Posteado por: Alejandro Villarreal | Martes, febrero 24, 2009

Miércoles de Ceniza

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25 de febrero

La Iglesia abre la Cuaresma con la imposición de la ceniza a sus fieles. Es el recordatorio de nuestra condición mortal y la afirmación de que la penitencia es necesaria.

En la primitiva Iglesia la organización de una penitencia colectiva para los culpables de pecados graves y públicos iba acompañada de la acompañada de la preparación de los catecúmenos al bautismo pascual. Al comenzar la Cuaresma, bendecía el obispo los instrumentos de penitencia y la ceniza, y la imponía a los penitentes, quienes durante cuarenta días expiaban sus pecados in cinere et cilicio, en espera de la reconciliación sacramental del Jueves Santo. La imposición de la ceniza, tal cual hoy se realiza, es una extensión y transposición de la antigua penitencia pública; lo que en un principio afectaba tan sólo a una categoría de fieles, ha acabado por atenuar su rigor, a fin de aplicarse a todos sin excepción.

Fue el Papa Urbano VI quien, en el concilio de Benevento de 1091, prescribió la imposición de ceniza todos los fieles.

En el esfuerzo de purificación, en que la Iglesia nos introduce, tiene su parte la expiación, pero en mayor grado aún la misericordia divina. Misericordia que nos hacen implorar las lecturas, cantos y plegarias, tanto de la ceremonia de la ceniza como de la misa que sigue, en la certeza de que seremos escuchados. A lo largo de toda la Cuaresma proseguirá éste esfuerzo, alentado con la expectación de la Pascua y de la alegría de los que hayan de ser rescatados.

Extraído del Misal diario.

Vestida de cilicio y despojada de su corona para cubrir su cabeza de ceniza, nuestra madre la Iglesia, con el rostro demacrado por el ayuno, une su penitencia al poder expiatorio de la sangre redentora para implorar la misericordia divina.


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