Posteado por: Alejandro Villarreal | Martes, diciembre 15, 2009

Matrimonio versus Sodomonio

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Por el R. P. Bonifacio Difernan, O. S. A.

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(DiariodeLeón.es).- Una opinión es una afirmación relativa, que contiene una verdad subjetiva. Pero como punto de mira, y fondo, existe una relación real y situación que comprende una verdad objetiva, que es la verdad auténtica Esta verdad entraña la existencia de un algo o alguien, problema o tema, que no podemos desnaturalizar, so pena de desplazar y descolocar el diálogo, y por tanto situarnos en una vía muerta, sin horizontes. No habrá posibilidad de entendimiento entre los hombres ni posibilidad de conocer la verdad si alteramos la naturaleza y los límites del tema sobre el cual nos proponemos dialogar. Como prolegómeno debemos partir y proceder en toda interlocución de tipo social con voluntad de escuchar y con total voluntad de buscar la luz, superando la sombra. La luz, al reflejarse sobre si misma aleja toda sombra. La luz nunca será culpable de la fealdad de nuestro error. Seamos conscientes de que, no porque hayamos hecho enmudecer a los contrincantes en el debate les hemos convencido. Los grandes parlanchines son normalmente pícaros. También ignorantes. Confunden el ruido con las nueces.

Padecen el estigma del egoísmo. Y el egoísmo político busca, a base de palabras, hacer mucho ruido y, a río revuelto ganancia de votos. El tema sobre el que nos proponemos hoy hacer luz, ese el de las relaciones y uniones de gais y lesbianas, que son tales por su conformación biofisiológica, o por su curiosidad insana y malévola, o por el vicio propio de los inadaptados que piensan que lo prohibido es siempre lo mejor. Hemos dejado pasar la tormenta política desatada meses atrás, cuando se multiplicaban los discursos altivos y las manifestaciones callejeras. A borbotones salían de la boca de los políticos arrogancias y sinrazones. Y, lo que es peor, la imposición en la sociedad de los caprichos interesados y enfermizos de algunos políticos que buscan desde le poder solucionar su problema, insoluble por estar ínsito en su propia naturaleza. Los refranes siempre contienen aleccionadores axiomas. Este es uno de ellos, «los sabios construyen y los tontos embrollan». La consecuencia actual es que hemos llegado a unas decisiones legales, formales, pero injustas, y que además de no resolver el problema lo amalgaman de manera confusa, artificial, sofisticada y falsificada. Pensemos en la verdad de aquel dicho salmantino, muy ecológico, «quod natura non dat lex non praestat . La conformación biofisiológica no es un estigma, pero sí marca la personalidad. A una colectividad humana se la puede engañar, pero a la naturaleza y a la inteligencia no.

Comencemos, sin remangos y con naturalidad llamando a cada cosa por su propio nombre. Matrimonio versus sodomonio. Dos realidades total y esencialmente distintas. Cada una de estas dos realidades son lo que son, y como son, no lo que se les antoje a los descontentos con su propia naturaleza.

Matrimonio.

Es una relación, institución y situación humana. Matrimonio viene de mater-fecundidad, y de munus-función, oficio, así lo vieron Cicerón y Tertuliano. Ecológicamente tiene la función de proteger la naturaleza humana. Relación natural de dos sujetos, de sexo distinto y complementario , personificados e individualizados como salvaguarda y fuerza vivificadora de la propia humanidad. Así lo entiende la ecología, la sociología, la historia, la filosofía, las religiones y hasta los que se declaran gnósticos por la gracia de Dios.

[Nota de B&T.- Dice el Papa Pío Xi en su encíclica ‘Casti Connubii‘: El matrimonio no ha sido instituido ni restaurado por obra humana, sino divina; que ha sido protegido con leyes, confirmado y elevado no por los hombres, sino por el propio Dios, autor de la naturaleza, y por el restaurador de esa misma naturaleza, Cristo Nuestro Señor; leyes que, por consiguiente, no pueden estar sujetas a ningún arbitrio de los hombres, a ningún pacto en contrario ni siquiera de los propios contrayentes. Esta es la doctrina de la Sagrada Escritura, ésta la tradición constante y universal de la Iglesia, ésta la definición solemne del sagrado concilio Tridentino, que declara y confirma, con las mismas palabras de la Sagrada Escritura, que el vínculo perpetuo e indisoluble del matrimonio, su unidad y su firmeza, dimanan de Dios, su autor.]

Sodomonio.

Se trata de una relación, realidad y personalidad humana, que tomó nombre de la ciudad de Sodoma, por sus costumbres y relaciones generalizadas, socio sexuales, denominadas sodomía, materializadas entre individuos del mismo sexo, hombres con hombres, hoy conocidos como gais, y mujeres con mujeres. Sodomía conforme al diccionario significa relaciones de carácter social, sentimental y sexual desviadas, antinaturales y ecológicamente incorrectas. Munus- función, práctica calificada corrupta e incorrecta para la misma naturaleza. Y sobre todo para toda inteligencia sana y no obcecada. Consideremos en primer lugar las personas en sí mismas, como sujetos. Todo ser humano, por el hecho de serlo, tanto el hombre como la mujer común y normal, como los heterosexuales, homosexuales, gais, (he dicho gais no güeis) y lesbianas, también los hermafroditas, los inversos e invertidos, pederastas, pervertidos o degenerados, también los trastornados por cualquier clase de anomalías somáticas o psicológicas, todos los nacidos y también los copulados y no nacidos, todos son personas. En ningún caso hablamos de personas de segunda, aunque sí de personalidades irregulares. Los misterios son siempre oscuros, pero no por eso podemos negarlos. La capacidad para ser sujetos de matrimonio la da la misma naturaleza, no la ley. Esta, puede reconocer la capacidad, no crearla.

El matrimonio, en su esencia, no es un derecho individual, aislado, solitario. Es una relación entre dos sujetos con capacidad para crear un estado. Luego, primer requisito para la posibilidad y realidad de un matrimonio es la existencia de dos personas, hombre y mujer, que como puntos de referencia encuadren la relación matrimonial. En segundo lugar, como elemento esencial está la complementariedad de los sujetos. El tercer elemento a considerar es la voluntad de las dos partes para establecer una relación matrimonial. La conclusión es lógica, no cabe la posibilidad de matrimonio de los homosexuales por carecer esta relación de la complementariedad de los sujetos. La doctrina que establece el dilema, matrimonio versus sodomonio, no significa incultura ni retroceso, sino progreso, vanguardia, civilización. Es una doctrina que lucha contra el progreso de ese cáncer social, y más en concreto contra las células enfermas. A no dudarlo, el sentido común logrará la estabilización de las células sanas, la recuperación de las células enfermas, el retorno a su naturaleza ideal y perfecta, y su función vital. Cabe la posibilidad de lograr normalizaciones con tratamientos espirituales, psíquicos y salutíferos. Soy testigo de un hermafrodita, que en posesión de ambos órganos sexuales, en 1950, a los veintiún años de edad, le fueron extirpados los ovarios, semidesarrollados, convirtiéndose en un hombre que después se casó y formó una familia modelo. Necesitamos más meditación y reflexión que verborrea. Todos reconocemos esta verdad. Heine se lo imputó un día a sí mismo mientras contemplaba la catedral de Amberes, «¡Está claro! En aquellos tiempos los hombres tenían dogmas, tesis de fe firmes. Nosotros no tenemos más que opiniones, y con opiniones no se pueden construir catedrales». Es lamentable e inútil organizar congresos, marchas, festivales internacionales, desfiles y demás cacareos sociales para exaltar el orgullo gay, contraproducente desde el momento que estos no pueden cambiar la realidad ni las vivencias espirituales e intelectuales. Por el contrario cada día harán más profundas las heridas y costras sociales.

Todo hombre, puede convertirse en un verdadero ser humano si logra transformar sus heridas en perlas, si consigue comprender su verdadera realidad, y si logra aceptar que cada hombre tenga su razón propia y, al menos tan valiosa como la suya. Podrá subsistir en paz si se decide a no espantar las moscas sobre la cabeza del tigre. El orgullo incontrolado de políticos sin contenido espiritual y con más cara que un buey con paperas, pueden provocar toda clase de cataclismos doctrinales y sociales. En la audiencia concedida a José Luis Rodríguez Zapatero por el Papa Benedicto XVI, el día 8 de julio de 2006, en Valencia, el presidente quiso justificar su ilógica, disparatada, y esperpéntica ley, alegando el derecho de los homosexuales al matrimonio. El Papa no negó, como nunca lo ha negado la Iglesia, su derecho al matrimonio, pero sí negó la capacidad para una unión de carácter matrimonial entre ellos. Benedicto XVI le rebatió con argumentación antropológica de derecho natural. Para soslayar los complejos religiosos del presidente, subrayó que no es sólo la Iglesia la que defiende el matrimonio solamente entre hombre y mujer, pues puede comprobar que ya existía esta verdad-verdadera antes de la venida de Jesucristo. Y le invita a darse un paseo por todas las culturas, recordando que la cultura europea, cristiana de pura cepa, como todas las demás culturas, y en la historia, encontrará esta institución tal cual. Voltaire fue interrogado por un amigo por qué se quitó el sombrero y permaneció parado ante una procesión cristiana que llenaba la calle. Él, muy cortés, confesó: «es que Dios y yo nos respetamos pero no nos hablamos». Tomaba muy en serio la realidad.
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>>BITÁCORA<<

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