Posteado por: Alejandro Villarreal | Viernes, junio 20, 2014

Las características del Anticristo

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Título: Las características del Anticristo
Además de los versículos bíblicos se han incluído los comentarios de Mons. Juan Straubinger a éstos.

El Anticristo saldrá de las naciones de los gentiles.  El Anticristo tendrá poder mundial a través de 10 reyes de la tierra.

Y vi surgir del mar una Bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas, y en sus cuernos diez diademas, y en sus cabezas títulos blasfemos. [Ap. XIII,1]

Esta primera bestia (cf. XI,7; XVII,3 y nota) es, según sentencia común, el símbolo de las potencias que luchan contra el Reino de Dios, o la encarnación del Anticristo con sus secuaces. La unión de elementos tan disímiles en la misma bestia significa que las tendencias más opuestas entre sí se unirán (cf. S. 2,2) para destruir la obra del redentor, engañando a los desprevenidos (2Tes. II,9 ss.) con apariencia de piedad (2Tim. III,5) y de paz (1Tes. V,3). La historia de la Iglesia es ya una prueba de ello, porque “el misterio de la iniquidad” obra desde el principio como enseña San Pablo (2.Tes. II,6 ss.) y el mismo San Juan (1Jn. IV,3). Pero aquí se trata de la crisis final de este misterio, llevado a su colmo con el endiosamiento del hombre (2Tes. II,4) en forma no ya disimulada como hasta entonces en aquel misterio, sino abierta, desembozada y triunfante (vv. 4, 12, 15, etc.).

…y cuatro bestias enormes, diferentes todas entre sí, salieron del mar. [Dan. VII,3]

El mar simboliza el mundo de los gentiles (cf. Is. XVII,12; Apoc. XVII,15), quizá por oposición a la tierra santa de Israel, que la Biblia suele llamar por antonomasia “la tierra”. También sale del mar la gran Bestia de siete cabezas de Apoc. XIII (cf. Is. XXVII,1), y de ahí que algunos la identifiquen con estas cuatro bestias de Daniel, que entre todas tienen siete cabezas, pues la tercera tiene cuatro (v. 6).

La Bestia que vi se parecía a un leopardo, con las patas como de oso, y las fauces como fauces de león… [Ap. XIII,2]

Pantera, oso, león: son las tres primeras bestias de la visión de Daniel (VII,3-7). Esta bestia del Apocalipsis recuerda también la cuarta de Daniel por los diez cuernos. Además reúne en sí el total de las siete cabezas de aquellas cuatro bestias. Sobre otros paralelismos con Daniel, cf. 5, 7 y nota.

La primera era como un león con alas de águila. Mientras yo la miraba, le fueron arrancadas las alas, fue levantada de la tierra, se incorporó sobre sus patas como un hombre, y se le dio un corazón de hombre. A continuación, otra segunda bestia, semejante a un oso, levantada de un costado, con tres costillas en las fauces, entre los dientes. Y se le decía: «Levántate, devora mucha carne.» Después, yo seguía mirando y vi otra bestia como un leopardo con cuatro alas de ave en su dorso; la bestia tenía cuatro cabezas, y se le dio el dominio. Después seguí mirando, en mis visiones nocturnas, y vi una cuarta bestia, terrible, espantosa, extraordinariamente fuerte; tenía enormes dientes de hierro; comía, trituraba, y lo sobrante lo pisoteaba con sus patas. Era diferente de las bestias anteriores y tenía diez cuernos. [Dan. VII,3-7]

Como león: En este león con alas de águila, símbolo de fuerza y agilidad, se ve generalmente el imperio caldeo, significando esos emblemas la cabeza de oro de la estatua (cf. II,32). En Jer. IV,7 y XLIX,19 ss. Nabucodonosor es figurado como león, como águila en Ez. XVII,3; Hab. I,8, etc. También con los asirios se usa la figura del león (Is. V,29), y eran comunes en los monumentos de Nínive y Babilonia los leones alados, aunque no como esta bestia, sino con cabeza de hombre. No faltan, sin embargo, quienes piensan que, tratándose de una revelación sobre lo futuro, no podría aquí hablarse de Nabucodonosor que ya había muerto cuando Daniel tuvo esa visión (cf. V,1 y nota), y de ahí que se inclinen a pensar que esta profecía no es una repetición del cap. II, sino que su paralelismo debe buscarse en el Apocalipsis de San Juan, viendo en ella reinos de un carácter más espiritual que histórico. El que le fueran arrancadas las alas, muestra, según algunos, la debilidad del reino bajo los últimos sucesores de Nabucodonosor, especialmente bajo Naboned y Baltasar (cf. cap. V). Queda la dificultad de lo que sigue: fue levantada de la tierra, etc. Unos ven aquí una nueva señal de debilitamiento; otros, de la curación de Nabucodonosor (IV,13 ss.). Otros recuerdan, al contrario, su locura, pero el cambio de corazón de aquel rey no fue de bestia en hombre sino a la inversa (IV,13 ss.). También hay algunos que suponen aquí una indicación de que el imperio caldeo humanizado en manos de Ciro, se continuó en él.

El oso, suele explicarse como correspondiente al segundo imperio del cap. II,32 y la mayoría lo aplica al reino de los medos y persas, aunque algunos subdividen en dos a este imperio; otros ven en la segunda bestia al imperio de Alejandro a quien, dicen, cuadrarían mejor que a Ciro las palabras “come carne en abundancia”. Tres costillas en su boca entre sus dientes (Vulgata: tres órdenes de dientes): Ellas significarían, dicen unos, Babilonia, Lidia y Egipto, tres países conquistados por Ciro; o bien, dicen otros, las vastas conquistas del imperio medopersa. Nada puede decirse de seguro a este respecto. Vemos por esto con cuanta moderación hemos de usar las afirmaciones propias y ajenas en terreno tan debatido, que no sólo está sujeto a variar según las investigaciones históricas (cf. V,30 y nota), sino que puede encerrar también misterios que sólo quiera aclarar Dios en un “tiempo determinado”, como se le dice a Daniel en XII,9 ss. (Véase la introducción).

Por el leopardo se entiende, en general, el imperio de Alejandro Magno. Las cuatro alas denotarían la velocidad de sus conquistas y las cuatro cabezas su división en cuatro reinos (Siria, Egipto, Asia Menor y Macedonia), correspondiendo este reino al tercero del cap. II (II,32 c. y 39 b). Véase VIII,8 ss.; XI,4. Otros lo aplican al rey de los persas. Otros observan que si esta bestia que si esta bestia correspondiese al tercer reino del cap. II, se partiría en dos, Seleuco y Ptolomeo, a los que Daniel llama, en el cap. XI, rey del norte y rey del sur. Las tres bestias que aquí vemos: león, oso y leopardo recuerdan las características de la Bestia apocalíptica, que “será semejante a un leopardo y sus pies como de oso, y su boca como de león” (Apoc. XIII,2). Cf. v. 3 y nota.

La bestia y el cuerno pequeño reinarán durante el mismo periodo de tiempo.

…se le dio poder de actuar durante 42 meses [Ap. XIII,5]

Cuarenta y dos meses (véase XI,2 y nota): espacio que corresponde a los 1,260 días del v. 3 y de XII,6; a los tres tiempos (años) y medio de 12, 14 y a los cuarenta y dos meses de XIII,5 (cf. v. 6 y nota). Buzy, citando a Dan. IX,27, hace notar que este hecho pertenece a la última semana de Daniel. Gelin observa igualmente que el texto viene de Dan. VII,25 y XII,7. Cf. Dan. XII,11 y 12.

…Tratará de cambiar los tiempos y la ley, y los santos serán entregados en sus manos por un tiempo y tiempos y medio tiempo. [Dan. VII,25]

Mudar los tiempos: a saber, los tiempos sagrados, las fiestas, las formas de culto. Un tiempo (dos) tiempos y la mitad de un tiempo (cf. XII,7). San Jerónimo y muchos otros intérpretes creen que un tiempo equivale a un año. Sin embargo puede haber aquí un número místico (véase IV,22 y nota). Siendo siete el número de perfección, tres y medio puede ser propio de lo contrario, de algo incompleto y malo, esto es, una persecución que no alcanza su objetivo. Véase Apoc. XI,2 y XIII,5, donde aparece la misma cifra, expresada en meses. Los que ven en la cuarta bestia al reino greco-sirio, aplican este número a los tres años y medio que duró la profanación del Templo (168-165 a. C.).

La bestia y el cuerno pequeño tienen un líder reconocible.

¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666. [Ap. XIII,18]

Cifra de hombre: Algunos como Sacy vierten: cifra de un nombre de hombre, lo que coincide con lo dicho en el v. 17. Cf. XV,2. Los judíos, y también los griegos, usaban las letras como signos numéricos. No es difícil encontrar nombres cuyas letras tengan el valor 666, por lo cual se han propuesto muchos. Algunos piensan en Nerón, cuyo nombre y título de César, ambos escritos y leídos como cifras, alcanzan la suma de 666, pero en idioma hebreo, y San Juan escribió en griego. En todo caso no podría tratarse de Nerón en persona sino como tipo del Anticristo, siendo de notar que buscar a éste en aquel remoto pasado no sólo sería romper la economía del proceso escatológico que nos presenta el Vidente inspirado, sino también quitar a este gran fenómeno toda su eficacia para las almas y aún todo valor como lección para la historia. He aquí por qué no nos detendremos a exponer y refutar, como algunos modernos, las supuestas fuentes de este divino Libro en los mitos paganos o en las leyendas judaicas extrabíblicas, cosa que nos parece inconducente para el crecimiento sobrenatural en la fe, ya de suyo harto reñida con el orgullo propio de nuestra razón caída. Por lo demás no han faltado en griego muchos nombres propuestos, tanto concretos de personas, como abstractos, en el sentido de apostasía y endiosamiento del hombre, que son las características fundamentales del Anticristo, en el doble aspecto religioso y político (cf. XI,3 y nota). En sentido simbólico, así como sabemos que el número siete significa plenitud y el ocho es, como superabundante, el número de la bienaventuranza eterna, así también el seis sería el número de la imperfección, repetido aquí tres veces para darle su máxima intensidad. Esta explicación es, entre otros, de San Beda el Venerable y San Alberto Magno. En tal caso las palabras cifra de hombre significarían un simple hombre, miserable e impotente como tal (cf. XV,2) y cuyo poder le viene de prestado (cf. v. 5 y nota). Y si se leyera: la cifra del nombre del hombre parecería quedar confirmado que el Anticristo será en su esencia la culminación del humanismo que desafía a Dios frente a frente (cf. 2Tes. II,3 ss. y notas). Los mismos paganos tenían una concepción semejante en el mito de Prometeo que, rival de los dioses, se atrevió a arrebatar el fuego del cielo. La rebelión del primer hombre no fue otra cosa que ese mismo instinto primario y monstruoso de disputar al Creador la divinidad -“seréis como dioses” (Gen. III,5)- sin ver que ésta es inseparable de su propio Ser. Y todo es obra del dragón, pues él fue el primero que quiso hacer lo mismo. Ciertos manuscritos como el Codex Laudianus traen la gematría 616 en vez de 666, y algunos modernos han propuesto su aplicación a Dioclesiano en forma ingeniosa pero meramente conjetural. No sería fácil entender cómo podría quedar así anticuado, según se arriesgan a decir algunos, un Libro revelado cuyo contexto lo muestra como esencialmente escatológico, destinado a confortar las almas en los tiempos del fin (cf. XXII,10 y nota) y que termina precisamente fulminando sanciones tremendas para quien se atreva a quitarle cualquiera de sus palabras (XXII,18 ss.). Fillion lo dice bien claro: “La mayoría de esas soluciones nos retrotraen al pasado, pero el Anticristo pertenece a lo futuro”.

Estaba yo observando los cuernos, cuando en esto despuntó entre ellos otro cuerno, pequeño, y tres de los primeros cuernos fueron arrancados delante de él. Tenía este cuerno ojos como los de un hombre, y una boca que decía grandes cosas. [Dan. VII,8]

En este pequeño cuerno los Padres -entre otros San Ireneo, Teodoreto, San Jerónimo, Lactancio- y los comentadores modernos -Maldonado, Cornelio a Lapide, Calmet- y muchos exégetas contemporáneos, sean católicos, sean protestantes, han visto con razón la figura del Anticristo. Véase los vers. 24 b-25 (Fillion), Muchos de ellos señalan que está tipificado en Antíoco Epífanes. Véase VIII,23-25; IX,26 s.; XI,36 ss.; XII,11; etc. Algunos, para sostener la aplicación de la cuarta bestia al imperio romano, suponen que éste renacerá por poco tiempo al final (Apoc. XVII,11 ss.).

La bestia de Apocalipsis XIII y el cuerno pequeño hacen las mismas cosas.

Le fue dada una boca que profería grandezas y blasfemias, y se le dio poder de actuar durante 42 meses; y ella abrió su boca para blasfemar contra Dios: para blasfemar de su nombre y de su morada y de los que moran en el cielo… [Ap. XIII,5-6]

Altanerías y blasfemias: Lo mismo se dice del pequeño cuerno en Dan. VII,8 que, en sentir de muchos autores patrísticos y modernos, es el Anticristo o lo representa. Le fue dada autoridad: Dios permite esta persecución. Sin ello claro está que no se concebiría su momentánea victoria ni la fuerza con que vencerá a los santos (v. 7). Los que habitan en el cielo: Cf. VI,9 ss.; VII,14 s. Mas la victoria final será de éstos (XI,15; XVIII,20).

… y una boca que decía grandes cosas… y acerca de los diez cuernos que había en su cabeza, y del otro cuerno que había despuntado, ante el cual cayeron los tres primeros; y de este cuerno que tenía ojos y una boca que decía grandes cosas, y cuyo aspecto era mayor que el de los otros… proferirá palabras contra el Altísimo y pondrá a prueba a los santos del Altísimo. Tratará de cambiar los tiempos y la ley, y los santos serán entregados en sus manos… [Dan. VII,8,20,25]

Se le concedió hacer la guerra a los santos y vencerlos; se le concedió poderío sobre toda raza, pueblo, lengua y nación. [Ap. XIII,7]

Yo contemplaba cómo este cuerno hacía la guerra a los santos y los iba subyugando… [Dan. VII,21]

La bestia recibe su poder del dragón.

… y el Dragón le dio su poder y su trono y gran poderío. [Ap. XIII,2]

…vi una cuarta bestia, terrible, espantosa, extraordinariamente fuerte; tenía enormes dientes de hierro; comía, trituraba, y lo sobrante lo pisoteaba con sus patas. Era diferente de las bestias anteriores y tenía diez cuernos. [Dan. VII,7]

La cuarta bestia no tiene nombre como las anteriores. Es tan diferente de ellas, que Daniel apenas halla palabras para describirla. Según la mayoría de los intérpretes, ella representa el imperio romano, y los dientes serían el hierro de la estatua descrita en II,33 ss. Las diez astas o cuernos corresponden a los dedos de los pies de la estatua del cap. II (II,33 y 41) y significan diez reyes (v. 24) o diez reinos (cf. II,44), en que habría de dividirse el imperio romano en la Edad Media y en los tiempos modernos, lo cual tendría que armonizarse con la interpretación dada al cap. II. Fillion observa que “en ambos relatos se insiste especialmente sobre el cuarto de estos reinos”, y deduce que “ambos contienen la misma revelación”, por lo cual no se ve allí pueda referirse el profeta a la primera venida de Cristo, y aquí a la segunda, a la cual precederá el Anticristo del v. 8 (2Tes. II,4). Una minoría sostiene que este cuarto reino es el de Alejandro Magno y los reinos de sus sucesores, mientras el tercero (el leopardo) correspondería al reino de Persia y el segundo (el oso) a los medos. El pequeño cuerno (v. 8)es, en opinión de estos expositores, Antíoco Epífanes, y los diez cuernos representan, según ellos, los tres grandes generales de Alejandro y los siete reyes que precedieron a Antíoco. Nos parece poco probable esta opinión no sólo por las coincidencias históricas, que en ninguna de las dos interpretaciones alcanzan la seguridad necesaria para imponerse, sino por la autoridad de San Juan, que en los caps. XIII y XVII del Apocalipsis atribuye a la bestia que sube del mar (v. 3) las características de las tres antes señaladas (v. 6 y nota), y sobre todo las de esta cuarta bestia de Daniel (diez cuernos, una boca que blasfema, guerra contra los “santos”, poder de tres años y medio), refiriéndose seguramente no al reino greco-sirio, sino a un reino futuro, y en el cual se contempla esencialmente el aspecto religioso.

La bestia recibe una herida mortal.

Una de sus cabezas parecía herida de muerte… [Ap. XIII,3a]

La bestia tiene influencia y poder mundial y millones la adoran como dios después que se levanta de su herida mortal y sana su cabeza. La bestia es adorada y preside la execrable Religión Única Mundial.

…pero su llaga mortal se le curó; entonces la tierra entera siguió maravillada a la Bestia. Y se postraron ante el Dragón, porque había dado el poderío a la Bestia , y se postraron ante la Bestia diciendo: «¿Quién como la Bestia? ¿Y quién puede luchar contra ella?» [Ap. XIII,3b-4]

La apostasía general no debe llenarnos de pasmo, pues es anunciada por Jesucristo y por los apóstoles como antecedente del Anticristo y preludio del triunfo de nuestro Redentor (véase XII,12 y nota). Siempre quedará un pequeño grupo de verdaderos y fieles cristianos, la “pequeña grey” (Lc. XII,32), aún cuando se haya enfriado la caridad de la gran mayoría (Mt. XXIV,12) al extremo de que si fuera posible serían arrastrados aún los escogidos (Mt. XXIV,24). Jesús nos enseña que serán librados sus amigos (Lc. XXI,28 y 36); los que velen guardando sus palabras y profecías “como una lámpara en lugar oscuro hasta que amanezca el día” (2Pe. I,19).

Y la adorarán todos los habitantes de la tierra cuyo nombre no está inscrito, desde la creación del mundo, en el libro de la vida del Cordero degollado. [Ap. XIII,8]

Escritos desde la fundación del mundo (cf. XVII,8: Ef. I,4). En la gran tribulación desencadenada por el Anticristo no perecerán, pues, todos; habrá quien permanezca fiel para la venida de Cristo (XX,4). Sobre el Libro de la vida, cf. II,5; XX,12 y 15; XXII,19. Como observa un autor, para obtener esta gloria y poder del Anticristo sobre todo el mundo, que le serán dados por el dragón precipitado a tierra en XII,9, el Anticristo habrá hecho sin duda ese acto de adoración del diablo que Jesús negó a éste en Lc. IV,4-8 y a cambio del cual Satanás le prometía ese mismo poder y gloria que él tiene como príncipe de este mundo (XII,3 y nota).

Y los diez cuernos: de este reino saldrán diez reyes, y otro saldrá después de ellos; será diferente de los primeros y derribará a tres reyes… [Dan. VII,24]

Se le nombra en las Escrituras por medio de varios nombres.

  • Bestia del mar – “Y vi surgir del mar una Bestia…” [Ap. XIII,1]
  • Cuerno pequeño – “… despuntó entre ellos otro cuerno, pequeño…” [Dan. VII]
  • Hombre impío, hombre de iniquidad – “…y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición…” [2Tes. II,3]
    • El hombre de iniquidad (tes anomías), lección preferible a tes hamartías (de pecado), pues coincide con el “misterio de iniquidad” (v. 7) ligado íntimamente a él. Judas Iscariote recibe un nombre semejante en Juan XVII,12. Es creencia general que se trata del Anticristo, si bien algunos dan este nombre a la bestia del mar (Ap. XIII,1 ss.) y otros a la bestia de la tierra o falso profeta (Ap. XIII,11 ss.). Se discute si será una persona singular o una colectividad. En todo caso parece que ésta necesitaría siempre de un caudillo o cabeza que la inspirase y guiase. Pirot, después de recordar muchos testimonios y especialmente el de San Agustín que trae como definición del Anticristo “una multitud de hombres que forman un cuerpo bajo la dirección de un jefe” (cf. Dan. IX,26), concluye que “el adversario es una serie ininterrumpida de agentes del mal que se oponen y se opondrán a la doctrina y a la obra de Cristo desde la fundación de la Iglesia hasta el último día”. Véase 1Jn. II,18, 19 y 22; IV,3; 2Jn. VII; 2Pe. III,3; Judas XVIII; Mt. XXIV,24.
  •  Hijo de perdición – “…y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición…” [2Tes. II,3]
  • El Impío – “entonces se manifestará el Impío” [2Tes. II,8]
  • El Asirio (o Asur) – “¡Ay, Asur, bastón de mi ira, vara que mi furor maneja!” [Is. X,5,10]
  • Príncipe – “destruirá la ciudad y el santuario el pueblo de un príncipe que vendrá.” [Dan. IX,26]
  • Rey voluntarioso – “«El rey actuará a placer; se engreirá y se exaltará por encima de todos los dioses, y contra el Dios de los dioses proferirá cosas inauditas; prosperará hasta que se haya colmado la Ira” [Dan. XI,36]

El Anticristo será humano y varón.

Y los diez cuernos: de este reino saldrán diez reyes, y otro saldrá después de ellos; será diferente de los primeros… [Dan. VII,24]

El Anticristo realizará un pacto de siete años.

El concertará con muchos una firme alianza una semana; y en media semana hará cesar el sacrificio y la oblación, y en el ala del Templo estará la abominación de la desolación, hasta que la ruina decretada se derrame sobre el desolador.» [Dan. IX,27]

Este último verso de la profecía ofrece las mismas dificultades que los anteriores y algunas más. Una de éstas es la explicación escatológica que surgió ya en la era de la patrística de la Iglesia y tiene hoy todavía valiosos defensores. Estudiamos primero el texto y las versiones. El hebreo dice literalmente: Y él confirmará el pacto con muchos durante una semana, y a la mitad de esta semana hará cesar el sacrificio y la oblación, y sobre el ala de las abominaciones estará el devastador, hasta que la consumación decretada se derrame sobre el devastador. La Vulgata vierte: Y afirmará una alianza con muchos en una semana, y en medio de la semana cesará la hostia y el sacrificio; y estará en el Templo la abominación de la desolación, y durará la desolación hasta la consumación y el fin. Nuestra traducción es la del hebreo con las correcciones de la Biblia de Pirot. Las interpretaciones se dividen en tres grupos, la tradicional, la moderna y la escatológica, la cual también pretende fundarse en la tradición. Del grupo moderno, que ve el fin histórico de esta profecía cumplida ya en la época de los Macabeos (cf. nota 26, final), tomamos como ejemplo la interpretación de Nácar-Colunga, que dice: “Queda una semana, que va desde la muerte de Onías hasta la de Antíoco (164). Esta semana será de persecución, la cual el intérprete (el ángel) divide en dos mitades, por la supresión del sacrificio perpetuo, realizada por Antíoco IV en 168 y que duró tres años. La salud mesiánica vendrá después, pero tampoco inmediatamente después, como acaece en los demás profetas. El número de años de cada grupo no se ajusta matemáticamente a los años de la historia, pero téngase en cuenta que Daniel es un profeta, no un historiador, y aun en estos últimos cabrían tales aproximaciones. (Véase Jer. XXV,11 ss.; XXIX,10)” Los defensores de la interpretación tradicional dicen: Por la muerte de Cristo se confirmará el pacto con muchos, no con todos, pues no todos van a convertirse inmediatamente a la doctrina de Cristo. Y cesarán los sacrificios, lo que significa que el culto del Antiguo Testamento será sustituido por el verdadero sacrificio expiatorio de Cristo. El Templo será destruido y profanado. Las palabras abominación desoladora (Vulgata: abominación de la desolación) se refieren, según los intérpretes antiguos al ídolo de Júpiter que erigió Antíoco Epífanes (cf. 1Mac I,57) o a la imagen del César con que Pilato profanó el Templo o a una profanación semejante. A este pasaje alude Jesús en su gran discurso escatológico (Mt. XXIV,15), enseñando que volverá a cumplirse con los tiempos que Él anuncia. De ahí que no todos los Padres apliquen esta profecía a la destrucción de Jerusalén, sino más bien a los tiempos del fin. El mismo doctor Máximo -San Jerónimo- admite que puede tratarse del Anticristo, lo que, entre otros, sostienen San Hipólito (en un fragmento cóptico, publicado en “Sefarad”, 1946, p. 359), S. Cirilo de Jerusalén y S. Atanasio. Algunos Padres creen que en los últimos tiempos los judíos edificarán un nuevo templo en Jerusalén que sería objeto de esta desolación por un falso Mesías, el Anticristo. Entre los modernos esta tesis escatológica ha sido defendida por Caballero Sánchez en su libro “La Profecía de las 70 semanas”, Madrid. Edit. Luz, 1946. Apoyándose principalmente en las palabras de Jesucristo, quien combina este verso con los acontecimientos del fin (Mt. XXIV,16-21; Lc. XXI,20; XXI,24; XXI,28-31), resume dicho autor sus puntos de vista en las siguientes palabras (pág. 115): “Las 70 semanas son tiempos judíos y… deben necesariamente interrumpirse durante los tiempos de la evacuación del Ungido y arriendo de la viña (de Israel) a otras gentes. Se reanudará cuando, convirtiéndose a Cristo, las ramas naturales sean reinjertas en su Olivo propio. Cesa entonces la evacuación de Israel. Vuelve el hijo pródigo (el pueblo judío) a la casa paterna… Cesa también entonces el arriendo de la viña a otras gentes. Jerusalén vuelve a ser la capital religiosa de la comunidad y corre la última semana. Semana escatológica en que se atan los cabos de los siglos: siglo presente: tiempo de los gentiles; siglo futuro: era del Emmanuel. Semana escatológica, la del supremo combate: guerra destructora, culto abominable, magna tribulación por un lado, y por el otro, formación del bloque anticristo, estruendosa victoria de la cuarta bestia ‘pueblo invasor’ de Palestina y apoteosis de su jefe. Semana escatológica que se clausura con la tempestad divina, que limpia definitivamente la tierra de Emmanuel para que allí resplandezca el nuevo orden del reino de Dios, gloria de Israel.” Sin embargo, hay que advertir, con Linder, que el nuevo pacto se confirmará “no solamente con los judíos, sino con todos los gentiles, pues el reino mesiánico se extenderá sobre todos los pueblos.”

El Anticristo ascenderá al poder por medio de engaños, para conseguir sus objetivos destruirá a muchos.

Y, por su habilidad, triunfará el engaño entre sus manos. Se exaltará en su corazón, y por sorpresa destruirá a muchos. Se alzará contra el Príncipe de los Príncipes, pero -sin que mano alguna intervenga- será quebrantado… [Dan. VIII,25]

El Príncipe de los príncipes: Dios. Antíoco no será aniquilado por obra de hombre sino por mano del Altísimo. Véase el cumplimiento de esta profecía en 1Mac. VI,8 ss.; 2Mac. IX,5 ss. De la misma manera el Anticristo, cuya figura es el rey Antíoco, será destruido por el mismo Jesucristo “con el aliento de su boca” y “el resplandor de su venida (2Tes. II,8).

Será exaltado y favorecido por un falso profeta, un líder religioso, el cual es llamado la bestia de la tierra.

Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de cordero, pero hablaba como una serpiente. Ejerce todo el poder de la primera Bestia en servicio de ésta, haciendo que la tierra y sus habitantes adoren a la primera Bestia, cuya herida mortal había sido curada. Realiza grandes señales, hasta hacer bajar ante la gente fuego del cielo a la tierra; y seduce a los habitantes de la tierra con las señales que le ha sido concedido obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan una imagen en honor de la Bestia que, teniendo la herida de la espada, revivió. Se le concedió infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de suerte que pudiera incluso hablar la imagen de la Bestia y hacer que fueran exterminados cuantos no adoraran la imagen de la Bestia. [Ap. XIII,11-15]

Esta segunda bestia, que tiene mucha semejanza con el pastor insensato de Zac. XI,15 ss., sirve a la primera, y ambas sirven al dragón (cf. XVI,13; Mt. XXIV,23 ss.). Tertualiano y S. Ireneo creen que esta segunda bestia simboliza un gran impostor que aparece con la mansedumbre de un cordero (cf. Mt. VII,15 y nota), pero engaña por su astucia a los hombres a tal punto que los lleva a adorar a la primera bestia (v. 12). Cf. XI,18; Sab. XIII,6 y nota: 2Tes. II,9 ss. En XVI,13; XIX,20 y XX,10 se le da el nombre de falso profeta. Es de notar que el Cordero en el Apocalipsis no tiene dos cuernos como éste sino siete (V,6) cf. Zac. III,9 y IV,10. Pirot recuerda también la advertencia de Jesús sobre los lobos que se vestirán de cordero y, luego de señalar interpretaciones que suponen haberse realizado esto en el siglo III con los sacerdotes del culto imperial romano, concluye expresando que se puede ver en la segunda Bestia “todo un sistema de pensamiento que sustituye al ideal divino un ideal terrestre” -estatolatría, culto de la humanidad- para hacerle adorar”.

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>>BITÁCORA<<

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Responses

  1. Si en verdad supieran lo que el Anticristo habria de hacer entonces no seria necesaria su aparicion y conociendo sus planes cualquier individuo podria derrotarlo ¿pero entonces como es que lograra el exito en sus proyectos? ¿en donde reside la clave? lo cotidiano es decir que el Diablo le dara su poder, pero eso no basta, si asi fuera el Anticristo estaria tan tranquilo cruzado de brazos esperando que las cosas sucedieran por si solas. Para hechar abajo a un pueblo que se encuentra encumbrado(los santos) es necesario levantar a otro, a un deshecho de las naciones, a un pueblo que no es pueblo ¿y no es esto un razgo de piedad? ¿levantar al desvalido? no lo entienden porque el amor de muchos se ha enfriado y lo que es peor si asi lo quieren ver, usara para sus fines a la grey catolica, un trago amargo que a todos endulzara el vientre.

    • La clave la da las mismas Escrituras, a la vez que San Pablo habla de la apostasía generalizada como signo precusor de la venida del hombre de iniquidad, así leemos en 2Tim. IV,2-4: “Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.” (fin de cita) “Cualquier individuo podría derrotarlo” es una frase cierta a nivel personal, en el sentido en que toda persona que busca su salvación, sin prestar oído a sus propias pasiones, las novedades, ni las fábulas, ya habrá derrotado al Anticristo, de hecho, el pequeño resto fiel del que se habla en las Escrituras, es una parte pequeña de la Iglesia católica que no será vencido por el Anticristo; este acto heroico tiene su fundamento en haber conservado la Biblia y la Tradición de la Iglesia, en haber conservado la fe y las obras, en no haberse dejado seducir por las innovaciones; no es ningún secreto, es haber vivido como la Iglesia dijo que debía vivirse durante más de veinte siglos, antes de la locura del tiempo postconciliar (al CVII). La dificultad actual reside en que la verdad se oculta, se oculta y se quiere erradicar la doctrina católica, incluso por parte de sus mismo hombres, la cual es parte de ese fundamento para alcanzar la salvación personal, en otras palabras, se obstaculiza a la Iglesia a realizar su labor de salvación de las almas, y todo esto tiene una innegable raíz satánica. “La copa está rebosando”, es una frase de una de las apariciones de la Virgen María, y es una figura muy conveniente para ilustrar nuestra situación, así como el remedio que dio la misma Virgen para apaciguar la ira divina, decir “no sería necesaria su aparición” está vinculado precisamente a esto, a que los hombres rechacen el mundo, el demonio y la carne y retornen a una vida de santidad (lo cual incluye el utilizar los Sacramentos, cada uno de ellos que están a nuestra disposición en las diferentes etapas de neustra vida), de sacrificios y de oración; en la medida en que los hombres pusieran en práctica eso, sería la medida, en proporción inversa, de la cercanía del Anticristo. Para el fiel católico que no se ha dejado seducir por las innovaciones doctrinales de facto, ni las nuevas costumbres, todo esto salta a la vista, sólo cuando se mete ese prurito por hacer las paces con el mundo es que comienza a rechazarse y hacerse neblinoso todo este asunto, cuando se opta por la unidad en la apostasía (es decir, cuando se renuncia a lo que se cree para privilegiar una falsa paz, una falsa misericordia, etc.) y la exaltación del hombre, y se deja a un lado la unidad de la fe, de la que siempre gozó la Iglesia. Recuerde que es un acto de caridad el abrirle los ojos al prójimo, el decirle, por ejemplo, a los sectarios que están en el error, pero incluso este sencillo acto causa mucha confusión hoy, pues se piensa que no provocando angustias de este tipo, se hace un bien al prójimo, y esto es una falsa misericordia y un falso acto de caridad. El Anticristo, o su espíritu, o sus precursores, o sus discípulos, jamás han estado con los brazos cruzados, tan sólo es necesario echar un vistazo a la historia de las revoluciones en el mundo para darse cuenta que aquellos que buscan el reino del Anticristo no descansan y al contrario, son muy industriosos. Ya lo dice San Pablo: “el misterio de la iniquidad ya está actuando” (2Tes. II,7), es decir, nunca descansa, lo que lo intensifica es que los hombres se alejen de Dios.


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