Posteado por: B&T | Martes, octubre 2, 2012

Homilía: «Decimoctavo domingo después de Pentecostés» por el R.P. Jean Devaulx de Chambord, FSSPX

Título: Homilía: «Decimoctavo domingo después de Pentecostés»
Autor: R.P. Jean Devaulx de Chambord, FSSPX
Homilía correspondiente a la Misa cantada del domingo 30 de septiembre de 2012 en el Convento de las Mínimas Franciscanas del Perpetuo Socorro de María. Publicado aquí sin el permiso expreso del autor

«Yo te absuelvo de tus pecados»: Cristo mismo es quien por boca de su sacerdote, depositario del poder de las llaves, perdona, Palabra viva del Padre.

Todos los cánticos de esta misa están tomados de una antigua liturgia de dedicación y se refieren a una consagración de iglesia. Expresan la alegría del cristiano al poder venir a la casa del Señor a ofrecer la sola alabanza y el solo sacrificio dignos de Él. En la epístola da gracias san Pablo por los beneficios que ya en la tierra nos ha merecido nuestra vocación cristiana, mientras espera la vuelta de Cristo para introducirnos en la ciudad del cielo. La curación del paralítico y la remisión de sus pecados recuerdan en el evangelio las alternativas de debilidad humana y misericordiosa divina en que se efectúa nuestra marcha hacia Dios aquí abajo, en el seno de la Iglesia.

Sobre la curación del paralítico. Nótese que adquiere un valor simbólico especial a causa del perdón de los pecados que al mismo tiempo concede Jesús. La parális del cuerpo es imagen del embotamiento del alma pecadora, como la lepra del cuerpo lo es de la del alma, es decir, del pecado (acudir al 13º domingo después de pentecostés). En Lucas VII,36-50 se hallará otro ejemplo de pecados perdonados por Jesús, y no se olvide al buen ladrón (Lucas XXIII,39-43). En el mismo sentido, ver Juan V,1-15 (otra curación de paralítico; nótese el versículo 14) y VIII, 1-11 (notar también el último versículo). Leer, igualmente, Isaías XXXVIII,17 – Mateo XXVI,16-28 – Lucas XXIV,45-47 – Hechos X,42-43 – Efesios I,7 – 1Juan II,12

Condición necesaria para el pedón: la conversión. (Acudir al 4º domingo de Adviento -llamamiento a la conversión-). El pecado paraliza nuestra marcha hacia Dios: ver, a este propósito, el lema de la «vuelta» en Jeremías; vuelta, ciertamente, de los exiliados, pero también «retorno» interior (Jeremías XXX; XXXI, sobre todo , 18). Tomado del Misal Diario latín-español

«Decimoctavo domingo después de Pentecostés»

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