Posteado por: Alejandro Villarreal | Jueves, octubre 30, 2008

Novedades en B. y T. al 30 de Oct 08

Ya disponible en la sección Biblioteca Virtual el libro “La Túnica Rasgada” de Tito Casini, 1967. Con prólogo de S. E. Antonio Cardenal Bacci, que transcribo a continuación, el libro está en formato Power Point, tiene índice dinámico para facilitar su revisión.

Antonio Cardenal Bacci
Ciudad Vaticana, 23 de febrero 1967.

Se me ha pedido escribir un breve prólogo a este pequeño libro de Tito Casini. No puedo, ni quiero negarme a hacerlo. Por el contrario lo escribiré con sumo gusto, aunque no sin alguna reserva.

Considero a Tito Casini, a quien conozco desde la infancia, uno de los primeros escritores católicos en Italia. Su estilo fresco, franco y cáustico, es como una ráfaga de aire puro de la montaña, que uno respira en su amada Florencia – suya y mía. Casini es un cristiano de una pieza y bien puede decir con el antiguo escritor: “Christianus mihi nomen, Catholicus cognomen” Soy, por nombre, cristiano y me apellido católico”. Y si lo que él ha escrito en este libro puede, tal vez, parecer a alguno muy poco reverente, todos estamos obligados a admitir que su escrito fue dictado solamente por su amor apasionado por la Iglesia y por su decoro litúrgico. De todos modos, puede y debe afirmarse que lo que Casini dice en este pequeño volumen nunca va en contra  de lo que fue establecido en la Constitución Litúrgica del Concilio Vaticano II. Lo que él impugna es una aplicación desviada de esta Constitución, que ciertos frenéticos y fanáticos innovadores han estado buscando imponer a toda costa en la práctica. Y está por encima de todas las palabras lo que algunos están haciendo en este programa resbaloso con sus así llamadas “Cenas Eucarísticas”, sus misas “ye-yé” y otras abominaciones parecidas.

Yo estoy muy contento, lo repito, de escribir este prólogo, porque pienso en aquellas páginas, todavía más ardientes y denodadas, que puso Dios en la mente y en la pluma de Santa Catalina de Siena y que pueden servir para ratificar ciertas ideas y para prestar un buen servicio a la causa de la Iglesia.

Tengo confianza entre tanto, en que las personas, que se sientan mencionadas, perdonarán con buena voluntad al autor ciertas expresiones, que pueden aparecer poco respetuosas con relación a ellas, reflexionando que no fueron escritas con la intención de ofender a nadie en lo más mínimo, sino por una mente y corazón exasperados por algunas de esas innovaciones, que parecen y son verdaderas profanaciones.

Todos nosotros, por esta razón, podemos siempre aprender algo nuevo – aún desde el punto de vista de los laicos – y especialmente tales laicos, como Tito Casini, que es un modelo de católicos.

Y aquí debo yo recordar al lector que se ha establecido una federación internacional para la conservación del latín y del canto greoriano en la liturgia católica. Esta federación cuenta ahora como miembros a numerosas personas de todas las clases sociales, en catorce naciones, y tiene su organismo central en Zurich, Suiza. La organización publica además una revista titulada “UNA VOCE”, el latín, la única lengua de la Iglesia, cuyas palabras son casi idénticas en italiano y muy parecidas en otras lenguas, que del latín se derivan. El italiano es csi un dialecto del latín, y el latín de la liturgia, que es heredero del “Sermo Rusticus”, el lenguaje rústico del pueblo, con facilidad puede ser entendido por la mayor paret de las personas que forman el pueblo; tal vez mejor entendido que algunas de estas versiones vernáculas, a las que con justicia podríamos llamar traducciones bárbaras. Si no se puede decir lo mismo de los pueblos no latinos, la mayoría de los católicos de origen no latino, en todas las partes del mundo, pueden, con relativa facilidad, entender, a lo menos, lo suficiente del sentido general, para darse cuenta de la ventaja del latín sobre los textos vernáculos, que son más bien una traición de la verdad y de las palabras y frases originales, que una verdadera traducción. En el Boletín de enero de este año “Una Voce” (italiana) expresó lo que creía un deber, al denunciar la vernaculización actual de la liturgia como un atentado, que no estaba “en manera alguna en armonía con lo que le Concilio esperaba”. La Constitución sobre la liturgia, en el artículo 36 esablece, como un principio general, que el latín será conservado en lso Ritos Sagrados, mientras que solamente se concede el uso de las lenguas vernáculas en las Lecciones y ciertas determinadas partes de la Misa, con tal de que esto sirvaa una mejor inteligencia del pueblo. Pero, el uso total e indicriminado de las lenguas comunes, como se practica en muchas partes de Italia y en otros muchos países, no solamente es contrario al Concilio, sino que causa también un intenso sufrimiento espiritual para una gran multitud de personas.

Por lo tanto, yo pienso que la petición enviada por la Confederación Internacional “UNA VOCE” de salvaguardar el latín y la música sacra en la liturgia católica, a la Conferencia NAcional del Episcopado Italiano, merece una cuidadosa y favorable consideración. Porque de continuar con la celebración de la Misa y demás ritos sagrados, en un mal italiano y en otas lenguas nacionales o en esperanto, el latín, la lengua de la Iglesia, corre el epligro de ser totalmente destruido, como un peligroso animal.

Parece, pues, oportuno que, a lo menos en las iglesias catedrales, en los Santuarios y centros turísticos y en todas partes donde haya suficientes sacerdotes, se celebra algunas misas en latín, en tiempos establecidos, para satisfacer las justas demandas de todos aquellos, cualquiera sea su nacionalidad, que prefieren el latín a las lenguas vernáculas, y el canto gregoriano a esos vulgares y poco inspiradores cánticos populares, que pretenden imponerse hoy en día, con poco beneficio ciertamente para el decoro del culto católico.

Antonio Cardenal Bacci
Ciudad Vaticana, 23 de febrero 1967.

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