Posteado por: B&T | Viernes, febrero 14, 2014

Pedro y el saxofonista

ByT

Título: Pedro y el saxofonista
Autor: Christopher A. Ferrara
Original en inglés: Peter and the Sax Player -6 de febrero de 2014-
Traducción: Alejandro Villarreal -feb. de 2014- (excepto donde se indique la fuente) Notas añadidas

¿El Vaticano II es demasiado católico para el Card. Rodríguez Maradiaga? Si no, ¿por qué saca de contexto Lumen Gentium con tal de que se adapte a la narrativa modernista?

Nos aproximamos al primer aniversario de la elección del Card. Jorge Bergoglio al papado y diario escuchamos el siniestro rugir del motor de la novedad, preparándose para la vuelta final y llegar a la meta del Segundo Desastre Vaticano. La semana pasada se publicó un bullicioso reporte que se suma al éxtasis mundial sobre su pontificado y su descarada actuación para los medios:

«Existen rumores de aires revolucionarios en las calles de Roma y dentro de los adornados recintos de la Ciudad del Vaticano. El conservadurismo doctrinal está fuera, la compasión adentro. A diez meses de su papado, el papa Francisco está poniendo en movimiento lo que parece ser un terremoto, un cambio que sacudirá a la Iglesia católica, aunque el resultado de esta revolución es difícil de predecir…

Al parecer, Francisco tiene tres frentes estratégicos: Él está apelando en los medios de comunicación para que éstos estén en línea con su “mensaje” general de su Iglesia; él está desmantelando a una Curia que no funciona; y él está reconstruyendo una nueva clase de Iglesia.»

Revolución, sí. Verdadera reforma y restauración, no. Respecto a la curial “mafia homosexual”, el papa originalmente había sugerido que no la confrontaría; Francisco había minimizado su existencia durante su viaje a Brasil con su famosa ocurrencia de que no había visto nunca ninguna credencial que demostrara la pertenencia de nadie a la mafia homosexual. ¿Y qué hay sobre los escándalos del Banco Vaticano? El papa ha puesto a cargo del Istituto per le Opere di Religione (IOR) a ni más ni menos que a su amigo personal, Mons. Battista Ricca, cuyas flagrantes actividades homosexuales, mientras fue agregado diplomático del Vaticano en Uruguay, fueron documentadas por Sandro Magister, basado en múltiples fuentes. Estas fuentes reportaron, entre otros incidentes, la aventura homosexual de Mons. Ricca con Patrick Haari, la cual «fue tan evidente que escandalizó a muchos obispos, sacerdotes y laicos de ese pequeño país sudamericano, incluyendo a las hermanas que lo atendían en la nunciatura.» Sin embargo, confiando sólo en los archivos del Vaticano, evidentemente expurgados, Francisco declaró: «no hemos encontrado ninguna evidencia contra Mons. Ricca.»

Así ha “reformado” el papa el IOR, colocando a su cargo a un miembro de la mafia homosexual, cuya existencia él ha negado. De hecho, fue en respuesta a la pregunta sobre esta mafia que el papa pronunció su  lamentable ocurrencia ante el mundo:

«… mucho se ha escrito acerca del lobby homosexual. Todavía no he encontrado en el Vaticano ninguna credencial de identidad que contenga la especificación de homosexual. Se dice que allí dentro hay homosexuales, creo que cuando encontremos alguno deberemos hacer la distinción entre el hecho de que una persona sea homosexual del hecho que exista un lobby, porque los lobbies no son buenos. Si una persona es homosexual y busca al Señor con buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?»

En cuanto a la reforma global de la burocracia vaticana, Francisco ha llamado a varias firmas consultoras internacionales, las cuales son probadamente pro-homosexuales y con una agenda formal que favorece su movimiento, incluyendo a Ernst & Young, con un costo de decenas de millones de dólares por sus servicios. Esta jugada ya ha resultado en una “multiplicación de puestos y de personal en el Vaticano”, incluyendo la creación de una oficina nueva que tratará con el “manejo de riesgos”, que involucrará a personal asalariado que no existía antes. Como Magister observa:

«A pesar de la presunción de transparencia, no se ha facilitado información acerca de los costos de estos consultores externos, costos que se antojan enormes, particularmente los que se refieren al IOR. Como si esto no fuese suficiente, el “banco” Vaticano ya ha gastado 3.6 millones de euros para cubrir parte de la deuda de 28.3 millones, calculada por Ernst & Young, producida por el día de la juventud en Río de Janeiro.»

Dentro de esta “Iglesia de los pobres” que Francisco quiere, hay demasiado dinero destinado a grandes firmas corporativas y a multitudinarias fiestas playeras en Brasil.

Nota de B&T: A este respecto, y siguiendo este hilo de complicidad con el grupo de presión homosexual dentro de la Iglesia, o lobby gay, se puede revisar el post: El Vaticano es asesorado por importantes firmas corporativas fuertemente comprometidas con el lobby homosexual.

De hecho, Francisco, “el reformador”, parece haberse dado cuenta que el único elemento de la Iglesia que necesitaría una reforma drástica e inmediata es «el ensimismado neo pelagianismo prometeico que solamente confía en sus propios poderes y se sienten superiores a otros porque observan ciertas reglas o permanecen inflexiblemente fieles a un estilo particular de catolicismo del pasado.» (Evangelii Gaudium 94).  En otras palabras, el catolicismo tradicional. De aquí que el papa haya desmantelado sin piedad a la congregación franciscana de los Frailes de la Inmaculada debido a que su comisionado apostólico los consideró «cripto-lefebvrianos» y que tenían un curso «definidamente tradicionalista». El consejo directo del papa a estos frailes fue que «colaboraran con el comisionado», es decir, que colaboraran con la destrucción de su propia orden.

Es precisamente por la erradicación de cualquier clase de resurgimiento tradicionalista que el mundo está tan excitado sobre la “nueva Iglesia” que Francisco va a construir, la cual no será otra cosa que más de lo mismo en la “nueva” Iglesia y que ha provocado el colapso de la liturgia y la disciplina desde la “apertura al mundo” después del Concilio. Llevando este esfuerzo a hacer que el espíritu del Vaticano II se perpetúe dentro de la Iglesia, y en donde se ha cacareado que el Consejo de Cardenales del papa será otro nuevo elemento de la burocracia del Vaticano.

Card. Rodríguez Maradiaga tocando el saxofón en el Día de la Juventud en Sidney durante el “Jam for Justice” (Improvisación -musical- por la justicia)

A la cabeza de este Consejo está el Card. Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, hondureño de 71 años, un típico partidario de la “renovación” conciliar, movimiento que nunca ha funcionado ni funcionará. Rodríguez Maradiaga ha sido muy claro al decir que Francisco y el “grupo de los ocho” no dejarán que esos neo pelagianos, esos jóvenes amantes de la Misa en latín, se interpongan en la apoteosis final del Concilio. En una conferencia titulada La importancia de la nueva evangelización, ofrecida en la Universidad de Dallas el 25 de octubre de 2013, Rodríguez Maradiaga reveló sus planes, a los que un experto católico ha descrito como “los siguientes 10 años de desastre”. Peter Crenshaw ya ha realizado una profunda discusión sobre este mini manifiesto de un modernista latinoamericano, cuya retórica vacía de contenido es tan rústica como la habilidad de este cardenal para tocar el saxofón. Me enfocaré en una de las declaraciones del cardenal acerca del Vaticano II, la cual tipifica la manera en que los modernistas engañan y abusan de las fuentes en las que basan sus novedades teológicas.

Según el cardenal, respecto al “pueblo de Dios”, el documento conciliar Lumen Gentium enseña que «dentro del pueblo, no existe una clasificación de los cristianos, laicos o clérigos, esencialmente diferente. La Iglesia como “sociedad de desiguales” desaparece». Para apoyar esta extravagante afirmación, el cardenal realiza una interpretación sesgada de Lumen Gentium (32): «No hay, de consiguiente, en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad». Nótese la falta de elipsis o el abuso en la interpretación, pues el sentido real es aclarado por el resto del texto:

«No hay, de consiguiente, en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad por razón de la raza o de la nacionalidad, de la condición social o del sexo, porque «no hay judío ni griego, no hay siervo o libre, no hay varón ni mujer. Pues todos vosotros sois “uno” en Cristo Jesús.» LG 32. http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html

Es decir, lo que en realidad enseña el Concilio es que no existen distinciones dentro del Cuerpo Místico basados en la raza, la etnicidad, el sexo o la posición social. Pero el Concilio también enseña en el mismo documento algo que Rodríguez Maradiaga claramente desea esconder: que existe una distinción esencial y de grado entre el sacerdocio y la jerarquía, por un lado, y con el laicado, por otro:

El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque diferentes esencialmente y no sólo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo. (LG, 10)

El sacerdocio ministerial, por la potestad sagrada de que goza, forma y dirige el pueblo sacerdotal, confecciona el sacrificio eucarístico en la persona de Cristo y lo ofrece en nombre de todo el pueblo a Dios. (LG, 10)

Siendo deber de la Jerarquía eclesiástica apacentar al Pueblo de Dios y conducirlo a los mejores pastos (cf. Ez 34, 14), a ella compete dirigir sabiamente con sus leyes la práctica de los consejos evangélicos, mediante los cuales se fomenta singularmente la caridad para con Dios y para con el prójimo. (LG, 45)

Pos supuesto, la frase del Concilio “sacerdocio común de los fieles” conlleva muchas ambigüedades, y éstas plagan los documentos conciliares. Sin embargo léase en contexto, la enseñanza del Concilio es exactamente opuesta a lo que Rodríguez Maradiaga presenta: la Iglesia como una “sociedad de desiguales” no “desparece”, sino por el contrario, es afirmado y reconocido por el Concilio que el sacerdocio y la jerarquía difieren, en grado y en esencia, del laicado, y que tienen el deber divino de ejercer el poder y gobierno sobre los fieles.

En resumen, el cardenal nos engaña. Pero entonces, la “renovación del Vaticano II” en su conjunto es un gran engaño en el que sus perpetradores desean perseverar hasta que finalmente sean abolidas ciertas costumbres, las cuales este saxofonista aficionado hondureño audazmente ha desdeñado en esta misma conferencia como «varias costumbres, leyes y estructuras que no responden a las enseñanzas y prácticas de Jesús.» En efecto, el asalto postconciliar neo marxista contra las tradiciones de la Fe ya no tienen nada que ver con las enseñanzas literales del Vaticano II, excepto en la medida en que las ambigüedades del Concilio les ofrezcan la oportunidad de realizar interpretaciones radicales que se alejen y produzcan la destrucción final de la Iglesia de antes del Vaticano II.

Este es el hombre que el papa Francisco ha colocado a la cabeza de su Consejo de Cardenales, creado para “reformar” a la Iglesia, uniéndose y queriendo ir más lejos a lo que ya fue implementado antes para destruir el patrimonio eclesial. Que Nuestra Señora salve a su Iglesia de las manos de estos innovadores y del “espíritu” del Concilio, el cual, al parecer, sólo un exorcismo podrá extirparlo de entre nosotros.

☧,

bibliaytradicion.wordpress.com

>>BITÁCORA<<

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