Posteado por: Alejandro Villarreal | Domingo, febrero 10, 2013

Homilía: «Domingo de Quincuagésima» por el R.P. Hugo Ruiz, FSSPX

Título: Homilía: «Domingo de Quincuagésima»
Autor: R.P. Hugo Ruiz, FSSPX
Homilía correspondiente a la Misa cantada del domingo 10 de febrero de 2013 en el Convento de las Madres Mínimas Franciscanas del Perpetuo Socorro de María. Publicado aquí sin el permiso expreso del autor

«Mirad que subimos a Jerusalén»: y allí ve ya el amor, los azotes, la cruz y el sol radiante de la resurrección.

Nueva etapa en la historia religiosa de la humanidad. Después de Adán, «el padre del género humano» (Septuagésima); después de Noé, «el padre de la generación nueva» (Sexagésima), las lecciones de maitines proponen a nuestra consideración la gran figura de Abraham, «el padre de los creyentes».

Por su fe en la realización de las promesas divinas, es Abraham nuestro padre en la fe; por haber aceptado sacrificar a Isaac, «el hijo de la promesa», en quien descansaba toda su esperanza, ha multiplicado Dios su posteridad «como las estrellas del cielo y las arenas del mar». En boca de san Pablo, todos nosotros, Cristo y nosotros juntamente, somos esa posteridad, e Isaac, destinado a la inmolación y luego arrancado a la muerte, es figura de Jesús muerto y resucitado (Hebreos XI,17-19).

«He aquí que subimos a Jerusalén…» Al mismo tiempo que nos recuerda la Pasión, el evangelio nos revela en la curación del ciego de nacimiento el don de la fe, que saca a los hombres de su ceguedad; es decir, de las tinieblas de sus pecados. En la epístola, el himno entusiasta de san Pablo a la caridad subraya igualmente la transformación sobrenatural que ha de obrar la redención de Cristo en nuestras almas humanas.

La Biblia y la Liturgia de este día. Sobre la profecía de Jesús acerca de su Pasión. Ya anteriormente la ha anunciado por dos veces (Mateo XVI,21-22; XVII,22-23). Después de ella todavía recordará su necesidad (Lucas XXIV,25-27, 44-48). Leer también en el mismo sentido la parábola de los viñadores homicidas (Mateo XXI,33-44) y recordar la profecía de Simeón (Lucas II,34-35). El Antiguo Testamento nos sugiere igualmente figuras de los sufrimientos y de la muerte del Salvador (Sacrificio de Abraham: Génesis XXII,1-19 – Pruebas de José: Génesis XXXVII; XXXIX – Tribulaciones de Jonás: Jonás I, II -y, sobre todo, los sufrimientos del siervo de Yahvé: Isaías L,4-6; LII,13 a LIII,12). Véase en los Hechos el recuerdo que san Pedro y san Pablo hacen de estas profecías (Hechos II,22-24; III,17-18; XIII,27-28; XVII,2-3).

Sobre la curación del ciego, ver otras curaciones de ciegos obradas por Cristo (Marcos VIII,22-26 – Juan IX). En ellas se cumplen las profecías de Isaías (Isaías XXIX,18; XXXV,5-6; LXI,1-2 – Mateo XI,2-6 – Lucas IV,16-22). Recordar igualmente la curación de Tobías (Tobías II,10-14; VI,1-9; XI,12-17) y de san Pablo después de su conversión (Hechos IX,1-19; XXVI,17-18, en que el simbolismo del hecho aparece de su transposición espiritual, a propósito de la misión del apóstol, que consistirá en abrir los ojos a los paganos para conducirles a la luz).

Sobre esta ceguera interior, ver parábola de los dos ciegos (Lucas VI,39), las invectivas contra los fariseos (Mateo XXIII,16-26 – Romanos II,17-24), la ceguera simbólica de Elymas (Hechos XIII,6-12), la ceguera espiritual (Isaías VI,10, citado por Juan XII,40; LIX,7-10 – Sofonías I,17 – 2Corintios IV,3-4 – 1Juan II,7-11 – Apocalipsis III,17-18).

Sobre la luz de la fe, a la que debe abrirse esta ceguera espiritual, repasar toda la historia de Abraham (Génesis XII,1 a XXV,11, y especialmente, XII,1-9; XIII,14-18; XV,1-6; XVII; XVIII,1-15; XXI,1-7; XXII,1-19) y lo que sobre ella dicen los demás libros sagrados, en particular los del Nuevo Testamento (Eclesiástico XLIV,19-24- Romanos IV – Hebreos XI). Sería enojoso citar todo lo que se refiere a la fe en las epístolas y en los evangelios; abundan los textos. Ella es el fundamento de la vida cristiana y el principio de toda justicia; la verdadera luz que ha de iluminar nuestros ojos.

Siguiendo la sagrada liturgia, podrá leerse con agrado el salmo XXX.

Lectura de la Biblia. Génesis XI,31 a XII,9; XIII,1-18; XIV,18 a XV,6; XVII,1-21; XVIII,1-15, 22-33; XXI,1-8; XXII,1-18, XXIV. Tomado del Misal Diario latín-español

«Domingo de Quincuagésima»

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