Posteado por: Alejandro Villarreal | Domingo, abril 24, 2011

Manifiesto de Reservas respecto a la inminente beatificación de Juan Pablo II -extracto-

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Título: Manifiesto de Reservas respecto a la inminente beatificación de Juan Pablo II
Autor: FSSPX distrito EEUU/The Remnant
Traducción: Alejandro Villarreal -abril de 2011-

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The Remnant’ es un periódico católico estadounidense dirigido por Michael J. Matt, es independiente de la FSSPX. Esta publicación emitió un “Manifiesto de Reservas respecto a la inminente beatificación de Juan Pablo II” el 21 de marzo de 2011, el cual describe una innegable situación adversa en la Iglesia después del Vaticano II. Un análisis de todo el pontificado de Juan Pablo II que está en concordancia con el de la FSSPX, incluso si se muestra una gran indulgencia en algunos puntos. He aquí algunos extractos de este interesante artículo…:

Pero no sólo la liturgia estuvo en estado de colapso al final de su pontificado, como hemos notado al principio de este Manifiesto, el Viernes Santo del año 2005, antes de ocupar la Silla de Pedro, el entonces Cardenal Ratzinger enfatizó: ‘¿Cuánta suciedad existe en la Iglesia, incluso entre aquellos quienes desde el sacerdocio deberían consagrarse totalmente a Él?’ [Cf. “Homily for Good Friday Mass,” 2005]. La ‘suciedad’ a la que el Cardenal se refería era, por supuesto, al increíble número de escándalos sexuales en los que estaban involucrados sacerdotes católicos manifestándose muchas naciones del mundo, y que era la cosecha de décadas de ‘renovación conciliar’ en los seminarios.

En lugar de disciplinar a los obispos quienes fomentaban esta suciedad en sus seminarios, se les encubría, trasladando a los predadores sexuales de un lugar a otro, dejando en banca rota a sus diócesis por los grandes gastos realizados en defensas civiles. Juan Pablo II proveyó de salvoconductos a muchos de los prelados más atroces y negligentes. Quizás el ejemplo más notable fue el del Cardenal Bernard Law (ver fotografía arriba).

Obligado a testificar ante un gran jurado respecto a su flagrante negligencia y fallar al manejar la situación de los acosos homosexuales sobre jóvenes llevados a cabo por sacerdotes en la Arquidiócesis de Boston y lo cual resultó en un gasto de 100 millones de dólares en demandas civiles para resarcir a más de 500 víctimas, el único “castigo” que Law obtuvo por parte del Papa, después de su desgraciada renuncia como Arzobispo, fue la de llevarlo a Roma y recompensarlo con el cargo de Arcipreste en una de las cuatro magníficas basílicas patriarcales.

Y ¿qué fue lo que obtuvo el Arzobispo Weakland, el notorio disidente teológico quien admitió en su deposición que deliberadamente mantuvo a depredadores homosexuales en la Arquidiócesis de Milwaukee en el ministerio sacerdotal activo sin advertir a los parroquianos de esto o notificar a la policía de sus crímenes? Habiendo llevado a la Arquidiócesis a la bancarrota por las demandas civiles en su contra, Weakland terminó su larga carrera de debilitar la integridad de la fe y la moral, con la consiguiente lisonja del mundo, después de que se reveló que desvió 450 mil dólares de los fondos arquidiocesanos para pagarle a un hombre por su silencio, con el cual había mantenido una relación homosexual, Juan Pablo II le permitió este lobo ladrón, remedo de obispo, retirarse con toda dignidad en su oficio eclesiástico, y posteriormente una editorial protestante publicó sus memorias: ‘A Pilgrim in a Pilgrim Church: Memoirs of a Catholic Archbishop’ (Un peregrino en una Iglesia peregrina: memorias de un Arzobispo católico). Un admirado revisionista escribió que el libro “retrata a un hombre imbuido en los valores del Segundo Concilio Vaticano quien tiene el coraje de mostrarlos tanto como un Abad Primado Benedictino y como Arzobispo de Milwaukee”.

La ‘suciedad’ que afligía a la Iglesia durante el final de su pontificado incluye la muy conocida historia del depredador sexual Fr. Marcial Maciel Degollado, quien es bendecido por el Papa Juan Pablo II en la foto de arriba y quien fue fundador de los “Legionarios de Cristo”, supuestamente quienes debían ejemplificar la “renovación” en acción.

Juan Pablo II se negó a iniciar cualquier investigación por causa de la conducta de Maciel a pesar de que existía evidencia de sus abominables crímenes, los cuales, gracias a su difusión pública son ahora considerados como los más notorios jamás cometidos por un clérigo católico.

No haciendo caso a los cargos canónicos por mucho tiempo pendientes y bien conocidos en contra de Marcial Maciel por ocho seminaristas de los Legionarios a los que había acosado sexualmente, Juan Pablo II lo colmó de honores en una ceremonia pública en noviembre de 2004 en el Vaticano. Días después, sin embargo, el entonces Cardenal Ratzinger “personalmente concedió la autorización a una investigación sobre Maciel”. [Jason Berry, “Money Paved the Way for Maciel’s Influence in the Vatican,” National Catholic Reporter, April 6, 2010].

Literalmente fue el caso que Juan Pablo II tuvo que morir antes de disciplinar a Maciel. Finalmente fue removido de su ministerio activo y exiliado a un monasterio casi inmediatamente después de que el Cardenal Ratzinger se convirtiera en el Papa Benedicto XVI. Pero esto sólo fue parte de un patrón descrito por un prominente comentador católico: “El ‘elevado’ Juan Pablo (II) dejó escándalos por todos lados bajo sus pies y que el menos carismático Ratzinger tuvo que limpiar. Este patrón se extiende a otros asuntos incómodos que el Papa tendía a evitar: la degradación de la liturgia, la propagación del Islam en la alguna vez Europa cristiana”. [Ross Douthat, “The Better Pope,” New York Times, April 11, 2010].

Otra razón para reservarse respecto a esta beatificación es que durante todo el largo pontificado de Juan Pablo II los fieles católicos fueron desconcertados y escandalizados por numerosas manifestaciones de imprudentes declaraciones papales y gestos que la Iglesia nunca conoció en 2000 años. Para recordar unos pocos ejemplos proponemos estos que son bien conocidos:

1. Las numerosas vacilaciones teológicas y peticiones de perdón por los supuestos pecados de los católicos de épocas anteriores en la historia de la Iglesia.

2. Las reuniones en Asís de octubre de 1986 y enero de 2002.

3. El beso público del papa al Corán durante la visita a Roma en 1999 de un grupo de cristianos y musulmanes iraquíes.

4. La desconcertante exclamación del 21 de marzo de 2000 en Tierra Santa: “Que San Juan bautista proteja al Islam y a todo el pueblo de Jordania…” [Cf. “Papal Homily in the Holy Land,” vatican.va].

5. La concesión para el uso de las cruces pectorales, símbolo de autoridad episcopal, para George Carey y Rowan Williams.

6. La participación activa del Papa Juan Pablo II en el culto pagano del “bosque sagrado” en Togo.

7. El servicio “ecuménico” de vísperas en la basílica de San Pedro, en el corazón de la Iglesia visible, en el cual el Papa consintió orar junto a “obispos” luteranos, incluyendo “obispas” que clamaban ser sucesores de los Apóstoles.

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Un milagro abierto a la duda…

Finalmente, no podemos evitar notar que el solitario milagro sobre el cual toda la beatificación pretende apoyarse, la cura reportada en una monja francesa, la Hermana Marie Simon-Pierre, quien dijo haber sufrido de Parkinson, está abierto a la duda.

Por un lado, el diagnóstico del Parkinson deja lugar a dudas de su existencia, la única prueba médica definitiva conocida es por medio de la necropsia del cerebro. Otras condiciones sujetas a remisión espontánea pueden parecerse al Parkinson. Por otro lado, el nexo entre la supuesta curación de la monja y “una noche de oraciones a Juan Pablo II” parece dudoso. ¿Las oraciones de esta monja excluyeron completamente la invocación de cualquier otro santo o santos reconocidos?

Compárese los dos milagros con los cuales Pío XII juzgó suficientes en el caso de Pío X para su beatificación (fue Juan Pablo II quien consideró que ahora sólo bastaba uno sólo). El primero involucró a una monja quien tuvo cáncer óseo y fue curada instantáneamente después de ponérsele sobre el pecho una reliquia de Pío X. El segundo involucró a otra monja cuyo cáncer desapareció cuando ella tocó una estatua de Pío. En el caso que nos ocupa, no existe una conexión indiscutible entre la supuesta cura con alguna reliquia de Juan Pablo II.

No hay duda aquí sobre la enseñanza infalible y autorizada de la Iglesia, pero la afirmación de este milagro solitario es un juicio de la ciencia médica sujeto a la posibilidad de error. Imagínese el daño a la credibilidad de la Iglesia si esta monja eventualmente volviese a manifestar los síntomas. De hecho, el diario Rzeczpospolita, uno de los más respetados de Polonia, reportó que se había observado el regreso de algunos de estos síntomas y que uno de los dos asesores médicos había expresado dudas sobre el supuesto milagro. Este reporte provocó que el ex presidente de la Congregación para la Causa de los Santos, Cardenal José Saraiva Martins, revelara a la prensa que “podría ser que uno de los asesores médicos tenga dudas, y esto, desafortunadamente, ya se difundió”. Martins también reveló que “las dudas podrían requerir una nueva investigación. En tales casos, dijo, la Congregación podría requerir que otros médicos den su opinión”. [Nicole Winfield, Associated Press, “John Paul II ‘Miracle’ Further Scrutinized,” March 28, 2010].

Un médico dudó del milagro y cuando esta duda “se filtra”, inesperadamente otros médicos deber ser traídos, ¡y todo esto en menos de un año!, ¿realmente se nos ha presentado este caso con la misma certeza que con el caso de los milagros indiscutibles reconocidos por Pío XII respecto a Pío X?

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Las posibles consecuencias de este Acto

Debemos expresar nuestra profunda preocupación sobre la predecible explotación de esta beatificación por parte de las astutas fuerzas de la opinión mundial…

Si, podemos tener la certeza de que esta beatificación se llevará a cabo como ha sido planeada, y que los poderosos sectores de los medios de comunicación masivos no perderán un solo momento para presentar esto como un ejemplo de la “hipocresía” de la Iglesia, de su ineptitud y de su anacronismo al honrar a un Papa quien gobernó durante un periodo de gran escándalo de pedofilia y se negó a disciplinar al malvado fundador de los Legionarios. Sobre este asunto ya existe un libro y una película: ‘Vows of Silence: The Abuse of Power in the Papacy of John Paul II’ (Votos de silencio: el abuso del poder durante el papado de Juan Pablo II), el cual documenta la forma en que Maciel fue protegido por los principales consejeros del Papa, incluyendo al Cardenal Sodano, Secretario de Estado del Vaticano, el Cardenal Martínez, Prefecto para la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica y el Cardenal Dziwisz, ahora Arzobispo de Cracovia quien fue el secretario de Juan Pablo II y su más cercano confidente.

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Conclusión.

En medio de lo que la Hermana Lucía de Fátima acertadamente llamó “desorientación diabólica” dentro de la Iglesia, somos especialmente conscientes de que esta beatificación se llevará a cabo sin contar con los carismas de infalibilidad. No establecerá un culto obligatorio sino sólo el permiso para venerar al beato, si uno lo desea. En este caso, por lo tanto, enfrentamos una verdadera posibilidad de grave error en el juicio prudencial provocado por circunstancias contingentes, incluyendo la popularidad y el cariño, esto no debería influenciar la esencia del proceso en su investigación cuidadosa y deliberación, especialmente en este caso de beatificación, con todas sus implicaciones para la Iglesia universal.

Nuevamente preguntamos: ¿Por qué la prisa? ¿Quizás existe el temor de que a menos que el acto se ejecute inmediatamente, el veredicto de la historia madurará y podría evitar que se lleve a cabo esta beatificación como en realidad ha sido en el caso de Pablo VI? Si no es así, ¿por qué no dejar que el veredicto se dé dentro de la pausada visión que la Iglesia generalmente ha ejercitado en materia de beatificación o canonización? Si incluso un gigante como San Pío V no fue canonizado sino después de 140 años después de su muerte, ¿no podríamos esperar al menos unos cuantos años más con el fin de valorar este legado pontificio que nos permita elaborar con mayor precisión la decisión de beatificar a Juan Pablo II?

¿No podría la Iglesia esperar al menos los 37 años que pasaron entre la muerte de Pío X y su beatificación por Pío XII en 1951, seguida por su canonización en 1954? Por supuesto, ¿sería imprudente llevar a cabo la beatificación ahora sin contar con la certeza y con el fundamento de un milagro solitario cuya autenticidad está abierta a la duda y en un Papa cuyo legado se admite que está marcado por el desenfreno y esparcimiento de aquel mal al que San Pío X tan heroicamente se opuso y venció en su tiempo?

Por todas estas razones. Creemos que es justo y apropiado implorar al Santo Padre posponer la beatificación de Juan Pablo II a una ocasión cuando las bases de tal acto solemne puedan ser afirmados objetiva y desapasionadamente a la luz de la historia. El bien de la Iglesia sólo puede ser servido por un prudente retraso, mientras que sólo se pone en riesgo por un apresurado proceso que no está protegido de errores por el carisma infalible del Magisterio de la Iglesia.

Señora Nuestra, Reina de la Sabiduría, Virgo Prudentissima, ¡ruega por nosotros!

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Nota del Editor: Si desea unirse a este Manifiesto, por favor envíe un correo electrónico (editor@remnantnewspaper.com) con su nombre. Michael J. Matt. Editor de ‘The Remnant’, USA.

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Traducción de Alejandro Villarreal de bibliaytradicion.wordpress.com

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>>BITÁCORA<<

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SOBRE la REPRODUCCIÓN del CONTENIDO de B&T: Se concede el permiso para reproducir, total o parcialmente, las traducciones originales de este blog, en otras páginas o blogs, con la condición de mencionar el origen del mismo, así como a su autor original y el nombre del traductor. El autor de B&T hace lo correspondiente al tomar material de otras páginas, sin excepción, y a pesar de no concordar totalmente con las ideas de otras webs o autores, creyendo que en esto reside un simple pero no despreciable acto de honestidad.

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Responses

  1. La intervención de una “mano invisible” no garantiza que sea un milagro, pues lo que se tiene en cuenta prioritariamente es quien lo ejecuta, sé que la Iglesia tiene en cuenta esto, porque sabe que el diablo también realiza ciertas curaciones.
    Y yo les pregunto ¿los santos han avalado a otras religiones? El avalar a otras religiones ¿puede ser a su vez no opositorio para la santidad de una persona? Creo que no. La respuesta está clara, no confusa, y basta solo el ejemplo de Asís para terminar con la discusión.
    Una vez más la Fraternidad con el temor a la desobediencia.


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