de los profetas de Israel coincide con el día de la fecha de su nacimiento, o mejor dicho, de su concepción.

Esta noción es un factor clave para comprender cómo algunos de los primeros cristianos llegaron a creer que el 25 de diciembre es la fecha del nacimiento de Jesucristo. Los primeros cristianos aplicaron esta idea a Jesús, de tal manera que el 25 de marzo y el 6 de abril no fueron sólo las supuestas fechas de la muerte de Jesucristo, sino de su concepción o nacimiento también. Existe poca evidencia de que algunos de los cristianos del siglo primero (y el segundo) pensaran que el 25 de marzo o el 6 de abril hayan sido las fechas probables de nacimiento de Jesucristo, pero en su lugar rápidamente se esparció la idea de que el 25 de marzo habría sido la fecha de la concepción de Jesucristo [Nota de B&T: lo cual tiene una gran relevancia en el Evangelio de San Lucas -I,26-38-, en la Anunciación del arcángel Gabriel, cuando el Espíritu Santo cubrió con su sombra a la Sma. Virgen María].

Es por esto que en esta fecha -25 de marzo- se conmemora casi universalmente entre los cristianos la Fiesta de la Anunciación, cuando el arcángel Gabriel llevó las buenas nuevas del Salvador a María, bajo cuyo consentimiento la Palabra eterna de Dios, Luz de Luz, Verdadero Dios, consustancial al Padre desde la eternidad, se encarnó en su vientre virginal. ¿Cuál es la duración típica del embarazo humano?, nueve meses. Agréguense nueve meses a la fecha 25 de marzo y llegaremos al 25 de diciembre; agréguense nueve meses a la fecha 6 de abril y llegaremos al 6 de enero. El 25 de diciembre es Navidad y el 6 de enero Epifanía.

La Navidad es una festividad con origen en la cristiandad de Occidente. En Constantinopla parece haberse introducido en el año 379 o 380. En un sermón de San Juan Crisóstomo, un reconocido asceta  y predicador de ese tiempo, ya aparece esta festividad siendo celebrada por primera vez el 25 de diciembre de 386 en su natal Antioquía. Desde allí se esparció a la cristiandad de Oriente, siendo adoptada en Alejandría aproximadamente en 432 y en Jerusalén un siglo o poco más tarde. Los armenios fueron de los pocos, junto a otras iglesias cristianas, que jamás la adoptaron, y hasta la fecha celebran el nacimiento de Jesucristo, la visita de los magos de oriente y el bautismo, el 6 de enero.

Al mismo tiempo, las iglesias occidentales gradualmente adoptaron el 6 de enero como la fiesta de la Epifanía, por influencia de Oriente. Roma así lo hizo entre los años 366 y 394. Pero en Occidente la fiesta fue generalmente presentada como la conmemoración de la visita de los magos al Niño Jesús, y como tal, se convirtió en una fiesta importante, pero no la más importante, en oposición a lo que sucedió en Oriente, donde permaneció como la segunda festividad más importante del año eclesiástico, sólo después de la Pascua.

En Oriente, la Epifanía superó ampliamente a la Navidad en importancia. La razón es porque esta celebración conmemora el bautismo de Jesucristo en el Jordán y la ocasión en la cual se manifestó la voz del Padre y el descenso del Espíritu Santo por primera vez, ante hombres mortales, así como la manifestación de la divinidad del Cristo Encarnado y la Trinidad de Personas en un solo Dios.

Una fiesta cristiana

Es así que el 25 de diciembre es la fecha del nacimiento de Jesucristo sin deberle nada, absolutamente, a las influencias paganas que se practicaban paralelamente a la existencia de la Iglesia del tiempo de Constantino y aún después. Es totalmente improbable que haya sido la fecha real del nacimiento de Jesucristo, pero así se constituyó desde los esfuerzos de los primeros cristianos latinos por determinar la fecha histórica de la muerte de Jesucristo.

Y la fiesta pagana que el emperador Aureliano instituyó en esa fecha en el año 274 A.D., fue, no sólo un esfuerzo para utilizar el solsticio de invierno para realizar una maniobra política, sino también un intento de dar un sentido pagano a una fecha que ya tenía mucha importancia entre los cristianos de Roma. Los cristianos, a su vez, se volverían a apropiar de esa fecha conocida como “Nacimiento del Sol Invicto”, para referirse a la ocasión del nacimiento de Jesucristo, quien es el Sol de Salvación o el Sol de Justicia.

 

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