Posteado por: Alejandro Villarreal | Lunes, octubre 22, 2012

Homilía: «Vigesimoprimer domingo después de Pentecostés» por el R.P. Pablo González, FSSPX

Título: Homilía: «Vigesimoprimer domingo después de Pentecostés»
Autor: R.P. Pablo González, FSSPX. Prior.
Homilía correspondiente a la Misa rezada del domingo 21 de octubre de 2012 en la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe (Distrito Federal, México). Publicado aquí sin el permiso expreso del autor

«Siervo ruin, no te apiadas de tu hermano como yo mismo me apiadé de ti.» ¿Cómo podrías atreverte a pretender el perdón para ti?

La ley de la caridad y de la misericordia, que nos recuerda el evangelio es de una exigencia absoluta: «¿No debías haber tenido compasión de tu compañero como la he tenido yo de ti?» El perdón de las ofensas y el amor al prójimo son la réplica necesaria y como la prolongación en nuestra vida del magnánimo perdón que nos otorga Dios.

En Dios encuentra el cristiano la ley de su vida: «Sed buenos porque yo soy bueno. Sed perfectos como lo es el Padre celestial. Amaos los unos a los otros como yo os he amado.»

Feliz el cristiano al poder vivir iluminado por una revelación que, con una justa concepción de Dios, le da una regla de conducta toda ella arraigada en él. Tratándose de verdad y felicidad, nada hay tan pacificador para el hombre como el conocer la voluntad soberana de Dios, asimilársela y con las armas que ella misma proporciona consagrar toda la vida a la práctica del bien.

La Biblia y la Liturgia de este día. Sobre la necesidad del perdón: Mt. Vi,14-15; XVIII,21,22 – Lc. VI,36-37; XI,4, quinta petición del Padrenuestro; XVII,3-4 – efesios IV,32 – Stgo. II,13. Véase también, sobre el deber de reconciliación. mt. V,23-26. Véase también, sobre el deber de reconciliación, Mt. V,23-26. En el Antiguo Testamento, recuérdese la magnanimidad de David perdonando a Saul (1Reyes XXIV, XXVI) y llorándoles (2Reyes I). En el Nuevo Testamento, téngase siempre presente el ejemplo de Cristo pedonando a sus verdufos (Hch. VII,59-60); el de san Pablo, bendiciendo a los que le insultan (1Cor. IV,12-13) y deseando se anatema, si así pudiera ser, por bien de los Judíos, sus perseguidores (Rom. IX,3).

Sobre la «armadura de Dios»: Is. XI,5; XLIX,2; LIX,17 – Sal. XC – Rom. VI,12-14; XIII,11-14 – 2Cor. VI,4-10; X,3-6 – Gal. III,27 – Col. II,12 – 1Tes. V,8 – Heb. IV,12. Véase también el 19º domingo después de Pentecostés (el «hombre nuevo»). Tomado del Misal Diario latín-español

Vigesimoprimer domingo después de Pentecostés.

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