Posteado por: Alejandro Villarreal | Sábado, marzo 24, 2012

«El Teilhardismo y la Nueva Religión» de Wolfgang Smith

Título: «El Teilhardismo y la Nueva Religión» de Wolfgang Smith
Autor: Mons. John F. McCarthy, O.S. -revisión bibliográfica al libro de W. Smith-
Traducción: Alejandro Villarreal -mar. 2012- Imágenes añadidas

 Continúa aquí...

Este libro, como dice la portada, es un análisis completo y una refutación de las enseñanzas de Pierre Teilhard de Chardin. Escrito por un físico y matemático, quien también estudió profundamente la filosofía y la teología, y quien se dedica a verificar de forma precisa los escritos de Teilhard de Chardin, con el criterio de un científico y de un creyente bien educado.

Smith ha leído casi todas las obras publicadas de Teilhard, él lo cita con total precisión mientras que analiza su contenido. Por ejemplo, nos dice que muy temprano en su vida (p. 14) «para Teilhard, no sólo la evolución es un hecho: es el hecho más importante de todos», continuamente cita los trabajos de Teilhard para demostrar sus observaciones. En este texto, los pensamientos de Teilhard parecen mucho más organizados por Smith de lo que estuvieron en las misma mente de Teilhard, y, al tiempo que su contenido es examinado y presentado gradualmente, uno claramente observa su verdadero lugar, tanto en la realidad del trabajo de Smith como en la fantasía de Teilhard. Quien quiera saber de forma concisa las ideas de lo que Chardin realmente dijo o lo que realmente quiso decir, no puede hacer nada mejor que leer el magistral análisis de Smith acerca de la visión del mundo de Teilhard.

Mons. John F. McCarthy, O.S. Entre otras actividades y funciones dentro de la iglesia, en 1979 fundó la Sociedad de Oblatos de Sabiduría, la cual es una organización de sacerdotes diocesanos dedicados a fortalecer las tradiciones dogmáticas, morales y místicas de la Iglesia en el espíritu del Vaticano II (hermenéutica de la continuidad). Los miembros que sirven en su diócesis siguen una vida más rigurosa, absteniéndose del tabaco y el alcohol, tienen una devoción especial a María, utilizando las vestiduras del clero y poniendo particular atención a sus votos de sabiduría y castidad.

El Dr. Smith es, entre otras cosas, experto en espacios geométricos. Es enigmático atestiguar la forma como él trata el tema, en términos matemáticos, sobre las nociones geométricas no científicas de la visión de Teilhard del cosmos: que el Cielo no está «sobre» ni «confinado», sino adelantado a nosotros en el tiempo (p. 34); que «es la naturaleza de la Materia, cuando se levanta corpuscularmente a un grado muy alto de complejidad, para centrarse e interiorizarse» (p. 49); que el «Punto Omega» es el término final de la cosmogénesis y coincide en realidad con Cristo (p. 80); que en el universo envolvente Dios no es concebible (ya sea estructural o dinámicamente), excepto en tanto que coincida con… el centro de convergencia de la cosmogénesis…, un Dios quien es funcional y totalmente Omega (p. 118); que la «creación, encarnación y redención no son hechos que puedan ser localizados [énfasis de Teilhard] en un punto dado del tiempo y el espacio» (p. 123).

Cuando Smith nos dice (p. 19) que «no hay evidencia en absoluto» para la hipótesis transformista en la cual Teilhard creía tan firmemente, él habla como científico y sobre la base de la información científica más actual. Y él nos muestra (pp. 22-23) que el sueño transformista está fundamentado sólo en una fe, como Chardin admitió y como los recientes descubrimientos en la biología lo demuestran incluso de forma más clara.

El objetivo de Chardin fue fundar un nuevo Cristianismo (p. 23). Visualizando el Cielo como un desarrollo, el cual no está no sobre nosotros ni dentro de nosotros, sino sólo adelantado a nosotros en el tiempo, Teilhard fue capaz de transponer y falsificar cada concepción tradicional cristiana, comenzando con la idea del hombre (pp- 34-35). Como científico, Smith encontró que Teilhard habla sólo con metáforas: «elimínense las metáforas y no quedará ninguna teoría. La teoría de Teilhard carece de definiciones y conceptos científicos.» (pp. 79, 97).

Wolfgang Smith. Nació en 1930, es un estudioso en los campos de las matemáticas y la física, también es escritor sobre temas teológicos, metafísica y religión.

Smith encontró que la noción de Teilhard sobre el universo gravitacionalmente convergente es obsoleta en la ciencia (p. 81); contradice la ley de la entropía (p. 84). La noción de Teilhard sobre Cristo, como se plantea en el Punto Omega es una tergiversación de los vectores de velocidad (pp. 95-96). La noción histórica de Teilhard, fundamentada en su anticientífica «Ley de Complejidad», «en realidad ha reducido nuestro campo de visión a una pequeñez nunca antes vista: a un solo continuum dimensional, por decirlo así, coordinado por un “parámetro de complejidad” postulado». La dificultad es que Teilhard presenta como matemática y científica una noción de complejidad que no es ni matemática ni científica: «en jerga matemática. No es una variable lo que se toma en orden preestablecido» (167-168).

Desde el principio, el celebrado Punto Omega de Teilhard «no fue nada más que una noción quasi-teológica, vestida de ropajes científicos» (p. 109). En lugar de esto, Teilhard admitió, de alguna manera y de forma abierta, que él estaba predicando una forma de panteísmo (ver, por ejemplo, Cristianismo y Evolución, p. 171), y Smith muestra (pp. 111-112) que su teoría no puede ser nada más que eso. Teilhard insistió en que Dios puede ser definido sólo como el «Centro de centros» (Energía Humana, p. 168), y Smith puntualiza (p. 116) que «después de todo, un centro (ya sea de centros o de cualquier otra cosa) no puede concebirse aparte del sistema de cuyo centro es».

«El Teilhardismo y la Nueva religión. Análisis completo de las enseñanzas de Pierre Teilhard de Chardin» de W. Smith

Es esclarecedor escuchar de Wolfgang Smith, el físico, lo que es erróneo en la noción de materia de Pierre Teilhard de Chardin, y escuchar de Wolfgang Smith, el matemático, lo que es erróneo en la noción de Pierre Teilhard de Chardin sobre su Punto Omega, y la forma sagaz con que éste personaje, aunque al final de forma falsa, ha cambiado el eje de la contemplación espiritual, de «elevado» a «adelantado» (p. 70). Descubriremos que para Teilhard, no sólo es Dios el «centro de la convergencia de la cosmogénesis», metamorfoseando el mundo, sino que el mundo también y de forma inevitable, y en un mismo grado “endomorfiza” a Dios. «En este punto, el Dios de Teilhard cesó de ser simplemente “el Evolucionador”, y se convierte, al menos en parte, en producto o resultado del proceso evolutivo» (p. 107). En última instancia, para Teilhard, «es Cristo quien es salvado por la Evolución» (p. 118. Citando El Núcleo de la Materia, p. 92). Muy dentro de sí, la fe de Teilhard sólo estaba dedicada a este mundo: «Si, como resultado de alguna revolución interior, yo fuera a perder, en sucesión, mi fe en Cristo, mi fe en un Dios personal, y mi fe en el espíritu, siento que seguiría creyendo en la invencibilidad del mundo. El mundo (su valor, su infalibilidad y su divinidad) que, cuando se haya dicho y hecho todo, es en la única cosa que al final creeré» (Smith, p. 129, citando Cristianismo y Evolución, p. 99).

La supuesta síntesis científica evolucionista de Teilhard se reduce a simple confusión bajo el penetrante análisis de Smith, pero lo que es incluso más gráfico es la tragedia personal de Teilhard de Chardin. Este sacerdote se engaño al pensar que la Evolución podría reemplazar el auténtico Cristianismo. Aprenderemos en esta obra de Smith que Chardin creyó totalmente en el mundo y totalmente en la evolución del mundo, como hecho y realidad absoluta. Para Teilhard, Adán y Eva son sólo «imágenes inciertas de la humanidad, presionando hacia Dios» y «la idea de la Caída no es más que un intento de explicar el mal en un universo prefijado» (p. 138). Él trató de eliminar la realidad histórica del Pecado Original imaginándolo como «una visión obsoleta y estática de supervivencia» en la presencia de «nuestra nueva forma de pensar evolucionista». En su evaluación, el Pecado Original «pliega las alas de la esperanza» y «nos arrastra de regreso, de forma inexorable, hacia la oscuridad abrumadora de la reparación y la expiación» (Smith, p. 138, citando Cristianismo y Evolución, pp. 70-80). Al decir esto, Teilhard en realidad erradicaba la esperanza en los méritos de Cristo y negaba las obras de reparación y expiación.

Así, por medio de su Punto Omega Teilhard excluyó la labor de dirigirse a Dios y al cielo. Él rechazó el concepto cristiano de la Revelación (p. 120) y negó que la Encarnación y la Redención fuesen hechos históricos (p. 123). Él excluyo de forma superficial la realidad de los espíritus malignos, y aún así, sin carecer de su típica inconsistencia, afirmó que incluso «los poderes espirituales malignos» son los «instrumentos vivientes» de Cristo (pp. 184-185).

Los espíritus malignos son, por supuesto, ya sea Satanás mismo o los instrumentos vivientes de Satanás, quienes tientan a los hombres con el fruto prohibido del pecado. Teilhard no fue inmune a las mañas de éstos; él encontró que la disposición de la energía nuclear para el hombre era «abrumadora e intoxicante» y la clave de las últimas fuerzas de la vida: «Al utilizar el átomo mordimos por primera vez el fruto del gran descubrimiento, y esta degustación que entró en nuestras bocas fue suficiente para ya no poder quitarse ese sabor» (p. 194, citando El Futuro de la Humanidad, pp. 149-151). De nuevo, él habla [de forma metafórica] de un descubrimiento científico como «el sabor divino de su fruto» (p. 163, citando Energía Humana, p. 165). Teilhard parece haber olvidado por completo la grandísima fuerza del amor divino; él nos dice que el amor, «el cual entiendo aquí en el estricto sentido de “pasión”… no obstante es bien conocido por ser la inspiración del genio, las artes y toda la poesía» (p. 170, citando Energía Humana, p. 129).

Teilhard deificó a la evolución y la volvió un culto religioso (p. 129) donde ya no había lugar para la humildad ni el desprendimiento (p. 221). Incluso la espiritualidad de los santos le era ofensiva: «Para los neohumanistas que somos ahora, muy pronto todo esto nos produce una atmósfera irrespirable, y esto debe cambiarse» (p. 224, citando Ciencia y Cristo, p. 120). En una carta a Léontine Zanta, él escribió: «Como ya sabes, lo que domina mi interés y mis preocupaciones es el esfuerzo en establecer en mí mismo, y esparcir al mundo, una nueva religión (podrías llamarla un mejor Cristianismo), en la cual el Dios personal deje de ser el gran neolítico, propietario de los tiempos antiguos, con el fin de convertirse en el alma del mundo; nuestra época religiosa y cultural clama por esto» (p. 210, citando Lettres à Léontine Zanta, 127).

Quizás esta última cita lo dice todo acerca de la vida de Pierre Teilhard de Chardin y el sistema de pensamiento que propuso. El Dr. Smith (pp. 229-230) lo describe como «una experiencia faustiniana» la cual Teilhard experimentó desde sus primeros años de sacerdocio, en los cuales presentó un ensayo titulado El Poder Espiritual de la Materia. En esta experiencia él encuentra a un súper ser humano, «equívoco, turbio, la esencia combinada de todo mal y toda bondad», quien se dice a sí mismo: «Ahora me estoy estableciendo sobre tu vida o por tu muerte… Aquel que alguna vez me haya visto nunca podrá olvidarme: ya sea que deba condenarse conmigo o deba salvarme con él.» Teilhard parece habernos dicho que, desafortunadamente, él le abrió su corazón y su destino a este demonio (El Núcleo de la Materia, p. 68).

La tragedia de Teilhard de Chardin se extiende también, por supuesto, al amplio círculo de sus seguidores y admiradores dentro y fuera de la Iglesia, quienes, en las palabras de Walter Kasper (Jesús el Cristo, pp. 17-18), han sentido que él les ofreció en nuestro siglo «una versión particularmente inspirada» del Logos que se aproxima a la Cristología. Pero ¿quién o qué inspiró el trabajo de Teilhard de Chardin? Como Smith puntualiza (pp. 119-120), Teilhard ha rechazado por completo el Logos del Nuevo Testamento a favor de «un neo-Logos de filosofía moderna, del principio evolutivo de un universo en movimiento» (Cristianismo y Evolución, pp. 180-181). Teilhard, el científico, se volvió un descarado impostor, como claramente se ejemplifica en el fraude del Hombre de Piltdown, el cual él ayudo a perpetrar. Teilhard, el teólogo, abrió su mente invitando a una antiteología que él presentó, en su pensamiento, como la clave de la vida, no en el Espíritu Santo, «el Señor y Dador de la vida» (Credo Niceno), sino en los secretos de la materia y la energía nuclear. Teilhard, el artista, reveló la poesía de su cosmos imaginario, ostensiblemente bajo la inspiración del erotismo, como él implícitamente lo declara cuando dice que la pasión es «el inspirador del genio, las artes y la poesía» (Energía Humana, p. 129). Entonces, el Espíritu Santo no lo inspiraba, y sus seguidores deberían tener esto en mente al tiempo que reflexionan sobre sus ideas.

Renombrado perseguidor de la ilusión erudita,
él abrazó este mundo pecaminoso con pasión y confusión,
intercambió los hechos de la fe por una suposición microscópica,
y concibió un ensueño cósmico donde la evolución es el centro.

Tal podría ser un epitafio idóneo sobre la vida y obras de Pierre Teilhard de Chardin, escritor, (sacerdote, religioso), fundador de una nueva religión.

Traducción de Alejandro Villarreal de bibliaytradicion.wordpress.com

SOBRE la REPRODUCCIÓN del CONTENIDO de B&T: Se concede el permiso para reproducir, total o parcialmente, las traducciones originales de este blog, en otras páginas o blogs, con la condición de mencionar el origen del mismo, así como a su autor original y el nombre del traductor. El autor de B&T hace lo correspondiente al tomar material de otras páginas, sin excepción, y a pesar de no concordar totalmente con las ideas de otras webs o autores, creyendo que en esto reside un simple pero no despreciable acto de honestidad.


Responses

  1. Sé que Smith, desperdicio su vida tratando de refutar totalmente a Teilhard.
    Algún día cuando tenga más conocimientos sobre lo que son las ideas y conceptos de Teilhard, vendré a refutar este articulo.

    • El Dr. Wolfgang Smith es un científico competente y un estudioso de la religión, ningún hombre que combine estas dos características habrá “desperdiciado su vida”, al contrario, representan los faros que pueden refutar las fantasías cientificistas y teosofistas. Ojalá que su estudio personal representara un conocimiento imparcial tanto del verdadero catolicismo tanto de las desviaciones de personajes como T. de Ch., pero cualquiera que comienza desde el anticatolicismo comienza mal y está destinado a estrellarse en una gran muralla.

  2. Me gustaría que alguien enviase este articulo al Padre Franco del Templo de San Francisquito en Guadalajara, Jalisco, México. El difunde ampliamente a T. de Chardin y envenena la mente de sus fieles con hipótesis extrañas.
    GRACIAS POR ESTE ARTÍCULO.

    • Mariana:
      +
      Si puedes compartirnos la dirección física de la Iglesia podría intentar mandárselo al sacerdote que mencionas.


Categorías