Posteado por: Alejandro Villarreal | Domingo, diciembre 25, 2011

El misterioso destino de la Gran Biblioteca de Alejandría

Título: El misterioso destino de la Gran Biblioteca de Alejandría
Autor: Dr. James Hannam
Traducción: Alejandro Villarreal -dic. 2011- Imágenes y notas añadidas. Traducido y publicado aquí sin el permiso expreso del autor

0. Introducción.

Dr. James Hannam. Historiador de la ciencia, se especializa en la historia de las relaciones entre la ciencia y la cristiandad en las épocas Medieval y Moderna temprana. Realizó su maestría en el Birkbeck College, en la Universidad de Londres (2003), su doctorado lo hizo en Historia y Filosofía de la Ciencia en el Pemboke College de la Universidad de Cambridge (2008).

¿Qué le sucedió a la Real Biblioteca de Alejandría? Tenemos la certeza de que alguna vez estuvo allí, fue fundada por Tolomeo I Sóter e igualmente podemos estar ciertos de que ya no existe. Formó parte del Museo que estaba localizado en el Bruquión o barrio de los palacios de la ciudad de Alejandría. Esta gran ciudad antigua ocupaba una franja de tierra en las costas del Mar Mediterráneo y había sido fundada por Alejandro Magno en su visita relámpago a Egipto, y se volvió la ciudad capital de la última dinastía de los faraones descendientes de Tolomeo el general de Alejandro. La Gran Biblioteca o dicho de forma más apropiada la Real Biblioteca formó parte del Museo, pero ya sea que estuviera o no separada del edificio, no lo tenemos claro.

Nota de B&T: Museion o museo, templo dedicado a las musas.

Los relatos acerca de su destrucción han estado circulando por siglos y llegan hasta tiempos tan lejanos como el siglo primero d. C. Estos relatos continúan repitiéndose e incluso adornándolos hasta nuestros días aquellos quienes desean realizar un ataque contra los supuestos “vándalos”. Encontramos que tres son los acusados por la destrucción y corresponden a los tres poderes que ocuparon y gobernaron Alejandría después de que los griegos la perdieran. Permítanme relatar aquellas historias que escuchamos hasta nuestros días, sin referencias, con acusadas imprecisiones y utilizadas sólo en plan de polémica. Entonces trataré finalmente de establecer lo que hasta la actualidad se sabe sin recurrir con indulgencia a mis propias sugestiones.

Restos del Palacio de Cleopatra sumergidos en el mar. (dailyscubadiving.com)

Los respectivos sospechosos son los romanos, los cristianos y los musulmanes: Julio César, el Patriarca Teófilo de Alejandría y el Califa Omar de Damasco. Es claro que la Real Biblioteca no puedo haberse consumido por el fuego en tres ocasiones diferentes, ni fue destruida por los tres, ya que nos encontramos con que tenemos muchas fuentes sobre este acontecimiento… La forma en que decidamos reconciliar los relatos dependerá casi exclusivamente de cómo juzguemos las fuentes y cuáles de éstas escogeremos por considerarlas confiables.

Puerto Oriental. Superposición de mapa en una toma satelital de la actual Alejandría que muestra las zonas hundidas que contenía, entre otras construcciones, a la Real Biblioteca y al Palacio de Cleopatra. (tomado parcial mente de mmdtkw.org) AMPLIACIÓN DISPONIBLE

La arqueología puede ser útil con la historia antigua aunque tiende a ser reservada acerca de las cosas en las que estamos más interesados, llevando a los arqueólogos menos avezados a afirmar que incluso algo nunca sucedió. En el caso de Alejandría, una serie de terremotos e inundaciones durante la Edad Media significó que toda la zona de los palacios en el noreste de la ciudad se hundiera bajo las aguas y en la actualidad está casi inaccesible a la exploración. Trabajos recientes de arqueología submarina han revelado más, pero probablemente nunca seremos capaces de excavar en los alrededores de los cimientos del Museo. El Gran Templo de Serapis, al cual volveremos después, estaba en la zona suroeste y parte de sus cimientos han sido excavados.

Contenido:

Nota de B&T: Las leyendas acerca de los personajes que abordará el autor serán resaltadas con color azul.

1. Julio César.

Primero leamos el relato de la leyenda:

«Se dice con frecuencia que los romanos eran civilizados, pero su general más famoso fue responsable del mayor acto de vandalismo durante la antigüedad. Julio César se  encontraba atacando la ciudad de Alejandría persiguiendo a su archirrival Pompeyo, y cuando se encontró a punto de ser acorralado por la flota egipcia, dándose cuenta que esto lo pondría en una situación desesperada, tomó la decisión de enviar naves incendiarias hacia el puerto, su plan tuvo éxito y la flota enemiga rápidamente ardió, pero el fuego se esparció más allá de los mueles, donde se encontraban materiales inflamables, listos para su exportación. Acto seguido, el fuego se propagó por tierra y antes de que nadie pudiese detenerlo, la Gran Biblioteca se encontraba ardiendo, junto con sus 40 rollos invaluables que fueron reducidos a cenizas. En cuanto a J. César, no pensó que fuese importante mencionar esto en sus memorias.»

El acusado en verdad estuvo en Alejandría los años 47-48 a. C. persiguiendo a su rival Pompeyo. César fue capaz de ocupar la ciudad sin problemas después de destruir a la flota egipcia, ocupaba el palacio con Cleopatra cuando le surgieron más problemas. Algunos secuaces del faraón lo atacaron con una fuerza considerable y de pronto César se encontró atrapado dentro de una ciudad hostil con muy pocas fuerzas a su disposición. El que haya salido victorioso de esa situación es un tributo a su suerte y a su poder de liderazgo. Mucho de esto está fuera de duda, pero para desenredar el destino de la Real Biblioteca debemos examinar las fuentes antiguas.

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1.1. Julio César. Las guerras civiles.

Julio César (100 a. C. - 44 a. C.)

Los registros más antiguos de estos acontecimientos corresponden a Las Guerras Civiles, escrito por Julio César (murió en 44 a. C.). En éstas explica la forma en que tuvo que disponer de los astilleros y la flota alejandrina, por su propia seguridad, ya que se encontraba en una situación desesperada. Si el fuego se esparció más allá de la costa y también dañó la Real Biblioteca, no lo menciona. La narrativa de Las Guerras Civiles inicia con la campaña en Egipto y el relato es tomado de un escrito de uno sus tenientes, llamado Hirtius (m. 43 a. C.), contenido en La Guerra Alejandrina:

«Alejandría era en cierto modo segura contra el fuego, ya que sus casas estaban construidas sin vigas de madera y todas estaban reforzadas y techadas con losas o pavimento.»

En este relato no se incluye mención alguna de algún incendio en Alejandría, sino que, al contrario, se afirma que de hecho la ciudad no podía quemarse ya que estaba hecha casi en su totalidad de piedra.

Nota de B&T: la abreviatura “m.” se refiere al año de la muerte del personaje.

Podemos considerar este registro como una petición de no culpabilidad hacia el acusado, pero nótese que la razón por la que pudo haberse mencionado esta supuesta característica de Alejandría, de resistir el fuego, podría ser en realidad una estrategia para encubrir su propia acción de haberla quemado. La historia demostró en muchas ocasiones que Alejandría se incendió como cualquier otra ciudad. El fuego tampoco es mencionado por Cicerón en sus filípicas contra Marco Antonio, el aliado de César. Este es un testigo valioso de descargo, ya que a Cicerón no le agradaba César, ni un poco. Desafortunadamente, constituye también un argumento de omisión y es muy posible que Cicerón no supiese nada acerca de lo sucedido, y así no tuvo oportunidad alguna para mencionarlo, o quizás lo hizo en la parte de sus trabajos que ya no se conservan.

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1.2. Estrabón. Geografía.

El gran estudioso Estrabón (m. después del año 24 AD) estuvo en Alejandría en 20 a. C. y en toda su detallada descripción del palacio y el Museo, no menciona para nada a la biblioteca. Esta omisión con frecuencia la explican los eruditos afirmando que la biblioteca estaba dentro del Museo o anexo a éste. Pero incluso siendo así, el no haber mencionado una palabra acerca de esta famosa institución es muy sospechoso. ¿Podemos concluir que la biblioteca ya no existía pero que las limitaciones políticas le dictaron que no podía mencionarlo aún?

El escritor moderno, Mustafá El-Abbadi, ha elaborado un punto aún más sutil. El muestra la forma en que Estrabón menciona que el cuerpo de investigación disponible para uno de los bibliotecarios anteriores era mucho más extenso que el que tuvo a su disposición él. El concluye que esto demuestra que Estrabón no tuvo a su disposición toda la sabiduría de la Real Biblioteca (porque fue destruida), comparado con su ilustre predecesor, que sí lo tuvo. El punto es pequeño, pero potencialmente significativo.

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1.3. Tito Livio y Lucio Aneo Floro y su compendio de la Historia de Roma.

La primera mención del incendio de Alejandría podría considerarse que vino de Tito Livio (m. 17 AD) en su Historia de Roma. El libro está ahora perdido y lo que sobrevive son los Resúmenes, los cuales son demasiado breves para incluirlos. Sin embargo, en el siglo segundo, la obra Epítome de la Historia de Lucio Aneo Floro sobrevivió, y éste dice que el fuego fue iniciado por César para limpiar la zona que rodeaba su posición, de tal manera que el enemigo no lo atacara con flechas incendiarias. La biblioteca no es mencionada por Floro, aunque se refiere a la misma zona de la ciudad, ya que César ocupaba el palacio en ese momento.

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1.4. El joven séneca. Sobre la tranquilidad de la mente.

De hecho sabemos que la Real Biblioteca fue mencionada por Tito Livio ya que posteriormente es citado por Séneca (m. 65 AD), en sus diálogos Sobre la Tranquilidad de la Mente, donde él también dice que un gran número de libros fueron destruidos. Se ha dicho que Séneca debió haber sabido sobre la destrucción de los libros por Tito Livio, pero una lectura más detenida de los diálogos no lo sustenta. En realidad Séneca sólo declara que Tito Livio pensó que la biblioteca era «el logro más distinguido de buen gusto y esmero de los reyes», y que entonces sólo podía estar en desacuerdo:

«Incluso para los estudios, donde los gastos son más honorables, es justificable sólo mientras se mantengan dentro de lo razonable. ¿Cuál es el objeto de tener libros y bibliotecas incontables, cuyos títulos sus propietarios escasamente pudieron haber revisado en sus vidas? El aprendiz no se instruye así, sino sólo le representa una carga, y es mucho mejor rendirse a unos cuantos autores que el curosear por muchos. Cuarenta mil libros se quemaron en Alejandría, dejen que otros la alaben como el más noble monumento a la riqueza de los reyes, como lo hizo Tito Livio, quien dijo que fue el más distinguido logro del buen gusto y esmero de los reyes. No hubo en ello ni “buen gusto” ni “esmero”, sino sólo lujo, ni siquiera fueron “instruidos” ya que sólo coleccionaron libros, ni tampoco fue por el bien del conocimiento, sino del espectáculo, así como muchos que tienen el nivel de conocimientos de un niño, utilizan los libros, no como herramientas de conocimiento, sino como decoraciones para su casa. Por lo tanto, tengamos tantos libros como nos sea suficiente, pero ninguno para sólo mostrarlo.»

El número real de libros destruidos que Séneca ofrece es tema de alguna controversia y que necesitamos mencionar brevemente. En manuscritos antiguos es común que los números muy grandes se expresen con un punto sobre el numeral para aumentar en diez veces su valor. En claro que al copiar se cometa fácilmente un error con estos puntos, y los errores con este factor de diferencia eran frecuentes. Esto pudo haber sucedido en el caso de Sobre la Tranquilidad de la Mente. En el manuscrito de Monte Cassino en realidad se lee 40 mil libros, pero usualmente los editores lo corrigen a 400 mil, así como otras fuentes como Paulo Orosio que ofrece esta cifra para el número de rollos destruidos. Por supuesto, yo no he visto el manuscrito, así que no puedo decir si esta es la cifra expresada. Propongo, por lo tanto, que el número dado por Séneca, y por supuesto, otras fuentes antiguas, deba considerarse como evidencia inadmisible ya que no existe la seguridad del número original.

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1.5. Plutarco y Dión Casio. Vida de César e Historia Romana.

Después de esto, las referencias se vuelven más explícitas. Plutarco (m. 120 AD) y su Vida de César arroja como referencia casi accidental lo correspondiente a la destrucción de la biblioteca. Ahora, Plutarco no parece elaborar un cargo sobre César, aunque se muestra complacido en criticarle, así que podemos tomar su referencia con seriedad. Adicionalmente, el visitó Alejandría y presumiblemente pudo haber notado si la biblioteca aún existía. Dión Casio (m. 235 AD) nos dice que los almacenes de libros cercanos a los muelles fueron quemados por accidente por los hombres de César. Sus palabras son difíciles de precisar y han llevado a algunos estudiosos a sugerir que sólo los libros que estaban dispuestos para su exportación fueron destruidos (por los hombres de César). Esto implica una lectura mucho más osada de lo que el texto permite, y no pienso que Dión haya querido decir que los libros estuvieron por casualidad en el camino de las flamas, porque usualmente se los tiene bajo resguardo.

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1.6. Aulo Gelio. Noches áticas.

Gelio (m. 180 AD) incluyó en sus Noches áticas un breve pasaje acerca de las bibliotecas, y donde la destrucción de la Real Biblioteca es mencionada como un acontecimiento accidental durante la primera guerra contra Alejandría cuando soldados auxiliares comenzaron el fuego:

«En un momento posterior, una enorme cantidad de libros, casi 700 mil, fueron adquiridos o copiados en Egipto bajo los reyes conocidos como los Tolomeos. Pero todos éstos fueron quemados durante el asalto a la ciudad, durante nuestra primera guerra con Alejandría, no intencionalmente ni bajo orden de nadie, sino que fue accidental y por soldados auxiliares.»

La primera guerra se refiere a la campaña de César, la segunda fue la octaviana, cuando Octavio le arrebató Egipto a Marco Antonio y a Cleopatra. En La Biblioteca Desaparecida, Luciano Canfora afirma que este pasaje es una intercalación sobre la fuerza que la introducción no menciona, pero de nuevo, la evidencia para esto parece endeble. Gelio afirma que 700 mil libros se consumieron en el fuego.

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1.7. Amiano Marcelino y Orosio. Historia Romana e Historia contra los paganos.

Mapa de la Antigua Alejandría en Egipto. Ubicación del Museo, la Biblioteca y el Serapeo (Serapeum). AMPLIACIÓN DISPONIBLE

Unos de los últimos historiadores paganos romanos, Amiano Marcelino (m. 395 AD), nos cuenta sobre la suerte de la biblioteca, en una nota sobre la ciudad de Alejandría en su Historia Romana. El relata que el fuego fue iniciado por César y que es «la unánime creencia de los autores antiguos», pero confunde el edificio de la biblioteca con el Serapeo e incrementa el número de rollos destruidos a 700 mil, quizás teniendo como fuente a Gelio:

«Aunque a través de débiles palabras minimizan al Serapeo, el cual está adornado con muchas salas con columnas y estatuas que casi pueden respirar, y con un gran número de otros trabajos artísticos que, cerca del Capitolio con el cual se reverencia a Roma, se eleva así mismo hacia la eternidad, todo el mundo no ve aquí mas que magnificencia. En éste han existido valiosas bibliotecas, y el testimonio unánime de los registros antiguos sumaban 700 mil libros, reunidos por la inagotable energía de los Tolomeos, y fueron quemados durante la Guerra Alejandrina, cuando la ciudad fue saqueada por el dictador César.»

Orosio (m. después de 415 AD), quien fue uno de los primeros historiadores cristianos, repite el relato en su Historia contra los paganos con la cifra de 400 mil rollos destruidos:

«En la batalla misma, la flota real, que resultó que estaba estacionada a la orilla, se ordenó que se le quemase. Este fuego, cuando se esparció también a la parte de la ciudad, alcanzó a quemar los 400 mil libros que estaban almacenados en un edificio cercano. En verdad que era un monumento especial de celo e interés por nuestros ancestros quienes reunieron tantos y tan grandes trabajos de distinguidas mentes. Respecto a esto, aunque hoy existen en las bibliotecas estantes para los libros, que hemos visto y de los que se nos ha dicho que fueron vaciados por nuestros hombres, en nuestro tiempo, cuando estos templos fueron saqueados (lo cual es la verdad). No obstante se cree con más honor que los libros fueron recolectados para emular el antiguo interés por el estudio, y no que existió otra biblioteca en ese tiempo, adicional a la de los 400 mil, que escapó a la destrucción.»

Ambos escritores están cronológicamente muy separados del acontecimiento como para considerarse fuentes precisas, pero ellos nos cuentan lo que para el siglo IV era ampliamente creído sobre la Real Biblioteca, que Julio César la había destruido. Discutiremos sus trabajos más adelante con respecto a la destrucción del Serapeo, el cual ocurrió en su tiempo.

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1.8. El veredicto sobre César.

Tomado lo anterior en consideración, podemos concluir algunas cosas de estas fuentes:

1. Las descripciones más tempranas sobre la Guerra Alejandrina, escritas por César o por su amigo, deliberadamente encubren cualquier cosa que refleje algo malo sobre este célebre hombre. Su silencio acerca de haber quemado la biblioteca más grandiosa del mundo, incluso por accidente, no es sorprendente.

2. La biblioteca, como edificio independiente, ya no existía en el tiempo de la visita de Estrabo en 20 a. C.

3. La creencia de que César destruyó la biblioteca estaba muy esparcida en el tiempo en que su familia ya no ocupaba el trono de los emperadores, a finales del siglo I AD. Plutarco, Gelio y Séneca ofrecen la evidencia para esto. Debemos, por lo tanto, asumir que la biblioteca ya no existía en este tiempo. Plutarco, siendo griego, ciertamente lo hubiese sabido con certeza.

Aunque no podemos probar su culpabilidad con evidencia de primera mano. Parece justo afirmar que las pilas de “libros” de la Real Biblioteca fueron quemadas por Julio César. Quizás las salas de lectura, las cuales, en cualquier caso fueron parte del Museo, sobrevivieron, pero como Séneca y las otras fuentes nos dicen, los libros en sí se destruyeron. No cabe duda que el estudio continuó en Alejandría después de este tiempo, pero no he podido encontrar alguna mención explícita sobre la Real Biblioteca después de la fatídica visita de César. Por supuesto, Ateneo de Náucratis (m. después de 200 AD) escribió con tristeza en el Deipnosophistai (La cena de los eruditos):

«y respecto al número de libros, el establecimiento de las bibliotecas y la colección del Museo, ¿por qué necesitaría hablar de ello cuando están en la memoria de los hombres?»

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2. Teófilo de Alejandría.

De nuevo, el relato de la leyenda primero:

«Teófilo, Patriarca de Alejandría, es también el “santo patrón” de los pirómanos. Al tiempo en que el Cristianismo lentamente estrangulaba la vida de la cultura clásica en el siglo IV, se volvía cada vez más difícil ser pagano. Ahí estaba en Alejandría el gran templo de Serapis, llamado el Serapeo, y cerca de éste estaba la Gran Biblioteca de Alejandría, donde toda la sabiduría de los antiguos se preservaba. Ahora, Teófilo supo que mientras este conocimiento existiese, el pueblo estaría menos inclinado a creer la Biblia, así que se propuso destruir los templos paganos. Pero el Serapeo era una enorme estructura, alta y sobre una colina, más allá de las fuerzas y habilidades de asalto de los furiosos fanáticos cristianos. Enfrentado con este edificio, el Patriarca envió unas palabras a Roma, ahí, el Emperador Teodosio el Grande, quien había ordenado que se aniquilara el paganismo, otorgó su permiso para la destrucción del Serapeo. Dándose cuenta que no tendrían otra oportunidad, los sacerdotes y sacerdotisas abandonaron su templo y dirigieron a la turba allí. La vasta estructura fue arrasada hasta los cimientos y los rollos de la biblioteca fueron quemados en grandes hogueras, en las calles de Alejandría.»

Es verdad que Teófilo fue Patriarca de Alejandría en el tiempo en que el Serapeo fue convertido en iglesia del Cristianismo, aunque este personaje nunca fue canonizado [así que no puede ser “santo patrón”]. La fecha registrada de los acontecimientos usualmente es 391 AD, cuando Teodosio fue emperador y de forma decidida hizo que se convirtieran todos sus súbditos al Cristianismo. Existe una disputa que dice que existía otra biblioteca en el templo Serapeo y que la turba cristiana la destruyó durante su asalto al templo. Necesitamos establecer si realmente había allí una biblioteca, y también si Teófilo la destruyó.

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2.1. Los años de la intervención.

Reconstrucción artística del Serapeo. A finales del siglo I AD, el Serapeo fue dañado severamente por el fuego, y durante la era romana se construyó un templo más grande en el mismo sitio. El modelo que se muestra es una reconstrucción del Serapeo bajo el dominio romano. La evidencia arqueológica muestra que contenía un patio rodeado de columnas, y en 289 AD, se erigió la columna de Dioclesiano para conmemorar su victoria sobre la rebelión egipcia. En 391 AD el Serapeo fue destruido, dos años después de que Teodosio ordenara la clausura de todos los templos paganos en el Imperio Romano. Actualmente lo único que queda es la columna dioclesiana, la cual erróneamente se le llama de Pompeyo. (bibalex.org) AMPLIACIÓN DISPONIBLE.

Las fuentes antiguas tienen muy poco que decir acerca de la biblioteca del Serapeo, esto no es sorprendente, ya que sabemos bien que se no es posible que se hable de la Real Biblioteca (son dos elementos diferentes). Sin embargo, Alejandría siguió siendo un centro de estudio y existían otras bibliotecas. Por el Emperador Claudio se estableció el epónimo de centro claudiano de estudios históricos, y Adriano fundó una biblioteca en el templo de Cesáreo durante su visita. Aunque menos confiable, Plutarco nos informa que Marco Antonio regaló a Cleopatra toda la colección de 200 mil rollos de la biblioteca de Pérgamo. A pesar de la continuación de la actividad académica, Alejandría sufrió mucho en los años posteriores a 391 AD. Augusto la redujo, Caracalla masacró a muchos de sus habitantes debido a un insulto, y Aureliano también saqueó la ciudad junto con la zona de los palacios en donde se ubicaba el Museo, a principios del siglo IV.

El erudito bizantino del siglo XII, Juan o Ioannes Tzetzes, en sus Prolegómenos a Aristófanes preservó algunos detalles acerca del catálogo del poeta Calímaco (m. después de 250 a. C.), quien dijo que habían casi 500 mil rollos en la Real Biblioteca y otros 42 mil restantes en la biblioteca exterior o pública. Nótese que a Calímaco no se le conocen  referencias de alguna biblioteca ubicada en el Serapeo, aunque es frecuente que se asuma que sí lo ha hecho.  El obispo del siglo IV, Epifanio de Chipre (m. 402 AD) en sus Pesos y Medidas (que en realidad es un comentario bíblico) dice que existían aproximadamente 50 mil volúmenes en la biblioteca “hija” que él ubica en el Serapeo.

Columna dioclesiana. Ruinas del Serapeo en Alejandría, Egipto. (BiblePlaces.com)

Nuestras observaciones previas acerca del error en las cifras aplican por completo aquí, pero parece justo decir que habían muchos menos rollos en la biblioteca hija que en la Real Biblioteca. Epifanio también nos dice que en sus días toda la zona del Bruquión de Alejandría estaba arrasado, sin duda por las acciones de los emperadores Aureliano o Dioclesiano. Existe un detallado reporte de la acrópolis de Alejandría en los Progymnasmata (ejercicios preliminares) de Aftonio de Éfeso (m. después de 400 AD) [Aphthonius of Ephesus], el cual lo presenta como ejemplo de una descripción:

«Cuando uno entra a la acrópolis, la zona está marcada por sus cuatro lados; el plan de construcción sigue el de un rectángulo vacío. Existe un foro en el centro rodeado de columnatas, otras columnatas delimitan al foro, las columnatas se dividen por un número fijo de columnas cuya distancia no puede excederse. Cada columnata termina y comienza otra en ángulo recto, y una doble columna las divide, terminando una y comenzando otra. Existen cámaras o salas dentro de las columnatas, algunas son repositorios de libros, abiertos a aquellos quienes son diligentes en filosofía y agitan a toda la ciudad con la maestría de su saber. Otras se han establecido en honor a los dioses antiguos. Los espacios o salas de las columnatas están techados, y la techumbre está hecha de oro, y los capiteles de las columnas están hechas de bronce y oro superpuestos. La decoración del foro no es uniforme, por diferentes partes está decorado con diversos motivos, y uno de éstos contiene las hazañas de Perseo. En la parte central del rectángulo se alza una columna de gran altura, haciendo de todo el lugar un punto de referencia (alguien que vaya caminando y no conozca la ciudad, podrá utilizar el pilar como referencia de ubicación), y hace que la acrópolis sea visible desde tierra y mar. El comienzo del universo parece rodear a la capital de la gran columna. Antes de que uno llegue al edificio central, existe un conjunto de edificios con muchas entradas, los cuales son denominados con nombres de dioses, y dos obeliscos de piedra se alzan así como una fuente, mejor que la de los Pisistratids. Y esta maravilla contó con un increíble número de constructores, ya que no era suficiente sólo uno, vinieron constructores de toda la acrópolis y sumaron doce.»

Él habla de repositorios abiertos al público y podemos asumir que se refiere al Serapeo. Desafortunadamente la fecha de la descripción es imposible de determinar, tampoco podemos decir si se trata de una descripción de primera mano. Sin embargo, tenemos suficiente evidencia para afirmar que alguna vez hubo una biblioteca en el Serapeo, incluso si no se trata de la misma “biblioteca exterior” que estaba cerca de la Real Biblioteca.

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2.2. Amiano Marcelino. Historia Romana.

En su Historia Romana, Amiano expone su lírica sobre el Serapeo pero con confusión, ya que dice que estas bibliotecas fueron las que César quemó en la Guerra Alejandrina [fragmento arriba referido]. Este punto es vital porque él visitó Alejandría personalmente, aún así, dice sobre el Serapeo: «En éste han existido valiosas bibliotecas», en tiempo pasado. Esto fue antes de 391 AD, antes de que Teófilo y su grupo realizaran sus acciones, y fuertemente sugiere que ya no existían libros en el templo al momento de su destrucción.

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2.3. Rufino Tirano. Historia Eclesiástica.

La descripción más temprana del saqueo del Serapeo, casi con certeza estuvo en una obra llamada Sobre el derrocamiento de Serapis, del erudito cristiano Sofronio, que ahora está perdida. Rufino (m. 410 AD) fue un cristiano latino ortodoxo quien pasó muchos años de su vida en Alejandría. Llegó en 372 AD, y ya sea que estuviera o no presente cuando el Serapeo fue demolido, ciertamente estaba por los alrededores en ese momento. Él traduce libremente la Historia de la Iglesia de Eusebio al latín, y posteriormente añade sus propios libros, X y XI, retomando la narrativa de su tiempo. En su libro XI encontramos la mejor fuente acerca de los acontecimientos en el Serapeo, los cuales describe con detalle. Su registro coincide en mucho con el ofrecido arriba, excepto que no menciona en absoluto ninguna biblioteca o libros. Parece lamentar la pérdida del Serapeo pero culpa a los paganos locales por incitar a las turbas cristianas.

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2.4. Eunapio de Antioquía. Vida de los filósofos.

El escritor pagano Eunapio de Antioquía (m. después de 400 AD) incluyó un registro del saqueo del Serapeo en su obra Vida de Antonio, quien antes de morir, en 390 AD, presagió que todos los templos paganos en Alejandría serían destruidos, lo cual no era una posibilidad remota en aquellos tiempos:

«Antonio dejó el mundo poco antes de que el culto en los templos de Alejandría acabase, en el santuario de Serapis fueron esparcidos sus restos al viento. Y no solamente acabaron las ceremonias de culto, sino los edificios también. Todo sucedió como en los mitos de los poetas, cuando los gigantes tenían las de ganar. Los templos en Canopo también sufrieron el mismo destino que los del reino de Teodosio, cuando Teófilo presidió a esos abominables, que eran como una especie de Eurimedontes, los cuales gobernaron a los altivos gigantes, Evagrio era el prefecto de la ciudad y los romanos estaban al mando de las legiones de Egipto.

Estos hombres, dispusieron su ira en contra de nuestros sagrados lugares, como si la emprendiesen  contra las piedras y los canteros se abalanzaron contra los templos. Aunque ellos no pudieron alegar que éstos profirieran ni un rumor de guerra para justificarlo, demolieron el templo de Serapis y le hicieron la guerra a las ofrendas del templo, por lo tanto salieron victoriosos sin enfrentar a un enemigo o pelear una batalla. De esta manera pelearon tan enérgicamente contra las estatuas y las ofrendas que ellos no sólo las conquistaron sino que las despojaron también. Su única táctica militar fue asegurarse que los ladrones escaparan impunes.»

Eunapio quiso mostrar cuán acertado estuvo, y siendo pagano este escritor, también fue un feroz anticristiano y no dejaba pasar oportunidad alguna para describir a Teófilo y sus seguidores como unos tontos, tanto como fuera posible. Su narrativa está impregnada de veneno y sarcasmo cuando describe el saqueo del templo, como si fuese una batalla sin enemigo. Si la gran biblioteca hubiese sido destruida por estos cristianos, Eunapio, el erudito pagano, seguramente lo hubiese mencionado. No lo hizo.

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2.5. Sócrates Escolástico o de Constantinopla, Hermias Sozomen y Teodoreto.

Sócrates (m. después de 450 AD) también escribió una Historia de la Iglesia que continuó la de Eusebio. La suya era más detallada y estaba escrita en griego, no en latín. Contiene un capítulo acerca de la destrucción del Serapeo en el cual se reconoce que la acción fue ordenada por el Emperador, que el edificio fue demolido y posteriormente convertido en iglesia. De nuevo, no existe ninguna mención acerca de libros que pudieron estar en el Serapeo o lo que pudo sucederles. Su pasaje acerca de los jeroglíficos en forma de cruz encontrados en el templo nos da una idea de cómo el Cristianismo utilizó en su favor varios signos paganos:

Mitra o Mitras, dios pagano que ocupaba el Mitreo, representado por un joven matando a un toro a mano limpia (Imagen tomada de Wikipedia)

«A solicitud de Teófilo, obispo de Alejandría, el emperador emitió una orden para la demolición de los templos paganos existentes en la ciudad, ordenando también que esto se deberá realizar bajo la dirección de Teófilo. Aprovechando la oportunidad, Teófilo se esforzó al máximo para exhibir las carencias de lo que se consideraba como misterios paganos. Y para comenzar, ordenó que se limpiara el Mitreo y se exhibieran en público sus sangrientos misterios. Entonces destruyó el Serapeo, y asi como carizaturizó en público los cruentos misterios del Mitreo, del Serapeo también exhibió todas las extravagantes supersticiones, e hizo reunir los símbolos fálicos de Príapo en el centro del foro (para destruirlos). Los paganos de Alejandría, y especialmente los profesores de filosofía, fueron incapaces de reprimir su ira ante estos acontecimientos e incluso sus desmanes vengativos sobrepasaron a los de una ocasión anterior: a un tiempo acordado se lanzaron impetuosamente sobre los cristianos, asesinando a todo aquel que caía en sus manos.

Cuando el Templo de Serapis fue derruido y dejado al descubierto, encontraron allí, entre los escombros, ciertos caractéres que ellos llamaron jeroglíficos, y que tenían forma de cruces. Al verlos, tanto cristianos como paganos, se apropiaron de ellos y los aplicaron a sus religiones: los cristianos afirmaron que la cruz es el signo de la pasión de Cristo, afirmando que ese caracter era peculiarmente suyo: pero los paganos alegaron que podría pertenecer tanto a Cristo como a Serapis, “ya que”, dijeron, “simboliza una cosa para los cristianos y otra para los idólatras.” Mientras que este punto fue controvertido entre ellos, algunos paganos conversos al Cristianismo, quienes eran versados en esos jeroglíficos, interpretaron la forma de la cruz y dijeron que significaba: “La Vida por venir”. A lo que los cristianos se mostraron exultantes, ya que favorecía a su religión. Pero después de que otro de los jeroglíficos fuese decifrado, conteniendo la predicción: “Cuando la cruz aparezca, esto significará la vida por venir, el templo de Serapis será destruido”, un gran número de paganos abrazaron el cristianismo, confesaron sus pecados y fueron bautizados.»

Las historias de Sozomen (m. 443 AD) y Teodoreto (m. después de 457 AD) cubrieron un periodo similar. A pesar de mostrarse complacidos en reportar en detalle la destrucción del Serapeo, tampoco realizaron ninguna mención de libros, aunque Teodoreto dice que los ídolos de Serapis de madera fueron quemados. Ambas historias dependen mucho de la de Sócrates, pero también incluyen detalles de otras fuentes:

Sozomen: «Cuando el Emperador fue informado de estos hechos, declaró que los cristianos quienes habían muerto fueron santificados en la medida en que admitieron el honor del martirio, y que sufrieron en defensa de la fe. Él ofreció libremente su perdón a aquellos quienes los habían asesinado, esperando que por este acto de clemencia, estuvieran más dispuestos a abrazar el Cristianismo; y ordenó la demolición de los templos de Alejandría que habían sido causa de la sedición popular. Se ha dicho que cuando este edicto imperial fue leído en público, los cristianos expresaron abiertamente su alegría, ya que el emperador había hecho justicia por lo que había pasado, exclusivamente sobre los paganos. Los guardias del Serapeo se mostraron tan atemorizados al escuchar estos gritos, que huyeron, y los cristianos inmediatamente se apoderaron del lugar, el cual retuvieron desde entonces. Se me ha informado que la noche anterior a estos sucesos, Olimpio escuchó la voz de alguien cantando Aleluya en el Serapeo, las puertas permanecían cerradas, y él no pudo ver a nadie, sino sólo escuchar la voz del cantor, al momento entendió lo que este signo significaba, y sin hablar con nadie, dejó el Serapeo y se embarcó a Italia. Se dice que cuando el templo estaba siendo demolido, encontraron algunas piedras sobre las cuales habían jeroglíficos en forma de cruz, los cuales, al ser presentados a los expertos, fueron interpretados como la vida por venir. Estos caracteres llevaron a la conversión de muchos paganos, así como otras inscripciones encontradas en el mismo lugar, y que contenían predicciones de la destrucción del templo. Así fue como el Serapeo fue tomado, y poco después, convertido en iglesia; recibió el nombre del Emperador Arcadio.»

Serapis era el dios pagano greco-egipcio que ocupaba el templo del Serapeo (Imagen tomada de Wikipedia)

Teodoreto: «Por otra parte, Teófilo se dirigió al Serapeo, el cual ha sido descrito como sobresaliente por su tamaño y belleza frente a otros templos del mundo. Aquí vió una inmensa imagen que comenzó a destruir ante el terror de los espectadores, incrementado por la falsa creencia, muy esparcida, que si alguien se aproximaba a ésta habría un gran terremoto y toda la gente sería aniquilada. El obispo consideró todas estas historias como el producto de la imaginación de ebrios y de viejas chismosas, y en tono de burla hacia el inanimado “coloso”, dijo a un hombre que tenía un hacha, que le diera a Serapis un buen golpe con ésta. Inmediatamente después de que el hombre lo decapitara, se escuchó un grito generalizado, ya que estaban temerosos de que sucediera la catástrofe. Sin embargo, Serapis, quien recibió un buen golpe, no emitió signos de dolor, ya que sólo era una estatua de madera, ni pronunció palabra alguna, ya que era un bloque inanimado. Su cabeza cayó y de ésta salieron muchísimos ratones, ya que este dios egipcio [greco-egipcio] se había convertido en un refugio de ratones. Serapis fue reducido a pequeños trozos que fueron arrojados a las flamas, pero su cabeza fue arrastrada por todo el pueblo, a la vista de sus adoradores, quienes se burlaron de la debilidad del dios al que antes solían arrodillarse ante su presencia.»

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2.6. Paulo Orosio. Historia contra los paganos.

Orosio (m. después de 415 AD) fue amigo de San Agustín y escribió la Historia contra los paganos, la cual tenía toda la intención de describir a los no-cristianos bajo una luz desfavorable. Así que como historiador es ineficaz, pero cuando dice algo que sugiere que sus correligionarios cristianos no eran más níveos que el blanco, es decir, sin recurrir a su acostumbrada narrativa parcializada, debemos tomarlo en serio. En su nota sobre la Gran Biblioteca, el dice algo significativo, lo cual parece constituir un testimonio detallado de primera mano y sugiere que sus compañeros cristianos no procedieron con corrección en varias ocasiones [fragmento arriba referido]. El dice: «…existen en las bibliotecas estantes para los libros, que hemos visto y de los que se nos ha dicho que fueron vaciados por nuestros hombres, en nuestro tiempo, cuando estos templos fueron saqueados» Su declaración acerca de que no existía otra biblioteca más grande en Alejandría que la del tiempo de la expedición militar de César, es interesante y parecería contradecir que existía una biblioteca en el Serapeo en ese tiempo. Sin embargo, Orosio constituye una fuente lejana en el tiempo como para otorgarle mucho peso en esta materia.

De Orosio podemos deducir que los cristianos vaciaron los libros de algunos templos, pero no podemos ir más allá. No podemos decir que esa fue la suerte de todos los libros, porque eso no es lo que afirma, tampoco podemos decir cuáles templos fueron saqueados por quienes. Sin embargo, podemos asegurar que no está hablando del Serapeo, ya que coincide con todas las fuentes en que fue arrasado hasta los cimientos, y los templos que Orosio visitó estaban en pie sino que incluso tenían su mobiliario interno. La explicación más probable es que los libros fueran trasladados a bibliotecas cristianas o fueran vendidos [pues los registros cuentan acerca de la destrucción de los ídolos no de los libros].

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2.7. El veredicto sobre Teófilo.

Hay suficiente evidencia para establecer más allá de la duda que existió una biblioteca en el Serapeo, y así, Amiano deja en claro que ya no existía para mediados del siglo IV. Esto es confirmado por la omisión de todas las fuentes, incluyendo una que hubiese estado especialmente complacida de reportar las atrocidades de los cristianos, durante la destrucción del templo en 391 AD. Nótese que este no es un “argumento de silencio” ya que no existe razón para no esperar la mención de libros en el Serapeo cuando hubo sido demolido. Un “argumento de silencio” inválido es cuando afirmamos que debido a que algo no es mencionado, entonces concluimos que no sucedió, incluso cuando existe alguna evidencia que sí sugiere esta existencia. Pero no hay evidencia para la existencia de una biblioteca, y por el contrario, existen testimonios casi concluyentes de lo contrario.

El relato que dice que Teófilo destruyó la biblioteca es una clara ficción que podemos rastrear hasta la puerta de Edward Gibbon [historiador británico parcial y anticristiano]. En su obra descomunal Declinación y Caída del Imperio Romano es donde primero encontramos esta versión. Gibbon parece preocuparse más de quitarles la responsabilidad a los árabes en el tema de la destrucción de la biblioteca y permite que aflore su marcado prejuicio anticristiano, que nubla sus mejores juicios. Sus excelentes notas al pie muestran que ha revisado las mismas fuentes que nosotros, pero ha elaborado conclusiones equivocadas. Su historia ha sido recientemente popularizada por Carl Sagan, quien la incluye en Cosmos. El adorna el relato con el asunto del asesinato de la filósofa Hipatia, incluso cuando no existe ninguna evidencia que la relacione con la biblioteca.

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3. Omar, el Califa.

Primero el relato de la leyenda:

«Los musulmanes invadieron Egipto durante el siglo VII debido a que su fanatismo los obligaba a las conquistas para formar un imperio desde España hasta la India. No hubo mucha resistencia en Egipto, y los habitantes locales toleraron mejor el dominio del Califa, que el anterior de los Bizantinos. Sin embargo, cuando un cristiano llamado Juan informó al general árabe al mando, que en Alejandría existía una gran biblioteca que preservaba todo el conocimiento del mundo, se mostró perturbado. Eventualmente mandó un mensajero a la Meca, desde donde el Califa Omar ordenó que todos los libros de la biblioteca deberán destruirse, debido a que, como él dijo, “podrían contradecir al Corán, en cuyo caso es una herejía, o estarán de acuerdo con éste, en cuyo caso lo harán superfluo.” Por lo tanto, los libros y rollos fueron tomados de la biblioteca, se les distribuyó a los abundantes baños de la ciudad para utilizarlos como sustituto de leña. Tan enorme era el volumen de esta literatura que les tomó seis meses para reducirlos a cenizas, calentando las saunas de los conquistadores.»

Concepción artística de la Real Biblioteca de Alejandría

El líder de las fuerzas musulmanas que tomaron Egipto en 640 AD se llamó ‘Amr y fue él quien supuestamente consultó a Omar sobre lo que debía hacer con la fabulosa biblioteca que estaba bajo su control. Existen pocas fuentes para consultar y éstas son muy tardías. La primera de dos fuentes tardías data del siglo XII y fue escrita por Abd al Latif (m. 1231), quien en sus Apuntes sobre Egipto, mientras describe Alejandría, menciona las ruinas del Serapeo. El problema con esta fuente es enorme e insuperable como para tomarlo como evidencia histórica. Él admite que la fuente de su información fue un rumor y su fantasía sobre Aristóteles no es favorable para la veracidad del conjunto:

«Algunos creen que estas columnas sostuvieron el pórtico donde Aristóteles enseñó filosofía, que esta era una escuela y que contenía la biblioteca que fue quemada por ‘Amr, por consejo del Califa Omar.»

En el siglo XIII el gran obispo jacobita cristiano Gregorio Bar Hebræus (m. 1286 AD), llamado Abû ‘l Faraj en árabe, da cuerpo a la historia e incluye la famosa sátira acerca del Corán.

Nota de B&T: A la Iglesia Ortodoxa Siriana de Antioquía también se le llama jacobita por Jacobo Baradaeus o Baradeo.

De nuevo, no existen pistas acerca de dónde encontró esta historia pero parece que estuvo presente en forma común entre los cristianos que vivían bajo el dominio musulmán. Gregorio se complace en recolectar muchísimos relatos o cuentos descabellados acerca de presagios y monstruosidades, así que debemos leer este relato con sospecha. Así como por el hecho de que ni siquiera estaba incluido en la versión original de la colección, sino que apareció en la versión árabe que el tradujo y condensó hacia el final de su vida, seguramente no conocía este relato la primera vez que los redactó. En La Biblioteca Desaparecida, Canfora menciona un manuscrito sirio publicado en París a finales del siglo XIX por François Nau. Éste fue escrito por un monje cristiano en el siglo IX y detalla la conversación entre Juan y el Califa Omar. Después de muchas peripecias, finalmente he sido capaz de conseguir este elusivo documento, en su traducción francesa, y he comprobado que ésta no menciona ninguna biblioteca y sólo parece ser un ejemplo de diálogo teológico entre dos individuos representativos. En otras palabras, no es histórico ni tuvo pretensiones de serlo.

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3.1. El veredicto sobre Omar.

Los errores en las fuentes son obvios y el relato mismo es casi increíble. En primer lugar, Gregorio Bar Hebræus representa en su relato a los cristianos por medio de Juan de Bizancio, o el Bizantino, y este Juan ciertamente ya hubiese muerto al tiempo de la invasión musulmana a Egipto. También, la proposición de que a la colección de la biblioteca le tomó seis meses para consumirse, es simplemente fantástica, y es sólo una especie de exageración que uno podría esperar encontrar en las leyendas árabes, como Las mil y una noches. Sin embargo, la famosa observación de Alfred Butler de que los libros de la biblioteca estaban hechos de vitelas [piel] y que por ello no arderían, es falsa. Las fechas tan tardías de las fuentes las hacen también muy sospechosas, ya que no existe alguna pista real acerca de esta atrocidad supuestamente llevada a cabo por los árabes, en ninguna literatura temprana, ni siquiera en la crónica cristiana copta de Juan de Nikiu (m. después de  AD), quien detalló la invasión árabe. Finalmente, el relato parece venir de mano de un intelectual cristiano quien se habría complacido de mostrar a la religión y a los dominadores musulmanes de forma desfavorable. En esta ocasión estoy de acuerdo con Gibbon, y se la puede descartar como una simple leyenda.

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Traducción de Alejandro Villarreal de bibliaytradicion.wordpress.com

SOBRE la REPRODUCCIÓN del CONTENIDO de B&T: Se concede el permiso para reproducir, total o parcialmente, las traducciones originales de este blog, en otras páginas o blogs, con la condición de mencionar el origen del mismo, así como a su autor original y el nombre del traductor. El autor de B&T hace lo correspondiente al tomar material de otras páginas, sin excepción, y a pesar de no concordar totalmente con las ideas de otras webs o autores, creyendo que en esto reside un simple pero no despreciable acto de honestidad.


Responses

  1. […] jQuery("#errors*").hide(); window.location= data.themeInternalUrl; } }); } bibliaytradicion.wordpress.com – Today, 3:02 […]

  2. Lo que importa es la Septuaginta. Lo demás puede arder para lo que a mí me importa.

    • Uno de los objetivos de este texto es dejar en claro si los cristianos tuvieron algo que ver con ese acontecimiento, basados en las fuentes antiguas, pues existe una acusación que engrosa la leyenda negra y que si Ud. revisa, es repetida y propagada con cada oportunidad, y por supuesto, sin base histórica. En lo personal me gustó la opinión de Séneca, cuando decía que todo ello se realizó meramente como un despliegue de vanidad y ni siquiera por el conocimiento mismo, sin olvidar tampoco cómo acabó finalmente todo este lugar en conjunto, donde los hombres seguramente se sintieron con las mismas ínfulas que motivaron a la Torre de Babel, a este respecto es interesante el relato de Aftonio de Éfeso cuando considera que una columna de 25-30 mts., algo fuera de lo común para la época, significaba ser casi casi “el ombligo del universo”; independientemente de las hipótesis sobre el incendio, es un hecho que acabó en el fondo del mar, y quizás algunos sólo lo achaquen, con ciertas ínfulas también, sólo a las “fuerzas de la naturaleza”.


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