Posteado por: Alejandro Villarreal | Miércoles, enero 12, 2011

La Herejía Moderna y Teilhard de Chardin

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Título: La Herejía Moderna y Teilhard de Chardin
Autor: Ing. Tomás Moreno Carbantes
Extraído de su libro “El Juicio de las Naciones“; capítulos XI y XII; pp. 57 a 64 (diapositivas 110 a 127 de la presentación en B&T)

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Nos encontramos en presencia no de una herejía particular como en el pasado, cuando el catolicismo se enfrentó a la herejía arriana, a la maniqueísta, la albigense, la mahometana, o en presencia de esa especie de herejía generalizada que fue el protestantismo, el ataque moderno contra la FE es un asalto en masa contra la existencia de la FE. El enemigo está avanzando con pie seguro, lo viene haciendo desde los comienzos del siglo pasado; da un paso, y cuando se siente seguro, avanza el otro, consciente del hecho tremendo de que no puede haber neutralidad. La batalla se libra en una línea definida de ruptura y, resultará o la supervivencia o la destrucción de la Iglesia.

Para orientarnos en el campo tan falto de amenidad en que vamos a entrar, es necesario situarnos en el primero origen histórico de las teorías sobre la evolución del dogma y de las controversias acerca del mismo tema, para eso, fuerza es ir a buscar en las ideas de Hegel.

El filósofo Hegel, en su afán de una síntesis completa de toda la ciencia humana sin excluir la ciencia de la religión, pretendió sujetar al lecho de Procusto de sus concepciones la REVELACIÓN DEL EVANGELIO. Pero, por más que hizo, no pudo despojar en absoluto al cristianismo de su carácter sobrenatural que se vio precisado a reconocer; pero aceptando a su modo la Revelación de Cristo, considerándola como una de las manifestaciones subjetivo objetivas de LA IDEA, especulando sobre ella y sometiéndola a las mismas leyes que las mismas ramas de la ciencia.

[Nota de B&T: Cama o lecho de Procusto es un estándar arbitrario para el que se fuerza una conformidad exacta. Se aplica también a aquella falacia seudocientífica en la que se tratan de deformar los datos de la realidad para que se adapten a la hipótesis previa. Wikipedia.]

Hay que tener presente que de Hegel se derivó el concepto de la evolución a todos los críticos protestantes del siglo pasado, y de donde tomó su idea el hereje padre de la herejía moderna Pierre Teilhard de Chardin del que más adelante trataremos.

Si bien Hegel no era teólogo sino filósofo, sin embargo, en su juventud, había hecho al parecer estudios profundos de la Biblia, y este trabajo ejerció siempre notable influjo sobre sus especulaciones filosóficas posteriores grabando en ellas, cierto sello teológico que contrasta singularmente con el fondo eminentemente racionalista de sus grandes producciones. El, como todos esos críticos, concibe al Cristianismo como una institución que de principios imperceptibles y apenas distintos del judaísmo, ha ido desarrollándose sucesivamente, los mismo en su elemento dogmático que en lo social, con arreglo a las leyes de un desenvolvimiento cuyos factores han de buscarse en energías inminentes de organismo o corporación cristiana.

Pero, para no enredarnos en un laberinto de definiciones y distinciones especulativas que lo más seguro es que fastidiaría a ustedes, queridos lectores, vamos a tocar solamente de pasada, las principales escuelas que a fines del siglo pasado y principios del presente [XIX y XX], profesan  y aplican la evolución. Primero, la de Harnack, segundo la de Loisy; la Programma Risposta, la Católica y la de Chardin.

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La teoría de Harnack

Harnack distingue dos periodos en la historia del dogma cristiano; el que llama de origen o formación, y el de desarrollo. Harnack entiende por origen, no el de la formulación del dogma, sino uno a modo de incubación durante el cual la Iglesia (según él) fue un hervidero de tendencias varias y opuestas entre sí, que lucharon por largo tiempo, sin que predominara una sobre las otras, y por lo mismo, no había una creencia universal bien determinada. (Cualquiera que tenga una medianísima formación religiosa, se da cuenta de la falsedad de pensamiento del filósofo racionalista). Sigamos. El periodo de formación se extiende y dura mientras se disputa sin resolución definitiva sobre la índole personal de Cristo; y queda terminado, cuando en la Iglesia prevalece como fundamental el artículo que proclama a Jesús como el Logos preexistente y personal de Dios. (Espero que mis lectores, se den cuenta que estoy interpretando el pensamiento de Harnack).

En este momento histórico debe colocarse el arranque del dogma. Harnack en su obra ‘La Historia de los Dogmas’, se propone esta dificultad:

“el cristianismo desde su primer origen formuló ciertas verdades y profesó determinada moral, luego dentro de la historia cristiana, no cabe estudiar el principio u origen de sus dogmas, sino sólo su desarrollo.”

Y él mismo se responde:

“es verdad que el cristianismo, como nacido del judaísmo y como identificado con él, ya en sus primeros albores, fue una religión reflejada y profesó la fe de Dios creador y en Jesucristo su revelador; pero esa fe y los dogmas posteriores no fue como el germen y su desarrollo: entre una y otra fe, medió un elemento adventicio que fue el engranaje del objeto primordial, con objetos conocidos previamente por otra fuente, a saber la vía filosófica.”

Y la vía filosófica, según Harnack, es una serie de fases que en el desenvolvimiento de la cristología, hasta la época de la formulación estricta del dogma. Es curiosa la manera de razonar de este filósofo alemán, dice que,

“la impresión que Jesús suscitó en sus discípulos y la “experiencia” religiosa que éstos sintieron acerca de la persona de Jesús cuando apareció ante sus ojos como el Mesías exaltado por Dios al señoría universal y a la dignidad de Juez de vivos y muertos”.

Y al referirse a San Juan en su Evangelio, dice que lo presenta como el “Logos Divino”, frase según él que sirvió para unir, para la fusión del cristianismo y el helenismo (?).

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La teoría de Loisy

Este filósofo dice en su libro: ‘El Evangelio y la Iglesia’ haciendo la crítica de Harnack:

“Harnack no concibe el cristianismo como una semilla que ha crecido, primero como planta en potencia, después planta real, idéntica a sí misma desde el principio de su evolución hasta su término actual, y desde la raíz hasta la cúspide del tallo”.

Loisy más especulador y menos histórico, sustituye a aquellas, merced a una poderosa energía de expansión interna, inherente al contenido mismo dogmático la cual radica en el enlace envuelto en su carácter mismo de Mesías, y ofrece amplio fundamento y abundante pábulo a la fecundidad productora de la fe.

Loisy ilustra su pensamiento con el ejemplo del árbol. En el germen  y en el árbol se realiza por igual la esencia de la planta. Según Loisy, el conjunto de los dogmas cristianos representa un organismo cuyos miembros son el resultado de un simple desarrollo vital; en el germen primero estaba ya contenido virtualmente todo cuanto la sucesión de los tiempos y fases ha ido manifestando. En su punto de partida, el dogma cristiano, era el grano de mostaza que con el tiempo se ha hecho corpulento y frondoso:

“El grano era diminuto; porque la nueva religión era menor en el prestigio de la antigüedad, que las viejas religiones todavía en pie, de Egipto y de Caldea; era menor en el poder externo que el paganismo romano, menor también en apariencia que el judaísmo. Sin embargo, aquella semilla acerraba en germen el árbol que nosotros contemplamos”.

Loisy admite dos energías que se desenvuelven paralelamente, se completan y cooperan de consuno a la evolución del núcleo primordial; además del agente subjetivo de la conciencia cristiana, admite otro objetivo no menos enérgico. Por eso en la teoría de Loisy, el desenvolvimiento es por verdadera evolución, y así, las energías actúan obedeciendo a leyes constantes: de donde resulta que el progreso es perenne, sin vacilaciones, sin paradas, sin solución de continuidad.

Pero en Loisy nos encontramos una cosa curiosa, que queriendo refutar a Harnack, lo va copiando en la terminología, en la serie, en el número y caracteres de cada una de las fases sucesivas que hace atravesar al cristianismo a través de la historia.

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La teoría Modernista

Los modernistas propiamente dichos, aunque han recogido con avidez el pensamiento de Loisy, han acentuado por su cuenta el rasgo que es común a los dos heterodoxos anteriores; o sea el factor psicológico; Loisy admite la acción de la conciencia cristiana sobre la expansibilidad objetiva del contenido dogmático; los modernistas han tomado por su cuenta ilustrar ese tópico, describiendo menudamente en la experiencia religiosa el momento de la subconsciencia donde obra el sentimiento, y el momento de la intelectualidad, cuando entra en juego la inteligencia. Describen con satisfacción, el conjunto de elementos subjetivos que comunican a su teoría el general de la religión, distinguen las dos regiones de subconsciencia y de inteligencia.

Según los modernistas, cuando la fe o el sentimiento religioso se encuentra frente del fenómeno histórico en que aquél se apoya, la fe se apodera del fenómeno en su totalidad, la reviste de la vida en que ella rebosa, y así, por una parte, “trasfigura” el fenómeno comunicándole el fundamento para las propiedades superiores que luego han de descubrir y formular sobre él.

Dicen los modernistas:

“He aquí, que desde el punto de vista ontológico, en el Cristo de la historia, están encerrados aquellos valores éticos y aquellos significados religiosos que la conciencia cristiana ha ido contemplando lentamente; porque la fe nada crea, sólo descubre (¡¿)”.

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Lo que de verdad es

El contenido dogmático en su fase primordial, al ser comunicado al género humano, afecta la forma de una realidad vital, viniendo a ser como un germen que, dotado de vida y por lo mismo de virtud evolutiva, y depositado además en el corazón, vivo también de la Iglesia, es decir, en la conciencia de sus miembros, se desenvuelve luego gradualmente a favor de esa doble actividad vital, revistiendo sucesivamente formas de expresión más y más definidas, a medida que va creciendo y desarrollándose la actividad de la conciencia cristiana.

El dogma no se entregó como una cosa acabada e intangible, sino como un depósito viviente que debemos cultivar, fomentar y desarrollar. Como vivo y fructífero está grabado en las tablas del corazón de los fieles, y sembrado en la conciencia cristiana, donde, en expresión del Apóstol, TODA PALABRA DE VIDA CRECE Y FRUCTIFICA, se desarrolla y perfecciona a proporción que avanza el desarrollo o el perfeccionamiento subjetivo.

A lo anterior debemos agregar la cooperación del Espíritu Santo que está obrando perennemente en la Iglesia enseñando a los fieles la verdad revelada por Jesucristo. Al despedirse Jesús de sus discípulos les dijo: AÚN TENGO MUCHAS COSAS QUE DECIROS, PERO TODAVÍA NO LAS PODÉIS ENTENDER. EL ESPÍRITU DE VERDAD QUE OS ENVIARÉ PARA QUE PERMANEZCA SIEMPRE CON VOSOTROS OS ENSEÑARÁ TODA VERDAD. La Iglesia sigue en el día de hoy, pidiendo al Padre el cumplimiento de esta promesa.

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La última y compendio de las demás herejías

Creemos que con lo que hemos dicho (comprendemos que hay muy mal expuesto y peor redactado) bastará para que los lectores tengan una noción rudimentaria del camino preparado al último hereje de la era moderna, nos referimos a Pierre Teilhard de Chardin. ¿Quién fue este señor?

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Pierre Teilhard de Chardin. El profeta del Anticristo

“Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús,
que ha de juzgar a vivos y muertos,
por su aparición y por su reino:
Predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, enseña,
exhorta con toda longanimidad y doctrina,
pues vendrá un tiempo en que no sufrirán la sana doctrina;
antes deseosos de novedades, se amontonarán
maestros conforme a sus pasiones
y apartarán los oídos de la verdad
para volverlos a las fábulas.
Pero tú, vela en todo, soporta los trabajos,
has obra de evangelista, cumple tu ministerio.”
(I Timoteo IV,1-5).

 

El Apóstol Pablo, tuvo en verdad visión profética anticipada de nuestros tiempos.

Hemos visto a los largo de estos “cuadros”, la conjuración contra la Iglesia de Jesucristo, pero todo lo anterior era juego de niños en comparación de lo que nos falta ver.

El capítulo anterior lo terminamos con una pregunta: ¿Quién es ese señor? Refiriéndonos a Teilhard de Chardin. Pues, fue, un sacerdote francés, jesuita que nació en el castillo de Sarcenat en Auvernia a fines del siglo pasado, y que se hizo famoso por su dedicación a la paleontología, y que quizás por sus estudios de antropología y de paleontología, su mente sufrió una desviación; pues que, con base en la “cosmovisión” edificó su enseñanzas con alcance filosófico y aún teológico, tomando como axioma indiscutible la evolución general, que llevará al Universo desde la energía primordial subatómica al hombre actual, y que lo conducirá en lo futuro al Punto Omega o Cristo Universal.

Durante su vida, en actitud de franca desobediencia a sus votos y a sus superiores, era conocido por el autor de ciertas hojas mimeográficas que hacía circular entre el clero, los profesores de instituciones católicas, entre los alumnos de los seminarios, y en esas hojas, enseñaba nueva teología. Pero más famoso se hizo después de muerto, porque, con motivo de la publicación de sus escritos inéditos, entre ellos ‘El Fenómeno Humano’ en el que expone su cosmovisión, y en ‘El Medio Divino’ en que da a conocer la nueva espiritualidad basada en la acción y en la coincidencia con los esfuerzos del progreso humano científico-técnico-socializante, y que él tiene por absolutamente necesario para la construcción del Cuerpo Místico del futuro Cristo Universal que es la meta y la razón de ser de la “Evolución y de la Historia”.

No es de extrañar, que en muy poco tiempo Chardin se constituyó en uno de los principales líderes del “progresismo” y de la llamada “teología nueva”. Sus ideas fueron claramente aludidas en forma muy desfavorable en la Encíclica “Humani Géneris” de S. S. Pío XII del 12 de agosto de 1950. Tiene un párrafo en que claramente lo alude pues dice:

“Por desgracia, estos amigos de novedades fácilmente pasan al desprecio de la teología escolástica a tener en menos a aún a despreciar también al mismo Magisterio de la Iglesia, que con su autoridad tanto peso ha dado a aquella teología. Presentan este Magisterio como un impedimento del progreso y como un obstáculo de la ciencia… También hay algunos que plantean el problema de si los ángeles son personas; y si hay diferencia esencial entre la materia y el espíritu. Otros desvirtúan el concepto del carácter gratuito del orden sobrenatural, pues defienden que dios no puede crear seres inteligentes sin ordenarlos y llamarlos a la visión beatífica…”.

El 30 de junio de 1962, la congregación del Santo Oficio (Hoy de la Fe) hizo una solemne advertencia -“Monitum”- que dice:

“Ciertas obras, incluso póstumas, del P. Teilhard de Chardin se difunden y se divulgan con éxito no pequeño. Sin juzgar lo que concierne a las ciencias positivas, resulta suficientemente evidente que en materia filosófica y teológica las antedichas obras están llenas de ambigüedades y aún de errores graves que atentan contra la doctrina católica. Por ello, los Eminentísimos y Reverendísimos Padres de la Suprema y Sagrada Congregación del Santo Oficio, exhortan a todos los Ordinarios, y también a los superiores de institutos religiosos, a los superiores de Seminarios, y a los rectores de Universidades, a defender eficazmente a los espíritus, sobre todo de los jóvenes, contra los peligros de las obras del P. Teilhard de Chardin y sus acólitos”.

Por desgracia, esta solemne advertencia, no fue escuchada por todos aquellos que estaban en obligación de hacerlo, dando por resultado el envenenamiento de muchos sacerdotes y seminaristas.

Los errores y ambigüedades de los escritos de Chardin saltan a la vista y pueden agruparse así:

1.- Un concepto de creación que la hacía casi necesaria a Dios.
2.- Un concepto de las relaciones entre el Cosmos y Dios, en que la evolución del Cosmos en cierto modo transforma a Dios mismo.
3.- Admisión de una tercera naturaleza en Cristo, no humana ni divina, sino Cósmica, al hacer de Cristo la culminación de toda la evolución natural del Cosmos.
4.- Confusión entre lo natural y lo sobrenatural, al afirmar Teilhard de Chardin, que no hay creación sin encarnación, ni encarnación sin redención.
5.- Confusión del espíritu con un estado superior de la materia y atribución a la materia de cierto psiquismo.
6.- Concepción meramente estadística del pecado, en virtud de la cual todos los hombres serían culpables colectiva y no individualmente, con aplicación de ello al pecado original.

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Las conclusiones anteriores nos dan

En la muy importante revista AQUINAS, Fascículo 2, leemos, que Rev. P. Guerard des Lauriers, se expresa así del Cristo que presenta Chardin:

“El Cristo Cósmico de Chardin, es la figura contemporánea del Anticristo”.

Por el primero y el segundo número, vemos que él no habla de la creación sino de la “Cosmogénesis” igual que las sociedades Teosóficas; y a la Cosmogénesis la convierte en “Cristogénesis” de donde resulta, que Cristo es el mundo y para el mundo, y al llegar a su estrato superior lo denomina Ultra-Humano, y con ello crea un nuevo mesianismo materialista.

El número cuatro, nos está indicando un evolucionismo materialista, ajeno a toda idea de Dios y contrario a la Redención, nos presenta un Cristo que se percibe a través de la “diafonía” (transparencia en el mundo). Teilhard cree tener en este punto de vista, el destino de la humanidad, y de la Iglesia. “Llega a tanto la euforia, el lavado cerebral de sus discípulos que exclaman con admiración: ‘Teilhard ha desencadenado una inmensa energía mística que puede volatizar a la materia y divinizarla’.” (Formidable y fantástico ¿verdad?). Hasta dónde llegan los extravíos de la mente cuando no hay humildad y no se quiere reconocer la grandeza de Dios y la miseria del hombre.

En el quinto número, encontramos una forma estrictamente materialista y por lo mismo Luciferina, por cuanto Lucifer, inaccesible como todo espíritu, aspira a suplantar a Dios, rehusando su gracia. Después persuadirá a los primeros padres para que se hagan dioses ellos mismos pecando: conocedores del bien y el mal.

En el sexto número encontramos, todo el credo esencial de la “contra religión”, concordante con la Kábala del esoterismo, de la gnosis de francmasonería, de la teosofía, del panteísmo. El evolucionismo, (mejor dicho) la evolución que convierte al mundo en “Dios”. De aquí, como de un caño que vomita todas las inmundicias de una cloaca, así de este pensamiento de Chardin, se derivan multitud de errores. Veamos.

La moral dimanente de la Cosmogénesis, será forzosamente el orgullo de sí mismo, la soberbia, el amor al mundo, la adoración al hombre y todas sus concupiscencias, que son su parte activa en el movimiento evolutivo tailhardiano. Ya, en este plan, y para arreglarlo, todo a su uso personal y convertirlo en irresistible dentro de la Iglesia, Teilhard pone en marcha su teoría divinizante a la que llama ‘Cosmogénesis’ y la convierte en ‘Cristificante’, porque, todo lo real es amasado, fundido, materia, espíritu, vida, gracia y sobre todo, el Cristo entero tal como fue en Palestina; y he aquí el ser original y universal de los seres que debe reconstituirse. Y esta fusión, se moldea, y al lado de la energía “tangencial” que se degrada, opera otra “radiante” que regenera. Y así tan sencillo, se pone en marcha “la cristificación”. Quisiéramos saber si él entendía este galimatías. Pero lo que sí entendemos nosotros, es que Chardin se significó como la figura contemporánea del Anticristo.

Porque, la asimilación por la Iglesia de la tesis de Chardin SU RECONVENCIÓN A LO HUMANO, es decir, apartarla, quitarla de sus “estructuras” económicas y sociales, o en otras palabras más claras, la Iglesia sería una Iglesia materialista. En el tinglado cosmogénico, cristificado de Chardin, está incluido el propio diablo como una parte integrante del todo en la creación universal.

Con su “Evolución del Universo”, Chardin está asimilando, propagando y haciendo suyas las enseñanzas de la masonería en los aspectos hasta donde es dable conocerla. Sus teorías concuerdan con las del gran pontífice y doctor Julián Huxley masón 33 el cual dice que

“no se puede admitir lo sobrenatural, que no puede haber dos reinos, la religión por su revelación y por sus dogmas, impide el progreso del saber humano”.

¿Acaso no es una de las características del “pensamiento moderno” la del panteísmo? Y ya sabemos que el panteísmo identifica a Dios con el mundo y dicho “Dios” está en permanente evolución. Y el panteísmo es tan viejo como el mundo. Y no es precisamente una reforma lo que pretenden las teorías de Teilhard de Chardin para la Iglesia Universal,  ES UNA REVOLUCIÓN, PERO COMO ESTE NOMBRE SUENA MAL, LA DENOMINAN UNA “EVOLUCIÓN”.

La prueba es la carta que Chardin escribió el 4 de octubre de 1950 a un antiguo dominico separado de la Orden; entre otras cosas le dice:

“Esencialmente considero, como usted, que la Iglesia (como cualquier realidad viva) al cabo de cierto tiempo, llega a un periodo de ‘mutación’ o ‘reforma’ necesaria. Al final de dos mil años es inevitable. La Humanidad se está transformando. ¿Cómo el cristianismo no habría de hacerlo? Mas precisamente considero que la reforma en cuestión (mucho más profunda que la del siglo XVI) no es una simple cuestión de instituciones y costumbres, sino de FE. De algún modo nuestra imagen se ha desdoblado, en relación con el Dios tradicional y trascendental del “En-Haut” (Arriba). Una especie de “En-Avant” (Adelante) surge para nosotros, hace un siglo, en dirección de algún “Ultra-Humano”. A mi parecer, todo está aquí, se trata de volver a “repensar” en Dios en términos, no más de Cosmos sino de Cosmogénesis. Un Dios que no se adora ni se alcanza más que por un acabamiento de un Universo que El llena de luz y de amor (e irreversible) desde dentro”.

Creemos que con lo dicho, es suficiente para convencernos de que Chardin fue un profeta del Anticristo.
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SOBRE la REPRODUCCIÓN del CONTENIDO de B&T: Se concede el permiso para reproducir, total o parcialmente, las traducciones originales de este blog, en otras páginas o blogs, con la condición de mencionar el origen del mismo, así como a su autor original y el nombre del traductor. El autor de B&T hace lo correspondiente al tomar material de otras páginas, sin excepción, y a pesar de no concordar totalmente con las ideas de otras webs o autores, creyendo que en esto reside un simple pero no despreciable acto de honestidad.

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Responses

  1. Mira, Teilhard de Chardin no fue ningún anticristo. El problema aquí es Tomás Moreno Carbantes, que no estudió geología ni paleontología. En pocas palabras es un ignorante para interpretar lo que en verdad quería decir Teilhard.y eso es todo el embrollo. Lo que hace falta a esté señor es trabajar duramente en el modo y sentido espiritual y natural cómo lo hizo Teilhard, para que aprenda y comprenda lo que es amar a Dios. Lo afirmo, la vida de Tomás va pasar por desapercibida, por lo tanto que no se esmere en escribir teorías… Digo tonterías como está, porque sólo pierde tiempo de su desapercibida vida. A este señor le aconsejo que debería gastar mejor su tiempo en refutar ó descalificar al comunismo ó la masonería, no sé yo, pero no gana nihilo con tratar de acusar a Teilhard de hereje… Si jamás lo demostró con este libro. Mira para demostrarte que este señor dice puras cosas sin sentido te daré un ejemplo. Dice él: Durante su vida, en actitud de franca desobediencia a sus votos y a sus superiores? Qué? Sabías qué Teilhard jamás difundió ninguno de sus libros en ninguna editorial estando él en vida? Sabías tú qué Teilhard semanas antes de morir pidió permiso? Para que sí por favor le daban permiso de disfrutar y morir sus últimos en su casa osea en Francia. No, es seguro que no lo sabes, porque eres un ignorante más cómo Tomás Moreno Carbantes.
    Saludos, como te llames.

    • Sr. “Pedro mensajero” que dice que viene a refutar las falacias que se escriben aquí:
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      Ud. sí me hizo reír con su mote, ¡buena suerte!, bien se ve que le preocupa mucho la imagen de Teilhard de Chardin y su causa. ¿Sabe cuál es el problema con los “eruditos” del modernismo?, que hay que interpretarlos, esto, ya de entrada implica una situación no muy alentadora sobre la tarea de estos teólogos liberales, quienes supuestamente están, a su vez, para interpretar las Escrituras y la Tradición, pero ¡necesitamos intérpretes para el intérprete!
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      Aquí le dejo algunas ligas sobre su defendido T. de Ch., en donde precisamente no se le ve como imitador de Cristo ni defensor de la teología de todos los tiempos, así que ya puede ir preparando su campaña contra “las falacias que se publican aquí y en un número incontable de blogs, páginas, libros, etc.”:
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      Evocando a Teilhard de Chardin por el R.P. Angel David Martín Rubio. Aquí se trata, entre otros temas, sobre la pobre actuación de T. de Ch en el ámbito científico, lo cual, de nuevo demuestra que la verdad nunca fue una de sus preocupaciones.
      Thomist Spotlight. Réginald Garrigou-Lagrange, O.P. (1877-1964) En este artículo se plantea al P. Garrigou-Lagrange, un teólogo de verdad, como uno de los adversarios de las novedades de T. de Ch., y adicionalmente, al Papa Pío XII en su Humani Generis. Cito del artículo: “Sin embargo, el mal no estaba aún tan difundido que evitase la respuesta de la Santa Sede. Alertados los teólogos católicos por Garrigou Lagrange, («La nouvelle théologie, oú va-t-elle?», en “Angelicum”, 23,1946, 126-145), sobre la obra de Teilhard (al igual que ocurre con la del también jesuita de Lubac y otros) recaen de manera implícita las condenas innominadas que Pío XII establece contra la “Nouvelle Théologie” en la “Humani generis” (1950). Para Teilhard, en su correspondencia posteriormente publicada, la Encíclica representa: “una ofensiva integrista de gran envergadura que no me inquieta pero que nos obliga a entrar en la clandestinidad y a trabajar a escondidas más que nunca [¿podría tomarse esta cita textual como franca desobediencia al Papa?]” (cit.por DOMINIQUE BOURMAUD, “Cien años de modernismo. Genealogía del Concilio Vaticano II”, Ediciones Fundación San Pío X, Buenos Aires, 2006, p.310).” Fin de cita.
      Spiritual Exegesis and the Church in the Theology of Henry de Lubac En este libro se lee en la página 13 (mi traducción): “Garrigou-Lagrange en su artículo “La nouvelle théologie oú va-t-elle?” (¿Hacia dónde se dirige la Nueva Teología?) levantó la voz diciendo que tal posición amenaza la inmutabilidad de la doctrina. Él (el P. Garrigou-Lagrange) acusó a Blondel, Fessard y a TEILHARD DE CHARDIN de MODERNISMO.”
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      Sólo algunos “botones de muestra”, no es muy difícil probar la tesis del Ing. Moreno respecto a T. de Ch. apoyándose en eminentes figuras del catolicismo. Para terminar, una ironía, yo quisiera ser tan ignorante como el P. Garrigou-Lagrange o como el Papa Pío XII, en otras palabras, las ofensas que vienen de un modernista son lisonjas para un tradicionalista.
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      P. D.: Y sí, T. de Ch. no tuvo tantas ambiciones como para ser el Anticristo, pero sí que repite con gran entusiasmo el credo materialista que anuncia tanto la Nueva Era como a su Anticristo, así que bien puede considerarse un mensajero de éste. Y vemos que la desobediencia de este malhadado sacerdote va más allá de haber pedido permiso para irse a su casita de Francia.

    • felicito al amigo q defiende al padre Chardin, yo opino lo mismo hay q avanzar en al FE todo el trabajo de estos hombres sera reconocido mas adelante en la historia, hasta donde se Chardin refuta la teoria Darwiniana en la cual somos efecto de una casualidad , de alguan manera el Padre cHARDIN en el fondo ratifica la GORIA DE DIOS Y NOS INTERPELA A Q APRECIEMOS MAS LA CREACION, especialmente ahora q estamos haciendo PEDAZOS LA NATURALEZA, es bien dificl tratar de hacer ver esto a personas ORTODOZAS O DOCTRINARIAS, TE CUENTO YO UN DIA FUI UNO DE ESTOS q no aceptaba nada q no fuera lo q me habian dicho eneseñado , o sea lo q me mandabana es a q GUARDARA EL CEREBRO Y NO LO UTILIZARA, no es facil con esta gente

  2. Cuando Teilhard estaba vivo, debatió y dialogo contra sus detractores y acusadores (seguro que contigo hubiera establecido un debate) “tratando en vida” en rematar contra esos incultos contemporáneos de su tiempo. Lamentablemente, bueno pues, hasta se podría decir que esperaban que muriera Teilhard para empezar echar falacias contra él.
    Ahora 57 años después de la muerte del desfalleciente contribuyente constructor del mundo, Teilhard, sigo viendo tremendas calumnias que se hacen, como he dicho antes, en contra de él. No sé o a lo mejor es por la torpeza de sus acusadores que no se han dado cuenta de una las maestras de la vida que es la “historia”, que todos incluyendo los santos llegaron arriesgarse en proclamar conscientemente y a escribir necedades y estupideces, sí claro está.
    Teilhard hizo lo mismo, estaba en todo su derecho. A lo mejor llegues asir conciencia con estas frases de Pierre.

    El pasado me ha revelado la estructura del futuro.

    Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma.

    Si llegas a saber porque las escribió te vas encontrar con un espejo de tú misma persona.

    De sus detractores vale poco la pena recordar. Creo que no se dan cuenta que Teilhard era un sabio y ellos por su falta de humildad no soportan saber que son unos ignorantes de la extrema derecha.
    Yo puedo cientos citar varios ejemplos de gente importante en la Iglesia que en sus escritos son incoherentes con la Iglesia Católica, mas que a veces alguna cosa sobrevive de su autor: sus descubrimientos y sus ideas han transcendido y progresando que han sido aceptadas como normales.
    Yo creo que no tengo más que decir porque sólo con decir Teilhard, estoy casi seguro estoy manifestando a alguien que fue y es un Santo.
    Saludos, Alejandro.

    • Muy su gusto y muy su creencia, pero de allí a que alguien pueda sostener tamaña posición y terquedad, hay un trecho muy grande. T. de Ch. fue un heterodoxo y un materialista, quizás a Ud. le guste porque tiene afinidad con lo que dice, y nada más, pero de ninguna manera es católico, ni mucho menos cristiano. Quizás sea Ud. quien no sepa quien fue un teólogo de la talla del P. Garrigou-Lagrange o la cantidad de documentos papales que combaten la posición modernista; y si partimos del hecho que este grande personaje del catolicismo combatió las fantasías de T. de Ch., entonces cualquiera debería preguntarse si uno de verdad está a favor de la causa católica, la respuesta, sin embargo, es negativa. Quizás T. de Ch. contestó o replicó muchas cosas, el hecho es que su visión cosmológica y teológica es heterodoxa, y no hacen falta “interpretadores oficiales” para darse cuenta de ello. Ya en su tiempo, refiere el P. Martín, sucedió lo siguiente:
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      El 6 de diciembre de 1957, el Santo Oficio ordenaba retirar de las bibliotecas y librerías católicas las obras de Teilhard al tiempo que prohibía su lectura y difusión. El 30 de junio de 1962 la misma Congregación publicaba un Monitum en el que se declara: “Independientemente del juicio con respeto a los aspectos referentes a las ciencias naturales, es claro que sus obras presentan, en las materias filosóficas y teológicas, ambigüedades, más aún, errores graves, que dañan a la doctrina católica”.

      Junto con este texto, en “LOsservatore Romano” del mismo día apareció una exposición oficiosa atribuida al propio Santo Oficio sobre las razones que fundamentan la medida tomada. Se afirma en primer lugar que Teilhard incurre en una indebida trasposición al plano teológico de términos y conceptos tomados de las teorías sobre el evolucionismo y que, como consecuencia, se derivan graves errores (seguimos la exposición hecha por José Luis Illanes en la GER):

      — una defectuosa explicación de la creación, que no salva la libertad del acto creador divino ni la ausencia de un sujeto preexistente;
      — diversos puntos débiles en la descripción de las relaciones entre Dios y el mundo, que hacen que no quede clara la trascendencia divina;
      — presentar de tal manera a Cristo que no se salvan la libertad y gratuidad de la Encarnación;
      — desconocer las diferencias y los límites entre la materia y el espíritu; una concepción insuficiente del pecado, que es reducido a una realidad de carácter exclusivamente colectivo;
      — una presentación naturalista de la ascesis y de la vida cristiana.

      Cualquier intento de reivindicar al heresiarca francés o de fundamentar alguna de las realidades de la fe católica o de la vida cristiana sobre la doctrina o ejemplo de quien proponía la autodisolución del cristianismo para dar paso a una religión renovada que es en realidad una nueva religión cómoda y aceptable para el hombre moderno, no podrá evitar las críticas racionales y teológicas que cabe hacer a la obra de Teilhard de Chardin, menos aún las referencias contenidas en la Humani generis y las condenas explícitas del Santo Oficio.
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      Finalmente, no necesito de ninguna de las frases que me refiere para “encontrarme o reflejarme”, a Dios gracias, la Iglesia tiene multitud de escritores y de prácticas que mueven al recogimiento espiritual sin necesidad de falsas reconciliaciones entre las fantasías cientificistas y las utopías religiosas heterodoxas. En cuanto a la “gente importante” e incoherente de la Iglesia habrá que discernir quién y qué dice.
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      Recomendable leer: La Cosmovisión de Teilhard de Chardin del R.P. Julio Meinvielle

      • Le refiero la conclusión del P. Meinvielle, quien no necesita de calificativos fáciles o descalificaciones gratuitas para juzgar la obra de T. de Ch.:
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        Nada importante nos queda por añadir a lo ya dicho. Lamentamos tener que formular juicio tan severo para un sistema cuyo autor es un alma buena y generosa. Pero juzgamos al sistema, no al autor. Y la verdad tiene primacía sobre toda consideración personal.
        Teilhard biólogo eminente ha tomado como profesión primera de su vida la de la Fe en la Evolución. “Creo en la Evolución”. Y desde esta óptica biológica evolutiva ha pretendido divisar todo el panorama del Cosmos y de Dios, de la Naturaleza y de la Gracia, de las cosas de la tierra y del cielo. Y ha inventado un sistema grandioso y coherente para la imaginación, en el cual todo se sostiene, todo se armoniza, todo se conjuga. Arrancando de las partículas cósmicas que se diseminaban por los espacios siderales, imagina bajo la acción unificadora de Dios, un proceso titánico de consolidación centrada de esas mismas partículas. Las partículas vivientes, conscientes, inteligentes, y crísticas se agitan en remolino arrolados, en dirección a un Centro, y engendran el Cosmos de la Cosmosfera, de la Biosfera, de la Noosfera y de la Cristosfera. Un poderoso Cono, un Cohete, una flecha que apunta al punto Omega y proporciona a Dios un acabamiento y un perfeccionamiento.
        La imaginación queda satisfecha. Pero la inteligencia descubre aquí un sistema de un monismo imposible y absurdo. Como ha dicho y demostrado Guérard des Lauriers, un monismo gnoseológico, cósmico, causal y metafísico. Un monismo gnoseológico porque todo el Universo, en sus estructuras más diversas, de la partícula del átomo hasta los más altos misterios cristianos, son vistos a través de un enfoque biológico. Un monismo cósmico porque todo el Universo se construye por concentración de partículas materiales-espirituales que se van desarrollando en el Espacio-Tiempo. Un monismo causal porque la materia es causa eficiente, material, formal y final del rpoceso evolutivo ya que ella, por su propio impulso interno, va alcanzando grados más altos de una perfección a la que se dirige como a meta que se había propuesto. En fin, un monismo metafísico porque, al omitir la analogía del ser, única que salva la diferencia esencial entre el ser por esencia y el ser participado, exige una metafísica de la Unificiación, en la que la realidad consiste en el mismo proceso unificativo que, por vía evolutiva, va construyendo el Gran Pleroma, en el que Dios y la creatura se hacen un todo.
        ¿Panteísmo, confusión? Preferimos pensar que se trata de una Grandiosa Fantasía. Grandiosa Fantasía, que si se toma en serio -y en serio puede tomarla el hombre moderno, destituído de una recta metafísica- puede resultar una peligrosa gnosis teosófica.
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        Fin de cita.

  3. Me quedo con muchas de las ideas que influyo Teilhard de Chardin.
    No puedes desmentir mis objeciones con las que cuestiono la erudición de Tómas. Teilhard no fue herético sino ortodoxo serio. Ortodoxia que jamás se le fue cuestionada en vida a Teilhard. Cuál es el porqué de que en vida a Teilhard le temían en vida? Por lo mismo que le dijo al Dominico: “Esencialmente considero, como usted, que la Iglesia (como cualquier realidad viva) al cabo de cierto tiempo, llega a un periodo de ‘mutación’ o ‘reforma’ necesaria. Al final de dos mil años es inevitable. La Humanidad se está transformando. ¿Cómo el cristianismo no habría de hacerlo? Mas precisamente considero que la reforma en cuestión (mucho más profunda que la del siglo XVI) no es una simple cuestión de instituciones y costumbres, sino de FE. De algún modo nuestra imagen se ha desdoblado, en relación con el Dios tradicional y trascendental del “En-Haut” (Arriba). Una especie de “En-Avant” (Adelante) surge para nosotros, hace un siglo, en dirección de algún “Ultra-Humano”. A mi parecer, todo está aquí, se trata de volver a “repensar” en Dios en términos, no más de Cosmos sino de Cosmogénesis. Un Dios que no se adora ni se alcanza más que por un acabamiento de un Universo que El llena de luz y de amor (e irreversible) desde dentro”.

    Tú por qué crees que se hacen los concilios? Si tienes conocimiento de eso, podrías darte cuenta que hay cambios en la creencia en los dogmas de fe.
    La Concepción de Teilhard sobre el pecado original no es la misma concepción que aún tiene la Iglesia. Deja te recuerdo de un cambio radical que hizo la Iglesia, como por ejemplo: que después del Concilio Vaticano II el concepto del limbo fue abandonado.

    El pecado original como lo veía Teilhard, no es realmente como aquí de una forma simplificada.

    6.- Concepción meramente estadística del pecado, en virtud de la cual todos los hombres serían culpables colectiva y no individualmente, con aplicación de ello al pecado original. Eso dice aquí.

    El pecado original según Teilhard, es cósmico y colectivo, el pecado del mundo. En cierto modo, el mal está ligado estructuralmente no a lo múltiple, que no es bueno ni malo, sino a un mundo en evolución, en cosmogénesis, en vías de unificación, porque el fallo es siempre posible en un mundo en génesis es siempre frágil.
    Por otra parte, el pecado presenta un aspecto colectivo. El hombre es solidario no sólo del cosmos, sino del hombre. Cierto que las “faltas individuales siguen siendo individuales”! Pero, aun sin hablar de su resonancia social, siempre mayor o menor, no hieren solamente al individuo, hieren al hombre, a lo humano, en tanto que universal concreto. Hieren a la humanidad, que es una y constituye ciertamente el único Adán al cual alude San Pablo. Los alemanes, en los campos de concentración, se entregaban a experimentos de enfriamiento y de calentamiento del cuerpo humano, experimentos que eran, torturas camufladas. En la película “vencedores o vencidos” se comprueba que realizaban tales manipulaciones sádicas hasta con niños. Pues bien, cuando contemplamos a una de esas desdichas víctimas con los pies helados y las piernas inertes, se nos conmueve el corazón. Y es que esta deshumanización del verdugo deshumaniza a la humanidad a la humanidad entera, es decir, a cada uno de nosotros. En cierto modo, todos somos solidarios de los campos de la muerte, nazis o estanlinianos.
    Así, pues, el pecado original, para Teilhard, aun conservando su dimensión personal, pasa a ser cósmico y colectivo.
    A partir de aquí ya no es posible desvincularse de los primeros hombres pecadores, protestar con el pecado “hereditario” del cual nos considerábamos individualmente “irresponsables. Ya no podemos lavarnos las manos del mismo, no sólo porque cada uno de nosotros, por su cuenta, reedita el pecado original, sino porque el pecado es cósmico y colectivo, y nadie puede permanecer al margen del cosmos y de la Humanidad, aunque sea esquizofrénico.
    Otra objeción que tengo, soy Católico y si no soy un santo es mí problema.

    Por ultimo dejo una frase de Einstein:

    La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.

    • No, para nada, los cambios, en la mente de un ortodoxo nunca tocarían la doctrina de siempre ni la mezclarían con las figuraciones del evolucionismo, suficiente demostración es la respuesta en su tiempo de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe (antes Santo oficio), que le he referido ya, así que su creencia de que nadie le objetó nada es falsa.
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      No, ningún Concilio ha tratado sobre “cambios en los dogmas de la fe”, ¿quién le dijo tal disparate o a quién pretende engañar?
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      Léase tan sólo para descubrir la heterodoxia y el error de las ideas (por lo menos eso dista mucho de ser catolicismo), el diagnóstico del P. Meinvielle es preciso. No sólo Ud. se mete en cuestiones de teología deformada sino que da por hecho que el evolucionismo es verdadero, doble error. Hace falta más que un sacerdote chiflado para “cuestionar la erudición de (Santo) Tomás”, de que los hay los hay.
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      El concepto de “limbo” no ha sido abandonado, eso es de su cosecha: http://www.scripturecatholic.com/tradissues_qa.html#limbo
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      Ud. no cree en los dogmas católicos ni tiene la menor idea de lo que trata el catolicismo (hecho que Ud. ha dejado bien claro), me recuerda a esas asociaciones como la de las “Católicas con Derecho a Decidir”, quienes se ufanan mucho por etiquetarse como católicos, pero de catolicismo no tienen la más remota idea.

  4. Yo no digo Santo Tomás de Aquino. Él si que era vehemente pensador y su pensamiento y e ideas han transcendido los tiempos hasta ahora. Pero este ignorante inculto llamado Tomás Moreno Carbantes, no merecen ni existir sus redacciones ó libros dan vergüenza ajena.
    El concepto antiguo del vocablo “Limbo” ha sido abandonado por la Iglesia. La Iglesia Católica debe progresar hacia arriba pero más hacia adelante, porque la humanidad tiene a ir hacia adelante.
    La palabra, la buena nueva; el evangelio debe avanzar no es una revelación retrograda que se quedo en el pasado, estancada, pueril, antiintelectualista, no, no lo es. Vaya, bueno pues, aun que sí que hay alguien que es y esta pasado, estancada, pueril, antiintelectualista, personas tales como Tomás Moreno, que no permiten el progreso de la Iglesia.

    Historia resumida del Limbo: Se propuso a partir del siglo XIII para explicar el destino de los que mueren sin haber cometido pecado mortal pero sin el bautismo. En la pastoral se hablaba del limbo sobre todo en referencia a los niños que morían sin ser bautizados.

    Anulación de la creencia del Limbo: Después del Concilio Vaticano II el concepto del limbo fue abandonado. El Catecismo actual confía el destino de los no bautizados en las manos de Dios sin elaborar.

    Fuente: http://corazones.org

    • Su triunfalismo no pasa de ser chusco, es ocioso ponerse a discutir con un “convencido” como Ud. al que mil argumentos no lo harán cambiar de opinión, como le he dicho, Ud. es libre de creer en las enseñanzas heterodoxas de T. de Ch., pero eso está fuera del catolicismo (lo diga el Ing. Moreno o no, si Ud. no puede darse cuenta de lo excéntrico de sus opiniones, por algo será, algún interés implícito tendrá), le he referido las opiniones autorizadas de personajes de peso, verdaderamente católicos, el que Ud. crea que ha ganado algo aquí, es su simple entusiasmo y ánimo de polémica barata, pero lo que se ha escrito de forma seria sobre su personaje es simplemente lapidario, nadie en sus cinco sentidos pretenderá que la posición de T. de Ch. es ortodoxa, ni siquiera innovadora, es una simple exposición materialista del mundo con pretensiones sobrenaturales y que no se verifica en la realidad, y que sólo tiene el propósito de echar abajo el orden cristiano bimilenario. ¿Por qué tiene miedo que le llamen al pan, pan y al vino, vino? T. de Ch. es heterodoxo y es el punto de partida del modernismo, todo lo demás son “dimes y diretes”.
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      El que se haya abandonado el concepto del limbo después del CVII tan sólo refleja el carácter de este concilio, pero eso no quiere decir que en el futuro no pueda retomarse esa discusión o que pueda abandonarse a su vez la opinión actual, ningún Papa después del CVII ha definido el asunto, así que “abandonado” no quiere decir desechado definitivamente.

    • Muy recomendable:
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      «El Teilhardismo y la Nueva Religión» de Wolfgang Smith

    • Para empezar, este tipo considera válido un Concilio que a todas luces es inválido: el Vaticano II. Ya ni peleen con este palurdo.

  5. Soy alguien racional en el stricto sensu. Teilhard afirma tales cosas que la razón pide. La Iglesia nunca ha tomado tan enserio el conflicto del pecado original como Teilhard. Sólo para darte un ejemplo de heterodoxia de Teilhard, es el concepto que tiene él del pecado original. El pecado original tal y como es, jamás sucedió históricamente y por lo tanto queda refutado la premisa del primer pecado cometido por Adán. Jesucristo vino a sepultar tal pecado con su muerte, ahora cada uno es responsable de su libre albedrío, ya nadie tendrá que culpar al pecado original, sino a nosotros mismos. Yo soy un ferviente creyente con todo el esplendor de la palabra, pero no estúpido para aceptar tales falacias históricas. Teilhard se pone en mis situación por lo tanto desea solucionar tal problema, para ganarse así tanto a religiosos como a científicos.
    No tiene sentido discutir si el pecado original fue causado mas o menos hace 10 o 12 mil años, sabiendo que los astrofisicos y geologías datan que la tierra tiene una edad de cuatro mil quinientos millones de años. Sería absurdo discutir tal tema que ahora la Iglesia lo toma como algo simbólico y no como un hecho sucedido algún lugar del universo.
    Teilhard sera para mí, unos de los que me encamino a la fe.

    Sigues discutiendo sobre lo del limbo es sabido que ya no se cree definitivamente.

    • La ortodoxia no es un título o una corona que uno mismo se coloque en la cabeza, la ortodoxia en todo caso debe responder al Magisterio de la Iglesia, el cual es el parámetro de esta característica, este no es el protestantismo donde cada quien es su propia autoridad. Más que presumir lo que Ud. desea o pretende ser, lo debe demostrar con hechos, creer en las fantasías de Chardin desafortunadamente está fuera de la ortodoxia, lo diga o no lo diga yo, lo diga o no lo diga el Ing Moreno. Lo que se ve no se juzga.
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      Por definición, no es ortodoxo quien no crea un dogma de fe:
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      4.- Cristo fue verdaderamente engendrado, y nació de una hija de Adán, la Santísima Virgen María. [existencia implícita de Adán]
      Los símbolos eclesiásticos lo han admitido así desde un principio. El símbolo apostólico dice “natus ex Maria Virgine”; el símbolo Quicumque profesa: “ex substantia matris in saeculo natus”, Dz 40.
      Génesis 22:18, Mateo 1:9-27, Romanos 1:3, Mateo 1:16, Lucas 1:31, Gálatas 4:4, San Ignacio de Antioquia (Smyrn. 1, 1, Eph. 18, 2), Tertuliano (De carne Christi 20; S.th. III 4, 6).

      22.- El pecado de Adán se propaga a todos sus descendientes por generación, no por imitación (existencia del pecado original).
      El Concilio de Trento declaró en el Decretum super peccato originali, que Adán pecó para todos y no sólo para sí mismo; Dz 789-791.
      Salmo 50:7, Job 14:4, Romanos 5:12-21, San Agustín (De nupt. et concup. 11 12, 25), San Cipriano (Contra Iul. 1 6, 22).
      23.-El pecado original se propaga por generación natural.
      El Concilio de Trento define: “propagatione, non imitatione transfusum ómnibus”; Dz 790.
      24.-En el estado de pecado original, el hombre se halla privado de la gracia santificante y de todas sus secuelas, así como también de los dones preternaturales de integridad.
      Dz 788 s.
      Juan 12:31, 2Corintios 4:4, Hebreos 2:14, 2Pedro 2:19.
      25.-Las almas que salen de esta vida en estado de pecado original están excluidas de la visión beatífica de Dios.
      El segundo concilio universal de Lyon (1274), y el concilio de Florencia declararon: “Illorum animas, qui in actuali mortali peccato vel solo originali decedunt, mox in infernum descendere, poenis tamen disparibus puniendas”; Dz 464, 693; cf. 493 a.
      Juan 3:5.

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      Todo lo anterior son dogmas de fe, y quien no los crea, no sólo no es ortodoxo sino que es hereje, ergo, T. de Ch. es hereje y quien se adhiera a las fantasías de él, se pone en grave peligro, y por supuesto, ¡no es ortodoxo! ¿de qué hablamos?

  6. No puede luchar fe contra la razón. Yo creo que la evolución es un hecho, ningún científico biólogo, no religioso lo discute. Los católicos intelectuales están conmigo sobre la cuestión de la evolución.Vemos alrededor personas que se ocultan en su cueva, no hablan sobre su no creencia en la evolución, porque sabes que son susceptibles ha ser insultados mofados y tomados como ignorantes, es porque lo son.

    Te voy hacer una pregunta y, no es apta para todo espíritu melancólico que es susceptible a caer en el cientificismo ó en la angustia existencial.

    Si nosotros jamás evolucionamos… Dónde está el fósil del Homo Sapiens? No tenemos datos de algún cadáver del Homo Sapiens que nos diga que haya existido hace más 100 mil años. Simplemente porque no lo hay.
    Muy apenas podrían encontrar alguno de 30 mil años… No más. Es poco de como quiera 30 mil años sabiendo la edad del universo y de la tierra, simplemente no tiene sentido debatir sobre esto porque no hay ninguna buena respuesta o argumento.
    Esa es mi pregunta muy personal y muy original fíjate.

    • No sé de cuál hipótesis Ud. hable, porque dentro del evolucionismo existen tantas corrientes como cabezas en el mundo, obviamente, en lo que respecta a quien presuma de ser católico, creerá en tal cosa en la medida en que la ciencia lo haya demostrado más allá de la duda y sin entrar en conflicto con la verdades de Fe. Hablar así de la evolución es hablar de forma muy general e ignorar convenientemente las mismas corrientes contradictorias. El hecho es que no se verifica en los fósiles el supuesto primer organismo, el hecho es que el transformismo (macroevolución) tampoco se verifica. Si Ud. se refiere a las pequeñas variaciones dentro de las especies (la llamado microevolución), sí existiría la evolución. Ud. plantea las cosas de forma demasiado general (hablando de hipótesis y de hombres que se adhieren a tales hipótesis). La evolución en sus formas más radicales exige una fe (algo que contradice su otro argumento expresado aquí). Una precisión, yo creo en el Magisterio de la Iglesia no en lo que un grupo de sacerdotes o religiosos creen.

    • Este tipo no se ha enterado que actualmente las teorías darwinistas penden de un hilo porque se está descubriendo que el hombre proviene de un linaje totalmente distinto al del mono, en fin. Que alguien el explique a este palurdo.

  7. Soy alguien racional en el stricto sensu. Teilhard afirma tales cosas que la razón pide. La Iglesia nunca ha tomado tan enserio el conflicto del pecado original como Teilhard. Sólo para darte un ejemplo de heterodoxia de Teilhard, es el concepto que tiene él del pecado original. El pecado original tal y como es, jamás sucedió históricamente y por lo tanto queda refutado la premisa del primer pecado cometido por Adán. Jesucristo vino a sepultar tal pecado con su muerte, ahora cada uno es responsable de su libre albedrío, ya nadie tendrá que culpar al pecado original, sino a nosotros mismos. Yo soy un ferviente creyente con todo el esplendor de la palabra, pero no estúpido para aceptar tales falacias históricas. Teilhard se pone en mis situación por lo tanto desea solucionar tal problema, para ganarse así tanto a religiosos como a científicos.
    No tiene sentido discutir si el pecado original fue causado mas o menos hace 10 o 12 mil años, sabiendo que los astrofisicos geólogos datan que la tierra tiene una edad de cuatro mil quinientos millones de años. Sería absurdo discutir tal tema que ahora la Iglesia lo toma como algo simbólico y no como un hecho sucedido algún lugar del universo.
    Teilhard sera para mí, unos de los que me encamino a la fe.

    Sigues discutiendo sobre lo del limbo es sabido que ya no se cree definitivamente.

    • Yo también soy racional, pero no son tan iluso para pretender que todo es demostrable (ni siquiera en el campo de la ciencia mismo) y cerrarme a lo que yo considero que no tiene demostración (en ese caso uno sería un anacoreta muy, pero muy infeliz). El cuestionamiento histórico en el modernismo es un ardid para meter el Caballo de Troya en la Iglesia, pero desafortunadamente uno podría elaborar el mismo “argumento” para derribar lo que se quisiera. Nadie dentro del catolicismo (que importe su opinión), ni en ninguna época le ofrecerá fechas, eso es suposición suya; y la datación es en realidad muy flexible e incluso existen hipótesis alternas sobre una tierra joven, así que en principio Ud. da por sentado que la datación es absolutamente confiable, a pesar de las fluctuaciones en las cifras que se dan. Su motivación última es demasiado débil (ganarse a religiosos como a científicos), e implica varios prejuicios de su parte: su creencia en la falacia “fe vs. ciencia”, su creencia en que todos los científicos son materialistas irreductibles, que los religiosos son tontos, que no existen científicos que puedan creer las verdades de la fe, que la verdades de la fe se demuestran sólo por medios físicos. Lo cual es un error y es el que cometen personajes como Dawkins y cia., el pretender que las verdades de fe son abordables desde el punto de vista de las ciencias naturales, pero ¿qué ciencia natural estudia a Dios?, ninguna, es pues un error básico confundir esto. El ganarse a musulmanes, judíos, budistas, protestantes, es la fantasía del modernismo y es la esencia de la religión anticristiana, la que han postulado desde siempre enemigos feroces de la Iglesia como la masonería, pero eso en sí es contradictorio y es absurdo. La Iglesia ha demostrado por veinte siglos una asombrosa y sobrenatural unidad de doctrina que ningún sistema goza, es iluso creer que podamos cambiar esta integridad y unidad por una fantasía que si algo demostró es el absurdo de sus principios (véase por ejemplo la posición implícita de Chardin acerca de la eugenesia: http://wp.me/pcXTf-4k5) Vea el análisis de un científico católico a las ideas de Chardin: http://wp.me/pcXTf-4jA
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      ¡No!, la Iglesia no considera imaginario, falso, simbólico el Génesis, no confunda la posición modernista con la enseñanza de la Iglesia: La Interpretación Católica del Génesis
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      ¡No!, si Ud. no se bautiza y respeta los Mandamientos de Dios hasta el final de sus días el sacrificio de Jesucristo no le sirve de nada a Ud., ni es automático ni es mágico, no se engañe.
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      Vea la fuente que cita, algo que es objeto de discusión no puede desecharse nada más porque exista una corriente que no desea sostener el punto de vista tradicional, por naturaleza, algo así está abierto, y como le he dicho, eso no impide que mañana se retome, pero el objeto de este ejemplo, su ejemplo, es el pretender, Ud. pretende, que los dogmas son cambiables, ¡no!, el limbo no es dogma y en la historia de la Iglesia nunca se ha cambiado un dogma (Listado de Dogmas Católicos).

  8. Estaré pendiente con lo que me dijiste. Me gusto tu forma de confrontarme, Gracias.

  9. Estimados, mucho después de vuestro debate, estoy leyendo lo que escriben sobre Teilhard, he leído todos sus escritos y estudiado en mis tiempos de juventud su pensamiento y fundamento. Teilhard tuvo mejor suerte que Giordano Bruno, la Iglesia del Amor y la Paz -Roberto Belarmino, Torquemada, etc.- no hubieran dudado en enviarlo a la hoguera. El problema central no es si el pensamiento filódofico, teológico y científico de Pierre Teilhard de Chardin es ortodoxo según los dogmas de la Iglasia Católica, el asunto central es la intolerancia para entender que en esta humanidad no todo pensamos ni creemos igual. Teilhard nunca en su vida y debates trató a sus compañeros de diálogo como Alejandro y el Sr. Moreno tratan a él en sus reflexiones. Si vuestra Fe es tan firme y segura ¿Para qué poner tanta vehemencia en defenderla? La verdadera Fe triunfa por el testimonio del Amor y la justicia, no por vilipendiar a quien no piensa como yo.
    Ante estos pensamientos, no dudo en declararme con los términos de la condena injusta de Giordano Bruno: “Apostata, hereje impenitente, obstinado y pertinaz” a mucha honra. Antonio Franco

    • Cada quien actúa conforme al Padre que tiene, yo quiero acercarme a Dios, la Sma. Trinidad, y alejarme del soberbio y “orgulloso” demonio y su “non serviam”, esa es la pequeña gran diferencia entre unos y otros, quedando en el medio todos los tibios detestados por Dios, la Sma. Trinidad.
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      “La Iglesia es intolerante en los principios porque cree; pero es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios porque no creen; pero son intolerantes en la práctica porque no aman”. Esto lo dijo el gran teólogo R.P. Reginald Garrigou-Lagrnage O.P., por cierto, opositor decidido y resuelto contra los errores y herejías de Teilhard de Chardin, con esto se demuestra la mentira de aquellos que hoy, sólo de palabra se escudan en la “tolerancia” pero en los hechos se dedican a erradicar todo lo que se les oponga, ya sea a quienes denuncian el modernismo dentro de la Iglesia, la judaización dentro de la iglesia, el “holocausto” judío, la perversión de la homosexualidad, el aborto, la eutanasia, etc., es decir, muchos dicen y hasta predican el “pensamiento diferente” pero en los hechos promueven el pensamiento único, sin que los asista el menor argumento lógico posible. N.S. Jesucrsito al final triunfará sobre todos sus enemigos y se cumplirá Su palabra de que las puertas del infierno no prevalecerán sobre Su Iglesia, eso es un hecho. Lo anterior no quiere decir que todo católico, verdadero cristiano, deba echarse a dormir, pues cada uno en sus posibilidades debe ofrecer el buen combate, sabiendo que sus esfuerzos le valen para la salvación de su alma y no necesariamente, si no es la voluntad de Dios, la Sma. Trinidad, para que el escenario mundial cambie dramáticamente, en la historia de la Iglesia nunca fue necesario que las condiciones del mundo le favorezcan, lo que sí es una constante es que siempre debe defenderse la Verdad hasta el martirio.
      +
      “Vilipendiar al que no piensa como yo” es una descripción muy inexacta, pues aquí, por lo menos de mi parte, no se exponen argumentos “ad hominem”, sino que se aborda, con todas las limitaciones que este medio ofrece, la “teología” teilhardiana. Sin embargo ese es otro error del hombre moderno, que ya ni siquiera sabe separar al hombre de su pensamiento, por ello se induce el error de tolerar “pensamientos” en lugar de tolerar a los otros, a pesar de sus pensamientos errados. Por ello el mundo moderno de hoy ofrece muestras tan discordantes de “tolerancia” con los errores ya mencionados, porque cree que con esto tolera a las personas que caen en ellos. El dilucidar si los proposiciones Teilhard de Chardin son erróneas y hasta heréticas (lo que ya han hecho teólogos de la talla de un Garrigou-Lagrange) es la tarea de la Iglesia, en este tiempo y en cualquier otro.
      +
      Algunas precisiones sobre Giordano Bruno, extraídas de la Enciclopedia Católica (artículo que estaré publicando en breve):
      +
      1. Bruno no fue condenado por su defensa del sistema astronómico copernicano, ni por su doctrina de la pluralidad de mundos inhabitados, sino por sus errores teológicos, entre los cuales estaban los siguientes: que Jesucristo no era Dios sino sólo un mago extraordinario con muchas hablidades; que el Espíritu Santo es el alma del mundo [filopanteísta al igual que Teilhard]; que el demonio será salvado, etc.
      2. … (Bruno) fue excomulgado por un Concilio calvinista debido a su actitud irrespetuosa hacia los dirigentes de esta iglesia y fue obligado a dejar la ciudad (Ginebra)…
      3. En 1583 cruzó hacia Inglaterra y, por algún tiempo al menos, disfrutó del favor de la Reina Elizabeth y la amistad de Sir Philip Sidney. A este último dedicó uno de sus ataques más amargos hacia la Iglesia católica: “Il spaccio della bestia trionfante”, “La expulsión de la Bestia triunfante”, publicado en 1584. Visitó Orxord, donde se le negó el privilegio de dar una conferencia, después publicaría dos obras donde atacaría a los profesores de Oxford diciendo que ellos sabían más de cerveza que de griego…
      4. En Alemania, a donde fue en 1587, mostró el mismo espíritu de insolencia y presunción que en Oxford. En Helmstadt fue excomulgado por los luteranos…
      5. Bruno fue arrestado, y en su juicio ante inquisidores venecianos primero trató de buscar refugio en el principio de “las verdades de doble significado” (teológico y filosófico), diciendo que los errores que se le imputaban los sostenía “sólo como filósofo y no como cristiano honesto”; sin embargo, luego abjuraría solemnemente de sus errores y dudas en materia de doctrina y prácticas católicas… (Por supuesto, fue quemado en la hoguera en 1600, habiendo tenido mucho tiempo para poner en orden sus pensamientos en la prisión de la Inquisición romana -6 años-).

      http://www.newadvent.org/cathen/03016a.htm
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      En fin, muchos otros datos interesantes que ya estaré publicando. Así se ve cuál fue la calidad de “tolerancia” de Bruno y cuál fue la calidad de sus convicciones, las cuales sostenía cobardemente y ni siquiera fue acogido, antes excomulgado, por los demás movimientos opositores a la iglesia.
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      Recomendable sobre Teilhard de Chardin y su falta de ortodoxia: https://bibliaytradicion.wordpress.com/?s=teilhard&x=0&y=0

      • Estimado Alejandro, entiendo su fervor y dedicación por defender el Dogma Católico; es su Fe. Quizá si usted ubiese nacido en China o en India o en una familia Protestante ubiese sido educado en otra confesión. No soy relativista ni modernista, pero he aprendido como enseñaba Gandhi que aquel que busca la Verdad debe ser más humilde que el polvo. Sé que usted no acepta la evolución. El pensamiento basado estrictamente en los dogmas hacen que más que buscar la verdad, se defienda apologéticamente la que se recibió como tal, pero en el desarrollo del pensamiento humano no pienso sea correcto el fundamentalismo. Conozco bien la trágica historia de Giordano Bruno y he leido también sus escritos -mi Tesis final en la Facultad de Filosofía fue sobre su metafísica-. Ciertamente fue condenado a la hoguera por tres sentencias: 1. Disciplinaria, Apostasía, ya que siendo religioso Dominico, abandonó la vida religiosa sin mediar permisos. 2. Teológicos: No creía en la Santísima Trinidad. Sería largo de explicar aquí su fundamento, pero parte de la concepción del Universo como infinito, separándose de la concepción aristotélica de finito. Si el universo es infinito, Dios es inmanente al mismo. Su concepción es parmenidiana en parte y panteísta, pero como creyente siempre mantuvo la alteridad Dios – Mundo en sus escritos y enseñanza. No creía en la divinidad de Jesús. En la Virginidad de María, ni en la Trasubstanciación. 3. Sentencia Filosófica: En ese entonces para la Teología Católica la Filosofía era considerada “Ancilla Theologiae”; Bruno libera a la filosofía de toda cadena que la haga sierva de dogmas. Bruno comprendió que la filosofía sólo puede ser tal en libertad de pensamiento (un antiguo debate medieval con el lúcido aporte de San Anselmo). En este contexto expresa su convicción no sólo heliocéntrica (Copernico), sino en la existencia de infinitos mundos, sistemas. Alejandro nopuedo seguir viendo lo que escribo, por un problema técnico de mi pc. pero permitame y espero no equivocarme en el tipeo, pues no pudo corregir, se ha querido ningunear la obra y el pensamiento de Giordano Bruno, pero le puedo asegurar que es digno de conocerse por su intuición y fundamentación. Usted descubrirá que no es un cobarde. Hay que vivir 8 años en las celdas del Santo Oficio -tuve ocasión de conocerlas en el Vaticano, con los gritos de desesperación de los condenados, con las dudas uqe revuelven el alma, con la tortura del potro y la tortura psicológica de la condenación; mantenerse firme en su forma de pensar y sufrir el asesinato cruel de que te quemen vivo -ya no se hacía esta práctica en Roma, pero sí con Bruno-, todo esto mi estimado Alejandro no es de cobardes. El fanatismo de las reiligiones, de todas, con sus dogmas y supersticioes ha provocado guerras infames y crímenes nefastos en nombre de la Fe (La noche de San Bartolomé, las cruzadas, la cacería de brujas, la masacre de los cátaros, etc. Bruno escribió: “Ninguna de las Religiones existentes es buena porque todas, en alguna medida,son instrumentos de poder y empujan al ser humano a odios y guerras fratricidas y luchas sanguinareas”. por último y volviendo a su primera expresión, no temo al infierno, no es parte de mi Fe, ehe aprendido a creer sin temer, no encuentro alianza entre la Fe pura y confiada y la amenza infantil del infierno. Bruno decía “El infierno no existe, pero la creencia infundada de su existenbcia, hace del infierno una realidad”. Si Dios y el Universo es uno, no hay lugar para el infierno; esa era su concepción. Me da mucho gusto conversar con usted, pero lamentablemente debo dejar ahora. Que tenga una buena jornada. Antono.

        • Los caminos y las disposicones de Dios son misteriosas y maravillosas. En realidad, yo sí fui educado en otra confesión, pero tuve la fortuna de que Dios, la Sma. Trinidad, puso en mi camino a mi padrino, que en paz descanse, y quien me explicó en qué consistía el catolicismo y la importancia de los dogmas, así que sólo puedo agradecer a Dios, la Sma. Trinidad, que yo y mucha gente aún viviendo y siendo educado en corrientes erradas nos ponga en el camino a buenas personas católicas que están dispuestos a compartir la única Verdad. Obviamente Ud. habla desde el punto de vista del fanatismo liberal, el cual jamás ha hablado con la verdad, puesto que si lo hiciera en realidadno tendría nada que decir a favor de sus intereses y su ideología. Hoy día, y en el último siglo, más gente ha muerto gracias a las ideologías liberales que todo ese cuento de las “religiones” que Ud. quiere sacar aquí: súmese los horrores del comunismo, el aborto, la eugenesia, la eutanasia y todos los presos políticos de los regímenes liberales y allí tendrá su cuento de horror hecho realidad (tan sólo entre las víctimas totales del comunismo y el aborto en la URSS la suma sobrepasa los 300 millones de muertos).

  10. Estimado Alejandro, buen día y muchas gracias por su devolución. Ciertamente la Providencia del Padre nos pone en camino y nos regala la Fe para transitarlo. Afirmo con usted que los horrores de las guerras y los múlriples crímenes que se suceden en nuestra humanidad, exceden al ámbito de la Iglesia Católica. Pero igualmente cierto que a la par de los fanatismos ideológicos, también históricamente es cierto los desmanes y crímenes cometidos por los fanatismos religiosos. Una cosa no quita la otra; además la Iglesia que se considera la portadora exclusiva de la única Verdad, tiene una responsabilidad histórica mayor. A mayor conciencia, mayor responsabilidad. El Nolano en una sociedad condicionada absolutamente por las luchas totalitarias de los Reinos -incluido el Pontificado de Clemente VIII-, lucha centrada en el poder político y religioso (Reforma y Contrareforma), buscaba filosofar, pensar la realidad, el cosmos, la naturaleza sin los límites de dogmas y prescripciones canónicas, por eso huía de Reino en Reino, de la Iglesia Católica, de la Calvinista y de la Luterana, por eso las tres en un tiempo en que ni dialogaban, ni se ponían de acuerdo, coincidieron en condenarlo como hereje. Pienso que Giordano Bruno fue el más grande y mejor de los herejes. Como usted sabe “Hereje” viene del verbo griego “hairesis”, que significa “elegir”, “Optar”. Esta fue la causa de su permanete huir, pergrinar, en los que varias veces para no terminar condenado a muerte tuvo que negar su pensamiento y pedir disculpas, hasta que por fin tomo el valor humano y digno de no vender más la liberatd de su pensamiento. Sí, también pertenece a la Verdad histórica, el 17 de febrero de 1600, en Campo dei Fiori fue quemado vivo, por haber escrito y haber enseñado lo que pensaba, que por cierto era contrario a la teología y dogma católico. Por eso digo que Teilhard de Chardin tuvo mejor suerte, solo la suerte de haber nacido en otro siglo donde el Santo Oficio, ahora Congregación para la Doctrina de la Fe ya no incendiaba en la hoguera. León XIII supo decir “La Iglesia no teme a la Verdad”. Esto sería bueno tenerlo siempre presente. Si no se teme a la Verdad y se sirve a ella, se sabe que ella es más grande y que en definitva siempre triunfará como la luz sobre las tinieblas. Se puede contradecir a una persona si no pienso como ella, o no creo en lo que ella cree y dar mis razones, pero lo que no considero correcto es lo que se hace con Teilhard en esta página, porque aquí se lo descalifica, se lo ningunea. Nos guste o no Teilhard fue un estudioso, una persona de paz, un hombre serio en su pensar y proceder. Puede que científica y teológicamente tenga desaciertos o errores, pero de allí a minusvalorar absolutamente todo su pensamiento y sus escritos y condenarlo como un anticristo, es una exageración. No todo en la vida, en el pensamiento humano y en el desarrollo de la humanidad es blanco resplandeciente o negro azabache; somos peregrinos, esta es nuestra condición, buscamos la pureza, pero no siempre la alcanzamos. No por eso se debe condenar la búsqueda y al que busca; incluso muchas veces, como en el caso del Nolano, se llega a reducir a cenizas a la persona y arrojarla al río Tiber, para que no quede ni memoria ni rastro de ella, sin embargo no se consigue borrar su espíritu 377 años después leí sus obras y así como yo muchos otros. El respeto por el otro y por su pensamiento, cuando es honesto y fundamentado, de ninguna manera es debilidad, modernismo, liberalismo, etc. forma parte más bien de nuestra condición humana, escucharnos, dialogar como estamos haciendo nosotros, sin necesidad de buscar eliminar y descalificar al otro. Jesús de Nazaret, también fue víctima del Poder de la Religión a la que pertencía y del fanatismo escrupuloso de los fariseos. Lo condenaron en un juicio injusto por miedo a su prédica. Lo condenaron comoblasfemo y hereje -ya había sido expulsado de la Sinagoga-. Como en la historia de Bruno, las Autoridades Religiosas lo entregaron al brazo secular, para no manchar sus manos inmaculadas con la sangre del condenado, pero esas almas condenatorias ya estaban manchadas. Bruno le preguntó a Roberto Belarmino luego que desde la ventana de su celda en los calabozos de la Inquisición romana, viera como ajusticiaban a muerte a un fraile condenado como hereje: “¿Quién les da derecho a matar la vida de otro ser humano?”.
    Aquí en Córdoba la mañana está hermosa. le deseo una buena jornada. Antonio.

    • Me parece que Ud. tiene una concepción muy romántica e irreal de los herejes. En la historia ninguna herejía fue inofensiva, toda herejía implicó un daño inicial al dogma, por supuesto, pero el daño no quedó nunca allí, ¿por qué detenerse a dejar intacto lo menos cuando se ha tocado lo más?, de esta manera siempre hubo repercusiones sociales con los grupos de herejes (es decir, nunca se verificó que el orden social continuara a pesar de lo que se pensara, al contrario, porque la Iglesia católica tenía y debe tener hoy ciertas pautas sociales fundada en el dogma es que hay orden social) y por supuesto, no se abtuvieron de tomar las armas para defender su error, así vemos que la Iglesia, secundada por el poder temporal, y muchas veces ante la iniciativa de este último, se combaten a los herejes con las armas, lo cual sólo fue estar a la altura de las circunstancias, no es posible pretender ver a inocentes palomitas queriendo ser aplastadas por la malvada Iglesia por nada más “pensar” y “optar”, eso es maniqueísmo. Tampoco es posible dialogar bajo la lupa actual, porque la lupa actual es mentirosa y contradictoria, hoy se vive en el caos del libertinaje, creyendo que eso es la libertad y aún pensando que es lo máximo en la historia, pero la realidad es que el mundo actual vive al borde del abismo (hoy se cometen las peores barbaridades que ninguna sociedad humana jamás realizó, ¡hoy!), en esa aparente calma de algo que se equilibra al borde del despeñadero, pero que entre más peso se pone del lado del vacío, más rápido acelerará su caída, y esta sociedad humana actual va a caer y muy duro, eso es lo que anuncian las Sagradas Escrituras por causa de la apostasía generalizada (que ya se verifica), que es peor que la herejía. Ninguna estadística actual superará en limpieza y mesura, por ejemplo, el número de sentenciados en la Nueva España bajo la Inquisición en 250 años; hoy día, cada hora se supera este número en cualquier sociedad humana del mundo. Bruno, como Lutero y como muchos otros herejes notables (Teilhard incluído), tuvieron un perfil sicológico muy parecido, una inteligencia sobresaliente aunada a un ego que no les cabía en el cuerpo y que guiaba sus acciones, así como una tendencia a la dehonestidad y la mentira (recúérdese el parte que tuvo Teilhard en el fraude del “hombre de Piltdown”), nadie niega que no hayan tenido alguna aptitud provechosa, el pero viene cuando creen que sus aptitudes naturales les son suficientes y descuidan la gracia sobrenatural; el de Bruno es un caso un tanto absurdo en el que se entrevé mucha deshonestidad, pues no teniendo afinidad con la vida monacal ni con el sacerdocio, sigue adelante con estos, termina huyendo de su monasterio y conservando su hábito, a pesar de que se aconsejó no conservarlo, porque en realidad no sabe quien es, yo lo imagino como un alma muy perdida, muy confundida y muy atormentada porque no encuentra su lugar y sobre todo no se deja guiar, muchos herejes muestran este perfil de desadaptados que tienen que fabricarse su realidad para poder encontrar un lugar coherente para ellos, pero esto no significa que estén en lo correcto, ni significa que hayan pensado en el bien común, ni significa que no llegarían a extremos para defender su errado punto de vista, incluida la violencia, Bruno fue violento en el lenguaje y en sus conceptos, no podemos idealizarlo como un pensador pacifista (no podemos saber, afortunadamente, hasta que extremo hubiese llevado su error y por lo tanto llevado muchas almas a su perdición. No tuvo la oportunidad que Lutero tuvo), a Dios gracias, fue detectado a tiempo, se le dio muchísimo tiempo para que se arrepintiera, como monje y como sacerdote que era, no lo quiso hacer y el resultado es que fue relajado al brazo secular, algo que siempre fue parte del procedimiento de ese tiempo, no veo cual sea la trascendencia o la sorpresa (él era un hombre de la iglesia actuando en contra de su Madre, nada en el procemiento acusa irregularidad, al contrario, era lógico que acabara así), y fue eliminada una manzana podrida de la sociedad. El pensamiento de Bruno ni es original ni es trascendente ni es coherente, si hoy tenemos noticia de Bruno es gracias a la masonería italiana, la cual queriendo desairar al papa León XIII, en el siglo XIX erige su lastimera efigie en la plaza del Campo de las Flores, conviertiéndolo en su bandera y en una nueva fuente de leyenda negra, nada más. Sólo las personas son susceptibles del respeto, no su pensamiento, todos los criminales que hoy pueblan las prisiones del mundo tuvieron alguna motivación (algunos actuaron impulsivamente), en ningún caso podemos decir que “respetamos su pensamiento o sus ideas o sus acciones”, se respeta su integridad física y moral, se les da oportunidad de rehabilitarse y arrepentirse, y en algunos casos y países, hasta podrían ser sentenciados a muerte por la gravedad de sus crímenes, nada del otro mundo. Las ideas de Bruno por supuesto están refutadas con otras ideas o argumentos, tanto en el campo filosófico, teológico y en el de la ciencia natural (mucha de la labor de los inquisidores tenía que ver con esta confrontación de ideas, no con la caricatura de los tormentos sin fin. Rowland en su biografía de Bruno narra cómo en ciertos momentos, el maestro de la memorización, Bruno, parecía que sufría amnesia, en realidad, sabía cuán indefendible era su posición). El debate de las ideas en los tiempos de Bruno era posible en las universidades (y universidades católicas), el problema con los herejes es que quieren imponer sus desviaciones (no quieren dialogar, confrontar, aprender, corregir) a pesar de los contra argumentos, en el caso de Bruno creía (creía, no demostraba) que lo que pensaba era cierto, en el campo de la filosofía y teología eso es una flagrante herejía (no era un campesino ignorante), y en el campo de la ciencia natural es terquedad si no media alguna demostración (algo que compartió luego con Galileo). La Inquisición romana siempre fue muy “relajada”, siempre tendía a imponer sanciones “blandas”, si en el caso de Bruno se decidió por su condenación a la hoguera es que habían razones de peso y sobre todo, obstinación del acusado, por lo menos otórguesele ese crédito al empecinado Bruno.

  11. Buenas tardes, Alejandro y gracias por su análisis y reflexión. Es probable que sea romántico e ingenuo en muchos aspectos, pero quizá nos pasa a todos con respecto a aquello que amamos, es decir, nos volvemos poco crítico del objeto de nuestro amor, como le pasa a usted con la Iglesia Católica, lo que muchas veces nos hace perder objetividad, lo que usted bien dice “irreal”. La herejía siempre provoca una ruptura, un conflicto. El conflicto no es malo, es bueno, pues nos obliga a pensar. La herejía ha favorecido a la teología siempre, pues le ha exigido fundamentarse, buscar respuesta en las Escrituras, en la Tradición y en el Magisterio, o sea, si bien no es inofensiva, tampoco negativa para el crecimiento. El asunto de dilalogar bajo la lupa acual que usted indica como imposible, personalmente y creo que usted coincidirá, la Iglesia ha sido maestra en todo tiempo en dialogar, en debatir. No hay tiempos malos y buenos, somos siempre hombres que buscamos la verdad. El problema son las ambiciones, el orgullo, el poder de creernos superiores, etc, cosas que siempre han acompañado al ser humano y a las sociedades en todas las latitudes. En todo tiempo ha existido personas mentirosas, deshonestas. En todo tiempo, los hombres hemos expresado nuestras contradicciones. No hay ideas claras y distintas, es más dramático y oscuro nuestro río. Pero de ninguan manera se debe desalentar Alejandro; valoro mucho que usted me lea y valoro mucho su reflexión. No hay que arrugarse aun en este tiempo que nos toca vivir, hay que escuchar a los seres humanos, hay que asumir sus críticas. Clemente de Alejandría tiene una página hermosa, que me toco de joven traducir del griego al español, en la que compara a los cristianos de su tiempo con Ulises, el personalje de la Odisea, que cruza el mar y decide no taparse los oidos para escuchar el insoportable sonido de las sirenas. Clemente decía, que si los cristianos se tapan los oídos y no quieren escuchar las críticas de los hombres nunca podrá evangelizar. De modo que no hay que desanimarse de nuestro tiempo, la Providencia ha querido que vivamos hoy con estos hermanos y hermanas, con sus luces y sus sombras.
    Respecto de Bruno, usted dice que la Iglesia no lo eliminó sólo por pensar y optar, pero ciertamente lo que mplestaba de Bruno era su pensamiento contrario a la Doctrina de la Fe y a la concepción aristotélica de su tiempo. Pensar es muy peligroso, no es ingenuo. Los grandes cambios de la humanidad se generaron en el pensamiento. El perfil psicológico de Giordano Bruno es como dice Augusto Guzzo -quizá el mayor estudioso del Nolano- compleja, ciertamente de una inteligencia lúcida y perspicaz, pero en una situación normal a un ser humano, el asunto de las idas y venidas de Bruno hay que leeerlas en el contexto que le toco pensar y vivir y a veces sobrevivir. Su pensamiento les exigía por un lado ser horrado con su inteligencia, pero en una sociedad estructurada dogmáticamente esto era imposible, por eso parece como inadaptado. Como buen napolitano era vehemente en su manera de comunicar las ideas y sin duda a sus interlocutores parecía como violento. Es verdad le fue peor que a Martín Lutero, pues este se armó para defenderse. Bruno no tenía más arma que su pensamiento y su palabra, que sin duda era espada también, pues supo herir las conciencias con sus cuestionamientos. En cuanto a que no fue original, no estoy de acuerdo, Giordano Bruno es reconocido com el más importante filósofo del Renacimiento, esto por supuesto no es una expresión mía, los más estudiosos filósofos del Nolano lo confirman sin dudar (W. Beierwaltes, L. Cicuttini, H. Védrine, A. Guzzo, Mª Jesús Soto Bruna; R. Mondolfo, A. Deregibus, M. Ciliberto, etc.). Si algo tiene el pensamiento filosófico de Bruno es originalidad, su intuición desarrollada de la metafísica del infinito. Sería muy largo aquí desplegar toda la argumentación de su pensamiento. Ciertamente a Bruno no le agradaría que dijera que su pensamiento es trascendente, el más bien diría que es inmanente, pero lo que quiero decir es que tampoco pienso que su filosofía es intrascendente, pues es la base de la filosofía que desarrolló Spinoza y posteriormente Hegel. Es el primero que afirma que el Universo es infinito, que ni la tierra es el centro ni el sol (Copernico), pues en la infinitud no hay centro, ni límite. Respecto de la coherencia de su pensamiento, no hay que leer fragmentos, hay que leer sus obras completas para comprobar que poseen una unidad de criterio y una lógica de desarrollo. Sus contradicciones y aparentes incoherencias aparcen en sus declaraciones después del aislamiento al que fue recluido en la Rota roamana, mal alimentado, alejado de sus libros, impidiéndosele el contacto con cualquier persona que no fuere sus inquisidores, despreciado por los guardias, torturado en el potro, (los tormentos y las torturas no son caricaturas, al menos no para él que las padeció) por supuesto, que tuvo su bajones, sus miedos, que lo hicieron desmentirse, afirmar, negar lo afirmado. Es verdad y ciertamente Bruno no es el hombre perfecto, no es que se intenta canonizarlo, pero, que la Iglesia lo haya condenado a morir quemado vivo en la hoguera eso sí es violencia. Cuando Juan Pablo II pidió disculpas por la condena de Galileo, no tuvo una palabra sobre Giordano Bruno y pienso porque Bruno es más peligroso que Galileo, es peligroso que el ser humano piense libre. También la democracia griega eligió la muerte de Sócrates, pues su pensamiento en los jóvenes era peligroso para los intereses del poder. La cuestión se resuelve rápido: eliminar. El poder de la mafía no es un invento de los sicilianos, estçá en nuestra naturaleza, “homo hominis lupus” . Jesús nos enseñó la sabiduría de ser hermanos: “A nadie llamen Padre, porque uno sólo es el Padre de ustedes; a nadie llamen Maestro, porque uno sólo es el Maestro de ustedes y ustedes son hemanos”.
    Bruno fue obstinado y pertinaz, hoy me parece más un alago y una virtud que un defecto. Su dignidad nos recuerda que toda vida es valiosa y debe ser respetada, estemos o no de acuerdo con su pensamiento.
    Le mando un abrazo, Antonio.

    • Ud. sigue embelezado con la figura de Bruno. Es diferente, basado en los hechos (y en lo que estrictamente es la Biblia y la Tradición, incluído el dogma), que uno no pueda más que admirar la obra de la Iglesia y de sus grandes hombres en toda la historia, porque finalmente es la obra de Dios, la Sma. Trinidad, y especialmente de N.S. Jesucristo, sin faltar la guía y la intercesión de la Sma. Virgen María, como lo fue y ha sido en la América latina (y a pesar de los pésimos ejemplos de muchos hombres de la Iglesia actuales, émulos de Bruno y Teilhard y todos los herejes, pues el modernismo es la suma de todas las herejías). Esta historia nos muestra que a pesar de las carencias humanas, la Iglesia y sus hombres más eminentes, los santos, siempre estuvieron un paso adelante, ofreciendo sobre todo el buen ejemplo en las obras y por supuesto apegándose al dogma y las enseñanzas de la Iglesia. Por mucho que se reconozca ciertos dones naturales en peronajes como Bruno, Lutero, Teilhard o en general de los herejes consumados, jamás podrán acercarse ni un poco a la grandeza de los santos, a quienes no les faltaron los dones naturales y muchas veces en mayor medida, sino que además gozaban de la gracia sobrenatural y que los hacía comprender mucho más profundamente el estado de la sociedad cristiana de su tiempo y actuar en consecuencia. De esta manera, un San Roberto Belarmino es mucho más digno de admiración, respeto y emulación, ya no se diga de un gigante como Santo Tomás de Aquino a quien nadie le llega ni a los tobillos. En el balance final de los hechos es donde uno podría apegarse o abandonar ciertas ideas parásitas (dependiendo de si uno cree en Dios, la Sma. Trinidad o en cualquier otra cosa), ¿qué hizo Bruno, como hombre de la Iglesia, para la salvación de las almas? Nada, es más, se apega a la idea gratuita y aún antibíblica de un infierno inexistente, le estorba. ¿Qué hizo, como hombre de la Iglesia, por la condenación de las almas? Esta pregunta ya de por sí sería muy dura considerando la vida de cualquier hombre y sólo cabría dentro de la triste realidad de los herejes notables. Aunque la Inquisición atajó muy a tiempo a Bruno y por mucho tiempo permaneció justamente en el olvido (por su propio bien -para no escandalizar- y el de los cristianos), se trajo a la luz como bandera contra el papa y la iglesia católica (el el s. XIX), en medio de esa leyenda negra innegable que fue (y sigue siendo) formulada precisamente por los herejes y los anticatólicos, mentiras e infundios sobre la actuación de la iglesia en la historia, y que hoy permanece así, como un ariete de los muchos que existen contra la iglesia, aunque no exista mucho de que asirse para sostener esto, así lo hicieron con Galileo (el del mito, por supuesto), así se pretende que sea con la Inquisición, con las Cruzadas, etc.; por fortuna, el buen católico que busca fuentes confiables en estos temas sabe y en la medida en que profundiza se convence más de que son simples ataques de grupo contra la Iglesia; así, en el balance y por lo que se sabe, en Bruno hay escasísimos buenos frutos que son opacados por sus desviaciones que no tuvo escrúpulo en hacerlas públicas. Una apología de Bruno desde el punto de vista católico es suicida cuando éste, como monje y como sacerdote se atreve a negar la Sma. Trinidad y la divinidad de N.S. Jesucristo, por citar dos elementos de su pensamiento desviado. En esos términos sólo fue un tonto (no puedo pensar en otro calificativo de alguien que sabiendo la verdad la niega por preferir el producto de sus imaginaciones, o mejor dicho, las imaginaciones de otros, de las múltiples corrientes que sitetizó) que se autoengañaba o pretendía engañar a los demás, por supuesto, conforme a los “valores” actuales, esto es muy apreciado hoy (aunque siempre han habido mentirosos, nunca como hoy se habían hecho con el poder del mundo arrastrando a millones; los antiguos paganos por lo menos tenían como atenuante que ellos ni sus padres habían conocido jamás la Verdad revelada; hoy es apostasía), y por supuesto denunciado en las Sagradas Escrituras (2Tim. IV,3-4): “Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.” El mundo aclama lo que es suyo, Bruno (Lutero, Teilhard, etc.) es del mundo.

  12. Estimado Alejandro, buen día. La Iglesia, las otras Iglesias, los otros credos, los que no creen, todos vivimos en este mundo, el pertenecer a él es nuestra condición. Ciertamente el concepto negativo de Mundo, introducido por Pablo, condiciona el sentido de la misma, para la lectura cristiana. Pero la Providencia quiere que vivamos en este mundo, en este tiempo, con estos seres humanos. Este antagonismo Dios – Mundo, lleva a un dualismo, a un separarse de la realidad, que siempre es más compleja que los conceptos. Esto enseñaba Santo Tomás. Hay que asumir esta condición de peregrinos; si bien el cristiano cree en la Verdad revelada, no lo exime de la tarea humana de pensar y buscar cada día ese conocimiento de la verdad que hace libre. En esa tara insoslayable, no hay que negar el mundo, hay que asumirlo y, en consecuencia, asumirnos -“Lo que no se asume, no se redime” decía San Ireneo en el siglo II-. En consecuencia, sólo asumiendo las críticas y cuestionamientos es como asumimos el pensamiento de hombres y mujeres y esa historia puede ser redimida. No estoy embelezado con Giordano Bruno, lo admiro, como admiro a tantos otros hombres y mujeres de nuestra historia humana que han aportado lo suyo. Coincido con usted en que la Iglesia no debe Rehabilitar a Bruno, porque él decidió no pertenecer a la Iglesia; Bruno se fue de la Iglesia y de todas las Iglesias. El problema de Bruno no es un asunto de Fe, es un problema en contra de todas las Religiones (Re-ligare); en su contemplación concibe la relación con Dios sin intermediarios. nada que nos ligue, puede hacer que nuestra relación con Dios sea libre y, por su naturaleza, una relación con Dios atada por ligaduras, no es una verdadera y constructiva relación con Dios. Tampoco la Iglesia puede Rehabilitar a Bruno, pues si lo hace, tendría que condenar a Roberto Belarmino, Clementi VII y los Cardenales y Obispos que firmaron su condena. Acá en Argentina, sabemos también que a Mons. Enrique Angelelli, jamás lo canonizará Roma, pues de reconocer su santidad, deberá simultáneamente condenar a toda la Conferencia Episcopal de la década del 70 por complice y mirar para otro lado, favoreciendo el crimen organizado desde el Estado. Es la misma dificultad que tiene para Beatificar a Mons. Arnulfo Romero de El Salvador. Por eso, nadie busca que la Iglesia reconozca la valía de Theilhard, Bruno, Miguel Servet, etc. Pero sí que sus vidas sean asumidas, no negadas. Ningún ser humano sabe tan poco que no pueda enseñar algo a los demás. Es una pobreza no entresacar enseñanza de lo que cada ser humano aporta. Existe la leyenda negra, porque existe la leyenda rosa. La historia la escriben los que ganan y esos también es verdad. Lo cierto es que, a mi entender, no existe ni la leyenda rosa ni la negra, o mejor, si existen, pero como leyenda. El barro de la historia humana es más complejo, donde un poder aplasta a otro, hace que los descendientes del otro un día se levanten contra este poder. La lectura profunda de la historia de los hombres, revela nuestra naturaleza humana. La Doctrina Sana a la que se refiere Pablo ha ido creciendo a la largo de la historia y se ha ido configurando y enriqueciendo a lo largo de la historia. De modo que ignoramos si Pablo creía en la Virginidad de María, pues su reflexión y estudio en la Iglesia es posterior. El debate y las disputas respecto al Mensaje Bíblico en los Padres fue desarrollando la Doctrina que define el Magisterio. O sea, no es una Doctrina estanca, es una doctrina que se ha desarrollado en la historia. Respecto a lo que el Nolano hizo por los otros, si ayudó o cooperó a la salud o la condenación de los hombres; habiendo leído sus obras, no pienso sea un objetivo propio, más bien, su objetivo fue liberar su pensamiento de verdades impuestas por dogmas. Es un fillósofo y, como tal, es su aporte a la humanidad. No busca salvar o condenar a nadie, no buscó resolverle los problamas a nadie, pero su cuestionamiento sobre las cosas, su contemplación de Dios en el cosmos, entreabre una puerta a los que caminan por la tierra. Nada más que eso, sin pretensiones mayores que éstas. Luego, sí, por lo menos para algunos, es un ejemplo mantenerse firme en su libertad de pensar, a pesar de las fuertes presiones y ofertas recibidas de la Curia Romana. Pero nada más, Bruno, no es más que un ser humano más en esta historia, pero es parte de ella, haberlo quemado vivo, no ha hecho otra cosa que revivirlo para siempre inmortal en la conciecia de los hombres y esta es una realidad que no se puede negar (Contra factum, non datur argumentum contraruim). También yo valoro la vida y la historia de muchos hombre y mujeres de la Iglesia Católica que han ayudado a nuestra humanidad a ser mejor, pero no es ocultando que otros de la Iglesia han dañado no sólo la imagen de la Iglesia, sino perjudicado el Cuerpo histórico de Cristo, como se resuelve el problema. La Iglesia oculta, no asume y en consecuencia no redime. Como en el caso de Marcial Maciel y otros, no es metiendo la mugre bajo la alfombra como se solucionan los problemas. La iglesia no es “Una Sociedad Perfecta”, ni mucho menos, es una Institución religiosa y un Estado Político peregrino en este mundo al que, nos guste o no pertenecemos, trigo y cizaña. Aquí empezó a llover muy lindo, es una bendición esta agüita para nuestra tierra. Que tenga una buena jornada. Antonio.

    • Por lo visto le gusta jugar el rol de abogado del diablo. ¿No sabemos si San Pablo creía en la virginidad de María Santísima, Madre de Dios? La virginidad de la Madre de Dios (dogma) está unida a la divinidad de su Hijo, de tal manera que si Ud. niega la divinidad niega también la virginidad (y viceversa), tal como Bruno lo hizo (y muchos modernistas hoy lo hacen, incluído el Prefecto para la Congregación para la Doctrina para la Fe, el obispo Müller -todo un signo de los tiempos-). La enseñanza de San Pablo se centra en la divinidad de N.S. Jesucristo, sin olvidar la extraordinaria forma en que sucedió su conversión, es decir, este apóstol sostiene como pocos la divinidad de N.S. Jesucristo, de tal manera que es malicioso y hasta ocioso pensar que alguna vez dudara de la virginidad de Su Madre sólo porque sus carta no lo menciona. Si San Pablo no tocó el tema en sus epístolas fue porque en las iglesias o primeras comunidades cristianas jamás fue un tema de debate, pero no quiere decir que todo lo que San Pablo omita en sus enseñanzas hay que darlo por dudoso. Este es el tipo de recurso de quienes tienen una agenda contra la Iglesia y sus enseñanzas bimilenarias, sin afirmar nada pretenden deslizar toda clase de “dudas históricas” y confían en la confusión que puedan provocar más que en la veracidad de sus argumentos. Es incluso la estrategia del protestantismo, de pensar, un tanto, o muy obstusamente, que si no está explícitamente en las Escrituras, entonces no es válido (notando que este dogma está en las Escirturas -incluído en referencias de Isaías- y aún así negado por muchos de ellos y sus sectas), algo que es falaz y falaz a un nivel muy pueril. Afortunadamente tenemos la Tradición apostólica, tenemos lo que el pueblo cristiano hizo desde los primeros siglos, reflejando esta verdad y dogma de la virginidad de María Santísima (Sínodo de Letrán) y por supuesto contenido en las Sagradas Escrituras, de las cuales forman parte las Cartas de San Pablo y a las cuales él se apega (Gal. I,6-12):
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      Me maravillo de que abandonando al que os llamó por la gracia de Cristo, os paséis tan pronto a otro evangelio -no que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren deformar el Evangelio de Cristo-. Pero aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciara un evangelio distinto del que os hemos anunciado, ¡sea anatema! Como lo tenemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os anuncia un evangelio distinto del que habéis recibido, ¡sea anatema! Porque ¿busco yo ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O es que intento agradar a los hombres? Si todavía tratara de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo. Porque os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí, no es de orden humano, pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.
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      Pasaje muy ilustrativo y muy rico en cuanto San Pablo no sólo se refiere a lo que él enseña sino que afirma claramente que estas enseñanza no son suyas, son de Jesucristo para Su Iglesia (la católica, la única; y afirma una vez más la divinidad de su Maestro); habla de “nosotros”, es decir aquellos cristianos que recibieron de primera mano las enseñanzas de N.S. Jesucristo, los apóstoles, primeros comisionados en predicar la Palabra de Dios.
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      El mundo es otro concepto muy claro en las Escrituras, no sólo manejado por San Pablo. San Juan evangelista dice así, citando a N.S. Jesucristo (Jn. XV,18-24): “Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado. El que me odia, odia también a mi Padre. Si no hubiera hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y nos odian a mí y a mi Padre.” (Cf. 1Jn II,22-23 ¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre.)
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      El mundo entonces odia a Dios (es algo que va más allá de formas y se centra en acciones), la Sma. Trinidad, porque es falso pretender, como pretende el modernismo, que todos adoran al mismo “Dios”, cuando en realidad se oponen a N.S. y Su obra, la Iglesia; el mundo no conoce a Dios, el mundo odia a Dios, odia la Palabra de Dios (el Verbo), y el mundo persigue a quienes son de Dios; el “diálogo” modernista pretende que la iglesia nunca fue efectiva en su forma de evangelizar y pretende que sólo cuando se deja de condenar es que todos se volverán a N.S. Jesucristo, por supuesto, en 50 años esto no ha sucedido, lo que ha sucedido es que los católicos ahora son menos católicos y más mundanos, más ignorantes, enfilados a su condenación. Al enfrentarse al mundo no debe carecerse ni de caridad (amor al prójimo por amor a Dios, la Sma. Trinidad) ni de la suficiente firmeza que debilite el dogma, o como decía San Agustín: “Amar al que yerra, detestar el error”; o como decía San Pablo (1Cor. IX,16-23):
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      Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio! Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente tendría derecho a una recompensa. Mas si lo hago forzado, es una misión que se me ha confiado. Ahora bien, ¿cuál es mi recompensa? Predicar el Evangelio entregándolo gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere el Evangelio. Efectivamente, siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que pueda. Con los judíos me he hecho judío para ganar a los judíos; con los que están bajo la Ley, como quien está bajo la Ley – aun sin estarlo – para ganar a los que están bajo ella. Con los que están sin ley, como quien está sin ley para ganar a los que están sin ley, no estando yo sin ley de Dios sino bajo la ley de Cristo. Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio para ser partícipe del mismo.
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      Lo cual fue siempre el espíritu evangelizador de la Iglesia, que fue a cada rincón del mundo conocido, buscando salvar almas, este es el mensaje central del Evangelio, el cual no es un mensaje individualista ni del propio decoro, es por la gloria de Dios, de la Sma. Trinidad. Este ejemplo de San Agustín y San Pablo, por citar dos, es diferente a la aproximación modernista y en particular de Teilhard, quien en lugar de estar “bajo la ley de Cristo”, están bajo la ley del mundo (o la propia o la del panteísmo, ¿qué más da?), negando al Señor; el modernismo ha querido hacerse como el mundo pero no para ganarlos para Jesucristo, sino sólo para obtener el elogio del mundo, o en otras palabras, ha hecho un títere de la imagen del Señor con la cual quiere aparentar efectividad, pero que sólo ha llevado y sigue llevando a la Iglesia y al mundo a la apostasía, al caos, al capricho de los hombres poderosos que quieren eclavizar a quienes consideran inferiores. La Iglesia nunca se escondió en sus propias paredes, pero la verdadera Iglesia jamás renunció ni renunciará a su Señor, Jesucristo, con el fin de ganarse al mundo (“restaurar todo en Cristo”, decía el gran pontífice San Pío X). Desde este punto de vista, absolutamente cristiano y católico, la vida y las ideas de Bruno son un desperdicio y una contradicción, es una isla de egoísmo que ni siquiera se preocupa por la propia salud de su alma, todo por adoptar, de forma apodíctica, ideas humanas, ideas extrañas a la Revelación divina. Así, Bruno, el sacerdote y monje, a su manera fue dogmático, y dogmático en sus propias ideas. ¡Absurdo!
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      En lo personal no me interesan ni las leyendas negras ni las rosas (en el sentido de creerlas y recurrir a un falso mea culpa o de pensar que es necesaria una mentira para contrarrestar otra), en mi humilde y pequeñísima investigación sobre la historia de la Iglesia procuro buscar y recolectar información confiable, y lo que he descubierto, como cualqueir católico lo ha sabido desde tiempo inmemorial, es que a la Iglesia católica se le ataca principalmente con mentiras, esto ni es nuevo ni es raro (y aún más, sus principales enemigos consideran a la mentira como recurso “legítimo” para atacarla), y por otro lado cada vez surge nueva información que corrobora lo que muchos católicos ya sabían, desde fuentes ajenas a la Iglesia. Uno de estos ejemplos es el de una historiadora mexicana e investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Consuelo Maquívar, la cual en un informe oficial habla del número de víctimas de la Inqusición española en la Nueva España, confirmando, como he mencionado, lo que muchos católicos ya sabían, que ni fueron miles, ni siquiera un ciento, y que a los indígenas se les trató bien. Esta es la clase de información que yo busco y que la Iglesia como defensora de la verdad, busca. El caso Maciel y todos los paralelos suceden bajo el gobierno modernista de la Iglesia (ya de por sí esto acusa un caos suficientemente documentado y conocido), casos que deben ser castigados cuando se haya demostrado sin lugar a duda la culpabilidad y se debe restituir el honor de quienes han sido acusados injustamente (lo cual nunca ha sucedido a pesar de ser muchos); porque este tema tiene dos aristas, el de los casos reales y el de las falsas acusaciones que han lastimado a muchísimos sacedotes y a la Iglesia misma, todo lo cual es parte de esta misma mentira que desde la revuelta protestante se intensificó y se dispersó por varios frentes. La Iglesia y sus buenos hombres jamás necesitarán de la mentira, véase otro ejemplo en el caso Fray Servando Teresa de Mier, quien pretendió exagerar el milagro de la Virgen de Guadalupe en México y por lo cual, entre otras cosas, se hizo merecedor de reprensión por parte del arzobispo Núñez de Haro.

  13. Estimado Alejandro, buen día; veo que a usted le entretiene buscarme calificativos: romántico, embelezado y ahora abogado del diablo, si es como un juego, vale, pero lo cierto es que no soy abogado, soy filósofo (Est profecti animi medicina philosophia), mas de ninguna foma soy del diablo. Diablo es un término griego conpuesto por la preposición “Dia” y el verbo “Ballein”, que literalmente significa arrojar en distintas direcciones, separar, dividir; de allí deriva el sustantivo “dia-bollos”, o sea, el que separa, el que divide a los hermanos, esa es su misión dividir a los hombres. yo sólo soy un filósofo de la unidad. Además creo profundamente en que estamos llamados ser Uno, a ser hermanos. De niño me enseñaron que el diablo es el príncipe de la materia, hoy no lo creo, la vida me fue enseñando que el diablo es la arrogancia del espíritu, la Fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda.
    Cuando hice alusión a Pablo y a la virginidad de María, precisamente me referí a que no era un tema de interés de Pablo, porque no había llegado la hora del debate, como usted bien´dice; tampoco Pablo se cuestionaba y tal vez ni se le ocurrió pensar en el Dogma de la Inmaculada Concepción, no porque no lo creyera si alguien se lo hubiera planteado, sino porque sencillamente su interés teológico y evangelizador estaban en otros objetivos. Es así que los dogmas se definen en la historia y como respuesta a debates sobre la doctrina de la Fe. No uso nunca el recurso al que hace referencia que si no está expresado en las Escrituras no es cierto; esto es un fundamentalismo más de los que dañan al ser humano.
    Respecto a esta adversión que siente frente a los tiempos actuales y modernos, creame que comprendo su desazón frente a ciertas conductas que degradan al ser humano, pero permitame mi estimado Alejandro, recordarle dos cosas que creo ya se las mencioné, en todo caso perdón por la redundancia: la Providencia a querido, para su gozo y plenitud que usted viva en este tiempo, que también es tiempo de Gracia; no se apene pues. En segundo lugar, no me creo eso de cualquier tiempo pasado fue mejor, puede ser una sensación ante la muerte de su padre del gran escritor español, pero lo cierto es que en este tiempo como en el de Jesús el ser humano clama por ser feliz y no hay que mirar para otro lado. En el Evangelio de Mateo observo como el clamor de Jesús, es un clamor contra la situación existente de opresión que sufre el pueblo por las prescripciones de pureza impuestas por la religión judía. Este clamor las autoridades pretenden siempre ocultar y desviar de la conversación con Jesús. Para las autoridades judías el problema es otro. Están desilucionados de la gente, en cambio Jesús las ama. Los Doctores de la Ley se quejan porque el pueblo no se somete a las meticulosidades de su casuística. Los Fariseos, de la falta de devoción, de la no observancia del sábado, de las buenas obras, de las oraciones acostumbradas, de los ayunos y de las fiestas. Los Sacerdotes del Templo se quejan de que ya no se ofrecen sacrificios en el Templo…, pero todas estas quejas no sirven, sino para desviar la atención de la verdadera queja -La Queja de Dios- de que no hay Justicia, Misericordia y de que los pobres son despreciados. EStos tiempos, Alejandro como aquellos son tiempos de Dios, donde hay que trabajar por la Justicia y practicar la Misericordia.
    En cuanto a su afirmación sobre Giordano Bruno como Dogmatico, me permito disentir, pues precisamente su alejamiento del dogmatismo de la Iglesia es lo que lo condena. Cuando usted se refiere a que Bruno es dogmático de su propio dogma, pienso que hace alusión a su testarudez, pero el Nolano no es un testarudo irracional, es un hombre honrrado con su inteligencia y ésta lo llevó a estar abierto a lo nuevo (Copérnico, Nicolas de Cusa, etc); si hubiera sido un cerrado dogmático, nunca se hubiera abierto a pensar con su propia cabeza. Bruno es obstinado, pero no dogmático. La afirmación de que las cosas son así porque no pueden ser de otra forma es odiosamente fatalista, pues decreta que la felicidad pertenece sólo a los que tienen`poder. Por eso Bruno tenía Fe en Dios y Fe en el hombre y rechazó la afirmación dogmática de que nada es posible hacer debido a las consecuencias de condenas e infiernos y que es necesario doblar la cabeza dócilmente porque nada se puede hacer contra lo inevitable. Habiendo leído a Bruno, pienso que fue más que sincero, fue honrrado ¿Cuál es la diferencia? La honrradez consiste en estar abierto a la realidad, al estudio de la naturaleza, de lo que sucede, mientras que la sinceridad es creerse la propia propaganda. En ese sentido Roberto Belarmino fue fiel a la Propaganda Fidei, pero estaba cerrado y temeroso de lo nuevo que se abría definitivamente camino en el Renacimiento.
    Finalmente, Alejandro, usted sólo lee la historia de “información confiable” Me pregunto ¿Qué hace que una información sea confiable? por un lado, pienso que se fundamente con documentos y testimonios comprobables; por otro, que se diga todo, no sólo una parte fraccionada, sino todo lo que se conoce. He leído historias de la Iglesia donde se afirma una cosa y se ocultan tres.
    Alejandro de ninguna manera deseo que usted tome mi comentario como una corrección o reto o algo por el estilo. Lo hago agradecido y valoro su sabiduría y cordialidad, porque usted a diferencia de muchas otras personas, lee, piensa y me responde, a lo mejor le da ganas de enviarme a freir mondongos, pero con paciencia me lee y me aporta su reflexión. Usted es un hombre honrrado con su inteligencia, un hombre que piensa, escucha y dialoga. Gracias y que tenga una linda jornada. Antonio.

    • “Todo tiempo anterior fue mejor” es una forma de sobre simplificar las creencias de algunos y bien podría esconder, por otro lado, la actitud opuesta: “todo tiempo futuro será mejor…” sin olvidar el muy existencialista “el hoy lo es todo (con desprecio implícito y hasta explícito del pasado)”, especialmente cuando se hace impulsando ideologías opuestas a la cristiana, demoliendo el orden imperante y buscando construir uno nuevo. ¿Acaso no es suficientemente notorio el triunfalismo y autoritarismo de muchas corrientes actuales que en los hechos enarbolan estas últimas sentencias? No es necesario que uno se convierta en un vocero pesaroso que continuamente denuncie al mundo actual para darse cuenta que este mundo por sí mismo impulsa el pensamiento único y cada vez es más notorio e intenso el repudio a todo lo que se les oponga, especialmente si hablamos de la “democracia” y de toda esa perorata de los “derechos” que incluye la aceptación, guste o no guste, de temas como el aborto, la sodomía, el “holocausto” judío (un acontecimiento histórico elevado al rango de dogma), el sincretismo-ecumenista, etc. Hoy la “libertad” se ha convertido sólo en un pobre pretexto sin significado que sólo sirve de justificante para impulsar un tipo de pensamiento y una creencia específicos (nuevamente entramos al tema de lo dogmático), pues esa idea popular de la verdadera libertad es eso, sólo una idea, pues nadie actúa con verdadera libertad, nadie toma decisiones sabiendo lo que escoge ni sabiendo lo que rechaza, eso, por simple definición, jamás será libertad. Libertad no es decir y hacer lo que a uno le dé la gana.
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      Es totalmente arbitrario e injusto comenzar y seguir un diálogo sobre Bruno y la suerte que corrió (y en general de todos los personajes que hoy son tomados como bandera para elaborar ataques contra la Iglesia), considerando o concediendo sin reservas u objeciones, de entrada, que el dogma católico sea (o haya sido) injusto, impositivo, arbitrario, etc. El dogma es parte esencial del funcionamiento de la Iglesia, es parte de la Revelación; el dogma trata sobre temas de fe y costumbres (nada más), no se trata ni se trató nunca de inventar motivos para que las personas cometieran errores y fueran castigadas, como simplonamente a veces se oye decir, de hecho, a la fecha, lo que dogmáticamente debe creerse según la Iglesia católica, única fundada por N.S. Jesucristo, es un cuerpo bastante compacto, y por supuesto, trata sólo de fe y costumbres, y nunca se ha cambiado. Aclarado esto, no podrá realizarse ninguna defensa de Bruno o de quien se quiera sin que sea notoria una desviación del dogma católico o de una mezcla impropia del dogma con algún tipo de concepción teórica o práctica sobre el mundo natural. En este sentido, Bruno jamás elaboró conocimiento comprobable acerca del mundo natural ni estuvo exento de realizar mezclas extrañas, así, mientras que su idea del universo parece ser meramente sobre el terreno físico, no chista en realizar una interpretación teológica diciendo que “Dios necesita del mundo en mayor proporción de lo que el mundo lo necesita a Él”, por citar un ejemplo y sin olvidar sus otras ideas panteístas que nada tienen de científico, y sin olvidar sus alusiones directas y hasta groseras contra N.S. Jesucristo, ¿qué valor podría tener una teoría, una hipótesis sobre el mundo natural, elevada tercamente por su defensor a nivel de ley (explícita o implícitamente), pero que no es posible su demostración? Galileo no estuvo exento de estas tentaciones tampoco, tanto de considerar que sus hipótesis del mundo natural, del universo físico, debieran ser innegables sólo porque él lo decía, a pesar de que con el tiempo jamás llegó la demostración a todas sus ideas, ni tampoco estuvo exento de realizar consideraciones teológicas, pues en todo este embrollo, lo que Copérnico formuló en su teoría heliocéntrica fue sólo eso, una teoría del mundo natural. Copérnico fue un clérigo que estuvo siempre en línea con la Iglesia y aún su obra fue bien acogida por el papa reinante, pues aquí no hubo pretensiones más allá de lo que realmente era, una teoría, una hipótesis sobre el universo físico, y sobre todo, Copérnico no realizó suposiciones teológicas gratuitas basado en su teoría, esta es la gran diferencia de un hombre centrado y genuinamente interesado en desarrollar el conocimiento natural del universo, en contraste de quienes al parecer fueron extremadamente defectusos en separar el mundo natural del sobrenatural (complementariamente puede verse también la reacción del mundo protestante luterano, en su rechazo a la teoría copernicana, utilizando seudo argumentos bíblicos). Incluso Copérnico aporta un cuerpo matemático sobre su teoría, Bruno, a pesar de que se presume que sabía matemáticas jamás respalda sus hipótesis del universo con cálculos matemáticos. Abordar la actitud de Bruno por medio de lo que parece más un recurso literario, decir que fue valiente o inteligente o lo que se quiera porque se enfrentó a la Iglesia que quería ver todo por medio de dogmas, no es una descripción precisa de los hechos, y al contrario, después de revisar unos cuantos de esos hechos, es evidente que Bruno sí sostenía sus ideas de forma dogmática, apodíctica, y como ya he mencionado varias veces, él era un monje y sacerdote católico que ni siquiera quiso despojarse de su hábito, es decir, no se le forma un juicio a un desconocedor del dogma, la Iglesia simplemente enjuició a uno de sus hijos rebeldes, no es que hayan traído a juicio a un habitante de las antípodas, ignorante de las creencias y costumbres cristianas y lo hayan juzgado por no saber lo que no podía saber. El cardenal Nicolás de Cusa, por su parte, no muestra ninguna similitud con Bruno (aunque se dice que influyó en éste); este clérigo intentó una forma de abordar la teología católica por sus propios medios que podría sonar extraña, pero al parecer, los expertos no ven en él ánimo de separarse de la Iglesia, ni dejar de ser cristiano, ni fue acusado de herejía; su cuerpo descansa en la basílica romana de San Pedro encadenado, algo que no puede concedérsele a ningún hereje (algo de lo que también goza el cuerpo de Galileo, en la basílica de la Santa Cruz de Florencia).
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      Como nota adicional y muy a tono con lo que se discute aquí, es interesante considerar cuántos reportes de medios supuestamente serios afirman que Copérnico fue considerado hereje y, dicen ellos, su trabajo fue condenado por el mismo motivo en el siglo XVI, lo cual es absolutamente falso (si hablamos de la Iglesia católica, no así del luteranismo que sí lo rechazó fundado en argumentos que ni siquiera son de la misma naturaleza, mas nunca he he leído notas periodísticas que citen la actitud obtusa de estos rebeldes). Sobre todo en reportes de mayo de 2010 cuando fue confirmado que los restos de este sacerdote eran los que se encontaban en la catedral polaca de Frombock, y habiéndosele vuelto a sepular con honores. Obviamente, estos medios o son ignorantes o son maliciosos en lo que afirman, pues el sólo hecho de que Copérnico estuviese sepultado en una catedral demuestra que no murió como hereje, además de los argumentos de rigor sobre lo que sucedió con su trabajo (http://www.newadvent.org/cathen/04352b.htm):
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      On the Catholic side opposition only commenced seventy-three years later, when it was occasioned by Galileo. On 5 March, 1616, the work of Copernicus was forbidden by the Congregation of the Index “until corrected”, and in 1620 these corrections were indicated. Nine sentences, by which the heliocentric system was represented as certain, had to be either omitted or changed. This done, the reading of the book was allowed. In 1758 the book of Copernicus disappeared from the revised Index of Benedict XIV. New editions were issued in Basle (1566) by Rheticus; in Amsterdam (1617) by Müller of Göttingen, in Warsaw (1854) an edition de luxe with Polish translation and the real preface of Copernicus; and the latest (5th) in Torun (1873) by the Copernicus Society, on the four hundredth anniversary of the author’s birthday, with all the corrections of the text, made by Copernicus, given as foot-notes. A monument by Thorwaldsen was erected to Copernicus in Warsaw (1830), and another by Tieck at Torun (1853). Rheticus, Clavius, and others called Copernicus the second Ptolemy, and his book the second “Almagest.” His genius appears in the fact that he grasped the truth centuries before it could be proved. If he had precursors they are to be compared to those of Columbus. What is most significant in the character of Copernicus is this, that while he did not shrink from demolishing a scientific system consecrated by a thousand years’ universal acceptance, he set his face against the reformers of religion.
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      Su trabajo sobre la teoría heliocéntrica nunca fue condenado por la Iglesia, fue prohibido hasta incorporar notas aclaratorias que evitaran otra situación como la de la controversia con Galileo. Y claro está, Copérnico jamás fue condenado ni acusado de ninguna herejía (reto a quien sea a que demuestre lo contrario), su única culpabilidad, si así puede calificársele, fue que su trabajo haya sido tomado como pretexto para entablar polémicas absurdas contra la Iglesia. A mi parecer, este es un ejemplo claro de que la escurridiza leyenda negra contra la Iglesia es más actual que nunca y que se aprovecha cada instante para deslizar un odio irracional y auténticamente oscurantista contra el catolicismo.

  14. Alejandro, buen día; estoy de acuerdo con usted en la reflexión que hace sobre las tres dimensiones del tiempo en el hombre; cada una guarda su importancia. El pasado es fundamental conocerlo y conocerlo bien, “Un pueblo que no tiene memoria está condenado irrevocablemente a la muerte” (Marcelino Menéndez Pelayo). El presente, más alla del “presentismo” instalado en nuestros tiempos, tiene naturalmente su valor, pues lo que hacemos, las decisiones que tomamos, lo que pensamos pertenece al presente. El futuro está el orden de la proyección que todo ser humano hace, en el orden de la esperanza. Una amiga de toda la vida, muy creyente, siempre me sabía decir “todo tiempo futuro será mejor, sea como sea”, a lo que le preguntaba ¿Por qué estaba tan segura de ello? y me contestaba sonriendo, simplemente porque estará más cerca de la Parusía. Cuando me referí a la frase de Jorge Manrique en Coplas a la muerte de su padre, sólo quería indicar que las cosas que sucedieron en el pasado, las costumbres y tradiciones, no porque se hayan generado antes en el tiempo serán mejores. Siempre habrá que pensar, reflexionar sobre lo pasado, para rescatar lo bueno, lo que construye y hacer crítica de lo que ha sido nocivo.
    Ciertamente Giordano Bruno, como precisamente dice, “no elaboró conocimiento comprobable del mundo natural” y esto porque, apesar de agradarle las ciencias que estaba tomando un nuevo rumbo en la historia y él era testigo de este incipiente comienzo, Bruno no era científico, ni contaba con los instrumentos y herramientas para desarrollar la ciencia experimental, él fue filósofo y si bien toma del conocimiento de la Cosmología de Nicolás Copérnico, ninguno de los estudiosos de la filosofía nolana afirmará que hacía cosmología, ni física. Los conceptos cosmológicos, su intuición del infinito es analizada desde la metafísica.. Su filosofía es polémica en nuestros días, para cualquiera que lea sus obras, como lo fue en su tiempo. En los manuales se lo describe como el iniciador del panteísmo moderno, sin embargo, en sus escritos, de forma incesante se palntea la cuestión de la diferencia entre Diosy el Cosmos. Son muchos los autores desde comienzos del siglo XX que rehúsan considerar su sistema filosófico como un craso monismo de corte parmenídeo o spinocista, por más que el propio Bruno, desde adolescente se cuestionó mucho el planteo de Parménides “El Ser es y el no-ser no es; y no saldrás de este pensamiento”. Así el parte de su Fe y conocimiento de la esencia de Dios: si Dios es, entoces es infinito y eterno, por tanto, Él está en todo y no hay lugar por pequeño que sea en el que haya ausencia de Dios, pues si esto ocurriera Dios no sería Dios. Pero el filósofo de la unidad – como se le llama a Bruno- nunca dejó de preguntarse por la multiplicidad. Seguramente Giordano Bruno no fue el hombre más sabio de su tiempo, no lo sé, pero siempre he admirado en él la capacidad de observar y admirarse de los saberes de la gente sencilla del pueblo. Desde jovencito se sentía más atraido por lo conocimientos, sentimientos, saberes prácticos y técnicos, mecánicos de los hombres rústicos del pueblo que de la homilias de los Obispos y Cardenales. Esta opción juvenil empezó a llevarlo a pensar de otra manera que la filosofía aristótelica que estaba recibiendo en su formación. El tema clásico de la unidad y la diversidad adquiere una gran complejidad en la especulación del Nolano, porque en su pensamiento el que es el Uno absoluto no puede ser alcanzado sin aquello que constituye su explicación necesaria: lo múltiple; así como éste último precisa para su comprensión, ser captado como implicado en le Primer Principio que lo fundamenta interiormente. Bruno, entonces, Alejandro, no es un científico, por más que su pensamiento sea naturalista, él se situa en la línea del pensamiento estrictamente metafísico y cuya temática, en la historia del pensamiento occidental, culmina con Hegel. Así, si el Primer Principio debe se r pensado como Uno, no puede a la vez olvidarse su realción a la multiplicidad, en la cual lo Uno se explicita a sí mismo en el modo de la alteridad. Ahora bien, en este contexto, el Uno bruniano -entendido a su vez como Principio y como Causa- contiene en sí mismo la pluralidad de las cosas particulares, que, desde esta perspectiva, se identifican con la unidad. Entonces sí es cierta la expresión que usted transcribe en su escrito, pues el Dios de Bruno no puede concebirse sin el Universo, pero el mismo Dios corresponde a la exigencia de una totalidad que no se confunde con la serie de entes concretos. Es verdad que la enseñanza acerca de que toda la multitud de las cosas remiten a un Ser originariamente Uno, la encontramos continuamente a lo largo de la historia de la metafísica, sin embargo, interesa resaltar que esta cuestión adquiere en la reflexión bruniana un tratamiento característico que lo hace genuino, por lo que es reconocido como el iniciado de una de las corrientes más importantes del pensamiento filosófico. En efecto, lo peculiar del Nolano, es su concepto de Infinito y que esta categoría la atribuye a ambos extremos del discurso: Dios y el Cosmos; estos son equiparados en un atributo común: la Infinitud y es precisamente en este punto donde aparece la dificultad ala hora de explicar teóricamente la distinción Absoluto-Universo, porque como ya advirtió, el que ha sido considerado su predecesor intelectual más inmediato, Nicolás de Cusa: “En el Infinito se anulan todas las diferencias”. Este tema es reincidente en todos los escritos brunianos; porque desde la atribución d ela Inficnitud tanto a Dios como al Mundo, el Absoluto ya no puede aparecer como lo contrario o distinto del Universo, sino siguiendo algunas intuiciones de Eckhart y el Cusano, como la Unidad complicante de la Unidad desplegada en el orbe de los entes o la Unidad de los contrarios del mundo y, así, desde esta perspectiva , la consideración acerca de la “Creatio ex nihilo”, cede su lugar a la especulación sobre un Universo que proclama la presencia en él de la Divina infinitud. Bruno se aplcó con denodado esfuerzo a explicar la distinción entre la infinitud que se predica del que es Absoluto y que es siempre totalmente infinito y la infinitud que se dice del universo, que yamás es toralemente infinito, pues este último es totalmente infinito en su conjunto, pero no lo es en cada una de sus partes, impidiendo de este modo la identidad Dios-Mundo, en este sentido Bruno se aparta de la argumentación en favor de la trascendencia que atraviesa sin duda los textos del autor de la “Docta Ignorancia”; dedicándose en cambio Bruno ala investigación de la diferencia existente entre la primera infinitud -divina, unitaria e indiferenciada- y la infinitud propia del Cosmos -que existe explicada y diversa-. ´De este modo, la finalidad última que anima la construcción filosófica de Giordano Bruno reside justamente en la elaboración de una metafísica del infinito que explique fundamentadamente, la presencia de la infinitud divina en el cosmos. Este es el hilo conductor para comprender su obra y pensamiento. Así dice uno de los mayores estudiosos de las obras de Bruno, Vedrine: Si toda la filosofía es el desenvolvimiento de una intuición, el foco central que condiciona la de Bruno es, sin duda alguna, la perpetua explicación de la idea de Infinito”. De este modo, estimado Alejandro, en el ámbito teórico, con argumentos más filosóficos que experimentales, el Nolano, asume conscientemente -en el Siglo XVI- el papel de precursor a la hora de establecer las bases metafísicas que sirvan para explicar las exisgencias de un Universo Infinito, que es el adecuado despliegue de la infinitud del Absoluto. Las consecuencias de esta actitud sobrepasan, sin duda, el nivel de los conceptos cosmológicos, situándonos ante la elaboración de una nueva metafísica que contradice, desde su misma raíz, tanto las concepciones aristotélicas como la síntesis medieval llevada a cabo por Tomás de Aquino. En una palabra, Bruno intenta fundar metafísicamente la posibilidad de un universo infinito y, en consecuencia, el tema de su metafísica no es ya la dependencia o analogía finito-infinito (como sucede en la especulación del peripatético y de Tomás de Aquino). No puedo explayarme más por el tiempo, pero quería, brevemente explicar, que lo que usted ha leído escrito sobre G. Bruno, por lo general buscan eliminar, negar, contradecor, anular, ningunear su pensamiento y su vida, quizá por que así es más fácil comprenderlo como un monstruo ignorante e inservible digno de ser quemado y de este modo tranquilizar nuestras conciencias. pero lo cierto es que su pensamiento es rico en intuición y desarrollo, su metafísica es original y no es cuestión de tirar las cenizas al Tiber para que la humanidad se olvide de su pensamiento. El Universo es infinito, nada se pierde, todod siempre está y Él está en todo. Bruno lo sabía cuando lo quemaban.
    Por otro lado, no me parece bien comparar a Nicolás Copernico, Nicolás de Cusa para aplastar éticamente a Bruno, fueron diferentes, tomaron diferentes opciones. Esto no hace mejor a uno que otro.
    En cuanto al asunto de que usó indebidamente el hábito religioso de los dominicos después que dejó la Orden y la Iglesia, no fue por convicción que lo usó, él bien dice en su declaración ante la Inquisición Veneciana que lo había dejado de forma definitiva, pero que estando en Padua, algunos compañeros de él, Frailes Dominicos, le pidieron y aconsejaron que lo usara y que no se deshaciera de él, pues lo libraría de peligros ante amenzas de persecución por su eneseñanza. Más le pidieron que viviera en el Convento, que volviera a él, para estar resguardado. En esto el Nolano se mantuvo firme, nunca más regresó, Buscó en el Calvinismo y eln Luteranismo pensando que estarían abiertos a pensar con libertad, pero reconoció que se equivocó. Ciertamente Bruno se equivocó mucho, por llevar una vida itinerante, pero ese deambular por los diversos reinos, le reveló más hondamente el alma humana, su miseria, su violencia su sufrimiento. Bruno pecó de ingenuo e iluso, tarde se dio cuenta, cuando ya no podía volver atrás; se equivocó cuando creyó que le podía pedir a la Iglesia del Papa Clemente VIII que combatiera este sistema de superstición, ignorancia y ambición de poder. Bruno fracasó ¡Qué ingenuidad pedirle al que tiene el poder que reforme el poder! Le vuelvo a repetir, no defiendo a Bruno, ni soy fanático, sé de sus defectos y de sus intuiciones, valoro su optimismo por la vida y la naturaleza, su contemplación de Dios, pero es un hombre, un filósofo nada más. Pero la Iglesia de Roma lo mandó quemar y hacer desaparecer sus cenizas igual que su obra. Esto es lo que hizo que Bruno, para los que no estudian filosofía como yo, sea inmortal en el corazón de la historia de los hombres
    Finalmente, Copérnico no fue hereje, porque acató las disposición de la Iglesia. Nicolás de Cusa no fue hereje, porque salva su panteismo con un concepto adicional de trascendencia. Galileo no fue quemado, porqiue contra su pensamiento y querer tuvo que negar sus conocimientos para preservar la vida. Miguel Servet -en Ginebra- fue quemado vivo con leña verde para que sufra más desde ahora el fuego eterno por el gran Calvino y Giordano Bruno fue quemado vivo por no negar su pensamiento y no doblegarse ante los dogmas católicos.
    Un abrazo y buena jornada. Antonio.

    • Bruno fue procesado y condenado a la hoguera con toda justicia, y su obra fue relegada al estudio académico (la cual es de mayor interés entre panteístas y gnósticos). La obra de Santo Tomás de Aquino es clave y fundamental para entender el dogma y en general la doctrina católica; un teólogo competente, muy competente, podría elaborar una explicación alternativa a la del Doctor Angélico siempre y cuando respete el dogma, así lo hizo, por ejemplo, el teólogo Fr. Luis de Molina, SJ, en su explicación de la relación entre la gracia y el libre albedrío, en el siglo XVI, por supuesto, él aborda sólo un aspecto de la teología, no formuló un cuerpo completo que reemplazara la Suma Teológica, eso es tarea de titanes que nadie ha hecho. Bruno, de haber tenido un gramo de sensatez y muchos menos de protagonismo, hubiese tenido toda toda la libertad de ofrecer una explicación alternativa a la de Santo Tomás, pero jamás negando el dogma (y eso va para Teilhard y todos los modernistas que en principio desdeñan el dogma). Obviamente, esta no era la jugada de Bruno (aquí diverge, por ejemplo, con el Card. Nicolás de Cusa, quien quiso elaborar también una explicación teológica, sin mucho éxito, pero también sin caer en burdas herejías). El culto que le tributa la masonería a la rebeldía de Bruno, y en general todas las corrientes que le son afines en su anticatolicismo, finalmente le tributa culto a la rebeldía de Satanás. Dice San Pablo (2Cor. IV,2-5):

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      Antes bien, hemos repudiado el silencio vergonzoso no procediendo con astucia, ni falseando la Palabra de Dios; al contrario, mediante la manifestación de la verdad nos recomendamos a nosotros mismos a toda conciencia humana delante de Dios. Y si todavía nuestro Evangelio está velado, lo está para los que se pierden, para los incrédulos, cuyo entendimiento cegó el dios de este mundo [Satanás] para impedir que vean brillar el resplandor del Evangelio de la gloria de Cristo, que es imagen de Dios. No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús.

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      Quiérase ver a Bruno como un filósofo, “mago”, librepensador o como se quiera, objetivamente fue un clérigo fallido por propia voluntad y disciplinado por la institución a la que voluntariamente perteneció y en la que se formó, quien teniendo todas las aptitudes para ser útil escogió el “non serviam”, alguien que debía ser la imagen misma de Jesucristo pero decidió ir por otro lado, por lo menos todos sus admiradores deberían concederle eso a riesgo de considerarlo más tonto (de lo que era, o demente). Es absurdo decir que fue una “víctima” de la Iglesia por haber terminado en la hoguera sin detenerse a contemplar lo que Bruno quería, y Bruno quería ser un hereje, las cosas no podían terminar de forma diferente en esa época de la historia, por supuesto, era una época más sensata. Muchos quisieran quedarse en el acto exterior, en la superficie, donde Bruno parece una víctima, pero cuando se profundiza no podrá negarse que eso es lo que él se gano. La Inquisición llamó a muchos otros hombres de la Iglesia, a Sta. teresa de Ávila, por ejemplo, o a Fr. Luis de León, y ambos salieron ilesos por haber demostrado su inocencia y su ortodoxia. Parte de la leyenda negra es pretender que la Inquisición era una policía que perseguía a todo lo que se movía, cuando una de sus principales funciones era matener un control de la propia gente, de los hombres de la Iglesia, y éste fue el caso de Bruno. (No se olvide que si hoy sabemos menos de este caso es particular, es gracias a las revoluciones liberales “redentoras”, que gustaban de destruir evidencia y comenzar con el rumor. ¿Quién entonces deseó esconder la verdad histórica?; de forma similar, ¿quiso el clérigo rebelde Llorente saber la verdad al destruir archivos de la Inquisición?)

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      Objetivamente, e independientemente de la época en que hubiese vivido o en la que se hubiese analizado su obra, el Bruno impenitente siempre tendrá la misma suerte y el mismo destino. Es muy sintomático que hoy se hagan este tipo de apologías de personajes como Bruno, sin detenerse a ver lo que dijeron o hicieron, pues finalmente sólo es la apología de la rebeldía misma, no de la razón. El católico, a pesar de todo lo que sucede y todavía deberá suceder, sabe que la victoria final es de Dios, de N.S. Jesucristo y de Su Iglesia, Él vendrá por segunda vez en medio de un mundo sin fe, con una Iglesia al borde de la extinción y sin que la inmensa mayoría sepa cuál es el camino de la salvación, y aún sabiéndolo, sin los medios, o con medios muy escasos y sin saber donde están para logarla (¿dónde encontrarán los Sacramentos?, por ejemplo), es decir, a pesar de que los hombres tendrán en la boca la “libertad” esto o la “libertad” lo otro, será un mundo esclavizado, abandonado a sus vicios y donde la Verdad está proscrita (esa erradicación que ya es actual y general, de todo lo que moleste a la corriente principal). Para el católico, en la medida en que se acerca la Parusía éste sabe que se acerca la victoria de Dios y de Su Iglesia, pero al ejemplo de San Pablo, ninguno podrá sentirse salvo (la salvación personal es diferente de la vitoria de la Iglesia) y muchos menos rodeado de tantos al acecho, deberá ser una época de inmensa felicidad para quien busque su salvación, pero al mismo tiempo es época de sufrir por lo que le sucede a la Iglesia y aún a lo que le sucede a sus más allegados, en el círculo familiar; hoy, sin tener la creteza de que el fin esté cerca (pues sólo Dios lo sabe), ya se puede ver esto en la forma en cómo se vive en las familias, así que por un lado constituye la victoria final, con la Parusía, pero no será una época exenta de padecimientos morales para el católico.

  15. Estimado Alejandro, en este día 17/02/2014, un aniversario más del asesinato de Giordano Bruno, quiero aclarar un punto éxpuesto a la pasada en su última reflexión, sobre “alusiones directas y groseras sobre N. S. Jesucristo”. En ningunos de sus escritos Bruno aborda el tema de Jesuscristo directamente, solo en “De Magia” dice que Jesús operaba una magia positiva para atraer a la gente y trasmitir su mensaje. Bruno no cree en la divinidad de Jesús, lo considera un Mago, un Profeta. La idea de blasfemias y groserías contra Jesucristo, viene arrastrada del testimonio de Fray Celestino de Verona que estuvo en la misma prisión con Bruno en los calabozos de la Inquisición Veneciana. Celestino era un fraile simple atormentado por no creer en Jesús como Salvador, pero no era complicado de ajusticiar, en cambio sí Bruno. El Tribunal Veneciano le favorecería si él declara en contra de Bruno y allí es cuando él, declara que Bruno decía obsenidades de N.S. Jesucristo; más, convence a a tres en carcelados más para que demanden a Bruno con la certeza que sus causas quedarán sobreseidas. Bruno nunca denunció a sus compañeros de cárcel, sólo negó haber dicho groserías, sí reconoció que, como buen napolitano, hacía bromas de cosas serias y cantaba canciones populares con letras pícaras. La cuestión es que cinco meses antes que Bruno fuera quemado vivo, el 24/02/1599, Celestino fue condenado y quemado en la misma piazza dei Fiori en Roma. Según testigos hasta último momento se arrepentía y le dolía sinceramente haber traicionado a Bruno con el fin y la esperanza de dar satisfacción al tribunal de la inquisisción y poder escapar al tormento. Cuando Bruno fue llevado al tribunal de la Inquisición Romana, a finales de 1599, para que se retractara de sus afirmaciones heréticas, no sólo no lo hizo, sino que preguntó al Card. Bellarmino, recordando la cruenta muerte de Fray Celestino de Verona, su antiguo acusador ¿Quién les da derecho a quitar la vida? Por cierto no hubo respuesta, pero sí la decisión de que el Nolano debía por fin ser ajusticiado. Hoy defendemos -yo también- el sagrado valor de la vida humana ante los partidarios del aborto y la eutanasia, pero también será digno reconocer que se fue responsable del crimen y del asesinato de personas que no pensaban en sintonía con la Iglesia. En fin quería aclarar este asunto de las groserías de las que fue denunciado Bruno y que nunca se comprobaron, pero sirvieron para que el tribunal Veneciano cumpliera el deseo de la Inquisición romana que Bruno fuera derivado a ella. De todas formas el verdadero problema para la Iglesia de Clemente VIII no era esta vaga e infundada acusación de groserías a N. S. Jesuscristo, sino que el Nolano con su exposición sobre su concepción del Universo Infinito que ponía en crisis el Dogma de la Creatio ex nihilo y el ser un entusiasta divulgador de la teoría heliocéntrica de Copérnico. Todos los estudiosos del Renacimiento reconocen que la teoría de Copérnico se conoció en europa por la exposición fervorosa de Giordano Bruno en Cátedras y Palacios. Valga esto como un pequeño homenaje, en este día, a Giordano Bruno y un agradecimiento por eseñarnos que la libertad no es libertinaje -hacer lo que a uno se le da la gana (como usted dice-, sino ser honrrado con la inteligencia y con el pensamiento.

    • Eso sigue siendo herejía (y fantasía además, ¿Bruno no creía en esta “magia” de forma apodíctica?). ¿Quién da derecho a quitar la vida? Dios mismo. De Dios emana el poder temporal y éste debe estar al servicio de Él (por esto hablamos de una época más sensata). Pero esta pregunta es truculenta, ¿la vida en qué sentido? En el sentido absoluto, Bruno mismo atentó contra su vida, Bruno es culpable de su muerte (ya sea considerando que no era ignorante de lo que podía pasarle -lo que lo hace temerario- o considerando que lo único que Dios no puede perdonar es la incredulidad misma. La muerte le viene a Bruno de forma intempestiva, cuando él pensaba que podía seguir alargando su juicio finalmente se considera que no era honesto y es relajado al brazo secular); creyese o no el dogma, Bruno tiene un lugar en la eternidad (y no lo digo en sentido poético o literario), y si verdaderamente fue obstinado hasta el final, no se puede pensar en otro final, que en la muerte de su alma (ojo, no su destrucción como otros herejes implican o afirman). De esta manera, si es que Bruno preguntó eso, porque también es bastante típico de las leyendas negras inventar frases ingeniosas en momentos dramáticos (véase caso Galileo), la respuesta es obvia y San Roberto no iba a detenerse a discutir con alguien con quien se había discutido infructuosamente durante más de 6 años. Si se me permite idealizar una respuesta: «¿No lo sabe Ud.?» (¡monje y sacerdote de pacotilla!), «¿acaso cree que es posible burlarse de Dios sin consecuencias y sobre todo de parte de quien tuvo una formación privilegiada?», «¿acaso es mejor perdonarle a Ud. la vida para que viva matando el alma de incontables cristianos?» Esto último es parte de la lógica moderna (por lo menos el razonamiento contrario: dejar vivir aunque en realidad se busque y se fomente la muerte, obviamente para el relativista esto sólo son palabras que se lleva el viento), por ello es improcedente discutir este tema montado es frases e ideas modernas que sólo apelan a un sentimentalismo barato y quedarse en la superficie.
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      Es muy ilustrativo que alguien quiera ser presentado como el propagador de las ideas de alguien más que las propias (quizás las propias no eran tan buenas, lo que decía en mi otro comentario). No deja de ser un absurdo observar en esta supuesta propagación de la “teoría de Copérnico”, por parte del “fervoroso” Bruno, que hablamos de dos tipos o naturalezas muy diferentes de ideas: la teoría de Copérnico es parte del conocimiento del mundo natural, astronómico, y en el que incluye además cálculos matemáticos para respaldarlos, mientras que de parte de Bruno hablamos de “magia”, ¿llegará a astrología?. Objetivamente hablando, quienes propagan y continúan el trabajo de Copérnico, son quienes usando la misma naturaleza de ideas, es decir, no queriendo comparar manzanas con sandías, son quienes se dedican seriamente al estudio de la astronomía, como el luterano Johannes Kepler (y al decir “luterano Kepler” se enfatiza en la naturaleza de las ideas, las cuales no eran teológicas, ni filosóficas ni mucho menos astrológicas ni “herméticas”, era astronomía y punto).
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      Yo en esta fecha agradeceré a la santa Iglesia católica, Madre y Maestra, que haya dado tan buen ejemplo en la historia de la humanidad, más allá de las palabras, y que por lo menos durante ciertas épocas haya demostrado que es posible vivir con verdadera libertad (lo cual ya no sucedió cuando los hombres comenzaron a poner en marcha movimientos que prostituyeron conceptos como la libertad, la igualdad y la fraternidad, pues paradójicamente, el mundo comienza a caerse a partir de esos movimientos, -pero al modo de los chovinistas liberales latinoamericanos, siempre seguirán culpando a la Iglesia de las fallas propias-, que no es la libertad del pajarillo fuera de la jaula ni la del hombre que se engaña a sí mismo y se abandona a sus vicios (incluído el de la autosuficiencia intelectual o el de la obstinación). El primer acto de honradez intelectual es reconocer a Dios y reconocer que nos ha dejado Su Revelación.

  16. Estimado Alejandro, buen día; ciertamente estamos platicando sobre un hereje y, por tanto, es herejía, o sea es un pensamiento condenado por el Dogma Católico como errado, pero de ningún modo es fantasía. Menos es fantasía el argumento que usted decreta como revelado. Leo su razonamiento y es la justificación de la barbarie; responde la pregunta ¿Quién da derecho a quitar la vida? “Dios mismo”. De Dios emana el poder temporal y este debe estar al servicio de Él. Usted bendice este argumento que es el argumento que ha furndamentado cada masacre y todas las guerras que han lacerado a la humanidad en todos los tiempos. Un grupo de iluminados decreta que son los elegidos, Dios sólo a ellos se les revela y como Dios es el dador de la vida y de la muerte, el define quien debe vivir y morir, pero como los únicos iluminados y elegidos son los que interpretan correctamente su voluntad, entonces ellos son los que deciden quiénes, cuándo y cómo deben ser eliminados. Creo que si conoce medianamente la historia de la humanidad, no necesitará que le mencione ejemplos que demuestran esta irracionalidad. Ahora bien, supongamos que los grupos de iluminados y elegidos por Dios como depositarios únicos de la verdad, no es un grupo sino que son varios y antagónicos, estamos en la antesala de la guerra santa -santa la considera cada grupo, pues cada quién se considera elegido y ungido-, entonces se lanzan a destripar gente ¡Dios lo manda! el que gane ese será el verdadero grupo de Dios, los otros son falsos. Así gano Bush la Guerra del Golfo y por tener un poderío armamentístico superior a Irak, demostró que el verdadero Dios es el de Occidente; mientras tanto millones de muertos inocentes de un lado y del otro, pero, por supuestos muertos por orden de Dios. Matemos a Jesús, este judío molesto, que se dice el Hijo de Dios, total, si lo es de verdad Dios vendrá a salvarlo. Así podría seguir, pero no vale la pena. Usted culpa a Bruno de su muerte porque dice que era consciente de lo que le podía pasar y esa es precisamente su grandeza, como la de todo martir y héroe (Jesús también era consciente que su prédica lo llevaba a una condena por la máxima autoridad de la reiligión oficial, todos los mártires canonizados eran conscientes – de lo contrario no tendrían valor como tal-; Gandhi era consciente que su convicción y su conducta lo hacía objeto de odio de los que prefieren el negocio de la guerra. Martin Luther King era consciente que su lucha contra la discriminación racial en EEUU lo ponía en riesgo de que algún iluminado se considerara el brazo de Dios para sacarlo de circuito), así también Giordano Bruno era bien consciente que sostener su pensamiento en medio de una sociedad e Iglesia en la que estaba prohibido pensar más allá del Dogma, lo llevaba derecho a la muerte. Pudo retroceder -como Galileo-, pero ¿A qué costo? prefirió a frontar como un hombre el calvario de la hoguera antes que traicionar la diginidad de pensar diferente.
    El argumento que usted usa en su escrito: ¿A caso es mejor perdonarle a usted la vida, para que viva matando el alma de innumerables cristianos? está viciado también de herejía maniqueísta si usted lo analiza bien. Personalmente no me molesta que usted separe tan claramente el alma del cuerpo, supongo que tiene fundamento para ello. Pero eso de matar almas, es tener poca fe en la acción del pensamiento. Aquel que te hace pensar no te mata, mata el alma que prohibe pensar. Los verdaderos maestros de la humanidad son los que hicieron pensar. No se puede vivir con miedo y a la defensiva. La columna de verdad se transforma en un muro que prohíbe y divide. En eso se han transformado las religiones en muros. Bruno escribió: “Ninguna de las Religiones existentes es buena, porque todas, en alguna medida, son isntrumentos de poder y empujan a los hombres a guerras fratricidas y luchas sanguinarias”.
    Respecto del concepto peyorativo que tiene de Bruno en su divulgación de la teoría Copernicana, lea lo que dicen los estudiosos y científicos y verá la importancia en el desarroilo de las ciencias en Europa que tuvo su propagación, sin olvidar que como filósofo expuso su metafísica del universo infinito que supera el heliocentrismo y es la base de la astronomía moderna.
    Finalmente, esa afirmación final: “El primer acto de honradez intelectual es reconocer a Dios y reconocer que nos ha dejado su Revelación”. Por un lado, el decir que el primer Acto de honradez intelectual es reconcer a Dios es ignorar como funciona la inteligencia. Hasta el mismísimo Santo Tomás de Aquino le diría que la inteligencia procede primeramente conociendo lo particular y sensible, para de allí ascender a lo universal e intangible. El primer acto de honradez intelectual es dejarse asombrar por la vida, tener capacidad de admirarse. En segundo grado darse la posibilidad de dudar, para poder fundamentar su pensamiento. En cuanto a “nos ha dejado su Revelación”, se remite a un acto de Fe en el que la inteligencia reconoce y se abre a esa revelación, pero siempre supondrá un acto de libertad, de elección. La Fe se recibe y se elge -de lo contrario no hay libertad y si no hay libertad tampoco hay fe, porque la fe sucede en el hombre y lo que hace que el hombre sea tal es su capacidad de discernir y de elegir; precisamente por ser auténticamente libre y honrar a Dios que lo hizo a su imagen y semejanza, Bruno eligió no traicionar su pensamiento ¿Quién es entonces más autosuficiente y obstinado? ¿El que decide pensar libremente o el que obliga hasta matar para que otros piensen diferente?
    Que tenga buena jornada. Antonio.

    • ¿Estados Unidos, George Bush y el militarismo de ese país como “prueba” de que las religiones son la causa de los males? Esa sí que es una exageración mayor, sobre todo cuando no se distingue ni se molesta en saber qué sucede en cada caso. Todo el mundo sabe que el asunto de la incursión estadoundiense en Medio Oriente tiene que ver con dos motivos principales: el petróleo árabe y el eliminarle enemigos a Israel. Lea la prensa de ese país respecto a la sumisión que han adoptado los últimos presidentes hacia Israel, sobre todo los Bush y Obama (y sus discursos en el AIPAC). Éste último incluso ha llegado a decir que uno puede rezar, aunque no se dirija a algún “dios”, esta es la filosofía de la masonería, en cuya visión se ha basado la fundación de ese país. Respecto al papel de los sionistas tampoco hay que elaborar oscuras teorías conspirativas cuando ellos ya se sienten tan a gusto con el clima mundial actual, por ejemplo, la opinión de Moshe Feiglin, ex candidato a primer ministro israelí y actual miembro de Knesset:
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      “Por alguna razón, son los judíos los que están siempre involucrados y algunas veces son responsables de las revoluciones en el mundo, son los judíos quienes inexplicablemente impulsan el perfeccionamiento del mundo en el nombre de alguna causa, y si ellos no están ocupados perfeccionando al mundo por el Reino del único Dios de Israel, entonces ellos se ocuparán en perfeccionar asuntos en el nombre del comunismo, liberalismo o cualquier “ismo”, en donde quiera que se observe tras bambalinas de una revolución auténtica, se descubrirá a un judío manejando los hilos detrás de ésta.” Moshe Feiglin
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      ¿Qué religión entonces será la que impulsa todos esos conflictos que Ud. dice? Para nadie es tampoco un misterio, y de hecho es una predicción bíblica, la lucha que se le ha hecho a la Iglesia católica en todos los tiempos, y mucho más acentuado desde la rebelión “liberal” en Francia de 1789, habiendo pasado antes por la rebelión protestante, a la cual se colgaron muchos príncipes. No pasa desabercibido tampoco el sofisma implícito en su queja: “que entonces la solución para que no sucedan guerras y luchas sanguinarias” es negar y abandonar la “religión” (todas las religiones), nada más que primero repararemos en los grandes regímenes ateos, los cuales fueron los más sanguinarios y los que más guerras provocaron, y cuyos ideólogos no se cuidan de recomendar la violencia como medio para sus fines, ¿de cuál prefiere comenzar a hablar? No es una casualidad que mucha gente se enamore de estas proposiciones incendiarias, ya que, nuevamente, las Sagradas Escrituras nos habla de un pacifista político que vendrá en el futuro y aparentará resolver muchos problemas globales, seguramente con una retórica de este estilo, y en nombre de esta pacificación, seguramente abolirá las religiones, implantando una tiranía mundial, este es el famoso Anticristo, y por la preparación hacia su llegada suceden hoy tantos conflictos en Jerusalén (que detonan otros en la región), pues los judíos mesiánicos desean arrebatar la mezquita que se encuentra en el Monte del Templo o convertirla en un centro ecuménico-sincretista, pues esta filosofía es de ellos y para ellos implantada en otros lugares, y de lo cual existen muchas noticias también, aunque no de las agencias principales que más bien prefieren ignorar eso. Así que ¿qué religión es la que provoca todos estos conflictos?, ¿qué religión es la que desde siempre ha interpretado que su pueblo debe ejercer una hegemonía material sobre los demás y hasta esclavizarlos? Hoy en pleno siglo XXI y año 2014, una sociedad católica, Filipinas, está bajo el ataque de esta corriente del Nuevo Orden, a donde pertenece la cúpula estadounidense de los Bush y Obama, allí en la actualidad se promueve el aborto, la sodomía, la pornografía como los grandes tesoros de la “libertad” y el “progreso”, ¿en serio cree Ud. que ellos creen en el verdadero Dios, la Sma. Trinidad? Es demasiado simplismo ese juicio sumario sobre las “religiones”.
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      Antes de sacar de contexto a Santo Tomás de Aquino, le refiero esto de este gran pensador católico:
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      “Conocemos la existencia de Dios, no por intuición inmediata, ni por demostración o priori, sino a posteriori, es decir, por las criaturas, arguyendo de los efectos a la causa; partiendo de las cosas que se mueven sin tener en sí mismas un principio suficiente de movimiento,hasta llegar al necesario primer motor inmóvil; subiendo de los efectos causados y de las causas subordinadas, a la causa sin causa, o primera; deduciendo de los seres corruptibles, indiferentes para existir o no, la absoluta necesidad de un ser absolutamente necesario; a vista de las innumerables criaturas limitadas en el ser, vivir y entender, nos persuadimos de que no pueden ser ellas ni nada semejante sin lo primero y esencial,tenemos que llegar al ser esencial e infinito, viviente e inteligente en grado supremo; por fin, el orden sublime del Universo no puede concebirse racionalmente sin un supremo Ordenador que enderece todas las cosas a su fin.” [Resumen de la Q.2 en la suma Teológica]
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      De tal manera que Santo Tomás de Aquino no tiene nada en contra de mi afirmación “el primer acto de honestidad intelectual es reconocer la existencia de Dios y reconocer que nos ha legado Su Revelación.” Ni tampoco se opone a que pensemos libremente, lo cual no significa que pensemos caóticamente, ni estúpidamente, pues el mundo natural ofrece testimonio de su Creador, sin importar con cuánta profundidad se estudie a la naturaleza (al contrario, a mayor profundidad mayor comprensión de ese Primer Motor). Como observación, también es interesante que el evolucionismo tan sólo sea una corriente filofófica que trata de hacérsele pasar como parte de la ciencia natural, con múltiples interpretaciones extra naturales. Ud. confunde la libertad que anima la Fe, con un “derecho” a la destrucción, con un anarquismo, Bruno fue primero un demoledor y luego pensador. La verdadera libertad implica una consciencia de lo que se rechaza y lo que se acepta, esto va más allá de mostrar actitudes temerarias, esto se trata de verdadero pensamiento, no de pantomimas.
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      Aparece una constante en su argumentanción, y es la de culpar al dogma como si fuese un obstáculo del pensamiento libre (no hablo del librepensamiento demoledor). En particular ¿qué dogma católico se opone al pensamiento? o dicho de otro modo, ¿qué conocimiento actual, firmemente establecido como cierto, se contrapone al dogma? Supongo que no tendrá dificultad en especificar esto que tanto ha citado. A riesgo de que Ud. caiga en la falacia “fe vs. ciencia”, la respuesta es negativa, nada en el pensamiento de las ciencias naturales se opone al dogma (y viceversa) y sólo las filosofías y teologías que tienen un fin saboteador se quejarán del dogma, pero puestas en esa posición indudablemente serán dogmáticas, de la misma manera que quien niega a Dios, dogmatiza; el que niega la verdad absoluta, dogmatiza; así Bruno al meterse en en estos asuntos, dogmatizó. ¿Cómo podría negar Bruno el dogma sin dogmatizar a su vez? De forma análoga, quien presenta una hipótesis revolucionaria sobre un tema de física, quiéralo o no, está desafiando el conocimiento vigente, y mucho más cuanto esta nueva hipótesis toque directamente elementos de ese conocimiento vigente y aceptado, de esta manera, esta fuera de las manos de quien propone algo nuevo el decir que lo considera o no algo desafiante a lo que es aceptado, y cae fuera de sus manos el que esa hipótesis llegue incluso a ser una teoría más completa de lo que quiere explicar, o que incluso se convierta en ley. Así el que genera un pensamiento que tiene que ver con el dogma, con su modificación o con su supresión, lo debe hacer dogmatizando (¿o de qué hablamos, de ficción?); no deja de ser una situación paradójica al interior de la herejía, pues múltiples sectas que sostienen herejías lo hacen bajo la ilusión de no ser dogmáticos, como si el haber negado, deformado o diluido un dogma de la Iglesia fuese algo que en sus mentes pesa menos, pero creen en su reinterpretación con la misma fuerza que quienes aceptan sin tapujos el dogma en sí, el caso concreto es que toda herejía se apega a sus desviaciones con un celo extraordinario, de esta manera y a pesar de creer en un supuesto libre examen de las Escrituras (en el caso de protestantes y anabaptistas), no es posible otra interpretación al interior de las sectas que la que sus promotores han establecido, es decir, dogmatizando. ¿Cuál sería el problema de que Bruno fuese considerado dogmático?, en principio ninguno, esa es la naturaleza del hereje (lo que Ud. llama apegarse o ser fiel al propio pensamiento o lo que se ha elegido): Lutero, Calvino, Zuinglio, Enrique VIII, Arrio, etc., todos fueron dogmáticos, todos fueron fieles a sus desviaciones; a quien afecta es a sus múltiples seguidores actuales quienes han montado un tinglado de bandera antidogmática y antieclesiástica. Por esta razón no deja de ser romántica y contradictoria la imagen que se hacen de Bruno. ¿Bruno promotor de Copérnico?, esto puede ser contadictorio, pues muchas corrientes lo presentan precisamente como lo contrario, particularmente las corrientes esotéricas que lo han adoptado con gran entusiasmo, así como muchos de sus dichos, elevados a nivel de dogma (algo que sale de las manos de Bruno, como en mi ejemplo anterior). Y como dice un comentador sobre el libro de Yates, la admiración de Bruno hacia la teoría copernicana no sería desde un punto de vista astronómico, sino mágico-filosófico. Es difícil imaginar, si no es desde una perspectiva meramente ideológica, cómo es que alguien que se precie de estudiar las ciencias de la naturaleza (sobre todo con esa actitud positivista trasnochada que muchos sustentan), se base, por ejemplo en ideas de Bruno que tengan que ver con “matemáticas mágicas” o con símbolos esotéricos y extraños; a pesar de que sobre la figura de Bruno se quiere construir a un “protocientífico”, en realidad se parece más a esa figura del alquimista que no se ha despojado de las comparaciones figurativas del mundo natural y de todas las fantasías que pueblan ese mundo imaginario, que recurre a la “magia” como un medio para aliviar la frustración de no poder penetrar lo suficiente en los secretos del mundo natural y debe recurrir al imaginario, a la fantasía. Bruno estuvo en muchas encrucijadas, una de ellas fue la de escoger entre la naciente ciencia astronómica y la del camino esotérico, él esogió esta última, esto dice mucho por sí mismo. Quien se merece todo el crédito de ser un científico naciente, en toda la extensión de la palabra es Copérnico, ni siquiera Galileo (que no dupo distinguir tampoco los dos mundos y se enfrascó en polémicas absurdas), pues este sacerdote sabe distinguir el mundo natural del sobrenatural, nunca los mezcla, ofrece cálculos matemáticos de sus observaciones, su teoría es bienvenida al interior de la Iglesia, y lo que haya dicho en su teoría puede o no haber sido superada, pero eso es lo natural cuando se trata de observaciones del mundo físico.
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      El pensamiento siempre fue libre en las sociedades cristianas (no hablo aquí del librepensamiento como medio de subversión), fue en la sociedad cristiana donde nació la universidad como institución de formación y educación, fue en los monasterios donde se enseñaba al pueblo lo indispensable para vivir, no sólo de las materias relacionadas con la religión, sino también de las artes liberales. Fue dentro de la sociedad cristiana donde alguna vez en España, en el siglo XVI, se dió un florecimiento de todo tipo, desde las artes hasta las ciencias exactas, pasando por la exploración. El pensamiento siempre fue libre en las sociedades cristianas, lo que es absurdo es que este concepto se lleve tan al extremo como para decir que las sociedades cristianas no tuvieron libertad de conspirar contra sí mismas, lo que es cierto, lógico y natural, así como es cierto que la “libertad” de la que muchos hablan en realidad es una referencia a la subversión, con la agenda oculta que se quiera contemplar (recuérdese las palabras de Moshe Feiglin), hemos llegado al absurdo en este sentido, que siendo todavía sociedades cristianas en algún grado, se nos impone toda clase de leyes, normas y costumbres anticristianas en nombre de la “libertad”, esto es precisamente el libertinaje en toda la extensión de la palabra o la “libertad” de los no cristianos por demoler el orden imperante, es decir, como cristianos nos hemos creído un cuento que sólo tienen que ver con la simple subversión y la demolición de nuestro propia sociedad, esto está en boca de todo los políticos. No se olvide tampoco que la Cd. del Vaticano fue una de las primeras en tener un observatorio astronómico en forma, a cargo de jesuitas (cuya orden data del siglo XVI); hasta hace poco todavía había universidades católicas donde había una perfecta armonía en la enseñanza de las verdades eternas con las enseñanza de las ciencias naturales, sin que a nadie le estorbase el dogma, en pleno siglo XX-XXI.
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      Por último, esa frase de “no traicionar el pensamiento”, es una frase muy atrayente, pero muy general también y de doble sentido. Así, a San Roberto Berlarmino también le cabe esa frase: “San Roberto Belarmino decidió no traicionar su pensamiento”, la prueba es que el voluble Bruno acabó en la hoguera. Y me adelanto a la réplica, sí es el pensamiento de San Roberto, así como el pensamiento de los Padres y Doctores de la Iglesia emitieron pensamiento propio y libre acerca de la doctrina y el dogma católico, cuyo pensamiento vino a enriquecer la comprensión del dogma y la doctrina católica, pues antes sólo estaba de alguna manera en un estado elemental. En el juego de cartas se describe la actitud de farolear como la presunción de algo que no es verdad, de tener algo mejor de lo que en realidad se tiene, ¿podríamos decir que Bruno es valioso o interesante por haber sido un “farol”?, porque al parecer es más importante la actitud que se ponga en un asunto que lo que al final uno diga, haga o sostenga. Las sociedades cristianas siempre tuvieron la libertad de pensar y actuar, pero no la libertad de conspirar contra aquello que les permitía esta libertad (acotada, por supuesto, pero no asfixiante). No es la primera vez que encuentro este tipo de razonamientos ni es la primera vez que me da la impresión de que tiene más que ver con alguna especie de fobia personal que con lo que realmente sucedió en la historia.

  17. Estimado Alejandro, buen día; disculpe que me haya ausentado este tiempo de nuestra conversación, pero la vida me embretó en esos momentos en que se densifica nuestra meditatio mortis que es también meditatio vitae, a raíz del fallecimiento de un gran amigo de toda la vida.
    Volviendo sobre el texto de su última reflexión, debo decirle que mi referencia a Bush no fue como prueba de que las religiones son causas de todos los males; me remití a Bush como ejemplo del “mecanismo peligroso de las instituciones religiosas”, no del sentido religioso propio de todo ser humano, como dice M. Eliade el Homo religiosus es muy anterior al Homo sapiens, me refiero que cuando esta natural búsqueda de vínculo con el Ser Superior se transforma en Institución Religiosa o peor en Religión Oficial, entonces se transforma históricamente en fuente de poder de unos sobre otros, ya que, como expliqué anteriormente esa Institución se considera la verdadera, por tanto única y no puede más que descalificar al resto de los que buscan y se encuentran con Dios, el cual está por encima de toda forma institucional que quiera secuestrarlo y hacerlo exclusivo. A consecuencia de lo expuesto, la masonería no escapa a esta estructura, pues es una estructura de poder; o sea, el mecanismo es el mismo. Los Judíos también son una Institución Religiosa que se consideran el Pueblo elegido excluyendo a los demás. Si hay un pueblo elegido, los otros pueblos no son de Dios, por suerte Pablo refutó esta falacia, pero la Iglesia Católica y las Evangélicas cayeron en la misma trampa del mecanismo de poder, para dominar las conciencias y establecerse como la Verdadera Religión.
    Coincido con usted, en su referencia al ateísmo, cuando este se institucionaliza para oponerse a las religiones cae también en el mismo mecanismo perverso.
    En cuanto, a la referencia del texto, citado por usted, de Tomás de Aquino, en su misma exposición queda esclarecido que la primera honradez con la inteligencia no puede ser el conocimiento de Dios, sino el conocimiento de la naturaleza y la honradez de reconocer cómo funciona la inteligencia humana. Por eso indica que es a posteriori, porque cuando se dice primero no se está refiriendo al grado jerárquico del contenido de lo que se conoce, pues en ese sentido, sí se refiere a Dios; pero el término “primera honradez” se refiere a primero en el orden del conocimiento.
    Respecto del Dogmatismo, debo decir que sin duda limita , pues esa es su función., ya que se basa en una supuesta revelación que Dios hace a unas personas y se decreta que esto es así y no de otra forma aunque la inteligencia nos lleve a pensar lo contrario. El Dogma Católico no se opone al pensamiento, lo delimita de forma que condena al que piense contario a él. Verbi gratia: La Creatio ex Nihilio, con la inteligencia se puede aducir causas a favor y en contra, pero el intelectual católico sólo debe funcionar dentro de lo que dictamina el Dogma de lo contrario es hereje. Así también con el carácter temporal del universo, determinando que el Cosmos tuvo inicio temporal; el pecado original, el infierno, etc. No estoy en contra del dogma en sí, es decir, en cuanto convicción del conocimiento; tiene razón usted cuando dice, en este sentido, que todos tenemos dogmas. El asunto no es en sí, sino en el mecanismo del Dogma, en su aplicación, vale decir, cuando se impone sin más como revelado y se obliga a funcionar y pensar dentro de su marco. En este sentido Bruno tuvo sus convicciones, se arriesgó a pensar más allá de lo que la autoridad eclesiástica imponía, pero no forzó a nadie a pensar como él; expresó, con la libertad que podía y le dejaron, lo que iba analizando y construyendo en su metafísica del universo infinito y las consecuencias éticas y antropológicas derivadas de ella, pero no para imponerlas, sólo pidió que le permitieran pensar diferente, pero no obligó, ni siquiera a sus poquísimos discípulos que lo siguieran. Creo que la diferencia queda entonces claramente expuesta, no vale la pena explicitarla más. Respondiendo así a su pregunta. Usted al final de su texto, señala que Roberto Bellarmino al igual que Giordano Bruno “no traicionaron su pensamiento”. En primera instancia debo aceptar que lo que usted dice es cierto, pero usted deberá reconocer en su misma expresión que se expone que ambos siguieron distinta suerte. Como el Card. Bellarmino detentaba el poder, el fue fiel a su pensamiento y nadie lo encarceló, torturó psíquica y físicamente, nadie lo condenó ni lo quemó vivo en una plaza.
    Respondo a su afirmación de que” Bruno fue primero un demoledor”. Históricamente no es cierta, Bruno primero fue un estudiante aplicado y responsable, conoció lo que en su época se podía conocer y se le otorgó el título de “Doctor” en 1575. Este título se otorgaba al que más sabía que eso significa la palabra latina Doctor, es decir, al que conocía todas las ramas del saber de su tiempo, a diferencia de los Doctores de nuestro tiempo, en aquellos la gente estudiaba todo el saber y no eran expertos en un pequeño ámbito del conocimiento humano, sino en todas y cada una de sus facetas, puesto que no había porción del saber que no tuviera relación con el resto: Teología, filosofía, física, matemática, literatura… todo formaba parte del conocimiento. El especialista es un espécimen de nuestro tiempo, eficiente y productivo. En la antigüedad el amor al saber era tan amplio que generaba una ansiedad nunca satisfecha, pero también cierta humildad, ya que todo lo que se va conociendo, no hace más que denotar el vasto campo de lo que aún falta saber. A esto se dedicaba Bruno a saber más y más. A propósito Heráclito nos ha legado a la humanidad en dos de sus fragmentos recuperados, una claridad sobre la búsqueda de saber del filósofo. En el Fragmento 35, dice más o menos la traducción a la que llego: “Conviene, pues, sin duda, que tengan conocimiento de muchísimas cosas, los hombres amantes de la filosofía”. Veamos, entonces, a partir de la caída de las filosofías dialécticas y de las filosofías de la totalización, los grandes sistemas filosóficos–Tomás de Aquino, Kant, Hegel, Marx-, a mediados de los 60, la filosofía se caracteriza por lo que se denomina la Academia Francesa y se prolonga en la academia norteamericana. Inicialmente se trata de una desagregación del saber, una fragmentarización del saber. Esto trae, por supuesto, aspectos interesantes, el reflexionar sobre aquello que ha pasado desapercibido o no ha ocupado un primer plano en las reflexiones de los filósofos (las minorías étnicas y sexuales, el feminismo; por ejemplo el problema de la filosofía africana. Marx no reflexionó sobre la filosofía Bantú. Para Tomás de Aquino sería una contradictio in terminis y para Hegel un oxímoron. Entonces lo que plantea Heráclito es que el filósofo tiene que saber muchas cosas porque la filosofía es un saber total, se ocupa de todo, no existe nada que le sea ajeno. Pero esto lo conjuga con lo que dice en el Fragmento 40: “La mucha erudición no enseña a tener inteligencia”, que es una expresión más conocida vulgarmente de Heráclito y a demás es comprobable, pues conocemos a muchos eruditos que carecen por completo de inteligencia, son simples repetidores, tienen información de Google, almacenan datos de todo tipo, pero no se reflexiona sobre las relaciones de unidad y totalidad, sobre las causas –gran problema de la educación en nuestro tiempo, se trasmite mucha información, pero no se enseña a pensar-. Por eso Bruno fue filósofo porque conocía todo lo posible de conocer en su tiempo y medio, pero se detenía a pensar, a relacionar, a totalizar desde las causas esos saberes. Esta forma de proceder dentro de las comunidades religiosas (católicas, Calvinistas y Luteranas) le reportó múltiples enemigos al Nolano. Quienes están seguros en sus dogmas y creen saberlo todo, odian profundamente a los que buscan desnudos la verdad cada día, con amor al saber sin más barreras que la búsqueda del conocimiento, los primeros suelen detentar el poder y los segundos, desde Sócrates han de emprender la fuga, el exilio. Pero este odio no hace más que develar la inseguridad y el miedo a perder el poder. Respecto de la visión que tenía Giordano Bruno sobre el autoritarismo de la imposición de doctrinas, nada mejor que leer su escrito. En su obra en italiano “De L’Infinito Universo et Mondi” del año 1584: “Nunca debe valer como argumento la autoridad de cualquier hombre, por excelente e ilustre que éste sea… Es sumamente injusto plegar el propio sentimiento a una reverencia sumisa hacia otros; es propio de mercenarios o esclavos sujetarse y someterse. Es una estupidez creer por costumbre inveterada, es irracional conformarse con una opinión a causa del número de quienes la detentan. El conocimiento no es por mayoría, una necedad sostenida por uno o por un millón continúa siendo una necedad. Por el contrario, es preciso buscar siempre una razón verdadera y con fundamento y escuchar la voz de la naturaleza”. En consecuencia, Bruno no fue de primer intento un demoledor, como usted afirma, sino que el desarrollo de su filosofía puso en crisis la postura de la Iglesia: Si el Universo es Infinito no hay Creatio ex Nihilo… si hay muchos mundos y muchos sistemas dentro del cosmos, multiplicidad de entes y de vida fuera del mundo, entonces …, etc. Las consecuencias de sus pensamientos ponen en peligro los cimientos del dogma católico, pero su intención no es demoler, sino saber, investigar, buscar un conocimiento que rompa con la superstición y con la ignorancia. Bruno fue un hombre de ruptura, su concepción antropológica expone al hombre no como un animal de costumbre, sino como un ser de transformación.
    Cuando me referí a que Giordano Bruno estaba entusiasmado con la teoría de Copérnico y que la divulgaba en las cátedras, afirmé que no lo hacía como científico, sino como filósofo. Bruno no es un tonto ni un payaso, Alejandro, como hombre de estudio sabe sus límites y no le interesó competir ni con Copérnico ni con otro astrónomo de su tiempo. El reflexiona metafísicamente a partir de la Teoría de Copérnico y la hace progresar a un nivel filosófico que éste nunca hubiese considerado. Me remito a lo ya expuesto en comentarios anteriores descritos en esta página. Copérnico, demoró la publicación de su De Revolutionibus orbium coelestium por temor a la censura y posteriormente la Iglesia le solicitó que no lo divulgara por prudencia y cautela. Él era un astrónomo, matemático, canonista y médico. Bruno expuso la teoría copernicana, cosa que no hizo el mismo Copérnico y lo hizo, más allá del dato astronómico, para exponer y fundamentar su metafísica del Universo Infinito y que supera el giro antropológico que la teoría copernicana estaba dando, ya no hay centro, no es Dios, pues Él está en todo, ni es el hombre, porque en el infinito no hay centro.
    Con todo respeto, Alejandro, percibo en su texto un cierto desprecio por el pensamiento que Bruno tenía sobre la magia, en realidad, pienso que usted lo hace pensando en lo que este concepto significa hoy para el hombre de nuestro tiempo, pero la magia no es para el hombre del Renacimiento lo que para el de nuestro tiempo. La Ciencia no irrumpió de la noche a la mañana; desde el año 1300 al 1600 hay una intensa e incesante búsqueda de controlar e influenciar sobre la naturaleza –esta es también la medicina que practicaba Copérnico-. Esta búsqueda de dominio sobre la naturaleza llevó a muchos hombres de estudio a mirar a la Magia como su arte aliada (Alquimia, astrología…), a través de la cual se podía poner a prueba experimental a los entes de la naturaleza, provocando transformaciones que beneficien a la humanidad. A partir de esta ciencia experimental incipiente mezclada con la magia natural es que fue naciendo y creciendo el proceso que devino en la ciencia moderna. En 1590 escribió un libro en latín “De Magia”, donde expone los diversos tipos de magias existentes, sus significados humanos, sus objetivos y alcance. Esta obra hubo de permanecer por mucho tiempo inédita –se salvaron de ser quemadas en la Piazza de S. Pietro-, ya que se publicaron tardíamente. Incluso fue rechaza por muchos filósofos racionalistas, seguidores de Bruno, pues es un texto que se distancia de la especulación metafísica y modifica la imagen que ellos tenían del Nolano, tanto que prefirieron estudiarla poco y abandonarla en la rinconera. Ellos tampoco comprendieron el significado que la magia tenía para el hombre estudioso del renacimiento. Es difícil separar en Bruno cosmología, metafísica, magia y mnemotécnica. El cosmos, el Universo del que Bruno habla constituye un mundo vivo; no tan sólo un ser, sino una Vida en perpetuo actual devenir. En esta vida que el Universo es, todo se halla conjunto con todo; desde un punto cualquiera de él, cualquiera de sus existencias puede obrar sobre cualquier otra existencia, a una distancia cualquiera y en un tiempo y lugar cualquiera. Igual cada cosa es espejo de todas las demás. De cualquier signo se puede recordar aquello de que es signo. Todo lo recuerda todo, así como todo obra sobre todo. En este optimismo universal de la naturaleza unitaria y de la infinitud del universo y de Dios inmanente en todo es que se debe leer el propósito del análisis que hace Bruno sobre la Magia, obviamente pre-científica.
    Respecto del riesgo al que hace alusión de que pueda “caer en la falacia Fe vs Ciencia” , debo decirle mi estimado Alejandro, que el asunto de la relación Fe – Ciencia nunca fue ni es fácil para un filósofo. Los contenidos de los Dogmas de las grandes Religiones lo resuelven simplemente, por decreto, como en el caso de Galileo. El viejo sabio, no era teólogo ni filósofo, era matemático y astrónomo, pero era un hombre de Fe. La Iglesia condena su demostración sobre la rotación de la tierra –dato científico-, porque contradice un contenido del mensaje bíblico. Esto era, evidentemente, un problema para la Iglesia, su Doctrina y su poder sobre las conciencias, pero no para el científico creyente Galileo Galilei. En una de sus varias defensas sobre sus descubrimientos científicos ante la Inquisición romana, Galileo dijo al Tribunal : “Señores, entiendo que las Sagradas Escrituras nos enseñan cómo se va al cielo, pero no cómo se mueve el cielo”. Naturalmente esas cabezas cerradas y atemorizadas por la responsabilidad de conservar el depósito sagrado de la Fe, no entendieron la sencilla, profunda y sabia distinción de Galileo ¿Por qué la Inquisición lo amenazó de muerte a menos que se retractara de sus afirmaciones? Es por lo mismo que quemaron vivo a Bruno. Aquel científico astrónomo y este filósofo con su enseñanza rompían todo un mundo de estructuras y jerarquías. Si la tierra no era más el centro del universo, entonces todas las jerarquías, todos los órdenes podían alterarse. Lo que estaba en peligro no era la Fe, sino el poder, el poder religioso, político y económico. El tema de la relación Filosofía y Fe es muy interesante y apasionante, pero complejo y no se trata de lanzar anatemas contra quien no piense igual o atente con su pensamiento contra el orden establecido. Filosofar sobre este tema es buscar entender sin prejuicios la relación entre el conocimiento humano (filosófico o científico) y el conocimiento del mensaje de la Fe. El filósofo que mayor convulsión espiritual produjo y quien más movilizó el pensamiento, no sólo dentro de su propia religión, sino también en las otras dos , la judía y la católica, fie el árabe Ibn Rosh Averroes. Para él no había contradicción entre la filosofía y la religión. La consideraba modos de expresión diferentes. La religión, según Averroes, dice lo mismo que la filosofía, pero en términos asequibles para ser comprendido por todos. Por eso las religiones recurren al antropomorfismo para hablar de Dios: “Dios quiere”, “Dios dice”, “Dios espera de ti” y junto con esto, los modismos de castigo y recompensa, para que el hombre sin estudios e ignorante pueda acceder al mensaje religioso y cumplir con él. La teoría de la doble verdad, según Averroes es que la verdad es una , es decir, tanto la filosofía como la religión persiguen el mismo fin: dar respuesta a los grandes interrogantes del hombre. La religión lo hace por el camino más corto, trasmitiendo un mensaje revelado, la filosofía por el camino más largo de la especulación. Podríamos seguir, mi estimado Alejandro, pues toda la filosofía es un intento, por diversos caminos de mostrar, demostrar, intentar hipótesis de este vínculo entre la ciencia y la Fe. Por eso mismo, de ninguna manera sostuve ni sostengo que la ciencia es versus la Fe. Sí, afirmo que históricamente, el poder de las instituciones religiosas para defender su prestigio y dominación sobre las conciencias han ocultado , perseguido y eliminado a cualquiera que sostenga un razonamiento, una investigación que ponga en peligro los contenidos de su mensaje. Estos son los verdaderos motivos de las condena de G. Bruno. Bruno no era un ateo, como realmente quisieran que fuera, precisamente lo que más duele es que era un hombre de una profunda Fe, por supuesto no con respecto al culto y a los ritos, pero si a la contemplación y sentimientos; por esta misma razón, no concebía que Dios estuviera recluido a ciertas esferas donde la religión del lugar decide que deba estar y ausente en otros. Dios, decía el Nolano está en todo. Todo está lleno de divinidad. Dios es inmanente, está dentro de todo ser. Rodolfo Mondolfo en su obra “Figuras e ideas de la filosofía del Renacimiento”, dice:
    “La doctrina bruniana de la inmanencia de Dios en la totalidad del Universo y en cada uno de los seres, postula que todos los hombres y, todo el Universo, poseen en su propia interioridad una necesidad incoercible de infinitud. Así gracias a su afirmación de la presencia inherente de lo divino en el cosmos, que estimula, enciende y mueve a todo espíritu, Bruno se encuentra llevado a reconocer la universalidad de la potencia y la aspiración cognoscitiva aun proceso continuo e infinito”. En síntesis, uno puede o no estar de acuerdo, de hecho hay cosa de G. Bruno que no comprendo y otras que comprendo y no acuerdo, como también de Teilhard de Chardin, pero ninguno merece ser condenado ni eliminado porque un poder se sienta en peligro. Si siente que está en crisis ese poder y ese conocimiento que no le tenga miedo a abrirse a pensar y cuestionarse. El que busca la verdad no tiene miedo, sólo teme el que se cree dueño de ella y solo Dios es dueño de la Verdad, porque es la Verdad.
    Quiero terminar esta reflexión con un texto extraído de una carta que el P. Pierre Teilhard de Chardin escribió a un discípulo , habiéndole ya aplicado el Santo Oficio la pena canónica “Suspentio a Divinis” ; en este escrito se muestra la gran confianza puesta en el Padre, fruto de su Fe en el Obrar de Dios
    “Piensa que estás en manos de Dios, tanto más fuertemente agarrado cuanto más decaído y triste te encuentres. Vive feliz, te lo suplico, vive en Paz, que nada te altere, que nada sea capaz de quitarte la Paz, ni la fatiga psíquica, ni tus faltas morales. Haz que brote y conserva siempre en tu rostro una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor continuamente te dirige; y en el fondo del alma coloca, antes que nada, como fuente de energía y criterio de Verdad todo aquello que te llene de la paz de Dios. Recuerda: todo cuanto te reprime o inquiete es falso. Te lo aseguro en nombre de las leyes de la vida y de las promesas de Dios. Por eso, cuando te sientas apesadumbrado y triste, adora y confía”.-

    • Al menos Ud. podría reconocer que la Iglesia católica no cambia de parecer cada 5 minutos, ni ajusta su discurso a los tiempos, la verdadera Iglesia tiene una doctrina pétrea que no tiene la finalidad de concederle sus caprichos al hombre, sino a ofrecer el verdadero culto y veneración debidas a Dios (y que es la auténtica definición de religión), esto, a más de 2000 años de su fundación por N.S. Jesucristo, es algo encomiable y digno de reconocer, y por supuesto se destaca de todos los demás discursos que adaptan sus objetivos “religiosos” según los caprichos que se den en ese momento, hoy los ídolos son el libertinaje y los “derechos humanos”, o la “democracia”, mañana, ¿quién sabe?. Aquí me parece que de nuevo quiere poner en la boca de San Pablo algo que no dijo, o Ud. quiere trasladar o extrapolar algo que sí dijo. San Pablo jamás habla en desprecio ni de la religión (el verdadero culto a Dios) ni de la Iglesia católica, Cuerpo de Cristo, usando su propio concepto, me parece excesivo pretender que las sectas salen libradas gracias a San Pablo cuando en su tiempo, ni en quince siglos posteriores, se manifestaría esta suplantación del verdadero cristianismo. Al contrario, San Pablo denuncia y condena a quienes se separan de este Cuerpo, de la Iglesia (1Cor. XII). La idea de San Pablo no es algo que debía cumplirse en lo futuro y que fuese acéfalo, la idea de San Pablo fue la Iglesia primitiva ya existente en su tiempo, que es la Iglesia católica en sus primeros años y que tenía en ese momento a San Pedro como cabeza visible, como Vicario, tal y como N.S. Jesucristo lo quiso. Cuando San Pablo rechaza las divisiones entre judíos, griegos y demás, no está defendiendo un ecumenismo sincretista, ni está reconociendo el paganismo de unos ni desdiciéndose de la ceguera de los otros que rechazaron y siguen rechazando al Salvador, sino que está poniendo como centro a Jesucristo y su obra, la Iglesia; otro cantar es dejarse engañar por apariencias y pretender meter a todo lo que se diga “cristiano” en el mismo saco, ya lo decía San Juan, que (parafraseo) “han salido de entre nosotros, pero si de nosotros hubiesen sido, se hubiesen quedado con nosotros, pero así se ha hecho patente que no eran de nosotros”, San Juan hablaba de los anticristos, es decir de quienes se oponen a Jesucristo y de quienes pretenden imitarlo a su manera, suplantarlo. Esta es la estrategia del demonio, ni más ni menos, la de copiar la obra de Dios para engañar mejor, una mentira no sería atrayente si no tuviese algo de verdad, por eso es tan socorrida esa estrategia, por eso Bush y sus pares usan cierto lenguaje “cristianizado”, incluso el malhadado Chávez lo hizo descaradamente, pero no seamos tan ingenuos para creérselos, ni tan crédulos para pensar que todo es lo mismo.
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      La inteligencia nunca ha estado en pugna ni ha sido despreciada por la Iglesia, al contrario. Lo que no puede hacerse ni puede adoptarse como algo normal, es esa tendencia a crear falsas dicotomías ni quedarse a medio camino. Si el ánimo es admirar el mundo natural, no podrá hacerse a medias, ni queriendo buscar explicaciones alternativas que sólo desean quitarle crédito al Creador; la admiración de la naturaleza como la obra del Creador no es un acto que deba separarse ni deba trastornarse, es decir, no es posible pretender que el mundo natural sea más que el Creador mismo, o que deba confundírsele con Él. El panteísmo cae en este error precisamente. Afortunadamente, Sto. Tomás de Aquino es claro como el agua de manantial y no es necesario adivinar qué dice, si alguien quiere entender algo diferente lo hará siguiendo su propia agenda. En otras palabras, el conocimiento de la naturaleza jamás llevará a la negación de su Creador, y ninguna ciencia natural se opondrá al Dogma. Del Doctor Angélico también puede citarse: “todo lo que se mueve pide un motor extraño o exterior a él”, por supuesto, el Primer Motor es Dios.
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      En referencia a la Creación y los temas que causan un aparente conflicto con la ciencia, le cedo la palabra al papa Pío XII (Encíclica Humani Generis), quien ya ha abordado este tema con mucha mayor suficiencia que yo:
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      “Dando una mirada al mundo moderno, que se halla fuera del redil de Cristo, fácilmente se descubren las principales direcciones que siguen los doctos. Algunos admiten de hecho, sin discreción y sin prudencia, el sistema evolucionista, aunque ni en el mismo campo de las ciencias naturales ha sido probado como indiscutible, y pretenden que hay que extenderlo al origen de todas las cosas, y con temeridad sostienen la hipótesis monista y panteísta de un mundo sujeto a perpetua evolución. Hipótesis, de que se valen bien los comunistas para defender y propagar su materialismo dialéctico y arrancar de las almas toda idea de Dios.

      La falsas afirmaciones de semejante evolucionismo, por las que se rechaza todo cuanto es absoluto, firme e inmutable, han abierto el camino a las aberraciones de una moderna filosofía, que, para oponerse al Idealismo, al Inmanentismo y al Pragmatismo se ha llamado a sí misma Existencialismo, porque rechaza las esencias inmutables de las cosas y sólo se preocupa de la existencia de los seres singulares.

      Existe, además, un falso Historicismo que, al admitir tan sólo los acontecimientos de la vida humana, tanto en el campo de la filosofía como en el de los dogmas cristianos destruye los fundamentos de toda verdad y ley absoluta.” (Fin de cita)
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      Es una explicación excelente, pues resume todo el aparente conflicto de la fe y la ciencia. El asunto no pasa porque la religión o el Dogma niegue un conocimiento establecido “firmemente como cierto” (así lo escribí en mi comentario anterior), sino que se pretende deslizar una hipótesis como si fuese algo demostrado fehacientemente, así fue el conflicto con Galileo, por ejemplo. Muy ilustrativa también es la opinión del evolucionista Stephen Jay Gould en su ensayo “Evolution as Fact and Theory”, en el cual acepta que es necesario sostener el evolucionismo como la gran teoría materialista (pues de lo contrario no hay oposición al Dios creador; de lo contrario no hay nada que el materialismo pueda ofrecer ante estas incógnitas), afirmando que los biólogos ya no buscan si la “evolución” sucedió o no (por supuesto como ellos la entienden y como se la propinan a todo el mundo), sino la forma en que sucedió, el Sr. Gould no cesa de proponernos que la “ciencia” debe ser siempre una explicación materialista de las cosas, pues desprecia el concepto de “ciencia creacionista”, es decir, es el clásico muñeco de paja que se hacen muchos pretendiendo que con tubos de ensayo y matraces en mano quienes tenemos fe pretendamos demostrar la existencia de Dios; por supuesto, su debate o su batalla es en contra del creacionismo que se sostiene desde el protestantismo (así lo expresa él en el ensayo), el cual tampoco está libre de esas mezclas raras y absurdas de cientificismo y superchería, convirtiendo todo este tema en una mezcla confusa de ideas y contribuyendo al caos generalizado. En lo que toca al catolicismo, así se expresaba el papa Pío XII en la misma encíclica:
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      “Por todas estas razones, el Magisterio de la Iglesia no prohíbe el que —según el estado actual de las ciencias y la teología— en las investigaciones y disputas, entre los hombres más competentes de entrambos campos, sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente —pero la fe católica manda defender que las almas son creadas inmediatamente por Dios—. Mas todo ello ha de hacerse de manera que las razones de una y otra opinión —es decir la defensora y la contraria al evolucionismo— sean examinadas y juzgadas seria, moderada y templadamente; y con tal que todos se muestren dispuestos a someterse al juicio de la Iglesia, a quien Cristo confirió el encargo de interpretar auténticamente las Sagradas Escrituras y defender los dogmas de la fe. Pero algunos traspasan esta libertad de discusión, obrando como si el origen del cuerpo humano de una materia viva preexistente fuese ya absolutamente cierto y demostrado por los datos e indicios hasta el presente hallados y por los raciocinios en ellos fundados; y ello, como si nada hubiese en las fuentes de la revelación que exija la máxima moderación y cautela en esta materia” (Fin de cita)
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      Todo lo cual es actual y perfectamente sostenible ante el estado actual de la teoría evolucionista, que no ha ofrecido mayores ni mejores pruebas para su demostración, aunque sí ha aumentado esta defensa férrea que la pone a nivel de dogma e ideología, no de conocimiento científico. El evolucionismo no ha podido solventar convincentemente la falta notable de los llamados fósiles de transición, ni ha podido explicar convincentemente la razón por la que la inmensa mayoría de fósiles más antiguos se concentra hacia lo que se conoce como la explosión del cámbrico, por nombrar dos gigantescos obstáculos, es decir, los fósiles para nada describen un árbol que apunte hacia un organismo del cual haya salido todo. Es oportuno mencionar también la forma tan poco “científica” de Darwin al exponer los objetivos de su teoría, planteándose primero lo que deseaba encontrar y no al revés, es decir, primero observando y luego deduciendo, concluyendo. Así lo refiere Gould:
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      He wrote in The Descent of Man: “I had two distinct objects in view; firstly, to show that species had not been separately created, and secondly, that natural selection had been the chief agent of change. . . . Hence if I have erred in . . . having exaggerated its [natural selection’s] power . . . I have at least, as I hope, done good service in aiding to overthrow the dogma of separate creations.”
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      De esta manera tan anticientífica esbozaba sus objetivos Darwin, planteando que deseaba demostrar que las especies no habían sido creadas de forma separada y además, a pesar de que reconoce que pudiera errar en sus cálculos, al menos tenía la (mezquina) esperanza de contribuir a desechar el dogma de la creación separada de las especies. Vemos que ya desde aquí existe un objetivo que va más allá de la biología, un objetivo ideológico, un objetivo que antepone las metas antes de ofrecer las observaciones precisas de la naturaleza que demuestren la hipótesis, y en general esa es la idea del evolucionismo, el pretender que sucedió aunque no saben cómo, y así lo afirma Gould en su ensayo (y no sólo Gould), lo cual es otra muestra de que este es un asunto meramente ideológico y extra biológico, o la biología es un mero pretexto para propagar el materialismo y el odio gratuito al Dogma católico. Así que aquí el Dogma no es el que se opone a nada, sino al contrario, es el Dogma el que ha estado siendo atacado por una hipótesis seudo científica.
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      No será necesario mencionar la forma tan agresiva por la que se impulsa este dogma evolucionista en las escuelas y medios de comunicación, la cual no se queda en el simple impulso de sus propias concepciones, sino en la ridiculización de lo que ellos consideran opuesto. Es decir, quienes realmente condenan injustamente e imponen sus formas de pensar son quienes pretender apoyarse en la “ciencia”. Es también notable la observación del papa, pues esto no queda en simples explicaciones cientificistas (digo yo) para cierto fenómeno o parte de la vida de los seres vivos, sino que se impulsan filosofías acordes. Por supuesto que el intelectual católico debe actuar respetando el Dogma, y así lo hacen miles de científicos católicos hasta la fecha, pues todas los conflictos son ideológicos, nada hay en la ciencia que niegue ningún dogma y ningún dogma estorba al estudio de las ciencias naturales. Ud. podría especular sobre una supuesta eternidad del Cosmos, pero nada, absolutamente nada del conocimiento firmemente establecido como cierto, es decir, más allá de especulaciones e hipótesis, le confirmará esto como cierto, y siendo así, de panteísta no pasará. Para ciertos modelos de la física puede ser útil considerar al universo de cierta manera, pero no significa que así sea en la realidad, y en realidad, quizás jamás lleguemos a saberlo con certeza. ¿Qué ciencia natural trata sobre el pecado original o sobre el infierno?, la única ciencia que trata esto es la teología, y siendo así, deberán utilizarse argumentos y fuentes afines, ¿a quién le molestará más estos temas que al hereje mismo?, pero si hablamos de herejía es que ya invadió el terreno eclesiástico, no al revés.
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      Don Marcelino Menéndez y Pelayo se expresó así respecto al tema de la supuesta opresión del Santo Oficio en España. Es extenso el texto, pero no hay desperdicio y aún recomiendo leer todo el tema (http://wp.me/PcXTf-2ax):
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      Vamos a ver a qué estaban reducidas las trabas del pensamiento, y para esto procederemos, aunque con brevedad suma, por ciencias y géneros. El teólogo español podía leer libremente todos los Padres y Doctores eclesiásticos anteriores a 1515, puesto que dice expresamente el Índice que «en ellos no se mude, altere ni expurgue nada», como no sean las variantes y corruptelas introducidas de mala fe por los protestantes. Ni los libros de Tertuliano después de su caída ni ningún otro hereje antiguo le estaban vedados. También se le permitían todos los escolásticos de la Edad Media, incluso Pedro Abelardo, salvo algunos pasajes, y Guillermo Occam, exceptuando sus libros contra Juan XXII. Y tenía a su alcance toda la inmensa copia de teólogos ortodoxos posteriores, sobre todo los que daban sin cesar alimento a nuestras prensas, sin que haya ejemplo de que ninguno de nuestros grandes teólogos fuera molestado en cosa grave por el Santo Oficio, pues en el libro de Melchor Cano se expugnaron sólo dos o tres frases insignificantes; en Suárez y otros, lo que decían de la confesión in scriptis, y esto a consecuencia de un decreto de Clemente VIII de 1602; y en el tratado De morte et immortalitate, de Mariana, algunas expresiones que a los dominicos les parecieron demasiado molinistas, o, como ellos decían, semipelagianas. No era raro que las cuestiones de escuela trascendiesen a la formación del Índice, y las disputas de la gracia y de la Inmaculada solían dar motivo a prohibiciones opuestas, según que unos y otros entendían en el Índice.

      En cuanto a los libros de religión en lengua vulgar, prohibíanse en el Índice de Valdés los de Taulero, Dionisio Rickel, Henrico Herph y otros alemanes, sospechosos de inducir al panteísmo y al quietismo. Se mandaban recoger las primeras ediciones del Audi, filia, del Maestro Ávila; de la Guía de pecadores y De la oración y meditación, de Fr. Luis de Granada, y de la Obra del cristiano, de San Francisco de Borja, no porque contuviesen error alguno, sino por el universal terror que inspiraban, en tiempo de los alumbrados, los libros místicos y «por encerrar cosas que, aunque los autores píos y doctos las dixeron sencillamente, creyendo que tenían sano y católico sentido, la malicia de los tiempos las hace ocasionadas para que los enemigos de la fe las puedan torcer al propósito de su dañada intención». ¡Y cuánto ganaron algunas de estas obras con ser luego enmendadas por sus autores! Compárese el desorden, las repeticiones y el desaliño de las primeras y rarísimas ediciones de la Guía de pecadores con el hermoso texto que hoy leemos, y de seguro se agradecerá a la Inquisición este servicio literario. Sin diferir en nada sustancial, es más culto, más lleno y metódico el tratado que han leído siempre los católicos españoles, y que ojalá leyesen mucho los que a tontas y a locas acusan al Santo Oficio de haberle prohibido.

      Más adelante desapareció este recelo contra la mística, y ni San Pedro de Alcántara, ni Fr. Juan de los Ángeles, ni fray Luis de León, ni Malón de Chaide, ni Santa Teresa, ni San Juan de la Cruz suenan para nada en los Índices; Fr. Jerónimo Gracián sólo por sus Conceptos del amor divino y por sus Lamentaciones del miserable estado de los ateístas, materia que se consideró peligrosa porque en España no los había. Los demás libros de religión vedados en el Índice son, ya formalmente heréticos, como los de Valdés, Pérez, Valera, etc., y la traducción de las Prédicas, de Fr. Bernardo de Ochino; ya sospechoso en grado vehemente, como el Catecismo de Carranza; ya relativos a controversias pasadas, cuyo recuerdo convenía borrar, v. gr., la Cathólica impugnación del herético libelo que en el año passado de 1480 fue divulgado en Sevilla, obra de Fr. Hemando de Talavera contra ciertos judaizantes.

      Cien veces lo he leído por mis ojos, y, sin embargo, no me acabo de convencer de que se acuse a la Inquisición de haber puesto trabas al movimiento filosófico y habernos aislado de la cultura europea. Abro los Índices, y no encuentro en ellos ningún filósofo de la antigüedad, ninguno de la Edad Media, ni cristiano ni árabe, ni judío; veo permitida en términos expresos la Guía de los que dudan, de Maimónides (regla 14 de las generales), y en vano busco los nombres de Averroes, de Avempace y de Tofail; llegó al siglo XVI, y hallo que los españoles podían leer todos los tratados de Pomponanzzi, incluso el que escribió contra la inmortalidad del alma, pues sólo se les prohíbe el De incantationibus, y podían leer íntegros a casi todos los filósofos del Renacimiento italiano: a Marsilio Ficino, a Nizolio, a Campanella, a Telesio (estos dos con algunas expurgaciones). ¿Qué más? Aunque parezca increíble, el nombre de Giordano Bruno no está en ninguno de nuestros Índices, como no está en el de Galileo, aunque sí en el Índice romano; ni el de Descartes, ni el de Leibnitz, ni, lo que es más peregrino, el de Tomás Hobbes, ni el de Benito Espinosa; y sólo para insignificantes enmiendas el de Bacon. ¿No nos autoriza todo esto para decir que es una calumnia y una falsedad indigna lo de haber cerrado las puertas a las ideas filosóficas que nacían en Europa, cuando, si de algo puede acusarse al Santo Oficio, es de descuido en no haber atajado la circulación de libros que bien merecían sus rigores? Se dirá que no pasaban nuestros puertos; pero ¿no están ahí todos los biógrafos de Espinosa para decirnos que la Ética y el Tratado teológico-político se introducían en la España de Carlos II disfrazados con otros títulos? En vano se nos quiere considerar como una Beocia o como una postrera Thule; siempre será cierto que tarde o temprano entraba aquí todo lo que en el mundo tenía alguna resonancia, y mucho más si eran libros escritos en latín y para sabios, con los cuales fue siempre tolerantísimo el Santo Oficio.

      Afirmo, pues, sin temor de ser desmentido, que en toda su larga existencia, y fuese por una causa o por otra, no condenó nuestro Tribunal de la Fe una sola obra filosófica de mérito o de notoriedad verdadera ni de extranjeros ni de españoles. En vano se buscarán en el Índice los nombres de nuestros grandes filósofos; brillan, como se dice, por su ausencia. Raimundo Lulio se permite íntegro; de Sabunde sólo se tacha una frase; de Vives, en sus obras originales, nada, y sólo ciertos pedazos del comentario a la Ciudad de Dios, de San Agustín, en que dejó imprudentemente poner mano a Erasmo; el Examen de ingenios, de Huarte, y la Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, de D.ª Oliva, que no escasean de proposiciones empíricas y sensualistas, sufrieron muy benigna expurgación; y los Diálogos de amor, de León Hebreo, mezcla de cábala y neoplatonismo, se vedaron en lengua vulgar, pero nunca en latín. ¡Y ésta es toda la persecución contra nuestra filosofía!

      Pues aún es mayor falsedad y calumnia más notoria lo que se dice de las ciencias exactas, físicas y naturales. Ni la Inquisición persiguió a ninguno de sus cultivadores ni prohibió jamás una sola línea de Copérnico, Galileo y Newton. A los Índices me remito. ¿Y qué mucho que así fuera, cuando en 1594 todo un consejero de la Inquisición que luego llegó a inquisidor general D. Juan de Zúñiga, visitó, por comisión regia y apostólica, los Estudios de Salamanca, y planteó en ellos toda una facultad de ciencias matemáticas como no la poseía entonces ninguna otra universidad de Europa, ordenando que en astronomía se leyese como texto el libro de Copérnico?

      En letras humanas aún fue mayor la tolerancia. Cierto que constan en el Índice los nombres de muchos filólogos alemanes y franceses, unos protestantes y otros sospechosos de herejía, verbigracia, Erasmo, Joaquín Camerario, Scalígero, Henrico Stéphano, Gaspar Barthio, Meursio y Vossio; pero, bien examinado todo, redúcese a prohibir algún tratado o a expurgaciones o a que se ponga la nota de auctor damnatus al comienzo de los ejemplares… (Fin de cita)
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      De nuevo Ud. me está hablando de algo que al parecer no puede explicar y me vuelve a hablar de simples actitudes. Por mucha actitud que alguien ponga en decir que la luna es de queso y hasta muera por ello, jamás la luna se convertirá en eso. Si el Dogma no se opone al conocimiento firmemente establecido como cierto y todo lo que podemos encontrar en los herejes es una dudosa apología a la rebeldía, no me cabe duda que el Dogma jamás le hizo daño a nadie ni se opuso ni opone al conocimiento ordenado del mundo natural o de las bellas artes o cualquier otro campo legítimo del desarrollo humano, y que todo lo que hay aquí es una simple aversión irracional. Ud. sigue pintando un cuadro muy personal de la situación de Bruno. El hecho es que Bruno era un hombre de la Iglesia y como tal debía sujetarse a su autoridad, pinte como pinte a Bruno, no podrá despojarle de su contradictoria personalidad, ni de su vacilante actuación, ni de sus pintorescas ideas. ¿Dónde consta que Bruno fue “torturado”? Dice así Rowland en su biografía:
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      “Is not clear that Bruno was ever tortured physically (neither is it clear that he was not), but in any case listening to the discussion of torture at the end of his sixteenth interrogation mus have been a torture in itself…”
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      Obviamente, Rowland, preciándose de investigadora seria no puede mentir en su libro, pero no se abstiene de emitir su opinión, pero ya es algo secundario. No existen registros que demuestren tortura alguna hacia Bruno (o lo contrario, como dice Rowland). Sin embargo, si nos basamos en la historia de la Inquisición Romana, como muy suave y tolerante, y en casos posteriores, como el de Galileo, quien NO fue torturado (y cuyo caso estuvo también en las manos del mismo San Roberto), no es ni siquiera posible decir que probablemente así haya sido. Esto sólo es parte de la construcción de la figura mítica de Bruno, de la leyenda rosa hacia él y negra hacia la Iglesia, no de lo que sucedió en realidad, pero a pesar de la falta de este dato preciso y aún del buen historial de la inquisición romana, existen hoy innumerables artículos hablando de un Bruno torturado, y no sólo eso, sino de peregrinas teorías que abundan sobre esta misma situación, aportando supuestos detalles basados en… aire. A esta leyenda rosa también pertenece toda esa mitificación de convertirlo en un “rebelde simpático”, sin detenerse a revisar lo que haya dicho, por supuesto, o a que como hombre de la Iglesia debía sujetarse a la autoridad de la Institución a la que él libre y voluntariamente se incorporó. Bruno dejó de ser eficiente y productivo cuando comenzó, primero a desviarse de su ministerio sacerdotal, no se olvide qué era él, que debía ser lo principal; mas allá de idealismos románticos, el “saber más y más” no significa y jamás implicará terminar siendo un terco heterodoxo, doctores abundaron en la Iglesia y el mismo San Roberto Belarmino, como jesuita además, demostró desde la niñez una viva inteligencia y no se quedó atrás en su formación, siendo teólogo, filósofo, matemático y astrónomo. Lo que Ud. sigue describiendo es una caricatura del hombre de fe, como si estuviese limitado sólo por apegarse al Dogma, y sin embargo, ahí tiene otro ejemplo notable mucho más actual, el mismo don Marcelino Menéndez, y allí no acaban los buenos ejemplos. En este punto ya comienza a notarse la desproporcionalidad en su defensa de Bruno, como si hubiese sido el gran pensador que la Iglesia escondió, sin embargo, nada de lo que plantea en realidad contribuye ni con el conocimiento de la naturaleza ni del pensamiento filosófico, tan sólo es una bandera, como muchas otras, que se han tomado contra la Iglesia. Y el tema central con Bruno, como ya lo he dicho, no es su concepción del universo o sus demás conjeturas seudo naturalistas o de apariencia naturalista, (no existe ningún dogma que hable, describa o estipule al universo de cierta manera, a menos que Ud. formule, de la nada, un universo que compita con Dios o lo confunda con Él), sencillamente tampoco se cuentan con los registros que nos digan los cargos que al final lo llevaron a la hoguera, lo que sí sabemos es la clara heterodoxia de Bruno, aún desde su juventud y desde su formación como monje, su negación de la Sma. Trinidad, entre otras monerías que sí constituyen cargos graves de herejía, sobre todo en un supuesto monje y sacerdote católico. Si alguna vez estuvo en problemas por su concepción del universo seguramente fue por haber mezclado estas concepciones naturalistas con interpretaciones teológicas, tal y como sucedió en el caso Galileo, pero en tal caso el naturalismo queda atrás para abordar una filosofía y hasta teología herética y desafiante.
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      Y aún así, Copérnico habiendo nacido antes que Bruno jamás hablo de “magia”, lo curioso es que ambos eran hombres de la Iglesia y tuvieron formación similar, uno decide tomar un camino a lo que hoy concebimos como el prototipo del científico actual y el otro se refugia en las figuraciones y fantasías, no por nada se le considera astrólogo antes que astrónomo (como lo comenté antes); Galileo, católico hasta sus últimos días, tampoco habla de magia; el luterano Kepler, contemporáneo de Bruno y auténtico propagador de Copérnico, tampoco habló de magia, si revisamos a los hombres de ciencia notables del siglo XVI notaremos también esta ausencia de la “magia” en su léxico, de tal manera que más que teorizar y generalizar sobre los supuestos antecedentes de la ciencia en la alquimia, lo que bien pudo haberse dado en alguna época y en algún grupo muy reducido (los llamados iniciados al hermetismo), tampoco puede generalizarse, y ya para la época de Bruno, el recurrir a este tipo de lenguaje, prácticas o creencias es francamente un paso atrás en lo que respecta al estudio serio de la naturaleza, pues en esa época el astrólogo no tenía mejor fama que la que tiene hoy, y por supuesto, tal y como sucede con la brujería, es tan sólo un paliativo y hasta una burla del conocimiento teológico formal. El incansable Leonardo Da Vinci (s. XV-XVI), quien estudiaba toda clase de cosas que sucedían en la naturaleza, tampoco se refugia en ningún “lenguaje mágico” (y a pesar de que alguno que otro autor quiera vincularlo al hermetismo), y antes busca la descripción precisa de las cosas; de esta manera no me parece la mejor explicación pretender que la “magia” haya sido una manifestación generalizada que antecediera a lo que hoy se conoce como el pensamiento científico. Tampoco es un gran secreto la afición de Bruno por autores abiertamente esotéricos y gnósticos como Marsilio Ficino y sus relatos fantásticos sobre Hermes Trismegisto y Moisés, sin excluir las ideas panteístas implícitas allí. Así lo describe Rowland:
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      “Giordano Bruno must have come to hermes Trismegistus through his readings of Marsilio Ficino, not only through Ficino’s translation of the Hermetic dialogues themselves, but also his manual titled On Living the Heavenly Life, in which the Florentine philosopher invokes the example of the ancient Egyptians to explain how he has learn to attract beneficial influences from the stars, using gems, colors, and, more importantly for Bruno, images, by which Ficino meant both statues and images held in mind. Ficino himself associated images not only with internal system of symbolism but also with the external workings of the cosmos. They brought God to a human level, but also raised human souls toward God. But Ficino’s cosmos, like that of Hermes Trismegistus, was the old sustem of crystaline spheres an fixed stars. Bruno, who had already used geometric diagrams and philosophical terms to present an infinite universe, now wrote a dialogue in which he transformed the cosmos by transforming its imagery. He called it The Expulsion of the Triumphant Beast, a phrase that brought to mind the book od Revelation: “And the devil that deceived them was cast into the lake of fire and brimstone, where the beast and the false prophet are, and shall be tormented day and night for ever and ever…” Bruno begins, however, not with a Christian vision but with Jupiter, king of the gods, fretting about the signs of old age… Unlike most of his contemporaries, who gave the universe about six thousand years of existence since creation, the Nolan philosopher had already proclaimed that it was infinitely old: in The Expulsion…, he insists that the universe holds cultures and memories that have come and gone and will come and go again. He could look back to Plato for confirmation and, most of all, to ancient Egypt… Ancient philosophy proved to Bruno that some ideas about humanity and its place in the cosmos were as old as human memory, although the expression of those ideas might change as languajes or scripts or cultures changed. Hence the essential truths of Egyptian religion as he understood them were not so different form the Nolan philosophy. This is not to say that Bruno intended to revive Egyptian religion, far from it. He regarded his own philosophy as vastly superior to ancient Egyptian religion, and vastly more suited to his own time and place…”
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      En fin, es otro capítulo que no tiene desperdicio, y Rowland continúa citando literalmente a Bruno, quien claramente expresa sus convicciones panteístas y su definición de magia, todo lo cual jamás tendrá identificación con una teoría científica seria, ni por supuesto con la teología, a lo mucho tendrá cierto carácter poético o alegórico, nada más:
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      “But in this there is a need for that wisdom and judgement that is revealed, sometimes greatly, sometimes scarcely, by the intelligible sun to the world, more in certain times than in others. This habit is called magic: and when it invilves itself in supernatural principles, it is divine, when it turns to the contemplation of Nature ans the close scrutinity of her secrets, is is natural, and it is called intermediary ans mathematical when it considers the principles ans activities of the soul, which stands at the border between body and spirit, spirit ans intelect.”
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      Es inevitable notar el parecido de Bruno, con esta tendencia a la alegoría, con otro heterodoxo y panteísta también, Teilhard. Aunque desde ese plano no pasarán de ser eso, alegóricos, y alegóricos heterodoxos. Teilhard jamás tuvo aceptación en el mundo científico y jamás tendrá aceptación como teólogo serio o profundo, esa es la suerte del “poeta” que juega a ser algo más. Rowland continúa con una teoría muy dudosa, en una comparación con los Sabios de Oriente, llamados a veces “magos”. Sin embargo Rowland olvida que la estrella que siguieron estos personajes no fue parte de una constelación natural, sin duda estos personajes tenían la costumbre de mirar el cielo, tal y como lo hicieron muchas otras culturas, como las amerindias, pero de acuerdo al comportamiento de esa estrella, no puede decirse que eso haya sido parte del comportamiento natural celeste; la lectura de Rowland en este sentido tiene mucho de racionalista, que es también la lectura protestante. Ninguna estrella fija se mueve más de un grado al día, y ninguna estrella o cometa, aparece o desaparece a placer, o se mueve y luego de detiene, que es el comportamiento descrito en los Evangelios. Ninguna estrella que fuera parte de las constelaciones constantes del firmamento pudo haberlos guiado por treinta días sin romper las reglas del comportamiento normal de los astros. La llamada estrella de Belén no fue otra cosa que un mensaje y una guía directa de Dios hacia esos hombres, un milagro. Dios usando su creación, así como el herrero usa las herramientas que él mismo ha fabricado, sin que éstas se consideren parte de él.
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      Dice Ud.: “Bruno expuso la teoría copernicana, cosa que no hizo el mismo Copérnico y lo hizo, más allá del dato astronómico, para exponer y fundamentar su metafísica del Universo Infinito y que supera el giro antropológico que la teoría copernicana estaba dando, ya no hay centro, no es Dios, pues Él está en todo, ni es el hombre, porque en el infinito no hay centro.” ¡Precisamente esto es lo que no se debe hacer! y si Copérnico no lo hizo, (y no por temor, esto es un calificativo suyo) es porque son ámbitos diferentes, es porque Copérnico tuvo un fin astronómico, la astronomía y la teología no se mezclan, esto lo sabía Copérnico y lo sabía San Roberto. Esto que Ud. quiere hacer ver como una virtud en Bruno es una metida de pata monumental, y en lo cual compartió mucho con Galileo. Además no se deja de observar la contradicción en su argumento: Si la Iglesia, hipotéticamente ofreciera interpretaciones teológicas o filosóficas a fenómenos de incumbencia exclusivamente natural o naturalista, ¿está mal?; pero por otro lado, si Bruno, el sacerdote y monje católico, las ofrece, ¿está bien? Precisamente porque la Iglesia es sabia y coherente, ni hace esas interpretaciones y ataja a los despistados que salen con una de esas. Copérnico no era un despistado, y jamás tuvo temor de nada en ese sentido, simplemente supo el lugar de cada cosa. ¿A quién pretende engañar?
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      En las proposiciones de Galileo hay cosa ciertas, hay falsas y hay parcialmente ciertas. Y hablo exclusivamente desde el punto astronómico, dejando a un lado los sesgos de sus palabras o de las palabras de los hombres de la Iglesia, hablemos en serio y no de la leyenda popular que pulula en todos lados. Así lo relata Messori [http://wp.me/pcXTf-3QJ]:
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      (Galileo) Decía que las mareas eran provocadas por la «sacudida» de las aguas, a causa del movimiento de la Tierra. Una tesis risible, a la que sus jueces colegas oponían otra, que Galileo juzgaba «de imbéciles»: y que sin embargo, era la correcta. Esto es, el flujo y reflujo del agua del mar se debe a la atracción de la Luna. Tal como decían precisamente aquellos inquisidores a los que el pisano insultaba con desprecio.

      Aparte de esta explicación errónea, Galileo no supo aportar otros argumentos experimentales, comprobables, a favor de la centralidad del Sol y del movimiento de la Tierra. Y no hay que maravillarse: el Santo Oficio no se oponía en absoluto a la evidencia científica en nombre de un oscurantismo teológico. La primera prueba experimental, indiscutible, de la rotación terrestre data de 1748, más de un siglo después. Y para «ver» esta rotación, habrá que esperar hasta 1851, con ese péndulo de Foucault, tan apreciado por Umberto Eco.

      En aquel año 1633 del proceso a Galileo, el sistema ptolemaico (el Sol y los planetas giran en torno a la Tierra) y el sistema copernicano (la Tierra y los planetas giran en torno al Sol) eran dos hipótesis del mismo peso, en las que había que apostar sin tener pruebas decisivas. Y muchos religiosos católicos estaban a favor del «innovador» Copérnico, condenado, en cambio, por Lutero.

      Por otra parte, no sólo Galileo se equivocaba al referirse a las mareas, sino que ya había incurrido en otro grave error científico cuando, en 1618, habían aparecido en el cielo unos cometas. Basándose en apriorismos relacionados con su «apuesta» copernicana, había afirmado con insistencia que sólo se trataba de ilusiones ópticas y había arremetido duramente contra los astrónomos jesuitas del observatorio romano, quienes decían, en cambio, que estos cometas eran objetos celestes reales. Luego volvería a equivocarse con la teoría del movimiento de la Tierra y de la fijeza absoluta del Sol, cuando en realidad éste también se mueve en torno al centro de la galaxia. (Fin de cita)
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      Finalmente, Dios está presente en todos lados, como Creador y como la Providencia de todo, pero Dios no es Su creación, Dios no es las piedras ni los animales, ni las plantas, este es el error panteísta que acaba precisamente con el Dios personal y poco importa que se digan ateos si al final acaban aniquilándolo a Él, con sus errores.
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      Ojalá que su amigo encuentre la paz y se haya reconciliado con Dios, pues en muchos casos, la única oportunidad que Dios concede a muchas personas para encontrale es al momento de la muerte, cuando todos los velos caen y cuando el hombre enfrenta la Verdad.

  18. Estimado Alejandro, antes que nada, le agradezco su plegaria y buen deseo para con mi amigo Juan; ciertamente creo que estará gozando de la Paz de Dios, pues desde joven buscó y trabajó cada día por ella.
    Respecto del concepto, vertido por usted, acerca de que la Iglesia católica no cambia de parecer cada 5 minutos, ni ajusta su discurso a los tiempos, la verdadera Iglesia tiene una doctrina pétrea. En primer lugar, hay que analizar si no cambiar de parecer es una virtud, también puede ser un estancamiento propio del necio; la generalidad no ayuda en este orden ni sirve para ser precisos, por lo que hay que analizar asunto por asunto, tema por tema, para ver si el asunto de permanecer en una definición o criterio es valioso o no. Recuerde que todos somos peregrinos y temporales –La Iglesia y sus Instituciones también-. El concepto de doctrina pétrea también lo tenía la Religión Judía y Jesús enseñó que no es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre. El riesgo de cualquier doctrina pétrea es que no termine siendo una doctrina petrificada; para ello siempre hay que escuchar no sólo a los aduladores interesados de la Iglesia, sino también a los críticos. La Iglesia que no responde a los interrogantes del ser humano de hoy, en las distintas regiones y culturas, adora su doctrina pétrea que no le sirve a nadie. Una Iglesia que no sirve, no sirve.
    En cuanto a lo expuesto sobre la creación de la nada, no es un dato comprobable científicamente y esto de ninguna manera va en detrimento de la claridad de Tomás de Aquino que sin duda, fue muy claro en toda su exposición. Pero Tomás parte del dato Revelado, del Dogma definido y elabora una especulación filosófico teológica que explique argumentativamente lo que afirma la Doctrina de la Fe. Es un Fides quaerens intellectum, que decía Anselmo, es la Fe que busca entender. Ahora bien, desde la filosofía propiamente dicha hay tantos argumentos a favor como en contra, al igual que el panteísmo. En efecto, Giordano Bruno en su De L’infinito, Universo e Mondi, no dependió básicamente de Copérnico, sino que se nutrió de una variedad de fuentes filosóficas; sobre todo, del Timeo de Platón. Es sabido al respecto que el Timeo es el Diálogo Platónico más representativo de la Academia. El propio Aristóteles, que lo cita a menudo, lo considera una de las más fieles y completas expresiones del modo de pensar platónico. Se nutrió mucho de Nicolás de Cusa y, aunque el propio Nolano no fuera materialista, también de Lucrecio, Epicuro y Demócrito. El auténtico origen del pensamiento de Paracelso, Nicolás de Cusa y Bruno habría que encontrarlos en la corriente de la mística alemana. De hecho, Nicolás de Cusa mando hacer una copia de las obra de Eckhart, que después enriqueció con sus notas para la Biblioteca. El tema fundamental de esta mística de Eckhart es precisamente el Absoluto, la mente humana y el cosmos. Tiene razón Beierwaltes cuando afirma que la filosofía del Renacimiento es ante todo un renacimiento platónico y neoplatónico. Lo cierto es que la experiencia de los siglos traía consigo el Panteísmo: las ideas –clásicas, pero radicalizadas- del señorío del ser, de la majestad de la naturaleza llena de lo divino que revitaliza la antigua expresión de Tales y Heráclito “Todo está lleno de dioses”. Y aunque se afirma que el Absoluto está por sobre la naturaleza, sostenían a la vez que la naturaleza es su esencia adecuada. Giordano Bruno afirmará sin remilgos que el mundo es la unidad que no se deja dividir en espíritu y materia, en inteligible y sensible, en divino y no-divino. Para él la perfecta trascendencia del Absoluto en el ser, debía ir unida su perfecta inmanencia en entes, porque un poder infinito como el que le corresponde no puede sino manifestarse sino manifestarse en un efecto infinito, no tanto análogo a Él, cuanto semejante; rompiendo de este modo la dualidad: mundo suprasensible – mundo sensible. Conviene recordar en este punto que, cuando Tomás de Aquino, había planteado la cuestión acerca de si alguna criatura puede ser semejante a Dios, distinguió a su vez tres tipos de semejanza; teniendo en cuenta que la semejanza responde a la correspondencia o comunicación en la forma. Resumo lo expuesto por Tomás de Aquino en q.4, a. 3, de S. Th. I. En primer lugar, dice Tomás, deben ser llamadas semejantes aquellas cosas que se comunican en la misma forma, por la misma razón y del mismo modo: son las cosas iguales en su semejanza; v.g.: cuando se comparan las cosas blancas en su blancura. Pero, en segundo lugar, son llamadas semejantes también, aquellas cosas que se comunican en la misma forma, por la misma razón, pero no del mismo modo, sino según un más y un menos. Por ejemplo, cuando se compara lo que es menos blanco con lo que es más blanco; esta semejanza es más imperfecta que la primera. En tercer lugar, siguiendo el comentario tomista, son llamadas semejantes aquellas cosas que comunican en la misma forma, pero no por la misma razón. Esto se da en los agentes considerados “no unívocos”; pues, en efecto, por un lado, todo agente hace siempre algo semejante a sí mismo en cuanto agente y lo hace según su forma propia, siendo entonces necesario que en el efecto haya alguna semejanza de la forma del agente. En este caso, si el agente pertenece a la misma especie que su efecto, habrá semejanza de forma entre el que hace y lo hecho por la misma razón de la especie; tal es el caso que se da cuando, por ejemplo, las cosas generadas por la fuerza del sol, tienen alguna semejanza con el sol, pero no porque reciban la forma del sol por la semejanza en la especie, sino por la semejanza en el género.
    Ahora bien, si hay algún agente que no pertenezca a ningún género, sus efectos tendrán todavía una semejanza más remota con la forma del agente. De esta manera, no participarán de la semejanza de la forma del agente por razón de la misma especie o del mismo género, sino por una cierta analogía, como el mismo ser es común a todos. De este modo precisamente es como todas las cosas que proceden de Dios se asemejan a Él en cuantos seres como al principio primero y absoluto de todo ser.
    Desde lo que acabo de explicar, se entiende que en una metafísica clásica creacionista, hay una distancia infinita entre el que es el Absoluto –causa universal- y el resto de los entes que de Él proceden. Mientras que Giordano Bruno acorta esta distancia infinita, al hacer del Absoluto causa material y causa formal –en el sentido explicado-de todos los seres. A partir de allí, ya no es preciso –filosóficamente- buscar a Dios en su trascendencia, sino que resulta obligado el esfuerzo de hallarlo inmanente, a veces velado, en aquello que es considerada su obra perfecta: el Universo. Para Bruno, este Universo, como manifestación que es del Absoluto, no es tanto creatura divina, cuanto reflejo del Ser Divino. El punto es la comprensión del concepto “Infinito” que es el centro de la metafísica bruniana. El Nolano toma del materialismo griego, el atribuir a la materia el carácter de primer principio, y al ser ésta infinita, terminó por predicar, consecuentemente, la infinitud material del primer principio. Bruno que recoge esta concepción, atribuye a Dios, en cuanto presente en el Universo, esos mismos caracteres de infinitud y de materialidad. Para Tomás de Aquino en cambio, la infinitud divina , no es una infinitud extensiva, sino que Dios es llamado infinito porque subsiste en sí mismo y, en consecuencia, no está contenido en nada y, por eso mismo, se distingue de todos los otros seres. En esa causa universal de todo ente que es Dios preexisten todas las cosas de un modo virtual; “Dios es todo como causa de todo” advierte el Aquinate, parafraseando al Pseudo Dionisio; y esa preexistencia que los seres poseen en el Absoluto es considerada más perfecta que la existencia que poseen una vez creados, porque el agente, en cuanto tal, es perfecto. No ocurre así en Bruno, pues equipara la potencia Divina a la potencia de ser hechas que las cosas poseen, llegando a asimilar efecto y causa, por la comprensión nueva y tan particular del Universo Infinito.
    Con todo esto, mi estimado Alejandro, quiero mostrarle que no es tan sencillo especulativamente rechazar esta inmanencia del Absoluto en el Cosmos. Así también, científicamente y filosóficamente no sólo no se puede demostrar la teoría de la evolución, sino que tampoco se puede demostrar la teoría creacionista. Ni una ni otra. El dato revelado y el dogma para el creyente resuelven el asunto, pero ¿Por qué condenar y perseguir al que no cree en la creatio ex nihilo y considera la evolución como teoría más apropiada? ¿Cuál es el miedo que lleva a perseguir y a eliminar al que piensa diferente?
    Por otro lado y respecto al estudio limitado por dogmas que no tienen fundamento ni en la ciencia ni en la especulación filosófica seria, sólo queda creer y aceptar lo que alguien que se atribuye o le atribuyen autoridad determina como verdadero: Creación de la nada, infierno, pecado, diablo, etc. ¿Por qué creer a esa autoridad? ¿Por qué creer en esa fe? ¿Fe en Dios o fe en esos hombres que resuelven los que el resto debe creer? Siempre fue un esfuerzo del filósofo y teólogo creyente de una religión conciliar lo que discurre con su inteligencia con aquello que le imponen como revelado. Permítame, a propósito explayarme sobre el tema de la Creación y del Panteismo, con el fin de mostrar, nada es concluyente de forma absoluta.
    Aristóteles, 384-322 a.C, uno de los filósofos mayores de la antigüedad, junto
    con Sócrates y Platón, da realidad a las ideas entendiéndolas como la
    esencia de las cosas reales: nada hay en la mente que no haya estado
    antes en los sentidos.
    Su concepción hilemórfica (hyle -materia- y morphos -forma-) consiste en
    que las esencias o sustancias de las cosas tienen una realidad dual: materia
    y forma, que se interrelacionan entre sí y sobre su interrelación se elabora la
    Psicología, la Sociología, la Política así como una nueva Antropología
    filosófica. Para la esencia del hombre, el cuerpo es la materia y la forma es el
    alma que, a su vez, es el primer principio, primera fuerza o energía que da
    origen a la vida, a la sensación, a la intelección, a la estructura integrada en
    el plano biológico, reflexivo e intelectual del hombre.
    El hilemorfismo aristotélico supone el rechazo de la inmortalidad del alma,
    que defienden Platón y los pitagóricos. El alma no sobrevive al cuerpo, dice
    Aristóteles, ya que no puede existir sin el cuerpo, aunque ella no sea un
    cuerpo, sólo su forma, su funcionalidad.
    Los escolásticos y Tomás de Aquino, que siguen a Aristóteles en la teoría
    hilemórfica, dan un gran salto cualitativo: el alma humana es una forma
    pura, espiritual, creada por Dios y que puede existir independientemente de
    la materia o del cuerpo; concepción demasiado metafísica, soñada y
    mítica. Tomás añade más: “La materia existe para la forma”; subordinación
    de lo material, segundo paso, a lo espiritual. El hombre, y como la mujer
    también cuenta digamos el ser humano, compuesto, según los escolásticos,
    de materia prima y forma sustancial, de cuerpo terrenal y alma espiritual,
    sería una especie de minotauro o centauro, espíritu y cuerpo. Aristóteles es
    más lógico y consecuente en su doctrina.
    La forma no es espiritual, ni puede sobrevivir a la materia, es mortal. La
    inmortalidad, que no es viable, pertenece al reino de la alegoría. Más allá de
    la vida, sólo está la muerte. La muerte cerebral -dicen los científicos- es
    definitiva e irreversible.
    Sustancia es toda porción de materia que comparte determinada
    propiedades intensivas; es la clase de materia de las que están formados los
    cuerpos.
    Platón y Aristóteles elaboran el concepto de forma, correlativo y
    contrapuesto a la materia. Pero fue Aristóteles el que elaboró el concepto
    más completo de materia, si bien el aspecto metafísico de la materia quedó
    relegado a la escolástica. La característica fundamental de la materia es la
    receptividad de la forma, por eso es potencia de ser algo, siendo ese algo
    lo determinado por la forma. Esta teoría está pensada para explicar el
    movimiento, la generación y la corrupción, que suponen cambio de forma e
    implican los conceptos de potencia y de acto. La materia, en tanto que
    sustancia y sujeto, es la posibilidad misma del movimiento. Para explicar el
    cambio sustancial, se necesitan el concepto metafísico de la materia prima,
    una potencia de ser que no es nada, puesto que no tiene ninguna forma de determinación y una nueva forma.
    La escolástica, que toma de Aristóteles el concepto hilemórfico para
    también explicar la realidad de las cosas, del movimiento y del cambio
    sustancial, define así la materia prima: No es un qué (sustancia), ni una
    cualidad, ni una cantidad ni ninguna otra cosa por las cuales se determina
    el ser. Al definirla negativamente, contradicen las leyes de la lógica, que
    establece que la definición no puede ser negativa; además, no es nada,
    una entelequia, un presupuesto gratuito metafísico.
    Para los griegos, la materia prima es ingenerable, eterna; eternidad de la
    materia y del movimiento, pero así como la materia no necesita de causa, sí
    lo necesita el movimiento, que siempre exige un motor y por ahí,
    precisamente, entra Tomás de Aquino para demostrar, en una de sus cinco
    vías, la necesidad de un primer motor inmóvil: Dios. Cabe notar que el
    concepto de creación es ajeno al pensamiento aristotélico, como al
    pensamiento griego en general. Después también lo será a la ciencia que
    postula: La materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. El concepto
    de creación es mitológico.
    El mito de la creación es casi universal en las religiones; también hay mitos de
    aparición (en los que el ser humano, sin ser creado, tiene su origen en ciertas
    mitologías americanas); todos ellos magistralmente manipulados. En su
    virtud, Dios, el Creador, es dueño de todo lo creado por Él: el cosmos, las
    plantas, los animales, el ser humano… De todo, absolutamente de todo, Dios
    es el dueño. Por lo tanto no seríamos libres, ya que nuestro dueño sería Dios y
    nosotros tendríamos la obligación, por ello, de rendirle culto en gratitud y
    sumisión, y seríamos simples administradores de lo nuestro. Pero como Dios no
    actúa directamente, serán sus representantes, los puentes o pontífices, los
    que interpreten el silencio de Dios y actúen en consecuencia, pero siempre
    en su nombre. Por eso se explica que el Papa Alejandro VI parcelase la
    recién descubierta América entre españoles y portugueses, como si de su
    finca particular se tratase, y que la iglesia prohíba la eutanasia, ya que la
    vida no nos pertenece a nosotros, sino a su creador. Los mitos, como vemos,
    no son inofensivas leyendas o ingenuas fábulas, poseen una gran carga de
    profundidad ideológica.
    Volviendo al concepto filosófico y no científico del hilemorfismo, diremos que
    realmente es muy simple, insuficiente e impreciso, porque la materia prima
    tal como se la define no es nada, tampoco lo sería su compuesto. Sólo es un
    presupuesto metafísico para explicar el movimiento y los cambios
    sustanciales.
    Solamente en la Física actual podemos obtener el concepto riguroso y
    científico de la materia. Y sin olvidar la complejidad inmensa y evolutiva del
    tema, como lo demuestra la mecánica quántica, la Física nuclear, la
    Astrofísica, realidades que van más allá de la materialidad química o
    cristalográfica. Y esto, sin entrar en el concepto físico de la antimateria.
    Como datos elementales y en contraposición al simplista hilemorfismo, se
    entiende por materia cualquier tipo de entidad física que es parte del
    cosmos observable, que posee energía y es medible. Todas las formas de
    materia tienen energía, pero sólo algunas tienen masa, lo que se denomina
    materia másica. La Física nos dice que los componentes de la materia son:
    Electrones: partículas leptónicas con carga eléctrica negativa.
    Protones: partículas bariónicas con carga eléctrica positiva.
    Neutrones: partículas bariónicas sin carga eléctrica, pero con momento
    magnético.
    Éstas partículas, a su vez, se componen de partículas subatómicas que son
    los últimos componentes de la materia. Los bariones del núcleo, los protones
    y los neutrones, tienen constituyentes de menor nivel, los quarks, que se
    mantienen unidos mediante el intercambio de gluones virtuales.
    Y el estado físico de una sustancia puede ser: sólido, líquido, gaseoso y
    plasma, dependiendo de su energía cinética y potencial. Si la cinética (que
    tiende a separarla) es menor que la potencial (que tiende a juntarla), es
    sólido; si ambas energías, la cinética y la potencial son iguales, es líquido; si la
    energía cinética es mayor que la potencial, es gaseoso; si la energía cinética
    es tal que los electrones tienen una energía total positiva, es plasma.
    La materia másica tiene dimensiones, ocupa un lugar en el espacio; tiene
    inercia, que es la resistencia que opone la materia a modificar su estado de
    reposo o de movimiento. La materia es, además, la causa de la gravedad o
    de la gravitación, que es la atracción que siempre actúa en los objetos
    materiales, independientemente de la distancia a la que se encuentren. No
    obstante, la mayor parte de la materia del cosmos corresponde –según los
    astrofísicos- a partículas o campos que no tienen masa, como la luz, la
    radiación electromagnética, que están formados por fotones sin masa. Los
    neutrinos, partículas que inundan todo el universo y que son responsables de
    una gran parte de su energía, se ignora si tienen masa, si son masivos. Existe
    además la materia oscura, que podría formar la cuarta parte de la energía
    total del universo.
    La ley que establece la conservación de la materia se debe al científico
    químico francés Lavoisier, considerado el padre de la Química, que
    demostró que al medir la masa antes y después de intervenir en una
    reacción química, la materia medida por la masa no se crea ni se destruye,
    sólo se transforma. Esto que ya había sido descubierto por Mijail Lomonosov,
    que había establecido: la masa de un sistema de sustancias es constante,
    con independencia de los procesos internos que pueda afectarla (ley de
    Lomonosov-Lavoisier).
    Pero esto (he aquí una ventaja de la ciencia sobre los dogmas religiosos y de
    las ideas sobre las creencias) no es del todo cierto, como demostró Einstein
    al establecer la equivalencia entre masa y energía. En una explosión
    atómica o detrás de la emisión constante de energía que realizan las
    estrellas, se da una pérdida de masa en reposo, masa pesante, mientras
    emiten radiación. De esta manera, se puede afirmar que la masa relativística
    equivalente (el total de la masa material más la energía) se conserva, pero
    cambia la masa en reposo. La masa convencional no se conserva, porque
    la masa y la energía, según Einstein, son inter-convertibles. La masa en
    reposo puede cambiar en los procesos relativísticos en los que una parte de
    la materia se convierte en fotones.
    La física aristotélica se hace añicos, como se hizo su astrología con la
    invención del telescopio y con las observaciones de Galileo. Es indudable
    que Aristóteles fue un genio y un enciclopédico de su tiempo, pero muchos
    de sus conocimientos han sido felizmente superados por la ciencia. La
    Iglesia, en el decurso de los tiempos, los utilizó para elaborar sus dogmas:
    sustancia, naturaleza, persona, geocentrismo…Pero si las premisas son falsas,
    falsa es la conclusión.
    Veamos algunas disquisiciones dogmáticas del Catecismo de la Iglesia
    Católica, elaboradas con falsos conceptos de la Física griega.
    253 La Trinidad es una. No confesamos tres dioses sino un solo Dios en
    tres personas: “la trinidad consubstancial” (Cc. Constantinopla II, año
    553: DS 421). Las personas divinas no se reparten la única divinidad,
    sino que cada una de ellas es enteramente Dios: “El Padre es lo mismo
    que es el Hijo, el Hijo lo mismo que es el Padre, el Padre y el Hijo lo
    mismo que el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios por naturaleza” (Cc,
    de Toledo XI, año 675: DS 530). “Cada una de las tres personas es esta
    realidad, es decir, la sustancia, esencia o la naturaleza divina” (Cc. De
    Letrán IV, año 1215: DS 804).
    479 En el momento establecido por Dios, el Hijo único del Padre, la
    Palabra eterna, es decir, el Verbo e Imagen sustancial del Padre, se hizo
    carne: sin perder la naturaleza divina asumió la naturaleza humana.
    480 Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre en la unidad de su
    Persona divina; por esta razón Él es el único Mediador entre Dios y los
    hombres.
    481 Jesucristo posee dos naturalezas, la divina y la humana, no
    confundidas, sino unidas en la única persona del Hijo de Dios.
    482 Cristo, siendo verdadero Dios y verdadero hombre, tiene una
    inteligencia y una voluntad humanas, perfectamente de acuerdo y
    sometidas a su inteligencia y a su voluntad divinas que tiene en común
    con el Padre y el Espíritu Santo.
    251 Para la formulación del dogma de la Trinidad, la Iglesia debió crear
    una terminología propia con ayuda de nociones de origen filosófico:
    “sustancia”, “persona” o “hipóstasis”, “relación”, etc. Al hacer esto, no
    sometía la fe a una sabiduría humana , sino que daba un sentido nuevo,
    sorprendente, a estos términos destinados también a significar en
    adelante un Misterio inefable, infinitamente más allá de todo lo que
    podemos concebir según la medida humana” (Pablo VI, SPF 2).
    253 La Iglesia utiliza el término “sustancia” (traducido a veces también
    por “esencia” o por “naturaleza”) para designar al ser divino en su
    unidad; el término “persona” o “hipóstasis” para designar al Padre, al
    Hijo y al Espíritu Santo en su distinción real entre sí; el término
    “relación” para designar el hecho de que su distinción reside en la
    referencia de cada uno a los otros.
    La noción de sustancia, naturaleza o esencia se escapa, como el agua en la
    cesta, de las categorías hilemórficas, que definen muy poco y de forma
    incorrecta. La Física moderna nos demuestra su complejidad y sus sutilezas.
    Los términos y conceptos que surgen de la percepción humana sólo se
    pueden aplicar a lo humano. Intentar su extrapolación a lo divino es como
    pretender imitar a Faetón en la conducción del carro solar. Son términos
    humanos, demasiado humanos para ser divinos. La proyección de lo
    humano sobre Dios lo hace humano. Su hipotética sustancia, naturaleza o
    esencia, de acuerdo a los hipotéticos atributos de la divinidad, deberían de
    ser de naturaleza muy distinta, a no ser que quisiéramos adentrarnos en el panteísmo.
    El sabio e ingenuo Servet, como muchos de nosotros, no entendía el misterio
    trinitario, porque es un amasijo de términos contradictorios que no dicen
    nada y significan menos, y su disidencia con Calvino respecto a la fórmula
    trinitaria le costó la vida. Al menos, Arrio, al negar la consubstancialidad del
    Hijo con el Padre, era más lógico y consecuente. Se dice que el Dios del
    Antiguo Testamento en poco se parece al del Nuevo; la verdad es que el
    Dios nuevo, Dios trino, es verdaderamente nuevo al menos en el intento
    infructuoso de su definición. ¡Intentar definir a Dios… es como intentar poner
    puertas al campo o diques al mar!
    El Cristo con dos naturalezas, dos inteligencias, dos voluntades y con una
    sola persona que es divina, no es el Jesús histórico, que es el hijo de María…
    Nadie, ni sus apóstoles, podrían reconocerlo; menos mal que ahí está
    Guillermo de Ockham para que los términos no nos intimiden, sabiendo que
    son puros nombres.
    Pero la Iglesia necesitaba de una ortodoxia como elemento cohesivo de
    identidad para marcar su propio territorio, determinar y afianzar su poder e
    ideología y ejercer los controles sobre sus miembros. Para ello, sirviéndose de
    una acomodaticia interpretación de las Escrituras, de la visión condicionada
    de los Padres de la Iglesia, de los Concilios que fueron convocados a través
    de la Historia cuando sus necesidades así lo requerían y que estaban
    integrados por la elite del poder eclesiástico, y sirviéndose también de la
    doctrinas filosóficas -vano intento de apuntalar sus creencias porque se
    apoyan en leyendas-, fue elaborando dogmas. Como si tales dogmas
    dijesen o pudiesen decir algo de la infinita realidad siempre concebida
    como acto puro, o energía pura en acción, usando para ello dudosos
    términos de vago significado y pretendiendo encerrar esa realidad infinita,
    desbordante, en un momento estático, tejido de la simpleza de cuatro
    términos.
    En cuanto a los escritos de Don Marcelino Menéndez Pelayo, sin duda son respetables por la honestidad con que describe su visión de la Inquisición, sobre todo, española; pero su comprensión de lo sucedido realmente en las cárceles de la Inquisición está transida de una visión dulcificada. Efectivamente como católico debía explicar justificando lo injustificable ¡Pobre Don Menéndez qué difícil labor! Lo cierto es que la Inquisición tuvo metodologías y aplicaciones nefastas y criminales. Para exponer los procedimientos y sistema inquisitorial me basaré en el extenso y fundamentado trabajo de Primitivo Martínez Fernández.
    Los procedimientos de la Inquisición estaban perfectamente estructurados
    en libros preparados con ese propósito.
    Uno de los primeros libros de cabecera de los inquisidores fue el Directorium
    Inquisitorum (Manual de Inquisidores) de Fray Nicolás Eymeric, escrito hacia
    1376 en Aviñón, por este dominico catalán nacido en Gerona en 1322. Es un
    tratado que recopila las leyes y normas inquisitoriales vigentes que todo
    inquisidor debe saber y practicar en el correcto uso de sus funciones. Fray
    Nicolás había sido un polémico inquisidor que persiguió con extremo rigor a
    los seguidores de las doctrinas de Ramón Llull – escritor muy apreciado por Giordano Bruno, de quien siguió su metodología nemotécnica-, por lo que se enemistó con Pedro el Ceremonioso, quien ordenó que fuese expulsado de Gerona en1375. Después lo sería por Juan I de Aragón, pero gozó de los favores de los Papas Clemente VII y Benedicto VIII.
    El Manual de Inquisidores de Eymeric es una síntesis de la documentación
    existente hasta ese momento; en ella, se amparaba y justificaba la
    estructura del aparato represor de la Iglesia y se codificaba todo para el
    ulterior uso de los inquisidores. Todo un montaje jurídico, reeditado muchas
    veces, para erradicar la peste de la herejía.
    Anteriormente, entre 1244 y 1254, en el Languedoc, cuatro frailes dominicos
    habían redactado otro manujal; también fue famoso, el manual de
    Bernardo Gui o Bernardo Guidone: Practica inquisitionis hereticae pravitatis, redactado hacia1320; y, entre los formularios indispensables, está la colección de los Decretales, establecidos por Raimon de Penyafort en 1230, por orden del
    Papa Gregorio IX.
    Un siglo más tarde asistiremos al nacimiento de otra joya de la Inquisición: el
    Malleus Maleficarum.
    Ante los resultados de tales procedimientos no suenan vacías la palabras de
    Samuel Usque cuando habla de la Inquisición en el siglo XVI: … un monstruo
    salvaje, de forma tan extraña y tan terrible semblante, que toda Europa tiembla con la sola
    mención de su nombre.
    La verdad os hará libres, había dicho Jesús en Juan 8,32. La libertad que
    aportan estos procedimientos no se ve por ninguna parte. Más bien se
    puede hablar de mentira y esclavitud.
    La tortura en las cárceles de la Inquisición existió, es un dato histórico, aunque duela saberlo y reconocerlo. El tema de la tortura creó infinitas preguntas y produjo ríos de acusaciones contra la Iglesia que se desviaba temerariamente de la predicación de Jesús, de la Buena Nueva y de las Bienaventuranzas. El mismo Jesús había
    sido una víctima más de la intolerancia. Los primeros siglos del cristianismo
    fueron de persecución y de violencia que los cristianos sufrieron en carne
    propia, hasta con el martirio. Esas primeras comunidades de amor y de
    fraternidad pidieron y exigieron para sí y para su Iglesia la libertad de vivir,
    creer y pensar, según sus creencias y según sus conciencias. Pocos años
    después, a partir de la constantinización de la Iglesia, inicio del siglo IV, esa
    misma institución, o quizás ya otra una vez instalada en el Poder religioso y
    civil, se convierte en intolerante y perseguidora de los disidentes. Pronto
    olvidó que ella misma había sido una secta dentro del judaísmo, disidente
    pues, y que sus miembros habían sido perseguidos y masacrados por el
    Imperio Romano.
    La Iglesia heredó prejuicios religiosos de varias fuentes. Del mazdeísmo se
    toma la idea de que la materia, el cuerpo y todo lo que tenga que ver con
    ellos, es malo y pecaminoso; mientras que el espíritu, el alma, la vida de
    ultratumba, constituyen los valores supremos. Del platonismo se toma la
    teoría de los universales, en la que se apoyará la recta doctrina, la ortodoxia
    y la autosugestión de que la Iglesia es la única poseedora de la verdad. Esos
    prejuicios son el mayor tesoro que la Iglesia debe guardar con todas sus
    fuerzas y por todos los medios.
    La Iglesia, una vez instalada en el Poder, se obsesionó con su magnetismo,
    con sus privilegios y prebendas: diezmos, primicias, rentas, beneficios y
    donaciones. Fue el gran becerro de oro, el Poder, a quien le rindió culto.
    Elaboró dogmas, inventó leyes, justificó estilos de vida y elaboró una teología
    de grandes sutilezas y elucubraciones.
    Sus teólogos crearon teorías, que juzgaron científicas, sobre la naturaleza
    divina, las relaciones transcendentales, con fundamento in re intrínseco, en
    la Trinidad, de tres personas distintas y una sola naturaleza divina; sobre
    Jesucristo, de la misma naturaleza que el Padre, poseedor de dos
    inteligencias, la divina y la humana, dos voluntades, la divina y la humana,
    pero sólo una persona, que es la segunda de la Trinidad; sobre la gracia, que
    es la participación de la naturaleza divina en el ser humano; sobre la
    salvación de las almas; sobre la resurrección; sobre la revelación… y otros
    muchos tópicos y temas, todos ininteligibles, pero de los que examinaban a
    los acusados, con funestas consecuencias si no los sabían o se confundían.
    Ya he intentado aclarar, más arriba, la imposibilidad de la ortodoxia. Los términos
    utilizados, como sustancia, naturaleza o persona, son ininteligibles además
    de incorrectos. Los conceptos o ideas universales, de origen platónico, son
    ficciones filosóficas, irreales, inexistentes; toda idea se origina en los sentidos
    humanos y se elabora en la inteligencia y sólo en ella existe. Los términos,
    siempre limitados, no pueden contener la realidad física ni ser la esencia de
    las cosas, que es imposible de encerrar. La realidad divina, lo espiritual,
    excede y se escapa de la mente humana y de los términos o palabras
    inventadas por los teólogos.
    El supuesto de un alma espiritual, como forma de la materia en el ser
    humano, imposible de viabilizar, nos convierte en una especie de
    minotauros o de centauros. No sabemos si el alma existe, sí conocemos la existencia del cerebro humano que ejerce sus funciones. La ortodoxia, pues, se constituye en un imposible lógico. Nada podemos saber de la divinidad y nuestros términos no son aplicables a ella, aunque es un postulado práctico que la Iglesia crea para moverse en él, para crear y apoyar su ideología, para delimitar su espacio vital y ejercer su dominio y poder.
    Todos los filósofos del mundo, nos había dicho Marsilio de Padua, son
    incapaces de probar la inmortalidad por demostración. Y nosotros añadimos
    que otro tanto ocurre con la existencia de Dios, la divinidad de Jesús, el
    origen divino de la Iglesia, el alma o la revelación. Reconocemos que sí ha
    habido mucha imaginación sobre todos estos temas, pero no verdadera
    ciencia. No son enunciados verificables, contrastables, ni posibles.
    Bueno, ¿y todo esto para qué? Para decir, simplemente, que si la ortodoxia
    no existe, tampoco existe la heterodoxia, en cuya virtud la Iglesia se apropia
    el derecho de detener, interrogar y torturar al disidente, que piensa y cree
    de forma diferente y es calificado de hereje. El pensar y el creer pertenecen
    al reino de la libertad de la conciencia. Son derechos primordiales y
    prioritarios que tiene el ser humano por nacimiento y que ninguna institución,
    ni divina ni humana, puede violar, sin excederse en sus funciones y derechos;
    lo haría ultra vires, más allá de sus competencia y atribuciones, como lo hizo
    la Inquisición.
    Cuando la Iglesia percibe que su ideología se debilita y, como
    consecuencia, su poder se fragmenta, acude a la violencia para producir la
    pedagogía del miedo, del terror, y poder así restablecer el control de su
    grey. Es un fenómeno sociológico típico de las sociedades cerradas y
    totalitarias. El disentir o el innovar son percibidos como peligrosos y
    desestabilizadores, por eso la Iglesia se hace intolerante. Al proclamar la
    fundación divina de su institución, la herejía constituye una amenaza mortal,
    que catalogan como una grave ofensa a Dios, pero lo que realmente temen
    es su supervivencia como institución, por eso la atacan con todas sus armas
    disponibles.
    Uno podía llegar a pensar que la barbaridad de la tortura fuese algo
    privativo de algún desquiciado mental, de algún psicópata, a veces
    sociópata, de algún sádico, sadomasoquista o de alguna época muy
    especial, pero no, fue obra de la Iglesia y duró largos siglos. Las sesiones de
    tortura a las que eran sometidas las víctimas del Santo Oficio han provocado
    una indignación unánime en todo tiempo y lugar. “Un no no tiene más letras
    que un sí”, le hace decir Cervantes a Ginés de Pasamonte-. Es la misma
    diferencia existente entre un culpable y un inocente, entre un condenado y
    un hombre libre.
    Según Simancas, en su De Catholicibus institutionibus, 1552: … los inquisidores
    deben ser más inclinados al tormento que otros jueces porque el crimen de
    herejía es oculto y dificultoso de probar. Antes, Bernardo Gui, en su manual,
    defendía el uso de tales procedimientos y que, bien dosificados, abrían el
    espíritu.
    El Papa Inocencio IV, mediante la bula Ad extirpanda, 16 de mayo 1252,
    autorizó el uso de la tortura, que Alejandro IV, 1259 y Clemente IV
    confirmaron unos años más tarde. Al principio, los jueces podían elegir entre
    flagelación, el potro de tortura, la estrapada y las brasas; después se irán
    añadiendo otras torturas más sofisticadas, que los inquisidores se
    intercambiaban para poder causar el más intenso dolor al prisionero y así
    tuviese que inculparse, como la garrucha, el cepo, el aplasta pulgares, el
    tormento del agua, las tablillas y la doncella de hierro.
    Presentamos a continuación una leve alusión a dos de estas terroríficas
    prácticas.

    Para responder a su pregunta de ¿Dónde consta que Bruno fue torturado? Es cierto que por la ocupación Napoleónica en Roma se extraviaron documentos y archivos esenciales del proceso inquisitorial de Bruno, pero hay archivos que no se perdieron en su totalidad. En lo que queda de las Actas de la Inquisición romana se dice que en el año 1597 y ante la persistencia de Giordano Bruno en sus pensamientos contrarios a lo que enseña la Iglesia se lo sometió al llamado: “Interrogetur stricte”, literalmente que se lo interrogue estrictamente, que no es más que un eufemismo de aplíquese la tortura. Me baso en la tesis doctoral de Julia Benavent “Actas del Proceso de Giordano Bruno”, sin duda el mayor y mejor estudio sobre los archivos reconstruidos del proceso de Bruno (2004). No sabemos cuál de los instrumentos de tortura existente aplicaron a Bruno (posiblemente sea el potro que era el más utilizado por la inquisición romana en aquellos años. Este consistía en una estrecha y larga mesa de madera sobre la que se ataba con cuerdas al reo por las muñecas y tobillos. Las cuerdas de las
    muñecas estaban fijas a la mesa y las de las piernas se iban enrollando a
    una rueda giratoria. Cada desplazamiento de la rueda suponía una
    distensión de los miembros. El dolor producido al distender los músculos y
    estirar la estructura ósea era muy profundo e insufrible, que aumentaba con
    el girar de la rueda, lo que podía producir desmembramiento. Se detenía, a
    la mitad del tormento, para conminar al reo que dijese la verdad; si no lo
    hacía, el tormento seguía. De la tortura que sufrió Bruno en los calabozos del Vaticano da testimonio en una de sus cartas del Fraile Superior de la Orden de Santo Domingo –no recuerdo el nombre-. El cinco de abril de 1599 entrega un escrito en el que manifiesta sus reservas a dos de las ocho proposiciones. Nueva pausa procesal. El 24 de agosto, en presencia del Papa Clemente VIII, se vuelven a discutir las dos proposiciones. La lectura de los actos muestra las dudas de los inquisidores y, para salir de la crisis, todos los presentes proponen el uso de la tortura, también graviter y
    reiterada, para obtener una admisión de culpabilidad. Si Bruno, en la
    segunda tortura graviter, la más terrible, no confiesa, deberá ser considerado
    inocente. Bruno ya no se inclinó más y aceptó el sacrificio de su vida por no negar su libertad de pensar. Esto sin contar la tortura de la soledad absoluta de años privados de libertad, encerrado en esos calabozos húmedos, fríos y oscuros de la inquisición vaticana. Así, Llegó la hora del terror paralizante, de la profunda angustia, del dolor extremo. Ya hace horas que la penumbra llena su calabozo, oye golpes en su
    puerta que se abre, voces que le ordenan que los siga por
    corredores largos y oscuros que desembocan en una escalera
    que los conduce hacia la secreta cámara de los tormentos,
    donde abundan las máquinas del dolor.
    El caso del Nolano es uno de los más intrincados con los que se
    encontró la Inquisición, por la preparación amplia y profunda
    del reo, que se les escapa de las sutiles redes inquisitoriales con
    la habilidad de una anguila. Todo es tortura allí ¿Le cabe alguna duda? Todo está preparado para ser un tormento. Toda la maquinaria inquisitorial está perfectamente engranada y aceitada para romper todos los esquemas, mentales y psicológicos, para destruir la autoestima, para hacerte consciente de lo que ellos piensan que eres, escoria humana. Todo es enloquecedor y a prueba de Hércules, pero no de humanos. Y el Papa, el vicario de Cristo, los augustos príncipes cardenales, envueltos en sus regias vestimentas, portando ricos y vistosos anillos y pectorales en sus lujosos palacetes, están ante un genio mucho más sabio
    que ellos, pero indefenso y enjaulado, en su gulag cristiano y católico. Las
    dilaciones y tiempos muertos hacen mella en Bruno, que espera de la
    benevolencia del tribunal de la Serenísima, que así llamaban
    eufemísticamente a aquel tribunal.
    El 20 de enero de 1600, Clemente VIII, al saber el fracaso de estas dos últimas
    tentativas, ordena que se emita la sentencia de muerte y que el detenido
    sea entregado a la justicia secular (tradatur Curiae seculari) como hereje
    pertinaz e impenitente. El 8 de febrero, Bruno sale por primera vez del
    palacio del Santo Oficio y es llevado a la casa del cardenal Madruzzi, en la
    plaza Navona, al lado de la Iglesia de Santa Inés, para escuchar la sentencia
    de condena a muerte. Hay una gran multitud tanto dentro como fuera y el
    murmullo ensordecedor de los presentes se detiene sólo cuando se lee el
    texto de la condena.
    Bruno escucha en silencio, arrodillado delante de sus jueces. Pequeño, flaco,
    descarnado, con la barba oscura y descuidada, agotado por casi 2.800 días
    de prisión, por las privaciones, la tortura, por una inquietud que duró siete
    años y nunca compartida con alguien, por nadie confortado, Bruno se
    yergue, la mirada orgullosa y llameante. Luego se alza, mirando en derredor
    con una mirada torva y amenazadora, colmada de un desprecio
    incontenible, y pronuncia las últimas palabras de las que se tiene testimonio
    seguro. Son palabras ásperas, duras, que surgen de un espíritu que domina al
    de los jueces y de los presentes, que está más allá de la muerte ya
    inminente. Son palabras proféticas que, sin que nadie las comprenda,
    anuncian el futuro de la Iglesia y tal vez, de la humanidad: Tenéis más
    temor vosotros al pronunciar mi sentencia, que yo al recibirla.
    En una página de la “Expulsión de la bestia triunfante”, Bruno, el héroe de un
    Renacimiento derrotado por el oscurantismo de la Reforma y Contrarreforma, con
    profética intuición ya parecía haber intuido qué mundo lo había
    condenado; es una de sus páginas más hermosas y, a la vez, más
    amargamente verdaderas:
    “Las tinieblas se preferirán a la luz, la muerte será juzgada más útil que la vida, nadie alzará los ojos al cielo, el religioso será considerado insano, el impío será juzgado prudente, el furioso fuerte, el pésimo bueno. Y creedme que se decidirá la pena capital para aquel que se dedique a la religión de la mente; porque se encontrarán nuevas justicias, nuevas leyes, nada se encontrará santo, nada religioso: no se escuchará cosa digna del cielo o de lo celestial. Sólo quedarán ángeles perniciosos que, mezclados con los hombres, forzarán a los míseros a la audacia de todos los males, como si fuese justicia; darán materias para guerras, rapiñas, fraudes y todas las otras cosas contrarias al alma y justicia natural: y ésta será la vejez, el desorden y la irreligión del mundo”.
    Hay otro tema que considero que se enfoca e interpreta mal en el proceso de Bruno, pero ya es un poco tarde. Lo seguiremos después. Un abrazo y que tenga buena jornada Alejandro.

    • Es curioso que hable de necedad cuando se trata del mundo actual y sus veleidades, cuando es más que evidente que los antivalores que se enarbolan en la actualidad en el mundo no son precisamente producto del raciocinio o la reflexión profunda o el consenso pacífico (al contrario, es patente la violencia que se hace a las sociedades con estas ideologías y filosofías criminales), sino tan sólo de un ánimo por derribar un orden cristiano para implantar uno judaico materialista. Además se contradice Ud., pues en su queja contra las religiones y especialmente del militarismo estadounidense que nace dentro de la ideología protestante y en los últimos años es salpimentado por su carácter pro sionista, el catolicismo se destaca porque no sucumbirá a las ideologías o filosofías de moda incluida esa apología de la “democracia” y los supuestos derechos, ni al aplastamiento de los enemigos políticos de Israel. ¿El mundo de hoy necesita más abortos, sodomía, eugenesia, guerra y muerte en general?, esa es ni más ni menos que la bandera del mundo, siendo así, creo que es más que claro de qué lado está la necedad y la necesidad de abrazar las causas más absurdas con tal de negar el orden cristiano. No es casualidad que las sectas, el judaísmo pérfido, la masonería, los grupos homosexuales, etc., tan distintos como parecen en la superficie, todos coincidan en su anticatolicismo y que lo único que los “detenga” es la apostasía del clero modernista. Siendo esta, por otro lado, la demostración de que la Iglesia de siempre es la aceptada por el único Dios, la Sma. Trinidad. ¿Qué necesita el mundo actual, libertinaje?
      +
      Es evidente su manipulación de Santo Tomás cuando este santo es explícito en cuanto no caer en esa definición grosera de Dios y su confusión con el mundo, llamada panteísmo, que no es otra cosa que negar a Dios mismo divinizándolo todo. Le bastaría a Ud. leer con atención y sin hacer sesgos, la demostración completa del Doctor Angélico sobre Dios. Dice así Santo Tomás de Aquino:
      +
      Es imposible que Dios sea materia. 1) Primero, porque la materia es lo que está en potencia. Pero se ha demostrado (a.1) que Dios es puro acto sin ningún tipo de potencialidad. De ahí que sea imposible que Dios sea un compuesto de materia y forma. 2) Segundo, porque todo compuesto de materia y forma es perfecto y bueno por su forma; de ahí que sea bueno por participación, por cuanto la materia participa de la forma. Pero lo que es bueno y óptimo, Dios, no es bueno por participación, puesto que lo bueno por esencia es anterior a lo bueno por participación. De ahí que sea imposible que Dios sea un compuesto de materia y forma. 3) Tercero, porque todo el que actúa, lo hace por su forma. La relación de un ser con su obrar está determinada por su relación con la forma. Pero el ser que es el primero y que obra por su propia naturaleza, también será el primero como forma y por su propia naturaleza. Como quiera que Dios es el primer agente, por cuanto es la primera causa eficiente, tal como se demostró (q.2 a.3), se concluye que es también por esencia su forma y no un compuesto de materia y forma.” [P.Ia-Q.3-Art.2]
      +
      Después de lo establecido, queda claro que en Dios no puede haber algo accidental. 1) Primero, porque la relación entre sujeto y accidente es la misma que hay entre potencia y acto; pues el sujeto en cuanto accidente de algún modo está en acto. No obstante, estar en potencia es absolutamente inaplicable a Dios, como queda claro por todo lo dicho (q.3 a.1). 2) Segundo, porque Dios es su propio ser; y, como dice Boecio en De hebdomad.: aun cuando lo que es admite tener algo añadido, sin embargo, el mismo ser no lo admite; como, por ejemplo, lo que es caliente puede tener como añadido algo no caliente, como lo blanco; pero el calor en sí mismo no admite más que el calor. 3) Tercero, porque todo lo que es por naturaleza es anterior a lo que es por accidente. Como quiera que Dios es absolutamente el primer ser (q.2 a.3), en El no puede haber nada por accidente. Ni siquiera los accidentes per se pueden darse en El, como el reír es en el hombre accidente per se. Porque este tipo de accidentes son causados por el sujeto, pero en Dios nada puede ser causado, ya que El es la causa primera. De donde se concluye que en Dios no hay nada accidental.” [P.Ia-Q.3-Art.6] (fin de cita)
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      Nada, absolutamente nada habrá en este gran santo de la Iglesia para fundamentar el error panteísta.
      +
      ¿Creación de la nada? Eso es parcialmente cierto. Quienes tenemos fe, no tenemos fe en la “nada”, sino en Dios Omnipotente. Son los materialistas quienes tienen auténtica fe en la “nada”, pues pretenden que, o que la materia sea eterna con el fin de que sus conjeturas tengan alguna coherencia , o que de la “nada” surja un mecanismo inteligente que haya ordenado la materia y que así se origine la vida, con la salvedad de que jamás se le identifique con nada divino. ¿Qué prueba necesitaría Ud. para darse cuenta que todas las conjeturas de la biología actual son imposibles si no se parte de escenarios ya hechos y que es materialmente imposible precisamente que de la nada surja algo o que la materia sea eterna? Puesto que la nada nada puede dar y la materia es finita, incluso demostrado desde la teoría atómica, lo único que le queda al hombre es aceptar a su Creador, pero esta es la gran herejía de la ideología materialista cuyo dogma sí dice que la nada mucho o todo puede dar. ¿paradójico, no es cierto?
      +
      Platón tendría alguna disculpa por creer en algún sistema panteísta, pues no tuvo a su alcance algo mejor (y a pesar de que en uno de sus diálogos él refuta muy bien, o la menos pone en evidencia lo absurdo del carácter mundano de los dioses paganos), pero desde el momento en que el pensamiento se desarrolla es un retroceso recurrir a sistemas panteístas y sólo lo abordarán quienes tienen un objetivo demoledor, pues está más que demostrado que al panteísmo recurren quienes tienen necesidad de negar a un Dios personal y trascendente, mediante el teísmo, muchas filosofías se han dedicado a confundir a Dios no sólo con la materia misma, sino con toda clase de elementos abstractos lo que al final es simplemente negar las verdaderas cualidades de Dios. Todo aquel que quiera negar al verdadero Dios no es necesario que recurra al “ateísmo”, tan sólo le es necesario mundanizarlo, así lo hace el clero modernista y así lo hace la masonería, finalmente son hijos del mismo padre.
      +
      ¿Pretende Ud. hacer pasar el Malleus Maleficarum como algo católico cuando este seudo manual fue condenado por la Iglesia en 1490? Y no sólo se trata de una condenación formal, sino de saber cómo fue abordada la brujería, tema del Malleus Maleficarum, dentro de las Inquisiciones católicas, la cual fue considerada como una tomadura de pelo y si no iba acompañada de algún otro delito (herejía, homicidio, etc.), era desechada. La brujería o la caza de brujas tuvo su auge en los procesos protestantes, nunca lo tuvo en el catolicismo. Con excepción de casos aislados como el de Zugarramurdi en España, la Inquisición española no quemó brujas, dice así el historiador Iñigo Bolinaga sobre el tema: “La historia no terminó ahí. Tras el auto de Logroño (6 ejecutados) se desencadenó una persecución masiva de brujas en Navarra, Guipúzcoa y La Rioja. En marzo de 1611 se había identificado nada menos que a dos mil sospechosos de brujería. En ese momento los inquisidores de Madrid ordenaron a Salazar y Frías que investigara la situación. Su informe, que comprendía 11,000 [once mil] páginas y recogía 5,000 [cinco mil] testimonios, llegaba a la conclusión de que las acusaciones y las confesiones eran falsas. En adelante la Inquisición sería muy cauta con las acusaciones de brujería, y en España no se volvió a quemar brujas, a diferencia de lo que sucedió en otros países de Europa.” [cf. : https://bibliaytradicion.wordpress.com/2013/01/11/el-proceso-contra-las-brujas-de-zugarramurdi/%5D
      +
      Es oportuno citar también al historiador judío Stephen Haliczer quien habla precisamente de las cárceles del Santo Oficio y quien en el desaparecido documental de la BBC cita los casos frecuentes de los reos de las cárceles civiles que blasfemaban a propósito con el fin de que fuesen trasladados a las cárceles inquisitoriales con el fin de ser tratados de mejor forma. En este documental que como ya he dicho no es posible encontrar ya en ningún lugar, está la opinión como historiadores de Henry Kamen, Jaime Contreras y José Álvrez-Junco, quienes no le dirán algo diferente sobre el tema de las brujas, las cárceles, la tortura, la leyenda negra a la que se recurre hasta el día de hoy, etc. [cf. : https://bibliaytradicion.wordpress.com/2010/05/18/el-mito-de-la-inquisicion-espanola-el-famoso-documental-de-la-bbc/%5D
      +
      Sirva el caso de Santa Juana de Arco para demostrar la integridad del Santo Oficio, cuando sus últimas palabras al obispo francés Pierre Cauchon, traidor y al servicio del poder temporal y quien fue el responsable de la muerte de la santa, fueron: “Évêque, je meurs par vous… Si vous m’aviez mise aux prisons d’Église, ceci ne fût pas advenu.” … si me hubieses entregado a las prisiones de la Iglesia (Santo Oficio), esto no habría sucedido.
      +
      Nuevamente Ud. se confunde, en la Iglesia jamás se adoptó una ideología victoriana que contrapone la materia con el espíritu y que los llevó a los extremos más absurdos. Eso que Ud. quiere hacer pasar como una oposición absoluta entre espíritu y materia, es una falsa dicotomía (y un maniqueísmo), la Iglesia como ya se lo he dicho en muchas ocasiones, tiene en mente el orden divino y que no es simplemente ideológico, es cierto por la fuerza de la práctica (no es teórico), dos mil años de orden cristiano, a pesar de las sangrientas revoluciones anticatólicas que se le oponían, demuestran que la libertad, verdadera libertad (no libertinaje) que ésta promovió, fue el detonante del desarrollo de los pueblos europeos, algo que está más que demostrado y que puede revisarse en obras como la de Hillaire Belloc y su “Europa y la Fe”. Pero Ud. y muchos otro tienen esa necesidad de que la Iglesia esté mal, por supuesto torciendo muchas cosas, para así poder promover el derrumbe del orden cristiano. El Nuevo Orden Mundial no se caracteriza por ser superior, mejor, o más justo que el orden que quiere suplantar, sino que como muchas corrientes, sólo brilla por un anticatolicismo o anticristianismo, es la filosofía de la contradicción no de la proposición, es sorprendente que en el desarrollo de los acontecimientos de los últimos tiempos, y esto lo digo como una visión muy particular, es como si Dios le fuese a demostrar al hombre, mediante la reducción al absurdo, la evidencia de su rebeldía, llegará un momento, como lo dicen las Escrituras, que la Iglesia parecerá haberse extinguido y no habrá fe, mas que en el pequeño rebaño que sobreviva, y en esas circunstancias que parecerán ideales a la mentalidad anticristiana liberal, nada funcionará, esa utopía que parece llegar a su materialización será una decepción y así abrirá paso a otros acontecimientos que también contemplan las Escrituras, como lo es la Parusía, y por supuesto, la conversión de ese pueblo que en este momento es causa de tantos malestares.

  19. Don Antonio Franco:
    +
    Adelanto una parte de la respuesta sobre el Malleus Maleficarum [Nunca he leído que Malleus Maleficarum fuera condenado por la Iglesia en 1490, honestamente, me interesa saber cuál es la Bula que deroga el “Summis desiderantes affectibus” de Inocencio VIII, desde ya se lo agradeceré…]:
    +
    Son dos cosas diferentes las que pide, la condenación del Malleus M. y una supuesta derogación de Summis. La condenación al Malleus se da en términos de que no fue aceptada en ningún momento por las autoridades inquisitoriales alemanas, a pesar de que Kramer obtuvo una bula (Summis) que lo autorizaba perseguir este crimen, pero esta bula no era ni tuvo la intención de aprobar implícitamente el Malleus de Kramer (de lo contrario citar el texto de la bula), sólo lo autorizaba a perseguir ese crimen, al parecer Kramer actuó por propia cuenta y lo difundió, trayéndole problemas con la Inquisición en 1490. El dato sale de la obra “Witchcraft and Magic in Europe” de Karen Jolly, Edward Peters, Catharina Raudvere del cual estoy esperando una copia para citar textualmente este episodio.

  20. Le agradezco mucho Alejandro la deferencia y claridad de su explicación. Ahora comprendo el alcance de la prohibición y la acción arbitraria de estos dos frailes centroeuropeos.
    Antonio.

    • Adicionalmente, es muy interesante que en la bula del papa Inocencio VIII (Summis…), jamás se mencionan los términos “bruja, brujo” o “brujería”. El papa lo único que hace es una descripción de una serie de comportamientos y creencias a las que no duda en llamar “supersticiones” y que es necesario atajar. Digo que es interesante a la vista de tantas opiniones que ven en este documento algo así como el inicio del permiso para la “caza de brujas” o como el reconocimiento de que la brujería fuese real (en oposición al carácter evidentemente fantasioso que mostraba), cuando ni siquiera esto es mencionado explícitamente. El primer contraste a este respecto sería entonces la obra de Henry Kramer quien sí utiliza este término indiscriminadamente, comenzando por su título. Adicionalmente he leído que esta clase de obras rechazadas por la Iglesia sí tuvo acogida en las cortes civiles, lo cual explicaría la razón por la que la “caza de brujas” fue mucho más esparcida en el mundo no católico, donde la Inquisición ya no tenía influencia.

    • Durante la revisión de los Archivos Vaticanos, en el tema de la Inquisición y las brujas, la periodista Marina Jacinto reportaba lo siguiente:
      +
      “La tortura”, continúa la Periodista, “no fue tan frecuente como se ha creído, pues las actas señalan que la Inquisición torturó en el 10% de los casos. Se menciona que morían más presuntas brujas en los países protestantes a manos de los tribunales civiles, que en países católicos a manos de la Inquisición. Ésta quemó (la Inquisición) por supuesta brujería a 59 mujeres en España, 36 en Italia y 4 en Portugal, mientras que en Europa los tribunales civiles juzgaron por el mismo delito a cerca de 100 mil mujeres. De ellas 50 mil fueron condenadas, 25 mil sólo en Alemania, en la pira purificadora, durante el siglo XVI por los protestantes seguidores de Martín Lutero

  21. Nuevamente le agradezco por esta información que me da Alejandro y que pone un poco más de objetividad sobre la posición de la Iglesia de aquellos tiempos ante este asunto tan cruel y criminal. Lo que me llama la atención es que las autoridades de la Iglesia y especiíficamente, los Superiores dominicos de estos dos religiosos no le hayan puesto límites a las propuestas y acciones que llevaban a cabo en los reinos de centro Europa y luego en Francia.
    Le deseo una buena jornada.
    Antonio.

  22. Sr. Alejandro, veo con sorpresa que mi comentario y reflexión, enviada hace casi dos meses, no fue publicada. Sé que usted realiza una lectura de aprobación por si los textos no son moderados. No comprendo por qué el texto enviado no ha sido considerado por usted. Me gustaría saber los motivos. Igualmente, por si fue sólo un inconveniente técnico, lo envío nuevamente:
    “Estimado Alejandro, ha trascurrido el tiempo y me hubiera gustado tener una devolución de su parte sobre los asuntos tratados en mi anterior escrito, tal como usted lo había anticipado. Entiendo que tiene numerosas ocupaciones que atender en su página, pero lamento que sólo se haya explicitado su reflexión al “Malleus Maleficarum”, que pienso es absolutamente menos relevante que los otros temas más fundantes, tratados en el mentado texto que es respuesta al suyo; tales como el culto a las doctrinas que se tornan petrificadas y que petrifican la vida. No sé si quedó clara mi explicación acerca de la referencia que hice al texto de la Summa Theologica de Tomás de Aquino. El substancial tema del Ser y la nada, punto fundamental en la especulación metafísica de Bruno y en el desarrollo del pensamiento de Teilhard. La imposibilidad de demostración, desde el método de las ciencias experimentales de fundamentar la certeza de las teorías creacionistas y evolucionistas. El que me esclarezca a qué se refiere con “ideología victoriana” cuando aborda la concepción dualista presente en los escritos teológicos, ascéticos y místicos del cristianismo, etc.
    No obstante, le había adelantado que hay un asunto respecto de juicios que han efectuado detractores y algunos biógrafos de Giordano Bruno en los que discrepo, pues mi visión y fundamentación es diferente.
    Está referida a la interpretación que se hace de la personalidad psíquica del Nolano. Por la vida itinerante que llevó y por sus cambios de orientación durante el proceso inquisitorial, se concluye con mucha simpleza que era de personalidad inestable, desordenada y extravagante; igualmente que fue su responsabilidad que haya sido condenado por la Iglesia, ya que él ingresó voluntariamente a la Orden de Predicadores y estudió para Sacerdote y pidió la Ordenación sacerdotal. Hasta Augusto Guzzo considera una situación grave moral y canónicamente. Voy a explicar por qué disiento con estos juicios sobre Bruno, pero de arranque entiendo que nada justifica que una persona sea eliminada, quemada en una Plaza pública, aduciendo que es una personalidad bipolar o esquizofrénica y que haya ofendido el Derecho Canónico y las Reglas de su Orden.
    En primer lugar, no tenemos una evaluación psico-diagnóstica de Bruno, sólo se interpreta por su itinerario por Europa que es una persona inestable. Hay que considerar que lo que el Nolano enseña pone en crisis a fondo toda estructura religiosa, que en ese tiempo era la estructura de poder más fuerte. Su ir de un Reino a otro, de una congregación de fieles a otra se debe a la persecución de la que era objeto. Recordemos que no sólo fue condenado por la Iglesia Católica, sino que previamente el calvinismo y el luteranismo lo condenaron como hereje. El que observemos en sus escritos su vivacidad de pensamiento, su pasión por el conocer, su memoria brillante –sobre todo, gracias a las técnicas iulianas utilizadas-, la constante confrontación con la metafísica y física aristotélicas, canonizadas como la única verdad por la Iglesia, no se puede concluir alegremente que era una personalidad desequilibrada. El que durante el nefasto proceso canónico, prisionero del Santo Oficio, aislado, sin abogado defensor, solo, despreciado por todo el Tribunal, Bruno aparezca en ocasiones confuso y ambiguo, de allí no es lícito inferir contundentemente que sea bipolar. El hombre Giordano Bruno, como cualquiera de nosotros, seres humanos, debe haber experimentado el temor a la muerte y buscó en los pocos recursos de los que dispuso la forma de escaparle. Pero aquellos que muy superficialmente afirman esto, sin fundamentación seria, podrían al menos reconocer su convicción y valentía, cuando el 21 de diciembre de 1599, delante del Tribunal de la Inquisición romana, afirmó sin titubear: “No debo ni quiero arrepentirme, no tengo cosa de que arrepentirme ni materia de arrepentimiento”, como dice “Il Sommario del Processo de Giordano Bruno” de Mercanti, Ciudad del Vaticano, pág. 183. Actitud ésta que no alterará hasta la muerte.
    Asimismo, considero que la Iglesia y la Orden de Santo Domingo no pueden desligarse simplemente aduciendo que engañó al pedir los hábitos y la ordenación presbiteral, pues son parte de un proceso en el que la aceptación de parte de las instituciones intervinientes es determinante para los candidatos. Analicémoslo detenidamente. La sociedad del siglo XVI estaba dividida de forma estanca e inalterable por el grupo de “Nobles” por un lado, quienes podían acceder a estudios pagos, puestos importantes y dignidades jerárquicas dentro de la sociedad y de la Iglesia, la que no era ajena a esta división; y los “Plebeyos” por otro, a quien se le negaban estudios y se los utilizaba para las tareas manuales de mantenimiento y servicios a los anteriores. Filippo Bruno, nombre de pila de Giordano Bruno, nació en una familia donde su padre era militar, por lo tanto, formaba parte del estamento social más bajo dentro de la Nobleza; esta situación de cierto privilegio le permitió acceder a estudios de Humanidades y Latín; por esta causa se traslada de la localidad de Nola a Nápoles para dedicarse a estos estudios permitidos sólo a los nobles. Aquí quiero hacer una merecida mención y memoria de uno de los hombres más grandes de los siglos XVI y XVII, no sólo para la Iglesia Católica, sino para occidente entero. Si Giordano Bruno hubiese conocido a José de Calasanz y viceversa, hubieran conversado y compartido mucho de sueños y de conocimientos. San José de Calasanz, sacerdote español, es el Fundador de las Escuelas Pías, la Primera escuela popular, gratuita, diaria, gradual de Europa para los hijos de los Plebeyos. José llega desde la Seo de Urgel, donde era Secretario del Obispo a Roma con el objeto de conseguir una Canonjía, título eclesiástico remunerado que le permitiría regresar a España con un ingreso mensual y poder ayudar a sus hermanas que después de la muerte de su padre estaban pasando una situación económica apremiante; venía con recomendación, pero al estar en Roma se dio cuenta que había demasiados clérigos recomendados y la cosa no era fácil. Como era un sacerdote sensible y comprometido se inscribió como voluntario en la Cofradía para la Doctrina Cristiana, organización que se ocupaba, como su título lo indica, a la enseñanza del Catecismo Dominical en los barrios romanos. A Calasanz le toca hacerlo desde la Parroquia de Santa Dorotea, en el Barrio del Transtiber, allí en contacto con los pequeños plebeyos descubre el submundo romano –la cloaca de Roma-, no sólo personas arrinconadas por el hambre y las pestes, sino por la ignorancia y superstición. Dando Catequesis descubre que esos niños mal alimentados y poco estimulados, tienen una inteligencia brillante que los podría llevar a realizarse como personas dignas y útiles a la sociedad. Los chicos le piden a José que les enseñe a leer, no quieren sólo conocer las enseñanzas de la Doctrina Católica, sino conocer la palabra humana, las ciencias del hombre. Con permiso del Párroco Brandolini, el joven Sacerdote José de Calasanz en la pequeña sacristía de la Iglesia de Santa Dorotea en 1597 imparte en forma gratuita a los niños plebeyos la lectura, la escritura y las operaciones básicas de las matemáticas. Es un momento histórico extraordinario. Luego fundaría la Orden de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías para dar estabilidad y continuidad a la obra educativa y comprometer más a los maestros con esos niños. Esta Nueva Escuela empezó lentamente a cambiar el orden social establecido y empezaron los ataques intestinos (desde dentro de la Iglesia) en confabulación con los Nobles de Roma que veían como sus privilegios eran cercenados por estos jovencitos que empezaron a acceder por méritos académicos al Colegio Romano que regentaban los padres de la Compañía de Jesús. Se unen en connivencia de intereses Cardenales, Monseñores, Religiosos de la Compañía de Jesús, miembros del Santo Oficio, nobles romanos, para perseguir y destruir la Obra de las Escuelas Pías. A los 85 años el anciano santo es conducido a las 14 horas del verano de Roma desde San Pantaleón, en Piazza dei Massimi hasta la Rota del Vaticano, a pié, custodiado por policías como un delincuente. Calasanz jamás se inmutó ante estas cosas de la mezquindad humana, tan ruin y mediocre. Cuando conoció las matemáticas y ciencias nuevas que enseñaba Galileo no le importó la condena de la Iglesia, envío a uno de sus mejores religiosos a que acompañará al viejo sabio, lo cuidara y atendiera, pues ya había quedado ciego y fuera sus amanuense. Así ordenó Calasanz que, el P. Clemente Settimi viviera en la casa de Galileo en Florencia, en tiempos en que las normas eclesiásticas impedían que un religioso viviera fuera de convento. José sabía mirar con amplitud y humanismo y eligió el saber para los plebeyos. Quería que estos supieran la nueva ciencia de Copérnico que aún condenada estudiaba Galileo. También se hizo amigo de Tomás Campanella, el dominico muchas veces presó de la Inquisición romana; más, si uno suma los años de vida de Campanella, son más los que estuvo preso en la Rota Romana que los que estuvo en libertad. Es un filósofo y sociólogo del Renacimiento su Obra principal es “La ciudad del Sol”, donde Tomás enseña –a la manera de “Utopía” de Tomás Moro- lo que prefigura debería ser una sociedad regida por el amor al conocimiento, la comprensión, la mutua colaboración y un ordenamiento político participativo y democrático. Calasanz se sintió identificado con el pensamiento social de Campanella y quería que sus novicios aprendieran esta idea sociopolítica muy en consonancia con la pedagogía de la escuela nueva que él inició. Cuando muere el 25 de agosto de 1648, uno de los libros que estaban en su pobre mesita junto a la cama, que los escolapios protegieron bien, bajo tierra, en la ocupación napoleónica, era la Ciudad del Sol de Tomás Campanella. Poco antes que José muere a la edad de 92 años, el Papa Inocencio X, a instigación de los secuaces de la Inquisición, decreta la destrucción de la Obra de Calasanz. Por eso tuvo que pasar 100 años para que la Iglesia reconociese la santidad de este hombre, ya que para canonizarlo, por vía negativa, había que condenar la acción de dos pontífices. Mucho hay para decir, pensar y valorar de este gran educador, pero me referí sólo a él en este caso, para mostrar algo propio de la educación de aquellos tiempos.
    Volvamos a la historia de Giordano Bruno; después del estudio de Latín y lógica a los 15 años –un adolescente- pide ingresar en el Convento de Santo Domingo en Nápoles ¿Por qué se hace dominico? Hay que afirmar sin temor a errar que un jovencito de ingenio muy despejado no se abría otro camino para crecer en los estudios si su familia no pertenecía a un rango social alto dentro de la nobleza. Este es el móvil de Filippo, como el de otros adolescentes de su tiempo; ahora bien ¿A quiénes corresponde discernir la Fe y la Vocación religiosa de un Novicio? El Novicio puede pedir ser religioso, pero es una Comunidad religiosa la que, después de examinar las condiciones esenciales, considera la idoneidad del postulante. Un estudiante eclesiástico puede aspirar y solicitar el Orden Sagrado, pero es el Obispo, luego de las consultas a sus Maestros y Superiores, quien establece la recta intención y auténtica vocación sacerdotal del candidato. Según su propio relato a la Inquisición veneciana, a los 18 comenzaron sus dudas y profundos disensos con los Dogmas de la Iglesia, sus cada vez más frecuentes disputas ideológicas con sus maestros ¿Es entonces responsabilidad sola e unilateral de Giordano el haber continuado en la carrera eclesiástica, ser admitido al Orden Sagrado y ejercer el ministerio hasta 1576? Con esto sencillamente quiero decir que las responsabilidades son compartidas y que si estoy seguro Bruno utilizó a la Iglesia y a la Orden de los Predicadores para poder acceder al conocimiento universitario y a los textos de la literatura y de la ciencia vedados a los plebeyos, también estoy convencido que algún interés o negligencia responsable de los superiores y maestros de Bruno, permitieron que éste continuará como religioso.
    En consecuencia y concluyendo quería compartir este pensamiento, pues con frecuencia para mostrar la razón de una decisión de la Iglesia, compleja como la condena de Giordano Bruno, se toman argumentos no sustanciales de las causas de condena, para mostrar que el condenado era un tránsfuga consumado, pernicioso y si remedio; pues esto es más fácil y descomprometido que analizar los verdaderos móviles del proceso.
    Que tenga una linda tarde”. Espero no se moleste y agradezco su consideración y diálogo.

    • Don Antonio Franco:
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      Primeramente me disculpo por haber postergado demasiado este diálogo, han sucedido muchas cosas en mi vida que me han hecho imposible dar la atención debida a este blog y los comentarios de los usuarios, pero al mismo tiempo creo que este tema que tratamos ya ha sido más que discutido y no se aporta nada nuevo.
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      El que Ud. considere a las doctrinas de Fe como “petrificadas” y “que petrifican la vida”, es una observación muy suya y un tanto miopes. El desarrollo de la civilización occidental no puede separarse de estas doctrinas, así como de la desbarbarización de las diferentes culturas europeas. Pero no nos quedemos en los simples calificativos, quizás sería conveniente reflexionar cómo es que el rechazo de estas doctrinas en las sociedades actuales hace al hombre más humano, más caritativo, más empático, etc.; si como decía N.S. Jesuristo, “por sus frutos los conoceréis”, entonces no es muy promisorio el diagnóstico de las sociedades actuales descristianizadas que han dado la espalda a estas doctrinas perennes para adoptar doctrinas humanas, dictadas por hombres mudables y por lo tanto, elaborando doctrinas mudables, y no exagero al decir que son doctrinas que incluso llegan al nivel dogmático, pues se castiga su rechazo. En cuanto a su explciación del texto de Santo Tomás deben bastar los mismo textos de este santo y doctro de la Iglesia, que no han sido aludidos por Ud. y que clarifican con suma precisión su postura hacia las ideas panteístas. En otras palabras, Santo Tomás de Aquino jamás coqueteará en lo más minimo con las ideas panteístas y mucho menos encontraremos negaciones groseras de la Fe como sí lo encontramos en Bruno.
      +
      En cuanto a la ideología victoriana, aunque es un movimiento muy amplio, quizás podríamos tomar su esencia en su idea de despojarse de la autoridad papal y vivir de acuerdo a ciertas normas rígidas que ellos consideraron como las más importantes para regir su vida en sociedad, en oposición a entender y profundizar en la Revelación, la cual no puede ni cambiar ni ser selectiva, como al final esos herederos del victorianismo cambiaron y seleccionaron a su gusto.
      +
      “Nada justifica que una persona sea eliminada, quemada en una plaza pública”, es una frase muy atractiva, pero no deja der ser una proposición personal arbitraria y que pasa por alto detalles bochornosos, lejos de ser una verdad evidente. Nada más hay que observar la historia, y si no se quiere extraer una verdad filosófica, al menos se reconocerá la conveniencia que trajo y sigue trayendo el separar a los delincuentes de la sociedad, porque necesario es decirlo, a quien perseguia la Inquisición era a delincuentes y delincuentes reincidentes. Al final ni a Bruno ni a ninguno que haya pasado por el tribunal de la Inquisición se le juzgaba por sus virtudes o sus monerías, sino por sus trasgresiones, y siendo Bruno un hombre de la Iglesia, con mayor razón, pues no podía escudarse en la ignorancia. No veo la razón por la que debamos seguir opinando en algo que ya se ha dejado suficiente constancia. Al final a nadie le son extrañas las opiniones heterodoxas y heréticas de Bruno. No nos ha llegado constancia del proceso de Bruno, de tal manera que lo que se pueda decir queda en el aire, pero lo que es seguro es que la Inquisición, y la Inquisición romana, no actuaba de forma ligera, así que debió ser grave aquello por lo que se tomó la decisión de relajar al brazo secular a este monje. De esto no me cabe duda. Y coincido con Ud., quizás alguien o muchas personas dentro (y fuera) de la Iglesia de ese tiempo permitieron el desvío de Bruno, así como en tiempos más recientes se toleró en demasía la presencia y las opiniones erradas de un Teilhard que a su vez envenenaron a otros tantos, finalmente todos serán juzgados por Dios, quien conoce a fondo los corazones, ciertamente las acciones de un hombre no terminan con su muerte física, pesan demasiado sus opiniones públicas y sus acciones, así como el escándalo y el desvío que provoquen.

  23. Estimado Alejandro, gracias por el esfuerzo de su comunicación. Es cierto que el desarrollo ha sido extenso y que nuestras posiciones al respecto son diferentes, pero, así como usted fundamenta su pensamiento, también lo he hecho yo a lo largo de los comentarios, no es infundado lo que he escrito. Sólo se escandalizan del pensamiento de Bruno, Serveto, Teilhard y otros, los ignorantes y cerrados de pensamiento. La ignorancia y la superstición son las mayores esclavitudes del ser humano (San José de Calasanz). He dado clases a estudiantes en muchas provincias de mi país y nunca he visto que se escandalizaran por la exposición de estos pensadores. La razón es simple: sólo se escandaliza el que tiene miedo, miedo a perder las seguridades que sostienen su vida, pero si está tan seguro ¿Por qué escandalizarse ante quien piense diferente, siempre y cuando éste fundamente su saber? y si las creencias son infundadas ¿Para qué creer?No por tener una creencia religiosa la persona está exonerada de pensar con su propia cabeza y si se escandaliza ante quien cuestiona sus creencias, mitos, leyendas y ritos, hace mal, se hace mal, se hace el peor daño que se puede hacer, es decir, negar lo propio de su humanidad. Bueno, pero todo esto, como bien dice Don Alejandro, está expuesto anteriormente.
    Le agradezco nuevamente la oportunidad de haberme permitido compartir mi pensamiento en su página y sepa que estoy a su disposición para lo que le pueda ser de utilidad, igual si anda por mi pago y necesita algo no dude en avisarme; tiene mi dirección de correo en el registro de la página. Si me envía un correo le envío al suyo mi número de celular. Me despido y lo saludo con el respeto que se merece.
    Antonio Franco.

    • Don Antonio Franco:
      +
      Le agradezco sus comentarios, si bien como dice Ud. no compartimos la misma opinión sobre Bruno, es agradable tener esta clase de diálogos donde se puede expresar mucho más que descalificiones gratuitas o insultos. Por supuesto que creo que quienes tenemos fe estamos no sólo en la libertad sino en la obligación de razonar y profundizar, no por nada tenemos como ejemplo a gigantes del pensamiento como el mismo Santo Tomás de Aquino y muchos otros teólogos, filósofos y hasta exponentes de las ciencias naturales a los que su fe católica jamás les estorbó y al contrario, siempre les sirvió de guía. Como dice don Marcelino Menéndez y Pelayo: “Cien veces lo he leído por mis ojos, y, sin embargo, no me acabo de convencer de que se acuse a la Inquisición de haber puesto trabas al movimiento filosófico y habernos aislado de la cultura europea…”, no por nada tuvo lugar una edad de oro de la literatura española mientras el Santo Oficio tenía su auge, ¡que años de gloria para la Iglesia, para España y para el pensamiento!, aunque suene repetitivo, yo no veo nada de esto en nuestra época que quiere ser tan humanista, tan libertaria y tan equitativa, creo que vivimos en una época de terribles tinieblas, de terrible ignorancia, de terribles juicios contra un pasado que se desconoce y una exaltación ciega sobre las novedades. No puedo más que repetir lo que las Escrituras ya han dicho sobre estos tiempos: “Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas.” (2Tim. IV,3-4).


Los comentarios se revisarán antes de publicarse. Procure realizar comentarios fundados en las Sagradas Escrituras, La Tradición Apostólica y/o en la historia; las leyendas negras se desecharán y los pensamientos personales son sólo eso. Los comentarios cerrarán después de 7 días de la publicación del post. Gracias.

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