Posteado por: B&T | Lunes, diciembre 14, 2009

El Ecumenismo Visto por un Francmasón de Tradición

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Por el R. P. Julio Meinvielle

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Este libro se debe a Yves Marsaudon, Ministro de Estado del Supremo Consejo de Francia (Rito Escocés Antiguo y Aceptado)[34], y tiene un prefacio de Charles Riandey, Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo de Francia. En él se destaca el objetivo final de todo este proceso de aproximación de Iglesia y Masonería.

En el prefacio, Charles Riandey se dice “francmasón de tradición”, lo mismo que en el título dice su autor Yves Marsaudon. ¿Cuál es esa tradición, o mejor Tradición, que invocan uno y otro?

Para el que está habituado a la literatura masónica, en especial de los grandes teóricos e iniciados, de un René Guénon por ejemplo, el asunto es harto claro. La Tradición es el conocimiento secreto, base del saber masónico, de aquellas doctrinas primordiales que forman el núcleo de todas las religiones y filosofías, de las que éstas no son sino su expresión puramente exterior. Charles Riandey lo expresa sin ambages: “la iniciación practicada por la francmasonería, dice, de grado en grado, mira hacia una ascención hacia el conocimiento, es decir, hacia la identificación del ser con la Potencia universal. Ella puede llevar lejos, ya que es manifiesto, como lo han comprendido los grandes iniciados, que la Potencia universal actúa en la evolución del Cosmos, de la tierra y de la humanidad que la puebla”.

¿Pero cuál es esta potencia universal que actúa en la Evolución del cosmos, de la tierra y de la humanidad? También lo dice Riandey: Esta Potencia universal será aquella que imponga un orden, “el cual tendrá al hombre en su base, la Potencia suprema en su cumbre y que colocará entre esta base y esta cumbre la entidad humana entera…” [35]. Aquí aparece claramente expresado el “Hombre Universal”, el “Humanismo Universal” o el “Humanismo Integral de las tradiciones ocultistas y esotéricas” – “Hombre Kadmon” de la Kabbala – que tiene por poder supremo al Diablo en persona. De aquí que la Masonería trabaja enla edificación de este Hombre Universal por la convergencia de todas las religiones, razas, naciones, creencias, o como dirá Riandey, por un “ecumenismo total”. Y así dice: “Importa que el lector sepa que para nosotros estos esfuerzos no son sino pasos en el camino de un Ecumenismo que quisieramos total”.

De aquí que Riandey insista en que hay que llevar adelante los esfuerzos inciados por el Concilio Vaticano II, en su propósito de aunar a los cristianos en un ecumenismo, y que hay que acabar de romper “la estrechez de cuadros espirituales, culturales, científicos, sociales, económicos, que, hasta nuestra época, han encerrado el pensamiento y la accón” [36]. Riandey reconoce que, en parte, estos cuadros han sido ya rotos y que a ello han contribuido la iniciativa pontificia, sobre todo después de Juan XXIII, y se confiesa persuadido de que serán totalmente rotos [37].

Hasta podría decir que Riandey se entusiasma y levanta el tono con euforia para decir: “Pensamos en Theilard de Chardin, que en medio de la crisis actual por la que atraviesa el mundo, no hay un solo hombre, creyente o incrédulo que no invoque en el fondo de su alma la luz -una luz que le muestre un sentido y una salida a los trastornos de la tierra. Jamás, después del año 1 de la era cristiana, la humanidad se ha encontrado a la vez desprendida de sus formas pesadas, más ansiosa de su futuro, más pronta a recibir un Salvador…” [38]

Pero advierte Charles Riandey: “Pero las palabras salvadoras no pueden surgir de un remodelamiento de las doctrinas pasadas ni de su reajuste. No se debe rechazar todo, ciertamente, pero lo que debe ser salvado, lo será con la condición de ser renovado” [39]. Es decir, que todo lo pasado, incluso la Iglesia, debe entrar en la “Gran Obra” que se prepara, en la Construcción del Mundo Nuevo, del Cristianismo nuevo, pero todo ello en una arquitectura y un espíritu total nuevo que lo debe insiflar aquella Potencia Universal, a cuyo servicio están las Logias.

El Prefacio es mucho más sabroso que el cuerpo del libro. Sin embargo, éste dice algunas cosas reveladoras y significativas. Por de pronto, Yves Marsaudon está persuadido de “que sólo la Masonería puede resolver los inmensos problemas que se le plantean hoy al Hombre y, a pesar de las buenas voluntades innegables, ni las Iglesias organizadas, ni los partidos, ni tampoco cierta juventud tristemente anarquizante, pueden concluir en buena forma” .[40]

“Nosotros, Francmasones de tradición, nos permitiremos parafrasear y trasponer las palabras de un hombre de Estado célebre adaptándola a las circunstancias: Católicos, Ortodoxos, Protestantes, Musulmanes, Hinduístas, Budistas, librepensadores, pensadores creyentes, no son entre nosotros sino pre-nombres: El nombre de familia es Francmasones” . [41]

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Extraído del libro “La Iglesia y el Mundo Moderno” del R. P. Julio Meinvielle

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[34] L’Oecuménisme vu par un Franc-maçon de Tradition, Ed. Vitiano, París, 1964

[35] Ibíd., pág. 18

[36] Ibíd., pág. 15

[37] Ibíd., pág. 15

[38] Ibíd., pág. 15

[39] Ibíd., pág. 16

[40] Ibíd., pág. 21

[41] Ibíd., pág. 26

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bibliaytradicion.wordpress.com

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>>BITÁCORA<<

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