El Milagro de la Resurrección de Jesucristo

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Título: EL Milagro de la Resurrección de Jesucristo
Autor: Rev. Padre P. A. Hillaire
Extraído de su obra ‘La Religión Demostrada‘, Cuarta Verdad, capítulo III, sección III.

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Contenido

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¿Cuál es el milagro más grande de nuestro Señor Jesucristo?

R. El milagro más grande de nuestro Señor Jesucristo es el de su Resurrección. Él la había anunciado como la prueba más evidente de su misión divina, y la realizó al tercer día después de su muerte.

Es cierto: 1) que Jesucristo murió el viernes por la tarde, y 2º que salió vivo del sepulcro el día de Pascua.

Esta Resurrección es un hecho innegable. Todo lo prueba: a) el testimonio de los Apóstoles; b) las confesiones implícitas de los jefes de la sinagoga; c) los milagros sin cuento obrados en nombre de Jesús resucitado; d) los monumentos públicos erigidos en memoria de la Resurrección; e) finalmente, la conversión del mundo a la religión cristiana.

Pero sólo Dios, Señor de la vida, puede quitarla o darla; luego Jesucristo es Dios, o por lo menos, el Enviado de Dios, y su religión es divina.

N. B. 1º La palabra Pascua, sacada del hebreo, significa paso. Jesucristo pasó de la muerte a la vida, y nos hace pasar de la muerte del pecado a la vida de la gracia.

2º Jesucristo presenta su Resurrección como la señal manifiesta de su misión divina. La generación mala y adúltera pide una señal; mas no le será dada otra señal que la de Jonás profeta. Porque así como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches[47]. Da, pues, el Salvador su Resurrección como resumen de todas las pruebas de su misión divina.

3º De hecho, el milagro de la Resurrección basta para probar la divinidad de la religión cristiana. Si Jesucristo se resucitó a sí mismo, señal cierta de que es Dios, dueño de la vida y de la muerte; si Dios le resucitó, su misión es divina, porque Dios la confirma con el más asombroso de los milagros.

La resurrección es un hecho que debe ser probado como los demás hechos históricos; por el testimonio. Es necesario, por consiguiente, establecer: 1) que Jesús estaba realmente muerto cuando fue colocado en el sepulcro; 2) que después se mostró realmente vivo.

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1) Jesucristo estaba realmente muerto. 1º San Juan, testigo ocular, lo afirma. 2º Los prolongados y atroces tormentos sufridos por el Salvador antes de ser crucificado, y la crucifixión, no podían menos de hacerle morir. 3º Los soldados no le rompieron las piernas como a los otros condenados, porque ya estaba muerto. 4º La lanza que le atravesó el costado hubiera sido suficiente para quitarle el último aliento de vida. 5º Pilatos no concede a José de Arimatea el cuerpo de Jesús, sino después de la comprobación oficial de su muerte. 6º Por último, el odio de los judíos contra Jesús nos da una prueba cierta de que ellos debieron comprobar que Jesús estaba bien muerto, cuando cerraron y sellaron el sepulcro.

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2) Jesucristo, después se mostró vivo. El Salvador, se muestra vivo: 1º A María Magdalena. 2º A las santas mujeres que regresaban del sepulcro. 3º a Santiago y a San Pedro, príncipe de los apóstoles. 4º A los dos discípulos de Emaús, el día de pascua. 5º La noche del mismo día, a los Apóstoles reunidos en el Cenáculo estando ausente Tomás. 6º Ocho días más tarde, a los mismos Apóstoles, reunidos todos en el Cenáculo con Santo Tomás. 7º A los cinco Apóstoles y a dos discípulos en el lago Genezaret. 8º En Galilea, a más de quinientas personas reunidas en el Tabor. 9º A los Apóstoles reunidos en Jerusalén con muchos discípulos. Con ellos sube al monte de los Olivos, de donde se eleva al cielo en presencia de ciento veinte testigos. 10º Finalmente se muestra a Saulo en el camino de Damasco, y este ardiente perseguidor de la Iglesia se convierte en San Pablo, el Apóstol de las gentes.

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1º Los apóstoles y numerosos testigos vieron a Jesús vivo después de su muerte

Un hecho es absolutamente cierto cuando es afirmado por numerosos testigos que: a) no han podido engañarse; b) no han querido engañar, y c) no hubieran podido hacerlo. Tal es el hecho de la resurrección de Jesucristo.

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a) Los apóstoles no pudieron engañarse. Jesucristo se mostró, no una sola vez, sino muchas, y durante un período de cuarenta días. Se mostró a muchas personas: a sus once Apóstoles, a los discípulos y a más de quinientos fieles. Se mostró en pleno día, y en circunstancias muy diversas: en un huerto, en una calle, en el Cenáculo, a orillas de un lago, sobre los montes Tabor y de los Olivos. Admitir que en tales circunstancias todos los testigos de la resurrección se hayan engañado, sería admitir un fenómeno de ilusión imposible.

Finalmente, Jesucristo se mostró no a gentes crédulas, sino a gente desconfiada, tarda en creer… la cual califica de sueño la narración de las santas mujeres. .. Santo Tomás no quiere aceptar ni el testimonio de los demás Apóstoles; quiere ver con sus ojos, tocar con sus manos las llagas de Jesús … ¿cómo, pues, suponer error, ilusión, en testigos numerosos, de diferentes caracteres, y que se aseguraron del hecho con la triple evidencia de los ojos, de los oídos y de las manos?…

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b) Los apóstoles no quisieron engañar. No tenían ningún interés en ello. Lo único que podían esperar de su mentira eran terribles castigos: de parte de Dios, que castiga el crimen, las rigurosas penas reservadas por su justicia a la impostura; de parte de los judíos, asesinos de Jesús, una muerte inevitable y cruel. Además, estaban seguros de fracasar en su empresa ¿cómo hacer creer a sus contemporáneos un hecho tan extraordinario como la resurrección de un muerto, crucificado públicamente por orden de la autoridad religiosa y civil? Acometer tal empresa contra su interés personal era evidentemente una locura. Y sin embargo, los Apóstoles dieron su vida en confirmación de la Resurrección de Cristo.

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c) Los apóstoles no pudieron engañar. Para engañar era necesario, en primer lugar, secuestrar el cuerpo de Jesucristo. Pero para esto necesitaban sorprender a los guardias, violentarlos o corromperlos: tres cosas absolutamente imposibles para la timidez y pobreza de los Apóstoles. Y después, robar un cadáver no es resucitarlo. Estamos siempre en presencia de este hecho milagroso: Cristo muerto volvió a ser visto vivo. Los quinientos testigos que le vieron no podían ponerse de acuerdo para afirmar una mentira, estando como estaban diseminados por la Judea y Galilea. Si Jesucristo no hubiera resucitado, hubiera sido imposible a los Apóstoles convencer a los judíos y a los gentiles de que ellos le habían visto vivo.

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2º Testimonio de los enemigos de Jesús

Los miembros del Sanedrín estaban convencidos de la Resurrección de Cristo Jesús. Para negarla acudieron a la corrupción y a la mentira. Dieron a los guardias una suma de dinero para que hicieran correr la voz de que estando ellos dormidos, los discípulos de Jesús robaron el cadáver del Maestro. Pero si ellos no hubieran creído en la Resurrección de Cristo, su deber como su propio interés, estaba en castigar a los soldados por haber faltado a la disciplina militar, y en perseguir a los Apóstoles por haber roto los sellos de la autoridad ¿Por qué no iniciaron un sumario para establecer las responsabilidades y buscar el cuerpo desaparecido?… puesto que los miembros del Sanedrín se contentaron con sobornar a los soldados y trataron de echar tierra al asuntó, a precio de oro, como lo hicieron siempre, es evidente que no pudieron negar la resurrección de Jesucristo.

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3º Milagros obrados en nombre de Jesús resucitado.

Los apóstoles obraron milagros en nombre de Jesús resucitado: luego ellos decían la verdad, porque Dios no puede hacer milagros para confirmar el error o la impostura. Por eso un gran número de judíos, heridos por el brillo de estos milagros, se convirtieron a la predicación de los Apóstoles y adoraron como a Dios a aquel que habían poco antes crucificado. El día de Pentecostés, San Pedro predica a Jesús crucificado y resucitado, y tres mil judíos abrazan la religión de Jesucristo.

San Pedro sanó en la puerta del templo a un rengo conocido en toda Jerusalén. O predica, por segunda vez, y cinco mil judíos se convierten y creen en Cristo, Salvador de Israel[48].

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4º Monumentos públicos establecidos en memoria de la Resurrección.

Los Apóstoles dejaron dos recuerdos permanentes de la resurrección de su divino maestro: 1º la fiesta de la Pascua, celebrada por todos los cristianos del mundo: católicos, cismáticos y protestantes. 2º el día de fiesta trasladado del sábado al primer día de la semana, llamado desde entonces domingo, o día del Señor. La fiesta de la pascua y el traslado del sábado al domingo, establecidos por los Apóstoles, no tienen más razón de ser que la Resurrección de Jesucristo.

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5º La conversión del mundo a la religión cristiana

El incrédulo Strauss, halla que nada es tan imposible de creer como la resurrección de un muerto. Se engaña: hay algo más imposible, y es la transformación religiosa y moral del mundo por un crucificado, si este crucificado no ha resucitado. La tumba de un muerto no es el lugar donde podía echar raíces el árbol gigantesco del cristianismo.

¿Es, por ventura, admisible que algunos ilusos o algunos impostores hayan hecho creer la resurrección de Jesucristo a millares de millones de hombres, y que hayan fundado sobre este hecho la única religión digna de respeto y de amor?…, este sería un milagro más grande que el milagro mismo de la Resurrección, o más bien, un fenómeno tan extraño que se opone a todos los principios del buen sentido.

Debemos, pues, concluir que la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo es un hecho innegable, más brillante que el sol, y cuya certeza jamás podrán destruir los incrédulos ¿Qué nos queda por hacer? Caer a los pies de Jesús para decirle, con Santo Tomás: ¡Señor mío, y Dios mío!

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