Posteado por: B&T | Domingo, enero 8, 2012

¿Quiénes son los mormones? por el R.P. Brian W. Harrison, O.S.

Título: ¿Quiénes son los mormones?
Autor: R.P. Brian W. Harrison, O.S.
Original en inglés: Who are the Mormons? (Part I & Part II)
El siguiente artículo apareció originalmente en la publicación Australian Catholic Truth Society de diciembre de 1982.
Traducción: Alejandro Villarreal -ene. 2012-. Notas e imágenes añadidas. Traducido y publicado aquí sin el permiso expreso del autor

En este texto, el R. P. Brian W. Harrison analiza por medio de su conocido estilo sencillo, contundente y ecuánime, las características de la Iglesia mormona de “Los Santos de los Últimos Días”, y nos ofrece, fundamentado en escritos de los propios mormones, así como en los historiadores que se han dedicado al estudio de este movimiento religioso, una visión general del considerado por ellos, profeta José Smith, de sus “revelaciones”,  de su vida un tanto oculta, de sus doctrinas y creencias más íntimas que nos hacen darnos cuenta que este grupo dista mucho de ser cristiano, y por el contrario, existe gran arbitrariedad en sus creencias, las cuales se contradicen y son modificadas a voluntad por el profeta en turno. En contraste, el P. Harrison también reconoce que mucho del estilo de vida mormón podría ser un modelo para los católicos, sobre todo en poner en práctica los valores de la familia, el rechazar la mentalidad moderna sobre el aborto y la anticoncepción, y el ánimo por convivir como verdaderos hermanos.

Contenido:

I. La Iglesia mormona en la actualidad.

Tocan a la puerta.

R. P. Brian W. Harrisson. O. S., M. A., S. T. D. Profesor de teología en la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. Nació en Sydney Australia en 1945. Converso del presbiterianismo al catolicismo en 1972. Es considerado doctrinalmente conservador, se opone a la hermenéutica de la ruptura y a los excesos del tradicionalismo.

«¡Buenos días! ¡Por favor deseamos hablar con el jefe de la familia!» Denise mira a los dos hombres que están en la puerta de su apartamento, un tanto perpleja. Ellos tienen buen aspecto, con el cabello corto y arreglado, vistiendo trajes oscuros, sus nombres se pueden leer en unas pequeñas placas que portan en el pecho: “Elder Richards” y “Elder McKay” , aunque estos jóvenes no tengan el aspecto de “mayores” o “veteranos”, pues ninguno de ellos parece rebasar los veintiún años.

Nota de B&T: “Elder” es un término del inglés para denotar en general a una persona mayor, con autoridad y experiencia.

«Bueno», ella les contesta un tanto contrariada, «este es mi apartamento, vivo aquí sólo con mi pequeño hijo.»

«Oh, está bien», dice el otro joven, «realmente apreciaríamos si nos dejase entrar un momento para bendecir su hogar.»

Denise se siente un poco abochornada, obviamente estos visitantes promocionan alguna clase de religión, y eso es algo que ella no ha atendido durante mucho tiempo. Ella fue bautizada en el catolicismo, y cree vagamente en “Alguien de allá arriba”, fue a una escuela auspiciada por el gobierno y no se ha acercado en años a la Iglesia, ella se unió a Rick mediante una ceremonia civil, está a punto de decirles a los dos jóvenes, de forma cortés, que en realidad no está interesada por el momento, y darles las gracias, pero entonces, caprichosamente cambia de parecer, después de todo, ha estado muy sola estos dieciocho meses desde que Rick la abandonó, dejándola con Brett, su hijo de tres años, y con una mísera pensión. Desde entonces no ha tenido mucha actividad social, y esto no puede dañar a nadie, piensa, hablar con estos jóvenes de claro aspecto inofensivo no le hará daño. Incluso cuando tuvieran ideas extrañas.

«Bien», les dice, «pasen, disculpen el tiradero, pero Brett siempre deja sus juguetes en el piso.»

Este acto caprichoso cambió la vida de Denise, durante un largo rato, ella habría escuchado la historia de cómo después de que Jesucristo vino a la tierra, hace dos mil años, la Iglesia que estableció se volvió por completo corrupta, abandonando muchas de las doctrinas y prácticas de su fundador, y tan sólo hace 150 años fue que el “eterno evangelio” fue restaurado en su pureza original a través de nuevas revelaciones de un ángel a un profeta designado, un joven estadounidense llamado José Smith Jr.

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Involucrándose.

Denise tuvo de todo un poco, era claro que sus visitantes tenían una profunda convicción, su fe parecía significar mucho más que la vaga y descorazonada religiosidad mostrada por muchos de sus conocidos, quienes se consideraban católicos o protestantes practicantes. Quizás esto sí tenía sentido, pero, ¿cómo poder asegurar la veracidad o falsedad de sus extraordinarias afirmaciones? Ellos le dejaron algunos panfletos y le dijeron que la llamarían después.

Pasaron unos días y los dos jóvenes regresaron, esta vez ya no le parecían unos extraños, mostrando la amabilidad de siempre y sin exhibir rastros de fanatismo apasionado, denise supo que Donnie y Marie Osmond, quienes tenían un programa televisivo que ella frecuentemente disfrutó en su infancia, eran devotos miembros de esta Iglesia. No podría decirse nada extraño sobre ellos, eran atractivos y talentosos entretenedores, y lo más importante, su imagen estaba relacionada con valores a los que Denise consideraba buenos y verdaderos: la inocencia, la jovialidad, la lealtad familiar, sin ser arrogantes, desvergonzados o cínicos, definitivamente, para toda la familia.

Durante las dos semanas siguientes, Denise asistió a algunas ceremonias de la Iglesia, fue a una “noche de fogata”, en la cual, jóvenes solteros y solteras se reúnen en la casa de alguno de ellos para orar de manera informal, compartir “testimoniales” acerca de sus experiencias en la Iglesia y en su fe en las revelaciones de José Smith, junto con una cálida cena y charla informal, sin fumar o beber alcohol, té o café.

La reunión dominical en la Iglesia comienza en la mañana, con una clase de estudio de doctrina, una sesión o reunión por género, donde las mujeres discuten acerca de las labores propias del hogar, la cocina, el cuidado de los niños y la vida familiar, en un espíritu de obvia satisfacción por sus distintivos roles como formadoras de hogares. Los bebés y los niños pequeños están por todos lados y claramente son una fuente de alegría para sus madres, quienes, como pronto Denise descubrió, rechazaban el aborto y la anticoncepción y veían en las familias numerosas una rica bendición del Señor. Ella siempre había despreciado tales actitudes y tendía a considerar que la “emancipación de las mujeres” de los años 80 del siglo XX requería que se desligara de esas ataduras. Pero al tiempo que se mezclaba con aquellas jóvenes y complacidas mujeres, quienes la recibieron tan cálidamente, Denise notó un insospechado sentido de dignidad que venía de aquel amor a la actividad doméstica. Quizás, después de todo, sus propios valores habían estado un tanto torcidos, quizás ella era quien necesitaba “liberarse”, liberarse de la propaganda de los medios de comunicación que disimuladamente aconseja a las mujeres a aferrarse al estilo de vida de los varones.

Al mediodía siguió un servicio de adoración, un tanto prolongado, pero fue más como una simple “reunión” en muchos aspectos. Entre himnos y oraciones, diferentes miembros de la congregación, hombres y mujeres, se pusieron de pie y hablaron acerca de una variedad de cosas, algunas de corte religioso, pero casi siempre de cosas cotidianas: sobre el estado de las cosas en la congregación local, las dificultades que experimentan los miembros en la vida diaria y que necesitan de la asistencia de la oración de los demás, o sobre temas de finanzas, las cuales juegan un papel muy importante en esta denominación, la cual se administra con la eficiencia de cualquier negocio estadounidense y requiere que cada miembro aporte una décima parte de sus ingresos (diezmo), como donación a la Iglesia.

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Denise se convierte.

Después de ese domingo, los dos elders visitaron a Denise todos los días de la semana, y ella se sentía cada vez más familiarizada con esta Iglesia. Quizás, más que nada, ella se sentía impresionada por su calidez y su hospitalidad, por la clara bondad de sus valores y por el sentido de profunda unidad y solidaridad en su comunidad. Ella les mencionó esto a sus jóvenes visitantes, quienes ni tardos ni perezosos le dijeron que estas cualidades que ella observaba era evidencia de la misión divina de su Iglesia: Jesús ha enseñado, “por esto todos los hombres sabrán que Uds. vienen de mí, amándose los unos a los otros”, y también dijo que “al árbol se le conoce por sus frutos”.

Denise tenía que admitir que el estilo de vida de esta Iglesia contrastaba mucho y favorablemente con aquel vago recuerdo de la religión de su niñez, en la cual los católicos que conoció parecían medio creer en su Iglesia y en sus enseñanzas, y entraban y salían de la iglesia los domingos, como si sólo hubiesen asistido a llenar el tanque de gasolina a una estación de servicio, sin siquiera molestarse en conocer a los demás asistentes.

Sin embargo, ¿cómo podía ella tener la certeza de que José Smith realmente fue un profeta de Dios? Después de todo, algunas de sus afirmaciones son bastante extrañas. Cuando Denise, después de muchas discusiones sobre temas doctrinales, preguntó esto a sus consejeros, la respuesta que obtuvo la conmovió profundamente. Ellos no trataron de presentarle más argumentos, más razones o más evidencias objetivas, el tiempo de la apologética racional había concluido. Uno de los elders se acercó lentamente a ella, la miró directo a los ojos y en voz baja le compartió su testimonio con un solemne tono de autoridad y convicción.

«Denise», le dijo, «he orado prolongada e intensamente sobre esto, muchas veces, y lo sé, sólo lo sé y lo creo a partir de una profunda experiencia en mi corazón, que José Smith es el verdadero profeta enviado por Dios para restaurar su evangelio eterno. Y si Ud. honestamente le pide a Dios que la ilumine, él le hablará claro a su corazón, de la misma manera. Podemos ver que el Espíritu Santo la ha tocado, Denise, en estas dos semanas, cuando Ud. reconoció el amor vivo y activo de Dios en nuestra comunidad. No huya de él, sólo acéptelo con fe humilde y Ud. podrá ser bautizada este domingo entrante.»

Denise oró pidiendo una guía y repentinamente todo pareció y se sintió de forma correcta. ¿Cómo podría esta bondad y sinceridad estar equivocada? Era seguro para ella que este sentimiento de calidez y convicción en su corazón era una clara respuesta a sus oraciones. Ella decidió entonces ser bautizada y los misioneros levantaron su reporte sobre esta feliz noticia, comunicándolo a la Iglesia. Esa semana, en su buzón, Denise recibió carta tras carta, tarjeta tras tarjeta, de los creyentes locales, a quienes en su mayoría jamás había conocido, expresándole su alegría y sus felicitaciones por su conversión, y dándole la bienvenida por adelantado a la comunidad eclesial. Ese domingo fue bautizada por el obispo, fue una ocasión de regocijo, por el nuevo miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, frecuentemente conocida como “LSUD” [LDS por sus siglas en inglés: Latter Day Saints y traducido literalmente sería Los Santos del Último Día y a veces Los Santos de los Últimos Días] o más comúnmente, los mormones.

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La apelación del Mormonismo.

La historia de Denise podría ser la historia de cualquiera de los convertidos al LSUD, en Australia, como en muchos otros países, en donde han sido ganados por miles de jóvenes misioneros tocando de puerta en puerta, en todo el mundo. Quizás 600 están activos en Australia, al tiempo que se escribe esto [2001], la Iglesia mormona prácticamente es la denominación con mayor crecimiento en el mundo, así como el imperio empresarial con un ingreso anual por sobre los mil millones de dólares. Comenzó en 1830 con 30 miembros, hacia el final del siglo XIX contaba con 268,000, sobrepasó el millón poco después de la Segunda Guerra Mundial, y pasó de los 2 millones de miembros en 1964 a más de 4 millones en 1978.

La apelación de esta iglesia parece residir en gran medida en las cualidades que atrajeron tanto a Denise, la apelación del amor cristiano dentro de una comunidad, el cual, por supuesto, debería encontrarse en cada parroquia católica, pero no siempre es evidente, como podemos admitir con candidez. Al contrario de muchas otras sectas de aspiraciones “místicas”, la Iglesia LSUD tiene los pies en la tierra en muchos aspectos, haciendo un gran énfasis sobre la caridad práctica. Tiene gran cuidado de compartir sus recursos para el auxilio de sus miembros ancianos, enfermos, pobres, lisiados y desempleados. La educación tiene mucha prioridad y la Universidad Brigham Young, en Utah, con una matriculación de aproximadamente 25,000 estudiantes, es la universidad más grande con vínculos religiosos en los EE. UU.

La Iglesia LSUD no carece de apologistas e intelectuales, pero en general, éstos no tienden a enfatizar en la necesidad de evidencia racional como criterio de verdad religiosa. Sus misioneros y maestros, como ya hemos visto, prefieren apelar poderosamente a las emociones. Ellos promueven entre sus miembros y entre los conversos potenciales, a mirar a Dios como una experiencia que nace en sus propios corazones, imaginando sentimientos internos de convicción, serenidad o de “ardor en el corazón” (burning in the heart), los cuales consideran ellos como testimonios del Espíritu Santo. Repitiéndose interminablemente unos a otros, el testimonio sobre su fe absoluta e inquebrantable sobre la integridad de José Smith, los mormones refuerzan lo que en esencia es una fe ciega que minimiza cualquier cuestionamiento persistente o la fría crítica hacia el “profeta” y a su mensaje, considerándolo sólo como falta de sinceridad, falta de voluntad para orar o de satánica dureza de corazón.

Este absoluto dogmatismo tiene una sorprendente afinidad con la aparente sofisticación del cristianismo liberal, el cual enfatiza subjetivamente sobre “una experiencia de fe viva”, mientras que desprecian el argumento racional sobre la existencia de Dios y la verdad objetiva de la revelación, pueden tener un impacto muy grande entre los crédulos, los solitarios o los inseguros. Es importante para los católicos saber bien esto si desean abordar el tema sin tapujos con los celosos jóvenes quienes van de puerta en puerta.

Existe una evidente paradoja en la forma en que los miembros de LSUD se aproximan al mundo exterior (o “gentil”). Por un lado, nadie los supera en su celo cuando buscan nuevos conversos, pero por otro lado, ellos son mucho más cautelosos que la mayoría de los demás grupos religiosos cuando se trata de poner al alcance de todos sus varios trabajos teológicos y “escrituras”, exceptuando el Libro de Mormón, el cual siempre está disponible. No se podrán encontrar librerías o salas de lectura públicas de LSUD, donde un investigador pueda echar un vistazo con libertad  y sin ser abordado.

Los mormones prefieren introducir gradualmente a los forasteros a sus doctrinas, en una situación cara a cara, ellos pueden de esta manera controlar el nivel de profundidad doctrinal que fluya durante la conversación. Existe una buena razón para este procedimiento reservado, y mientras que los críticos hostiles tienden a verlas como desviaciones, los mormones lo consideran como un prudente y caritativo método de evangelización. El hecho es que, mientras la Iglesia de LSUD se esfuerza en autopromocionarse públicamente como cristianos normales, enfatizando en muchas características de su código y credo que son similares, o al menos suenan de forma similar, a las ideas tradicionales cristianas, sus verdaderas creencias son muy extrañas y podrían obstaculizar, de forma irreparable, en la conversión de posibles prosélitos si ellos hicieran asequibles todas sus creencias de una sola vez, en lugar de introducirlos poco a poco.

Se conocen casos de conversos a LSUD abandonando la Iglesia mormona cuando, después de un año o un poco más de membrecía, ellos finalmente se dan cuenta, consternados, de qué forma los mormones interpretan conceptos cristianos claves que utilizan. Pues mientras que los “artículos de fe” de LSUD suenan bastante familiares, en muchos sentidos, para aquellos quienes han crecido en una cultura cristiana, se les da un sentido totalmente diferente. Los mormones suelen decir, por ejemplo, que ellos creen en la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en la milagrosa concepción de Jesús en el vientre de María, sin intervención humana. Pero, como veremos, su entendimiento de estas doctrinas no tiene nada en común con la auténtica interpretación cristiana.

La mayoría de las sectas, e incluso otras religiones del mundo como el judaísmo y el Islam, al menos comparten la misma creencia monoteísta, esto es, la creencia en un solo Dios, como un Ser espiritual más allá de nuestra comprensión: eterno, inmutable, omnisciente, omnipotente, Creador personal y Señor de todo el universo y de todo lo que en él existe, “visible e invisible”. Los mormones, en marcado contraste con esto, son politeístas. Ellos creen que el cosmos es eterno e increado y que está habitado por muchos dioses (y diosas) quienes no son muy diferentes a nosotros, los humanos, en su naturaleza y esencia. Ahora analizaremos un poco más de cerca al origen de esta iglesia y su “evangelio restaurado”, el cual supuestamente es idéntico con lo que predicó Jesús y los primeros cristianos.

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II. La fundación de la Iglesia de LSUD.

La historia de LSUD comienza con el nacimiento de José Smith Jr., el 23 de diciembre de 1805 en Sharon, Vermont. Y como a los mormones rápidamente les gusta hacer notar, su familia era muy pobre y José nunca recibió mucha educación formal. En su autobiografía, publicada en la actualidad en el volumen Perla de Gran Precio, considerado como escritura divinamente inspirada, Smith nos dice que después de que su familia se mudó a Palmyra, Nueva York, se unió, a la edad de catorce años, a un movimiento de renacimiento religioso que estaba barriendo todo el estado, sin embargo, en su búsqueda de la verdadera fe, estaba inquieto y confundido por todas las versiones del evangelio protestantes, en conflicto unas con otras: los metodistas, los presbiterianos, los bautistas y muchos otros.

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Visiones y planchas de oro.

En respuesta a la promesa de sabiduría de la Biblia para el que busca honestamente (Santiago I, 5), José cuenta que oró para obtener guía y fue “inmediatamente” confrontado por una manifestación sobrenatural. Una terrible oscuridad parecía que lo envolvía, pero pronto fue seguida por una “columna de luz”, más brillante que el sol, la cual lo liberó de este “poderoso enemigo”, y entonces:

«En la luz vio a dos Personajes. Uno de ellos le habló por nombre y le dijo mientras señalaba al otro: “Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!» (Perla de Gran Precio – José Smith 2:17) [http://classic.scriptures.lds.org/es/bm/jstestimony].

Estos “personajes” entonces le dijeron a José que no debía unirse a ninguna de las “sectas” cristianas existentes, ya que todas estaban en el error:

«Todos sus credos fueron abominación y todos sus miembros fueron corruptos» (ibídem. 2:19).

Smith afirma que tres años antes de que sucediera esto, el 21 de septiembre de 1823, él experimentó una segunda visión, en la cual un ángel se le apareció:

«Me llamó por mi nombre, y me dijo que era un mensajero enviado de la presencia de Dios, y que se llamaba Moroni; que Dios tenía una obra para mí, y que entre todas las naciones, tribus y lenguas se tomaría mi nombre para bien y para mal, o sea, que se iba a hablar bien o mal de mí entre todo pueblo.

«“Dijo que se hallaba depositado un libro, escrito sobre planchas de oro, el cual daba una relación de los antiguos habitantes de este continente, así como del origen de su procedencia. También declaró que en él se encerraba la plenitud del evangelio eterno cual el Salvador lo había comunicado a los antiguos habitantes.

«“Asimismo, que junto con las planchas estaban depositadas dos piedras en aros de plata, las cuales, aseguradas a un pectoral, formaban lo que se llamaba el Urim y Tumim; que la posesión y uso de estas piedras era lo que constituía a los videntes en los días antiguos o anteriores, y que Dios las había preparado para la traducción del libro.» (Ibídem).

Este exaltado mensajero lo dirigió a una localidad al oeste, cerca de una colina, y Smith nos dice que, con gran seguridad desenterró las planchas de oro y otros objetos que estaban en una caja de piedra. Pero antes de que pudiese recogerlas, el ángel se le apareció de nuevo y le dijo que todavía no las tocara, sino que esperara exactamente cuatro años. Según lo que se cuenta, el 22 de septiembre de 1827 José regresó al punto designado y recibió del ángel el Libro de Mormón, escrito sobre las planchas en idioma “egipcio reformado”, un lenguaje desconocido para los eruditos no mormones, él las mantuvo por aproximadamente dos años, las tradujo con la milagrosa ayuda de [las piedras] “Urim y Tumim”.

La forma exacta en que utilizó estos objetos no es clara. Uno de los asociados de Smith, Martin Harris, testificó que incluso antes de asegurar las planchas, José poseía una piedra especial que mantenía dentro de su sombrero, entonces lo colocaba sobre su cara y aseguraba saber dónde se había enterrado dinero o cualquier otro tesoro. Esto, según el testigo presencial David Whitmer, era el procedimiento que utilizó cuando tradujo las planchas, las cuales ocultaba de los demás en una sala, detrás de una cortina y debajo de un mantel o almohada (Martin 1978, pp. 50-51) . La esposa de Smith, Emma, también testificó haber actuado como uno de sus escribas.

«Frecuentemente yo escribía día tras día, sentada en la mesa junto a él, con su cara metida en su sombrero que contenía la piedra, y dictándome hora tras hora.» (Ibídem, p. 50.)

Un gran número de personas supuestamente vieron las planchas de oro y dejaron sus testimonios. Harris, Whitmer y otro asistente, Oliver Cowdery, juraron en una declaración escrita y firmada que “ellos habían visto las planchas” y “los grabados que estaban sobre éstas”. En la misma declaración ellos también afirmaron su certeza de que “las planchas habían sido traducidas por el don y el poder de Dios, porque su voz lo ha declarado en nosotros”. Posteriormente, otros ocho testigos, principalmente de la familia de Smith y de Whitmer, también firmaron la declaración testificando que ellos habían visto y sostenido las planchas, “las cuales tenían apariencia de oro”.

Finalmente, cuando la traducción se completó, Smith nos dice que devolvió las planchas al ángel por petición de éste.  Cowdery luego dijo a Brigham Young, el sucesor de Smith en la presidencia de la Iglesia mormona y pionero de Utah, que él y Smith las llevaron de regreso al Monte Cumora y las depositaron bajo tierra, en una cámara o habitación llena de otras planchas (Barret 1973, p. 118). Presumiblemente, los seguidores de LSUD creen que siguen ocultas ahí hasta nuestros días.

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Nuevas revelaciones, nueva iglesia.

El Libro de Mormón fue sólo el primero de un constante flujo de nuevas “revelaciones”, las cuales fueron dictadas por José Smith durante 15 años, con un total de 135. Muchas de éstas son impresas en la actualidad en los otros dos volúmenes que los mormones reconocen, en adición a la Biblia protestante, como escritura divinamente inspirada: Doctrina y Convenios y La Perla de Gran Precio.

Un problema inicial fue asegurar la publicación del Libro de Mormón, el cual los impresores locales no consideraban precisamente como un potencial éxito en ventas. La dificultad fue superada por una nueva y conveniente revelación: Dios dijo al profeta José que Martin Harris deberá vender parte de su granja con el fin de financiar la empresa. Harris obedeció sin chistar, aportando el costo de tres mil dólares para la primera edición de cinco mil ejemplares que salieron de las imprentas en 1830. El 6 de abril del ese año, la nueva Iglesia fue formalmente establecida con 30 miembros en Fayette, Nueva York.

Sin embargo hubo mucha hostilidad por parte de la población local, pues muchos de ellos consideraban a Smith como un charlatán y un ladrón, y la naciente Iglesia, que crecía por medio de la celosa proclamación del “evangelio restaurado” fue forzada a deambular por varios estados durante el año 1830, todo esto bajo la “guía precisa” de instrucciones reveladas a través del profeta.

Los “santos” se mudaron al Condado de Jackson, Missouri, al cual José Smith reveló que llegaría a ser “Sión”, la “Nueva Jerusalén” donde Cristo podría retornar pronto a la tierra y reinar en gloria. El Condado de Jackson sería para ellos el sitio original del Jardín del Edén y donde se esperaría el regreso de las doce tribus de Israel de su largo y penoso exilio, más allá del Círculo Ártico. En Kirtland, Ohio, Smith enfrentó problemas legales por cargos que involucraban dinero, mientras que en Missouri los dirigentes de la Iglesia fueron “emplumados” y luego tuvieron que huir.

Tarred and feathered. «Emplumado»

Nota de B&T: “Tarred and feathered” (emplumado), era un tipo de castigo popular (variante del linchamiento) utilizado en Estados Unidos, donde se desnudaba hasta la cintura a la víctima (varones), se le inmovilizaba, luego se le untaba alquitrán (u otra sustancia pegajosa similar) y se le arrojaban plumas o era revolcado en el piso donde éstas estaban dispersas. Frecuentemente se le subía a un carro o a una viga y se le exhibía por todo el pueblo, la finalidad era humillarlo para que se corrigiera o abandonara la localidad. The Free Dictionary

Sin duda, conscientes del dicho que dice “nadie es profeta en su tierra”, los perseguidos mormones se movieron a través de la ribera del río Mississippi, en Illinois, donde fundaron el pueblo de Nauvoo, palabra que según Smith era el hebreo para “lugar hermoso”. Allí él reinó por algunos años, no sólo como profeta, sino también como “General” y “Juez supremo”. Su palabra, de hecho, era ley, pero después de que las poblaciones vecinas se indignaran debido a la creciente propaganda mormona y por sus prácticas, incluyendo casos registrados de poligamia, Smith y su hermano Hyrum finalmente fueron arrestados y encarcelados. Allí, en Cártago, Illinois, el 27 de junio de 1844 una muchedumbre enfurecida se abalanzó sobre la prisión y mataron a tiros de arma de fuego a los dos hermanos Smith, mientras esperaban su juicio [les llegó el Juicio]. En LSUD reverencian a su fundador como mártir, pero es dudoso que califique para esa designación en un sentido clásico, pues lejos de rendir u ofrecer su vida por causa de su fe, José Smith Jr. murió con un arma en sus manos, al mejor estilo de los tiroteos del “Viejo Oeste”.

Nota de B&T: “José…abriendo la puerta unas pulgadas descargó su revolver de seis tiros en la escalera…las cuales dos o tres fallaron…y cayó él hacia fuera a las manos de sus asesinos, exclamando ‘¡Oh Señor, mi Dios!’” —27 de junio, 1844, History of the Church (Historia de la iglesia), vol. 6, p. 618 (Traducido del inglés) [http://4mormones.org/tarjeta-sudmuertejoseph.php]

Poco tiempo después, bajo el carismático liderazgo del elegido sucesor de Smith, Brigham Young, los mormones emigraron una vez más, esta vez hacia la zona extrema occidental, donde se asentaron permanentemente en la región de Great Salt Lake y construyeron una singular comunidad político-religiosa, con frecuencia enfrentando dificultades y oposición, y con el costo de derramamiento de sangre por todos lados, debido a sus primeros enfrentamientos con el mundo “gentil”. Esa comunidad perdura hasta nuestros días con una fuerte influencia social, económica y política en el estado de Utah, con su centro en Salt Lake. Tal éxito podría en sí mismo parecer como un signo de credibilidad, pero haremos bien en examinar esta afirmación de los mormones a un nivel más profundo.

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III. Planchas doradas y piedras milagrosas, ¿revelación creíble?

Criterios de autenticidad para una revelación.

Para establecer la verdad o falsedad de una supuesta revelación de lo alto, existen varios criterios que cualquier persona prudente y razonable desearía aplicar. Es obvio que debe examinarse el contenido mismo de la supuesta revelación, y si resulta que es incoherente o contradictoria, o es irreconciliable con otras verdades que podemos sostener por nuestro propio razonamiento humano, por supuesto que no puede ser cierta. Así, examinaremos el contenido doctrinal del Mormonismo en este texto, pero si pasa esta prueba, sólo demostraría que podría ser cierta y necesitaríamos evidencia adicional antes de prudentemente aceptar que en definitiva es verdadera.

Sería poco razonable, por supuesto, ir al extremo opuesto y demandar absolutas pruebas “científicas” que nos preparen para creer, ya que eso sólo sería ir en contra de Dios mismo. Los racionalistas, quienes apoyan su escepticismo de esta manera en contra de cualquier religión revelada, olvidan que Dios podría desea respetar la libertad que nos ha dado y darnos la oportunidad de ejercitar la fe como una virtud, la virtud de la confianza a su amor y a su veracidad. Los únicos indicadores que podemos esperar de forma razonable son del tipo persuasivo: la prueba absoluta, por su misma naturaleza, sólo puede venir con el conocimiento “cara a cara” de Dios, lo cual es lo que los cristianos consideran que es el premio celestial que sigue al periodo en la tierra.

Por lo tanto, la plausibilidad intrínseca de una supuesta revelación no es suficiente. La religión es un área donde es necesario juzgar, en cierta medida, al libro por su portada, por decirlo de alguna manera, esto es, juzgar al portador de la revelación por sus credenciales de “revelador” y no sólo por el contenido de su mensaje. Sería fácil, aunque deshonesto, para un escritor católico elaborar puntos de crítica barata en contra de los mormones, al establecer la extraña teología de LSUD de un modo desdeñoso y polémico, enfatizando sólo en su rareza y la poca familiaridad de los lectores al respecto, para así inmunizarlos contra cualquier potencial simpatía que pudieran sentir por las doctrinas y prácticas ofrecidas por los jóvenes mormones que van de puerta en puerta, ya que esto sólo sería apelar al prejuicio, la clase de prejuicio que fácilmente puede ponerse en contra de los católicos por los incrédulos y paganos.

Para aquellas personas que escuchan por primera vez muchas de nuestras propias creencias de inspiración bíblica: la Trinidad, el Nacimiento Virginal, la Presencia Real, y otras, ciertamente podrían sonar tan implausibles o extravagantes como las doctrinas mormonas. El punto es que nosotros, insignificantes mortales, vivimos en un pequeño rincón de un vasto cosmos, con muy poco conocimiento directo de la última realidad, y el cual está influenciado inconscientemente por toda clase de manifestaciones culturales e influencias filosóficas, por lo que debemos ser muy precavidos y evitar la presunción de pretender saber de antemano la clase de cosas que se podrían o no revelar y asumir de forma especial que cualquier fenómeno sobrenatural (milagros, ángeles y demás) debe o puede ser desestimado sin profundizar más, considerándolo como algo increíble para el “hombre moderno”.

Como alguien quien personalmente cree sin dificultades lo que alguna vez habló Dios en el Monte Sinaí a través de las tablas de piedra, no me siento especialmente inclinado a reírme de inmediato ante la sugerencia de que sobre el Monte Cumora haya hablado de nuevo a través de planchas de oro. Después de la debida consideración, con seguridad creo en la primera y rechazo la segunda. Pero esto no es debido a que la piedra parezca mucho más creíble y obvia que el oro, como medio divino de comunicación, tampoco porque encuentre que la zona del Sinaí sea un lugar mucho más apropiado para las místicas revelaciones divinas que las colinas de Nueva York.

Tampoco, como los hermanos protestantes, es principalmente debido a que confío que mi personal interpretación de la Biblia es tan vasta y obvia como para encontrar más incompetentes las supuestas planchas de José Smith y a otras “escrituras” complementarias. En realidad, los mormones están en controversia con los protestantes y habitualmente exponen el punto de que “sólo la Biblia” es un principio, no sólo ilógico e incoherente, sino que ninguno de los 66 libros de la Biblia protestante afirma que los otros 65 libros, y no otros, son los inspirados por Dios y constituyen la única fuente de la verdad revelada, y que lleva directa e irremediablemente a las abundantes denominaciones, conflictivas entre sí, las cuales, como se dio cuenta el joven José Smith, podrían apenas reflejar el plan de Cristo para su Iglesia. Los mormones apuntan, con mucha sensibilidad, que la Biblia necesita alguna clase de clarificación permanente e infalible de la autoridad viva de la Iglesia, si es que la unidad es algo importante, y no la división, entre los cristianos.

No, la razón fundamental por la que yo acepto las tablas de Moisés y rechazo las planchas de José Smith, es que las primeras se me ofrecen con una apariencia de autoridad competente mucho mayor.  Al ver los signos de integridad del portador de la divina revelación, encuentro que la Iglesia católica, como organizadora de la comunión entre los seguidores de Jesús y que ha existido continuamente desde el primer siglo, reconociendo el liderazgo del apóstol Pedro y la línea de obispos romanos, tiene credenciales infinitamente más impresionantes que las de José Smith. Consideremos a éste último.

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José Smith, ¿profeta creíble?

En primer lugar, es claro que en su juventud Smith fue practicante de supersticiones como el ocultismo y la adivinación, lo cual siempre ha sido prohibido enfáticamente por las escrituras y la Iglesia. Ya hemos mencionado su método de “traducir” las placas doradas. En muchas culturas pre-literadas, incluyendo la de los indígenas norteamericanos, ha sido muy común la práctica de mirar a través de piedras especiales, especialmente a través de luminosos cristales de cuarzo, con el objeto de obtener un conocimiento secreto. Entre la población anglosajona menos educada del norte de Nueva York de principios del siglo XIX, se esparció notablemente esta práctica de “ver con piedras” o “adivinar con cristales” hasta ser prohibida como una forma de charlatanería. Smith negó posteriormente cualquier participación en tales actividades, pero la evidencia no puede ser ignorada. Muchos años después, Smith asumió el papel de profeta de los mormones, su desilusionado suegro, Isaac Hale, recuerda cómo en noviembre de 1825, José fue empleado por un grupo de “buscadores de tesoros”, y:

«su ocupación era la de vidente, o pretender serlo, por medio de una piedra que se colocaba en el sombrero, y a su vez colocárselo sobre la cara. De esta manera él pretendía descubrir minerales y tesoros escondidos. Su apariencia en tales ocasiones era la de un joven descuidado, sin educación, atrevido e insolente con su padre, (Martin, W.: The Maze of Mormonism, 1978. P. 34).»

Hale notó que, cuando el grupo comenzaba a excavar, sin éxito, en la zona donde Smith les había dicho que se encontraba enterrada una antigua fortuna española, les decía que “el encantamiento era tan poderoso que no podía ver bien”. Los buscadores se rindieron pronto, y Smith, quien había estado viviendo en la casa de Hale, dejó una deuda de $12.68 (ibíd.)

Hale no fue el único que testificó sobre las dudosas actividades de Smith. El 11 de diciembre de 1833, otro vecino, Willard Chase, realizó una declaración jurada ante el Juez de Paz Wayne County, contando la forma en que Smith obtuvo su “piedra buscadora”. En 1822, Smith y su hermano Alvin, ayudaron a Chase en una búsqueda, Chase encontró una piedra de aspecto extraño, y mientras la examinaba, «José la puso en su sombrero, y entonces colocó su sombrero en su rostro». Smith quiso conservar la piedra, pero Chase, quien la deseaba como curiosidad, sólo se la prestó. Mientras tuvo en préstamo la piedra, aproximadamente por dos años, José «comenzó a publicar abiertamente las maravillas que había descubierto mirando a través de ésta». Cerca de 1825, después de mucho tiempo fue devuelta, pero Hyrum, otro hermano de José, le pidió a Chase que se la prestara de nuevo, él estuvo de acuerdo en hacerlo, pero en el otoño de 1826, Hyrum, con enojo se negó a devolvérsela. Chase se la pidió una vez más en 1830, Hyrum se negó de nuevo, enseñándole su puño y diciéndole que «José la utilizaría para traducir la Biblia». (Ibíd., pp. 221-222).

José Smith de hecho fue encarcelado por “adivinar con cristales” en la Corte de Bainbridge en marzo de 1826. El registro de la corte fue impreso dos veces en el siglo XIX, pero el original, por alguna razón, no se encontraba, y esto les ofreció a los apologistas de LSUD una escapatoria: ellos negaron enfáticamente que los registros de la corte eran genuinos, admitiendo que de lo contrario esto sería un golpe fatal para la credibilidad de su profeta (e. g. Nibley 1961, p. 142). Sin embargo, el 28 de julio de 1971, un documento independiente fue descubierto, verificando la autenticidad del registro perdido de la corte: una factura de costos llenada a mano, con la letra del Juez Albert Neely, detallando las multas por una lista de casos procesados en 1826. Aquí, en medio de la lista, se encuentra el nombre de José Smith, convicto por el “delito” de “adivinación con cristales”, el 20 de marzo de 1826 (Ibíd. pp. 35-38). El libro de Martin reproduce una fotografía de este documento y ofrece otras evidencias sobre las actividades de “vidente” de Smith y su piedra en el sombrero.

Nota donde aparece el nombre de José Smith porcesado por el delito de "adivinación con cristales". AMPLIACIÓN DISPONIBLE

La consistencia de Smith es también una cuestión seria. La versión final del descubrimiento de las planchas por Smith, como ya hemos visto, es que el ángel Moroni se apareció y le informó la manera de obtenerlas. Pero dos vecinos, los hermanos Hiel y José Lewis, considerados como distinguidos cristianos y ciudadanos veraces y honorables, testificaron que en 1827, cuando él comenzó a traducir las supuestas planchas, el relato original de Smith fue que su información mística no era otra que la ofrecida por el fantasma de un español barbado, con la garganta cortada de oreja a oreja, ¡y chorreando sangre! ¡Ni una palabra sobre ángeles! (Ibíd. pp. 335-336) Incluso peor, quizás, fue lo que los hermanos Lewis recordaron respecto a junio de 1828, dos años antes de la fundación de la Iglesia mormona, cuando José Smith se aproximó a su padre, el Rev. Nathaniel Lewis, y le expresó su deseo de unirse a su denominación, la Iglesia Metodista Episcopal, sin embargo, como él era notoriamente una persona de mal carácter, los metodistas estuvieron de acuerdo en dejarlo entrar sólo si estaba de acuerdo en que se le hiciese una investigación disciplinaria y renunciaba públicamente a sus prácticas fraudulentas e hipócritas. José Lewis confirmó sus sospechas de que su petición estaba motivada principalmente por un deseo de ganar respetabilidad al declinar inmediatamente estas condiciones, y su nombre fue borrado de las listas metodistas tres días después (Ibíd. pp. 336-337). La inconsistencia evidente, por supuesto, es que según la autobiografía “divinamente inspirada” de Smith, la Perla de Gran Precio, Dios mismo ya le había dicho a Smith en la primera visión de 1820, que él no debía unirse a las “sectas” existentes, pues todas ellas eran corruptas, ¿qué asuntos, entonces, tenía al querer unirse a los metodistas?

El manejo del dinero de Smith escasamente ofrece alguna confiabilidad. G. T. Harrison, abogado activo y ex mormón, ha investigado los registros de la corte del Condado de Geauga, Ohio, y encontró trece demandas de acreedores contra Smith entre 1837 y 1839, por una suma total de veinticinco mil dólares. La mayoría de éstas resultaron por fallas de un “banco” muy dudoso que él había fundado en Kirtland en contravención de las leyes estatales de Ohio. Aunque la Iglesia LSUD ha negado subsecuentemente que a él jamás se le haya demostrado culpabilidad, los registros de la corte muestran que al menos en cinco ocasiones fue encarcelado (Martin 1979, pp. 38-39). Smith en ese tiempo ya lo seguía una larga lista de embelesados discípulos quienes constantemente le pagaban las fianzas. La respuesta del profeta a estos cargos contra su persona los puede evaluar el lector a la luz de la enseñanza de Cristo sobre la humildad y la oración por los perseguidores. En su History of the Church (6:408-409), José escribe:

«Lo que se encuentra en todas esas declaraciones juramentadas, acusaciones,  viene del Diablo… ¡todo es pura corrupción! ¡Adelante perseguidores, perjuros!  ¡Infierno, derrama tu fuego hirviente!  Volcanes, derramen su lava!  Porque, al final, yo quedaré por encima de todo.   Tengo más de qué presumir que lo que nunca tuvo hombre alguno.  Yo soy el único hombre que ha sido capaz de mantener unida a toda una Iglesia, empezando desde los días de Adán.  Una gran mayoría se ha quedado a mi lado.  Ni Pablo, ni  Juan, ni Pedro, ni Jesús lograron esto…  Yo presumo que nunca un hombre hizo un trabajo como el mío.  Los seguidores de Jesús le abandonaron pero, los Santos de los Últimos  Días nunca me han abandonado hasta ahora…» [http://www.truthnet.org/espanol/mormona/Citas-Joseph-Smith-%20Mormona.htm]

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El «Libro de Mormón», ¿divinamente inspirado?

Los orígenes del Libro de Mormón están abiertos a una mayor crítica devastadora. Uno podría pensar, por ejemplo, que si una parte de la milagrosa traducción de las planchas doradas se perdió en la etapa inicial, no hubiese sido muy difícil para un “vidente” genuino traducir de nuevo las partes perdidas, en cuanto tuviera aún las planchas y las piedras traductoras milagrosas, “Urim y Tumim”, en su posesión. Este incidente por sí solo, por lo tanto, sería suficiente para persuadir a todos, excepto a los más crédulos, de que hay algo “sospechoso” en todo este asunto.

Como el historiador mormón Barret lo cuenta, las primeras 116 páginas de la transcripción al inglés, registradas por el escriba Martin Harris directamente de la boca de Smith, se perdieron irremediablemente después de que Harris se las llevara a su casa para mostrárselas a su escéptica esposa, la Sra. Harris, quien las perdió, las destruyó o las ocultó, pues ella se negó a decir lo que les sucedió y Harris tuvo que regresar con el furioso profeta con las manos vacías. El comportamiento de Smith al enfrentar este nuevo revés es exactamente lo que podíamos esperar de un defraudador no muy discreto, quien estrepitosamente ha afirmado poseer una técnica de traducción infalible y sobrenatural, y ahora se ve en riesgo de ser exhibido por su incapacidad de reproducir la traducción original.

¿Comenzaría todo de nuevo, confiando humildemente en el poder de Dios para reivindicar la verdad de sus afirmaciones? De ninguna manera, ahora él recibe otra “revelación” de Dios, ordenándole no volver a traducir la primera parte, pues “Satanás” ha inspirado a los “ladrones” a alterar el manuscrito robado, de tal manera que si reproduce otro, una versión verdadero e idéntica a las 166 páginas, los ladrones publicarán  su versión “alterada” del original, ¡con el fin de desacreditarlo! Afortunadamente, sin embargo, resulta que puede prescindirse de la porción perdida: El Señor “revela” que es sólo un “resumen” del antiguo historiador Mormón acerca de una narración escrita hecha por el primer patriarca Nefi. Muy convenientemente, las planchas de Nefi se encuentran también en la colección de José, ¡así que las traduce en su lugar! (Barret 1973, 99. 84-87). Si Smith hubiese sido sincero como para afirmar su habilidad de producir otra traducción idéntica del “resumen de Mormón”, él no hubiese temido hacerlo. Para que sus enemigos hubiesen tenido éxito en desacreditarlo, obviamente hubiesen necesitado producir las 116 páginas para su inspección pública, o alterarlas por medio de habilidades fuera de lo común para engañar a los examinadores, quienes buscarían el menor indicio de enmendaduras, borrados, disolución de tinta o diferencias en la caligrafía, ¡una tarea poco menos que imposible!

Quizás la evidencia más indiscutible para el carácter fraudulento del Libro de Mormón es la que salió a la luz recientemente, a mediados de la década de los setenta del siglo XX, a través de la investigación de tres jóvenes estadounidenses: Wayne Cowdrey, Howard Davis y Donald Scales.

Desde fechas muy tempranas, los familiares y conocidos del ministro retirado congregacionalista, el Rev. Solomon Spalding, quien falleció en 1816, se habían quejado a viva voz en contra de los mormones, ya que su “Biblia”, esto es, el Libro de Mormón, en realidad era una versión plagiada de una novela sin publicar de título Manuscript Found (Manuscrito encontrado), la cual había sido escrita por el clérigo y había circulado en ese tiempo entre sus amigos. Se tomaron varias declaraciones juradas con el fin de denunciarlos, pero su publicación y propagación fue esporádica y pobremente organizada, mientras que la Iglesia de LSUD lanzó una campaña masiva de contraataque que capitalizó en el hecho de que el borrador original de Manuscript Found no se reprodujera para verificar los testimonios. Naturalmente, los mormones clamaron que todo esto eran actos maliciosos, falsedades inspiradas por Satanás, y todo lo que quedó fue una novela anterior de Spalding titulada Manuscript Story (Relato o trama de un manuscrito), la cual muestra muchas similitudes en estilo con el Libro de Mormón, pero también marcadas diferencias. Eventualmente, la mayoría de los críticos antimormones dejaron de apelar a la teoría Spalding para explicar el origen del Libro de Mormón, ya que la evidencia disponible parecía muy débil y sin sustancia.

Sin embargo, Cowdrey, Davis y Scales reunieron una larga lista de piezas que conectan a Smith y a Spalding. El vínculo más sólido de esta cadena fue un evangelista itinerante llamado Sidney Rigdon, quien tenía un amigo cercano que trabajaba en una imprenta en Pittsburg, de donde desapareció el segundo manuscrito de Spalding, un tal Dr. Winter posteriormente afirmó que Rigdon  le había mostrado el manuscrito en 1822. Rigdon eventualmente fue bautizado dentro de la Iglesia mormona, en noviembre de 1830, y siempre afirmó que nunca había oído hablar de Smith o del Mormonismo, hasta finales de ese año. Sin embargo, Cowdery y los demás han encontrado al menos el testimonio de diez personas quienes afirmaron que habían visto a Smith y a Rigdon reunidos muchas veces a partir de 1827, el periodo cuando Smith estaba preparando el Libro de Mormón.

El clímax vino en 1976 cuando Cowdrey y sus amigos se encontraban examinando algunos viejos manuscritos en una biblioteca de la Iglesia de LSUD. Ellos encontraron algunas páginas manuscritas del Libro de Mormón que nadie había sido capaz de identificar, sin embargo, los investigadores las habían comparado con algunas muestras indiscutibles de la caligrafía de Spalding, del Oberlin College, en Ohio, incluyendo un escrito de enero de 1811 que llevaba su firma. Y aquí, entre los silenciosos y aburridos alrededores de papel y estantes de libros, emergió la sorprendente verdad a partir de unos manuscritos aparentemente inofensivos y añejados, con el potencial de quebrar de una vez por todas, el mito de José Smith, el “santo” y el “profeta”, el gran mito histórico estadounidense por el cual hombres han muerto y vivido, sufrido y matado, un mito que ha encabezado parte del “viejo oeste”, que ha construido el estado de Utah, y ahora rige los corazones, vidas y fortunas de millones alrededor del mundo. En este extracto del Libro de Mormón (supuestamente “traducido” de las “planchas doradas” en 1828), ¡se encontraba la caligrafía de Solomon Spalding (muerto en 1816)! Los jóvenes se habían tropezado con una parte del manuscrito perdido de la segunda novela de Spalding, lo cual era evidencia abrumadora del plagio y engaño de Smith, el cual, ¡irónicamente había sido preservado por los despreocupados mormones!

Ellos procedieron a escribir un libro detallando los resultados de su investigación: Who Really Wrote the Book of Mormon? (¿Quién escribió realmente el Libro de Mormón?) Santa Ana, Vision House Publishers, 1977. La Iglesia de LSUD tan sólo se ha limitado a negar esta identificación y ha prohibido cualquier análisis posterior al manuscrito, pero los detallados testimonios de dos expertos peritos calígrafos independientes, William Kaye y Henry Silver, fueron reproducidos allí con fotografías para qué todos las vieran: «se ha dictaminado, de forma profesional, que los incuestionables documentos de Spalding y el fragmento del supuesto Libro de Mormón pertenecen definitivamente a la misma mano.» (Martin, 1978, pp. 62-64).

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El “Libro de Abrahán”.

Como si esto no fuese suficiente indicación del verdadero carácter de José Smith, ha salido más evidencia a la luz en años recientes, respecto al llamado Libro de Abrahán. Esta es otra “traducción” producida por Smith y se incluye en el volumen Perla de Gran Precio considerado escritura mormona inspirada.

En 1835, Smith adquirió algunos antiguos papiros egipcios, y con la ayuda de Oliver Cowdery y (supuestamente) las milagrosas “Urim y Tumim”, el “tradujo” los documentos, realizando el asombroso anuncio que estos documentos eran ni más ni menos del patriarca Abrahán, escritos en su mayor parte ¡hace cuatro mil años!

Los papiros se perdieron por aproximadamente un siglo, pero salieron a la luz de nuevo en 1967, en el Museo Metropolitano de Nueva York. Identificados sin duda como los que había utilizado José Smith, fueron aceptados con entusiasmo por la Iglesia de LSUD en Utah, como una oportunidad de oro para reivindicar la inspiración divina de su profeta. El único egiptólogo bien calificado de la Iglesia mormona era el profesor Dee Jay Nelson, a quien se le pidió traducir el papiro al inglés, él lo hizo, y en los años posteriores otros eminentes egiptólogos verificaron que su traducción fuese precisa. Sin embargo, eventualmente él y su familia abandonaron la Iglesia mormona en 1975, una decisión que debió haber sido verdaderamente dolorosa para estos ex devotos de José Smith. ¿Por qué se derrumbó la fe de Nelson en el “profeta”? Simplemente porque él y los otros expertos verificaron de forma concluyente que el llamado Libro de Abrahán es un texto funeral egipcio pagano ordinario, que data aproximadamente entre el 200 a. C. y 100 AD, al menos mil quinientos años después del tiempo de Abrahán. Su contenido no tiene nada que ver con el patriarca bíblico ni tampoco con la “traducción” inglesa de Smith, publicada como “Palabra de Dios” en Perla de Gran Precio. Desde entonces, los líderes de la Iglesia de LSUD han guardado tanto silencio como les es posible, acerca de este asunto, sin duda rezando para que eventualmente ocurra algún “milagro” que reivindique de forma inimaginable la veracidad de su fundador. La documentación completa sobre este asunto, incluyendo reproducciones de correspondencia relevante, puede encontrarse en Martin 1978, pp. 150-170.

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Los testigos de las “Planchas Doradas”.

La evidencia contra la credibilidad de José Smith en la actualidad es tan apabullante que la corroboración de sus testimonios, incluso por personas que gozaban de crédito, difícilmente podrían restaurar cualquier confianza en sus “revelaciones”. Y los asociados de Smith difícilmente caerían en esta categoría, incluso para el criterio mormón. Los testigos principales, Oliver Cowdery, Martin Harris y David Whitmer, siempre se apegaron a su relato de haber visto las planchas en la presencia de un ángel, pero los tres, tiempo después, abandonaron la Iglesia de LSUD.

Para un hombre que presuntamente creía en Smith como profeta de Dios, Cowdery mostró una extraña falta de fe en su líder. El historiador mormón Ivan Barret relata la forma en que fue excomulgado en 1838 debido a, entre otras cosas, intentar “destruir el carácter presidencial de José Smith”, por vender sus propias tierras desafiando una de las revelaciones de Smith y por deshonrar a la Iglesia mormona con sus prácticas deshonestas en los negocios (Barret 1973, p. 370). David Whitmer también fue acusado por el consejo de la Iglesia mormona por difamar a Smith y decir que era negligente en sus tareas oficiales con la Iglesia, y por desobedecer la Palabra de Sabiduría, otra de las revelaciones de Smith que prohibían el uso del tabaco, el alcohol y las bebidas calientes (café, té). Harris luce como un hombre crédulo, en otras ocasiones solemnemente reportó que había visto y hablado con Jesús, quien tomó la forma de un venado, así como de haber visto al demonio, quien se asemejó a “un asno con pelaje corto y liso, como de ratón” (Brodie 1946, p. 81). Aunque juró haber visto las planchas doradas, Harris admitió después, bajo intenso interrogatorio, que él sólo las vio “mediante los ojos de la fe”, lo que sea que esto signifique. “No las vi como ahora veo este lápiz”, dijo, “sino que las vi de forma distinta a todo lo que me rodea, aunque en ese tiempo estaban cubiertas con una tela” (Whalen 1967, p. 32). Finalmente, de ocho testigos más quienes dijeron haber visto y tocado las planchas, pero sin ángeles, en junio de 1829, tres abandonaron después la Iglesia mormona de LSUD (Barret 1973, pp. 110-111).

¿Qué podemos concluir acerca de la confiabilidad de los hombres de cuyos testimonios acerca de las planchas y ángeles, piedras maravillosas y arcos de plata, depende por completo la religión mormona? Los detalles exactos probablemente nunca se conozcan, pero es claro que José Smith ciertamente fue deshonesto y probablemente supersticioso. El manuscrito Spalding, su complicidad con Sydney Rigdon y posiblemente con otros; la posible fabricación de “planchas” falsas para darle crédito a su historia; el interés supersticioso de Smith en la “adivinación con cristales”, lo cual pudo haber constituido una creencia parcial genuina de que él poseía una clave secreta de conocimiento; y los innumerables analfabetas que tenía como asociados, con vidas no muy santas, ahora aparecen como los grandes ingredientes de la receta original del Mormonismo.

Algunos católicos son conscientes de la dimensión satánica de la realidad y la extensión de la evidencia bien documentada de los fenómenos preternaturales que algunas veces ocurren junto a los movimientos ocultistas. Ellos no necesitarían insistir para que toda esa fenomenología deba necesariamente ser explicada en términos “naturales”. La escrituras predicen la llegada de falsos profetas con engañosos “signos y maravillas”, y testificarán mediante la habilidad de Satanás para disfrazarse como “ángel de luz” (2Cor. XI). Si existieran ahí algunos fenómenos extraordinarios, visiones, voces, escritura automática o lo que sea, ayudaría a explicar el rápido crecimiento temprano de la Iglesia mormona. Tales fenómenos, junto con el éxito del movimiento y la adulación de las siempre crecientes masas de conversos, bien podrían haber llevado a Smith a creer cada vez más en su propia misión divina, a pesar de su duplicidad [y contradicción]. Tal auto engaño parece ser común a los fenómenos sicológicos entre los líderes de culto.

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IV. La teología mormona.

Argumenté antes que las credenciales de un mensajero de Dios sui generis podrían, con frecuencia, ser un factor decisivo al decidir si debemos o no creer en él, con independencia de las doctrinas que nos pide que creamos. He puesto al alcance del lector imparcial, de cualquier religión o de ninguna, sólida evidencia respecto a las credenciales y el carácter de los “padres fundadores” del Mormonismo, las cuales deberían convencernos que sería extremadamente imprudente aceptar cualquier cosa que nos propongan, y especialmente los dichos de José Smith. En pocas palabras, no le compraría una religión de segunda mano a este hombre, muchos menos una nueva y reluciente, incluso si fuese el caso que la ofreciese con consistencias internas y teología muy plausible, o quizás presentada a través de ciertos versículos bíblicos que parecerían apoyar sus distintivas doctrinas.

El que el evangelio de la Iglesia mormona de LSUD sea realmente consistente y apele a los lectores, a continuación lo podremos juzgar por nosotros mismos y podremos expresar una conclusión a partir de nuestra pequeña investigación sobre los mormones y su Iglesia, al considerar brevemente las principales características de su credo y la forma en que difiere de la enseñanza católica.

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El mensaje del “Libro de Mormón”.

La nueva biblia de Smith nos cuenta la forma en que antiguos pueblos del cercano Oriente emigraron a las tierras del actual Estados Unidos de América y fueron visitados por Jesucristo después de su resurrección. Ellos creen ser el verdadero pueblo de Dios, sin embargo, la civilización, las grandes ciudades, los avances tecnológicos en metalurgia y agricultura que se le atribuyen a los “Nefitas”, “Jareditas” y otros supuestos pueblos antiguos americanos son bastante incompatibles con los que los arqueólogos han descubierto. Esto contrasta diametralmente con lo que se puede encontrar en las excavaciones del cercano Oriente, encontradas con abundancia y donde se puede corroborar la antigüedad genuina de las narraciones de la Biblia.

También es imposible dejar de sorprendernos con un libro que supuestamente fue milagrosamente traducido, palabra por palabra, y que ha sufrido más de dos mil cambios en su texto, entre la edición original y la que se utilizan en la actualidad (Whalen 1967, p. 49) . En 1Nefi 11:21, por ejemplo, la edición original dice que el “Cordero de Dios” es el “Padre eterno”, mientras que el mismo versículo de la versión actual iguala el “Cordero de Dios” con “el Hijo del Padre Eterno”. Existen muchos anacronismos en el Libro de Mormón y grandes porciones de éste, aproximadamente veintisiete mil palabras son referencias directas de la Biblia en su versión inglesa King James de 1611. Estas referencias perpetúan algunos errores de traducción de esa versión, como en el uso de la palabra inglesa “torn” en lugar de “refuse” o “offal” como traducción del término hebreo suchah en Isaías V, 25. En algunos lugares encontramos narraciones realmente asombrosas: en Éter 15:31 leemos que un caballero llamado Shiz “se esfuerza por alcanzar aliento” ¡después de que su cabeza ha sido cortada y finalmente muere! Críticas más extensas del Libro de Mormón pueden encontrarse en Whalen 1967, pp. 40-50, y Martin 1978, pp. 47-59.

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Dios y la creación.

Se sostiene [en apariencia] el primer artículo del credo cristiano, en común con las grandes religiones monoteístas: Dios es Uno, es infinito, Espíritu autosubsistente, el Todopoderoso “Creador del Cielo y la Tierra”. Todos los seres limitados y finitos dependen absolutamente de Él para su existencia.

La doctrina mormona de LSUD, sin embargo, niega esta premisa fundamental teísta. El libro “inspirado” de Doctrina y Convenios (DC) 93:33 afirma que los “elementos son eternos” e indestructibles. Las cosas que vemos no fueron creadas de la nada, sino sólo “ordenados” u “organizados” a partir de materia preexistente  (Dc 20:17), la visión mormona del mundo es de hecho muy materialista, ya que comente el error de asumir que si algo es real, debemos ser capaces de realizar un cuadro o imagen mental de ello. Esto no deja lugar para los verdaderos seres espirituales, la “revelación” mormona afirma que «Todo espíritu es materia, pero es más refinado o puro, y sólo los ojos más puros pueden discernirlo» (DC 131:7).

Para los mormones, Dios es esencialmente un ser material sujeto al tiempo y el espacio, quien sólo es parcialmente responsable de nuestra existencia. Desde el punto de vista católico, esto lo reduce a un ídolo, sin mérito para la alabanza y adoración de la humanidad. Aunque a veces dicen que es “inmutable” en algún sentido (e. g. DC 20:17), en realidad ellos creen que Dios puede ser capaz de “crecer” o “madurar”. De hecho, se cree que Dios alguna vez fue una figura de naturaleza menor, como nosotros, y ahora ha tomado un cuerpo celestial: «El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre» (DC 130:22). Y ya que la Biblia nos dice que Dios hizo al hombre “a su propia imagen” (Gen. I, 26-7), los mormones de LSUD concluyen que él debe compartir nuestra naturaleza, si tal razonamiento fuese válido, entonces la “imagen” que veo en el espejo debe también ser tridimensional, compuesta de “carne y hueso”. El “profeta” José Smith proclamó:

«Dios mismo fue una vez como somos nosotros, él es un hombre exaltado, ¡y se sienta allá en su trono de los cielos! Les voy a decir cómo es que Dios llegó a ser Dios, hemos imaginado y supuesto que Dios fue Dios por toda la eternidad, yo refutaré esa idea y quitaré el velo… si, Dios mismo, el Padre de todos nosotros, habitó en la tierra, el mismo Jesucristo lo hizo» (History of the Church 6:305-306).

Brigham Young, quien como todos los sucesores de Smith son presidentes, profetas, videntes y reveladores en la Iglesia mormona de LSUD, y se supone que gozan de infalibilidad, declaró en muchas ocasiones, como “revelación”, que la tierra donde Dios vivió alguna vez, de hecho fue esta tierra, y que con Adán fue una sola y la misma persona. Los mormones modernos, sin embargo, no aceptan en general esto, y tratan de argumentar que Young no hablaba ex cathedra, por decirlo de alguna manera, sin plena autoridad.

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Los “dioses” y los hombres, esencialmente lo mismo.

Aunque los mormones hablan comúnmente acerca de “Dios” de una manera que podría fácilmente dar la impresión del único Ser de la ortodoxia cristiana, ellos en realidad creen en la existencia de muchos “Dioses” que gobiernan los innumerables mundos dispersos en el universo. El que uno u otro sea mayor o tenga supremacía sobre el resto parece algo muy oscuro, en cualquier caso, ellos dicen que hay que adorar a nuestro “Padre Celestial”, el Dios de este mundo, quien lo “organizó” en su presente condición. Smith afirmó que «los dirigentes de los Dioses (sic), designaron un Dios para nosotros» (History of the Church 6:475). Así, por propia admisión, los mormones le rinden culto a un ser quien no es necesariamente el Ser Supremo, sino sólo nuestra deidad local. Para los católicos, esta clase de culto sería idólatra.

Fundamentados en ciertos textos bíblicos que hablan de varios “dioses”, entendido esto por los católicos como la referencia a falsos dioses o seres espirituales bajos, el evangelio politeísta de los mormones de LSUD proclama toda una raza o “especies” de seres divinos, de los cuales el “Padre Celestial” sólo es un miembro. Incapaces de elaborar una idea clara en sus mentes del misterio cristiano de las tres Personas en un solo Dios, los mormones rechazan esta doctrina y reinterpretan a la Trinidad de tal manera que postulan tres miembros separados de especies divinas, quienes resultan de particular importancia para nosotros en la tierra. José Smith declaró:

«Predicaré sobre la pluralidad de Dioses… Siempre he declarado que Dios es un personaje distinto, Jesucristo es un personaje separado y distinto de Dios Padre, y el Espíritu Santo fue un personaje distinto y un Espíritu: y éstos tres constituyen tres distintos personajes y tres Dioses.» (History of the Church 6:474).

Nuestro Padre en el Cielo está casado con al menos una deidad femenina, y juntos procrearon a los miles de millones de seres humanos, como “hijos espíritus”, todos nosotros, se nos dice, hemos vivido como espíritus en el cielo antes de entrar a un cuerpo aquí en la tierra. Los devotos “santos de los últimos días” cantan un himno escrito por una de las esposas de Smith, Eliza Snow:

«¿Hay en los cielos padres solteros? ¡No, este pensamiento me hace ver la razón! La verdad es razón y la verdad eterna me dice que yo tengo una madre ahí»

Algunos de estos hijos espíritus se rebelaron y vino el Diablo y sus ángeles. Su castigo es que se les niega eternamente la oportunidad del progreso eterno. Si aceptamos el evangelio mormón y vivimos de forma virtuosa, no sólo nos levantaremos de nuevo de forma física, junto con la humanidad, sino que nos mantendremos en desarrollo hasta llegar a ser Dioses nosotros mismos. De lo contrario, sólo alcanzaremos un “reino” inferior en la vida futura. El Cielo para ellos consiste en una jerarquía de tres “reinos”: “celestial”, “terrestre” y “telestial”, pocos, si es que algunos son suficientemente malos, se unirán a los demonios del Infierno, o la “Segunda Muerte”.

La esencia del evangelio mormón es resumida claramente por el teólogo mormón contemporáneo Glenn L. Pearson:

«La verdad que hemos encontrado sobre los dioses, ángeles, demonios y hombres es un parentesco común. Ellos son lo mismo en apariencia física y en potencialidad original. Los dioses son aquellos miembros de la raza divina quienes han alcanzado el nivel que podemos llamar maduración perfecta, o la realización del máximo potencial.» (Pearson 1961, p. 24).

Aún más sucinto ha sido el resumen otro líder mormón, Lorenzo Snow, en su aforismo ampliamente citado: «Como el hombre es, Dios fue alguna vez, como Dios es, el hombre podría ser». Los católicos, por otro lado, creen que por la gracia seremos transformados en “imágenes” más perfectas de Dios, en el Cuerpo Místico de Cristo, y viviremos por siempre en su presencia directa. La sugestión que cualquier humano podría eventualmente alzarse e igualarse a su Creador sería absurda y blasfema.

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La idea mormona de Cristo.

¿Cómo se percibe a Jesucristo dentro del esquema teológico mormón de LSUD? En común con la ortodoxia cristiana, los mormones [aparentemente] creen que Cristo, por medio de su sufrimiento, muerte y resurrección es nuestro Salvador y fue posible nuestra “exaltación”. Sin embargo, por “exaltación” ellos quieren decir, por supuesto, la noción no-cristiana de llegar a igualarse a Dios. Y ya que los mormones creen que los hombres, al igual que Jesús, fueron engendrados de una forma muy literal dentro del espíritu del mundo por medio de dos padres celestiales, surge una dificultad para ellos. Un texto catequético mormón reciente, comenta, ilustra profusamente y trata esta tema bajo el título Jenny’s Question (La pregunta de Jenny):

«La familia Markham se dirigía a su casa después de haber ido a la escuela dominical. El hermano Markham preguntó a cada uno de sus hijos acerca de lo que habían aprendido ese día… Cuando llegó el turno de Jenny para contar lo que había aprendido, dijo “papi, estoy confundida, la maestra habló acerca de que  Jesús era el único Hijo de Dios, pensé que todos éramos hijos de Dios”.»

La lección tiene la intención de sugerir que la pregunta de Jenny ha sido bien contestada por un “profeta moderno”, por José Fielding Smith, presidente de la Iglesia de LSUD a principios del siglo XX:

«Deseo que los pequeños escuchen lo que les voy a decir… Se nos dice en las escrituras que Jesucristo es el único Hijo de Dios engendrado en la carne. Bueno, como saben los mayores, ¿cómo es que los hijos son engendrados? Yo digo que de la misma manera en que Jesucristo fue engendrado por su padre. La diferencia entre Jesucristo y los demás hombres es esta: Nuestros padres de carne son hombres mortales, quienes están sujetos a la muerte, pero el Padre de Jesucristo en la carne es el Padre del Cielo… María, la joven virgen, quien nunca conoció hombre mortal, fue su madre. Dios, por medio de ella engendró a su hijo Jesucristo, y el nació en el mundo con el poder e inteligencia de Su Padre.» (Family Home Eveningk, 1972, pp. 125-126).

Brigham Young enfáticamente negó que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo (Journal of Discourses 1:511), la doctrina mormona en realidad constituye una negación de la concepción virginal de Jesús, como podemos observar arriba, refiriéndose a que “los mayores” saben cómo son engendrados los niños, y se nos dice que esta es la forma en que Jesús también fue engendrado. Dios mismo, un Dios de “carne y huesos” es el padre de Jesús “en la carne”, y no un hombre “mortal”. En lenguaje llano, Dios Padre [carnal] se apareció en Nazaret y copuló con María, tal fue el “milagro” de la concepción de Jesús en la teología mormona.

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Matrimonio, polígamo y eterno.

La ortodoxia cristiana cree que la unión de un hombre y una mujer, tiene la misma duración que su vida terrestre (hasta que la muerte los separe) y que este es el plan original y verdadero de Dios para la familia, aunque la poligamia, es decir, tener más de una esposa, fue tolerada por un tiempo entre los antiguos hebreos. El Libro de Mormón se opone severamente a la poligamia, declarando que los múltiples matrimonios de David y Salomón fueron “abominables” ante el Señor, quien explícitamente mandó a su pueblo practicar la monogamia (Jacob 2:24,27).

Sin embargo, esto no desanimó a Smith para tener en forma repetida, un interés en otras mujeres, además de su esposa Emma, quien fue muy infeliz por este comportamiento de su esposo. Eventualmente, el 12 de julio de 1843, Smith recibió el sello divino de aprobación en la forma de una nueva revelación que tuvo el efecto de que la poligamia ahora era mandada por el Señor:

«Y debe mi esclava, Emma Smith, recibir a aquellas quienes les han sido dadas a mi siervo José, y quienes son virtuosas y puras ante mí.»

Este “nuevo pacto eterno” debía ser practicado por todos los mormones, y tan lejos como les fuese posible, bajo pena de condenación eterna. (DC 52:132)

El “pacto” era ciertamente “nuevo”, pero no duraría mucho. Durante las siguientes décadas, líderes como Smith, Young y Herber C. Kimball tomaron docenas de esposas cada uno, pero no había suficientes mujeres disponibles para la mayoría de los varones mormones de LSUD para tomar a más de una mujer, dos o tres por lo mucho. Por fin, cuando el gobierno estadounidense los amenazó con confiscarles sus propiedades y negar la situación de estado a Utah, desapareció la amenaza de condenación eterna por negarse a practicar la poligamia, el presidente Wilford Woodruff, en un Manifiesto del 24 de septiembre de 1890, instruía a los mormones “de abstenerse a contraer matrimonio violando las disposiciones de la nación”.

La monogamia, sin embargo, es considerada todavía como un mal tolerado, por causa de las injustas leyes civiles. La poligamia todavía es vista como una norma en teoría vigente, y los mormones creen que la practicarán en su próxima vida. Los fundamentalistas mormones de LSUD la practican discretamente en los recovecos de Utah. La opinión teológica mormona respetada conjetura que Jesús mismo casó con María Magdalena, Martha y posiblemente con otras, y naturalmente se apareció primero a sus “amadas esposas” después de su resurrección (Whalen 1967, p. 123).

Jesús enseñó que no existe el matrimonio en el cielo (Mt. XXII, 30), pero los mormones “sellan” sus matrimonios para la eternidad, donde ellos creen que seguirán procreando más y más “espíritus hijos” por siempre, con el fin de poblar a más y más mundos. Por supuesto, ellos creen que este “matrimonio celestial” es esencial con el fin de alcanzar el “reino celestial”, el nivel supremo de gloria celestial. Las mujeres pueden entrar sólo por virtud del sacerdocio de sus esposos, existe una compleja jerarquía mormona, presidida por un consejo de doce “apóstoles”: virtualmente, todos los varones de LSUD son sacerdotes de un rango o de otro, ya sean “aaronicos” o de “melquisedec”.

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Teología racista.

Desde el punto de vista cristiano, uno de los temas más ofensivos del Mormonismo es su teología racista. Hasta 1978, la Iglesia LSUD enseñaba la siguiente doctrina tal como era expresada en un reciente texto teológico de uso común:

«A los negros se les niega en esta vida el sacerdocio, bajo ninguna circunstancia pueden ellos ejercer este cargo de autoridad ante el Todopoderoso. El mensaje de salvación del evangelio no está dirigido afirmativamente hacia ellos… Los negros no son iguales a las otras razas donde ciertas bendiciones espirituales son recibidas» (McConkie 1966, p. 527).

Aunque no se organizaron misiones para convertir a las poblaciones de negros, ellos fueron aceptados dentro de la Iglesia mormona como miembros no ordenados, si ellos accedían a entrar por propia voluntad. Según el libro “inspirado” del Libro de Abrahán, cuya credibilidad ya hemos discutido antes, aquellos que descendían de Canaan a través de Ham hasta Caín: el “profeta” Brigham Young declaró que la “marca de Caín”, divinamente impuesta sobre él, había sido su castigo por asesinar a Abel, y consistía en la “nariz chata y la piel oscura” (Journal of Discourses 7:290). Sin embargo, se pensó que los negros en general habían sido colocados en cuerpos negros aquí en la tierra debido a sus propios delitos menores en el mundo espiritual, ellos fueron “colegas viajeros” de Lucifer y de otros ángeles rebeldes. En las palabras de Mark. E. Petersen, cuando se dirigía a maestros de religión durante la convención en la Universidad Brigham Young del 27 de agosto de 1954:

«Consideren a los negros, maldecidos para el sacerdocio… quienes en su preexistencia vivieron el tipo de vida que justificó al Señor para enviarlos a la tierra bajo el linaje de Caín, con piel oscura, y posiblemente naciendo en la África negra, si ese negro desea aceptar el evangelio cuando lo escucha, él puede obtener muchas de las bendiciones del evangelio… si ese negro es fiel todos sus días, él puede y entrará al reino celestial, él irá como sirviente, pero obtendrá la gloria celestial.»

Según Brigham Young, fue un “decreto de Dios” el que a los descendientes de Caín deba eventualmente dárseles el sacerdocio, cuando la “marca” (i. e. la piel oscura) se les quite, y esto sólo ocurrirá cuando “la semilla de Abel sea redimida” (Martin 1978, p. 185). Y ya que los negros siguen siendo negros, es claro que las condiciones anticipadas por este “decreto de Dios” no se han manifestado.  Sin embargo, el 9 de junio de 1978, al enfrentar una presión y afrentas cada vez mayores del movimiento civil de derechos humanos, y con el cada vez más rápido incremento de conversos negros al Mormonismo en Brasil, el profeta en turno, vidente y revelador, el presidente Spencer W, Kimball, recibió una revelación contradictoria de Dios, afirmando que el “día largamente prometido” de hecho ya había llegado: la raza, por lo tanto, no debía ser en adelante un factor de barrera para el sacerdocio mormón o para cualquier otro privilegio en la Iglesia mormona de LSUD. Esto debía ahora añadirse a las escrituras mormonas, en las ediciones futuras de Perla de Gran Precio.

Otra profecía racista de Brigham Young, sin embargo, aún está vigente en una forma más atenuada. Young arremetió contra el matrimonio entre blancos y negros, declarando que  «el castigo, bajo la ley de Dios, será la muerte en el acto, sin excepción» (Journal of Discourses 10:110). El presidente José F. Smith, en una carta del 9 de mayo de 1966, aún afirmaba que “sería un grave error para una persona blanca el casarse con un negro, ya que el Señor lo prohíbe”. E incluso después de una nueva revelación de 1978, el apóstol Le Grand Richards dijo en una entrevista que este tipo de matrimonios no han sido aprobados, y que la posición de la Iglesia mormona es todavía que “las personas deberían vivir dentro de sus propias razas” (martin 1978, p. 192).

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V. Enfrentando los hechos.

Hemos argumentado en este texto que, aunque no es razonable demandar pruebas absolutas en esta vida para demostrar la validez de la fe religiosa, debe ser posible defender la fe racionalmente, fundamentándose en evidencia firme y objetiva. Desde el punto de vista católico, la fe mormona no pasa esta prueba, por ejemplo, no tiene caso alguno el que alguna persona honesta y racional, se mantenga confiando en la “inspiración divina” de José Smith y su Libro de Abrahán, después de que Dee Jay Nelson y otros egiptólogos han expuesto su fraudulencia, simplemente porque “sienten un fuego abrasador en el pecho” cuando leen ese libro. Esta urgente petición fue realizada por un “elder” mormón al Prof. Nelson, rogándole que regresara a la Iglesia mormona de LSUD (Martin 1978, p. 161).

El catolicismo no necesita depender para su credibilidad sólo de experiencias interiores subjetivas, no importa cuán reconfortantes o edificantes nos parezcan. Tiene sentido el explicar la existencia de los seres innumerables, limitados y mutables del universo apelando al teísmo tradicional y la creencia en un sólo Dios creador. No tiene sentido el “explicar” esto, como el Mormonismo lo hace, postulando una multiplicidad de “Dioses” finitos, básicamente con la misma naturaleza que nosotros, y cuya existencia clama por una explicación, tal y como la nuestra lo hace.

Tiene sentido creer que si el Hijo de Dios mismo organizó el núcleo de una comunidad, la cual supuestamente portaría esta enseñanza a perpetuidad, entonces Él asistiría a esta comunidad para que siempre se mantuviese fiel, y como en realidad lo prometió (Mt. XVI, 18). No tiene sentido sostener que mientras la Iglesia original de Cristo no sólo fue falible sino que de hecho se volvió totalmente corrupta y apóstata por quince siglos o más, a pesar de la promesa de lo contrario, una Iglesia de nuevo cuño, “restaurada” por un “profeta” manifiestamente deshonesto, merece la confianza como intérprete infalible de la revelación original, especialmente cuando sus nuevas “revelaciones” algunas veces se contradicen entre sí.

Tiene sentido creer que la constante corriente de milagros, jamás vista, durante dos milenios, y con frecuencia en asociación con hombres y mujeres de gran santidad, piénsese en Lourdes, Fátima, o la inexplicable imagen de Guadalupe, o las docenas de maravillosos cuerpos incorruptos de santos, es un indicador de la autenticidad de la Iglesia católica. No tiene sentido ignorar todo esto y gratuitamente etiquetar a todos estos santos como hipócritas quienes adoraban a Dios “sólo con los labios”, para favorecer unas cuantas “visiones” y otros fenómenos inusuales, reportados de vez en cuando, y en lugares limitados, por personas que en su mayor parte no se comprueba ni su consistencia ni su santidad.

Los mormones de LSUD generalmente  son gente buena y devota, y muchos católicos harían bien en emular su celo y espíritu de sacrificio, su preocupación por construir comunidades cristianas de amor cristiano, y en su aproximación positiva hacia los valores familiares y la santidad de vida. No obstante, su “evangelio” es una triste parodia del Evangelio de Cristo, si este texto puede ayudar a algunos católicos a ser más conscientes de esto, entonces cumplirá su propósito y quizás puedan ayudar también a algunos mormones a encontrar el doloroso camino de regreso, aunque gozoso también, hacia la verdadera casa de los seguidores de Jesús.

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Referencias.

Publicaciones mormonas:

  • The Book of Mormon. Salt Lake City, Utah, 1978.
  • Doctrine and Covenants. Salt Lake City, Utah, 1976.
  • Pearl of Great Price. Salt Lake City, Utah, 1978.
  • (These three, together with the Bible, constitute the ‘standard works’ of the LDS Church. They are regarded as inspired scripture.)
  • Barrett, Ivan J. Joseph Smith and the Restoration: A History of the Church to 1846. Brigham Young University Press, 1973.
  • Family Home Evening: No. 1 – Personal Commitment. Salt Lake City, 1972.
  • McConkie, Bruce R. Mormon Doctrine. Bookcraft, Salt Lake City, 1966.
  • Nibley, Hugh. The Myth Makers. Bookcraft, Salt Lake City, 1961.
  • Salt Lake City, 1973, The Message of the Joseph Smith Papyri. Deseret Book Co.
  • Pearson, Glenn L. Know Your Religion. Bookcraft, Salt Lake City, 1961.
  • Petersen, Mark E. Race Problems, As They Affect the Church. Address at the Convention of Teachers of Religion on the College Level. Brigham Young University, 1954.
  • Roberts, B. H. The Mormon Doctrine of Deity. Salt Lake City, 1915.
  • Smith, Joseph, Jr. History of the Church of Jesus Christ of Latter-Day Saints. Vols. 1-7. Deseret Book Co. Salt Lake City, 1976.

Otras publicaciones:

  • Brodie, Fawn M. No Man Knows My History. Alfred A. Knopf, New York, 1946.
  • Burrell, Maurice C. & Wright, J. Stafford. Some Modern Faiths. Inter-Varsity Press, 1973.
  • Cowdrey, Wayne, Davis, Howard A., & Scales, Donald R. Who Really Wrote the Book of Mormon? Vision House Publishers, Santa Ana, 1977.
  • Marquardt, H. M. The Book of Abraham Papyrus Found. Modern Microfilm Co., 1975.
  • Martin, Walter. The Maze of Mormonism (revised and enlarged edition.) Vision House Publisher, Santa Ana, California, 1978.
  • Nelson, Dee Jay. The Joseph Smith Papyri – a Translation and Preliminary Survey. Modern Microfilm Co., Salt Lake City, 1968.
  • O’Dea, Thomas F. The Mormons. University of Chicago Press, 1957.
  • Rumble, Leslie, M.S.C. The Mormons or Latter-Day Saints. (revised Australian edition.) A.C.T.S. Publications, Melbourne, 1966.
  • Whalen, William J. The Latter-Day Saints in the Modern World. University of Notre Dame Press, 1967.
  • Young, Kimball. Isn’t One Wife Enough? Henry Holt & Co. N.Y. 1954.

Finis

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Traducción de Alejandro Villarreal de bibliaytradicion.wordpress.com

SOBRE la REPRODUCCIÓN del CONTENIDO de B&T: Se concede el permiso para reproducir, total o parcialmente, las traducciones originales de este blog, en otras páginas o blogs, con la condición de mencionar el origen del mismo, así como a su autor original y el nombre del traductor. El autor de B&T hace lo correspondiente al tomar material de otras páginas, sin excepción, y a pesar de no concordar totalmente con las ideas de otras webs o autores, creyendo que en esto reside un simple pero no despreciable acto de honestidad.


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