Posteado por: Alejandro Villarreal | Lunes, octubre 29, 2012

Los Deuterocanónicos. Los libros sagrados que los protestantes quitaron de sus biblias

Título: Los Deuterocanónicos. Los libros sagrados que los protestantes quitaron de sus biblias
Autor: Saint Takla Church de Alejandría, Egipto [Iglesia ortodoxa copta]
Traducción: Alejandro Villarreal -octubre de 2012-

Los libros deuterocanónicos forman parte de la Sagrada Biblia. Los protestantes los quitaron de sus biblias argumentando que no es palabra de Dios, ¡aunque existen muchas evidencias y pruebas históricas que dicen lo contrario! La Iglesia ortodoxa y la católica creen que sí es palabra de Dios…

No fue hasta 1519 que surgió una gran controversia injustificada sobre el número de libros que debe contener la Biblia. ¿Son 73, como afirman ortodoxos y católicos, o 66 como sostienen los protestantes? en otras palabras, ¿los libros de Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico (Sirac) y Baruc pertenecen efectivamente a la Biblia o, éstos no son inspirados y no deben incluirse en las Sagradas Escrituras? Estos libros disputados son referidos como “libros deuterocanónicos” por los ortodoxos y católicos, y como “libros apócrifos” por los protestantes.

Nota de B&T: Algunas veces puede diferir el número en 72 o 73 libros, esto no significa que exista desacuerdo respecto al número exacto de libros, la disparidad sólo tiene que ver si se toma al libro de Lamentaciones y al de Jeremías como un solo libro o como dos separados.

Ahora presentaré brevemente la posición protestante, resumiendo sus puntos principales:

  1. Los propios judíos sólo tienen 39 libros en su Antiguo Testamento -AT en adelante-, esto es, sin los deuterocanónicos.
  2. El Concilio de Trento agregó los 7 libros deuterocanónicos a la Biblia en 1546.
  3. Jesús nunca citó los libros deuterocanónicos, así que éstos no son inspirados.

Antes de contestar a estas objeciones, permítanme recomendarles uno de los mejores libros que puede consultarse para defeder la posición ortodoxa y católica, del autor Mark. P. Shea, By What Authority? An Evangelical Discovers Catholic Traditions (Huntington, IL: Our Sunday Visitor, 1996) -Literalmente: ¿Con qué autoridad? Un evangélico descubre las tradiciones católicas-. El converso del protestantismo Mark P. Shea aborda muchos temas que involucran la autoridad bíblica y explica las razones por las cuales él ya no pudo seguir siendo protestante, después de haber investigado los origenes y la esencia de la Biblia, y en especial, los problemas epistemológicos que la rodean, esto es, la respuesta la pregunta ¿cómo tenemos la certeza?

Respondiendo a las objeciones protestantes:

Respuesta número uno. Es verdad que desde el 90 AD, la mayoría de los judíos no han aceptado los libros deuterocanónicos como inspirados, por lo tanto, concluyen los protestantes, éstos no son inspirados ni son Escritura, ya que a los judíos «les fueron confiados los oráculos de Dios» (Rom. III,2).

Sin embargo, debemos notar que los judíos no definieron el canon de sus escrituras hasta el 90 AD, esto es, después de la venida del Mesías. En 90 AD los judíos ya no seguían ni ostentaban la verdadera religión, ya que ellos habían rechazado al Mesías. Desde Pentecostés, la Iglesia de Jesús, la Iglesia católica, fue la institución investida de toda autoridad (cf. Mt. XVI,18-19; XVIII,18; Ef. III,10; Hch. XV). Por lo tanto, lo que hayan o no decidido los judíos en un concilio después de la venida de Jesucristo, en 90 AD, es irrelevante pues ya no seguían la verdadera religión y habían rechazado al Mesías…

¿Por qué razón los judíos considerararon sólo 39 libros como inspirados? Porque sabían que los cristianos, sus archienemigos, estaban utilizando la versión griega de las Escrituras, ¡las cuales incluían los libros deuterocanónicos!, y ellos quisieron distinguirse muy claramente de los cristianos. Ellos querían recuperar su identidad. Además, los deuterocanónicos contienen muchas profecías cristianas y alusiones al Nuevo Testamento -NT-, ¡algo que los judíos no podían tolerar! Un ejemplo perfecto de esto podría ser Sabiduría II,10-24, lo cual es una de las profecías más claras acerca de la pasíon de Jesús, en toda la Escritura. Sin embargo, ¡los judíos eran anticristianos! En efecto, los primeros cristianos utilizaron los libros deuterocanónicos. Una prueba de esto puede encontrarse en las primeras versiones artesanales de las Escrituras (Vulgata, Siriaca y la Copta), así como al revisar la liturgia primitiva de la Iglesia.

¿Por qué entonces deberíamos confiar en una institución (y en sus enseñanzas) que maldice a los cristianos y repudió al Mesías, con el fin de saber qué pertenece y que no a la Biblia? Esto no tiene sentido. Además, si confiamos en los judíos respecto al canon de la Ecsritura, debemos hacerlo con consistencia, y así también deberíamos deshacernos de todo el Nuevo Testamento, ya que los judíos creen que el Nuevo Testamento no había sido escrito, y por lo tanto, no entró en su consideración. Aún así, ningún protestante hace esto, en efecto, ellos quieren todo, quieren sólo los 39 libros de AT, confiando en los judíos para tal decisión, pero también quieren conservar los 27 del Nuevo Testamento, desconfiando de los judíos en esta ocasión. ¿Por qué tal inconsistencia?

En respuesta a la segunda objeción de los protestantes. Esta es mi favorita porque tiene muy poca solidez. Lo que realmente sucedió es que desde los concilios de Roma, Hipona y Cartago a finales del siglo IV, a los fieles cristianos se les ha enseñado que los libros deuterocanónicos son Escritura, y éstos han sido utilizados como tales [énfasis añadido]. Sin embargo, no fue hasta 1546 cuando estos libros fueron solemne y dogmáticamente definidos como pertenecientes al canon, ya que no fue sino hasta entonces que la inspiración divina de estos libros fue cuestionada. Y ninguna doctrina es definida sino hasta que se pone en duda.

No obstante lo anterior, ¿por qué Martín Lutero negó la inspiración de los deuterocanónicos? Porque estos siete libros en disputa contienen muchas pruebas bíblicas de doctrinas ortodoxas y católicas, y esto no agradaba a Lutero, así que decidió que lo mejor sería ponerse de parte de los judíos, respecto al canon, y justificar su rompimiento con la enseñanza de la Iglesia respecto a ciertas doctrinas. Lo que Lutero hizo entonces fue un simple acto de cobardía. Cuando se le ofrecía una prueba bíblica para cierta doctrina, él simplemente mostraba su desacuerdo afirmando que, «bueno, esos libros en realidad no deberían estar en la Biblia». Pero esa es una salida muy cómoda, cualquiera podría argumentar que el nacimiento virginal de Jesús no está en la Biblia, y al ser confrontado por los pasajes de San Mateo o San Lucas, cualquier persona podría simplemente decir, «bueno, si, pero esos libros no deberían ser parte de la Biblia». Esto no nos lleva a ninguna parte.

Finalmente, la respuesta a la tercera objeción protestante. Su posición básicamente  consiste en afirmar que si Jesús no citó directamente los libros deuterocanónicos, entonces éstos no son inspirados. Sin embargo, este cargo es demencial. Primero que nada, ¡Jesús no citó tampoco cada uno de los 39 libros del AT que los protestantes consideran inspirados! Es verdad que citó la mayor parte de éstos, pero esto no sería suficiente, pues una mayoría no es el todo. ¿Qué pasaría entonces con libros que no citó como el de Rut, El Cantar de los Cantares, etc.?, ¿no serían inspirados? En segundo lugar, realmente no sabemos si Jesús, en efecto, alguna vez citaría o no los deuterocanónicos, ya que no toda la revelación ha sido escrita en la Biblia (Jn. XXI,25). En tercer lugar, citar un libro no implica automáticamente que se le considere inspirado. En Hebreos XI,36, por ejemplo, el autor alude al libro [apócrifo] de La Ascención de Isaías V,1-14. En Judas 9, se nos habla de que el Arcángel Miguel disputó con el diablo el cuerpo de Moisés. Esta disputa no se encuentra en el AT, sino sólo en el libro [apócrifo] La Asunción de Moisés, el cual no es inspirado. La mera alusión a un libro o el citarlo no lo hace en automático más o menos inspirado por Dios. E incluso un aspecto más importante es que no es verdad que los deuterocanónicos no sean referidos o aludidos en el Nuevo Testamento. Eclesiástico (o Sirac) V,13-14 se corresponde con Santiago I,19; Sabiduría II,12-20 con Mateo XXVII,41-43 y 1Macabeos IV,36-59 y 2Macabeos X,1-8 con Juan X,22-36.

Realmente no existe una razón válida para rechazar los 7 libros en disputa. Los protestantes aceptan los 27 libros del Nuevo testamento, los cuales fueron definidos por los concilios de Roma, Hipona, Cartago, Florencia y Trento, y aún así, no aceptan los 46 libros del AT definidos por estos mismos concilios. ¿Por qué no?, ¿por qué esta inconsistencia?

Lo que he presentado es un breve ensayo de historia, son hechos, no es meramente mi opinión. No existe razón legítima para rechazar los libros deuterocanónicos como si no fuesen inspirados. La acción de Martín Lutero tan sólo fue con el fin de justificar su rompimiento con la tradición de quince siglos de la Iglesia.

Deuteronomio IV,2 No añadáis nada a lo que yo os prescribo, ni nada quitéis, sino guardad los mandamientos de Yavé, vuestro Dios, que yo os prescribo

El Antiguo Testamento antes de Cristo.

Es bien sabido que el canon más antiguo del AT es conocido como la Septuaginta. La Septuaginta fue traducida del hebreo al griego por setenta eruditos de la gran biblioteca de Alejandría en Egipto, de aquí el nombre Septuaginta, comúnmente abreviada como LXX, aproximadamente en el año 300 a.C. Se supone que estos eruditos fueron comisionados por Alejandro Magno para recolectar los escritos de las principales religiones de su tiempo. La Septuaginta contiene los libros del AT que comparten todos los cristianos junto con los libros deuterocanónicos utilizados por ortodoxos, católicos y algunos protestantes.

En la obra The New Jerome Biblical Commentary -NJBC en adelante- los autores sugieren una historia más plausible respecto a la Septuaginta, argumentando que la existencia de los setenta es improbable, y que es más factible que los libros hayan sido recolectados y traducidos a través del tiempo. Otras fuentes ofrecen diferentes fechas también, pero es generalmente aceptado que la traducción se terminó alrededor del año 100 a.C.

La Escritura durante el tiempo de Jesús.

Mucho del debate actual se centra en si Jesús aceptó la Septuaginta como Escritura. En los Evangelios Jesús nunca cita directamente la Septuaginta, pero esto no condena a los libros deuterocanónicos ya que muchos otros libros del AT tampoco los citó. Ninguna Iglesia cristiana acepta sólo los libros del AT citados explícitamente por Jesús, y los libros del AT que no fueron citados por Jesús aún son considerados como inspirados. Así que, ¿a qué se refería Jesús cuando aludía a las Escrituras? Esta es una cuestión muy importante ya que aparentemente no existía un canon definido o cerrado de la Escritura en tiempos de Jesús.

Los autores del NJBC sostienen que no es claro que haya existido un canon de la Escritura en tiempos de Jesucristo. Después de revisar los datos disponibles ellos afirman: «la conclusión es que no existía un canon rígido y cerrado en el judaísmo del siglo primero y segundo d.C., esto significa que cuando la Iglesia estaba en su periodo de formación, y utilizaba los libros sagrados de los judíos, no estaba obligada a adoptar ningún canon» (p. 1041). Parte de la evidencia que ellos presentan es la existencia de los libros deuterocanónicos en los rollos de Qumrám o los Rollos del Mar Muerto. En estos rollos fueron encontrados fragmentos de tres textos deuterocanónicos de donde se tiene la impresión que había muy poca distinción entre un canon cerrado con cualquier otro texto. Ellos notaron que allí se incluyen textos seculares con textos “escriturales”, aparentemente sin hacer alguna distinción.

Ellos también disipan cualquier idea de que los judíos en Jerusalen tuvieran algún canon diferente a los judíos de cualquier otro lugar. «Es gratuita la tesis que dice que los judíos en Alejandría tendrían alguna teoría de inspiración diferente a la que compartían los judíos de Jerusalén.» (p. 1041)

Jamnia.

Jamnia, también conocida como Jabneel, fue una ciudad situada a unos 19 kilómetros al sur de Judá, cerca de la actual ciudad de Yebna. A finales del primer siglo , después de la caída de Jerusalen en 70 AD, se conviritó en la sede de los eruditos judíos. Según la historia popular, en Jamnia se sostuvo un concilio que habría determinado el canon del AT. Las fechas para este acontecimineto varían del 75 AD al 100 AD, dependiendo de la fuente que se revise. Los autores de la NJBC sostienen que nunca se realizó un concilio en Jamnia, sino que allí existió una respetable escuela rabínica. «No existe evidencia de la existencia de ninguna lista de libros, o canon, que fuese elaborada en Jamnia» (p. 1040). [énfasis añadido]

Los libros deuterocanónicos en la Iglesia de los primeros tiempos.

«Durante el primer siglo la Biblia cristiana tan sólo consistía en el AT (leído en la versión de la Septuaginta). La autoridad residía en esta Escritura y en las palabras del Señor, las cuales circulaban por medio de la tradición oral, como es evidente en la carta de Clemente a los Corintios.» (The Early Church, Henry Chadwick, p. 42)

La versión LXX también fue utilizada por los autores del Nuevo Testamento. La mayoría de los estudiosos datan los libros del NT en fechas diferentes que van desde el 75 AD a aproximadamente el 150 AD, dependiendo de qué libro se trate. Los autores de la Escritura, quienes escribieron en griego, citan a los libros de la Septuaginta ya que ésta estaba escrita en griego.

Al tiempo que la Iglesia creció y comenzó a separarse del judaísmo, los judíos comenzaron a codificar una colección de libros inspirados, ya sea como respuesta al cristianismo o a las divisiones entre las diferentes escuelas judías. El NJBC sostiene que las discusiones con los primeros cristianos también contribuyeron a la decisión de los judíos respecto a lo que constituiría el canon de libros del AT. En su obra The Early Church, Henry Chadwick apunta que fue sólo después que los cristianos recurrieran más a la Septuaginta, que se hizo más evidente el favorecimiento de los judíos griegos a traducciones más literales al hebreo. ¡Algunos rabinos incluso denunciaron que durante la elaboración de la Septuaginta se provocó un pecado parecido a la adoración del becero de oro!

Fue durante estos primeros años de la formación de la Iglesia que dos codificaciones diferentes del Antiguo Testamento se manifestaron. Como los judíos no dispusieron de todos los textos originales en hebreo de la LXX, usaron esto como pretexto y rechazaron los libros deuterocanónicos considerándolos no inspirados.

Jerónimo vs. Agustín.

Para el siglo IV la mayoría de los cristianos utilizaron la versión de los LXX como fundamento para el AT. Por supuesto, había una cantidad considerable de textos circulando que se consideraban como escritura, por esta razón los primeros concilios de la Iglesia tratan en gran medida con este tema. Pero, ¿qué constituía exactamente a la Escritura?

Sorprendetemente, San Jerónimo, cuya traducción, llamada Vulgata Latina -VL-, se convirtió en la traducción oficial de la Iglesia católica, no quiso incluir los deuterocanonicos en su traducción. Jerónimo vivió en Palestina y estaba al tanto del canon hebreo que se había desarrollado. Su contemporáneo San Agutín, argumentando con la tradición, quiso que estos libros se incluyesen en la nueva traducción vulgata. Después de consultar con el Papa Dámaso y de darse cuenta que la mayoría estaba del lado de Agustín, Jerónimo incluyó los libros deuterocanónicos en su traducción. Es importante notar que muchos en Roma se opusieron a todo lo que Jerónimo hacía, pues él no era muy popular en la antigua capital.

La vulgata de Jerónimo, aunque no fue la única traducción de la Iglesia, fue ampliamente utilizada en el mundo occidental. La Septuaginta junto con los textos griegos fueron utilizados en mayor medida en la Iglesia oriental.

¿Qué sucedió entonces?

Desde hace muchos años, en toda la Cristiandad, fue utilizada la Biblia -NT- junto con la Septuaginta. El rompimiento de Martín Lutero con el catolicismo, y el desarrollo de su idea “únicamente por la fe” como fundamento para la salvación, dio la oportunidad a los reformadores del protestantismo de cuestionar los libros de la Biblia que no coincidían con su visión. Los reformadores atacaron particularmente Hebreos, Apocalipsis y los libros Deuterocanónicos. Y ya que desde el Conclio de Cartago en 395 AD se había consensuado el canon, la idea de remover Hebreos y el Apocalipsis de la Biblia no fue aceptado en general. Sin embargo, a los deuterocanónicos no les fue tan bien. Algunos iglesias reformadas los incluyeron como escritura, otras no. Finalmente, la Iglesia fue forzada a reconocer que estos libros habían sido tradicionalmente utilizados. Esto se hizo en el Concilio de Trento, y esta lista o canon, basada en la enseñanza tradicional cristiana es la lista de libros utilizada por ortodoxos y católicos hasta la actualidad.

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