Posteado por: Alejandro Villarreal | Sábado, abril 11, 2009

‘Solemnidad de la Resurrección del Señor’ por el Padre Leonardo Castellani

Domingo de Pascua de 1966.

“Surrexit Christus vere, alleluia, Cristo resucitó realmente, alegría”. Esta es la consigna de la Iglesia hoy. También San Pablo dice: “Alegraos siempre en el Señor; de nuevo os digo: alegraos”. Mi filósofo predilecto, Soren Kirkegord, dice que la vida del cristiano tiene que ser sufrimiento; pero por otra parte continuamente él está confesando estados de gozo espiritual; quiere decir que la vida del buen cristiano transcurre en sufrimiento espiritual (“dichosos los que lloran”) y gozos espirituales (“alegraos en el Señor”) y en sufrimientos carnales llevados con paciencia y en gozos carnales recibidos con agradecimiento -aunque no superapreciados. Todos los goces limpios que tenemos en esta vida proceden en el fondo de la Pasión y Resurrección de Cristo.

Los sufrimientos terrenos, las penalidades carnales desta vida ¿pueden ser superados y como aniquilados por la alegría de la Resurrección; de Cristo cumplida, de nosotros esperada? En los santos lo pudo; en mí apenas alcanza a superar las facturas del Estado que me llegan una cada semana con aumentos. Hay que pagarlas con gusto, pobre Estado argentino. Es decir, el Estado Argentino es hoy una porquería, pero hoy hay que amar incluso a los malos.

“Resucitó Cristo realmente hoy, alegría”. Buen día, alegría. Se puede con verdad decir “hoy”; el Viernes Santo no se podía con estricta verdad decir: “Hoy murió Cristo, alegría”.

Pero “Christus resurgens ex mortuis iam non moritur, Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, no muere más” -dice San Pablo. En Europa la gente del pueblo limpia a fondo toda la casa esta semana, y hacen fiestas y se mandan regalos. “¡Buone Feste! ¡Felices Pascuas!”. “Alegre como unas Pascuas” -dicen en España.

Ya he hablado dos o tres veces del milagro central que es la Resurrección de Cristo. -“Esta generación mala y bastarda pide milagros; y no se le dará más milagros que… mi Resurrección” (el milagro de Jonás Profeta) -les dijo Cristo, una vez que estaba enojado.

Es un hecho histórico: detrás dél existe la mayor suma de evidencia histórica que jamás ha existido; de manera que negarlo es como negar la existencia de Cristóbal Colón o la existencia de Sarmiento. ¿Cómo es que nadie ni por sueños niega eso, y muchos niegan la Resurrección de Cristo? Es que es también un hecho metahistórico, un hecho sobrenatural, un hecho de fe: no fuerza al intelecto, tiene que intervenir la libre voluntad, el Salto de la fe: es un misterio de la Fe. Ninguno estuvo más cerca de la evidencia histórica de la Resurrección que los Fariseos y Sacerdotes jefes; y no creyeron en Cristo. Lo mismo que los incrédulos modernos, sus mentes no fueron forzadas por la evidencia; antes bien trataron de ocultarla y combatirla, como los incrédulos de hoy. Hay que ver los inventos disparatados que aducen para negar la Resurrección. Dan lástima; porque no solo son inventos, es decir, basados en nada, sino que son absurdos.

El libro más insidioso contra la Resurrección de Cristo es The Fair Haven (El Puerto Feliz) del modernista Samuel Butler: está escrito con una perfidia elevada al cubo; pero su fondo, bastante bien oculto, es un absurdo. Ya he expuesto yo todo eso.

En vez de hacer más apologética, voy a contestar brevemente la preguntita que quedó en el aire el domingo pasado: si Cristo volviera a la tierra ¿lo matarían de nuevo? -Sí, lo matarían si pudieran, pero no de la misma manera.

Se me figura que primeramente lo cubrirían de ridículo. Dirían: “¿Dónde se ha visto que el Fundador del Cristianismo venga de nuevo a predicarnos el Cristianismo, a nosotros que somos todos cristianos? En realidad anda falsificando el cristianismo, esa religión tan suave, tan amable, tan benigna, tan consoladora, tan científica, tal como la expone Teilhard de Chardin. Viene a gritar ahora que hay que dejarlo todo, que hay que morir al mundo, (¡morir, hágase Ud cargo!), que en algunos casos hay que odiar al padre y a la madre, que hay que abandonar mujer, hijos, amigos, posesiones y cátedras en algunos casos ¡y que no hay que ahorrar, como los pájaros del cielo! – ¡lo cual es ir francamente contra el Gobierno, contra la Caja Nacional de Ahorro Postal! ¡Qué “numenómeno”! Puede ser que esas expresiones estén en los Evangelios, pero no son para practicarlas: son expresiones exageradas y poéticas (y algunas de bastante mal gusto, como esa de los “eunucos”) del poeta más grande que ha existido en el mundo; lo mismo que todo eso sobre el Demonio y el Infierno, sabemos all right gracias a Telar Chardón, que ésas son metáforas, metonimias e hipérboles… ¡No faltaba más! Está haciendo un desbarajuste con la religión del Estado”.

Los diarios publicarían sesudos editoriales contra la “nueva” doctrina, sin nombrar al autor eso sí; los sabihondos alocados escribirían libros, los libreros tendrían “listas Negras” para no vender libros que la apoyaran, “Tía Vicenta” inventaría doce chistes a la semana a costa suya. También le harían interrogatorios como los Escribas y Fariseos:

“Profesor, sabemos que Ud. es justo y veraz, y queremos que nos conteste por Radio a la pregunta más importante: Ud. ¿está con Rusia o con Estados Unidos?” Y al contestar Cristo: “Yo no enseñé la preciosa propiedad privada, ni el Capitalismo, ni el quedantismo, ni el conservadurismo, ni el Comunismo”- menearían entonces las cabezas y dirían: “¿Ve Ud? ¡Fuera de la realidad! Está loco”.

Al fin lo matarían, o a disgustos o de hambre o de tristeza o violentamente -puede darse también. ¿Y no podría Cristo irse a Santiango l’Estero, juntar doce Discípulos, entrenarlos tres años, darles el don de milagros y mandarlos otra vez a conquistar el mundo, como lo conquistaron una vez? Sí, eso está dentro del poder de Cristo; pero está escrito que no lo hará. Volverá al mundo; pero no ya en figura de siervo, sino en figura de Rey. “Christus resurgens ex mortuis iam non moritur”.

El P. Fiorentino Alcañiz, que es especialista en esto y anda escribiendo un libro sobre la “esjatología” me escribió hace poco que su última conclusión es ésta: la aparición de Cristo en gloria y majestad y el derribo del Anticristo coinciden con lo que llama la Escritura “el Juicio Final”, entonces resucitan los Elegidos, o todos ellos o una parte: “ésta es la resurrección primera” -dice San Juan: luego hay dos. Después sigue un largo periodo de prosperidad guiada por los Resucitados “que se aparecerán a muchos”, como ya pasó en la resurrección de Cristo; el cual San Juan llama “el Reino de los Mil Años”. Después resucitarán todos los réprobos y atacarán a los mortales; y serán arrollados por fuego del cielo: y los mortales pasarán al cielo, o muriendo antes o sin morir. Dice Alcañiz que esta interpretación está fuera de las objeciones que de Roma han levantado contra el Milenismo; y es verdad. Tiene el inconveniente que estatuye en realidad dos juicios -así como dos Resurrecciones.

Esta interpretación literal del Apokalypsis se llama “milenismo” y ha sido la de casi todos los primitivos Padres de la lglesia. Yo no soy milenista, tampoco soy antimilenista o “alegorista”. Si oyen decir que soy milenista (pues ha sido dicho, e incluso desde cátedras) respondan que es embuste; aunque no sería ningún crimen que yo lo fuese. Pero… Yo no me siento capaz de dirimir este problema difícil; y de lo que no sé, no suelo hablar -ni menos enseñar.

Para consuelo nuestro añadiré que al fin de la profecía de Daniel está indicado que entre la caída del Anticristo y el Juicio habrá 45 (ó 55) días (o bien un corto período de X días) para que hagan penitencia los que sucumbieron a la tremenda tentación del Anticristo -si ellos quieren. De modo que si mayoría del mundo caerá en apostasía (como Cristo y San Pablo predijeron) no quiere decir que todo el mundo se condena. Y eso es conforme a la piedad paterna de Dios; porque la tentación del Anticristo habrá sido tremenda.

De modo que la Resurrección de Cristo está conectada con su Vuelta, es decir, con la Universal Resurrección: tres veces por lo menos en los Oficios de Pascua de Resurrección se hace alusión al Retorno de Cristo. Y San Pablo dice cada vez que comulguemos, recordemos el Retorno de Cristo: “Quotiescumque enim manducabitis panem hunc et calicem bibetis, mortem Domini adnuntiabitis donec veniat, pues cada vez que comáis este pan y bebáis este cáliz, anunciad la muerte del Señor hasta que venga” (1Cor. 11, 26).

Ésta es la gran consolación y alegría del Cristiano. Incluso ante las terribles cosas del mundo moderno, el Cristiano impertérrito las entiende, y sabe serán superadas:

“Si fractus illabatur orbis Impavidum ferient ruinae -Si el mundo roto se derrumba, Sus ruinas lo herirán impávido”.

(Leonardo Castellani, Domingueras Prédicas, Ediciones Jauja, Buenos Aires 1997 pp. 117-121)

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