Posteado por: Alejandro Villarreal | Sábado, junio 30, 2012

Moralidad del voto a candidatos menos indignos

Título: Moralidad del voto a candidatos menos indignos
Autor: R.P. Carlos Ramírez, FSSPX
Extraído de: «Seamos católicos» , Boletín del Priorato de Nuestra Señora de Guadalupe, Nº 382, junio de 2012, 2º domingo.

¿Qué actitud tomar ante la mentira de la democracia actual, la cual nos convoca a votar? Y aún más, ¿qué actitud tomar cuando los candidatos son malos, peores y pésimos, siendo contrarios a las más fundamentales convicciones que todo católico debe tener?

Esas preguntas las vamos a intentar resolver en este artículo.

Reparos necesarios a tener en cuenta antes de responder a las preguntas.

Dejemos sentado de antemano, que el problema moral que se le presenta a cada católico en esta materia es bien difícil, por no decir espinoso; además cada día se va haciendo más y más complejo en la medida que avanza el mal, y se instituye como ley en la sociedad. Quédeles bien claro, no se pretende resolver en su totalidad el problema. Siendo un problema de conciencia cada uno debe ser diligente en aplicar los principios que se le van a dar y concluir en la obra que debe hacer.

No se alienta a participar en la farsa electoral. Lo que se pretende es aclarar el panorame haciendo uso del magisterio de la Iglesia, y de los principios de la moral.

¿Hay obligación de votar?

En una carta que envió San Pío X al Arzobispo de Valencia, España, fechada el día 20 de febrero de 1906, cuyo fin es solucionar la cuestión moral que estamos tratando dice:

«Tengan todos presente que, ante el peligro de la religión o del bien público, a nadie le es lícito permanecer ocioso».

Más claro no puede ser.

Le hago esta pregunta: ¿Cómo un católico y un ciudadano puede desentenderse como si no le influyese en nada los daños que en la sociedad pueden afluir de la elección de un candidato nefasto? La solución fácil es lanzar la pelota al otro, el decir que el sistema está corrompido y que no hay nada que hacer, carece de realidad; lo que en realidad manifiesta esta actitud es la pereza de cada uno por no querer actuar como debe cada católico.

Seamos más explícitos, en nuestra respuesta a la pregunta formulada: León XIII en la Encíclica «Inmortale Dei» va a decir:

«El no querer tomar parte en las cosas públicas sería tan malo como no querer prestarse a nada que sea de utilidad común, tanto más los católicos, enseñados por la misma doctrina que profesan, están obligados a administrar las cosas con certeza y fidelidad. De lo contrario, si se están ociosos, fácilmente se apoderarán de los asuntos públicos personas cuya manera de pensar no ofrezca grandes esperanzas de saludable gobierno. Lo cual estaría, por otra parte, unido con un no pequeño daño a la religión cristiana, porque entonces podrían mucho más los enemigos de la Iglesia que sus amigos.»

El moralista Ferres haciendo explicación de la doctrina católica acerca del voto, va a expresarse de esta manera:

«En general, los que tienen el derecho del sufragio, están obligados en conciencia a recurrir a las urnas.»

Con esto, creo que ya está resuelta la cuestión primera.

Y entonces, ¿si hay dos candidatos indignos a quién elegir?

He aquí el meollo de la cuestión.

Vamos a ir por partes:

¿Qué significa indigno? Se refiere a que el candidato por el cual se va a votar es hostil a la religión. La extensión es esa y nada más. Es decir que aquel que va contra la ley natural ni siquiera merece la calificación de indigno (es peor que eso), ni siquiera tiene derecho a presentarse a una urna para ser elegido y por ende, NUNCA ESTÁ PERMITIDO VOTAR POR UNA PERSONA DE TAL CALAÑA, NI HACER PARTE DE UN MOVIMIENTO POLÍTICO QUE ATAQUE LA LEY NATURAL.

¿Qué ataca la ley natural? El aborto, el matrimonio entre homosexuales, la adopción de los niños por parejas homsoexuales, el poner el trabajo como valor principal del hombre…

Estos hombres no pueden ni siquiera ir a las urnas.

¿Qué ataca la religión? Todo aquello que la prive de los derechos para la verdad, de la cual la única depositaria esla Iglesia. Libertad religiosa, de prensa, de opinión. La laicidad del estado…, atacan a la religión. En suma, todo aquello que tiene por fuente la revolución francesa.

Una vez resuelto que es indigno y quienes son indignos, vamos a ver ahora las circunstancias en las cuales se debe presentar el problema.

  1. De todos modos ha de ser elegido uno de los dos candidatos indignos.
  2. El católico debe manifestar que en su intención rechaza y quiere evitar a toda costa la elección del candidato más hostil a la religión.
  3. Principios morales: Nunca es lícito hacer un mal para alcanzar un bien.Apliquémoslo a nuestra consideración: Es un mal elegir a un c. Indigno. Se tienen dos males a elegir: Hay un candidato indignísimo, y otro indigno; es decir, que no queda otra salida que elegir a uno de los dos. Que quede bien claro: HAY DOS MALES.
  4. Solución a la cuestión: Vamos a resolver esta disyuntiva por medio de ejemplos, para así terminar enunciando el principio: Cuando no se puede evitar un incendio en una casa, se destruye parte de ésta para alcanzar a salvar lo restante. En un naufragio se arrojan las mercancías al mar para librar la nave. Si se tiene gangrena en uno de los miembros se amputa una parte para salvar el todo. ¿Qué se quiere decir? Que en estos casos donde hay dos males al frente, las disminución de los malo, por una acción buena o indiferente, es MIRAR E INTENTAR EL BIEN QUE SE TOLERA O PERMITE. El principio es el siguiente: Algunas veces es lícito para salvar el todo, tolerar la pérdida de una parte; no haciendo el mal, es decir, mi acción tiene que ser buena o indiferente.
  5. ¿Y si se vota al más indigno?. Uno es responsable de sus actos, y no sólo de lo que hace sino también de las consecuencias que se siguen de haber hecho tal acto. Si se roba, y se perjudica a alguien uno es responsable de ese acto, entonces cuando restituya no sólo ha de devolver l oque se robó, sino también el equivalente al daño causado. Eso siempre se da en la justicia. Y el voto que uno da debe responder a la justicia; entonces, no sólo uno peca, sino que se hace también responsable de que que hace el mal gobernante; esa acción es una cooperación formal al mal. Y es pecado grave por el daño que causa al bien común de la nación.

Y entonces, ¿qué hacer?

Sentadas las bases se debe dar ahora la respuesta a tal cuestión.

¿Votar por un partido? Uno podría hoy día pensar que no. Los miembros dentro de un partido tienen posturas a veces tan radicalmente alejadas de los lineamientos del partido que esa ya no es la solución. Lo podrá haber sido pero hoy día ya no, debido al grandìsimo pluralismo de ideas que reina en nuestra sociedad. Si hay que tener en cuenta que va a indicar tal vez en donde buscar, peusto que hay partidos menos hostiles a la religión o más hostiles. Lo voy a decir claramente: Nunca se puede apoyar a un partido que en su carta de principios acepte la revolución o principios nacidos de la revolución. El hecho mismo de trabajar o cooperar con ellos constituye una cooperación formal al mal.

Se debe hoy día fijarse en cada uno de los candidatos, y buscar a alguien que crea todavía que la ley natural existe, y que se sigue siendo súbdito de ella y todos y cada uno de los hombres se deben someter a ella. Nunca se podrá votar a alguien que vaya en contra de la ley natural. Será pecado grave.

Dentro de los demás, si es que queda algún candidato, debo buscar el que menos nocivo se para la religión. Para esto debo conocer en particular su programa de gobierno y un poco de su vida. Labor que requiere estudio, o al menos tomar consejo de alguien prudente que me diga por quien votar, cuya función sea la de averiguar.

Si el mal avanza es por la ignorancia de los católicos, y su falta de acción. Y recuerden que este principio se aplica a todo.

Que esto les sirva, Dios mediante a tener una mejor conciencia de la gravedad de lo que significa pertenecer a una sociedad, cuyo régimen es la democracia.

Que Dios los bendiga e ilumine.

P. Carlos Ramírez.

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