Posteado por: B&T | Miércoles, diciembre 24, 2008

Natividad del Señor

25 de diciembre

Esta noche de Navidad celebra la Iglesia el nacimiento humano, en Belén, de Jesús, el Hijo de Dios, Salvador del mundo. El Verbo, a quien engendra el Padre desde toda la eternidad en el cielo, toma la naturaleza humana en el seno de la Virgen María, quien le da realmente su carne, y nace en una gruta.

El que viene a participar de nuestra vida humana es Hijo de Dios antes de ser Hijo de María; pero es realmente uno de nosotros. La misa de medianoche subraya enérgicamente este doble aspecto de grandeza divina y de humildad humana, que constituye el fondo mismo del misterio de Navidad. El primero lo destacan, sobre todo, el introito, la epístola, el gradual y el aleluya, el ofertorio y la comunión; el segundo, la admirable sencillez del evangelio.

La estación en Roma tiene lugar en Santa María la Mayor, en honor de la Virgen y en veneración por el pesebre de Belén. Bajo el altar mayor, cinco trozos de madera carcomida, considerados como fragmentos del pesebre que sirvió de cuna al Salvador, atraen, desde hace siglos, la devoción de los fieles.

“Únense cielo y tierra para adorar al Niño-Dios que acaba de nacer: el cantar arrobado de los ángeles, la callada emoción de los pastores, el tierno y humilde arrobamiento de María y José”

Extraído del Misal diario.


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