Posteado por: Alejandro Villarreal | Viernes, octubre 31, 2014

Historiadora del INAH: Los festejos del 1 y 2 de noviembre son de origen católico, no prehispánico

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Título: Historiadora del INAH: Los festejos del 1 y 2 de noviembre son de origen católico, no prehispánico
Artículo periodístico publicado en La Jornada en noviembre de 2001.

“México no es un pueblo que adora a la muerte; eso es un invento cultural”. Dra. Elsa Malvido, historiadora del INAH, falleció en el año 2011.

El rito a la muerte es universal y el día 2 de noviembre “es un invento cultural que conjuga costumbres católicas y la cena de Día de Muertos es de origen romano, en la cual se espera a los familiares muertos para cenar, además de expresiones estadunidenses e irlandesas en torno a la noche de brujas y halloween”, opina Elsa Malvido, historiadora quien desde hace 14 años imparte el Taller de Estudios sobre la Muerte en la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Nota de B&T: Con respecto al Halloween, se recomienda revisar el siguiente artículo: Halloween o el regreso al paganismo

De acuerdo con un boletín del INAH, la investigadora dice que lo que pretende en su seminario es:

Demostrar que no somos un pueblo que adora a la muerte como se concibió; que el festejo actual es de origen católico y no tiene indicios prehispánicos y que el ritual de la muerte es universal. Mis estudios sobre la muerte terminan con ritos dañinos para México, porque el mundo nos ha considerado a partir de los escritos de Octavio Paz, quien describe que los mexicanos somos una población ideológicamente patológica, cuyo motivo único de la vida parece ser la muerte“.

Para Elsa Malvido, “el mexicano se ríe de la muerte del otro, ante el temor y el miedo de morir. Pero en realidad nadie quiere morir, aunque todos vamos a llegar a la muerte”. Además agrega:

El movimiento político e intelectual que se dio durante el gobierno de Lázaro Cárdenas redescubrió el mundo indígena de México. A partir de allí los intelectuales, comunistas, anticlericales y masones transformaron las fiestas de la muerte e insistieron en que el festejo era de origen prehispánico. El antecedente del altar de muertos fue la mesa del santo, donde se ponía su imagen y sus reliquias el día 1º de noviembre.

Poco a poco la gente empezó a asistir a los cementerios a visitar a sus difuntos, después de la verbena del Día de Muertos realizada el 2 de noviembre en las iglesias. Estos sitios se localizaban fuera de la población y los visitantes adornaban sus tumbas con mantones, encajes, flores y candelabros y comían allí, debido a la distancia del lugar, pero no para departir con los muertos como se cree“, explicó Malvido.

Hace 35 años, cuando la historiadora inició sus investigaciones sobre la demografía histórica de México en un proyecto interdisciplinario enfocado en Cholula, Puebla, trabajó con los libros parroquiales, donde se asentaban las partidas de bautizos, matrimonios y funciones de la iglesia en la época colonial.

“Uno de los problemas con los que me encontré fue que las grandes epidemias devastaban a las poblaciones. Este tema me obligó a trabajar sobre la muerte y la historia de las enfermedades infectocontagiosas. La mortalidad es la variable que determinó, hasta 1960, el comportamiento global de la población”, explica Elsa Malvido.

Más tarde comenzó a trabajar aspectos que tienen que ver con la muerte: ritos y entierros, salud, herbolaria, así como la concepción y formación del homo sapiens se refleja en que el hombre entierra a sus muertos y les pone flores.

“El enterramiento es una costumbre de los mamíferos. Para una segunda alimentación han enterrado a sus iguales y luego se los han comido. El canibalismo ha existido en todas las culturas del mundo, no sólo en las americanas.”

En el siglo XVI los mexicas, además, cremaban los cuerpos o realizaban entierros, no se conoce aún el significado de uno u otro sistema, dice Malvido.

Durante la Colonia, los sitios en los cuales se depositaban los restos mortuorios estuvieron ubicados debajo del altar de cada santo dentro de la iglesia; entre más cercano se estuviera del altar era más costoso. Al pueblo indígena se le enterraba en los atrios o capillas abiertas y la fosa común era ocupada por quienes no tenían dinero.

Al término del entierro se realizaba un banquete o comilona, de ahí la conocida frase: “El muerto al pozo y el vivo al gozo”. Esta celebración es universal; en algunas culturas, como en Europa del Este, se comía al muerto. El pan de muerto y las reliquias de los santos son una reproducción que significa “comerte al muerto o hacer comunión con los santos”.

Concluye informando que uno de los cementerios más característicos durante la Colonia fue el de la Santa Veracruz de San Juan del Río, Querétaro, el cual se construyó en 1855 como resultado de la segunda pandemia de cólera morbo. Las familias ricas no aceptaron enterrarse en el cementerio civil común y establecieron éste junto a la iglesia, en lo alto y fuera del poblado, para evitar los vientos que levantaban los miasmas (microbios), de acuerdo con la legislación borbónica; de ahí el origen católico del Día de Muertos.

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