Posteado por: B&T | Sábado, octubre 25, 2008

Fiesta de Cristo Rey

Último domingo de octubre

Al instituir la fiesta de Cristo rey, Pío XI no ha pretendido sino proclamar solemnemente la realeza social de nuestro Señor Jesucristo sobre el mundo. Rey de las almas y de las conciencias, de las inteligencias de las voluntades, Cristo lo es también de las familias y de las ciudades, de los pueblos y de las naciones; en una palabra, Rey de todo el universo. Como lo ha demostrado Pío XI en su encíclica Quas primas, del 11 de diciembre de 1925, el laicismo es la negación radical de esta realeza de Cristo: al organizar la vida social como si Dios no existiese, engendra la apostasía de las masas y conduce a la ruina de la sociedad.

Toda la misa y el oficio de la fiesta de Cristo rey son una proclamación solemne de la realeza universal de Cristo contra el laicismo de nuestro tiempo. La misa comienza con una de las visiones más hermosas del Apocalipsis, en que el Cordero de Dios, inmolado pero ya victorioso en la gloria, es aclamado por la muchedumbre innumerable de los ángeles y de los santos. Señalado para el último domingo de octubre, hacia el final del ciclo litúrgico y justamente en vísperas de la fiesta de Todos los santos, la fiesta de Cristo rey se presenta como el coronamiento de todos los misterios de Cristo y como la anticipación, en el tiempo, de la realeza eterna que ejerce sobre todos los elegidos en la gloria del cielo. La gran realidad el cristianismo es Cristo resucitado reinando con todo el esplendor de su victoria en medio de los elegidos, que son su conquista.

La fiesta de Cristo rey es una fiesta del Señor: en la misa, se omite la conmemoración del domingo.

En todas las iglesias se lee en este día el acto de consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús.

El Papa Pío XI, al instituir la fiesta de Cristo Rey, se digno justificar la oportunidad de la fecha de su celebración con estas palabras: “Nos pareció también muy oportuna esta celebración en el último domingo del mes de octubre, en el cual se cierra casi el año litúrgico, pues así sucederá que los misterios de la vida de Cristo conmemorados en el curso del año, terminen y reciban coronamiento de esta solemnidad de Cristo Rey; y antes de celebrar la gloria de todos los santos, se celebrará y se exaltará la de aquel que triunfa en todos los santos y elegidos.” (Encíclica Quas primas, 11 de diciembre de 1925).

Extraído del Misal diario.


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