Posteado por: B&T | Martes, diciembre 3, 2013

Grave vacilación del Superior de Distrito de la FSSPX, el P. Christian Bouchacourt: ¿Los judíos no son deicidas?

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Título: Grave vacilación del Superior de Distrito de la FSSPX, el P. Christian Bouchacourt: ¿Los judíos no son deicidas?
Autor: Alejandro Villarreal

El día 1 de diciembre el diario argentino El Clarín publicó una entrevista al Superior General del Distrito de América del Sur de la FSSPX, el Padre Christian Bouchacourt. En esta entrevista destaca una afirmación de este sacerdote que muestra una vacilación preocupante acerca de la responsabilidad de los judíos en la muerte de N.S. Jesucristo, lo que siempre se conoció como el deicidio. Esta es la pregunta hecha por El Clarín y la respuesta del sacerdote (http://www.clarin.com/edicion-impresa/Fraternidad-San-Pio-catolicos-Francisco_0_1039696144.html):

Clarín: -¿Usted defiende el deicidio, que imputaba a los judíos la muerte de Jesús, como era la visión de la Santa Sede antes del Concilio?

P. Bouchacourt: -El pueblo judío no cometió el deicidio. Creo que la religión judía no aceptó a nuestro Señor como el Redentor y pidió la muerte de nuestro Señor.

La respuesta parece contradictoria, pero en realidad es equívoca y errónea, quizás demasiado influenciada por las nuevas ideas eclesiásticas que desean minimizar la responsabilidad de los judíos en este tema y por lo tanto, el buscar cada vez menos su conversión. Digo que parece contradictoria porque el P. Bouchacourt primero dice: El prueblo judío no cometió el deicidio. Y en seguida agrega: Creo que la religión judía no aceptó a nuestro Señor como el Redentor y pidió la muerte de nuestro Señor. El P. Bouchacourt hace una distinción entre el pueblo judío y la religión judía, diciendo que sólo la religión judía (de ese tiempo) habría cometido el deicidio (N.S. Jesucristo es Dios y por lo tanto quien lo mató comete deicidio), pero, ¿esto es verdad? Si nos atenemos al registro de los hechos bíblicos de la Pasíon y Muerte de N.S. Jesucristo, bien podríamos decir que no todo el pueblo judío quiso la muerte del Salvador, ahí está la Sma. Virgen María, los apóstoles, Simón de Cirene y todos los que no se dejaron arrastrar por las instigaciones de la cúpula sacerdotal judía de ese tiempo. Pero, ¿podríamos decir con propiedad que la religión judía fue la que no aceptó a N.S. Jesucristo y que fue la que buscó su muerte? No. ¿Acaso Nuestro Señor no les reprochó a los príncipes de los judíos que precisamente ellos no seguían esa religión a pesar de haberla heredado de los primeros patriarcas? (énfasis añadido):

¿No es Moisés el que os dio la Ley? Y ninguno de vosotros cumple la Ley. ¿Por qué queréis matarme? (Jn. VII,19)

Yo hablo lo que he visto donde mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído donde vuestro padre.» Ellos le respondieron: «Nuestro padre es Abraham.» Jesús les dice: «Si sois hijos de Abraham, haced las obras de Abraham. Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abraham . Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.» Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; no tenemos más padre que a Dios.» Jesús les respondió: «Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios ; no he venido por mi cuenta, sino que él me ha enviado. ¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi Palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Este era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira. Pero a mí, como os digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros puede probar que soy pecador? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios, escucha las palabras de Dios; vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios. (Jn. VIII,38-47)

¿Acaso no es la religión judía de los tiempos anteriores a N.S. Jesucristo la que anunció largamente su venida? Entonces no es que la religión judía fuera la que mandara la muerte del Señor, más bien fue la ceguedad de los príncipes judíos los que corrompían esta religión, esta Ley dada a Moisés, esta Revelación divina, y por ello fueron incapaces de reconocer al Mesías. Pero el asunto no queda aquí, el ejemplo bíblico no tiende a reducir o a minimizar la responsabilidad del deicidio hacia un grupúsculo de judíos en la cúpula sacerdotal en un tiempo determinado, sino que lo extiende a todos aquellos que si bien no buscaron unirse directamente a Anás y Caifás en sus instigaciones, se han quedado en cierta pasividad, porque al contrario, quienes reconocieron en este acto una injusticia de hecho se hicieron cristianos, ellos fueron los primeros cristianos, no se quedaron en ese cascarón vacío y ahora inexistente que es la “religión” judía, pues una vez que la Iglesia católica entra en funciones, lo que debía perdurar de esta religión judía pasa a la Iglesia católica, la absorbe, la continúa. San Pedro dice lo siguiente a los varones israelitas, notando que él no hace distinciones de ninguna clase y se dirige a todos ellos, que tienen en común que no se han convertido al cristianismo porque precisamente es esto lo que les pide él como parte de lo que debe hacerse para resarcirse con Dios ante ese grave acontecimiento del deicido (énfasis añadido):

«Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto, o por qué nos miráis fijamente, como si por nuestro poder o piedad hubiéramos hecho caminar a éste? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando éste estaba resuelto a ponerle en libertad. Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis que se os hiciera gracia de un asesino, y matasteis al Jefe que lleva a la Vida… (Hch. III,12-15)

«Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús, el Nazoreo, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis,  a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos… «Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado.» Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué hemos de hacer, hermanos?» Pedro les contestó: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo; pues la Promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos , para cuantos llame el Señor Dios nuestro.» Con otras muchas palabras les conjuraba y les exhortaba: «Salvaos de esta generación perversa.» Los que acogieron su Palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas 3.000 almas. (Hch. II,29-40)

Por su parte, San Pablo nos dice lo siguiente (énfasis añadido):

Sin embargo, hablamos de sabiduría entre los perfectos, pero no de sabiduría de este mundo ni de los príncipes de este mundo, abocados a la ruina; sino que hablamos de una sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, destinada por Dios desde antes de los siglos para gloria nuestra, desconocida de todos los príncipes de este mundo – pues de haberla conocido no hubieran crucificado al Señor de la Gloria. (1Cor. II,6-8)

San Pablo extiende esta responsabilidad a todo el mundo incrédulo que prefiere seguir sus designios o sus creencias paganas que escuchar la Revelación divina (cf. Jn. VIII,24 “Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados.“). Bien podríamos decir entonces que esta responsabilidad, lejos de encogerse a una época y un pequeño grupo, se extiende a todas las épocas y todos los grupos que siguen negando la divinidad de N.S. Jesucristo, aliándose con lo que Él mismo llamó la Sinagoga de Satanás, de la misma forma en que Pilatos se prestó a las jugarretas de los sacerdotes judíos sabiendo que eran injustas.

En resumen, el P. Bouchacourt vacila gravemente al quitar responsabilidad a los judíos, por medio de un juego de palabras, y comete un error al culpar a la religión judía de los tiempos de N.S. Jesucristo, aún cuando San Pedro nos dice que esta responsabilidad se extiende a todos los judíos que no se han convertido y San Pablo nos dice que es todo aquel incrédulo que privilegia la sabiduría mundana y rechaza los designios de Dios, de la misma manera que rechazaron los sacerdotes judíos al Mesías, cuidando sus propios intereses. Esperemos que haya una apropiada rectificación de lo dicho en esta entrevista, pues es de los sacerdotes de la Fraternidad de quienes menos esperaríamos ambigüedades y errores, y de quienes esperaríamos que privilegiaran la defensa de la Verdad aún cuando les cueste restar popularidad entre los medios del enemigo o entre los hombres de la Iglesia que se prestan activamente a ese amiguismo cómplice con los judíos de hoy o que no lo ven mal. ¿O se quedarán cruzados de brazos, con orgullo farisaico, mientras buenos sacerdotes formados por ellos siguen abandonando la Fraternidad por causa de estos errores fundamentales que hasta un laico puede ver?

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Responses

  1. qué lástima creerle al diario y hacer sobre esta base un argumento… qué tristes somos.

    • ¿Habría alguna razón para pensar que eso no fue lo que dijo el P. Bouchacourt, él mismo ha desmentido al diario o ha dicho que ha sido tergiversado, fue inventada la entrevista?, si esa ha sido la situación no tendré problema en publicar una aclaración.

  2. Bueno, el Padre podría explayarse al respecto. Es lógico pensar que no fue el pueblo judío, y si parte de él, puesto que así fue, junto con los romanos que lo ejecutaron. Esto fue en stricto sensu lo que pasó, meter a todos en la misma bolsa es injusto, o acaso el judío Nicodemo fue tambien un deicida?

    • ¿Responsabilizar a Nicodemus? No. En la medida en que él se haya dado cuenta que Jesús era el Mesías (y haya actuado, se convierta), él está más allá de la culpa. Este es el punto central de todo este asunto, por algo San Pedro les dice a todos los israelitas (inconversos), sin excepción, que deben arrepentirse y convertirse, porque es una contradicción creer que fue injusta esta acción sobre Nuestro Señor y quedarse en esa casa vacía (“se os deja su casa” les dijo N.S. Jesucristo) del judaísmo que no reconoce al Mesías. Por esto San Pablo no habla de los príncipes de los judíos, sino de los príncipes del mundo, porque finalmente ese orgullo de la cúpula sacerdotal judía es el pecado del mundo: el no reconocer que Jesucristo es el Hijo de Dios y el Salvador.
      +
      Culpar a la religión judía (del tiempo de Nuestro Señor) equivaldría a decir que la religión católica hoy promueve el sincretismo y la religión mundial única (error), y es todo lo contrario, pues porque no se practica la verdadera religión católica es que hoy se está esparciendo ese error. De la misma manera Nuestro Señor dice a los fariseos que si ellos cumplieran la Ley (la religión que fue transmitida a Profetas y Patriacras) entonces lo reconocerían y no lo querrían matar.
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      Indudablemente que una entrevista con un medio de comunicación como este, al servicio del enemigo, es difícil y todo se puede tornar en contra. Pero tampoco es posible suavizar el mensaje para no parecer tan duro, pues se corre el riesgo de jugar el juego modernista de decir todo y nada. Yo habría esperado que el P. Bouchacourt dijera simplemente que sí apoya esa interpretación de siempre de la Iglesia, si el periodista a partir de allí quiere detalles, pues que se le den detalles, incluso, responder con las palabras de San Pedro en Hechos: “(israelitas) Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis que se os hiciera gracia de un asesino, y matasteis al Jefe que lleva a la Vida”. Pero por el contrario, el P. Bouchacourt parece querer repetir las interpretaciones modernistas que se alejan del punto central y se pierde en dilucidaciones secundarias, sólo para evitarse problemas, si eso le va a dar problemas que mejor no de entrevistas y no escandalice a los católicos, que de escándalos ya estamos hartos.

  3. El Padre está respondiendo a una verdad de hecho, supongo, respecto al conocimiento que él espera del periodista. El Padre, supongo, no pretende que el periodista conozca el contenido expuesto en el artículo más arriba, dónde ciertamente, TODOS los judíos no convertidos, son culpables de deicidio.
    Lo repudiable del Padre fué el de no responder conforme a la enseñanza de la Iglesia sobre la cuestión. Concretamente no actuó como sacerdote.


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