Posteado por: B&T | Viernes, enero 2, 2009

La Verdadera Inquisición. Esclareciendo el Mito Popular

Título: La Verdadera Inquisición. Esclareciendo el Mito Popular
Autor: Thomas F. Madden
Traducción: Alejandro Villarreal -ene. 2009-

Cuando las faltas de la Iglesia Católica son expuestas, con la gran frecuencia que se hace, la Inquisición figura en primer lugar. Las personas desinteresadas de la historia europea, afirman con mucha seguridad que estuvo guiada por hombres de la iglesia brutales y fanáticos que torturaron, lisiaron y asesinaron a aquellos que se atrevieron a cuestionar la autoridad de la Iglesia. La palabra “Inquisición” es parte de nuestro vocabulario moderno, haciendo referencia tanto a la institución como al periodo de tiempo. El relacionar a un senador, por ejemplo, con la palabra inquisición, no constituye un elogio en la gran mayoría de los casos.

El Dr. Thomas F. Madden es Profesor de Historia Medieval y Presidente del departamento de Historia en la Universidad de San Luis. Es un reconocido experto sobre las Cruzadas y es autor de obras recientes tituladas: The New Concise History of the Crusades (Nueva historia concisa de las Cruzadas) y es editor de Crusades: The Illustrated History (Cruzadas: La historia ilustrada).

En años recientes la Inquisición ha estado sujeta a mayor investigación. Para la preparación del Jubileo del año 2000, el Papa Juan Pablo II quiso saber lo que realmente pasó durante el tiempo de la existencia de la institución de la Inquisición. En 1998, el Vaticano abrió los archivos del Santo Oficio, sucesor moderno este último de la Inquisición, a un equipo de 30 eruditos de todo el mundo. Finalmente estos estudiosos han completado su reporte, un tomo de 800 páginas que fue presentado en conferencia de prensa en Roma (2004). Su principal conclusión es que la Inquisición no fue tan mala después de todo: Fue muy raro el uso de la tortura y sólo aproximadamente el uno por ciento de los que fueron presentados ante la Inquisición española fueron ejecutados. De aquí que se haya leído en un encabezado de un diario “El Vaticano Minimiza la Inquisición”.

Pasmados gritos ahogados y cínicas sonrisas despreciativas recibieron este reporte y son pruebas irrefutables del lamentable abismo que existe entre los historiadores profesionales y el público en general. La verdad es que, aunque éste reporte hace uso de material que no estaba previamente disponible, sólo viene a confirmar y a hacer eco a los cuantiosos estudiosos y eruditos y de lo que aprendieron de otros archivos europeos. Entre los mejores libros de la actualidad sobre el tema, están los de la “Inquisición” de Edward Peters (1988) y el de Henry Kamen, llamado “La Inquisición Española”, sin embargo existen muchos más. El asunto es tan sencillo como darse cuenta de que los historiadores supieron desde hace mucho tiempo que el punto de vista popular sobre la Inquisición es un mito, de tal manera que ¿cuál es la verdad?

Para comprender la Inquisición tenemos que recordar que la edad media era… medieval. No deberíamos esperar que la gente del pasado tuviera una visión del mundo tal como lo tenemos nosotros en la actualidad. Trátese de vivir enfrentando la peste bubónica, y se comprenderá cómo cambia la actitud. Para la gente que vivía durante ése tiempo, la religión no era un asunto que sólo concernía al momento de ir a la iglesia, ésta abarcaba la ciencia, la filosofía, la política, la identidad y la esperanza de salvación. No constituía una preferencia personal sino una verdad universal y permanente. La herejía, entonces, impactaba en el corazón de tal verdad, se condenaba al hereje porque ponía en peligro a aquellos con quienes convivía y rompía la armonía de la comunidad.

La Inquisición no surgió del deseo de impedir la diversidad o de oprimir a la gente, al contrario de esto, fue un intento de detener las ejecuciones injustas. Si, usted ha leído correctamente, la herejía era considerada un crimen en contra del estado. El derecho romano, en el Código Justiniano la especificaba como una ofensa capital. Los legisladores, cuya autoridad se creía que venía de Dios, no tenían paciencia con los herejes, tampoco con el común del pueblo, y éstos últimos los veían como peligrosos forasteros quienes traían consigo la ira divina. A principios de la Edad Media si alguien era acusado de herejía era conducido con el soberano local para su enjuiciamiento, los motivos iban desde haber robado un cerdo o de haber dañado los arbustos del vecino, ¡de verdad, esto era un crimen serio en Inglaterra! A pesar del contraste de estos crímenes, no era fácil discernir si el acusado era verdaderamente hereje. Para comenzar, se necesitaría entrenamiento básico en teología, algo de lo que la gran mayoría de los soberanos medievales carecía. El resultado de esto es que cientos de incontables personas por toda Europa fueron ejecutados por las autoridades seculares sin haber tenido de por medio un juicio justo o una evaluación competente para validar el cargo.

La respuesta de la Iglesia Católica a este problema fue la Inquisición, por primera vez instituida por el Papa Lucio III en 1184. Nació debido a la necesidad de proveer juicios justos a los acusados de herejía por medio de las leyes, las evidencias y jueces entendidos. Desde la perspectiva de las autoridades seculares, los herejes eran traidores a Dios y al rey y por lo tanto merecedores de la muerte. Desde la perspectiva de la Iglesia, sin embargo, los herejes eran ovejas perdidas que se habían separado del rebaño. Como pastores, el Papa y los obispos tenían la tarea de traerlos de vuelta al rebaño tal y como el Buen Pastor les había mandado. De esta manera, mientras los líderes seculares trataban de salvaguardar sus reinos, la Iglesia trataba de salvar almas. La inquisición proveyó los medios a los herejes para escapar de la muerte y reintegrarse a la comunidad.

Y como este reporte reciente lo confirma, la mayoría de las personas acusadas de herejía por la Inquisición o fueron absueltos o fueron suspendidas sus sentencias. Aquellos que fueron encontrados culpables de grave error, se les permitió confesar su pecado, realizar penitencia y ser reintegrados en el Cuerpo de Cristo. La primera presunción de la Inquisición fue esa, que como ovejas perdidas, los herejes simplemente se habían extraviado. Sin embargo, si un inquisidor determinaba que una oveja en particular había dejado a propósito del rebaño, no había nada más que hacer en ese caso. Los herejes que no se arrepentían o que eran obstinados eran excomulgados y se les dejaba en manos de las autoridades seculares. A pesar del mito popular, la Inquisición no quemó a los herejes. Fue la autoridad secular quien sostenía que la herejía era un delito capital, no la Iglesia. El simple hecho es que la Inquisición medieval salvó a incontables inocentes e incluso a los que no eran tan inocentes, gente que de otra manera hubiese sido incinerada por los soberanos seculares o linchados por las turbas.

Durante el siglo XIII la Inquisición tuvo una mayor formalización en sus métodos y prácticas. Dominicos altamente entrenados que respondían ante el Papa, estuvieron al frente de la institución, creando cortes que representaron las mejores prácticas legales en Europa. Al mismo tiempo, las autoridades reales o nobiliarias también crecieron durante el siglo XIV y subsecuentes, y poco a poco tuvieron más control sobre la Inquisición, hasta que cambió de las manos del Papa a las de los reyes. En vez de ser una sola Inquisición, ahora había varias y a pesar del panorama de abuso, los monarcas como los españoles y los franceses generalmente hacían su mejor esfuerzo para que sus inquisiciones permanecieran siendo eficientes y misericordiosas. Durante el siglo XVI, cuando la moda de las brujas azotó Europa, sólo las áreas geográficas que habían desarrollado buenas inquisiciones, fueron capaces de detener la histeria en sus primeras manifestaciones. En España e Italia, inquisidores entrenados investigaron los cargos de brujería, rituales sabáticos y quema de niños y bebés encontrando que eran falsos. En cualquier otro lugar, particularmente en Alemania, las cortes seculares o religiosas (no-católicas) quemaron brujas por cientos.

Comparada con otras cortes seculares medievales, la Inquisición se destacaba de una manera positiva. ¿Por qué entonces las personas en general y la prensa en particular se ven tan sorprendidas en descubrir que la Inquisición no quemaba gente por millones? En primer lugar, en la actualidad cuando la mayoría de las personas piensa en la Inquisición piensa sólo en la Inquisición española, pero ni siquiera esto es correcto ya que están pensando en el mito de la Inquisición española. Sorprendentemente, antes de 1530 la Inquisición española fue ampliamente conocida como la mejor corte en funcionamiento y la más humana en Europa. Existen registros de convictos en España que blasfemaban a propósito para que pudiesen ser transferidos a las prisiones de la Inquisición española. Sin embargo, después de 1530, la Inquisición española puso su atención en la nueva herejía del luteranismo. Fueron entonces sus rivales y los protestantes de la Reforma quienes dieron origen y esparcieron el mito.

Para mediados del siglo XVI, España era el país más rico y más poderoso de Europa. Las áreas protestantes de Europa incluyendo los Países Bajos, el norte de Alemania e Inglaterra, quizás no eran tan poderosos en el aspecto militar, pero tenían en sus manos una nueva y potente arma: la prensa escrita. Aunque los españoles derrotaron a los protestantes en el campo de batalla, ellos perdieron la guerra de la propaganda. Estos fueron los años cuando las famosas “Leyendas Negras” de España fueron forjadas. Innumerables libros y panfletos manufacturados desde las prensas del norte acusaron al Imperio español de inhumana depravación y horribles atrocidades en el Nuevo Mundo. La opulenta España fue arrojada al lugar de la oscuridad, la ignorancia y la maldad.

La propaganda protestante que tenía como objetivo la Inquisición española la describió abundantemente en sus “Leyendas Negras”. Pero hubieron otras fuentes también. Desde el principio de la Reforma, los protestantes han tenido dificultad de explicar la brecha de 15 siglos entre la institución de Cristo, de Su Iglesia, y la fundación de las iglesias protestantes. Naturalmente, los católicos han señalado éste problema acusando a los protestantes de haber creado nuevas iglesias separadas de la de Cristo. En respuesta, los protestantes dicen que sus iglesias eran parte de la única iglesia creada por Cristo pero han sido forzados por la Iglesia Católica a permanecer en la clandestinidad, de esta manera, como el Imperio Romano persiguió a los cristianos, su sucesor, la Iglesia Católica Romana continuó persiguiéndolos a través de la Edad Media. Pero, inconvenientemente, no hubieron protestantes en la Edad Media, aún así los autores protestantes los encontraron por doquier caracterizando toda clase de herejías medievales. Bajo este criterio, la Inquisición medieval fue nada más que un intento de aplastar a la oculta y verdadera iglesia (de los protestantes). La Inquisición española, activa y extremadamente eficiente para erradicar el protestantismo de España, sólo fue para los escritores protestantes la última versión de su persecución. Mezclando generosamente todo esto con la Leyenda Negra, se tiene todo lo que se necesita para producir panfleto tras panfleto acerca de la espantosa y cruel Inquisición española, y así lo hicieron.

Con el tiempo, el imperio español se desvaneció, el poder y la riqueza se trasladaron hacia el norte, particularmente a Francia e Inglaterra. A finales del siglo XVII surgieron las nuevas ideas de la tolerancia religiosa que bullían en las cafeterías y salones de Europa. Las inquisiciones, tanto la católica como la protestante, decayeron. La española obstinadamente se aferraba a la suya y por esto fue ridiculizada. Los filósofos franceses como Voltaire vieron en España el modelo de la Edad Media: debilidad, barbarie, superstición. La Inquisición española, considerada una herramienta sedienta de sangre para la persecución religiosa, fue ridiculizada por eminentes pensadores como un arma brutal de intolerancia e ignorancia. Se había construido una nueva Inquisición española, ficticia, diseñada por los enemigos de España y de la Iglesia Católica.

Ahora, un poco más de la verdadera Inquisición ha vuelto para considerarse. La cuestión permanece, ¿alguien hará caso?

Traducción de Alejandro Villarreal de bibliaytradicion.wordpress.com

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