Posteado por: B&T | Lunes, noviembre 19, 2012

Homilía: «Vigesimoquinto domingo después de Pentecostés» por Fr. Rafael, OSB

Título: Homilía: Vigesimoquinto domingo después de Pentecostés»
Homilía correspondiente a la Misa cantada del domingo 30 de septiembre de 2012 en el Convento de las Mínimas Franciscanas del Perpetuo Socorro de María. Publicado aquí sin el permiso expreso del autor

Jesús, palabra viva de Dios, atrae a sí las multitudes, ansiosas de oírle: es ya la Iglesia, a la que hace suya y se incorpora.

Las obras divinas obedecen a leyes sobrenaturales que desconciertan frecuentemente nuestros cálculos humanos. San Pablo lo hace notar a los Tesalonicenses, al subrayar el éxito de la predicación del evangelio entre ellos. A pesar de las muchas y graves dificultades, se han convertido en gran número y por todas partes se cita como ejemplo el ardor de su fe; indudablemente el Espíritu Santo ha actuado con todo el vigor de su acción. Las parábolas del grano de mostaza y de la harina expresan el mismo pensamiento. Traída al mundo por Cristo la palabra de Dios y propagada por la Iglesia, obra como la levadura en la masa o como semilla dentro de la tierra; recibida por las almas generosas, produce en ellas un poder de transformación sorprendente.

Este contraste entre situaciones difíciles y resultados sobrenaturales maravillosos es una de las señales de la acción divina, tanto en la Iglesia como en la vida personal de los cristianos.

La Biblia y la Liturgia de este día. Sobre el incremento del reino: De la parábola en que se convierte el grano de mostaza en un gran árbol, trasladarse a la visión del gran árbol de Daniel IV. Véase también Ezequiel XVII, sobre todo 22-24; XXXI,3-9. La idea es la misma de Daniel II, en que la piedrecita que derriba la estatua se convierte en una gran montaña y llena toda la tierra. En cuanto a la parábola de la levadura, se la entenderá mejor leyendo 1Corintios V,6 y Mateo XVI,5-12. Conviene también leer, sobre el mismo tema, la parábola de la semilla que brota por sí sola (Marcos IV,26-29). Se recordará también la rápida extensión del torrente brotado en el Templo (Ezequiel XLVII,1-7).

El texto profético citado al final del evangelio del día está tomado del salmo LXXVII,2. En la misma línea, véase Romanos XVI,25-27 – 1Corintios II,7-9.

Este incremento del reino no es sino el cumplimiento de las promesas de universalidad subrayadas en el 2º domingo de Adviento, en donde se encontrarán las referencias adecuadas. Tomado del Misal Diario latín-español

«Vigesimoquinto domingo después de Pentecostés»

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