Posteado por: Alejandro Villarreal | Domingo, diciembre 7, 2008

Inmaculada Concepción de María

8 de diciembre

“Vestida de sol, sus pies la luna, y corona de doce estrellas en la cabeza”, visión celeste del Apocalipis, toda hermosa eres, Virgen inmaculada, tú que pisas a la serpiente maldita, fuerte con la fuerza de la cruz, hacia ti tendemos nuestras manos suplicantes.

“Tota pulchre es!” ¡Toda hermosa eres, María, no hay en ti mancha de pecado original!” Este grito de admiración con que comienza el oficio de la Inmaculada Concepción responde muy bien al sentimiento de la humanidad, que lleva en sí la mancha del pecado, ante la pureza inmaculada de la Santísima Virgen.

Habiendo decretado desde toda la eternidad hacer de María la Madre del Verbo encarbado (epístola), la vistió Dios con vestiduras de santidad (introito) e hizo de su alma morada digna de su Hijo (colecta). La redención total que desde su concepción preservó a la Santísima Virgen incluso del pecado original, no debe separarse de nuestra propia redención por Cristo. Colocad en el corazón del Adviento, la fiesta de la Inmaculada Concepción anuncia los esplendores de la encarnación redentora.

Su fiesta actual, instituida pos Pío IX con motivo de la proclamación del dogma, el 8 de diciembre de 1854, tenía ya sus precedentes. Desde el siglo VIII se celebraba en Oriente una fiesta de la “Concepción” de la Virgen, fiesta que volveremos a encontrar en el siglo IX en Irlanda y España, y en el siglo XI en Inglaterra. Estas fiestas antiguas son testigos de un culto tradicionl de la pureza inmaculada de la Virgen María. La solemne definición de Pío IX no hizo mas que precisar su sentido y afirmar la fe constante de la Iglesia.

Extraído del Misal diario.

Inmaculada Concepción


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