Posteado por: B&T | Miércoles, enero 5, 2011

Epifanía del Señor

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6 de enero

La fiesta de la Epifanía que existía en Oriente y en ciertas Iglesias de Occidente antes de penetrar en Roma, parece haber sido en su origen una fiesta de la Natividad.

El 6 de enero era para esas iglesias lo que en la Navidad para la Iglesia romana. Introducida en Roma en la segunda mitad del siglo VI, se convirtió en el complemento y como coronamiento de la de Navidad.

Epifanía quiere decir manifestación. Lo que celebra hoy la Iglesia es la manifestación del Señor al mundo entero. Después de darse a conocer a los pastores, se revela a los Magos, venidos de Oriente para adorarle.

Toda la tradición cristiana ha visto en los Magos las primicias de la gentilidad; ellos preceden a todos los pueblos de la tierra, de suerte que la Epifanía es una afirmación de la salvación universal. San León lo dice magníficamente, en maitines, con palabras que hacen ver en la adoración de los Magos los comienzos de la fe cristiana, la hora en que el inmenso desfile del mundo pagano inicia su caminar para seguir la estrella que le llama e ir a su Salvador.

Éste es el sentido pleno de la magnífica profecía de Isaías que nos ofrece la liturgia, tanto en el primer nocturno de maitines como en la epístola de la misma. Y este mismo pensamiento de redención universal lo vuelve a tomar la Iglesia para aplicárselo a sí misma, al cantar en las segundas vísperas su unión con Cristo, figurada en las bodas de Caná, y el bautismo de sus hijos, anunciado por el de Jesús en las aguas del Jordán. La Epifanía era antiguamente un día subsidiario de bautismo.

Extraído del Misal diario.

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Siguiendo el rastro luminoso de la estrella, reyes de remotas naciones acuden hacia el Niño-Dios que se muestra al mundo: ríndenle homenaje con el símbolo de sus regalos y entran con ello en la Iglesia, de la que es figura María.


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>>BITÁCORA<<

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