Posteado por: B&T | Viernes, enero 28, 2011

Las Distorsiones Históricas y los Caballeros Templarios

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Título: Las Distorsiones Históricas y los Caballeros Templarios
Autor: Piers Paul Read
Original en inglés: Historical Distortions and The Templars -2009-
Traducción: Alejandro Villarreal de B&T -2011-
Texto correspondiente al Prólogo de Piers Paul Read al libro de Régine Pernoud ‘The templars: Knights of Christ’

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Imágenes añadidas.

Las distorsiones históricas son difíciles de enmendar. Un error en un compuesto químico o en el programa de vuelos de una aerolínea saltarían a la vista debido a una explosión o a una escala perdida, pero las malinterpretaciones del pasado pueden persistir por siglos, a pesar del trabajo afanoso de los historiadores, ya sea porque existen intereses y beneficios implícitos de estas distorsiones, por ejemplo, el punto de vista liberal de la historia, o debido a que esta versión causa mayor morbo.

Esto es particularmente cierto en el caso de los Caballeros del Templo de Salomón, los Templarios. La orden fue fundada a comienzos del siglo XII por un caballero de la región de Champaña, al este de Francia, llamado Hugo de Payens, quien cinco años después de la captura de Jerusalén, por la Primera Cruzada, realizó una peregrinación a Tierra Santa, con su señor feudal y homónimo, Hugo de Champaña. Viendo la necesidad de caballeros, quienes pudieran proteger a los peregrinos de los merodeadores musulmanes, pero también respondiendo a un llamado de Dios para consagrarse a la vida monástica, Hugo y seis compañeros formaron una comunidad híbrida de monjes-caballeros. Ellos tomaron votos de pobreza, castidad y obediencia, y siguieron una regla como cualquier orden religiosa, aunque permanecieron  utilizando sus armas.

No todos los líderes de la iglesia de ese tiempo aprobaron la noción de una orden militar. San Bruno, el fundador de los Cartujos, tuvo grandes dudas acerca de la legitimidad moral de matar por Cristo. Sin embargo, Hugo de Payens encontró apoyo en uno de los campeones de la fe, y quien era uno de los líderes de la Iglesia de ese tiempo, San Bernardo de Claraval, quien no sólo aprobó el concepto sino que elaboró una estricta regla, muy parecida a la de su propia orden Cisterciense, la cual tenía la aprobación papal.

Fue una idea que se materializó con el tiempo, los gobernantes de la cristiandad latina deseaban ir en cruzada, pero temían la usurpación de sus bienes, si dejaban sus reinos por mucho tiempo, los Templarios fungieron como sus apoderados. Las donaciones de tierras les proveyeron un ingreso que les permitió aprovisionar a sus caballeros, sargentos y terratenientes, construir castillos y contratar mercenarios. Su voto monástico de obediencia los llevó a ejercitar una disciplina militar imposible de imponer a los caballeros que se caracterizaban por sus grandes cualidades en la batalla, más que por su vocación religiosa. No existía límite de tiempo en el servicio… siendo célibes, no tenían descendencia que mantener, y la autoridad dentro de la orden no dependía de los lazos feudales. El jefe de los ‘Asesinos Sirios’, Sinan ibn-Salman, dijo que no tenía caso el matar a un Gran Maestro Templario, ya que siempre habría otro caballero quien tomaría su lugar.

A principios del siglo XIII, los Templarios se habían convertido en una institución rica y poderosa, con fortalezas en Londres y París, una red bien administrada de terratenientes en toda Europa, y una con una fuerte presencia militar y política en Tierra Santa. Casi no existe evidencia de caballeros corruptos, y ciertamente mucho menos de monjes corruptos, pero sí existe alguna certeza de arrogancia institucional y evidente dispendio: Las fortalezas templarias de la ciudad de Acre [ciudad costera al oeste de Galilea, en el norte de Israel] estaban adornadas con cuatro leones de oro y plata al costo de 1,500 besantes o bezantes [sólido áureo]. Al responderle sólo al Papa, los obispos resentían su autonomía y los reyes su riqueza.

En 1307, el rey Felipe de Francia, buscando maneras de contrarrestar el déficit en las finanzas reales, decidió expropiar la propiedad de los Templarios, acusando a la orden de traición, blasfemia, sodomía y adoración satánica, el rey ordenó el arresto de todos los caballeros en su jurisdicción y conminó a los reyes de Inglaterra y Aragón para que hiciesen lo mismo. Las torturas que siguieron y los juicios sobre los Templarios, y el descuido del entonces Papa, Clemente V, y la disolución de la orden en el Concilio de Viena en 1311, representan uno de los asuntos menos honrosos en la historia de la Iglesia Medieval.

Tan desgraciado como el destino de los últimos Templarios fue el del último Gran Maestro, Jacques de Molay, quien fue quemado en la hoguera en París, a partir de estos hechos la Francmasonería se ha apropiado de la orden, por medio de la elaboración de mitos, a partir del siglo XVIII, y cuya mistagogia y ofuscación persiste hasta nuestros días.

Nota del B&T: La “mistagogia” es la iniciación de los recién bautizados (neófitos) en los misterios del cristianismo -corazones.org-, en este caso, se extrapola la definición, y por lo tanto, la mistagogia masónica se refiere a la iniciación de los neófitos en los misterios de la masonería.

'The templars. Nights of Christ' es una obra de la finada historiadora francesa Régine Pernoud

Desde la obra de Walter Scott ‘Ivanhoe’ al ‘Código da Vinci’ de Dan Brown, la descripción de los Templarios es tan falsa como absurda. Esta distorsión es exasperante, e incluso indignante, la historiadora francesa Régine Pernoud, quien ya ha abordado muchas de las malinterpretaciones populares acerca de la Edad Media, en su obra ‘Those Terrible Middle Ages: Debunking the Myths’, ahora en su nuevo trabajo ‘The Templars’, ella rehabilita a estos devotos caballeros católicos, exponiendo “los alegatos, llenos de fantasías y mutilaciones, atribuidos a los Templarios, en muchísimos ritos y creencias de sociedades esotéricas, desde las más antiguas hasta las más vulgares”. Y como ella acertadamente observa, la verdad está al alcance en archivos y bibliotecas, no es imposible sacar a la luz los hechos. El resultado es una excelente lectura de la historia, desprovista de adornos superfluos y que es un placer leer.

Donde exista controversia en el tema, ella ofrece su opinión fundamentada en su amplio conocimiento de la Edad Media. Ella considera que los cargos hechos en contra de los Templarios son falsos: “sólo unos cuantos historiadores, quienes se caracterizan por defender la memoria de Felipe IV el Hermoso, le otorgan algún crédito a las acusaciones de las que los Templarios fueron víctimas”. Ella también coloca la disolución de la orden en su contexto histórico, comparándola a la supresión de la Compañía de Jesús en el siglo XVIII [presiones políticas] y observando que la tortura y el lavado de cerebro a que fueron sujetos los Templarios, sólo presagiaron los métodos de los gobiernos totalitarios de los tiempos modernos.

No existen santos canonizados Templarios. Fuera de los Grandes Maestros, se conoce poco sobre la vida personal de otros caballeros, quienes se unieron a la orden, poco de ellos sabían leer o escribir, algo que demuestra también un estado de indefensión al momento de su detención, y de esta manera ninguno dejó escritos sobre su pensamiento y experiencias. Cada caballero quien entraba a la orden sabía que era muy probable que pudiera perder la vida en batalla, el blanco de su túnica representaba a los mártires del Libro del Apocalipsis, y el rojo de la cruz, el color de la sangre que sería derramada. Después de la derrota de los cristianos latinos en la batalla de Hattin, a los caballeros Templarios capturados se les dio la oportunidad de elegir, o la apostasía o la muerte, ninguno de ellos escogió negar a Cristo, todos fueron decapitados por extasiados sufíes a las órdenes de Saladino, pero Saladino se ganó una reputación de clemente y magnánimo en la victoria, lo cual es otra distorsión histórica, sin embargo, los caballeros Templarios, podemos asegurarlo, tendrán su recompensa eterna.

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IZQUIERDA (foto de 1966 © Rue des Archives/AGIP). Régine Pernoud, Historiadora, Medievalista, Paleógrafa y Doctora en Letras Francesas. Nació en Château-Chinon, Nièvre, el 17 de junio de de 1909 y falleció en París, el 22 de abril de 1998. Fue conservadora honoraria de los Archivos Nacionales de Francia.Obtuvo en 1929 el grado de Licenciada en Letras de la Universidad de Aix-en-Provence. Obtendría también su Doctorado en Letras de la École Nationale des Chartes y de la École du Louvre. Fue conservadora del museo de Reims en 1947 y dos años más tarde del Museo de Historia Francesa. Fue una especialista mundialmente reconocida en la historia de la Edad Media. DERECHA. Piers Paul Read. Novelista británico y escritor (no ficción).

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Traducción de Alejandro Villarreal de bibliaytradicion.wordpress.com

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