Posteado por: Alejandro Villarreal | Lunes, septiembre 30, 2013

Milenio y Milenarismo

ByT

Título: Milenio y Milenarismo
Autor: New Advent – Enciclopedia Católica. Artículo de Johann Peter Kirsch (1911)
Original en inglés: Millennium and Millenarianism
Traducción: Alejandro Villarreal -sep. 2013-. Imagen, notas y énfasis añadidos.

La idea fundamental del milenarismo, como lo entienden los escritores cristianos, podría elaborarse de esta manera: Al final de los tiempos Cristo retornará en todo Su esplendor para reunirse con los justos, para aniquilar a las fuerzas hostiles y para establecer un reino glorioso sobre la tierra en el cual se disfrutará de las más altas bendiciones espirituales y materiales. Él mismo reinará como su rey y todos los justos, incluyendo los santos vueltos a esta vida, participarán de este reino. Al final de este reinado los santos entrarán al cielo con Cristo, mientras que los malvados, quienes también serán resucitados, serán condenados a la perdición eterna.

La duración de este reinado glorioso de Cristo y Sus santos sobre la tierra frecuentemente se refiere como de mil años, de aquí que de forma común sea llamado milenio, mientras que la creencia en la realización futura de este reino es llamado milenarismo, o quiliasmo, del griego chilia).

Nota de B&T: «hace varias décadas el Santo Oficio dio a conocer sobre este asunto dos decretos disciplinares para América del Sur, donde se prohibía la enseñanza del «milenarismo mitigado». En el primero de ellos, de 1941, se definía claramente en qué consiste dicho tipo de milenarismo, a saber, «el de los que enseñan que antes del juicio final, con previa o sin previa resurrección de justos, Cristo volvería a la tierra a reinar corporalmente». En 1944 apareció el segundo decreto, de índole aclaratoria, donde en vez de «corporalmente» se pone «visiblemente», ya que el primer adverbio resultaba inadecuado si se aplicaba a la época de la Iglesia en la tierra, donde Cristo está siempre «corporalmente» en el Santísimo Sacramento. Lo que está prohibido, sostiene Castellani, es enseñar «que Cristo reinará visiblemente desde un trono en Jerusalén sobre todas las naciones; presumiblemente con su Ministro de Agricultura, de Trabajo y Previsión y hasta de Guerra si se ofrece». Lo cual, obviamente, ningún Santo Padre o teólogo serio sostiene.» -énfasis añadido- RP Alfredo Sáenz citando al RP Leonardo Castellani -liga disponible al final-

Sin embargo, este periodo de mil años por ningún motivo es un elemento esencial del milenio en la concepción de sus adherentes. La extensión, los detalles de su realización, las condiciones y el lugar del milenio son descritos con muchas variantes. Los siguientes puntos pueden considerarse como los más importantes:

  • el pronto retorno de Cristo en todo Su poder y gloria,
  • el establecimiento de un reino terrenal con los justos,
  • la resurrección de los santos ya fallecidos y su participación en el reino glorioso,
  • la destrucción de los poderes hostiles a Dios, y,
  • al final de este reinado, la resurrección universal y el juicio final, después de lo cual los justos entrarán al cielo, mientras que los malvados serán consignados al fuego eterno del infierno.

Las raíces de esta creencia en un reino glorioso, parcialmente natural y parcialmente sobrenatural, se encuentran en las esperanzas de los judíos en un Mesías temporal y en el apocalipsis judío. Bajo la mortificante presión de sus circunstancias políticas y la espera por el Mesías, quien liberaría al pueblo de Dios, en la mentalidad judía, se asume un carácter que es en gran parte terrenal; los judíos anhelaban por sobre todo a un salvador que los liberase de sus opresores y restaurara el antiguo esplendor de Israel. Estas espectativas generalmente incluyen la creencia de que Yavé conquistaría a todos los poderes hostiles, para Sí mismo y para Su pueblo escogido, y que al final establecería el reino glorioso de Israel. Los libros apocalípticos, principalmente el libro de Enoc y el cuarto de Esdras, indican varios detalles sobre la llegada del Mesías, la derrota de las naciones hostiles a Israel y la unión de todos los israelitas en el reino mesiánico seguido por una renovación del mundo y la resurrección universal.

Lo natural y lo sobrenatural están mezclados en esta concepción de un reino mesiánico como acto final en la historia del mundo.  Las esperanzas judías por un Mesías y las descripciones de los escritores apocalípticos se han mezclado; fue entre el final de este orden mundial y el comienzo del nuevo [el cristiano] que este reino sublime del pueblo escogido encontraría su lugar. Muchos detalles de esta concepción deben permanecer difusas y confusas en el especto natural, ya que el reino mesiánico fue siempre descrito como algo milagroso, aunque muchas veces fue impregnado de colores terrenales y sensuales. Los registros evangélicos claramente demuestran cuán fervientemente esperaban los judíos este reino mesiánico terrenal en los tiempos de Jesucristo, pero el Salvador vino para proclamar un reino espiritual de Dios, para liberar del pecado al hombre, y para su santificación, un reino que en realidad comenzó con Su nacimiento. No existe rastro de quiliasmo en los Evangelios ni en las Epístolas de San Pablo, todo se mueve en la esfera espiritual y religiosa, incluso las descripciones del fin del mundo y las del juicio final llevan esta estampa. La victoria sobre la bestia simbólica, el enemigo de Dios y de los santos y sobre el Anticristo, así como el triunfo de Jesucristo y Sus santos, son descritos en el Apocalipsis de San Juan (Ap. XX-XXI), con descripciones que recuerdan a las de los escritores apocalípticos judíos, especialmente Daniel y Enoc. Satanás es encadenado en el abismo durante mil años, los mártires y los justos se levantan de entre los muertos y participan en el sacerdocio y el reinado de Jesucristo. Aunque es difícil enfocarse con precisión en las imágenes utilizadas en el Apocalipsis y en las cosas expresadas allí, aun así no debe haber duda de que toda su descripción se refiere al combate espiritual entre Jesucristo y su Iglesia, por un lado, y los poderes malignos del infierno y el mundo, en el otro. No obstante, un gran número de cristianos de la era post apostólica, particularmente en el Asia Menor, se entregaron en gran medida al apocalipsis judío como para otorgarle un sentido literalista a las descripciones de San Juan en su Apocalipsis; el resultado fue que el milenarismo se esparció y ganó defensores incondicionales no sólo entre los herejes, sino entre los cristianos también.

Una de las herejías, la del gnóstico Cerinthus, floreció hacia el final del primer siglo, proclamando un espléndido reinado de Cristo sobre la tierra, el cual Él establecería junto con sus santos, hacia Su segunda venida, y lo describía como un reino de mil años, en medio de placeres groseros y términos sensuales (Caius en Eusebius, Historia de la Iglesia III.28, Dionysius Alex. en Eusebius, ibid., VII,25). Más tarde, entre los católicos, el obispo Papías de Hierápolis, discípulo de San Juan, apareció como defensor del milenarismo. Él afirmaba haber recibido esta doctrina de los contemporáneos de los Apóstoles, e Ireneo narra que otro “presbitero”, quien había visto y escuchado al discípulo de San Juan, supo directamente de él sobre su creencia en el milenarismo, como si fuera parte de la doctrina del Señor. Según Eusebio (Historia de la Iglesia II.39), Papías afirma en su libro que a la resurrección de los muertos seguirían mil años de un reino glorioso, terrenal y visible de Cristo; y según Ireneo (Adv. Haereses, V,33), él enseña que los santos también disfrutarían de una super abundancia de placeres terrenales: Habrá días en que las vides crecerán cada una con 10,000 tallos y cada tallo tendrá 10,000 ramificaciones, y cada ramificación tendrá 10,000 brotes, y cada brote tendrá 10,000 racimos y cada racimo tendrá 10,000 uvas, y cada uva producirá 216 galones de vino, etc.

Las ideas milenaristas se encuentran en la mayoría de los comentadores de la Espístola de Bernabé; en cuanto al pasaje que trata acerca del sabat judío, para el séptimo día, en el cual descansó Dios después de la creación, se explica de la siguiente manera. Después de que el Hijo de Dios haya venido y haya puesto fin a una era de maldad, juzgándola, y después de que el sol, la luna y las estrellas hayan cambiado, entonces Él descansará en gloria el séptimo día. El autor ha elaborado la premisa de la siguiente manera: si se dice que Dios creó todas las cosas en seis días, esto significa que Dios completará todas las cosas en seis milenios. ya que un día representa mil años. Es cierto que el escritor defiende el principio de un mundo reformado a través de la segunda venida de Jesucristo, pero no hay indicaciones claras de si el autor de la carta fue milenarista en el sentido estricto del término. San Ireneo de Lyon, nativo del Asia Menor, influenciado por los compañeros de San Policarpo, adoptó las ideas milenaristas, discutiéndolas y defendiéndolas en sus trabajos contra los gnósticos (Adv. Haereses, V,32). Él desarrolló esta doctrina principalmente en oposición a los gnósticos, quienes rechazaron todas las esperanzas de que los cristianos tuvieran una vida futura feliz, principalmente discernió en el glorioso reino de Jesucristo sobre la tierra el preludio del final, el reino espiritual de Dios, el reino de la eterna felicidad. San Justino de Roma, mártir, se opuso a los judíos en su Diálogo con Trifón (c. 80-1) bajo el principio del milenio y afirma que él y los cristianos, cuya creencias son correctas en todo punto, saben que habrá una resurrección del cuerpo y que la recién construida y ampliada Jerusalén durará por espacio de mil años, pero agrega que existen muchos quienes aunque se adhieren a las enseñanzas misericordiosas y puras de Jesucristo, no creen en esto. Un testigo de la constante enseñanza del milenarismo en las provincias asiáticas es San Melitón, obispo de Sardes, en el siglo segundo. Él desarrolló la misma línea de pensamiento que San Ireneo.

El movimiento montanista tuvo su origen en Asia Menor. La espectativa de un advenimiento temprano de una Jerusalén celestial sobre la tierra, la cual, se pensaba aparecería en Frigia, estaba íntimamente unida a las mentes de los montanistas junto a la idea del milenio. Tertuliano, el protagonista del montanismo, expuso la doctrina (en su trabajo ahora perdido De Spe Fidelium y en Adv. Marcionem, IV) de que al final de los tiempos, el gran reino prometido, la nueva Jerusalén, sería establecida y duraría por espacio de mil años. Todos estos autores milenaristas apelan a varios pasajes de los libros proféticos del Antiguo Testamento, y a unos cuantos pasajes en las cartas de San Pablo y el Apocalipsis de San Juan. Aunque el milenarismo tuvo numerosos adherentes entre los cristianos y fue sostenido por muchos teólogos eclesiásticos, no aparece como una doctrina universal en la Iglesia en el periodo post apostólico ni como parte de la tradición apostólica [énfasis añadido]. Por supuesto, el símbolo primitivo de los apóstoles menciona la resurrección del cuerpo y el retorno de Jesucristo para juzgar a vivos y muertos, pero no menciona nada acerca de un mundo milenarista. Fue hasta el siglo segundo que se produjeron, no sólo defensores del milenio, sino que muchos adversarios se pronunciaron contra las ideas quiliastas. El gnosticismo rechazó el milenarismo. En Asia Menor, el principal asiento de las enseñanzas milenaristas, los llamados Alogi (alogianos) se levantaron contra las enseñanzas milenaristas así como contra el montanismo, pero ellos fueron tan lejos en su oposición rechazando no sólo el Apocalipsis de San Juan, alegando que Cerinto era su autor, sino también el Evangelio (del apóstol). La oposición al milenarismo vino de una forma más general hacia el final del siglo segundo, apareciendo de mano de la batalla contra el montanismo. El presbítero romano Cayo (finales del siglo II y principios del III) atacó a los milenaristas. Por otro lado, Hipólito de Roma los defendió e intentó demostrarlo, basando sus argumentos en la explicación alegórica de los seis días de la creación como seis mil años, como se había enseñado tradicionalmente.

El adversario más poderoso del milenarismo fue Orígenes de Alejandría. En vista del neoplatonismo, sobre cuyas doctrinas fue fundado un método espiritual-alegórico para explicar las Sagradas Escrituras, él no pudo tolerar las ideas milenaristas. Él los combatió expresamente y, debido a la gran influencia que tuvieron sus escritos sobre la teología eclesiástica, especialmente en países orientales, el milenarismo desapareció gradualmente en las ideas de los cristianos orientales. Sólo se conocen unos pocos defensores posteriores, principalmente adversarios teológicos de Orígenes. Aproximadamente a mediados del siglo tercero, Nepos, obispo de Egipto, quien integraba la lista contra el alegorismo de Orígenes, también propuso ideas milenaristas y ganó algunos adherentes en los alrededores de Arsínoe. Un cisma amenazaba, pero las políticas moderadas y prudentes de Dionisio, obispo de Alejandría, preservaron la unidad, y los quiliastas abandonaron sus posiciones (Eusebio, Historia de la Iglesia, VII.14). Egipto parece haber albergado todavía a muchos adherentes del milenarismo en tiempos de Metodio, obispo de Olimpo, uno de los principales oponentes de Orígenes a comienzos del siglo cuarto, sosteniendo al quiliasmo en su Symposion (IX,1,5). En la segunda mitad del siglo cuarto estas doctrinas encontraron su último defensor en Apolinar, obispo de Laodicea y fundador del apolinarismo. Sus escritos sobre el tema se han perdido, pero San Basilio de Cesárea (Epist. CCLXIII,4), Epifanio (Haeres. LXX,36) y Jerónimo (en Isaías XVIII) ofrecieron testimonio de que él fue quiliasta. Jerónimo agrega también que muchos cristianos compartían estas creencias, pero después de esto, el milenarismo ya no encontraría campeones ni propagadores entre los teólogos de la Iglesia griega.

En Occidente, las espectativas milenaristas de un reino glorioso (terrenal) de Jesucristo y Sus justos, encontró adherentes durante mucho tiempo. El poeta Comodiano (Instructiones, 41,42,44) así como también Lactancio (Institutiones, VII) proclamaron el reino milenario y describen su esplendor, retratándolo parcialmente sobre las teorías de los primeros quiliastas y sobre las profecías sibilinas (escritos paganos), y en otras partes la describen tomando prestadas las ideas de los poetas paganos de la “era dorada”; pero la idea de los seis mil años de duración del mundo siempre es sobresaliente. Victorino de Petau también fue milenarista, aunque en la copia existente de sus comentarios al Apocalipsis no se encuentra ningún rastro de esto. San Jerónimo mismo, decidido oponente a las ideas milenarias, consideró a Sulpicio Severo como un adherente a éstas, pero en los escritos de este autor, en su forma presente, no se encuentra ninguna prueba de esto. Por supuesto, San Ambrosio enseña una doble resurrección, pero no se le identifican claras ideas milenarias. Por otro lado, San Agustín fue por un tiempo campeón del milenarismo, como él mismo testifica (Ciudad de Dios, XX.7), pero él coloca al milenio después de la resurrección universal y lo considera desde una luz más espiritual (Sermo, CCLIX). Sin embargo, cuando él acepta la doctrina de una sola resurrección universal y un juicio final inmediato, él ya no puede sostener el principio esencial del quiliasmo. San Agustín finalmente se sostiene en la convicción de que no habrá milenio. La batalla entre Jesucristo y Sus santos, por un lado, y el mundo pervertido y Satanás, por el otro, se lleva a cabo en la Iglesia, en la tierra; así que el gran doctor lo describe en su trabajo De Civilitate Dei (La Ciudad de Dios). En el mismo libro él nos ofrece una explicación alegórica del capítulo 20 del Apocalipsis: La primera resurrección, de la cual este capítulo trata, nos dice él, se refiere al renacimiento espiritual en el bautismo; el sabat de mil años, después de seis mil años de historia, es la vida eterna, o en otras palabras, el número de mil años intenta expresar la perfección, y el último espacio de mil años debe entenderse como referencia al fin del mundo; en todo caso, el reino de Jesucristo, del cual el Apocalipsis habla, sólo puede aplicarse a la Iglesia (Ciudad de Dios XX.5-7). Esta explicación del ilustre doctor fue adoptada en lo sucesivo por los teólogos occidentales, y el milenarismo, como fue concebido en sus primeras formas, ya no recibió apoyo. Cerinto y los ebionitas son mencionados en escritos posteriores contra las herejías, como defensores del milenio, es verdad, pero como una disidencia de la Iglesia. Además, la actitud de la Iglesia hacia el poder secular había sufrido un cambio, ahora había un acercamiento entre ella y el Imperio romano. No hay duda en que este cambio en los acontecimientos influenció en gran medida para que los cristianos se desprendieran del viejo milenarismo, el cual, durante el tiempo de la persecución había fungido como la expresión de sus esperanzas en el pronto retorno de Jesucristo y derrotar así a los enemigos de sus elegidos. Las visiones quiliastas desaparecieron rápidamente debido a que, como ya se ha indicado, a pesar de su rápida difusión, incluso entre cristianos sinceros, y a pesar de su defensa por eminentes Padres de la Iglesia temprana, el milenarismo nunca fue sostenido en la Iglesia universal como artículo de fe fundado en tradiciones apostólicas [énfasis añadido].

«Nosotros realmente no sabemos si el milenarismo es dogmáticamente o apodícticamente verdadero; ni tampoco lo contrario. Sabemos que es por lo menos una hipótesis (digamos) científica que nos satisface más; y que no se combate con insultos y con espantajos, sino con razones… Podemos, si NO ENSEÑARLO EN CUALQUIERA DE SUS FORMAS, AL MENOS TENERLO EN CUENTA EN SU FORMA ESPIRITUAL MÁS SESUDA COMO UNA INTERPRETACIÓN POSIBLE, NO CONDENADA», y hasta recomendada, como dijo San Jerónimo, a pesar de ser antimilenista, «por innumerables santos y mártires de ambas Iglesias latina y griega». RP Leonardo Castellani citado por el RP Alfredo Sáenz

La Edad Media nunca fue tentada con el milenarismo, fue una idea extraña tanto para la teología de ese periodo así como para las ideas religiosas del pueblo. Las visiones fantásticas de escritores apocalípticos (por ejemplo Joaquín de Floris), se refirieron sólo a una forma particular de renovación espiritual en la Iglesia, pero no incluyeron una segunda venida de Jesucristo (después de la Parusía). Los “mitos del emperador” que presagiaban el establecimiento de un reino de felicidad universal por un gran emperador del futuro, en realidad contienen descripciones que recuerdan los antiguos escritos Sibilinos y milenarios, aunque aquí está ausente una parte esencial: el retorno de Jesucristo y su conexión con un reino de dicha y con la resurrección de los justos. De aquí que el milenio, propiamente dicho, haya sido desconocido para ellos. El protestantismo del siglo XVI marcó el comienzo de una nueva época de doctrinas milenaristas. Los fanáticos protestantes de los primeros años, particularmente los Anabaptistas, creyeron en la realización de una nueva época dorada bajo el cetro de Jesucristo, después de haberse deshecho del papado y de los imperios seculares. En 1534, los Anabaptistas establecieron en Münster, en la región de Westfalia, el nuevo Reino de Sion, en el cual se defendía el compartir entre todos la propiedad y las mujeres, como un preludio del nuevo reino de Jesucristo. Hubo oposición a estos excesos y este milenarismo se repudió tanto en las confesiones de Augsberg (art. 17) como en la Helvética (cap. 11), de tal manera que no fue admitida en la teología reformada luterana. No obstante, los siglos diecisiete y dieciocho produjeron nuevos fanáticos y místicos apocalípticos quienes esperaban el milenio de una forma u otra: en Alemania los bohemios y la hermandad de Moravia (Comenius); en Francia, Pierre Jurien (L’Accomplissement des Propheties, 1686); en Inglaterra, en tiempos de Cromwell, los independientes y Jane Leade. Con el pietismo comenzó una nueva fase de milenarismo entre los protestantes. Uno de sus campeones principales del milenarismo en Alemania fue I. A. Bengel y su discípulo Crusius, a quienes luego se unieron Rothe, Volch, Thiersch, Lange y otros. Los protestantes de Wurtemberg emigraron a Palestina (comunidades del Templo) con el fin de acercarse más a Cristo en su segunda venida. Ciertas sectas fantásticas de Inglaterra y Estados Unidos, como los irvingitas, mormones, adventistas, adoptaron tanto las visiones apocalípticas como las milenaristas, esperando el retorno de Cristo y el establecimiento de Su reino tan pronto como sea posible. Algunos teólogos católicos del siglo diecinueve encabezaron un milenarismo moderado (o mitigado) y modificado, especialmente conectado con sus explicaciones del Apocalipsis; como Pagani (El fin del mundo, 1856), Schneider (Die chiliastische Doktrin -literalmente: La doctrina quiliasta-, 1859), Rohling (Erklärung der Apokalypse des hl. Iohannes -literalmente: Explicación del Apocalipsis de Sn. Juan-, 1895; Auf nach Sion -literalmente: Hacia Sión-, 1901); Rougeyron Chabauty (Avenir de l’Eglise catholique selon le Plan divin -literalmente: El futuro de la Iglesia católica según el plan divino-, 1890).

Posts relacionados: El Milenio y ss. por el RP Alfredo Sáenz citando al RP Leonardo Castellani (aquí se explica brevemente el milenarismo condenado por la Iglesia y la intepretación que es católica).

Nota de B&T: Es un absurdo y un maniqueísmo la acusación de que algunos católicos “confundan” lo prometido con la Consagración de Rusia, el periodo de paz, como si fuese una especie de milenarismo craso o terrenal (¡y antes de la Parusía!), es decir, el que rechaza la Iglesia. Particularmente, el sacerdote Basilio Méramo (y otros) plantea este muñeco de paja para ganar adeptos a su causa personal. Ningún católico bien informado pretende que lo prometido en Fátima mediante la consagración de Rusia signifique una solución permanente a la crisis en la Iglesia y el mundo ni signifique la anulación de lo que deberá suceder en lo que se anuncia en las Sagradas Escrituras para la consumación de los últimos tiempos, pues la Virgen jamás lo dijo así, ella nos prometió “un periodo de paz para la humanidad” (no una paz permanente, sobre todo porque esto está en función de la fe de los hombres, de cuánto pidan a Dios por esta paz y cuánto rectifiquen sus vidas, es decir, sean congruentes con su fe), aún más, nos adviritó que aunque triunfará su Corazón Inmaculado (consagrando Rusia el papa junto a los obispos del mundo), será demasiado tarde pues los errores de Rusia ya se habrán esparcido por el mundo. Para darse una idea  verdaderamente católica de lo que puede esperarse de una consagración de este tipo, será útil revisar el caso historico de Portugal: «¿Cómo sabremos que Rusia ha sido consagrada?: La predicción del Card. Cerejeira», con la diferencia de que la Virgen nos ha dicho que “será demasiado tarde” (es decir, quizás con efectos aminorados o gozando muy brevemente de esa paz, pues si se hubiese hecho a tiempo se habría gozado con mayor intensidad de lo prometido), y quienes enarbolan el espíritu del anticristo no se quedarán con los brazos cruzados, pero sin duda, será una prueba de que Dios y Su Madre Santísima está con la Iglesia de siempre (no con la de la apostasía) y con quienes permanecen siendo fieles a N.S. Jesucristo. Es una falsa dicotomía el enfrentar lo prometido en Fátima mediante la consagración de Rusia con la Parusía, es querer alimentar una falsa controversia para ganar adeptos a causas personales de revanchismo, estos son dos acontecimientos que sucederán a su debido tiempo.

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Responses

  1. FELICITACIONES el ártículo, es súmamente interesante; sólo me hubiera gustado, se indiquen las Citas Bíblica, en los cuales se trata sobre los diferentes puntos comentados, tal como se hizo con los comentarios sobre las diferentes tendendicas y autores que trataron el tema.

  2. Gracias por su mensaje, es enriquecedor tanto cognitiva, como espiritualmente. Dios los bendiga y los fortalezca permanentemente.

    Date: Mon, 30 Sep 2013 14:23:57 +0000
    To: echm777@hotmail.com

  3. Total, que el milenarismo debe ser muy malo, pero resulta que todos los padres apostólicos eran milenaristas…

    Y yo que pensaba que la Tradición se dilucidaba en gran medida precisamente en el sentir mayoritario de esos Padres…

    El milenarismo que sostenían los Padres está creciendo como opinión teológica como la espuma, de la misma manera que decrece la opinión teológica del anti-milenarismo.

    La Iglesia no condena verdaderamente el milenarismo ni siqueira en su forma mitigada, pues solo dice que ese sistema “no puede enseñarse con seguridad”.

    Claro, es opinión teológica. Admisible pero no segura.

    • ¿”Muy malo”? Eso no es lo que se dice aquí, sin embargo, muchas sectas han abordado este tema de una forma peligrosa y que no tiene nada que ver con la posición de los Padres de la Iglesia, por ejemplo, los adventistas y otras sectas. Otra posición que es tendenciosa es la que defiende el milenarismo anteponiéndolo a los mensajes de Fátima y en particular con lo que la Virgen dijo acerca de los efectos que tendría la consagración de Rusia: la paz temporal y su conversión. Pero de nuevo, el milenarismo no es en sí lo que preocuparía de una posición así, sino cómo se utiliza el milenarismo, como ariete en contra de algo más. Creer en el milenio o no sería una situación de “ganar – ganar”, obviamente ganarán quienes busquen la salvación de su alma, pues finalmente serán los justos quienes disfruten de ese reino de mil años sobre la tierra, y si no es así, de todos modos serán los justos quienes disfruten de la vida eterna.


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