Posteado por: Alejandro Villarreal | Miércoles, octubre 2, 2013

«Por temor a los judíos» por Joseph Sobran

ByT

Título: Por temor a los judíos
Autor: Joseph Sobran
Original en inglés: For Fear of The Jews
Traducción: Alejandro Villarreal -mayo 2013- Notas, imagen y vídeo añadidos.

La noticia de que yo estaría ofreciendo una conferencia para el Institute of Historical Review -IHR- fue tomado por muchas personas como, bueno, toda una noticia. Esto fue mencionado en el periódico judío Forward (14 junio) y en el sionista Wall Street Journal OnLine. Los editores de dos revistas conservadoras me llamaron y me escribieron para expresarme su preocupación de que estuviera dañando mi reputación, así tal cual,  por hablar con los «negadores del Holocausto».

Joseph Sobran (1946-✝2010) fue autor, columnista y conferencista. Durante 21 años escribió para la revista National Review, incluyendo 18 años como editor en jefe. Durante 20 años fue escritor asociado del Institute for Historical Review.

No estoy seguro de por qué esto debiera importar, incluso concediendo que me dirigiera a una audiencia desacreditada, yo esperaría ser juzgado por lo que digo y no por a quienes se lo digo o quienes me escuchan. Notaré que mis enemigos han escrito mucho acerca de mí, aún así ¡raramente lo hacen citándome de forma textual! ¿Por qué no lo hacen?, si tengo tan poca credibilidad entonces de vez en cuando diré cosas que me desacrediten, ¿será posible que yo sea más convincente de lo que ellos se atreven a admitir?

Mis enemigos siempre son bienvenidos para citar textualmente cualquier cosa que yo diga, si se atreven. Les diría las mismas cosas a ellos y pueden considerar todo lo que yo haya dicho en el IHR como si se los hubiera dicho a ellos también, pues no les hablaba sólo a los «negadores del Holocausto», sino también a los creyentes del Holocausto.

Debido a que he enfrentado desprestigio y exclusión por mis críticas a Israel y a su grupo de presión estadounidense, algunas personas me consideran valiente, por supuesto, me siento halagado, pero este reconocimiento, lo merezca o no, implica que, de forma profesional, es peligroso para un periodista el criticar a Israel, eso por sí solo ya dice mucho.

Pero si yo soy “valiente”, ¿cómo consideraríamos a Mark Weber y al Instituto para la Revisión de la Historia -IHR-? Ellos han sido más desprestigiados que yo, y lo que es más, han sido amenazados de muerte, han sido intimidados hasta con bombas en sus oficinas. ¿Al menos se les concede valentía?, de ningún modo, ellos permanecen casi universalmente envilecidos.

Cuando conocí a Mark, hace muchos años, esperaba conocer a un fanático que odiaba a los judíos, pues tal es la reputación que se les ha contruido a los «negadores del Holocausto», pero mi impresión inmediata y subsecuente fue encontrar todo lo opuesto: a un hombre apacible, de buen humor, ingenioso e intruido que habitualmente habla con mesura y prudencia, incluso cuando habla de sus enemigos, quienes les gustaría verlo muerto. Lo mismo es aplicable para otros miembros del Instituto. Durante muchos años de conocerlo, nunca le he escuchado decir nada que perturbe a una persona sin prejuicios, ni que se le considere como irracional o intransigente. Al contrario, son sus enemigos quienes siempre han mostrado rabia, actitudes de fanatismo irracional, y quienes son incapaces de sostener una conversación inteligente con los «negadores del Holocausto» sin utilizar exageraciones, acusaciones fuera de lugar y mentiras llanas. Así, comence a preguntarme, si ellos son incapaces de decir la verdad acerca de los «negadores del Holocausto», entonces ¿cómos erán capaces de decir la verdad acerca del Holocausto mismo?

Incluso si el Holocausto realmente sucedió, como yo lo creo, quizás deba ser estudiado por medio de una crítica más racional, la cual está ausente en la mayoría de sus creyentes actuales. Después de todo, incluso los crímenes de Stalin bien podrían haber sido exagerados, de forma muy entendible, por sus víctimas.

Nota de B&T: En esta afirmación, sobre los crímenes de Stalin exagerados, no debe entenderse que ahora debe minimizarse estos actos o que históricamente son desdeñables, por el contrario, siempre debe establecerse, hasta donde sea posible, el registro histórico preciso de esos hechos y a partir de ello elaborar un juicio acorde. En otras palabras, siempre es contrapruducente exagerar o minimizar ciertos acontecimientos históricos, pues denotan una subjetividad que es posible superar. Siguiendo el hilo del autor, tan sólo desea establecer que lo que los judíos hacen con el Holocausto, exagerándolo y protegiéndolo de la crítica histórica, es en realidad un acto muy humano, pero no por ello justificable, mucho menos cuando hoy es utilizado como un arma política para hundir a quienes no estén de acuerdo con ellos.

Como lo ha dicho Milton, «déjese que la verdad y la mentira se batan en duelo, ¿quién que haya conocido la verdad temerá que las cosas empeoren si este encuentro sucede de forma libre y abierta?» Incluso quienes están en el error tienen algo que decir, alguna clarificación marginal podrán ofrecer, ¿por qué dejar de escucharlos?

¿Por qué entonces se considera «anti judío» el concluir, a partir de la evidencia, que el número oficial de judíos asesinados es impreciso, o que el régimen de Hitler, con todo lo malo que fue en muchos aspectos, no fue, de hecho, un intento de exterminio racial? Es cierto que estas son conclusiones controversiales, pero aún así, déjese que esta controversia llegue hasta donde pueda por sus medios. No hay peligro en permitir que proceda, sería diferente si negar el Holocausto afectara de alguna manera el curso actual de los acontecimientos, como la negación de los crímenes de Stalin por parte del New York Times en 1930, lo cual ayudó a que siguiese cometiéndolos. ¿Por qué hoy es tan negativamente notorio el Instituto para la Revisión Histórica mientras que el Times, a pesar de su apoyo activo a Stalin en el pináculo de su poder permanece como un pilar de respetabilidad?

El Holocausto nunca tuvo un gran interés para mí, pero cuando leí sobre el tema en el Journal of Historical Review a través de los años, encontré que allí se situaba en la misma calma virtuosa de crítica racional que había encontrado también en Mark, y que esto se aplicaba en muchos otros temas distintos a la cuestión de si Hitler había exterminado a los judíos

Nota de B&T: A este respecto sobre la objetividad y la “crítica racional” por parte de quienes laboran para el Intitute of Historical Review -IHR- me gustaría mencionar que debe mejorarse, sobre todo en temas que no competen en sí al Holocausto, ya que he notado cómo muchos escritores de allí utilizan el concepto de Inquisición de forma despectiva, obviamente (e irónicamente, por lo que ellos defienden) apoyando indirectamente la leyenda negra que se ha formado sobre esta institución y al tiempo en que incluso instituciones oficiales en el estudio de la historia han rebatido las mentiras que los enemigos del cristianismo esparcieron (y siguen esparciendo) por siglos sobre la Inquisición.

Un artículo de hace algunos años acerca de Abraham Lincoln causó que redefiniera mi visión sobre este personaje y me estimuló a escribir un libro sobre el tema (Robert Morgan, Abraham Lincoln and the Issue od Race, The Journal of Historical Review, Sept-Oct, 1993).

La misión del IHR no puede ser resumida sólo como «negación del Holocausto», su misión real es criticar a la ideología cada vez más sofocante que ha infectado y distorsionado la narración de la historia en nuestros tiempos. Pero, por supuesto, este escepticismo específico acerca de la historia oficial del Holocausto es considerado como una blasfemia y se ha ganado el temido epíteto de antisemita.

No hace mucho, había una etiqueta más letal sobre la reputación de alguna persona, la del abusador de menores, pero como muchos hombres lúgubres ahora están descubriendo, existe una diferencia, que incluso muchos abusadores de menores podrían tener una segunda oportunidad. Hay otra diferencia, todos sabemos quién puede ser definido como abusador de menores, pero realmente nadie sabe lo que es el «antisemitismo». Mi ex jefe, Bill Buckley, escribió todo un libro titulado In Search of Anti-Semitism -literalmente: En busca del antisemitismo-, sin siquiera molestarse en definir el significado del antisemitismo. En ese momento pensé que era una omisión, pero estaba equivocado, pues tal palabra perdería su utilidad si fuese definida con precisión, como lo hice notar en mi pequeña contribución al libro: un «antisemita» solía ser aquel hombre que despreciaba a los judíos, ahora significa aquel hombre que es despreciado por los judíos. (énfasis añadido)

Dudo, de hecho no puedo imaginar a alguien asociado al IHR que haya causado algún daño a otro ser humano sólo porque sea judío. De hecho, el IHR nunca ha sido acusado de nada excepto de “crímenes del pensamiento”. Lo mismo se puede decir de mí, nadie me ha acusado de la más mínima indecencia hacia los judíos, al parecer, mi principal ofensa ha sido el insistir que el estado de Israel ha sido un costoso y traicionero “aliado” de los Estados Unidos, y después del 11 de septiembre me pregunto si alguien todavía lo duda, aunque todavía no recibo ninguna disculpa por haber estado en lo cierto. Si yo odiase a todos los judíos, sin distinción, sería culpable de muchas cosas, obviamente sería culpable de ser injusto y de no tener caridad hacia los judíos, como seres humanos que son, también sería culpable de una voluntariosa estupidez, y de forma más personal, sería culpable de ingratitud hacia mis benefactores, a la cual Dante, en su Infierno, la considera como el peor de todos los pecados, ya que muchos de mis benefactores en mayor o menor proporción, han sido judíos.

Además, me estaría convirtiendo exactamente en el hombre que mis sionistas enemigos les gustaría que fuese, y en cuyas hostilidades lo étnico toma mayor relevancia sobre cualquier valor y consideración. Si yo fuese así, los comprendería por tratarme como su enemigo, de hecho, iría tan lejos como para decir que hasta los estaría ayudando a justificar el estado de Israel. Considero que si yo luchara en los términos de esas personas, entonces ya me habrían ganado.

¿Qué es exactamente el antisemitismo?, la definición de un diccionario común dice «hostilidad hacia o discriminación contra los judíos como grupo racial o religioso». ¿Cómo se aplica esto a mí?, nunca me lo han explicado. Mi “hostilidad” hacia Israel no es por un deseo de guerra, sino de neutralidad, sin un deseo de traición, pérdida o vergüenza. Nuestros políticos corruptos nos han alineado con un país extranjero que se comporta de forma deshonorable [EEUU respecto a Israel]. Los supuestos “antisemitas” protestarían si los judíos fuesen tratados como Israel trata a sus súbditos árabes. Además, Israel frecuentemente ha traicionado a su único benefactor, los Estados Unidos. Ya he aludido al lugar que Dante reserva para aquellos quienes traicionan a sus benefactores.

Vídeo: El Dr. Alfredo Jalife sobre la definición del antisemitismo y sionismo. [Advertencia: me parece muy interesante la explicación del Dr. Jalife sobre el tema del antisemitismo y el sionismo y su uso político, aunque personalmente no comparto ni recomiendo sus alianzas políticas con el grupo de MORENA ni el grupo “yo soy 132″.]

Estos son obvios hechos morales, aún así, no sólo los políticos tienen temor de mencionarlos, sino también los periodistas, la gente que supuestamente es suficientemente independiente como para decir las cosas que los políticos no se atreven a decir. En mis 30 años de periodista nada me ha maravillado más que el prevaleciente temor en esta profesión por ofender o incomodar a los judíos, especialmente a los judíos sionistas.

El temor hacia la etiqueta «antisemita» es un temor hacia el poder que se cree reside debajo de ésta: el poder judío. Y así, todo esto tiene un carácter de inmencionable en el periodismo, es como si los periodistas que cubren el baloncesto profesional se negaran o les prohibieran escribir acerca de los Lakers de Los Angeles tan sólo por ser el equipo que aventaja a los otros.

Se ha manifestado un cambio cualitativo, francamente espeluznante, en el conservadurismo estadounidense, el «temor a los judíos», por utilizar una frase utilizada en el Evangelio según San Juan, parece haber reescrito la orientación del tono y los principios del conservadurismo [léase las corrientes protestantes en la política]. La duda razonable, la inteligencia crítica y la ironía saludable de hombres como James Burnham, Willmoore Kendall y de un joven Buckley se han hecho a un lado para dar la bienvenida al filojudaísmo o filosionismo servil de George Will, Cal Thomas, Rush Limbaugh y, por supuesto, del Buckley actual, hombres que irían tan lejos, incluso hasta el absurdo y el deshonor, para evitar la terrorífica etiqueta de antisemita.

Nota de B&T: Juan VII,13; Juan XIX,19; Juan XXI,38 narra el temor de los discípulos de Jesucristo a las represalias de los judíos, por ello se escondían y no hablaban abiertamente del Señor o Sus obras.

En una ocasión se me consideró «antisemita» por imputar la «dualidad en la lealtad» de los judíos israelíes, es decir, por afirmar que la mayoría de los judíos estadounidenses dividen su lealtad entre los Estados Unidos e Israel. Esto ya es cosa del pasado, la mayoría de los politicos ahora asumen, como algo normal, que para Israel sea la primera lealtad de los votantes judíos, ¿son considerados antisemitas por esto?, ¿por esta presunción del quita votos judío?, ¡de ninguna manera!, ¡esta dualidad en la lealtad se considera un avance!

Una vez más, es una necesidad práctica el saber qué decir para evitar el suicidio profesional [es decir, el asunto judío es un auténtico tema tabú, un tema prohibido, algo absurdo para todos aquellos que pretenden hablar de todo y sin árbitros de por medio]. Ningún político que presuma de cordura acusará a los judíos de dar su primera lealtad a Israel, aunque la mayoría de los políticos actúan como si así lo fuese, y les va bien.

Si se leen publicaciones judías como Commentary en ediciones de años pasados uno podrá ver discusiones interminables acerca de los que es lo mejor para Israel, pero uno nunca encontrará la menor sugerencia de lo que es mejor para Israel lo sea también para Estados Unidos. Esta posibilidad nunca se manifiesta. Al parecer, la única tarea discernible para los judíos es ver por el bien de Israel. Ellos nunca escogerán el bien para Israel y los Estados Unidos, de aquí el asunto de su lealtad dual y selectiva.

Frecuentemente he notado cuán ansiosa y desesperada se muestra la corriente conservadora por evitar la ira judía. De nuevo, ellos no sólo hablan favorablemente de Israel; ellos se niegan a reconocer cualquier costo para los intereses estadounidenses por su alianza con ese estado. Ellos se refieren a los dos países como si tuvieran intereses idénticos, pero cuando se trata de responsabilizar a uno de ellos, invariablemente siempre será el gobierno estadounidense quien pague los platos rotos, siempre, siempre, siempre será el gobierno estadounidense quien no estará a la altura de nuestro “confiable aliado”. Desde hace mucho tiempo los conservadores han perdido el contacto con la realidad. Ya no comparten el realismo de James Burnham, cuyos escritos y estilo de pensamiento ya no son bienvenidos en el movimiento conservador actual.

Nota de B&T: La guerra contra el bloque musulmán en Medio Oriente es una empresa que ha costado muchas vidas estadounidenses y muchos recursos económicos, y que en el fondo tiene que ver sólo con la protección al estado de Israel y su expansión en la zona, los discursos del presidente Obama dejan muy poco a la interpretación, pues siempre se ha pronunciado abiertamente como el amigo y protector de los judíos y de Israel, a cualquier precio, no importa que sean vidas de estadounidenses. La violencia, la verdadera y la propagandística, que se promueve contra los Estados Unidos de parte de los musulmanes tan sólo es otra estrategia para mantener esta alianza artificiosa con vida, para que los enemigos naturales de Israel sean también los enemigos de EEUU.

Están atemorizados, uno puede percibirlo en sus fanfarronadas y en su sumiso patrioterismo con el que se refieren a Israel. Su temor produce un peculiar adelgazamiento intelectual que infecta todo su pensamiento en tema de política exterior. Los individualistas han sido reemplazados por miembros dignos de la burocracia comunista, el sionismo se ha apoderado del conservadurismo estadounidense de la misma manera en que el comunismo comandó el liberalismo.

Aquí debo mostrar mis cartas sobre la mesa, no soy, de ninguna manera, un «negador del Holocausto», carezco de la competencia profesional para ser uno. No leo alemán, así que no puedo opinar sobre la evidencia documental; no sé química, así que no puedo discutir sobre el Zyklon-B; no entiendo la logística que se necesitaría para exterminar a millones de personas en un espacio mínimo. Además, la «negación del Holocausto» es ilegal en muchos países a los que quiero visitar. Para mí, esto es suficiente prueba de lo que afirmo. Un escritor israelí expresó su estupefacción ante la idea de criminalizar las opiniones acerca de un acontecimiento histórico, yo también me siento así, pero el estado ha hablado.

Por supuesto, hay quienes afirman que el Holocausto no necesita ni de hablar alemán, ni de la química ni de otras materias pertinentes, tan sólo necesitan saber lo que las autoridades han dicho. En cada controversia, la mayoría de las personas se interesa poco por la verdad y mucho en lo que conviene, es más seguro y menos problemático para cada facción. Como si los acusados por crímenes de guerra, después de la II Guerra Mundial, estuvieran exclusivamente en el bando contrario; sólo quienes critican a los intereses judíos son culpados por crímenes del pensamiento dentro de la corriente periodística actual.

Así, siendo la vida tan corta, huyo de estas controversias. Por supuesto, también soy incompetente para juzgar si el Holocausto sucedió o no, así que me he convertido en lo que podría llamarse un «concertador del Holocausto», como un abogado que no desea ser arrastrado a debatir sobre puntos secundarios, concedo que el relato oficial del Holocausto pueda ser verdad. Lo que está fuera de disputa y de por sí es suficientemente malo, es el maltrato masivo de la Alemania de Hitler hacia sus prisioneros de guerra.

Nota de B&T: esta ironía de Joseph Sobran es muy cierta, quien no se deja caer en el maniqueísmo de la propaganda del Holocausto, pues si los «negadores del Holocausto» son vilipendiados y perseguidos, entonces de forma automática parece que uno debe ser «afirmador del Holocausto», lo cual es absurdo dado que la mayoría de las personas no tiene la menor idea (por lo tanto autoridad u opinión certera) de lo que sucedió allí y por ello es una simple imposición ideológica. Ser «concertador del Holocausto» es una aguda ironía que concede la historicidad a tal cosa siempre y cuando se demuestre por quienes tengan autoridad y conocimiento para hacerlo. Quizás todos debamos abtenernos de ser negadores gratuitos del Holocausto, pero tampoco debemos convertirnos en afirmadores gratuitos. En cuanto al maltrato a los prisioneros de guerra, también es cierto, pues morir por enfermedades infecciosas, comer poco, trabajar mucho, ya de por sí es duro, aunque haya quien no lo vea así y por ello se aferre a las historias de terror de los hornos malévolos y las cámaras de gas para humanos, que lejos están de haber sido demostrados. Faltaría, por otro lado, conocer más sobre los campos de concentración estadonidenses en su propio suelo, pues en esa guerra nadie saldría sin mancha si se conociera toda la verdad.

Lo que me interesa a mí, y que crece cada vez más, es lo que Norman Finkelstein ha llamado la «industria del Holocausto». Verdadero o no, el relato del Holocausto ha sido utilizado de las más diversas maneras, algunas de ellas muy truculentas. En la actualidad se utiliza para exigir reparaciones y para destruir reputaciones, por citar dos ejemplos. Daniel Goldhagen publicará pronto un libro donde culpa a las enseñanzas principales de la Iglesia católica por el Holocausto. Este es un proyecto muy ambicioso [e irresponsable], aunque la mayor parte de los judíos ven en el cristianismo la fuente de todo “antisemitismo”.

Nota de B&T: Esta piltrafa seudo histórica, el culpar a la Iglesia por el rechazo generalizado hacia a los judíos (no a todos los semitas), tiene el trasfondo político podrido de siempre. Pero, ¿cuántos judíos han culpado a Lutero y al luteranismo como la fuente inmediata del rechazo al judío en Alemania?, habiéndose Lutero expresado explícitamente contra los judíos y con lujo de violencia, como era su costumbre (algo que la Iglesia nunca hizo y al contrario, protegiendo a los judíos cuando eran presa de las turbas), y que consta en muchos escritos; si no es que son inexistentes, por lo menos se les da muy poca publicidad hacia esta responsabilidad directa de Lutero, pero es completamente lógico, el protestantismo sirve a los fines del judaísmo, enemigos de Jesucristo y de Su Iglesia, de esta manera se aplica ese viejo esquema pueril de “los enemigos de mi enemigo son mis amigos”, y así, no importa que Lutero haya inculcado en el pueblo Alemán un explícito anti judaísmo, ellos preferirán culpar y atacar a quien ellos consideran su mayor enemigo, la Iglesia, aunque ésta los haya protegido. S.S. Pío XII es el ejemplo más vivo de esto, pues habiendo puesto grandes esfuerzos en ayudar a los judíos durante la II Guerra Mundial y habiendo sido reconocido esto por figuras eminentes de ese pueblo, hoy estos ingratos, por simples razones políticas, dicen lo contrario y como el perro rabioso, muerden la mano que le ha dado de comer y los ha protegido. ¿Alguien puede quedarse impávido ante este tipo de vileza, bajeza, deshonestidad, ingratitud, oportunismo?. ¿Cuándo se responsabilizarán los judíos de sus propias faltas? La honestidad, es necesario decirlo, nunca ha sido uno de los fuertes de esa gente.

Así que si alguien desea evitar ser llamado “antisemita”, el camino más seguro es renunciar al Cristianismo. ¿Será este el camino más seguro para la salvación de las almas?, a Goldhagen parece no importarle y no lo menciona, lo importante es evitar la censura judía. Obviamente, este tipo de razonamiento presupone un temor cristiano a los judíos. Los judíos mismos no son indeferentes al poder judío, algunos de ellos incluso han exagerado su confianza en éste.

Pero el principal uso del relato del Holocausto es sostener la legitimidad del estado de Israel. Según esta visión, el Holocausto demostraría que la existencia de los judíos siempre está en peligro, a menos que los judíos tengan su propio estado y su propio terruño. El Holocausto se erige como la razón histórico-objetiva del “antisemitismo” de las demás naciones, de los gentiles. La vida judía es así una urgencia inacabable que requiere inacabables medidas urgentes e insuficientes que justifiquen todo en nombre de la “defensa”. Los judíos e Israel no pueden ser juzgados mediante normas comunes, al menos hasta que Israel les esté asegurado y aún eso es una incógnita [es decir, la impunidad podría ser perdurable]. Sus circunstancias siempre serán anormales.

Pero los reportes noticiosos de cada día sugieren que Israel podría no ser el lugar más seguro para los judíos. El sueño original de Teodoro Herlz fue un estado judío donde los judíos pudieran vivir normalmente, lo cual se les negó durante la diáspora. Aún así, en la diáspora actual de los judíos, ellos viven de forma bastante normal, al menos en Occidente, desde donde deben preocuparse de la supervivencia de Israel. Y lejos de ser el estado independiente que imaginó Herlz, Israel hoy depende en gran medida de los judíos de la diáspora, y especialmente de los estadounidenses.

Israel insiste en que su “derecho a existir” es nada más que el derecho de cada nación sobre la tierra para estar en paz. Supuestamente, este derecho ha sido amenazado por fanáticos àrabes quienes desean “empujar a los judíos hacia el océano”, como se ha visto en las últimas olas de terror por parte de grupos palestinos. Pero a decir verdad, “la afirmación de Israel para existir” es mucho más de lo que parece a primera vista. Significa un derecho a gobernar, como judíos, gozando de un derecho que se les ha negado a los palestinos.

Se nos ha dicho incesantemente que Israel es una “democracia”, y por lo tanto, un aliado natural de los Estados Unidos, cuyos “valores democráticos” comparten. Esta es una afirmación muy dudosa. Para los estadounidenses, la democracia significa el gobierno de la mayoría, pero con los mismos derechos para las minorías. Pero en Israel y los territorios ocupados, ni siquiera se nombran derechos para las minorías.

El gobierno de las mayorías toma una forma muy peculiar en Israel. La mayoría árabe original fue expulsada de sus hogares, de su tierra natal, manteniéndolos en exilio. Mientras tanto, la “mayoría” judía fue artificialmente importada. No sólo mediante los primeros inmigrantes de Europa del este, sino que se le concedió a cada judío sobre la tierra el “derecho a regresar”, esto es, “regresar” a su “terruño”, en el cual la mayoría jamás vivió, y en el cual ninguno de sus ancestros jamás vivió. Un judío de Brooklin, Nueva York (cuyos abuelos fueran polacos), podría dirigirse a Israel e inmediatamente reclamar unos derechos que se les ha negado a los árabes, cuyas familias siempre han vivido en Palestina. En años recientes Israel ha aumentado su mayoría judía favoreciendo una vigosora inmigración, especialmente desde Rusia. Ariel Sharon dijo a un grupo de senadores estadounidenses que Israel necesitaba millones de inmigrantes judíos más.

Israel rechaza las demandas de los palestinos por un “derecho a retornar”, exiliados desde 1948, ¿cuál es la razón?, esto significaría “el término del estado judío”. Una mayoría árabe seguramente votaría por disminuir los privilegios étnicos de los judíos. Si Israel permanece como una democracia, no duraría demasiado como un territorio judío. Debe ser entonces una “democracia” cuya existencia dependa de la inequidad.

Los gentiles estadounidenses, confundidos por la propaganda que afirma que allí existe una pequeña democracia que lucha por el derecho más básico a existir, aún no se da cuenta que la “democracia” israelí es esencial y radicalmente distinta, e incluso repulsiva, a lo que ellos entienden como democracia. Dicho de otro modo, el sionismo es una negación de las “verdades evidentes” de la Declaración de Independencia [estadounidense]. Reconocer estas verdades y ponerlas en práctica significaría la finalización de Israel y el estado judío. Lo repito, los sionistas rigurosos y honestos siempre han visto y dicho esto.

Por medio de los “apretones de mano verbales”, para los cuales ellos son maestros, los israelíes siempre apelan al Holocausto. Quizás ellos tengan armas nucleares, pero su existencia está amenzada, ¡una vez más por los árabes y las rocas que les avientan! “Los árabes y los nuevos nazis”, repitiéndose y perpetuándolo como el eterno peligro de los judíos. Israel está determinado a prevenir otro Holocausto y deben aplastar la amenaza árabe, por necesidad, sin excluir las medidas más extremas.

Israel sin el Holocausto es difícil de imaginar, pero tratemos de hacerlo. Supóngase que el Holocausto nunca hubiese ocurrido [por lo menos en el imaginario colectivo], que nunca hubiese sido alegado, que nunca hubiese sido llamado “el holocausto”. Imagínese que el estado judío no haya estado bajo una gran persecución que lo justifique a realizar contramedidas especiales y emergentes de opresión. En otras palabras, imagínese que Israel debiera ser forzado a justificar sus acciones, como cualquier otro estado lo hace. En este caso, las acciones de Israel en contra de las minorías árabes aparecerían con una luz diferente a la actual. A su negación de los derechos más básicos y equitativos de esas minorías le faltaría la excusa de un pasado o futuro “holocausto”. Los pueblos civilizados esperarían que ellos trataran a sus súbditos con una justicia imparcial. Los privilegios especiales para los judíos serían un evidente e injusto beneficio, y no sería diferente al insulto de una discriminación legalizada contra ellos [que es lo que hacen con sus vecinos árabes]. El sentido y la excusa de una crisis perpetua sería inexistente. Israel podría ser forzado o presionado, posiblemente en contra de su voluntad, a ser un estado “normal”. Si la democracia es lo que han escogido, entonces los judíos aceptarían la posibilidad de ser rebasados en número, como cualquier otra democracia. Nadie supondría que el perder unas elecciones significaría su aniquilación.

Nota de B&T: esta es una visión muy romántica y teórica de la democracia, incluso podría sonar irónica, pues vemos cómo se conducen con tanta truculencia, no sólo en la “democracia” israelí, sino en todas partes del mundo. El mito del gobierno de las mayorías puede ser revertido para favorecer a las minorías, un ejemplo de esto es la forma en que los “derechos” de los grupos homosexuales, minorías, son impuestos en todas las sociedades, aún ante la repugnancia de las mayorías, violentando sus costumbres.

En resumen, el Holocausto se ha convertido en un aparato de exención para los judíos para las obligaciones normales de los humanos. El Holocausto los ha autorizado para intimidar y chantajear, para extorsionar y para oprimir. Esto es bastante irracional, ya que si incluso seis millones de judíos hubiesen sido asesinados durante la II Guerra Mundial, los sobrevivientes no debieran estar autorizados para cometer la menor tropelía. Si un familiar de cualquier persona fuese asesinado en la calle, sería una tragedia, pero no sería una excusa para cometer la misma acción sobre otro.

De una forma peculiar, el relato del Holocausto ha promovido no sólo la conmiseración, sino un verdadero temor hacia los judíos. Los ha excluido del discurso moral universal o normal, los ha hecho víctimas dotadas de armas nucleares [literalmente, y armas químicas también], los ha hecho incluso más peligrosos que los cargos que pesan sobre sus enemigos, le ha dado al mundo un Israel gobernado por Ariel Sharon [algo que por sí solo es ilustrativo].

Benjamín Netanyahu escribió que “Israel es parte integral de Occidente”; pienso que esto podría ser más cierto que el decir que Israel se ha convertido en un limbo deformado de Occidente.

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>>BITÁCORA<<

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Responses

  1. Yo pienso que no se puede desvirtuar algo que estan tangible,como los campos de concentracion,los quemaderos de seres humanos llamados crematorios,y lo que que quedaron de ellos como testimonio para la historia.Y como dice el refran,no hay peor ciego que el que no quiere ver.Yo se que fueron tambien masacradosmgitanos,curas,homosexuales,polacos rusos etc,pero el holocautso judio,fue un programa,elaBORADO Y consumado con extrama crueldad,,El estos tiempos modernos,con una media,que no guarda nada,imposible construir un”teatro” para poner en escena,la terrible obra de Hitler y sus secuaces.El holocausto existio le pese a quien le pese,y ojala se terminen ya,las matanzas genocidas,en africa,asia y medio oriente.Ana

    • Sólo coincido en una cosa con Ud.: No hay peor ciego que el que no quiere ver, y sobre todo si es un ciego que opina sin saber. Al menos, como el autor de este artículo propone, uno debería permanecer al margen, decir un honesto “no lo sé”, pero la propaganda del holocausto es tan truculenta que orilla a decir a todos “sí, es cierto”, sin saber nada sobre el tema.
      +
      1. Existieron campos de “concentración”, que fueron campos de trabajo. En Auschwiz en particular, se procesaba caucho para su uso en la guerra. Debido a las pobres condiciones de los prisioneros, habían frecuentes muertes por el tifus y en general por enfermedades que transmiten los piojos y otros parásitos similares.
      2. Los “quemaderos”, seguramente se refiere a los hornos crematorios (había sólo 2 -dos- en Auschwitz 1 -A1 en adelante-, y solamente muy avanzada la guerra se contruyeron otros más en Birkenau, de los que no todos funcionaban). Las epidemias provocadas por los parásitos provocaban muchas muertes (existen reportes de la Cruz Roja Internacional corroborando esto, y no menciona ninguna situación de exterminio, por ello los judíos han llegado al extremo de acusar de complicidad a esta institución, sin pruebas, por supuesto). El crematorio y la morgue de A1 es lo que se quiere hacer pasar por una “cámara de gas”, sin embargo, David Cole, de ascendencia judía y quien no creía en este cuento, se dirigió a Aschwitz a realizar una grabación in situ, entrevistó al entonces director Franciszek Piper, de quien obtuvo la admisión que esa instalación fue acondicionada después de la guerra para que se viera así en la actualidad. Este “acondicionamiento” incluía eliminar las paredes de la morgue para que pareciese una cámara única y la adición de una chimenea ciega, es decir, que estaba tapada, tan sólo era para aparentar. Jamás se han encontrado las puertas de cierre hermético para esa “cámara”; esa “cámara” tiene drenajes conectados al drenaje general del campo, esa “camara” tiene puertas que abren para adentro, esa “cámara” no es suficientemente grande para albergar a todas las víctimas que dicen haber sido exterminadas (unas 2 mil víctimas diarias), no existe tampoco capacidad en el carbón utilizado en el campo (existen registro de ello) para cremar a todos los que dicen que fueron exterminados (los hornos utilizaban carbón, y como le mencioné, sólo había dos en A1 -y si no mal recuerdo, quizás existe un reporte de fallas en uno. Toma unas dos horas incinerar un sólo cuerpo, haga las matemáticas-). El método a usarse era el de bolitas de Zyklon B, este método no es el más eficaz, y mucho menos en ambientes fríos. En la cámara de A1 no se encontraron rastros del uso de este gas (cianuro de hidrógeno), y que sí se encontraba en las auténticas cámaras de gas, pequeños cuartos donde se metían las sábanas, ropas, almohadas y en general lo que utilizaban los prisioneros, para ser despiojados. En fin, es tan extensa y detallada la investigación revisionista que es absurdo hablar sin antes haber leído aunque sea un poco del tema.
      3. Los “testimonios” de los prisioneros tienen el defecto de que son contradictorios e incluso se salen de la realidad, a pesar de que el gas cianuro de hidrógeno es letal, muchos de estos prisioneros dijeron haber sobrevivido el gaseo, u otros afirmaron que entraban a las cámaras de gas inmediatamente después del gaseo, para retirar los cuerpos, fumando (este gas es inflamable) y sin protección. Además, si todo fue un plan de exterminio, ¿por qué existen tantos sobrevivientes? Lo que Ud. gratuitamente afirma como un plan o “programa elaborado”, SE INTERPRETA del Acuerdo de Wansee, el cual jamás menciona nada sobre un exterminio, y esto es aceptado por quienes promueven la hipótesis del holocausto. A través de la historia, la cifra ha fluctuado de unos 15 millones que había establecido la comisión soviética, pasando por unos cientos de miles, 3 o 4 millones después, a estacionarse en 6 millones. Todo esto por la falta de veracidad, nada más. En Auschwitz existieron (y aún existen) la piscina, el teatro, el campo de fútbol, para uso de los prisioneros, lo cual desmiente este carácter “exterminador”, existen además testimonios de los ex oficiales y de prisioneros, sin faltar los investigadores de la época, como Joseph Burg, judío soviético que jamás creyó el cuento y que se dedicó a desmentirlo, incluso presentándose en la Corte canadiense para ofrecer su testimonio, cuando el alemán Ernst Zündel fue acusado de “esparcir mentiras” sobre este tema. Nada más para que se de cuenta de la talla de estos testigos. La motivación de Burg era que si el mundo sabía de esta mentira entonces se desquitaría con los judíos, él quería evitar esto.
      4. Hitler no era “perita en dulce”, yo no defiendo su régimen ni su política, pero el holocuento es una mentira que fue y es utilizada para conseguir impunidad en los actos de Israel y el sionismo.
      5. Personalmente lamento que exista demasiada “emotividad” y tan poca sesera la tratar este tema, y por lo cual existan tantos adeptos gratuitos que se tragan este cuento. Dígame Ana, ¿cuántas de sus fuentes no son películas de Hollywood?
      +
      Recomendado: https://bibliaytradicion.wordpress.com/?s=auschwitz&x=0&y=0 ; sobre todo, no se pierda: Breve Recuento de las Investigaciones Forenses en Auschwitz , analisis de un químico alemán que fue expulsado de su universidad por haber pretendido abordar científicamente este tema, y ver cuánta razón existe sobre las pruebas químicas y físicas (forenses) en este tema. Todo por cuestionar el “dogma” holocaustista. Abusurdo, ¿no cree?
      +
      A sí, otro detalle, Ana, su “tocaya” Ana Frank sí existió, pero su diario fue invención de su padre, que lucró con el dolor de su hija y contribuyó a la causa (a la mentira de su pueblo). Ana Frank murió en un campo (primero estuvo en Auschwitz luego en Bergen Belsen), el padre estuvo allí, pero sobrevivió y salió, extraño, ¿no? http://ecorevisionista.wordpress.com/2009/08/27/el-caso-de-ana-frank/ ; http://ecorevisionista.wordpress.com/2009/06/03/el-engano-de-ana-frank-al-descubierto/


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