Posteado por: Alejandro Villarreal | Jueves, enero 24, 2013

El judaísmo y la Iglesia antes y después del II Concilio Vaticano

Título: El judaísmo y la Iglesia antes y después del II Concilio Vaticano
Autor: John Vennari
Traducción: Alejandro Villarreal -enero de 2013-, excepto donde se indique la fuente

Es verdad que el papa Benedicto XVI realmente ha beneficiado a la iglesia, el ejemplo más obvio de sus esfuerzos fue el restaurar [o aclarar] la situación legal de la Misa Tridentina. Desafortunadamente, él continua siguiendo los pasos desacertados de su predecesor postconciliar al implementar y expandir las nuevas orientaciones del Vaticano II.

Esto es especialmente evidente en el trato del papa Benedicto XVI con el judaísmo moderno, el cual se basa sobre las enseñanzas del Vaticano II sobre los judíos, vertidas en el documento Nostra Aetate. Esta nueva orientación casi no tiene nada en común con la Tradición de dos mil años de la Iglesia.

Cardenal Kurt Koch

Cardenal Kurt Koch

El cardenal Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, pronunció un discurso el 16 de mayo en el Agelicum de Roma, donde aplaudía la dedicación del papa Benedicto XVI a Nostra Aetate y a sus subsecuentes desarrollos.

El Card. Koch alabó al cardenal Ratzinger por sus “revolucionarios escritos” en el área de las relaciones entre católicos y judíos, además celebró al papa Benedicto XVI como un hombre comprometido con la nueva aproximación del II Concilio Vaticano, y lo elogió por seguir los mismos pasos del papa Juan Pablo II:

El papa Benedicto XVI lleva a cabo y progresa en la labor conciliatoria de su predecesor con respecto al diálogo judío-católico. No sólo ha dirigido la primera carta de su pontificado al Jefe rabino en Roma, sino también prometió, en su primer encuentro con una delegación judía, el 9 de junio de 2005, que la Iglesia se movería firmemente sobre los principios fundamentales de Nostra Aetate y que intentaría continuar el diálogo siguiendo los pasos de sus predecesores [postconciliares]. Revisando los siete años de su pontificado encontraremos que él, en tan poco tiempo, ha seguido los pasos que le tomaron los 27 años de su pontificado al papa Juan Pablo II: el papa Benedicto XVI visitó el excampo de concentración de Auzchwitz-Birkenau el 28 de mayo de 2006; durante su visita a Israel, en mayo de 2009, también estuvo en el Muro de las lamentaciones, se reunió con la Jefatura del Rabinato de Jerusalén y oró por las víctimas de la Shoa en Yad Vashem; y el 17 de enero de 2010 fue recibido con entusiasmo por la comunidad judía en Roma, en su sinagoga. Su primera visita a una sinagoga fue, por supuesto, realizada ya el 19 de agosto de 2005, en Colonia, en ocasión del Día Mundial de la Juventud, y el 18 de abril de 2008 visitó la sinagoga de Park East en Nueva York. Así que podemos afirmar con gratitud que ningún otro papa en la historia ha visitado tantas sinagogas como Benedicto XVI. {1}

Benedicto XVI en una sinagoga

Benedicto XVI en una sinagoga

De la misma manera, cuando el papa Benedicto XVI visitó la sinagoga de Roma, el rabino David Rosen, director del Comité Judío Estadounidense para Asuntos Interreligiosos, se mostró extasiado y comprendió mejor que muchos católicos la verdadera naturaleza revolucionaria de tales actos:

Con la visita a la sinagoga del papa benedicto XVI, él está institucionalizando revoluciones. Dijo el rabino Rosen.

«Al haber visitado la sinagoga de Roma, el papa Benedicto XVI le está dificultando a un papa subsecuente no pagar con la misma visita. La vista de Juan Pablo [1986] pudo haber sido el comienzo, pero ahora con la visita de Benedicto XVI, existe un sentido de continuidad.» {2}

El papa Juan Pablo II visitó una sinagoga durante el año 26 de su reinado. En el corto periodo de seis años, el papa Benedicto XVI ya ha visitado tres.

En las acciones del papa Benedicto XVI a este respecto, observamos la aplicación del revolucionario documento del Concilio, Nostra Aetate. Hombres de la Iglesia con cargos y dignidades muy altos continuamente aclaman Nostra Aetate, no como una reafirmación de la Tradición, sino como un rumbo completamente nuevo.

«Una reorientación fundamental». El cardenal Koch, hoy presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, fue escogido por Benedicto XVI por su reputación al impulsar Nostra Aetate, depués del Concilio, como una “brújula trascendental” para cualquier fin en el diálogo entre católicos y judíos. En su discurso del 16 de mayo, Koch se refiere a éste como un “documento esencial“, la Carta Magna del diálogo entre católicos romanos y el judaísmo. Él llama a Nostra Aetate, el texto que más ha influido en “la reorientación fundamental de la Iglesia Católica“, después del Concilio. {3}

Nostra Aetate fue diseñado para ser sólo el comienzo de algo mucho más grande. Es la culminación de más de dos décadas de trabajo de los teólogos de corte modernista quienes estuvieron determinados en dejar a un lado la teología tradicional y establecer una nueva base en las relaciones entre católicos y judíos. {4}

El texto clave de Nostra Aetate, a este respecto, se encuentra en su cuarto capítulo:

Como es, por consiguiente, tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este Sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos… no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras… la Iglesia… deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos. http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decl_19651028_nostra-aetate_sp.html#top

Por supuesto, ningún católico puede favorecer el maltrato de los judíos, ni de nadie. Esto no se objeta. Sin embargo, lo que es problemático es la ambigüedad contenida en la frase «no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras.»

Esta frase carece de las necesarias distinciones.

Beato Columba Marmion (1858-1923)

Beato Columba Marmion (1858-1923)

Primero, todos nosotros somos miembros de una “raza maldita”, la raza humana. Ninguno de nosotros nacemos católicos, sino que entramos a este mundo manchados con el pecado original, como hijos de Adán y Eva. De esta manera nacemos, como lo explica el beato Columba Marmion, «enemigos de Dios» {5}. Los salmos enseñan, «Mira que en culpa ya nací, pecador me concibió mi madre» [Salmos LI(L),7]. San Pablo afirma, «destinados por naturaleza, como los demás, a la Cólera…» (Ef. II,3). Todos nacemos formando parte del reino de Satanás.

Para liberarnos de este reino, necesitamos ser “salvados”. El eminente Monseñor Joseph Clifford Fenton dice que el proceso de salvación requiere una transferencia del reino de Satanás al Reino de Dios. Este Reino de Dios, según la antigua doctrina de los Dos Reinos {6}, se refiere a la Iglesia católica, la única e incomparable sociedad sobrenatural establecida por Jesucristo donde únicamente puede encontrarse la salvación.

El proceso de salvación, como lo nota Fenton, es similar a ser salvado en el hundimiento de una barca de remos, en donde es seguro que sus ocupantes mueran, y donde los naufragos se transfieren a un sólido transatlántico. Esta transferencia necesaria del reino de Satanás al Reino de Dios requiere del bautismo y la aceptación de Jesucristo y Su divina Revelación. «El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.» (Mc. XVI,16) Esta enseñanza aplica a todas las personas sobre la tierra, ya sean judíos, musulmanes, hindús o humanistas seculares.

De esta manera, todos nacemos formando parte de una “raza maldita“. La única manera de liberarnos de esta maldición, la única manera de liberarnos del reino de Satanás, es abandonando el imperio de demonio y tranfiriéndonos a la única y verdadera Iglesia de Jesucristo, y manteniéndonos en estado de gracia, por medio de la oración y los sacramentos.

«Declara envejecido el primero». Continuando, Nostra Aetate falla en realizar una importante distinción entre los judíos como individuos y con la religión judía. Es verdad que los judíos no sufren de una maldición que imposibilitaría su salvación, ya que en nuestra historia sagrada abundan los judíos conversos, quienes abandonaron la religión judía y la sinagoga y abrazaron a la Iglesia católica.

Sin embargo, lo que hoy se llama la religión judía no viene de Dios, ya que está fundamentada en el rechazo al Mesías. Nuestro Señor Jesucristo adviritó a los judíos:

«Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos» (Mt. XXI,43).

De la misma manera, San Pablo escribe que la Nueva Alianza con Jesucristo «declara envejecido al primero» (Heb. VIII,13).

Mons. Joseph C. Fenton (1906-1969)

Mons. Joseph C. Fenton (1906-1969)

Monseñor Joseph Clifford Fenton, reafirmando la doctrina infalible e invariable de dos milenios, explica que la antigua unidad social -la religión judía de la Antigua Alianza- había sido la ecclesia (iglesia) de Dios, pero ésta «perdió sus privilegios de ecclesia del reino de Dios sobre la tierra» debido a su rechazo formal del Mesías. Nuestro Señor Jesucristo reemplazó a la Antigua Alianza con Su Nueva Alianza, por medio de Su Pasión y Muerte sobre la cruz y por el establecimiento de Su Iglesia. «Esta nueva organización, el remanente fiel de Israel», escribe Fenton, «vino a ser la ecclesia, de una manera mucho más completa y perfecta de lo que lo había sido la otra.»

«Así», continúa Fenton, «la sociedad sobre la cual preside el Romano Pontífice es llamada la Iglesia, no sólo por el hecho de que sea una comunidad religiosa, sino porque es el reino de Dios sobre la tierra, la asamblea de las personas de la divina alianza, la unidad social, fuera de la cual no hay salvación.» {7} Estas importantes distinciones no se encuentran en las ambigüedades de Nostra Aetate. Este es otro ejemplo de las fallas de los documentos del Vaticano II. Las ambigüedades deliberadas {8} y las omisiones sustanciales en este texto le abren la puerta a la nueva teología, la cual es extraña en la historia de la Iglesia. Esta nueva interpretación se ha convertido en la “interpretación oficial” del Concilio, hecha por el Vaticano postconciliar.

Nostra Aetate habla de “vínculos” espirituales entre judíos y cristianos y de un “gran patrimonio espiritual” en común. Esta nueva aproximación ya no habla de la infidelidad de Israel, sino al contrario, de su fidelidad {9}. El escritor judío Lazare Landau se regocija porque gracias al Vaticano II, «la doctrina de la Iglesia ha sufrido un cambio total» {10}.

El hecho es que Nostra Aetate es un texto revolucionario que se aparta de los dos mil años de enseñanza católica y por esto se le celebra, como ya lo había notado el cardenal Koch. Él llama a la enseñanza de Nostra Aetate, la «brújula trascendental» que ha afectado «de manera fundamental la reorientación de la Iglesia católica» después del Concilio.

Esta nueva orientación desafía la naturaleza de la verdad objetiva en sí. También desafía la enseñanza de fide (de fe) del I Concilio Vaticano (1869-1870), así como al Juramento Antimodernista, estos dos elementos obligan a los católicos a adherirse a la sagrada doctrina «en el mismo sentido y en la misma sentencia» que la Iglesia siempre ha sostenido. La nueva orientación de Nostra Aetate es un ejemplo notable del Modernismo en acción.

Juan Pablo II en la reunión interreligiosa de Asís de 1986

Juan Pablo II en la reunión interreligiosa de Asís de 1986

Haciendo explícito lo que estaba implícito. En la elección de Juan Pablo II al papado, él dijo que una de sus tareas principales sería  hacer explícito lo que estaba implícito en el Concilio {11}. Esto fue lo que motivó sus acciones ecumenistas, sus reuniones con todas las religiones en Asís y en otros programas revolucionarios similares. De la misma manera fue su aproximación al judaísmo, incluyendo la primer visita de un papa a una sinagoga, fue parte de hacer explícito lo que estaba implícito en el Vaticano II.

El 6 de marzo de 1982, el papa Juan Pablo II declaró, en un discurso sobre las relaciones entre judíos y católicos:

Nuestra común herencia espiritual es particularmente significativa al nivel de nuestra fe en un sólo Dios, único, bueno y misericordioso, quien ama a los hombres y los guía hacia su amor, el maestro de la historia y del destino de la humanidad, quien es nuestro Padre y quien escogió a Israel, el árbol de olivo cultivado del cual ha sido tomada la rama silvestre de los gentiles.

El papa Juan Pablo II también habló de una tarea en común con los judíos, la cual es «una cercana colaboración a la cual somos llamados por nuestra herencia común, es decir, al servicio del hombre» {12}.

Jean Madiran, el renombrado escritor católico francés, explica brevemente la novedad en las palabras de Juan Pablo II:

«Bajo el pontificado de Juan Pablo II, la nueva actitud de la Iglesia postconciliar hacia los judíos fue mucho más explícita en Notas para una Correcta Presentación de Judíos y Judaísmo en la Predicación y la Catequésis de la Iglesia Católica de 1985, publicado por la Comisión Vaticana para los Asuntos Religiosos con los Judíos. Este documento vaticano fue aprobado por Juan Pablo II, quien “lo ratificó como algo que está en línea con su pensamiento“» {14}

Se lee lo siguiente en este texto:

Atentos al mismo Dios que ha hablado, suspendidos a la misma palabra, nos corresponde dar testimonio de una misma memoria y de una común esperanza en Aquel que es el Señor de la historia. Deberíamos así asumir nuestra responsabilidad de preparar el mundo a la venida del Mesías, operando juntos por la justicia social, el respeto de los derechos de la persona humana y de las naciones, en orden a la reconciliación social e internacional. A ello somos impulsados, judíos y cristianos, por el precepto del amor del prójimo, una común esperanza del Reino de Dios y la gran herencia de los Profetas. Inculcada desde temprano por la catequesis, una concepción semejante educaría de manera concreta a los jóvenes cristianos a una relación de cooperación con los judíos, yendo más allá del simple diálogo. {15} http://sion.org.ar/documentacion/notas.htm

Así, en este documento de 1985, el Vaticano, con el cardenal Joseph Ratzinger como presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, oficialmente invita a los católicos a cooperar con los judíos a preparar la venida del Mesías [el de ellos].

De nuevo nota Madiran:

Jean Madiran en la portada de su libro

Jean Madiran en la portada de su libro

Esta idea, totalmente ajena al catolicismo, es un concepto tradicional de la teología judía en su visión del papel de «las religiones derivadas del judaísmo». Una indicación oficial de esto es la declaración hecha por el Gran Rabinato de Francia, el 16 de abril de 1973, en la cual se recuerda «la enseñanza de los grandes teólogos judíos, para quienes la misión de la religión derivada del judaísmo [el catolicismo unido a ellos] es preparar a la humanidad para el advenimiento de la era mesiánica anunciada en la Biblia». En sus directivas de mayo-junio de 1985, Roma ha designado al catolicismo en el lugar y el papel asignado por la teología judaica. {16}

Vale la pena hacer una pausa aquí para considerar una reciente afirmación del obispo Tissier de Mallerais de la FSSPX a este respecto. En un discurso ofrecido en Francia el pasado septiembre, él afirmó que el papa Benedicto XVI insistió, en una carta manuscrita del 30 de junio de 2012 dirigida al obispo Fellay, «Le confirmo, con el fin de verdaderamente “reintegrarse” a la Iglesia, que es necesario aceptar el II Concilio Vaticano y el magisterio postconciliar.» {17}

Toda esta nueva reorientación hacia los judíos es un componente ineludible del “magisterio postconciliar” y se espera que la FSSPX lo acepte, incluyendo la iniciativa vaticana de católicos y judíos trabajando juntos para «preparara al mundo para la venida del Mesías, operando juntos por la justicia social, el respeto de los derechos de la persona humana y de las naciones, en orden a la reconciliación social e internacional…»

Además, según este mismo documento vaticano de 1985, esta iniciativa debe ser transmitida “por la catequesis”, con el fin de “enseñar a los jóvenes cristianos la manera práctica de cooperar con los judíos, yendo más allá del simple diàlogo.

No es impensable que la jerarquía postconciliar eventualmente deba imponer tal programa a los jóvenes en St Mary, Post Falls, Massena e incluso en Winona [seminarios de la Fraternidad]; lo cual es una de las principales razones por las que los líderes de la FSSPX no han realizado hasta el momento un arreglo con la Roma actual.

Comprometidos con la Nueva Dirección. A través de sus escritos de muchos años en el tema de las relaciones entre católicos y judíos, el papa Benedicto XVI ha descuidado el énfasis en la labor que tienen los católicos por trabajar y rezar por la conversión de los judíos a la Fe católica. En lugar de esto, consistentemente ha puesto su confianza en enseñar que los judíos y cristianos deben ser “testigos comunes” del mismo Dios.

Estos temas se encuentran en sus libros: Many religions -literalmente: Varias religiones-, One Covenant -literalmente: Una Alianza-, God and the World -literalmente: Dios y el Mundo-, Jesus of Nazareth Part II -literalmente: Jesús de Nazaret Parte II-, y Light of the World -literalmente: Luz del Mundo-. He detallado esto de forma extensiva en mi artículo de abril de 2011 Common Mission and Significant Silence, no repetiré todo aquí, pero sí citaré los puntos más oportunos.

San Bernardo de Claraval

San Bernardo de Claraval

El papa Benedicto XVI en su libro Jesús de Nazaret, P. II, cita a San Bernardo de Claraval, quien dice que para los judíos «ha sido fijado un determinado punto en el tiempo, el cual no puede ser anticipado. La totalidad del número de los gentiles debe venir primero…» {18}

Estas palabras son empleadas para dar la impresión de que la Iglesia católica no debería tratar de convertir a los judíos a la verdadera y única Fe, ya que hay una profecía que dice que de todos modos se convertirán al final {19}.

Desafortunadamente, el papa Benedicto XVI no menciona la cita completa, la cual resume la doctrina católica en este punto. En unión con la doctrina perenne de la Iglesia, San Bernardo enseña:

«El Apóstol nos ha dicho que cuando llegue la hora, todo Israel será salvado. Pero aquellos quienes mueran con antelación [esto es, quienes no se conviertan] no vivirán.» {20}

La cita completa de San Bernardo fulmina la nueva orientación del Vaticano II, así que no es mencionada. El papa Benedicto XVI se muestra aquí, principalmente como un teólogo ecumenista y no como un teólogo católico.  Ya en 1962, el brillante teólogo Fr. Edward Hanahoe de Graymoor advertía  que una táctica de los teólogos ecumenistas es excluir, en “significativo silencio” cualquier verdad católica que se oponga a su marco ecumenista {21}.

De la misma manera, a principios de los años sesenta del siglo pasado el Dr. Vissert Hooft, protestante, admitía que «el simple ABC del ecumenismo», es que «no existe un lenguaje ecumenista que no sea ambiguo» {22}. Siempre faltará la claridad. Siempre habrán elementos que se pierdan, pero que deberían estar allí. Esta es la naturaleza del ecumenismo moderno y de sus teólogos ecumenistas, de los cuales Joseph Ratzinger es uno. Nada se gana pretendiendo otra cosa.

En sus libros de 1998, Varias religiones y Una Alianza, el entonces cardenal Ratzinger tenía como tema central de su teología: que los judíos y los cristianos adoran al mismo Dios, y la implicación de que los católicos no deberían tratar de convertir a los judíos a la verdadera Fe. Escribe el cardenal Ratzinger:

«Judíos y cristianos deberían aceptarse mutuamente en profunda reconciliación interna, sin ignorar ni negar su fe, sino desde la profundidad de la fe misma. En su mutua reconciliación, ellos deberían convertirse en una fuerza para la paz en y para el mundo. A través de su testimonio del único Dios, quien no puede ser adorado sin la unidad del amor a Dios ni ignorando sus fes, ni negándolas, sino desde la profundidad de la fe misma. En su mutuo reconocimiento, ellos deberían convertirse en una fuerza de paz en y para el mundo…, ellos deberían abrir la puerta hacia el mundo para Dios, de tal manera que Su voluntad se haga…» {23}

No podemos negar la evidencia de que Benedicto XVI ve a los judíos y cristianos teniendo la “misión común” de llevar a Dios a la humanidad y la paz para el mundo. Así, nunca presenciaremos alguna mención de la necesidad de la conversión de los judíos a la Iglesia para su salvación. En lugar de esto, nos han forzado a elaborar la conclusión contraria.

Pío VII

Pío VII

Ciertamente es difícil reconciliar las palabras del cardenal Ratzinger con la enseñanza del papa Pío VII, quien en su Carta Encíclica Post tam diuturnas, denunció el indiferentismo y el nuevo concepto de libertad religiosa:

Debido a que es proclamada una libertad indiscriminada bajo cualquier forma de culto, se confunde la verdad con el error, y la Santa e Inmaculada Esposa de Jesucristo es colocada al mismo nivel de las sectas heréticas e incluso con la incredulidad judía. {24}

¿Por qué Nuestro Señor Jesucristo dijo que los judíos no lo aceptaban?

«Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados.» (Jn. VIII,23-24)

De modo contrario, el nuevo programa postconciliar realmente nos dice, «si no creéis que Él Es, Uds. todavía pueden ser fieles a la Alianza, a su propia manera.» Esta nueva aproximación es el polo opuesto de las palabras de Jesucristo.

Cuando el papa Benedicto XVI visitó la sinagoga de Roma en 2010, él reiteró en el mismo tema que se encuentra en sus libros. El papa Benedicto XVI dijo:

Cristianos y judíos comparten en gran parte un patrimonio espiritual común, rezan al mismo Señor {25}, tienen las mismas raíces, y aún así permanecen como desconocidos entre sí. En nuestra labor, en respuesta al llamado de Dios, el procurar dejar abierto un espacio para el diálogo, para el respeto recíproco, para acrecentar la amistad, para el testimonio común de cara a los restos de nuestro tiempo, el cual nos invita a cooperar por el bien de la humanidad en este mundo creado por Dios, el Omnipotente y Misericordioso. {26}

A pesar de esto, sabemos que cristianos y judíos no adoran al mismo Dios. Los judíos rechazan al Dios Trinitario. Ellos rechazan a Jesucristo como su Señor y su Mesías. Es San Juan, el apóstol del amor, quien escribe:

«El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado.» (Jn. V,23)

Finalmente, como ya se ha notado, la nueva aproximación para ser “testigos comunes” de Dios, junto a los judíos, implícitamente demanda que ya no hablemos de la necesidad de su conversión a la única y verdadera Iglesia de Jesucristo para su salvación. Esta sólo es una manera efectiva de decirles a los judíos que tienen la libertad moral para vivir sus vidas como si Jesucristo sólo hubiese sido un defraudador y un impostor.

De hecho, el cardenal Koch brevemente menciona el persistente problema de que los judíos no aceptan a Jesucristo, pero da un rodeo al asunto de una manera que desafía la razón. Koch dijo, en su dicurso del 16 de mayo:

«El que los judíos participen de la salvación de Dios es teológicamente incuestionable. Pero la forma en que esto pueda ser posible, sin confesar explícitamente a Jesucristo, es y demanda un insondable misterio divino.» {27}

¿Podría ser más insípida e insustancial esta afirmación del cardenal? La verdad es que este hombre de la Iglesia postconciliar ha mutilado la doctrina tradicional católica y ha construido una falsa teología para servir al nuevo dios de las “relaciones judío-católicas”. Este hombre de la Iglesia ha adoptado la contradicción y los acertijos imposibles, y trata de disfrazar este desastre envolviéndolo con vestiduras piadosas, como “insondables misterios divinos”.

La “reorientación fundamental de la Iglesia católica” a partir del Vaticano II es una manifestación de los componentes del catolicismo liberal: especialmente de su “indiferentismo religioso” y de sus creencias modernistas en al menos “algunas transformaciones del mensaje dogmático de la Iglesia en el decurso de los siglos” {28}.

Al seguir la aproximación postconciliar hacia los judíos, el papa Benedicto XVI, en las palabras del rabino Rosen, está “institucionalizando revoluciones“, una revolución que colisionará con el infalible decreto del Concilio de Florencia, según el cual «paganos, judíos, herejes y cismáticos» están «fuera de la Iglesia católica», y por lo tanto, «no pueden participar de la vida eterna», a menos que «antes de que mueran» se unan a la única y verdadera Iglesia de Jesucristo, la Iglesia católica.

Koch y el “antisemitismo”. En los pasados meses, el cardenal Koch una vez más reafirmó la centralidad de Nostra Aetate en un discurso ante los miembros de la Pontificia Comisión para los Asuntos Religiosos con los Judíos del Vaticano, publicada en L’Osservatore Romano el 7 de noviembre.

El esfuerzo para alcanzar un acuerdo con la FSSPX, dijo Koch a la Comisión, «no significa en absoluto» que la Iglesia católica acepte o apoye las posiciones antijudías o antisemitas, supuestamente enarboladas por algunos miembros de la FSSPX.

«El Santo Padre me ha encargado», dijo Koch, «presentar la cuestión de forma correcta. Nostra Aetate no esta siendo cuestionada, de ninguna manera, por el magisterio de la Iglesia y como el papa lo ha demostrado repetidamente en sus discursos, sus escritos y sus gestos personales respecto al judaísmo.» {29}

Rápidamente, la proabortista Liga Antidifamación judía se dispuso a elogiar los comentarios de Koch: «… aplaudimos y le damos la bienvenida a la fuerte y clara reafirmación del cardenal Koch, en al significado de Nostra Aetate para la Iglesia católica», dijo Abram Foxman, director de la Liga Antidifamación judía.

El desplegado de prensa de la Liga Antidifamación judía elogiaba la reafirmación de Koch como «la brújula trascendental para cualquier fin en el diálogo judío-católico».

El mismo desplegado de prensa citó al rabino Eric. J. Greenberg, director se asuntos interreligiosos de la Liga Antidifamación judía, diciendo:

«Respetuosamente urgimos que cualquier rehabilitación potencial de la FSSPX incluya el requisito de que esta sociedad rechace públicamente sus décadas de odio [sic], y que como expresión de su reafirmación a Nostra Aetate, se le requiera que remueva toda retórica atisemita, tanto de sus publicaciones en internet como impresas.» {30}

Los Cuatro Evangelistas

Los Cuatro Evangelistas son considerados “antisemitas” por el judaísmo

No podemos desanimarnos al instante por este cargo de “antisemitismo” o “antijudaismo” y antes debemos saber exactamente cómo se definen estos términos incendiarios. Téngase en mente que este mismo cargo que elabora la Liga Antidifamación judía, la cual está en línea con la opinión del historiador judío Jules Isaac, se extiende a Santo Tomás de Aquino, San Juan Crisóstomo, los santos en general, los Papas y Padres de la Iglesia, y hacia los escritores del santo Evangelio, todos son “antisemitas” en su consideración. {31}

El 8 de junio de 1999 presencié un diálogo interreligioso judío-católico nocturno que se llevó a cabo en un seminario católico local. Dos exponentes condujeron el ejercicio, el Prof. James McManus de la Conferencia Episcopal de los EE.UU. y el rabino León Klenicki de la Liga Antidifamación judía de la B’Nai B’rith {32}.

El rabino Klenicki afirmó que los hombres de la Iglesia de los primeros siglos (aquellos a quienes reverenciamos como Padres de la Iglesia: Agustín, Ambrosio, Cipriano, etc.) operaban con una visión altamente imperfecta de lo que habían sido los tiempos de Nuestro Señor Jesucristo. Incluso afirmó que Pilatos fue el único responsable por la muerte de Jesucristo, y que los fariseos en realidad trataron de advertir a Jesus contra los engaños de Pilatos.

En otras palabras, Klenicki proponía la falsa noción de que la narración de los Evangelios sobre los eventos que llevaron a la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, no son confiables, lo que significaría que los Evangelios no son en realidad la Palabra de Dios.

La doctrina tradicional católica, nos dijo Klenicki, fue envenenada de un supuesto “triunfalismo” y “antijudaísmo” que se manifestó en la llamada “enseñanza del desprecio” de la Iglesia católica de los tiempos medievales. Sin embargo, esta supuesta “enseñanza del desprecio” no fue sino la doctrina tradicional de la Iglesia, basada en la Sagrada Escritura que Nuestro Señor Jesucristo nos ofreció como fin de la Antigua Alianza por medio de Su Pasión y Muerte en la cruz, y al establecer a la Iglesia católica en la Nueva Alianza.

Cuando nos damos cuenta de todo el desprecio que tienen algunos de estos poderosos grupos judíos en contra de Jesucristo, Su Evangelio y Su Iglesia, y cuando apreciamos mejor el daño a la doctrina católica hecho por Nostra Aetate, sólo podemos estremecernos cuando leemos que la Liga Antidifamación judía de Abram Foxman elogia al papa Benedicto XVI por «dedicarse a la completa implementación de este documento [Nostra Aetate], y por su genuino y sincero compromiso hacia las relaciones católica-judías» {33}

El tratar a todos los hombres, sean católicos o no, con amor y respeto es una condición de la ley natural y de la ley divina. Este es el resultado natural de las almas que verdaderamente aman a Jesucristo y  que imitan su ejemplo, es el modelo divino.

De la misma manera, son legítimas las relaciones pacíficas con las otras religiones, pero el reorientar nuestra sagrada doctrina para complacer a las demás religiones, y que fue lo que hizo el Vaticano II, es criminal. Trabajar para favorecer esta reorientación es, objetivamente hablando, un pecado contra la Fe [apostasía]. Para aquellos quienes fueron ordenados antes de 1967, este pecado se agrava además con el rompimiento del solemne Juramento Antimodernista que hicieron ante Dios, con una mano sobre la Biblia, en la víspera de su ordenación {34}.

Mientras que los fieles no podemos de ninguna manera juzgar las intenciones subjetivas del Papa (por ejemplo, no sabemos objetivamente en qué medida él entiende la naturaleza pecaminosa de sus acciones ecumenistas), debemos saber que los católicos, de ninguna manera estamos obligados a aceptar estas enseñanzas innovadoras, incluso si vienen del pontífice. Recordemos la instrucción dada por el papa Inocencio III quien dijo que si un Papa se desvía de la enseñanza universal y de las costumbres de la Iglesia, «no debemos seguirle» en ese respecto {35}. De hecho, San Roberto Belarmino enseña que tenemos el deber de resistirle {36}. -énfasis añadido-

El mensaje de Fátima nos exhorta a «rezar mucho por el Santo Padre». Que Nuestro Señor Jesucristo pronto nos envíe un pontífice que de nuevo sea fiel a las admoniciones del I Concilio Vaticano (1869-1870) y que promueva el Juramento Antimodenista, enseñando y preservando la Fe «con el mismo sentido y la misma sentencia» con que la Iglesia siempre enseñó a través de los siglos.

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Notas.

1. “Building on Nostra Aetate – 50 Years of Christian-Jewish Dialogue,” Cardinal Kurt Koch, Lecture at the Pontifical University of St Thomas Aquinas (Angelicum), John Paul II Center, Rome, May 16, 2012. Published by the Council of Centers of Jewish-Catholic Relations (emphasis added).

2. From “Pope to Make Symbolic Visit to Rome Synagogue this Sunday,” Catholic Herald, January 15, 2010 (emphasis added).

3. Koch: “Building on Nostra Aetate.

4. See From Enemy to Brother: The Revolution in Catholic Teaching on the Jews, 1933-1965 by Professor John Connelly. (Harvard University Press, 2012). The book’s author is clearly in sympathy with the progressivists, but this does not detract from the value of the documentation. This newly published book documents the work of progressivist pre-Vatican II theologians to construct a new theology to accommodate modern Jewish-Catholic relations. It is the work of these theologians, primarily that of Karl Theime, who laid the groundwork for Nostra Aetate’s new approach. We hope to detail more of this material in a future issue of CFN.

5. Christ the Life of the Soul, Abbot Columba Marmion, [St. Louis: Herder, 1925], p. 33.

6. “The race of man after its miserable fall from God, the Creator and the Giver of Heavenly gifts, ‘through the envy of the devil,’ separated into two diverse parts, of which the one steadfastly contends for truth and virtue, the other for those things which are contrary to virtue and to truth. The one is the Kingdom of God on earth, the true Church of Jesus Christ; and those who desire from their heart to be united with it so as to gain salvation must of necessity serve God and His only-begotten Son with their whole mind and with an entire will. The other is the kingdom of Satan, in whose possession and control are all whosoever follow the fatal example of their leader and of our first parents, those who refuse to obey the divine and eternal law, and who have many aims of their own in contempt of God, and many aims also against God. This twofold kingdom St. Augustine keenly discerned and described after the manner of two cities, contrary in their laws because striving for contrary objects; and with subtle brevity he expressed the efficient cause of each in these words: ‘Two loves formed two cities: the love of self, reaching even to contempt of God, an earthly city; and the love of God, reaching even to contempt of self, a Heavenly one.’ At every period of time each has been in conflict with the other …” Emphasis added. Quotation taken from Msgr. Fenton The Catholic Church and Salvation, p. 135. Yet as Michael Davies explains in Pope John’s Council, Vatican II, especially the Council document Gaudium et spes, effectively abandoned the doctrine of the Two Kingdoms. Davies writes, “Gaudium et spes is pervaded by the notion that all men are basically men of good will, seeking the truth and anxious to do good. Far from the notion of conflict between the City of God and the City of Man [as set forth, as we have just seen, in the writings of Saint Augustine and Pope Leo XIII – Humanum Genus], the Council Document Gaudium et spes envisages a future where the two cities work together for the common good of mankind.” Pope John’s Council, pp. 184-85.

7. See “The Meaning of the Word ‘Church’,” Msgr. Joseph Clifford Fenton, American Ecclesiastical Review, October, 1954.

8. Father Ralph Wiltgen reveals that in the Council documents, the progressivists would use ambiguous terms in order to exploit them afterwards. He quotes a progressivist Council peritus who said, “We are stating this in a diplomatic manner, but after the Council we shall draw the conclusions implicit in it.” The Rhine Flows into the Tiber, Father Ralph Wiltgen, S.V.D., Originally published in 1966 by Hawthorne Books. Reprinted by Tan Books in 1985., p. 242. Michael Davies devoted an entire chapter to these deliberate “Time Bombs” in his book Pope John’s Council.

9. Quoted form “Rome’s Secret Accord with Jewish Leaders”, Jean Madiran, Originally published in the Autumn 1990 issue of Madiran’s French journal Itineraires, published in English by Anthony Fraser’s Apropos, Supplement to Apropos No. 9 (not dated), pp. 4-6. Emphasis added. See “Common Mission and Significant Silence,” (CFN, April 2011) for a summary of the Madiran report

10. Ibid.

11. In his first Papal address, John Paul II did not speak of his duty to preserve the purity of Catholic doctrine against the many errors of the day, as did Pope Saint Pius X. Rather, John Paul II saw his primary task to further the progressivist agenda of Vatican II. On October 17, 1978, the newly- elected John Paul II said: “We consider it our primary duty to be that of promoting, with prudent but encouraging action, the most exact fulfillment of the norms and directives of the Council. Above all we must favor the development of Conciliar attitudes. First one must be in harmony with the Council. One must put into effect what was started in its documents; and what was ‘implicit’ should be made explicit in the light of the experiments that followed and in the light of new and emerging circumstances.” Quoted from Petter Hebblethwaite, “Pope John Paul II,” in Adrian Hasting, Modern Catholicism: Vatican II and After (London: Oxford University Pres, 1991), p. 447 Emphasis added.

12. Quoted from “The Jewish Question in the Church”, Jean Madiran. Published in the French journal Itineraires, March 1986. Published in English by Hamish Fraser’s Approaches, “Supplement to Approaches No. 93, [not dated], p.4.13. Ibid., p. 4.

14. Ibid., p. 5.

15. Quoted from Ibid, p. 8.

16. Ibid. (emphasis added).

17. Posted on CFN webpage, September 27, 2012. See http://www.cfnews.org/tiss-sept27.htm

18. Jesus of Nazareth Part II: Holy Week: From the Entrance into Jerusalem to the Resurrection, Pope Benedict XVI, [San Francisco: Ignatius Press, 2011], pp. 44-45. Emphasis added.

19. The progressivist theologian Karl Theime, whom Professor John Connelly calls a pioneer in modern Jewish-Catholic relations, propounded a similar theme prior to Vatican II. “Theime noted that Paul had indeed prophesied that ‘All Israel will be saved,’” but only after the ‘full number’ of Gentiles had come into the Messianic Kingdom. If the salvation of Israel was certain, then missionary activities should focus on those whose salvation was not certain. This new reading had already become popular in the emerging Christian-Jewish dialogue in France, where Jules Isaac was arguing that the meaning of mission had to shift in a post-Holocaust world.” From Enemy to Brother, p. 203. Young Father Joseph Ratzinger was a correspondent with Karl Theime. More on this large topic in future issues of CFN.

20. “Letter to England to Summon the Second Crusade, 1146”. From Bruno Scott James, trans., The Letters of St. Bernard of Clairvaux (London: Burns Oates, 1953). From the webpage: Council of Centers on Jewish-Catholic Relations

21. Quoted in Hanahoe, “Ecumenism and Ecclesiology, Part II, by Father Edward Hanahoe, American Ecclesiastical Review, November, 1962.

22. “Unity: Special Problems, Dogmatic and Moral”, Father David Greenstock, The Thomist, 1963. Cited in article as from The Ecumenical Review, VIII, January, 1956.

23. Many Religions – One Covenant, Joseph Cardinal Ratzinger, [San Francisco: Ignatius Press, 1998], p. 45-46.

24. Pope Pius VII, Letter, Post tam diurturnas, quoted from The Kingship of Christ and Organized Naturalism, Father Denis Fahey, [Originally published in 1943. Republished by Christian Book Club of America, Palmdale, CA, 1987] p. 10. Quote also found in The Kingship of Christ and the Conversion of the Jewish Nation, p. 12

25. Speaking on the modernist notion that various religions worship the same God, the eminent theologian Father Reginald Garrigou-Lagrange explained that such a tenet denies the principle of non-contradiction, which is the most fundamental principle of reason. Father Garrigou-Lagrange explains, “It is injurious to say that God would consider with equanimity all religions while one teaches truth and one teachers error, when one promises the good and one promises the evil. To say this would be to affirm that God would be indifferent to good and evil, to what is honest and shameful.” De Revelatione, Father Garrigou-Lagrange, [Paris: Galbalda, 1921], Tome 2, Quoted from “Christians, Muslims and Jews: Do we all Have the Same God?”, Father François Knittel, Christendom, November, December, 2007.

26. “Papal Address at Synagogue in Rome: ‘May These Wounds Be Healed Forever’”, Pope Benedict XVI, Zenit, Jan. 17, 2010.

27. Koch: “Building on Nostra Aetate”.

28. See “The Components of Liberal Catholicism,” Msgr. Joseph Clifford Fenton, American Ecclesiastical Review, July, 1958. For a lecture that explains these components as the root of Vatican II’s new orientation, consult the Audio CD lecture “Catholic Identity Theft; The Components of Liberal Catholicism” by John Vennari (from Oltyn Library Services, 2316 Delaware Ave, PMB 325, Buffalo NY 14216).

29. “Cardinal: Vatican-SSPX talks do not signal toleration of anti-Judaism,” Catholic News Service, Nov. 8, 2012.

30. “ADL Praise Cardinal Koch’s Reaffirmation of Positive Relations Between Catholics and Jews,” Anti-Defamation Press Release, November 12, 2012.

31. The term “teaching of contempt” was actually coined by Professor Jules Isaac (1877-1963) the “French-Jewish historian” revered by Jews the world over. In his many writings, Isaac waged war against the Holy Gospels as the “true source” of anti- Semitism. According to Isaac: “the permanent and latent source of anti-Semitism is none other than Christian religious teaching of every description and the traditional tendentious interpretations of Scripture.” Since Jules Isaac rejected Jesus Christ as Messiah, he necessarily rejected the New Testament as the inspired, infallible Word of God. To him, the Gospels are fallible human writings that can be critiqued, corrected, or condemned. He is particularly virulent against the Gospel of Matthew: “It is a veritable competition as to who can make the Jews appear most hateful. Richly chequered and pathetic as is the narrator of the fourth Gospel (St. John), the palm goes to Matthew; his unerring hand unleashed the poisoned arrow that can never be withdrawn.” Jules Isaac: Jesus et Israel, p, 571. Quoted in Judaism and the Vatican, Vicomte Leon de Poncis, (first printed 1967, reprinted by Christian Book Club of American, Palmdale, CA, 1999), p. 4

32. Details of this evening of Jewish-Catholic dialogue are published “The Gospel According to Non-Beleivers, Part I”, J. Vennari, Catholic Family News, May, 2000.

33. ADL Press release, Nov. 12, 2012.

34. Msgr. Joseph Clifford Fenton taught that a man who has sworn the Oath Against Modernism, and then advances Modernism himself, or allows Modernism to be advanced “would mark himself not only as a sinner against the Catholic Faith but also as a common perjurer. “Sacrorum Antistitum and the Background of the Oath Against Modernism,” Msgr. Joseph Clifford Fenton, The American Ecclesiastical Review, October, 1960, pp. 259-260.

35. Juan Cardinal de Torquemada (1388-1468) was a revered medieval theologian responsible for the formulation of the doctrines that were defined at the Council of Florence. Cardinal Torquemada teaches: “Were the Pope to command anything against Holy Scriptures, or the articles of faith, or the truth of the sacraments, or the commands of the natural or divine law, he ought not to be obeyed, but in such commands he is to be disregarded. Citing the doctrine of Pope Innocent III, Cardinal Torquemada further teaches: “Thus it is that Pope Innocent III states (De Consuetudine) that it is necessary to obey the Pope in all things as long as he, himself, does not go against the universal customs of the Church, but should he go against the universal customs of the Church, “he need not be followed …” Sources: Summa de ecclesia (Venice: M. Tranmezium, 1561). Lib. II, c. 49, p. 163B. The English translation of this statement of Juan de Torquemada is found in Patrick Granfield, The Papacy in Transition (New York: Doubleday, 1980), p. 171. And in Father Paul Kramer, A Theological Vindication of Roman Catholic Traditionalism, 2nd ed. (Kerala, India), p. 29.

36. Saint Robert Bellarmine, Doctor of the Church, taught “Just as it is licit to resist the Pontiff that aggresses the body, it is also licit to resist the one who aggresses the soul or who disturbs civil order, or, above all, who attempts to destroy the Church. I say that it is licit to resist him by not doing what he orders and preventing his will from being executed; it is not licit, however, to judge, punish or depose him, since these are acts proper to a superior.” De Romano Pontifice, lib. II, chap. 29, in Opera omnia, Neapoli/ Panormi/Paris: Pedone Lauriel, 1871, vol. I, p. 418. For more, see “Resisting Wayward Prelates, According to the Saints,” J. Vennari, Catholic Family News, January 1998. (Reprint #259 available from CFN for $2.00US postpaid.)

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Responses

  1. Muy buen articulo, por sus claras explicaciones, pero desgraciadamente, cuando el hombre se aleja del camino recto, como sucedió con los dirigentes judios en la época de Jesucristo, Dios les retira sus Gracias y deja que mueran en su pecado, y tenemos como ejemplo, la frase del pueblo Judio donde pide la condena del Justo “Caiga su sangre sobre sobre nuestra descendencia” y efectivamente Dios les dió el gusto hasta el dia de hoy.
    No se puede negar que la curia Romana, y no se hasta que punto el Papa, este infectado de este contraevangelio producto del CVII que se nos está enseñando, pero lo cierto es que se necesita ser muy ciego para no darse cuenta que esta historia se está repitiendo, y que ese tercio de las estrellas que fueron derribadas por del Dragon segun nos lo enseña la apocalisis, es la que está dominando la politica Romana, Fatima con su doctrina tradicional está eclipsada, la parte faltante del tercer secreto, la Roma modernista se niega a revelarlo porque los pone en evidencia, pero las palabras de Jesucristo no pasaran, y solo nos falta sentir en carne propia el gran castigo que se nos viene encima a la manera de un nuevo diluvio por no obedecer y hacer caso omiso a las advertencias de Dios.

  2. Frente al integrismo religioso, el papa Benedicto XVI volvió a hablar el miércoles de las “raíces judías del cristianismo” tras reiterar el rechazo de la Iglesia al antijudaísmo.Durante la tradicional audiencia general en el Vaticano, el Papa recordó que Dios se había dirigido primero al pueblo de Israel “por amor” y explicó con ardor que el cristianismo tiene las raíces en el Antiguo Testamento.Se trataba de una respuesta indirecta a las declaraciones del lefebvrista Bernard Fellay, superior de la Fraternidad ultracatólica de San Pío X, que a inicios de enero definió a los judíos “enemigos de la Iglesia”.Fellay aseguró durante un charla realizada en Canadá que el apoyo de los líderes judíos al Concilio Vaticano II, celebrado en la década del 60, demuestra que “el Vaticano II es asunto suyo, no de la Iglesia”Según Fellay, los lefebvristas no aceptarán la reconciliación con la Iglesia si eso significa no poder criticar al Concilio Vaticano II y acusó a los “francmasones y modernistas” de estar detrás del rechazo de la Iglesia a su readmisión definitiva.La posición de la Iglesia ante el judaísmo está resumida en la famosa declaración del Vaticano “Nostra Aetate”, emitida hace 50 años y que significó un punto de inflexión en las relaciones conflictivas y complejas a lo largo de dos mil años, al poner fin a la secular enseñanza de que los judíos son culpables de deicidio, rechazando la doctrina según la cual sobre ellos pesaba la acusación colectiva por la crucifixión de Cristo.Pese a que algunos prelados la cuestionan, el Vaticano y en particular el cardenal Kurt Koch, encargado de las relaciones con el judaísmo, advirtió a inicios del año que la declaración “Nostra Aetate” es la “Carta Magna” del diálogo con los judíos.El purpurado recordó que Juan Pablo II se refería a los judíos como “nuestros hermanos mayores” y que para Benedicto XVI los católicos están “entrelazados indisolublemente” con los judíos.

    • El considerar a los judíos como enemigos actuales de la Iglesia no nace de una negación de las raíces judías de la Iglesia, sabemos que Nuestro Señor Jesucristo, Su Madre Santísima, San Pedro, etc., pertenecieron a ese pueblo. Cosa muy diferente es considerar quienes son ellos hoy, quienes siguen rechazando a Nuestro Señor Jesucristo e incluso son quienes están detrás cada movimiento revolucionario del mundo (que a su vez ha estado contra la Iglesia), y esto dicho por ellos mismos, un ejemplo de esto son las declaraciones de Moshe Feiglin, miembro del Knesset israelí, vanagloriándose de que detrás de cada revolución del mundo siempre estuvo un judío o un interés judío. En cuanto al deicidio, sólo tenemos que leer la Biblia, y es el mismo San Pedro quien nos dice (Hch. II,):
      +
      Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús, el Nazoreo, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis, a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos.
      +
      Hch: III,12-19: Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto, o por qué nos miráis fijamente, como si por nuestro poder o piedad hubiéramos hecho caminar a éste? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando éste estaba resuelto a ponerle en libertad. Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis que se os hiciera gracia de un asesino, y matasteis al Jefe que lleva a la Vida. Pero Dios le resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello. Y por la fe en su nombre, este mismo nombre ha restablecido a éste que vosotros veis y conocéis; es, pues, la fe dada por su medio la que le ha restablecido totalmente ante todos vosotros. «Ya sé yo, hermanos, que obrasteis por ignorancia, lo mismo que vuestros jefes. Pero Dios dio cumplimiento de este modo a lo que había anunciado por boca de todos los profetas: que su Cristo padecería. Arrepentíos, pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados…
      +
      Hch. IV,10-12: sabed todos vosotros y todo el pueblo de Israel que ha sido por el nombre de Jesucristo, el Nazoreo, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre y no por ningún otro se presenta éste aquí sano delante de vosotros. El es la piedra que vosotros, los constructores, habéis despreciado y que se ha convertido en piedra angular. Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos.
      +
      No por nada los judíos actuales desprecian y consideran antisemita a los 4 evangelistas y al Nuevo Testamento, al igual que hacen con quienes no consienten en sus mentiras y maniobras políticas. San Pedro les ha dicho a esos judíos: Arrepentíos y convertíos, todo lo demás es vana palabrería, y no esperaría que las palabras del Papa tuvieran otro sentido que las del Primer Papa, San Pedro, ¿Ud. si?.


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