Posteado por: B&T | Lunes, marzo 17, 2014

Homilía: «Segundo domingo de Cuaresma» por el R.P. Alfonso Gálvez Morillas

Título: Homilía: «Segundo domingo de Cuaresma»
Homilía correspondiente a la Misa del 16 de marzo de 2014. Publicado aquí sin el permiso expreso del autor

Los tres ayunaron cuarenta días: los tres aparecen con gloria. Su esplendor divino lo manifiesta Jesús entre Moisés y Elías, prefigurando con ello su resurrección: él es el alfa y el omega, el comienzo y el fin de todas las cosas.

Es grande el contraste entre la gloria de Cristo en el Tabor y el aniquilamiento de su Pasión. Pero, en sus designios redentores, quiere Dios que su Hijo soporte el castigo de nuestros pecados, que sufra y muera, para llevarnos con él a su resurrección.

Dios nos bendice en Jesús. Y en Jesús, una nueva humanidad, la rescatada por él, se convierte en heredera de las bendiciones divinas prometidas a nuestros padres.

Continuando las lecturas de las grandes páginas de la Biblia, comenzadas en Septuagésima, nos presenta hoy el oficio de maitines la bendición del patriarca Isaac a su hijo Jacob. En Jacob, suplantador del primogénito Esaú, para ser, en su lugar, objeto de las predicciones divinas, han visto los Padres una figura de Cristo, segundo Adán y nuevo jefe de la humanidad regenerada, «en quien hallarán bendición todas las naciones». En el evangelio de la transfiguración han visto, igualmente, realizarse l oque prefiguraba la narración bíblica del Génesis: Dios bendice a su Hijo «revestido de nuestra carne», como Isaac bendijo a Jacob, revestido de las ropas de su hermano. Y porque él se ha solidarizado con nosotros hasta llevar en la cruz «una carne semejante a nuestra carne de pecado», como dice san Pablo, nosotros hemos llegado a ser, en su gloria, los coherederos de Cristo, único objeto de las complacencias del Padre.

Antes de seguir a Cristo en su gloria, debemos pasar por la prueba de esta vida. En medio de nuestra debilidad, que reclama el constante socorro de la gracia, hemos de mantener nuestros cuerpos y almas en la práctica de una vida santa, que agrade a Dios.

La Biblia y la Liturgia del este día. Sobre la transfiguración, ver 2Pedro I,16-18. Recuérdese con este motivo las teofanías del Antiguo Testamento, cuya referencia se encuentra en la fiesta de la epifanía. Igualmente, a Moise´s, que baja trnsfigurado de la cumbre del Sinaí (Éxodo XXXIV,29-35 – 2Corintios III,7), y a Esteban, glorificado ya antes de su martirio (Hechos VI,15). Leer en Apocalipsis I,12-18 la descripción de Cristo glorioso, en cotejo con Daniel VII,13-14. Y concluir que los cristianos, ya transfigurados interiormente en esta vida (2Corintios III), deben serlo también en su conducta (Romanos XII,2 y lo que se dice en el 19º domingo después de Pentecostés sobre el «hombre nuevo»), y lo serán corporalmente en la vida eterna (Mateo XIII,43 – Lucas XX,34-38 – 1Corintios XV,35-57 – Filipenses III,20-21 – 1Juan III,2 – Apocalipsis XXII,1-5).

Sobre la obligación de ser santos, además de la espístola de este día, ver, entre otros muchos textos. Éxodo XIX,3-6 citado por 1Pedro II,9-10 – Deuteronomio VII,6 – 1Corintios I,1-3 – Efesios I,3-6 – Hebreos XII,14. Debemos, en efecto asemejarnos a Dios santísimo, que nos hallamado (Éxodo XV,11 – 1Reyes II,2 – 1Pedro I,15-16 en conformidad cpn Levítico XI,44-45 – Apocalipsis IV,8, según Isaías VI,1-3. Ver también Mateo V,48) y que es el único que puede santificarnos (Éxodo XXXI,13 – Ezequiel XXXVII,28), en Cristo (1Corintios I,30; VI,11 – Efesios V,26 – Hebreos X,10).

Lectura de la Biblia. Génesis XXXIX a XLI; XLII,1 a XLIII,30; XLV; XLVIII,1 a L,3 – Éxodo II,1-10; III,1-15, 7-8 a XI,10.

«Segundo domingo de Cuaresma»

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