Posteado por: Alejandro Villarreal | Lunes, diciembre 3, 2012

Homilía: «Primer domingo de Adviento» por el R.P. Pablo González, FSSPX

Título: Homilía: «Primer domingo de Adviento»
Autor: R.P. Pablo González, FSSPX
Homilía correspondiente a la Misa cantada del domingo 2 de diciembre de 2012 en el Convento de las Mínimas Franciscanas del Perpetuo Socorro de María. Publicado aquí sin el permiso expreso del autor

Fin de los tiempos, prodigios en el cielo, furia de los mares, zarandeo de los cimientos de la tierra: desde el seno del mundo que se derrumba, la Iglesia eleva hacia Dios su alma y sus manos suplicantes; y el Espíritu clama con ella: «Ven, Señor».

La liturgia de Adviento se abre con un grito de llamada: ¡Ven! Es el grito de los profetas de Israel al Mesías Redentor, cuya venida esperan con ansiedad.

Dios no se hace sordo a la voz de su pueblo. Cumpliendo la promesa de salvación que hizo a nuestros primeros padres a raíz de su caída, envía a su Hijo al mundo. Y la aplicación a todas las generaciones humanas de la redención, que nos ha adquirido con su pasión el Hijo de Dios hecho hombre, continúa hasta el fin de los tiempos; no se terminará sino con la consumación del mundo, cuando vuelva el Mesías para coronar su obra y trasladarnos a su reino. Así, pues, la historia de la Iglesia se sitúa entre estos dos grandes acontecimientos.

En la misa del domingo se evoca toda esta obra de la redención, desde su preparación en la esperanza de Israel y su resonancia en nuestra vida presente (epístola) hasta su última consumación (evangelio). Al prepararnos para celebrar en Navidad el nacimiento del que ha venido a rescatar nuestras almas del pecado y hacerlas semejantes a la suya, invoca la Iglesia sobre nosotros y sobre todos los hombres la plena realización de la misión salvadora que Cristo ha venido a cumplir en la tierra.

La Biblia y la Liturgia del este día. Sobre la espera mesiánica de Israel: Génesis III,14-15 (protoevangelio); XLIX,10 – Números XXIII; XXIV,1-19 – 2Reyes VII – Isaías VII,10-25; VIII,23; IX,1-6; XI; XXXIII,17-24, XXXV; XL,1 a XLIV,5; XLIX a LV – Jeremías XXIII,4-6; XXXIII,14-18 – Ezequiel XXXVII,15-28 – Miqueas V,1-4 – Zacarías II,10-17; III,8-10; VI,12-13; VIII; IX,9-10; XII a XIV – Salmos LXXXIV,9-14: CXXXI.11-18. Acúdase también al 17º domingo después de Pentecostés (el Mesías, hijo y Señor de David).

Sobre el fin de los tiempos: Mateo XXIV,3-14, 26-31, 35-36; XXV,31-46 – Apocalipsis XIX. Sin olvidar el Diluvio (Génesis VI a VIII) y los oráculos escatológicos de Isaías (Isaías XIII; XIV; XXIV). Esta visión de los últimos días, que abre el año liturgico en el evangelio de este domingo, lo cierra también el 24º domingo después de Pentecostés. Isaías (XXVII,13) había cantado ya esta convocación de lso elegidos, cuya gloria proclama el Apocalipsis (XX; XXI) en una grandiosa visión.

Siguiendo a la sagrada Liturgia, se leerán con provecho los salmos XXIV y LXXIX.

Lectura de la Biblia. Isaías II,1-5; V,1-24; VI; VII,3-17; VIII,23 a IX,6; X,12-27; XI; XII; XIV,3-23. Tomado del Misal Diario latín-español

«Primer domingo de Adviento»

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