Posteado por: B&T | Domingo, abril 5, 2009

El Sufrimiento de Cristo

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Por Mons. Richard Williamson. Original en inglés publicado en su página de internet ‘Dinoscopus’

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El Sufrimiento de Cristo

Eleison Comments XCI

La víspera del Domingo de Ramos con seguridad es un buen momento para considerar, junto con Santo Tomás de Aquino (IIIa, Q46, art. 5,6), la manera en que el sufrimiento de Cristo sobrepasó cualquier otro sufrimiento. Por supuesto, Cristo no pudo sufrir en su insuperable naturaleza divina, pero él eligió su perfecta naturaleza humana, concebida por el Espíritu Santo y nacido de la Virgen María, para proveerlo de un instrumento incomparablemente sensible de sufrimiento, en cuerpo y alma, para redimirnos a todos y salvarnos del infierno, si ése es su deseo.

Mons. Richard Williamson

Mons. Richard Williamson

En lo que toca al cuerpo de Cristo, cada parte de éste, desde la coronilla hasta los dedos de los pies, fue atormentado en su divina Pasión, culminando en los insoportables dolores de la muerte en la Cruz, tres horas de tormento entre calambres en los pies para sostenerse y así poder respirar, y asfixiándose o sofocándose al encorvarse por efecto de mitigar los calambres en las manos. La crucifixión fue ideada con el propósito deliberado de torturar y sofocar; torturar, corresponde a la palabra latina ‘excruciare’ y de esta última derivan cruz y crucificar (crux, crucis).

Por lo que toca al alma de Cristo, con su gran rango de percepción que sobrepasa a los simples sentidos corporales, y sin embargo perfectos, Santo Tomás hace mención de tres dolores centrales. El primero, por conocimiento infuso, Cristo vió todos los pecados del hombre al mismo tiempo y eligió pagar, por medio del auto-sacrificio, por todos esos pecados en general. En otras palabras, utilizó sus dones sobrehumanos, no para evitar el sufrimiento sino para intensificar el dolor. Aún así, al mismo tiempo deseó sufrir no sólo por una retribución divina, de acuerdo a la cual, una simple herida superficial de la Persona divina hubiera sido un pago infinito y más que suficiente, sino por una retribución humana, como si él solo debiera someterse a ejecuciones múltiples para pagar por múltiples criminales.

El segundo, por un conocimiento humano convencional, Cristo sufrió en su alma al observar a las personas que lo llevaron a su Pasión: Judíos y Gentiles, hombres y mujeres -por ejemplo, la mujer servil que se burlaba de Pedro-, líderes y turba, amigos y enemigos. En particular, dice Santo Tomás, Cristo sufrió en su alma al verse odiado por su propio pueblo, en ese entonces el Pueblo Elegido de Dios, y, lo peor de todo, al ser abandonado y traicionado por sus propios Apóstoles.

El tercero, como cualquier hombre, Cristo sufrió en su alma por verse condenado a muerte, el dolor que sufrió por su pérdida y por la injusticia de su pérdida fue tan penetrante en la proporción en que su vida fue inocente y perfecta.

Ahora, ¿que otro ser humano o conjunto de seres humanos han vivido una existencia perfecta e inocente y han escogido ofrecerse a morir una muerte tan terrible como la crucifixión?, ¿han sido capaces de contemplar todos los pecados de los hombres y desearon pagar por éstos?, finalmente, ¿han observado el abandono de todo a su rededor al punto de sentirse desamparados de Dios (“lama, lama, sabactani”)? En donde estén tales hombres, todavía no han podido clamar a nadie que su sacrificio fue de una caridad equiparable a la de Cristo con su amor abrumador para cada uno de nosotros, pobres pecadores. Entonces, su sacrificio no podría ser comparable al de Él. Kyrie Eleison.

Londres, Inglaterra

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Traducción de Alejandro Villarreal de bibliaytradicion.wordpress.com

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