Posteado por: Alejandro Villarreal | Miércoles, agosto 12, 2009

‘Caballo de Troya para la Cristiandad’ del Rabino Soloveichik

Por Michael Hoffman

(revisionistreview.blogspot.com).- Los gentiles engañados y los judíos seculares imaginan que las “Leyes Noáquidas”, aprobadas por todos los presidentes estadounidenses desde Ronald Reagan y que forman parte de la ley federal estadounidense (1), tienen un fundamento bíblico en común en el cual el judaísmo y el cristianismo pueden unirse para restaurar el mundo (2).

Y ya que la abominación del Noé bíblico es la base de la doctrina del judaísmo rabínico, no es posible que las ‘Leyes Noáquidas’ sean parte de su fundamento, en lugar de eso, es la influencia del Noé talmúdico (diferente al bíblico): un pervertido sexual y un borracho, según la Midrash y el Talmud (3).

[Nota del Traductor: Las ‘Leyes Noáquidas’ son siete imperativos morales que, según el Talmud, fueron dados por Dios a Noé, para toda la humanidad]

Los cristianos contemporáneos tienen un complejo de inferioridad cuando se trata de relacionarse con el judaísmo, debido a la influencia ámpliamente difundida de la “Holocaustolatría”, ellos creen que existen dos Iglesias: la Iglesia antes del “Holocausto”, una entidad rancia plagada de intolerancia, fanatismo, odio y “antisemitismo”; y la Iglesia de la postguerra (II Guerra Mundial): una iglesia ecuménica y penitente que busca reparar cualquier situación con los herederos del fariseísmo, los rabinos del judaísmo ortodoxo, debido “al más grande acto de injusticia y martirio de la historia”: la ejecución en las cámaras de gas de Auschwitz y el asesinato en masa, presuntamente cometidos en contra de ellos.

En el pasado hemos observado que la “Holocaustolatría” es en realidad el judaísmo para los gentiles, una herramienta que busca enganchar a los gentiles hacia la “superioridad moral” del judaísmo y para conferirles una culpa colectiva por el acto cósmico de martirio perpetrado en Auschwitz, el cual, el sólo cuestionarlo de cualquier forma constituye un acto delictivo en países como Argentina, Canada y la Unión Europea (4).

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Al mismo tiempo existe una gran cantidad de estrategias para extirpar la religión de su aborrecido Jesucristo, mencionaremos dos: las ‘Leyes Noáquidas’ y el movimiento ecuménico.

Las ‘Leyes Noáquidas’ satisfacen los anhelos psicológicos y emocionales de los cristianos modernos para aceptar el mito de que el judaísmo es una religión bíblica. Por medio de imaginar un futuro próximo en el cual se celebre un pacto entre cristianos y talmudistas, que se centre en estas leyes, los cristianos modernos se sienten afortunados de llevar esa carga de culpa que les arrancará esa herencia de “antisemitismo”. El precio que pagarán por esta reducción de recriminación será su cooperación en la destrucción de la Iglesia de Dios y su Santa Palabra, por medio de subyugarse ante el prisma deformante del Talmud, a través del cual todo el conocimiento de la Biblia será filtrado, y la verdadera adoración del auténtico Jesucristo del Nuevo Testamento, será declarada “avodah zarah” -adoración de ídolos-, castigable con la muerte.

Esto nos lleva a la segunda estrategia para la destrucción de la Iglesia de Jesucristo, el movimiento ecuménico, cuya más notable característica es la presentación falsificada del Evangelio y de un Jesús falsificado, reflejando sólo las ‘Leyes Noáquidas Talmúdicas-Midrásicas’ con su falsificación de las Escrituras y su falso Noé.

Bajo las ‘Leyes Noáquidas’, los cristianos que adoren al Jesús falsificado no serán sujetos de castigos capitales, ya que ellos no estarán adorando al verdadero Jesús del Nuevo Testamento. Para llevar a cabo este engaño con éxito, el Nuevo Testamento deberá falsificarse también, por medio de una interpretación meramente terrenal, humana y minimizada, tal y como la exégesis rabínica lo hizo con el Pentateuco.

Sólo se sumarán a los numerosos e influyentes predicadores de herencia protestante-dispensacionalista y a los gentiles guerreros-sionistas que forman parte de ese movimiento amorfo llamado “evangelicalismo”, muchos sacerdotes católicos y los papas desde el pontificado de Juan XXIII (5) han contribuido más o menos en esta campaña de engaño.

¿Cuál es su enfoque?

El eje teológico de este engaño alcanzó la cúspide de su descarada influencia durante el pontificado de Juan Pablo II, quien enseñó, principalmente mediante insinuaciones, inferencias, indirectas y ambigüedades que “nuestros hermanos mayores en la fe” son salvos por su linaje, y por su pretendida alianza del Antiguo Testamento.

Las consecuencias de esta enseñanza papal está presente en las corrientes principales católicas y protestantes: el agresivo e incansable espíritu evangelizador del apóstol Pablo está reservado en nuestros tiempos sólo para los no-judíos. El corolario de esto es que no puede existir la investigación crítica, las advertencias y la denuncia contra el Talmud y otros textos sagrados rabínicos, emanados de la antigua ley oral y tradiciones. Incluso cuando Jesús mismo nos advirtió de esto y los denunció (6), los cristianos modernos no lo hacen y consideran que imitarlo en este sentido es una forma de “antisemitismo virulento”. De aquí que veamos que el ‘Caballo de Troya’ del judaísmo haya entrado y casi haya conquistado todos los recintos que alguna vez fueron cristianos. La parte conquistada ha evolucionado a una forma degenerada y falsificada de “Iglesiandad” (N. del T.: concepto que refuerza la ausencia del verdadero Cristo), la cual, desafortunadamente, ocupa la mayoría de las instituciones históricas y el conjunto inmobiliario de la cristiandad.

El autor ha buscado por mucho tiempo evidencia indiscutible en el curso de su investigación de las fuentes de esta nulificación de la misión de Jesucristo para convertir en primer lugar a los judíos, y de su propagación por el mundo. Por la gracia de Dios finalmente se ha encontrado la fuente de esta nulificación, en la enseñanza confidencial del enigmático rabíno del siglo XIX, Elijah Soloveitchik, un patriarca de la afamada dinastía rabínica estadounidense, y que entre sus numerosos herederos, está el deán del moderno judaísmo ortodoxo, el finado rabino Joseph Soloveitchik.

Elijah Soloveitchik es el autor de ‘Kol Kore’ (7), una iniciativa para el advenimiento del movimiento ecumenista, este tratado contiene instrucciones de lo que los cristianos debían enseñar acerca del Nuevo Testamento en la era del ecumenismo. La teología rabínica de ‘Kol Kore’ refleja la teología del papa Juan Pablo II y de sus perítos en teología con asombrosa similitud, así como la de los “Evangélicos Sureños”, rabinos ocultos como John Hagee y Pat Robertson. Los puntos claves de ‘Kol Kore’ que nos interesan son los siguientes:

1. El Nuevo Testamento sólo se aplica a los gentiles y está en armonía con las ‘Leyes Noáquidas’

2. El Nuevo Testamento no dice cosa alguna sobre los judíos y acepta que los judíos sólo están obligados a guardar la Torah -el judaísmo define la Torah como el conjnto de la Mishnah y Gemara; se basa en antiguas tradiciones orales de los fariseos-

Portada Interior de Kol Kore

Portada Interior de Kol Kore

La amistosa descripción farisáica del rabino Elijah Soloveitchik sobre el Nuevo Testamento es cláramente una falsificación y sobre esta única base se puede considerar anticristiana, aún así, es el fundamento en la actuación práctica del Vaticano y de las principales iglesias protestantes “cristianas”.

El rabino Chayyim Dov Friedberg, en su oscuro libro ‘Beit Eked Sefarim’ (8) , admite, ante sus lectores exclusivamente judíos, que la enseñanza de Soloveitchik sobre el Evangelio en ‘Kol Kore’ está en oposición al Nuevo Testamento. En público, ‘Kol Kore’ se presenta antes los goyim -no-judíos- como un libro pro-cristiano y como una refutación ante las “afirmaciones llenas de odio de antisemitas pseudo-eruditos” que dicen que el judaísmo odia al cristianismo.

Notas

[1] Cf. Judaism Discovered, pp. 496-498; 666-667; 895-896.

[2] Tikkun olam, “reparación de la Creación”. Esta frase kabalística frecuentemente es mal traducida como “reparación del mundo”, sugieriendo una corrección de los desatinos del hombre, que se sería una admirable aspiración, pero, de hecho denota un concepto diabólico de corregir la supuesta imperfecta Creación de Dios por medio de la intervención del ingenio humano, especialmente el rabínico, con el fin de hacer el mundo perfecto. / Tikkun olam, “repair of Creation.” This Kabbalistic phrase is often mistranslated as “repair of the world,” suggesting the correction of man’s folly, which is an admirable aspiration. In fact, it denotes the diabolic conceit of correcting God’s supposedly “imperfect” Creation by the intervention of human brain power, specifically rabbinic, in order to render it perfect.

[3] Cf. Judaism Discovered, pp. 496-497.

[4] La Unión Europea estipula una sentencia de tres años de prisión a los que discrepe con la versión oficial del Holocausto; Alemania ha endurecido sus penas a 5 años de prisión; Argentina, con el caso del obispo Williamson a principios de 2009 se le amenzó con una sentencia de tres años. / The European Union stipulates a sentence of three years’ imprisonment for “Holocaust” dissent; Germany has enhanced penalties – a five year prison sentence; Argentina in the Bishop Richard Williamson case in early 2009 threatened him with a three year sentence.

[5] No comenzó con esto ni está limitado a esto -“los papas modernistas” – La perfidia papal a este respecto viene, al menos, desde el Renacimiento… Mientras tanto, el ecumenismo de doble vía, en el cual el judaísmo es examinado críticamente y se le solicita penitencia y actos de reparación hacia los cristianos y gentiles por sus errores del pasado, está prohibido entre los judíos: ver Rabbi Joseph Soloveitchik, “On Interfaith Relationships,” A Treasury of Tradition, (Hebrew Publishing Co., 1967) pp. 78-80 (under the section titled “Confrontation”). A los judíos ortodoxos no se les permite involucrarse en una relación genuinamente ecumenista, al contrario, ellos se deben involucrar sólo en una parodia ecuménica de una sola vía, usada como arma para modificar la fe cristiana, que realicen reparaciones, que acepten la superioridad moral y racial de sus “hermanos mayores”; y asimilar las demandas y quejas de los rabinos y su teología farisáica. Pero respecto el escrutinio sustancial asuntos como “la actitud judaica frente a Jesús” y “Isaías y el cristianismo”, el rabino Joseph Soloveitchik declara: “No puede haber entendimiento mutuo respecto a estos tópicos…”, él cita muchos temas más. Por extensión, no puede existir un diálogo ecuménico sobre el problema de la falsificación rabínica y talmúdica, el odio, la violencia, el estereotipo o el antigentilismo judíos. El “movimiento ecuménico” ha tomado la forma, desde su molde rabínico, después del II Concilio Vaticano, casi exclusivamente ocupándose de los “problemas” cristianos (nunca los judíos). / It didn’t start with, and is not limited to, the “modernist popes.” Papal treachery in this regard dates at the very least, to the Renaissance. See Judaism Discovered, pp. 655-665. Meanwhile, two-way ecumenical dialogue in which Judaism is critically examined, asked to do penance and make reparation to Christians and gentiles for past wrongs, is forbidden to Judaics: see Rabbi Joseph Soloveitchik, “On Interfaith Relationships,” A Treasury of Tradition, (Hebrew Publishing Co., 1967) pp. 78-80 (under the section titled “Confrontation”). Orthodox Judaics are not allowed to engage in genuine, two-way ecumenical relations. Rather they may engage solely in a one-way parody of “ecumenism” as a weapon to cause Christians to alter their faith, make reparations, acknowledge the moral superiority of Judaism and its racial “Elder Brothers” status, and accommodate the demands and complaints of the rabbis and their Pharisaic theology. But regarding substantive scrutiny of such issues as “the Jewish attitude on Jesus” and “Isaiah and Christianity,” Rabbi Joseph Soloveitchik declares, “There cannot be mutual understanding concerning these topics…” (He lists several more). By extension there can be no ecumenical dialogue on the problems of rabbinic and Talmudic bigotry, hatred, violence, stereotyping or anti-gentilism. The “ecumenical movement” as it has taken shape in its rabbinically-molded pattern after the Second Vatican Council, almost exclusively concerns the “problems” of Christianity.

[6] Mark 7; Matthew 15.

[7] Paris, 1875 (online here). Reprinted 1985.

[8] 2nd edition, in four parts. Tel Aviv, 1951-1956.

Traducción de Alejandro Villarreal de bibliaytradicion.wordpress.com

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