Los Sueños de San Juan Bosco -121 al 159-

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Título: Los Sueños de San Juan Bosco
Extraídos de la Vida de San Juan Bosco -Memorias Biográficas en 19 volúmenes-.

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Contenido

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121. Apariciones de Luis Colle 1881 (MB. 15,80).

El 3 de abril de 1881 murió santamente el joven Luis Colle, cuando tenía sólo 17 años. Era hijo de dos personas amiguísimas de Don Bosco: el Conde Luis Colle y la señora María Sofía. Estos dos esposos fueron durante muchos años unos maravillosos bienhechores de nuestro Santo y de las obras salesianas. Don Bosco les escribió 75 cartas y los amaba como si fueran sus propios padres. Su primer encuentro fue de la siguiente manera:En febrero de 1881 estando nuestro Santo en Marsella llegó un párroco de la ciudad de Tolón a rogarles que fuera a esa ciudad a darle una bendición a un joven para que se curara de una grave enfermedad. El Santo le dijo que no podía ir, y no fue. Ocho días después volvió el párroco a rogarle que fuera a esa ciudad a bendecir al enfermo, y le contó lo buenos y Santos que eran aquellos esposos Colle. Don Bosco (quizás porque sabia que el joven no se iba a curar de esta enfermedad) le dijo que el no iba a una ciudad a curar un enfermo. Que organizaran allá una conferencia para cooperadores salesianos y que él después de dar esa conferencia pasaría a bendecir al enfermo. Y así lo hizo.

Cuando llegó a casa del enfermo, éste lo esperaba con gran fervor y alegría. Estaba en los últimos grados de una terrible tuberculosis. Don Bosco se dio cuenta de que este joven Luis Colle, era otro San Luis, y viendo que estaba bien preparado para irse al paraíso, se dedicó a prepararlo a bien morir. Se admiró de lo bien que aceptaba a tan temprana edad de 17 años el tener que morir, y de cómo no pedía en sus oraciones la salud sino que se cumpliera en él la santísima voluntad de Dios.

El joven Luis Colle, el 3 de abril, poco antes de morir, y después de haber comulgado dijo a sus papacitos y a sus familiares: – Me voy al paraíso. Así me lo ha dicho Don Bosco.

El recuerdo de un joven tan Santo le quedó a nuestro Santo muy grabado en su mente, y después escribió la biografía de tan virtuoso amigo.

Y Luis Colle se le apareció bastantes veces, como lo cuenta nuestro Santo en las cartas que les escribió a sus padres.

Oigamos como lo narra él: El mismo día 3 de abril, estando confesando, de pronto vi a Luis en un hermoso jardín, donde se divertía alegremente con algunos compañeros. Parecía estar completamente feliz. Con esto me convencí de que se encuentra ya en el paraíso.

El 27 de mayo, fiesta de la Ascensión, en un momento, durante la Santa Misa, vi a Luis rodeado de un mar de luz, con bellísimo aspecto, muy alegre, con vestidos brillantes y adornados con oro. Y le pregunté: – Querido Luis, ¿eres feliz? – Gozo de la más perfecta felicidad.

- ¿Y no te falta nada? – Solo me falta la presencia de mis padres.

- ¿Y qué les digo a tus padres? – Que brillen con la luz del buen ejemplo, y que se llenes de obras y de amigos para el Cielo.

Después, el 21 de junio, día de San Luis, volvía a ver por unos momentos a Luis Colle. Estaba resplandeciente como el sol y me dijo: – San Luis me ha colmado de favores y beneficios.

Luego el 25 de agosto, por unos momentos durante la Santa Misa vía a Luis resplandeciente en un bello jardín y cantaba con muchos de sus compañeros: “Oh Jesús, corno y premio de los que conservan la pureza, bendito seas”.

El rostro de Luis parecía bellísimo y él parecía totalmente contento.

El 4 de diciembre escribía Don Bosco a los papás de Colle: “He vuelto a ver a Luis, nuestro queridísimo amigo, rodeado de luz, vestido de una manera esplendorosa, tan hermoso que no es posible describirlo”.

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El Corazón de Jesús. Después lo vi sacando agua de una fuente, para enviar al mundo. Le pregunté qué significaba aquello y me respondió: – Se trata de obtener favores del Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, el cual es como una fuente inagotable de gracia, que cuantos más tesoros de misericordia se obtienen de Él, más y más dones le quedan para repartir.

Refiriéndose a las breves apariciones de Luis durante la Santa Misa, Don Bosco declaró: – Son muy cortas, porque si fueran más largas yo caería al suelo desmayado, por no poder resistir este encuentro con lo sobrenatural.

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Algo real y verdadero. Y a la mamá de Colle, el Santo le escribiendo diciendo: – He reflexionado seriamente acerca de estas apariciones y estoy convencido de que no es un engaño o una ilusión sino una auténtica realidad. Creo que Luis está gozando del paraíso. Y se me aparece para instruirme, y me ha enseñado verdades de ciencia y de teología que eran antes para mí completamente desconocidas.

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Diferencia entre lo natural y lo sobrenatural. Otra vez se me apareció Luis y mostrándome una rosa me dijo: – ¿Quieres saber qué diferencia hay entre lo natural y lo sobrenatural? Mire esta rosa. Obsérvela bien.

Y la rosa ordinaria se convirtió en una flor más brillante que un diamante refractando los rayos del sol.

Luego me señaló un monte muy feo, lleno de barro y de cuevas. Y de un momento a otro el monte se convirtió en una maravillosa montaña y en vez de barro se veían por todas partes piedras preciosas.

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En un banquete. Estando un día invitado a un lujoso banquete, en pleno almuerzo vi que se me aparecía Luis Colle y me decía: – Estos gastos son demasiados. Tantas comidas tan exquisitas y tantos lujos, y mientras tanto tanta gente muriéndose de hambre. Hay que combatir estos gastos exagerados en comidas y en lujos.

Mientras tanto los demás exclamaban: – ¿Don Bosco, Don Bosco, por qué no contesta? El Santo escribiendo a los papacitos de Luis para contarles sus apariciones les decía: – Estos favores de Dios son tan extraordinarios que aterran por la responsabilidad que se adquiere al recibirlos, pues tengo la obligación de corresponder a tantas gracias que el Señor me concede.

Noticias. El 4 de marzo mientras viajaba en el tren, vi aparecerse a Luis, el cual me comunicó datos y noticias acerca de la astronomía, que yo ignoraba. Después me señaló unas regiones de América del Sur a donde es muy necesario enviar misioneros. Luego añadió:- Es necesario que los jóvenes comulguen con frecuencia. Admitirlos pronto a la primera comunión. Dios quiere que se alimenten de la Sagrada Eucaristía. Y hacer que se vuelvan muy devotos del Sagrado Corazón de Jesús.

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El golfo y el mar. Y señalando un golfo que salía del mar añadió: – ¿Ves ese golfo que sale del mar? Las aguas del océano lo llenan continuamente y el mar no disminuye nunca. Así son los favores que se reciben del Corazón de Jesús: fácil recibirlos; basta pedirle con fe.

Más tarde, en el sueño 125 narraremos el famoso viaje en el cual Don Bosco acompañado por Luis Colle recorrió las futuras obras de su comunidad en América del Sur.

Al preguntarle al joven: – ¿Qué haces en el Cielo? Él respondió: – En el Cielo repito siempre: ¡Gloria a Dios!, ¡Gracias seas dadas a Dios! ¡Gracias y alabanzas a aquel que nos ha creado, y que es dueño de la vida y de la muerte! ¡Gracias y alabanzas a Dios! ¡Aleluya!, ¡Aleluya!, ¡Gloria a Dios para siempre. Aleluya!

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122. El sueño de los diamantes 1881 (MB. 15,166).

En el mes de septiembre de 1881 tuvo Don Bosco uno de sus sueños más importantes en el que se le presento el porvenir que le esperaba a su Congregación y el extraordinario crecimiento que ella iba a tener, y al mismo tiempo se le daban a conocer los peligros que amenazarían destruirla si no se procedía a luchar a tiempo para evitar estos peligros.

Las cosas que el Santo vio y oyó en este sueño le impresionaron de tal manera que no se contentó con narrarlo de viva voz sino que lo escribió. Y éstas son sus palabras: – La gracia del Espíritu Santo ilumine nuestros sentidos y nuestros corazones. Amén.

Lo siguiente es para enseñanza de la Comunidad Salesiana.

El 10 de septiembre de 1881, mientras dormía creí que me hallaba paseando por un gran salón cuando apareció un personaje de tan majestuoso aspecto que no podía fijar en él la mirada. Iba vestido de la siguiente manera:

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Primera parte:

Un rico manto le cubría el cuerpo. Sobre el manto llevaba una banda con este letrero: La Comunidad Salesiana tal como debe llegar a ser.

El manto del personaje tenía diez diamantes de tamaño y esplendor extraordinarios.

En el pecho llevaba tres diamantes: el uno se llamaba FE. El otro ESPERANZA. Y el que estaba sobre el corazón tenía por título: CARIDAD.

En el hombro derecho llevaba un diamante que se llamaba TRABAJO, y en el hombro izquierdo otro que se llamaba TEMPLANZA.

En la espalda el manto tenía también cinco diamantes.

Arriba tres: el del centro tenía escrito: OBEDIENCIA y era el más grande y el más brillante de los cinco. Junto al hombro derecho había un diamante que se llamaba VOTO DE POBREZA, y junto al hombro izquierdo otro que se llamaba: VOTO DE CASTIDAD.

Debajo de estos dos últimos había otros dos: el de la derecha tenía por título PREMIO y el de la izquierda MORTIFICACIÓN.

Desde el diamante de la FE salían estas frases de la Sagrada Escritura: “Ármense con el escudo de la fe para que puedan resistir a los ataques de los enemigos del alma” (Efesios 6,16). “La fe sin buenas obras es una fe muerta” (Apóstol Santiago). No son los que oyen el buen mensaje sino los que lo cumplen, los que van a poseer el Reino de Dios” (ib).

Desde el diamante llamado CARIDAD salían unos rayos de luz con las siguientes frases: “Que cada uno ayude a los otros a llegar sus propias cargas, y así se cumplirá la ley de Cristo” (San Pablo Gal. 6,2). Amad y seréis amados. Pero antes que todo hay que amar la propia alma y el alma de los demás. Que se celebre muy devotamente la Santa Misa. Que se recen con fervor los Salmos. Que cada cual visite frecuentemente a Jesús Sacramentado en el Templo.

Desde el diamante del TRABAJO salían unos rayos con las siguientes frases: “Este es un buen remedio para dominar las pasiones y la concupiscencia”. Es un arma poderosa contra los ataques del diablo.

En el diamante de la TEMPLANZA las frases eran: “Si quitas el combustible se apagará la flama. Haz un pacto con tus ojos para no ver lo que no te conviene. Y un pacto con la gula para no comer ni beber más de lo debido. Haz un pacto con el sueño para no dejarte vencer por la pereza. Las bebidas alcohólicas y la pureza no pueden vivir juntas”.

Esta es la frase que salía del diamante de la OBEDIENCIA: “Este es el fundamento en el cual se basan el edificio espiritual y la santidad”.

Del diamante de la POBREZA salían estas frases: “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Las riquezas son espinas. La pobreza no consiste en palabras sino vivir pobremente, y ella nos abrirá el Reino de los Cielos y entraremos en él.

Desde el diamante de la CASTIDAD salían unos rayos luminosos con las siguientes palabras: “Todos los bienes me vinieron juntamente con ella”. “Dichosos los puros de corazón porque ellos verán a Dios”.

El diamante llamado PREMIO tenía estos letreros: “Si te atraen los grandes premios que te esperan, que no te asusten los muchos trabajos que tienes que hacer”. Pasajero es lo que sufrimos en la tierra. Eterno es lo que nos hará gozar en el Cielo.

En el diamante llamado MORTIFICACIÓN había escritas frases: “Esta es un arma potentísima contra los ataques del demonio. Es una defensa para todas las virtudes”. “Ciertos espíritus inmundos no se alejan sino con la oración y la mortificación”. (Madre Celestial 9.29).

En las orillas del manto había también unas frases: por ejemplo: “Que estás virtudes sean tema de predicación muy frecuentemente. Quien desprecia las pequeñas cosas, poco a poco caerá”.

Y una voz añadió: La caridad lo comprende todo, lo excusa todo, lo espera todo, lo soporta todo (1 Cor 13,7). Prediquemos esto siempre con la palabra y con los hechos.

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Segunda parte:

Entonces desapareció la luz y nos rodearon las tinieblas. Nos arrodillamos y rezamos el himno: “Ven Creador Espíritu” y rezamos el Salmo 129: “Desde lo hondo clamo a Ti Señor” y rezamos la jaculatoria: “María Auxiliadora, rogad por nosotros”.

Y apareció un letrero que decía: La Congregación Salesiana como tiene el peligro de llegar a ser.

Entonces volvió a aparecer el personaje pero con aspecto triste y como quien está a punto de comenzar a llorar. El manto, antes tan hermoso ahora estaba desteñido y destrozado. En el sitio donde antes había estado cada diamante, había ahora un gran roto, y la polilla destruyendo la tela.

Donde antes decía: “FE”, ahora decía: “SUEÑO Y PEREZA”.

Donde antes decía: “ESPERANZA”, ahora se leía: BURLA Y DESPRECIO.

En el sitio donde antiguamente estaba escrito: CARIDAD, se veían ahora estás palabras: NEGLIGENCIA EN LA ORACIÓN. BUSCAN SUS PROPIOS INTERESES Y NO LOS INTERESES DE JESUCRISTO.

En vez de TEMPLANZA, se leían ahora: GULA: SU DIOS ES SU VIENTRE.

Donde antes se leía TRABAJO, ahora se leía: SUEÑO, PERDER EL TIEMPO, QUITAR LO AJENO.

En el sitio donde antes había el diamante llamado OBEDIENCIA, ahora solamente había un gran rasgón.

El en vez del diamante llamado CASTIDAD ahora había un letrero con estas palabras: CONCUPISCENCIA, EXCESO DE LOS OJOS, SOBERBIA DE LA VIDA.

El diamante de la POBREZA había sido reemplazado por estas palabras: PEREZA EN EL LECHO, EXCESO EN BEBER Y COMER, LUJO EN LOS VESTIDOS, AMONTONAR DINERO.

Donde antes se leía PREMIO, ahora estaba escrito: NUESTRA RECOMPENSA SERÁN SOLAMENTE LAS COSAS DE LAS TIERRAS.

En el sitio donde había estado la palabra MORTIFICACIÓN, ahora no había nada, solo un gran rasgón.

Al ver esto el Padre Lasagna cayó desmayado y el Padre Cagliero se puso muy pálido y exclamo: – ¿Posible que hayamos llegado a un extremo tan espantoso? En ese momento se apareció un jovencito vestido de túnica blanca bordada con plata y oro y nos dijo: – Siervos e instrumentos de Dios Omnipotente: lo que acaban de ver y oír es un aviso del Cielo para meditarlo y para enseñarlo a los demás. Que se hable mucho de esto en la predicación. No se cansen de predicar acerca de estos temas, pero que su predicación vaya acompañada de la luz de su buen ejemplo de vida. Que la meditación sea muchas veces acerca de lo importante que es cumplir los Reglamentos y los propios deberes de cada uno. Si así se hace, no faltara auxilio del Todopoderoso, y la comunidad será la admiración del mundo y de los ángeles, y la gloria de la comunidad será la gloria de Dios. Y se repetirán aquellas frases del Salmo: “Es el Señor el que ha hecho esto y estamos alegres. No a nosotros Señor, no a nosotros sino a tu nombre sea dada la Gloria”.

Hay que ser prudentes en la aceptación de los novicios: ponerles pruebas fuertes; sólo aceptar a los buenos. Despedir a los inconstantes, ligeros y volubles.

Al oír estás palabras me desperté e inmediatamente me levanté y escribí todos estos mensajes para que no se me fueran a olvidar. Y quedé convencido de que Nuestro Señor tiene una gran misericordia hacia nosotros y que nuestra comunidad es muy bendecida por el Cielo, pero que Dios quiere que le cooperemos debidamente. Los males que aparecieron en reemplazo de los diamantes nos amenazan y son peligrosos, pero los podremos alejar si se predica mucho acerca de esto y si cada uno se esfuerza por practicar lo contrario a cada vicio.

Nos esperan muchas espinas, pero también muchos consuelos y grandes triunfos. “Oh María Auxiliadora de los Cristianos, rogad por nosotros”. Ojalá que ninguno de nosotros se deje robar algunos de esos diamantes.

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123. El sueño de las castañas 1881 (MB. 15,318).

El año 1881 terminó con un regalo del Cielo a las religiosas Hijas de María Auxiliadora (Fundadas por nuestro Santo). Y consistió en un sueño aleccionador. Don Bosco lo narró así: Soñé que estaba recogiendo castañas, recogiendo frutas por el campo. Cuando ya tenía un canasto lleno de aquellas frutas se me apareció una mujer que me dijo: – ¿Sabe cuántas frutas hay en ese canasto? – No lo sé, ¿cuántas habrá? – Hay más de quinientas.

- ¿Y qué significa ese número? – Que las religiosas de María Auxiliadora tendrán más de 500 casas en el mundo.

Luego escuché la voz de hombres furiosos que gritaban como borrachos y trataban de atacarnos (quizás sean los que se oponen a la vocación de las que quieren entrar de religiosas).

Luego la mujer me dijo: – Mire, hay algunas frutas que parecen por fuera hermosas y sanas, pero por dentro están dañadas y llenas de gusanos.

- ¿Y qué debemos hacer con ellas? – Apartarlas de las otras porque pueden echar a perder a las que están sanas. Y así hay que hacer con las que aspiran a ser religiosas. Si son demasiado orgullosas o tienen otros vicios hay que alejarlas.

- ¿Y cómo saber cuáles son las frutas (o vocaciones) que están agusanadas y podridas oír dentro, si por fuera presentan tan buenas y engañadoras apariencias? – Ponerles fuertes pruebas. Exigirles severamente que cumplan exactamente los reglamentos de la comunidad. Esta es una prueba en la cual difícilmente se equivoca quien tenga buen espíritu de observación.

Y la mujer añadió: – Hay ciertas frutas que se conoce que están dañadas, porque al echarlas en agua flotan enseguida. Así algunas vocaciones: se conoce que son falsas porque no se quieren quedar abajo de las demás, sino que quieren sobresalir de alguna manera. Esas hay que alejarlas. Hay que tener cuidado porque algunas son dobles y aparentan todo lo contrario de lo que en realidad son.

Nota: Don Bosco les pasó estos mensajes a sus religiosas para que tuvieran en cuenta todas estas normas al aceptar nuevas postulantes en la Congregación.

El sueño le dijo que su comunidad de religiosas llegaría a tener más de 500 casas, y en ese tiempo no tenía todavía ni siquiera veinte. Ahora, gracias a Dios, la comunidad de las Hijas de María Auxiliadora tiene más de mil casas en 75 países. Dios sea bendito por ello.

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124. Mensaje del Padre Provera 1883 (MB. 16,22).

La noche del 17 de enero de 1883 soñé que me encontraba con el Padre Provera (un Santo salesiano muerto recientemente). Su rostro estaba tan hermosos y tan radiante de luz que difícilmente se podían fijar en él los ojos. Yo le pregunté: – ¿Te has salvado? ¿Y qué gozas en la otra vida?- Sí, me he salvado. Y gozo de todo cuanto un buen corazón pueda desear y todo cuanto una buena inteligencia pueda pensar. “Ni ojo vio ni oído oyó lo que Dios tiene reservado para los que lo aman”.

- ¿Y a mí me queda mucho tiempo todavía sobre la tierra? – No mucho. Es más bien poco. Pero tiene que hacer todavía muchas cosas. Trabaje con todos los esfuerzos posibles como si fuera a vivir para siempre aquí. Pero esté preparado, porque a la hora menos pensada…

- ¿Y a mis religiosos qué les debo decir? – Recomiéndeles mucho el fervor, el entusiasmo por todo lo bueno.

- ¿Y qué hacer para conservar el fervor y el buen espíritu en la comunidad? – Hacer como hace el agricultor: podar, podar sin miedo. Toda rama seca e inútil que no produce buenos frutos hay que cortarla y echarla fuera. Así el resto del árbol adquiere fuerza y produce buenos frutos.

- ¿Y qué les digo a los que trabajan por salvar almas? – Dígales (añadió levantando la voz) que les está reservado un gran premio, pero que Dios les concede ese premio únicamente a los que perseveran con entusiasmo y dedicándose a servir a Nuestro Señor.

- ¿Y a los jóvenes, qué les debo recomendar? – Que trabajen mucho y que estén atentos para huir de las ocasiones de pecar.

- ¿Y algo más? – Que trabajen con ánimo y que nunca dejen de evitar las ocasiones de pecar.

- ¿Y para que estén seguros de conseguir la eterna salvación, qué les debo recomendar? – Que reciban frecuentemente y con fervor la Sagrada Comunión, que asistan con frecuencia a la Santa Misa y que haga serios propósitos en la confesión y se esfuercen por cumplirlos.

- ¿Y a qué debemos dedicarnos especialmente los que estamos en este mundo? El Padre Loera se volvió en ese momento muchísimo más resplandeciente y dijo: – Que todos cumplan lo que recomienda el Salmo 116.

Y un coro bellísimo de miles y millones de voces entonó el Salmo diciendo: – “Alabad al Señor todas las naciones. Aclamadlo todos los pueblos. Porque es muy grande su misericordia con nosotros y su fidelidad es eterna y dura para siempre”.

Y al oír un fortísimo: Amén, me desperté. Eran las dos de la madrugada.

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125. Viaje a través de América del Sur 1883 (MB. 16,324).

El 4 de septiembre de 1883 Don Bosco narró un sueño que es una dramática representación de lo que esperaba a los discípulos del Santo en América del Sur. Anuncia un porvenir de una grandiosidad épica y viene a contradecir a los que andaban diciendo que la obra de Don Bosco era un simple obra de hombres que se acabaría cuando él se muriera. Lo narró así: El 29 de agosto, soñé que estaba viajando a grandísima velocidad, y oí a unos señores desconocidos que hablaban de temas muy interesantes. Uno dijo:- Lástima que Europa siendo un continente católico no se preocupe más por enviar misioneros a evangelizar a los territorios de misión. Lástima que son pocos los que quieren ir a misionar a esas gentes que también fueron redimidas por el Hijo de Dios, por Cristo Jesús.

Y otro añadió: – Que enorme cantidad de gentes están todavía sin conocer la verdadera religión, y eso solamente en América del Sur. Los geógrafos de nuestro tiempo se imaginan que las Cordilleras de los Andes son unas simples montañas muy altas. Pero ellas tienen muchos valles e inmensas selvas, bosques, animales y piedras preciosas que poco se encuentran en otras partes. En los Andes hay mucho carbón, petróleo, hierro, cobre, plata y oro, escondidos en grandes minas entre esas montañas. Allí los colocó la mano del Creador para beneficio de los seres humanos. ¡Oh Cordilleras de los Andes: que riquezas tan grandes poseen y tienen escondidas! El guía. Entonces se me apareció un joven de unos dieciséis años, de hermosísima presencia y rodeado de una gran luz y acompañado de muchos jóvenes más, muy brillantes. Logre reconocer que era el joven Luis Colle que había muerto recientemente. Él me presentó a sus acompañantes y me dijo: – Estos son amigos de los salesianos y de sus obras.

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El viaje aéreo. Luego vi que llegábamos a la ciudad de Cartagena, Colombia; y que desde allí emprendíamos un viaje en un tren que volaba por los aires, y recorrimos toda América del Sur. Allí aprendí cosas hermosísimas acerca la fauna, la flora y la topografía de todas esas inmensas regiones.

Desde la ventanilla del tren que volaba por los aires vi desfilar bosques, montañas, llanuras, ríos inmensamente largos que yo no había imaginado que fueran a desembocar tan enormemente lejos del sitio donde nacieron. Miles y miles de kilómetros de selva virgen que está sin explorar. Allí vi las cordilleras de Colombia, Venezuela, Guayana, Brasil y Bolivia.

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El interior de los montes. Y logré ver lo que hay debajo de las montañas: riquezas inmensas que un día serán descubiertas.

Muchas minas de metales preciosos. Minas grandísimas de carbón; depósitos de petróleo tan ricos y abundantes como hasta ahora no se han encontrado en otras partes.

Y una voz me dijo: – Cuando se exploten las riquezas que están escondidas en estás montañas, estás tierras serán tan ricas como la Tierra Prometida que brotaba leche y miel. Tendrán una riqueza incalculable.

Llegamos a La Paz, Bolivia. Luego pasamos al Uruguay. Yo creía que el río Uruguay era pequeño pero vi que es un río Muy caudaloso. De allí pasamos a la provincia de Mendoza en la Argentina. Enseguida viajamos hacia las pampas y la Patagonia. Por todas partes de este país se veía que la civilización avanzaba rápidamente. Por fin llegamos al Estrecho de Magallanes en el extremo sur de América. Mi amigo me mostró cantidades grandes de carbón y de madera que en el futuro serán explotados.

Con los salesianos. Bajamos en Punta Arenas y me dirigí hacia el Colegio Salesiano. Pero allí nadie me conocía y yo no conocía tampoco a nadie. Todos me contemplaban maravillados como si fuese una persona desconocida. Yo les decía: – ¿Pero no me conocen? Yo soy Don Bosco.

- ¿Oh Don Bosco? Nosotros lo hemos oído nombrar mucho y lo hemos visto en fotografías. Pero en persona no lo habíamos conocido.

- Y el Padre Fagnano, y el Padre Lasagna y el Padre Costamagna, y el Padre Milanesio que fueron los que fundaron estas misiones, ¿dónde están? – Nosotros no los hemos conocido. Nos han hablado de ellos, pero ya hace muchos años que se murieron.

Y logre contemplar el progreso maravillo que la religión Católica va a tener en aquellas regiones en el futuro y le di gracias a Dios por todo ello, especialmente por valerse de los salesianos para hacer tanto bien en esas tierras.

Subimos otra vez al tren que volaba por los aires y al pasar sobre la Patagonia, me di cuenta de que ese territorio es mucho menos ancho de lo que los geógrafos han imaginado hasta ahora.

Al pasar sobre una selva vimos a un grupo de salvajes que mataban a un prisionero de raza blanca y lo cocinaban y se lo comían. Vimos también muchísimos animales feroces en aquellas selvas que rodeaban a ríos interminablemente largos.

Y Luis Colle me dijo: – En todas estás regiones estarán los salesianos, amansando gente muy fiera.

Después me mostró un mapa muy exacto de todas las regiones de América del Sur, señalándome con grados y datos precisos todos aquellos sitios visitados, y anunciándome que por allí estarán trabajando los socios de nuestra comunidad (y sigue una descripción muy detallada de todos los sitios con sus grados de latitud).

Enseguida oí el sonar de una campana y… me desperté.

Explicación: Don Bosco añadió: “Con la amabilidad y la bondad de San Francisco de Sales lograremos hacer mucho bien en todas aquellas regiones de América del Sur”.

Escribiendo a los papás de Luis les decía: “Lo que vimos y recorrimos en el sueño se va cumpliendo cada vez más. Esto se está convirtiendo ahora en punto central de las obras que emprendemos”.

Y hablando con sus salesianos les decía: “Cuando se lleguen a conocer las riquezas minerales que hay en América del Sur, estos territorios tendrán un desarrollo comercial inmenso. Allí hay muchas minas de metales muy valiosos”.

En este sueño Don Bosco aprendió muchos datos geográficos de Sudamérica que él no había podido aprender ni en libros, ni consultando expertos.

En el sur de Argentina, en Comodoro Rivadavia, Don Bosco vio en el sueño grandes yacimientos de petróleo. Eso fue en 1883. pues bien, en 1910, estando los empleados del gobierno cavando pozos en busca de agua potable encontraron petróleo allí y ya hay novecientos pozos petrolíferos en esa región.

Don Bosco hablo de granes yacimientos de petróleo en estos países, y bastantes años después vinieron a descubrirse muchos y muy grandes pozos de petróleo en Venezuela y en Colombia.

Vio también en este sueño grandes minas de carbón. Basta recordar las inmensas minas de carbón descubiertas en el Cerrejón en Colombia a finales del siglo XX. Cien años después del sueño.

En este sueño el Santo anotó muchos datos geográficos muy precisos, y unos 40 años después el sabio geógrafo De Agostini que recorrió todas aquellas tierras escribió un libro comprobando que todo lo que el Santo vio en su sueño estaba completamente de acuerdo con la realidad. Sin duda que aquí intervino un poder que sobrepasa los limites humanos, porque muchísimos datos que logró saber durante el viaje aéreo no los conocían los sabios de su tiempo.

En cada uno de los sitios donde su “tren que volaba” se detuvo, allí hay ahora alguna Casa Salesiana.

Con razón, la Sociedad Geográfica de Francia le concedió una condecoración por todos estos datos.

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126. El nicho en San Pedro en el Vaticano (MB. 17,20).

Soñé que me encontraba en la Basílica de San Pedro en Roma, dentro de un nicho allá a gran altura, debajo de una cornisa y más arriba del sitio donde está la famosa estatua de San Pedro y por encima del retrato del Papa Pío IX.

No sabia como había ido a parar allá y no encontraba cómo bajarme de semejante altura. Miré a mi alrededor para ver si había modo de bajarme, pero no vi nada que me ayudara. Llamé, grité, pero nadie respondió. Por fin, lleno de susto y de angustia… me desperté.

Explicación: Si en aquel tiempo alguno hubiera dicho que esto era una profecía, un anuncia del futuro, la gente se habría reído. Pero 50 años después, el Papa Pío XI ordenó al gran escultor Canónica que hiciera una imagen de Don Bosco y la mandó colocar allí precisamente en ese nicho, encima de donde está la estatua de San Pedro y un poco más arriba del mosaico que contiene el retrato del Papa Pío IX. Y allá está Don Bosco, subido sin que él haya sabido cómo.

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127. La madre del Padre Rúa 1884 En una carta a su vicario, el Padre Rúa, Don Bosco le escribió: Anoche 20 de enero vi en sueños que tu mamá entraba a mi habitación y se ponía a revisas el armario donde está mi ropa y que al verla llena de polilla me dijo: “Hay que decirle al ropero Casinos que no hay que dejar que la ropa se dañe así, porque cuesta mucho dinero”.

Nota: La mamá del Padre Rúa reemplazo en el Oratorio a mamá Margarita cuando ésta murió, y atendió por varios años a los salesianos y a los alumnos con el esmero de una madre cariñosa. Casinis era ropero en ese entonces y después fue sacerdote y misionero en América.

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128. San Pedro y San Pablo 1884 (MB. 17,33).

El 13 de febrero vi en un sueño lo siguiente: Me pareció que se me aparecía San Pedro y San Pablo. Me sonreían amablemente. De pronto San Pedro me preguntó: – ¿Y la vida de San Pedro, cuándo la va a publicar? Y San Pablo añadió: – ¿Y la vida de San Pablo, por qué no la publica? Y en efecto yo había tenido el proyecto de publicar la vida de estos dos Apóstoles pero después se me había olvidado.

Le pedí excusas humildemente y San Pablo me advirtió: – Si no lo hace pronto, después ya no habrá tiempo.

Luego vi que San Pedro se ponía a orar diciendo: – Gloria a Dios Padre Creador, Gloria Dios Hijo Redentor. Gloria a Dios Espíritu Santo Santificador. Al solo Dios sea Gloria y Alabanza por los siglos de los siglos. Y a Ti oh María, los cielos y la tierra te aclamen como Reina, ¡María!..

¡María!.. ¡María”…

Y pronunciaba este nombre haciendo pausas entre una y otra exclamación con una expresión de afecto y veneración que a todos llamaba la atención.

Apenas San Pedro termino de orar, empezó San Pablo a decir:- ¡Oh profundidad de los proyectos divinos! Gran Dios: tus secretos son inaccesibles a los mortales. Solamente en el Cielo podrán los seres humanos conocer un poco de los misterios de Dios. A Ti oh Dios, Uno y Trino, a Ti el honor y la acción de gracias desde todos los puntos del universo. Oh María: que tu nombre sea alabado y bendecido por todos. Los cielos canten tu gloria y que sobre la tierra seas siempre Tú, el auxilio de los cristianos. Reina de todos los Santos. Aleluya. Aleluya.

Al oír cantar con tanto entusiasmo estas palabras sentí una emoción tan grande que me puse a llorar y… me desperté.

Nota: Este sueño lo tuvo Don Bosco después de una gravísima enfermedad en la que estuvo a punto de morir. En aquellos días el Padre Barberis les dijo a los jóvenes salesianos: – Solamente si alguien ofrece un acto heroico se lograra conservar la vida de Don Bosco.

Y entonces el clérigo Gamerro ofreció su vida a Dios con tal de que Don Bosco no se muriera todavía. Y a los dos días este joven que gozaba de perfecta salud sufrió un ataque y murió. Antes de morir contó que la Virgen Santísima había venido a anunciarle que lo llevaría al Cielo. Dios aceptó este cambio y se llevó al clérigo y conservó la vida al Santo Fundador.

Cuando Don Bosco supo esta noticia exclamó: – Era a mí al que le tocaba irse ahora para la eternidad. Pero Nuestro Señor ha dispuesto llevarse primero al Cielo al joven Gamerro.

En Santo vivió todavía 4 años más y en estos años realizó obras prodigiosas.

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129. Una predicación y una misa 1884 (MB. 17,41).

Soñé que me encontraba con un grupo de gente que me invitaba a predicarles y que entré a un Templo y les hice un sermón acerca de lo peligroso que es tener malas costumbres. Y les conté cómo el diluvio universal fue un castigo porque la gente se había vuelto muy impura, y cómo la destrucción de Sodoma y Gomorra por una lluvia de fuego se debió a que tenían costumbres muy malas.

Luego me pidieron que les celebrar la misa pero no encontré ni cáliz, ni hostia, ni sacristán y entonces… me desperté.

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130. La famosa “Carta desde Roma” 1884 (MB. 17,100).

En mayo de 1884 Don Bosco envió una carta desde Roma a sus salesianos y alumnos en la cual les narraba un importantísimo sueño que había tenido. Esta carta tuvo un gran efecto en los discípulos del Santo. El Padre Miguel Rúa la leyó a todo el personal del Oratorio, reunido expresamente para escucharla. Como allí Don Bosco decía que había visto el estado de la conciencia de muchos de sus discípulos, al regresar él de Roma, fueron muchos los que se le acercaron a preguntarle en qué estado los había visto en su sueño. La carta dice así: Amadísimos hijos en Jesucristo: Mi gran deseo es que todos logren ser felices en esta vida y conseguir la felicidad para la eternidad. Para ello les narró un sueño que tuve hace poco tiempo.

Se me apareció un antiguo alumno que ya murió. Él me dijo: – ¿Don Bosco me conoce? – Claro que sí, tú eres Valfré, un alumno de nuestro Oratorio hace unos 14 años.

- Don Bosco, ¿quiere ver cómo era la vida en su colegio en aquellos tiempos de 1870? – Sí, sí, hazme ver cómo era, porque esto me proporcionará mucha alegría.

Entonces Valfré me hizo ver a los alumnos de aquellos antiguos tiempos. Me parecía estar en el antiguo Oratorio en las horas de recreo. ¡Que movimiento, qué alegría! Unos corrían, otros saltaban. Algunos estaban en competencias muy emocionantes de deportes. En un sitio había un grupo de jóvenes alumnos pendientes de los labios de un sacerdote que les narraba una historia. Más allá estaba un clérigo jugando un emocionante partido con un grupo de muchachos. Se cantaba, se reía por todas partes.

Había por doquier sacerdotes y clérigos mezclados con los alumnos, los cuales gritaban y hacían bullicio alegremente. Yo estaba encantado al ver todo aquello, y Valfré me dijo: – Mire: la familiaridad, la sana confianza, produce cariño y el cariño abre los corazones y así los alumnos se manifiestan sinceramente a los asistentes y superiores. Y aceptan con facilidad lo que se les quiera mandar, porque se dan cuenta de que los superiores los aman.

Enseguida se acercó a mí otro antiguo alumno, José Buzzetti, con la barba completamente blanca y me dijo: – Don Bosco, ¿quiere ver ahora cómo son los alumnos que están actualmente en su colegio? – Sí, sí, pues hace un mes que no los veo.

Y me presentó el patio del colegio. Allí estaban los alumnos en recreo. Pero ahora ya no se oían los gritos de alegría ni las canciones, ni se veía el movimiento de otros tiempos.

En los ademanes y gestos, y en el rostro de algunos jóvenes se notaba un desgano, una tristeza, una desconfianza que llenaba de angustia mi corazón. Es verdad que vi a muchos que jugaban, que corrían, que se movían con placentera despreocupación. Pero otros, y eran bastantes, estaban apoyados en las columnas, como si estuvieran llenos de pensamientos desalentadores. Otros se quedaban en las escaleras y no tomaban parte del recreo en común. Algunos paseaban en grupos y hablando en voz baja entre ellos, lanzando a una y otra parte miradas sospechosas y malintencionadas. Algunos sonreían pero con una sonrisa acompañada de gestos tales que se podía pensar que a San Luis se le habría llenado de colores el rostro de vergüenza al oír lo que allí decían. Y aun entre los que jugaban, algunos estaban tan desganados que demostraban claramente que no encontraban gusto alguno en aquel recreo.

Y el antiguo alumno me dijo: – ¿Ve este recreo? ¡Qué diferencia con aquellos que teníamos nosotros! – Oh sí que lo veo – respondí suspirando con tristeza – ¡Qué desgana en este recreo! Y el personaje continuó diciendo: – y de ahí proviene después el desgano de muchos para acercarse a los Santos sacramentos, el descuido en las prácticas de piedad en el tempo y en otros sitios. De ahí viene que están de mala gana en el colegio donde la Divina Providencia de Dios les concede tantos bienes espirituales e intelectuales. De aquí proviene que a muchos no les llame la atención la vocación al apostolado. De aquí también la ingratitud hacia los superiores, y los secretos y las murmuraciones con todas las malas consecuencias que todo esto les traerá.

- Comprendo – respondí – ¿pero cómo animar a nuestros jóvenes para que vuelvan a la antigua alegría y a la sana expansión? – Con la caridad.

- ¿Con la caridad? ¿Pero es que mis jóvenes no son bastante amados? Tú sabes cuánto los amo. Tú sabes cuánto he sufrido por ellos y cuánto he aguantado durante 40 años y cuántos sacrificios tengo que padecer en la actualidad por hacerles el bien. Cuántos trabajos, cuántas humillaciones, cuántas contrariedades, cuántas persecuciones para conseguirles alimentación, habitación y estudio, buenos maestros y especialmente para buscar la salvación de su alma. He hecho todo cuanto he podido y todo cuanto he sabido, porque ellos son el gran afecto y amor de toda mi vida.

- No me refiero a usted.

- ¿De quién hablas entonces? ¿De los que me reemplazan? ¿De los asistentes?, ¿de los directores?, ¿de los profesores? ¿No ves cómo son mártires del estudio y del trabajo?, ¿no ves cómo gastan su vida y su salud y su juventud a favor de esos jóvenes que son como una herencia que la Divina Providencia nos dejó para que cuidáramos? – Eso lo veo y lo siento. Pero no basta. Falta lo mejor.

- ¿Qué falta entonces? – Falta que los jóvenes no solamente sean amados, sino que se den cuenta de que en verdad los aman.

- ¿Pero es que no tienen ojos en la cara?, ¿es que no tienen inteligencia para comprender?, ¿es que no ven que todo cuanto se hace es por amor a ellos? – No. Se lo repito, no basta con eso.

- ¿Pero entonces qué es lo que se necesita? – Se necesita que sean amados en las cosas que a ellos les agradan; que se participe en sus inclinaciones y gustos infantiles, u así ellos verán también el amor en muchas cosas que a ellos les agradan poco, como son la disciplina, el estudio, el dominio de sí mismos, la mortificación y que aprendan a obrar con generosidad y con amor.

- Por favor explíquese mejor.

- Mire, mire ese recreo.

Observé y miré que eran muy pocos los sacerdotes y profesores que estaban mezclados entre los jóvenes, y mucho menos los que tomaban parte en sus juegos. Los superiores ya no eran el alma de los recreos. La mayor parte paseaban charlando entre sí, sin preocuparse de lo que hacían los alumnos; uno que otro corregía a los que se portaban mal, pero con amenazas y esto raramente. Vi que alguno que otro salesiano buscaba introducirse en un grupo de jóvenes pero los muchachos buscaban la manera de alejarse de sus maestros y superiores.

Entonces me dijo mi amigo: – ¿En los primeros tiempos del Oratorio, no estaba usted siempre en medio de los jóvenes especialmente en horas de recreo? ¿Recuerda aquellos hermosos años? Era una alegría de paraíso. Una época que recordamos siempre con emoción porque el amor lo regulaba todo y nosotros no teníamos secretos para usted.

- Es cierto. En aquellos tiempos era para mí un verdadero motivo de alegría estar entre mis muchachos, y ellos iban a porfía a acercarse a mí, y me hablaban con toda confianza y existía un verdadero deseo de escuchar mis consejos y ponerlos en práctica. Ahora en cambio las continuas audiencias, y mis muchas ocupaciones y mi deficiente salud me lo impiden.

- Bien, bien; pero si usted no puede, ¿por qué sus salesianos no se convierten en imitadores suyos? ¿Por qué no les insiste más y no les exige que traten a los jóvenes como los trataba usted? – Yo les hablo, les insisto hasta cansarme, pero muchos no están resueltos a tomarse el trabajo de tratar como tratábamos antes.

- Y así descuidando lo menos, pierden más, y este más es el fruto de sus fatigas. Dígales que amen lo que a los jóvenes agrada y así los jóvenes amarán lo que es del gusto de los superiores. Y así el trabajo de la educación será mucho más suave y llevadero. La causa de la frialdad y del desgano actual consiste en que muchos jóvenes no tienen confianza con los superiores. Antiguamente el corazón de los jóvenes estaba abierto hacia los superiores, y por eso los alumnos amaban y obedecían prontamente. Pero ahora los superiores son considerados como superiores solamente y no como hermanos, ni como padres, ni como amigos; y por lo tanto son más temidos que amados. Por eso si se quiere hacer un corazón y una sola alma, por amor a Jesús, se ha de romper esa barrera fatal que es la desconfianza y reemplazarla por una cordial confianza entre superiores y alumnos. Los que exigen la obediencia han de tratar al alumno como una madre a su hijito, y entonces sí reinarán en el colegio la paz y la alegría.

- ¿Y cómo hacer para romper esa barrera de la desconfianza? – Que se tenga familiaridad con los jóvenes, especialmente en los recreos. Sin la familiaridad no se les puede demostrar el afecto que les tenemos y sin esa demostración no se puede obtener confianza. El que quiera ser amado tiene que demostrar que en verdad ama. Jesucristo se hizo pequeño con los pequeños y cargó con nuestras debilidades. Él es el maestro y el modelo de la familiaridad.

El maestro al cual sólo lo ven en el salón dando clase, es maestro y profesor y nada más. Pero si en el recreo se acerca a los jóvenes y participa con ellos, entonces sí se convierte en su hermano.

Si a un sacerdote solamente lo ven en la misa celebrando y predicando, dirán que está cumpliendo con su deber de sacerdote. Pero si lo ven en el recreo mezclado entre los jóvenes, diciéndoles una buena palabra, entonces sí se darán cuenta de que en verdad es una persona que los ama.

Recuerde cuántas conversaciones fueron efecto de una de esas palabritas que usted decía al oído de los jovencitos mientras se divertían en el recreo. Si el joven se da cuenta de que el educador en verdad lo ama, le devolverá también su amor. Y el educador que es amado lo consigue todo de sus educandos. Y los que sienten confianza hacia el superior le dan a conocer lo que necesitan y hasta le cuentan sus defectos para que les ayude a corregirlos.

El amor hacia los discípulos hace que el educador sea capaz de soportar las fatigas, los disgustos, las ingratitudes, las faltas de disciplinas, las ligerezas, las negligencias de los jóvenes. Jesucristo cuando veían una caña medio rota no la acababa de romper y cuando veía una lámpara apagándose no la acababa de apagar. Él es el verdadero modelo de todo educador.

Si se trabaja con verdadero amor a los jóvenes no habrá entonces quien obre por lucirse y por darle gusto a su orgullo, ni quien castigue por vengar su amor propio ofendido. No habrá quien se retire del apostolado de educar por temor a que otros tengan más éxitos que él. Si en verdad se ama no habrá quien se dedique a murmurar contra los otros educadores para ser amado y estimado él por los jóvenes con exclusión de los demás superiores. Quien esto hiciera no cosechará sino desprecios e hipócritas zalamerías.

Si se ama verdaderamente a los educandos no sucederá que el educador se deje robar el corazón por una criatura y que para preferir a ésta descuide a los demás jovencitos; ni sucederá que por amor a la propia comodidad dejen los educadores de asistir y acompañar a los jóvenes en los recreos; ni acaecerá tampoco que por respeto humano y por obtener una falsa popularidad dejen de llamarle la atención a quien comete faltas.

Si lo que se tiene es una amor efectivo y verdadero, el educador no buscara sino únicamente la gloria de Dios y el bien de las almas. Cuando empieza a debilitarse este amor es cuando las cosas empiezan a marchar bien.

¿Por qué se quiere reemplazar la caridad y el amor fraterno por la frialdad de un reglamento? ¿Por qué los educadores dejan de cumplir aquellos detalles educativos que Don Bosco les ha recomendado? ¿Por qué al sistema de prevenir para que no cometan faltas y de vigilar y de corregir amablemente los desordenes, se le quiere reemplazar por aquel otro más cómodo para el que manda, que consiste en promulgar la ley y después hacerla cumplir a base de castigos que llenan de antipatías el corazón del educando y le causan disgustos? ¿O por el otro peor de descuidar el hacer cumplir los reglamentos y así atraer el desprecio hacia los superiores y acarrear desordenes gravísimos? Y todos estos males suceden si falta la familiaridad, el trato amable entre educadores y educandos. Si se desea que en el Colegio reine una felicidad como la que había antiguamente es necesario que los que estén de superiores sean todo para todos, siempre dispuestos a escuchar toda duda u observación de los muchachos; todo ojos para vigilar paternalmente y así prevenir desordenes y males; todo corazón para buscar el bien espiritual de los alumnos y el bienestar material de estás personitas que la Divina Providencia les ha confiado.

Si así se obra, entonces los corazones no permanecerán cerrados y no se ocultarán ciertas cosas que llevan la muerte espiritual a las almas. Solo en caso de inmoralidad sean los superiores inflexibles. Es mejor correr el peligro de alejar de la casa a un inocente que hace que permanezca en ella uno que da escándalo y mal ejemplo. Los educadores consideren como gravísimo deber de conciencia el referir al superior todo aquello que pueda constituir ofensa de Dios.

Y añadió mi amigo: – El mejor plato en una comida es la buena cara.

Yo continué mirando el lánguido recreo y sentí una tristeza tan grande que… me desperté.

Segunda parte.

A la noche siguiente se me apareció de nuevo en sueños mi antiguo amigo y me dijo: – Dígales a los jóvenes que reconozcan con gratitud todos los sacrificios que hacen por ellos sus profesores y superiores. Que recuerden que la humildad es fuente de tranquilidad. Que soporten con paciencia los defectos de los demás, pues la perfección no se encuentra en este mundo, sino solamente en el paraíso. Que dejen de murmurar y de criticar pues la murmuración y la crítica apagan mucho la caridad y enfrían los corazones. Y sobre todo que procuren vivir en gracia de Dios, en amistad con Dios, sin pecado mortal en el alma. Quien no vive en paz con Dios no puede tener paz consigo mismo ni con los demás.

- ¿Pero es que entre nuestros alumnos hay bastantes que no están en paz con Dios? – Sí, esa es la causa principal del malestar reinante y a la que ha que ponerle remedio. Solo desconfía quien tiene secretos qué ocultar, quien teme que sus secretos sean descubiertos y le traigan una gran vergüenza. Además si el corazón no está en paz con Dios, vive angustiado, inquieto, rebelde a la obediencia, se encoleriza y se irrita por nada, le parece que todo marcha mal, y como él no ama, se imagina que los superiores tampoco lo aman.

- Pero en nuestro colegio hay bastantes confesiones y comuniones.

- Sí, pero muchos se confiesan sin hacer ningún propósito serio de enmendarse. Se confiesan, pero siempre de las mismas faltas, sin hacer progreso alguno. Se exponen siempre a las mismas ocasiones de pecar. Siguen más desobediencias, con el mismo descuido en el cumplimiento de sus deberes, y continúan así por meses y meses, y algunos hasta que terminan sus estudios.

- ¿Y son muchos los que no sacan ningún provecho de sus confesiones? – Afortunadamente no son muchos – y me los mostró -. Yo vi entonces cosas muy desagradables que no escribo aquí pero que las diré a los interesados cuando esté de vuelta allá en el colegio. Por ahora es tiempo de rezar apara lograr volverse mejores, y esforzarse por llegar a ser como Domingo Savio y tantos otros jóvenes Santos que han pasado por nuestros colegios.

- ¿Y qué otro buen consejo habrá que enviar a mis discípulos? – Predíqueles y recomiéndeles a todos, mayores y pequeños, que recuerden siempre que son Hijos de María Santísima Auxiliadora. Que Ella los ha reunido en nuestros colegios para librarlos de los peligros del mundo, para que se amen como buenos hermanos, y para que le den gloria a Dios y a la Virgen María con su buena conducta. Que no se olviden que la Virgen Santísima intercede para conseguirles alimento, vestido y estudio y que Ella obra infinitos portentos en favor de sus devotos y obtienen de Dios innumerables gracias y favores. Que con el Auxilio de la Virgen María, cuya fiesta celebraremos ahora en mayo, podemos hacer caer la barrera de la desconfianza que el demonio ha levantado entre los jóvenes y los superiores, barrera que aprovecha el enemigo para llevar ruina a las almas.

- Y dígales que mayores y pequeños deben estar todos dispuestos a sufrir alguna pequeña mortificación por amor a María y esforzarse por poner en práctica todos estos mensajes tan importantes.

- En aquel momento vi que algunos de nuestros jóvenes marchaban hacia la perdición eterna y sentí tal angustia que… me desperté.

Concluyo: ¿Qué es lo que desea este pobre anciano que ha desgastado toda su vida por el bien de la juventud?Que vuelvan otra vez los días felices en los que había afecto y confianza entre superiores y alumnos; los días en que había condescendencia y se toleraban los defectos de los demás, y todo por amor a Jesucristo. Los días en que había caridad y alegría en todos. Les aseguro delante de Dios que basta que un joven entre a uno de nuestros colegios, a una Casa Salesiana, para que la Santísima Virgen lo tome enseguida bajo su Celestial protección.

Pongámonos todos de acuerdo: la caridad de los que mandan.

La caridad de los que tienen que obedecer, hagan reinar entre nosotros el espíritu del amable San Francisco de Sales.

Se acerca el tiempo en el que me tendré que separar de mis queridos discípulos (al llegar a este punto Don Bosco dejó de dictar y empezó a llorar de emoción. Poco después siguió dictando). Mi mayor deseo es que cuando emprenda mi viaje a la eternidad los deje a todos, viajando por el camino que Nuestro Señor quiere que cada uno siga. La próxima fiesta de María Auxiliadora que celebraremos dentro de unos días (la cual deseo que los superiores la celebren a los alumnos muy solemne y alegre, también en el comedor), que esa hermosa fiesta sea como la preparación de la Fiesta Eterna que celebraremos todos juntos un día en el paraíso.

Roma 10 de mayo de 1884. Afmo. Juan Bosco.

Explicaciones: Esta carta ha sido considerada por los salesianos como un verdadero tesoro de pedagogía. Junto con el tratadito llamado: “El sistema preventivo” y con el “Reglamento para las casas”; son los tres escritos de pedagogía más importantes y famosos que escribió nuestro Santo. Contienen enseñanzas sencillas y muy prácticas que si se cumplen, convierten los colegios en verdaderas familias donde reinan la alegría, la caridad y la paz. Esto lo han experimentado los salesianos en muchos países del mundo por más de cien años.

A quienes se dedican a la educación les haría mucho bien leer siquiera cada año esta carta y este sueño y sus maravillosas enseñanzas.

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131. El sueño de la inocencia 1884 (MB. 17,625).

Me pareció que estaba en un bellísimo jardín lleno de hermosísimas flores e iluminado por una luz más bella que la del sol.

Aquello parecía el paraíso.

En la entrada del jardín se leía una frase de la Sagrada Escritura: “Dichosos los que con un corazón puro camina en la Ley del Señor”.

Y en la mitad del campo había un estandarte con esta frase del Evangelio: “Hijo mío: tú siempre has estado conmigo, y todos mis bienes son tuyos” (S. Lucas 15).

Y en el jardín había dos jovencitas de unos doce años cada una, vestidas con una túnica blanquísima que les llegaba hasta los pies, y con un rostro de que demostraba un gran pureza y una enorme bondad. Estaban adornadas con rosas, azucenas y margaritas blancas, tan blancas y hermosas como no se puede uno imaginar mayor blancura.

Los dos empezaron entre sí el siguiente diálogo: la una decía una frase y la otra añadía la siguiente: – ¿Qué es la inocencia? Es el estado afortunado de quien tiene la gracia de santificante en su alma y la conserva mediante el exacto cumplimiento de las leyes de Dios.

- Conservar la inocencia y la pureza es fuente y origen de toda ciencia y de toda virtud.

- Qué tan brillo, qué gloria, qué excelente virtud se consigue al vivir con el alma libre de pecados, entre gente mala y malvada, y saber conservar la inocencia y la pureza de las costumbres.

Una de ellas se puso de pie y recitó el Salmo 1: “Dichoso el que no sigue los consejos de los malos, ni se va por el mal camino de los pecadores, ni asiste a las reuniones de los desvergonzados, sino que su gozo es la ley del Señor y en ella medita noche y día. Será como un árbol plantado junto a una fuente de agua: da fruto a su tiempo, y no se marchitan sus hojas, y todo cuando emprende tiene un buen fin”. Y diciendo esto señalaba los hermosos árboles del jardín, todos llenos de agradables frutos.

La otra joven añadió: – De quien vive con el alma en gracia de Dios se pueden repetir las palabras del Cantar de los Cantares: “Es como un lirio entre espinas”; y puede decir a su Dios: “Mi amado para mí y yo para mi amado, pues el Señor vive entre lirios”. Y diciendo esto señalaba una gran cantidad de lirios blanquísimos que adornaban aquel jardín.

Su compañera añadió aquellas palabras del Libro del Eclesiástico: “Dichoso el que sea hallado sin culpa. ¿Quién será y lo felicitaremos? Pudo pecar y no pecó. Pudo hacer el mal y no lo hizo. Por eso su buena conducta será recordada por muy largo tiempo”.

- ¿Quién podrá describir la belleza de un alma en gracia de Dios y sin pecado? Resplandece llena de hermosura, camina velozmente hacia el Cielo; en ella vive como en un Sagrario el Espíritu Santo; brilla con mayor luz que el mismo sol; el Cielo está abierto esperándola; es admirada por los ángeles y los Santos que le esperan en el paraíso: Dios le señala la corona de la gloria que le tiene destinada y prepara para ella todos los tesoros de la eternidad”.

- Oh si los jóvenes conocieran el inmenso valor que tiene el vivir con el alma en gracia de Dios y sin pecado. Cómo se esmerarían para cuidarse de todo pecado. Pero desafortunadamente no se dan cuenta de su valor y pierden fácilmente la gracia o amistad con Dios.

- La gracia de Dios, el vivir con el alma libre de pecado, es como un tesoro precioso que se lleva en un vaso muy frágil, que fácilmente se rompe y el tesoro se derrama por el suelo y se pierde.

- El alma en gracia es como un espejo que refleja la imagen de Dios. Pero ese espejo se empaña fácilmente con el pecado.

- El alma en gracia es como un lirio, como una blanca azucena, pero ese lirio al ser tratado por manos poco delicadas se marchita y pierde su belleza.

- El alma en gracia es como un blanco vestido de seda. Pero basta una mancha para hacerle perder su belleza. Por eso hay que proceder con mucha precaución y gran cuidado.

- Basta un pecado grave, un pecado aceptado y consentido para quitarle al alma la belleza de la gracia de Dios.

- Qué desgracia tan grande cuando una persona piérdela vida de la gracia por un pecado grave. Dios se aleja. La Virgen Santísima y el ángel de la guarda se alejan también. El camino que le llevaba al Cielo se convierte en vía que lleva a la condenación. Las promesas y favores del Cielo se cambian en amenazas y castigos por parte de la Justicia Divina. Satanás se le convierte en su jefe y puede decirle: “Te he vencido. Ahora me perteneces”, y su alegría se convierte en tristeza.

- Afortunadamente el que ha pecado puede levantarse, porque la misericordia de Dios es infinita. Si el pecador se arrepiente y propone empezar a ser mejor y si hace una buena confesión, puede recobrar otra vez la amistad con Nuestro Señor.

- Pero al que peca le quedan las malas inclinaciones hacia el pecado. Después de cada pecado se sentirá más débil en los combates espirituales y más inclinado al mal. Y el remordimiento puede seguir atormentándolo.

- Oh qué delito tan tremendo cometen los que enseñan el mal a los niños y los que enseñan el mal a los que no lo saben. A quien le quita la inocencia a un niño le dice Jesús: “Ay de aquel que escandalice a uno de estos pequeñuelos: más valiera que le colgaran una gran piedra al cuello y lo echaran al fondo del mar”. Ay del mundo a causa de los escándalos.

Siempre habrá escándalos, pero pobres de aquellos que escandalizan a los demás. “Tengan mucho cuidado para no ir a escandalizar jamás a uno de estos pequeñuelos, porque sus ángeles ven continuamente el rostro de mi Padre Celestial”.

(Lc. 17,2).

Y las dos jovencitas siguieron paseando por el jardín y dialogando: – Es un gran error de los jóvenes imaginarse que la penitencia y las mortificaciones y sacrificios son cosas que sólo deben practicar los grandes pecadores. Si San Luis Gonzaga no hubiera hecho penitencias y sacrificios habría caído en pecados mortales. Esto hay que repetírselo a los jóvenes. Si hicieran sacrificios serian muchos más los que lograrían conservarse sin pecado.

- Ya lo dijo el apóstol: “Tenemos que llevar en nuestro cuerpo la mortificación de Cristo, a fin de que las maravillas de Jesús se manifiesten en nosotros”.

Jesús tan Santo y tan puro y cuántos sacrificios y mortificaciones hizo. Y lo mismo la Virgen Santísima y los Santos. Y esto es una lección y un ejemplo para nuestros jóvenes.

- San Pablo decía: “Si viven dándole gusto a los deseos de la carne morirán. Pero si con el espíritu domina las pasiones de la carne, vivirán”. (Rom. 8,13). Por lo tanto quien no hace sacrificios y mortificaciones no será capaz de mantenerse sin cometer pecados graves. Y sin embargo muchos quieren mantenerse sin pecado pero viviendo sin hacer penitencias ni sacrificios.

- Es una tontería ese proceder. El Libro de la Sabiduría dice: “La seducción lleva al alma a la maldad y la concupiscencia pervierte el alma inocente”. Con lo cual se quiere decir que la gracia de Dios en el alma tiene dos enemigos: las personas malas y las pasiones que uno mismo siente.

Por eso dice el mismo Libro de la Sabiduría que para muchos es una verdadera suerte que la muerte les llegue cuando aun están muy jóvenes: “Por que agradó al Señor fue preferido por Él y porque vivía entre pecadores fue llevado a otro sitio”.

Y añade el Libro Santo: “Habiendo muerto a edad todavía muy corta, sin embargo logró recorrer un largo camino de santidad. Porque Dios amaba su alma lo sacó de en medio de este mundo tan lleno de maldad. Fue llevado para que la malicia no dañara si espíritu y para la atracción hacia el mal no llevará su alma al error”. (Sab. Cap. 4).

- Los jóvenes necesitan espíritu de sacrificio para vencer la pereza y el desgano que sienten hacia la oración. Y que no olviden que todo el que pide recibe.

Necesitan espíritu de sacrificio para ser capaces de obedecer a los superiores. Mortificación para dominar su orgullo, pues “Dios humilla a los orgullosos, pero eleva a los humildes”.

Necesitan mortificación para saber decir siempre la verdad y para atreverse a pedir consejos a los que saben.

Necesitan mortificar su corazón: amando a todos con caridad, pero, apartándose de aquellos que ponen en peligro su castidad. Ya lo dijo Jesús: “Si algo es para ti tan importante como un ojo, o un pie o una mano pero te hace pecar, córtalo y échalo fuera, porque es preferible entrar al Reino de Dios tuerto o manco, y no tener que se echado al fuego del infierno con los dos ojos y los dos pies y ambas manos” (Madre Celestial. 9,43).

Que se mortifiquen aceptando que se burlen de ellos por ser creyentes. Jesús decía: “Si alguno se declara a mi favor delante de la gente de este mundo yo me declaré en su favor ante mi Padre Celestial. Pero si alguno se avergüenza de mí ante la gente de esta tierra, yo me avergonzaré de él delante de los ángeles del Cielo” (Mateo 10,32).

Es necesario que cada uno se mortifique en sus ojos: cuidando al mirar y al leer. Apartar la vista de toda imagen, de toda lectura que sea un peligro para la castidad (Jesús decía: “Las ventanas y las lámparas del alma son sus ojos. Pero si tus ojos se vuelven impuros, toda tu persona se vuelve impura” (Mt. 6,22). El profeta Job dejó un propósito que es esencial: “Hice un pacto con mis ojos para no mirar la belleza de una persona joven” (Jb. 31,1). Y el Salmo recomienda: “cuida tus ojos para que no vean la vanidad, lo que no te conviene mirar”.

Mortificarse en el oír y el escuchar. Cuidado para no escuchar malas conversaciones, o palabras contra otras personas, o conversaciones contra la religión. (El libro de los Proverbios aconseja que cuando oigamos algo de eso pongamos un rostro tan triste como el que va a llorar). El Libro del Eclesiástico aconseja: “Colócale una cerca de espinas a tus oídos para que no escuchen lo que no te hace bien escuchar. Trata de no escuchar nunca la lengua que habla de cosas malas”.

Mortificarse en el hablar, para no decir cosas vanas.

Repetir lo que dice el Libro Sagrado: “Señor, coloca un candado a mis labios y un freno a mi lengua para que no se desvíen hacia el mal”. Cuidado: que los enemigos del alma no nos derroten por medio del mal uso de la lengua.

(Dijo Jesús: “De toda palabra dañosa que diga una persona tendrá que dar cuenta a Dios en el día del juicio…

Por tus palabras te salvarás, o por tus palabras te condenarás”).

Mortificarse en el comer y en el beber. La gula en el comer o en el beber han sido causas de terribles males espirituales para muchísimas personas. (San Pablo decía: “Domino mi cuerpo, no sea que enseñando a otros el camino para ir al Cielo, yo me quede a mitad del camino”).

Mortificarse aceptando los sufrimientos de cada día. Tal como Nuestro Señor ha permitido que sucedan. (”Por unos cortos ratos de sufrimiento en esta tierra nos ganamos una inmensa cantidad de gozo en el Cielo”, decía San Pablo). Recordemos que la primera condición que Jesús puso para seguirle y ser sus discípulos es la de mortificarse a sí mismos: “Si alguno quiere venir conmigo, que se niegue a sí mismo” (Lc. 9,23).

- Dios mismo que es tan bondadoso permite que sus amigos sufran muchas penalidades. (Al Hijo que más quiere, más lo hace sufrir, dice el Libro de los Proverbios). Así sucedió con el Santo Job, con José en Egipto, con Tobías y otros Santos. A Tobías le dijo el ángel San Rafael: “Porque eras aceptable a Dios por eso era necesario que fueras purificado con los sufrimientos”.

Los que desean conservarse en gracia de Dios necesitan recibir frecuentemente la Sagrada Comunión que es el Pan que vuelve fuertes a las personas. De quien comulga fervorosamente se podrán repetir aquellas palabras del Salmo 23: “Me preparaste una mesa frente a mis adversarios”, y aquellas otras del bello Salmo 91: “Caerán a tu derecha cien y a tu izquierda mil, pero a ti el enemigo no te podrá hacer mal”.

Que quien desea vivir sin pecado en el ama recuerde que la Santísima Virgen es su Madre. Ella le dice las palabras de la Sabiduría: “Yo soy la Madre del amor y del temor de desagradar a Dios, la madre de la santa esperanza y del verdadero conocimiento. Yo amo a los que me aman. Los que me honran poseerán la Vida Eterna. Soy terrible para los enemigos del alma como un ejercito en orden de batalla”.

Las dos jóvenes se levantaron y empezaron a subir una pendiente y una de ellas repitió aquellas palabras de la Sagrada Escritura: “La salvación y la santificación de los justos viene del Señor. Él es su protector en tiempos de angustia y tribulaciones.

El Señor los ayudará y los librará. Los librará de las manos de los pecadores y los salvará porque esperaron de Él”.

La otra respondió: – Sí, el conservarse sin pecado y además hacer penitencia, esto es lo más alto en la virtud.

La otra añadió: – Oh, cuán agradable es la gente que conserva su alma sin pecado. Su recuerdo será inmortal y agradable ante los ojos de Dios, y admirable ante los ojos de las gentes de esta tierra. Muchos los imitan cuando están presentes y los recuerdan con veneración o cuando ya se han ido para el Cielo. Y en la eternidad recibirán corona de gloria, después de vencer en los combates por conservar la castidad. ¡Qué gozo, qué gloria, qué triunfo, poder presentarse ante Dios con el alma sin pecados graves, después de tantos combates! Luego vi aparecer una inmensa legión de ángeles que cantaban aquellas palabras del apóstol San Pablo: “Bendito sea Dios y Padre nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en Cristo, por cuanto nos ha elegido en Él antes de la creación del mundo, para ser Santos e inmaculados en su presencia, eligiéndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo” (Efesios 1,3).

Entonces un inmenso coro de espíritus celestiales entonó con voces bellísimas las siguientes frases de la carta de San Judas Tadeo: “Al que es poderoso y os puede conservar sin pecado y os puede presentar ante su presencia sin mancha y llenos de alegría, al Dios Único, Nuestro Salvador, por medio de Jesucristo Nuestro Señor, gloria, majestad, fortaleza y poderío, como era en un principio por los siglos de los siglos”. Amen.

Y al terminar tan bello canto… me desperté.

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132. Los jóvenes y la niebla 1884 (MB. 17,180).

Soñé que me encontraba en la puerta del colegio rodeado de un grupo de discípulos y amigos a los cuales los rodeaba una intensa niebla. Se esforzaban por no ser reconocidos, pero logré observarlos muy de cerca y noté que al lado del corazón llevaban en la piel una mancha en forma de un tumor que exhalaba asquerosos olores. El tumor tenía tres colores: rojo, negro y amarillo.

La niebla era más intensa alrededor de la cabeza y a duras penas lograba leer unos letreros que estaban allí escritos al revés.

Me desperté y hacia todo lo posible por olvidar aquellas desagradables imágenes, pero todo era inútil pues esas figuras tan repugnantes volvían a aparecer delante de mis ojos. Entonces me levanté y escribí los nombres de todos los que vi allí entre esa niebla tan intensa.

Nota: Lo narró Don Bosco en 1884 en los Ejercicios Espirituales de Valsalice. Otras circunstancias y demás cosas que vio durante el sueño las fue diciendo a cada uno de los interesados en particular cuando los llamaba para informarles cómo los había visto en el sueño.

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133. Una visita al Papa León XIII 1884 (MB. 17,239).

La noche del 9 de octubre (1884) soñé que viajaba en tren hacia Roma y que al llegar a esa ciudad me dirigía directamente hacia el Vaticano. Iba pensando que me iba a resultar muy difícil hablar con el Santo Padre porque seguramente alguno de sus camareros me iba a poner muchas dificultades para impedir la audiencia. Sin embargo me presenté a ese Monseñor el cual se mostró amabilísimo conmigo. Y al decirle que necesitaba una audiencia con el Santo Padre me dijo que ya que se trataba de temas de mucha importancia iba a hacer una excepción, y sin más me hizo entrar a hablar con el Sumo Pontífice.

Y soñé que había estado charlando con el Papa como unas dos horas y que él me decía: – Tengan cuidado con los que piden entrar a su Congregación. Es necesario que sean: 1o. de carácter obediente, dócil. 2o.

que tengan espíritu de sacrificio: que no estén demasiado apegados a su familia, a sus amigos, a su tierra natal, y que sean capaces de durar bastante tiempo sin ir a su tierra. 3o. que sean de moralidad segura, seguros en castidad.

Este fue el tema principal que él me explicó durante la audiencia. Al terminar de hablar con el Padre Santo salí del Vaticano, subí al tren y me dirigí a Turín y cuando ya iba a llegar a esta ciudad… me desperté.

Nota: Al día siguiente, 10 de octubre, llegó el Cardenal Alimonda a decirle a Don Bosco que el Papa León XIII le enviaba un mensaje personal en el cual le pedía que nombrara a un sacerdote que lo reemplazara en caso de muerte. (Don Bosco estaba muy débil y achacoso). El Santo reunió al Consejo Superior de su comunidad y comunicó la determinación de que su reemplazo fuera el Padre Rúa, su más fiel y cualificado colaborador. Todos estuvieron totalmente de acuerdo con este nombramiento y al Santo Padre le pareció excelente y lo aprobó.

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134. El sueño de las misiones salesianas en América del sur 1885 (MB. 17,260).

En la noche del 31 de enero (1885) cuando un grupo de misioneros salesianos se preparaba para salir hacia América del Sur tuve el siguiente sueño: Soñé que acompañaba a los misioneros salesianos en su viaje hacia América del Sur y que ellos me pedían que les dijera algunos consejos. Y soñé que yo les decía:- Van a hacer mucho bien no porque tengan mucha ciencia ni muy buena salud ni abundantes riquezas, sino con estás condiciones: que tengan gran deseo de salvar almas, mucha piedad y mucho entusiasmo para promover la gloria de Dios y el bien espiritual de los demás.

Y soñé que habíamos llegado a América del Sur, a una extensísima llanura entre Chile y Argentina.

Mis queridos misiones se habían dispersado tanto por aquellos extensos territorios que apenas lograba distinguirlos. Al contemplarlos me quedé aterrado al ver qué poquitos eran en cada sitio.

Pero luego me consolé pensando que eran pocos en cada sitio porque estaban repartidos por muchos centros de misión, y que su labor era como la pequeña semilla que se va esparciendo y que después produciría muy buenas cosechas espirituales.

Y vi que viajaban por aquellas tierras muchos transportadores que volaban por los aires. En Chile vi una casa grande donde numerosos salesianos se preparaban para el apostolado. En Argentina, Uruguay y Brasil vi muchas casas salesianas. Cuántas cosas maravillosas vi en este sueño. Veía lo pasado, lo presente y lo futuro. Si fuera a escribir todo lo que allí logré ver, llenaría libros muy gruesos. Y qué gran cantidad de gentes nativas de aquellas tierras veía allí, esperando la labor espiritual de los salesianos que los van a dirigir.

Noté que la labor de los primeros salesianos va a ser solamente la de esparcir la buena semilla de la evangelización. Y que después vendrán otros y recogerán la cosecha espiritual. Y me fue comunicado que los salesianos conseguirán grandes éxitos apostólicos con la humildad, con el trabajo incansable y con la templanza (o sea con saberse dominar en el comer, en el beber y en el descanso).

Y vi que muchos obreros de Europa se irán a las tierras de América a buscar trabajo y progreso en esas regiones tan hospitalarias.

Después de contemplar el porvenir tan glorioso que Dios tiene destinado a nuestra Congregación en América del Sur, subí a un transportador que volaba por los aires y volví a la ciudad de Turín y por sobre las montañas de los Alpes y la gente se veía muy pequeñita desde allá arriba. Y vi desde allá un número extraordinario de salesianos y de alumnos y de colegios que va a tener la Congregación. Muchos se iban de misioneros y otros venían a cubrir las vacantes que ellos habían dejado.

Y un joven sacerdote, muy venerable me mostró inmensos campos de apostolado y me dijo: – He aquí las almas y los países destinados a los salesianos, a los religiosos de San Francisco de Sales.

Yo estaba maravillado al ver la multitud tan inmensa de personas que estaban allí reunidas y que desapareció enseguida.

Ahora al narrar el sueño me doy cuenta de que solamente logro contar unas pocas cosas de las que allí logré contemplar.

El ánimo no es capaz de narrar todo lo visto. La memoria flaquea, las palabras son insuficientes para describir todo aquello.

Veía lo presente, lo pasado y lo futuro de nuestras misiones, con sus peligros, sus éxitos, sus contrariedades y con los desengaños momentáneos que acompañan a este apostolado.

Después vi que nos encontrábamos en un salón inmenso y bellísimo lleno de resplandores y de gratas fragancias y suaves olores, y donde se escuchaban armonías verdaderamente celestiales. Y noté que empezaban a llegar allí gentes de muchas naciones, vestidas de blanco y gritando alegremente: ¡Viva, Triunfo! Y acompañaban a los salesianos y a las religiosas de María Auxiliadora.

Y vi con admiración que entraban a ese salón muchos de piel muy oscura. Y me fue dicho: “Son los descendientes de Cam, que también serán evangelizados por los salesianos”.

Y todas aquellas multitudes gritaban emocionadas: ¡Viva! ¡Triunfo! Y entonaban gozosas las siguientes palabras: – Que se alegren el Cielo y la tierra porque Dios reina en nosotros. Dios les dará de comer del árbol de la vida y jamás volverán a tener hambre ni sed. Alabad al Señor todas las gentes. Cantad sus alabanzas pueblos todos.

Y un gran coro repetía: – Sólo a Dios la gloria y el honor por los siglos de los siglos.

Y todo aquello lo cantaban acompañados de unas armonías orquestales tan maravillosas que yo me volvía hacia el Monseñor Cagliero y le dije: – ¡Estamos en el paraíso! Y él me respondió: – No es el paraíso. Es una débil figura de lo que será el paraíso.

Y al oír aquellos grandiosos coros que cantaban: “Sólo a Dios honor, gloria y triunfo, aleluya, eternamente y para siempre” me olvidé de mi mismo y… me desperté.

Nota: En esos días salía para América del Sur una expedición de 18 misioneros salesianos y seis misioneras salesianas.

Viajaban presididos por Monseñor Cagliero, recién consagrado Obispo, y discípulo queridísimo por Don Bosco. Cuando Don Bosco narraba este sueño, cada vez que repetía las palabras: ¡Triunfo, Viva! asumía un tono tan vibrante que hacia emocionar a los que lo escuchaban. De vez en cuando en la narración derramaba lágrimas de emoción al recordar los grandes triunfos que Dios tenía preparados a sus religiosos. En el sueño se le dice que también los hijos de Cam serán evangelizados por los salesianos. En la Santa Biblia se llama a hijos o descendientes de Cam a los que son de raza oscura.

En Chile vio lo que se llama teologado salesiano, una amplia casa donde se han preparado muchos salesianos para salir a hacer apostolado.

El Padre Lemoyne copió el sueño tan pronto se lo oyó contar a nuestro Santo. Y envió copias a las Casas Salesianas de América. Poco después recibía una carta del Superior de Argentina, el Padre Costamagna que le decía: – Junto con el sueño de Don Bosco nos envió una carta en el cual nos dice que no es necesario prestarle mucha atención a sus sueños. Pues dígale al amado Padre que en eso si le vamos a desobedecer, pues sí les vamos a prestar mucha atención a sus sueños, ya que no podemos olvidar que él mismo nos ha dicho estas palabras: “Entre tantas comunidades religiosas que existen, quizás la nuestra es la que con más frecuencia ha recibido mensajes del Cielo”.

Este sueño se ha cumplido maravillosamente en América del Sur.

Actualmente hay en Latinoamérica más de 4,000 salesianos en más de 22 países. En Brasil son 962, con más de cien colegios y en el año de este sueño sólo tenían un colegio en este país. En Argentina son 871 los religiosos de Don Bosco.

En Colombia 375 con 33 casas de educación y bastantes parroquias (y en el año del sueño no habían llegado todavía a este país). En México son 346.

Don Bosco vio que muchos obreros de Europa se irían a las tierras de América en busca de trabajo. Esto sucedió de manera impresionante unos 15 años después cuando millones de europeos emigraron hacia América.

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135. La joven vestida de blanco 1885 (MB. 17,374).

La noche del 6 de octubre (1885) soñé que estando yo con un grupo de salesianos, se aparecía una joven vestida con una blanquísima túnica, la cual entregándome una cuchilla podadora me dijo: “Es necesario dedicarse a podar y a cortar las malezas que invaden el camino”. Yo me dediqué a cortar ramas y matas con aquella afilada podadora, aunque el camino se volvía a llenar de malezas. La joven añadió: “Los superiores deben estar siempre de acuerdo entre sí y no dejar para más tarde el hacer las correcciones, cuando sea necesario hacerlas”.

Nota: Don Bosco al narrar este sueño lo explicó así: Las malezas que invaden el camino y que hay que ir cortando continuamente son los libros malos, las publicaciones dañosas, las malas conversaciones y todo aquello que puede oponerse a que la gente viva en gracia de Dios. En esto consiste gran parte de la sabiduría de los superiores de un colegio, en saber quitar del camino de la vida de nuestros jóvenes todas estás hierbas venenosas que hacen un gran mal a sus almas. Si los superiores se esmeran por estar de acuerdo entre ellos, y no se cansan de corregir, aunque no logren quitar del todo estás malezas, si evitaran que ellas invadan el campo espiritual de sus alumnos.

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136. El demonio en Marsella 1885 (MB. 17,386).

Estando hospedados en el Congregación Salesiana de Marsella, el Padre Cerrutti oyó por la noche un fuerte grito. Luego lo volvió a oír más fuerte todavía. Se dio cuenta de que aquel grito venía de la habitación donde dormía Don Bosco. Se levantó y se fue a ver qué era lo que sucedía. Entró a la habitación y encontró al Santo, despierto, sentado en el lecho. Lleno de inquietud, le preguntó: – ¿Don Bosco, se encuentra mal? – No, no – respondió con tranquilidad – Vete tranquilo a dormir.

Al día siguiente el Santo le contó el sueño que había tenido: – Vi que el demonio entraba en esta casa. Se fue al dormitorio y pasaba de una cama a otra diciendo: ¡Este es mío! ¡Este es mío! Yo protestaba. De pronto se precipitó hacia uno de aquellos jóvenes para llevárselo. Yo comencé a gritar y él se lanzó sobre mí para estrangularme.

Y al decir esto Don Bosco empezó a llorar y me dijo muy conmovido: – Querido Padre Cerrutti, ayúdeme. He venido a Francia a recoger unas limosnas para el Templo del Sagrado Corazón de Jesús en Roma. Pero en este colegio hay una necesidad espiritual muy grave. Hay que salvar a estos pobres jóvenes. Así que por estos días dejaré toda otra preocupación y me dedicaré a ayudarles a salvarse. Hagamos con estos alumnos un buen Retiro Espiritual.

Aquella noche el Padre Director anunció al alumnado que se haría al día siguiente un Retiro Espiritual y que Don Bosco confesaría a los que desearan confesarse con él.

Y el Retiro Espiritual resultó tan efectivo que el Santo exclamó después emocionado: – El diablo me hizo pasar una mala noche, pero le hemos dado también un estacazo y un golpe bien fuerte.

El Padre Albera, director de aquel colegio añadió: – Hay aquí algunos jóvenes que me han hecho llorar por su mala conducta.

Y el Padre Cerrutti preguntó a Don Bosco: – ¿Los que el diablo se quería llevar sin únicamente los que no se confiesan? Y el buen Padre respondió: – No son solamente los que no se confiesan. Son los que se confiesan pero o no dicen todos sus pecados o se confiesan sin contrición, sin verdadero arrepentimiento.

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137. Las misiones de Asia, África y Oceanía 1885 (MB. 17,552).

El 2 de julio de 1885 Don Bosco narró a sus salesianos el siguiente sueño: Soñé que estaba junto a una montaña elevadísima sobre la cual había un ángel que enviaba resplandores hacia regiones lejanas. El ángel tenía en su mano derecha una espada que brillaba como una llama vivísima y con la izquierda señalaba algunas regiones y decía: – El ángel de Axfaxad los invita a combatir las batallas del Señor y a reunir a todos los pueblos en los graneros del Señor.

Luego aparecieron Luis Colle y muchísimos jovencitos y una gran cantidad de ángeles que nos animaban a los salesianos para que no nos detengamos jamás en la labor de evangelizar y de extender la religión.

Y soñé que llegaba al centro de África donde se veían negros por todas partes y oí una voz que decía: – No hay maldición para ellos, sino bendiciones del Creador.

Después soñé que llegaba a Australia y a la gran cantidad de islas que formaban la Oceanía y escuchaba a miles de niños que nos gritaban: – Vengan en nuestro auxilio. ¿Por qué no continúan la obra que otros ya empezaron? Y muchos rodeaban a salesianos que no logré conocer y los recibían cantando: – Benditos los que vienen en nombre del Señor.

Y me pareció que en un futuro habrá allá en esas islas mucho trabajo para los salesianos, y que los trabajos de ellos producirán muy buenos frutos espirituales, porque la mano del Señor estará constantemente ayudándolos si saben agradecer los favores de Dios.

Oh, si los salesianos de ahora pudieran ver dentro de 500 años el destino tan maravilloso que Dios nos reserva para el futuro, si somos fieles.

De aquí a 150 ó 200 años los salesianos estarán extendidos por todo el mundo.

Nosotros seremos siempre vistos con simpatía aun por los malos porque nuestro trabajo en favor de las gentes más pobres y necesitadas atrae las simpatías de todos, de los buenos y de los malos. Habrá alguna cabeza mala que nos quiera acabar, pero esos serán intentos aislados que no tendrán el apoyo de los demás.

Pero todo con estas condiciones: que los salesianos no se dejen dominar por el amor a las comodidades o por el desgano por el trabajo. Que ninguno se deje vencer por la gula. Que todos propaguemos la buena lectura del Boletín Salesiano, y que apoyemos las vocaciones, y también las vocaciones de personas mayores que querrán venir a nuestra Congregación.

El viaje en aquel sueño fue desde Santiago de Chile, por Buenos Aires, Río de Janeiro, Sao Paulo, Cabo de la Buena Esperanza, Madagascar, Golfo Pérsico, Senegal, Ceilán, Hong Kong y Austria.

Explicaciones: Don Bosco hizo averiguar que significaba el nombre del aquel ángel que se llamaba “Ángel de Arfaxad”, y se supo que según la Santa Biblia, Arfaxad fue un descendiente de Sem, hijo mayor de Noé (Génesis, Cap. 10) y que los descendientes de Sem son los habitantes de Asia. Con lo cual se indica que este ángel invitaba a Don Bosco que sus salesianos fueran al Asia. En aquel gran continente tienen ahora los salesianos muchísimas casas y gran cantidad de vocaciones.

En cuanto al África donde vio a tantos negros aguardando la llegada de los salesianos, ya su comunidad tiene casas en casi todo los países de ese continente.

El Santo pensaba con frecuencia en este sueño, hablaba de él con mucha satisfacción y alegría y veía en él una confirmación de lo que ya se le había confirmado en otros sueños. Ahora sus salesianos están en 105 países, tal como le fue anunciado en estos sueños que anunciaban el futuro.

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138. Un oratorio para niñas 1885 (MB. 17,418).

El 17 de julio soñé que salía a la calle con mi Mamá Margarita, y con mi hermano José, y que entrábamos a una Iglesia a rezar. Luego llegamos a la gran plaza llamada Víctor Manuel y allí había un numeroso grupo de niñas jugando. Entonces un personaje me dijo: – Por aquí debe fundar un Oratorio o Colegio para las niñas pobres.

- Perdone – le dije – pero esto no me es posible, porque ya tenemos muchos Oratorios y no hay el personal suficiente para fundar otros nuevos.

El personaje añadió: – Pero aquí se necesita un Oratorio o colegio para niñas pobres.

Y en aquel momento todas aquellas niñas dejaron sus juegos y acercándose a mí empezaron a decirme suplicantes: – Oh Don Bosco: recíbanos en su Oratorio. Estamos desprotegidas en lo espiritual y el enemigo de las lamas nos puede hacer muchísimo mal. ¡Por favor: socórranos! Abra para nosotros un Colegio y Oratorio donde nos instruyan y nos salven.

Yo les dije: – Recen al Señor y Él se encargará de ayudar en esto.

- Sí, rezaremos, rezaremos. Pero ayúdenos. Llévenos también a nosotras a cobijarnos bajo el manto de María Auxiliadora.

Nota: No es ésta la primera vez que Don Bosco siente que las niñas le piden que funde obras y casas religiosas para protegerlas e instruirlas en la religión. El mismo Sumo Pontífice Pío IX cuando le aconsejó que fundara una comunidad de religiosas para instruir a la juventud femenina le dijo: “¡También por las niñas murió Jesús!”. Recuerde que ellas son más inclinadas a la piedad y que instruyéndolas en la religión se pueden conseguir grandes progresos espirituales.

Como el colegio para niñas pobres que le fue pedido en este sueño, las religiosas salesianas, las Hijas de María Auxiliadora tienen ahora 1,300 colegios para educar a las niñas en 75 países. Y María Auxiliadora las protege admirablemente.

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139. Trabajo, trabajo, trabajo 1885 (MB. 17,331).

En el mes de septiembre (1885) soñé que viajaba había Castelnuovo y que por el camino se me acercaba un venerable anciano el cual me decía: – ¡Trabajo, trabajo, trabajo! Este debe ser el objetivo y la gloria de un sacerdote. No desanimarse nunca en el trabajo y no dejar de trabajar. ¡Cuántas almas se salvarían su los sacerdotes trabajaran más! ¡Cuántas cosas se haría para gloria de Dios! ¡Oh, si el misionero cumpliera de verdad con sus deberes de misionero y si el párroco se dedicara con toda el alma a cumplir sus deberes de párroco! ¡Qué prodigios de santidad se verían por todas partes! Pero desafortunadamente muchos tienen miedo al trabajo y prefieren dedicarse a una vida comodona y descansada.

Yo le dije que era una verdadera lástima la escasez de sacerdotes y él me dijo: – Es cierto que hay escasez de sacerdotes, pero si cada sacerdote cumpliera exactamente con sus propios deberes, casi serian suficientes los que hay. ¡Cuántos sacerdotes hay que hacen muy poco de lo que les obliga en conciencia hacer como sacerdotes! Algunos se quedan solamente atendiendo a su familia. Otros por timidez permanecen ociosos. Mientras que si dedicaran a confesar, a enseñar catequesis, a propagar la religión, llenaría un gran vacío, que hay en el campo de la Iglesia. Dios proporciona las vocaciones según las necesidades que se van presentando en la Iglesia. Cuando el gobierno puso obligatorio el servicio militar para los seminaristas, muchos pesimistas creyeron que las vocaciones se iban a acabar, y entonces fue cuando más aumentaron.

- ¿Y qué habrá que hacer para conseguir más vocaciones? – le pregunté.

- Ante todo que se cultive y se conserve entre los jóvenes la moralidad, la pureza. La moralidad es como un semillero del cual nacen muchas vocaciones.

- Y cada sacerdote ¿qué será lo que tiene que hacer para que su propia vocación produzca más frutos espirituales? – Ante todo lo que dice San Pablo: “Que cada uno aprenda a gobernar y santificar muy bien su casa” (1 Tim. 5,8). Que cada cual sea ejemplo de santidad en el sitio donde trabaja y para las personas con las cuales trata. Que cuiden mucho para no dejarse dominar por la gula en el comer o en el beber, y que no se dediquen con demasiado afán a las cosas materiales. Que cada uno sea ante todo modelo de santidad para los que viven cerca de él. Después ya lo será para los demás.

El venerable sacerdote se despidió de mí y… yo me desperté.

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140. Sueño acerca de la muerte de un seminarista y un alumno 1885 (MB. 17,434).

El 21 de octubre de 1885 murió santamente en el Oratorio el seminarista salesiano Francisco O’Donellan. La noche siguiente tuvo Don Bosco el siguiente sueño: Fui a acostarme con el pensamiento de la muerte del clérigo O’Donellan y sentía deseo de saber qué destino habría tenido en la eternidad. Y empecé a soñar.

Vi a O’Donellan tan hermoso y resplandeciente que parecía un ángel. Y al lado mío caminaba un joven alumno nuestro, con la cabeza muy agachada y con apariencia de estar desesperado y muy triste.

Llegamos luego a un palacio de una hermosura extraordinaria y allí estaba una señora que resplandecía en medio de un multitud de rayos de colores. La rodeaba un inmenso grupo de ángeles. La señora dijo con voz muy amable al recibir a nuestro clérigo: – He aquí mi hijo muy amado, que brillara como el sol por toda la eternidad.

Y el clérigo O’Donellan entró gozoso en aquel gran palacio.

Luego vi que aparecían dos fieras horrendas las cuales se lanzaron contra el joven triste que estaba allí cerca, para destrozarlo en pocos momentos.

Yo quise defender al pobre joven que gritaba pidiendo auxilio; y me lance contra las terribles fieras, pero se volvieron contra mí y al ver sus afilados dientes sentí tan grande miedo que… me desperté.

Nota: El secretario de Don Bosco que dormía en la pieza cercana, al oír sus gritos pidiendo auxilio entró a su habitación y lo encontró muy asustado.

La narración de este sueño a los alumnos les causó gran conmoción. Esa misma mañana los que aun no se habían confesado hicieron una buena confesión. Todos, menos uno, que se llamaba Arquímedes Accornero. Al fin el Padre Francesia lo convenció de que subiera a la habitación de Don Bosco y se confesara con el Santo. Pero había allí bastantes aguardando turno y el muchacho no quiso aguardar y no se confesó tampoco esa noche. Afortunadamente al día siguiente el Santo sacerdote Esteban Trione al saber que tampoco se había confesado y que el año anterior había tenido muy mala conducta, tanto que los superiores habían pensado que no volviera más al colegio, y que ese año aceptado a base de ruegos, también llevaba una conducta muy indeseable, se fue a charlar con él y de tal manera lo supo convencer que lo llevó a donde Don Bosco y consiguió que se confesara con el Santo.

Esa misma tarde el joven Accornero ayudaba a llevar un montón de catres de hierro por una escalera arriba. El montón cedió y se vino escalera abajo y lo aplastó. Quedó sin sentido y sin habla y a la medianoche ya estaba muerto.

La mamá al saber la muerte de su hijo (que estaba en 7o. grado de bachillerato) lo primero que preguntó fue esto: “¿Se suicidó?”. Hasta ante la misma mamá tenía fama de triste y malgeniado. Afortunadamente Don Bosco se había interesado mucho por él y logro que lo convencieran para que se confesara. Y muy a tiempo que lo hizo.

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141. El congreso de los diablos 1885 (MB. 17,333).

Soñé que estaba en una gran sala donde muchos diablos celebraban un congreso para encontrar los medios con los cuales lograr acabar y destruir a la comunidad salesiana (y a cualquiera otra asociación religiosa).

Un diablo propuso: – Para destruir esta asociación religiosa lo mejor será la GULA. Ella trae desgano para hacer el bien, corrupción de costumbres, maslos ejemplos, falta de espíritu de sacrificio, descuido de los deberes del apostolado…

Pero otro diablo respondió: – Este medio no sirve para la mayoría, porque la comida de los religiosos es bastante sobria y las bebidas alcohólicas son escasas entre ellos. Sus reglamentos mandan que la alimentación sea ordinaria y los superiores vigilan para que no haya exceso en esto. Y el que se excede en el comer y en el beber no sólo produce escándalo entre los demás sino que se atrae el desprecio de los otros. Yo propongo más bien, como medio para acabar con la Congregación al inspirarles un gran AMOR POR LAS RIQUEZAS.

Y añadió:- Es que cuando en una asociación religiosa entra el amor a las riquezas, llega también el amor por las comodidades, y el deseo de tener cada uno su propio dinero para gastarlo en lo que se le antoje, y los religiosos empiezan ya a no pensar con caridad en los demás, sino con egoísmo, cada uno en sí mismo. Y el amor al dinero lleva a los religiosos a dedicarse a los ricos que pueden pagar altas cuotas, y se van olvidando de los pobres.

Aquel demonio quería continuar hablando pero le interrumpió un tercero que dijo: – ¡Qué gula, ni qué amor a las riquezas! Estos religiosos son bastante pobres y bastante sobrios. Además se dedican a atender gentes tan necesitadas, que cualquier cantidad de dinero que les llegue, apenas sí les alcanzará para ayudar a tantos pobres que vienen a pedir su ayuda. Yo en cambio propongo como medio para acabar con su comunidad el incitarles a una EXAGERADA LIBERTAD. Convencerlos de que no es necesario obedecer a los reglamentos de su Congregación. Que hay que rechazar ciertas preocupaciones poco brillantes que se les encomiendan. Que hay que producir movimientos contra sus superiores. Que se puede ir siempre a hacer visitas sin pedir permiso a nadie. Que pueden aceptar toda clase de invitaciones y aprovechar esas ocasiones para salir de casa… y otras cosas semejantes.

Entonces se adelantó un cuarto demonio y exclamó: – Esos medios que han propuesto resultan bastante inútiles, porque los superiores los pueden despedir a los rebeldes. Es verdad que algunos se dejarán deslumbrar por el deseo de tener una exagerada libertad, pero ya verán que la mayor parte de estos religiosos se mantendrán fieles al cumplimiento de su deber. Yo les propongo un medio cuya peligrosidad que estos hombres no serán capaces de descubrir tan fácilmente. Consiste en CONVENCERLOS DE QUE LO MÁS IMPORTANTE ES LLEGAR A SER MUY INSTRUIDOS, que su principal gloria será el lograr ser personas de mucha ciencia. Y para eso hay que convencerlos de que estudien mucho para adquirir fama, y no para lograr hacer gran bien a las almas o para ser más Santos. Que se instruyan para provecho propio y no para provecho del prójimo que necesita de su apostolado. Hay que llevarlos a que desprecien a los que no son muy instruidos y que les interese la ciencia solamente, y no el ejercer el ministerio sacerdotal y el apostolado que tiene que hacer un buen religioso. Que no les guste enseñar catecismo a los niños, ni dar clases a los pobres, ni pasar largas horas en el confesionario. Que se dediquen solamente a predicaciones en las cuales puedan lucir todo su orgullo y conseguir alabanzas de las personas humanas, pero no a las sencillas predicaciones en las cuales ayuden en verdad a la salvación de las almas.

Esta proposición fue recibida con grandes aplausos por todos los diablos. Y yo me puse a pensar con tristeza que a nuestra Congregación (y a muchas otras) puede llegar al terrible peligro de que algunos crean que lo verdaderamente importante es ser muy instruidos y adquirir fama de brillantes ante los demás, y mientras tanto descuiden sus deberes de sacerdotes y de religiosos, esos deberes sencillos y humildes de enseñar catecismo, de confesar, de predicar de manera fácil al pueblo ignorante y de dedicarse a labores de apostolado que no brillan ante los ojos humanos pero que sí tienen un gran valor ante los ojos de Dios.

Y yo pensaba: ¡qué peligro tan grande el que nos puede venir: que los nuestros deseen solamente la ciencia que hincha y enorgullece y que proporciona alabanzas de la gente, y que esto los lleve a despreciar los buenos consejos de aquellos a los cuales consideran inferiores a ellos en el saber! De pronto uno de los diablos me vio escondido allá en un rincón escuchándoles y entonces todos ellos se lanzaron contra mí tratando de destrozarme. Yo empecé a gritar: ¡Auxilio! ¡Auxilio! Y… me desperté muy emocionado y muy cansado.

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142. El futuro de algunos salesianos 1885 (MB. 17,333).

Otros avisos del Cielo.

En la noche del 1o. de diciembre de 1885 el seminarista Viglietti se despertó asustado al oír gritos que salían de la habitación de Don Bosco. Corrió hacia allá y encontró al Santo que decía: – ¡Ay de mí. Ay de mí! ¡Auxilio! ¡Auxilio! Viglietti le preguntó:- ¿Don Bosco, se siente mal? Y él, despertándose, le respondió: – Es que estaba casi ahogado por cosas que estaba soñando y que me fatigan.

Y al día siguiente mientras desayunaba narró cuál era la causa de sus gritos: – Durante cuatro noches he visto en sueños una larga fila de salesianos llevando cada uno un cartel con un número. En uno se leía 70, en otros 62, en otro 30. y cada salesiano iba y se sentaba sobre una tumba. Y allí pude ver muchos detalles acerca de la fecha y el sitio y las circunstancias de la muerte de cada uno. Yo asustado gritaba y esos gritos me dejaban los pulmones destrozados.

Nota: Muchos años después de la muerte del Santo, un salesiano escribió un libro titulado: “Cada día con Don Bosco”, y allí señala más de 40 casos de salesianos a quienes Don Bosco les dio datos misteriosos acerca del cuándo y el modo de su muerte.

Comparando los datos de sus Cartas Mortuorias con lo que ellos habían contado en vida que Don Bosco les había anunciado, se encuentra una precisión maravillosa. Es que sus sueños eran verdaderos anuncios del futuro.

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143. Las fieras con piel de cordero 1885 (MB. 17,335).

El 1o. de diciembre vi en sueños un gran rebaño de corderos y ovejas que representaban a muchos que trabajaban en nuestra comunidad. Me acerqué para saludarlos pero me di cuenta de que esa piel de cordero era una especie de cobertura o disfraz que ocultaba a unos tigres, leones, perros rabiosos, cerdos, panteras y osos, y que cada uno tenía junto a sí a un monstruo infernal.

Un grupo de aquellos monstruos infernales estaba tramando un plan contra nuestra Congregación y decían: – ¡A los salesianos hay que acabarlos, hay que exterminarlos! En ese momento me vieron allí cerca y se lanzaron contra mí para destrozarme. Yo grite pidiendo auxilio y entonces el secretario Padre Viglietti entró en mi habitación y me encontró sentado en la cama, muy angustiado y muy cansado.

Sobre ese grupo de disfrazados de corderos vi un letrero que decía: “Se han hecho semejantes a las bestias”.

(Y al decir estás últimas palabras, el Santo inclinó la cabeza y lloró). Su secretario el Padre Viglietti le dijo: – Padre amado: nosotros le seremos siempre fieles. No seremos fieras disfrazados de corderos.

Don Bosco añadió: – En estos sueños vi también que dos de los nuestros no celebrarán este año la Navidad en esta tierra. (Y en efecto, en ese diciembre murieron allí en la casa salesiana Antonio Guarino y Esteban Pisano).

- Ah, si yo pudiera ir a las casas salesianas y decirles a los que están en pecado: ¿Por qué no confesarse? ¿Por qué no hacer las paces con Dios? ¿Por qué no obtener el perdón de Nuestro Señor? Ah, si pudiera ir donde cada uno y decirle: ¡Rompa ese hielo que tiene para con Dios. Arregle las cuentas de su alma! En este sueño vi también a muchos que se harán religiosos, pero luego se retiraran porque amaran más al mundo que la santidad. Y vi quiénes sí cumplen los reglamentos de nuestra comunidad, y quienes no los cumplen.

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144. Un joven extraño 1886 (MB. 18,26).

La noche del 23 de enero de 1886, Don Bosco despertó con sus gritos soñando, a su secretaria que dormía en la habitación vecina. Al día siguiente el Padre Viglietti le preguntó por qué gritaba y el Santo le respondió: – Es que en sueños veía a un joven deforme, extraño y repugnante que daba vueltas por mi habitación. Yo trataba por todos los medios de que se alejara y se fuera pero no se quería dejar expulsar de allí. Entonces como no se quería ir le dije: – Mire que si no se va de aquí me voy a ver obligado a pronunciar una palabra sonora que nunca he dicho en mi vida.

Y como no aceptaba salirse de la habitación le grite una palabra bien sonora (¡carroña, asqueroso!) y en ese momento…

me desperté.

Y el Santo concluyó este relato poniéndose colorado y añadiendo: – Jamás he dicho semejante palabra a nadie en mi vida. ¿Y me toca decirla ahora en sueños? Y sonreía.

Nota: Jamás alguien oyó de los labios de Don Bosco una palabra menos digna u ofensiva. Su hablar fue siempre amable y supremamente respetuoso con todos. Quizás se cumple aquí lo que dice San Agustín: “Cuando el diablo no logra ciertas actuaciones, cuando estamos despiertos, trata de obtenerlas cuando estamos dormidos”.

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145. Dos sacerdotes en la catedral 1886 (MB. 18,26).

El 25 de febrero de 1886 Don Bosco narró a sus amigos: Soñé que entraba a la catedral de Turín y que veía allí a dos sacerdotes que tenían un comportamiento no muy respetuoso en la Casa de Dios. Uno de ellos tenía el sombrero puesto y me atreví a decirle: – Perdone, pero si no tiene el suficiente respeto al sitio Santo, y no teme escandalizar y dar mal ejemplo a los demás, por lo menos téngase respeto y consideración a sí mismo. Quítese el sombrero.

El sacerdote respondió: – ¡Tiene usted razón! Y se quitó el sombrero.

Yo sonreí muy contento y… me desperté.

Nota: Quizás lo que más interesaba en este sueña era el mensaje de que si no se teme irrespetar el sitio donde uno está y no se teme dar mal ejemplo y escandalizar, por lo menos habría que evitar ciertos comportamientos por el respeto y la consideración que cada cual se debe a sí mismo.

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146. El Viacrucis 1886 (MB. 18,33).

Soñé que un personaje se me presentaba y me decía: – Predique a la gente acerca del Viacrucis.

Y me llevó a una plaza llena de gente y allí les hable acerca de las 14 estaciones del Santo Viacrucis, o camino hacia la cruz. Les explique cómo en el Viacrucis vamos recordando lo que le sucedió a Jesús durante las últimas horas de su vida terrenal (desde la oración en el Huerto el jueves Santo por la noche, hasta su sepultura el viernes Santo al atardecer).

Y soñé que al terminar de hablar aquellas gentes me pidieron que les explicara una por una las 14 estaciones del Viacrucis.

Yo les expliqué cómo Jesús que fue el primero en recorrer el Santo Viacrucis, nos propone también a nosotros que lo vayamos recorriendo, y lo dice con estas palabras: “Si alguno quiere ser mi discípulo, que se domine a sí mismo, tome cada día la cruz de sus sufrimientos y me siga”.

Los oyentes me pidieron que les explicara el Viacrucis con ejemplos. Entonces les fui explicando cómo en esta práctica piadosa se van recordando los sufrimientos que Jesús padeció en su pasión y muerte para salvarnos.

Le gente me pedía que repartiéramos Viacrucis impresos en libritos y yo me fui a buscar a unos sacerdotes salesianos para que me ayudaran en esta obra y mientras los buscaba afanosamente… me desperté.

Nota: La vida de San Juan Bosco en este año 1886 era un verdadero Viacrucis o camino hacia la cruz, pues su salud era terriblemente deficiente y sus preocupaciones y trabajos muy grandes. Pero nunca perdía su serenidad y amabilidad. Él sabia muy bien que cuanto más sufría en esta tierra, más semejante se hacia al Divino Redentor y más alto puesto se ganaba para el Cielo. Pero repetía frecuentemente: “Recordemos que lo que nos hace conseguir premios no son los sufrimientos, sino la paciencia con la cual soportamos los sufrimientos que nos llegan”.

Durante toda su vida recomendó a las gentes que le escuchaban, que rezaran el Santo Viacrucis, especialmente en Cuaresma (los 40 días anteriores a la Semana Santa) y en su devocionario llamado: “El joven instruido”, del cual editó más de dos millones de ejemplares, publicó un bello Viacrucis con gráficos y hermosas oraciones. Él personalmente hizo infinidad de veces el Viacrucis.

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147. Sueño con mamá Margarita en I Bechi (MB. 18,34).

El 1o. de marzo de 1886 nuestro Santo narró lo siguiente: Soñé que estaba en el campo donde nací, en I Bechi. Mi Madre Margarita con una vasija en la mano estaba junto a la fuente y sacaba agua sucia echándola en una vasija. Aquella fuente había dado siempre agua purísima y ahora daba agua turbia, y mi madre estaba por eso muy admirada y exclamó: “Ahora nos tocará pagar el agua que bebamos”.

- Explícales estas palabras a tus sacerdotes y verán que sí se van a cumplir.

Luego me llevó a un sitio elevado y me mostró los pequeños caseríos de alrededor, por ejemplo: Capriglio (el pueblo donde nació mamá Margarita) y Butigliera y me dijo: – ¿Por qué no fundar aquí alguna obra? ¿Es que estas gentes no valen tanto como las de Patagonia? – Sí mamá, pero es que yo quiero hacer el bien aquí y también allá en Patagonia.

- Bueno, si es así, estoy de acuerdo.

Y al ver que mi madre se iba a alejar… me desperté.

Más tarde las aguas que nacían en la fuente de I Bechi se hicieron impotables y hubo que instalar el acueducto oficial y pagar cada mes las aguas que allí se toman.

En la altura donde estaba la casa natal de San Juan Bosco se construyó 50 años más tarde, según el deseo de Mamá Margarita (expresado en este sueño) un gran Colegio Industrial para jóvenes de los alrededores. El Instituto Semeria, y allí pueden ir a estudiar los jóvenes de Capriglio, Butigliera y demás pueblos vecinos. Así se ha demostrado que los paisanos de Don Bosco son tan importantes para los educadores salesianos como los de la Patagonia y demás misiones.

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148. Viaje desde Valparaíso, Chile hasta Pekín, China 1886 (MB. 18,72).

La noche del 9 de abril de 1886 soñé que subía a un pequeño monte desde el cual se observaba una inmensa selva y muchos cultivos y oí el griterío inmenso de una cantidad incontable de niños. Y vi venir un grupo enorme de jovencitos que corrían hacia mí y me decían: – ¡Te hemos esperado tanto! Te hemos esperado mucho tiempo. Pero ahora estás con nosotros y no dejaremos que te vayas.

Yo no comprendía qué significaba aquello pero en ese momento apareció un inmenso rebaño de corderos guiados por una pastorcilla, la cual me dijo: – Mira lo que tienes enfrente y recuerda tu sueño de los 9 años.

Y llamando a los jovencitos para que se acercaran a mí, añadió: – Miren hacia lo lejos y verán lo que espera para el futuro.

Y uno de los jóvenes exclamó: – Veo un letrero que dice: Valparaíso, Chile.

Y otro añadió: – Veo otro letrero que dice: Santiago, Chile.

La pastorcilla dijo: – Ahora miren hacia el otro lado y verán el camino que hay que recorrer.

Entonces los jovencitos mirando hacia lo lejos gritaron: – Leemos un letrero que dice: Pekín, China.

Entonces vi allá una inmensa ciudad.

Y la pastorcilla me informó: – si trazas una línea desde Valparaíso, Chile, hasta Pekín, China, pasando por el centro de África, tendrás el recorrido que harán en lo futuro tus salesianos evangelizando.

Yo le respondí: – Pero las distancias son inmensas y los salesianos son pocos.

Ella me contestó: – No te afanes ni te preocupes, ¿Ves allá? Hay 50 misioneros salesianos ya preparados. Y mucho más allá hay muchos misioneros más. ¿Y qué estás viendo en esa línea que va desde Chile hasta el África? – Veo que dice Centros de misión.

- Bien, esos centros de misión serán casas donde se prepararán los misioneros salesianos que va a ir a trabajar en esas regiones. Y ahora si vuelves a mirar a la línea que va desde África hasta Pekín, verás otros 10 centros de misión. Y esas 10 casas proporcionarán misioneros a todas esas regiones. Mira: Hong Kong, Calcuta, Madagascar. En todas esas ciudades y muchas ciudades más habrá casas salesianas, colegios y noviciados. Yo le pregunté afanado: – ¿Y cómo conseguir misioneros para tantas casas y misiones? – Para eso es menester que emplees toda tu buena voluntad y que les digas y les recomiendes a tus discípulos que cultiven y cuiden mucho la Santa virtud de la pureza la virtud de María.

- Muy bien. Me parece haber entendido. Les repetiré esas palabras que has dicho.

Ella añadió: – Y cuídate para no cometer el error de mezclar a los que estudian las ciencias religiosas, con los que se dedican a estudiar las ciencias mundanas. Los que se dedican a estudiar las ciencias divinas no deben mezclarse con los que se dedican a estudiar las ciencias mundanas.

Yo quería haberle otra pregunta, pero en eso momento la visión desapareció: Explicación: Cuenta Monseñor Cagliero que al llegar a Chile en 1887 (el año siguiente de este sueño) en una recepción, dijeron estás palabras: ¡Hace dos años que rezamos y suspiramos para que Don Bosco nos envíe sus salesianos.

Y Monseñor Fagnano dice que al llegar a Valparaíso, salieron más de doscientos niños a recibir a los salesianos y exclamaban: – ¡Por fin han llegado nuestros padres! ¡Desde mañana ya podemos ir a estudiar! Y que un grupo de jovencitos de otro sitio de Chile exclamaba: – Las niñas tienen hermanas que las eduquen. ¿Por qué nosotros no podemos tener padres salesianos que nos enseñen? ¿Cuándo será que nuestro Padre Don Bosco nos envía sus religiosos? (Se repetía lo que oyó Don Bosco en el sueño: “Te hemos esperado tanto”).

En el año de este sueño, 1886, Don Bosco tenía 600 salesianos, y sus casas religiosas estaban en muy pocos países. Ahora sus salesianos son 17,000 en 105 países. Las diez casas de formación de religiosos que vio entre Chile y África y las otras diez que vio entre África y Asia ya existen (y en ese año no había nada de esto todavía por allí).

El cumplimiento de este sueño ha sido sorprendente. En todas las ciudades donde vio casas de su comunidad, ya las hay ahora y en muchas más. Las casas salesianas en el mundo son 1,300.

Y la Divina Pastora, la Virgen María, sigue llevando miles y miles de jovencitos a las Casas de Don Bosco en todo el mundo.

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149. Soñando con el Oratorio 1886 (MB. 18).

El 25 de abril de 1886 estando Don Bosco en Barcelona, España, vio en sus sueños a sus alumnos del Oratorio de Turín, Italia. Y notó que el Padre Lemoyne invitaba a los alumnos de los dos cursos superiores parea que asistieran a una conferencia religiosa, y que muchos de ellos no quisieron asistir. Luego bajó en sueños a la Iglesia de María Auxiliadora mientras se celebraba allí la Santa Misa y vio que las comuniones de los alumnos habían disminuido mucho. Y observó también que muchos jóvenes que debían presentarse a hablar con el superior no lo hicieron.

Al día siguiente hizo escribir esto a Turín y avisó que al volver a esa ciudad llamaría a los jóvenes y le diría a cada uno cómo lo había visto en este sueño.

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150. Ricos que llegan a ser pobres 1887 (MB. 18,169).

El 9 de agosto de 1887 Don Bosco narró el siguiente sueño: Vi en sueños que muchos dueños de fincan buscaban pastos para sus animales y no los encontraban. Y decían: – ¿Qué haremos que no hay con qué alimentar los ganados? Y otros respondían: – Tendremos que matar el ganado y comernos la carne. Como en tiempos de José en Egipto, aquí las vacas flacas devoraran a las vacas gordas.

Luego vi unas maletas muy bien cerradas que nadie lograba abrir. Al fin pude abrir una de ellas y estaba totalmente llena de dinero. Y una voz me dijo: – Es el dinero de los ricos que pasara a los pobres, mientras que los ricos no lo podrán emplear. Muchos ricos perderán lo que tienen y serán expropiados.

Nota: Había aquí avisos de sequías y veranos muy grandes que iban a llegar a los agricultores y ganaderos, y la reafirmación de una verdad que Don Bosco iba predicando en esos años de ciudad en ciudad: “Si los ricos no comparte voluntariamente con los pobres repartiendo generosamente con ellos sus riquezas, un día violentamente les quitaran lo que poseen. Lo que podrían dar por las buenas (ganando así mucho premio para el Cielo) y no lo quieren dar, lo perderán un día por medio de la violencia, pero ya sin meritos ni premios para el eternidad”. Y la historia de las revoluciones y de los continuos secuestros de ricos ha venido demostrando que sí se cumple este penoso aviso.

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151. El ramillete de flores 1886 (MB. 18,28).

El 31 de enero de 1886 se reunieron junto a Don Bosco los alumnos de los cursos superiores del Oratorio de Turín y le dijeron: – Cuéntenos algún sueño que se relacione con nosotros.

Y él respondió:- Una noche soñé que estaba en el patio paseando rodeado de muchos alumnos y que uno de ellos siempre me volvía la espalda. Noté que en sus manos llevaba un ramillete de hermosas flores, pero seguía volviéndome la espalda. Yo le hice ver lo feo que era esa costumbre, y él me respondió: – Es que yo soy como las campanas que invitan a la gente a que vaya al Templo pero ellas nunca van a misa.

Ese joven lo conozco muy bien, pero no digo quién es.

Nota: Quizás les quería insistir en lo peligroso del apostolado es decir cosas muy bellas a la gente, pero no cumplirlas el que las recomienda.

Cumpliéndose así lo que Jesús decía de los escribas: “Colocan pesadas cargas de obligaciones en los hombros de los demás, pero ellos no mueven ni un dedo para llevar esas cargas” (Mt. 23,4).

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152. La humilde esclava del Señor 1887 (MB. 18,253).

La noche del 4 de enero de 1887 me pareció ver una persona llena de inmensos resplandores que me decía: – Yo soy la esclava del Señor. He sido enviada para curar a tu enfermo Ludovico Olive. El Señor ha mirado la humillación de su esclava y el Poderoso ha hecho obras grandes por mí.

Después ella añadió: – Yo tengo mi morada en lo más alto de los cielos y puedo hacer ricos espiritualmente a los que aman y llenarlos de tesoros celestiales. Para los jóvenes sus mejores tesoros serán que sus palabras sean puras y sus acciones sean castas. Ministros de Dios: no se cansen nunca de insistir en que hay que huir de los que es contrario a la pureza y de las malas conversaciones.

Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Los que hablan malas conversaciones muy difícilmente se lograrán convertir de su impureza. Si quieren agradarme procuren tener buenas conversaciones y darse mutuamente ejemplos de buen obrar. Muchos prometen flores de buenas obras y sólo ofrecen a mi Hijo espinas de pecados.

Y siguió diciendo: – ¿Por qué confesándose frecuentemente, su corazón sigue tan lejos de mí? Dedíquense a decir y a hacer lo que es bueno y no lo que es malo. Yo soy una Madre que amo a mis hijos espirituales pero aborrezco todo lo que es pecado. Voy a venir pronto para llevarme a algunos al descanso eterno. Yo cuido de mis devotos como una gallina cuida a sus polluelos.

Dedíquense a hacer obras buenas y no malas acciones. Las malas conversaciones son como una enfermedad contagiosa.

Los superiores que no se cansen nunca de avisar acerca de estos peligros, porque va a venir aquel que les va a tomar cuenta del modo como han instruido a los demás. El tiempo que les queda es breve. Por tanto, mientras les queda tiempo trabajen con ánimo esforzado”.

Nota: El clérigo Ludovico Olive estaba moribundo y desahuciado por los médicos. Don Bosco, después de este sueño-visión dijo que Olive no moriría por ahora. Y en efecto pocos días después empezó a mejorar y fue misionero en china donde vivió hasta 1921 (35 años después de este sueño).

Al día siguiente de haber tenido este sueño, llamó Don Bosco al Padre Lemoyne y se lo narró y le dijo: – Los médicos dicen que Olive se muere ahora. Y la Virgen me dice que vivirá mucho tiempo más. ¿Qué me aconsejas? ¿Decirle que se va a curar? El Padre Lemoyne le respondió: – Don Bosco, lo que usted sueña son visiones venidas del Cielo, y siempre se cumplen.

- Así es – dijo el Santo – Entonces puedes hacer correr la noticia de que Don Bosco ha soñado que Olive no morirá por ahora.

Y aquella noche soñó el moribundo Olive que se le aparecía Don Bosco y le decía: “Dentro de diez días vendrás a mi habitación, totalmente curado y me visitarás”. Y así sucedió.

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153. Las cerezas 1887 (MB. 18,283).

El 4 de marzo de 1887 Don Bosco narró lo siguiente: Anoche soñé que corría terrenos de mi país, que estaban sin cultivar y que una voz me decía: – Cuidado, no sea que por cultivar terrenos en países lejanos (en el Mar Negro) se queden sin cultivar los terrenos del propio país.

Yo le respondí: – Estos terrenos parecen sin cultivar pero es que estoy dejando que crezcan pastos para que se alimenten aquí los rebaños.

Luego vi un árbol lleno de cerezas y le pedí al agricultor que las recogiera. Pero al abrirlas vi con tristeza que estaban podridas por dentro.

Quizás esté aquí la respuesta a quienes preguntaban por qué enviaba tantos misioneros a otros países teniendo tanto trabajo por hacer en su propio país. Aquellos pastos, para que alimenten los rebaños eran sus casas de formación, sus seminarios, y de allá salieron muchos pastores bien preparados para misionar en otros sitios.

En cuanto a las cerezas puede tratarse del cumplimiento de aquel antiguo refrán: “No todo lo que brilla es oro”, para que los Apóstoles no se llenen de vanidad, pues muchas veces lo que por fuera parecen frutos maravillosos, por dentro resultan frutos muy llenos de pobredumbre.

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154. Las uvas 1887 (MB. 18, 283).

El 24 de marzo de 1887 soñó Don Bosco lo siguiente: Soñé que estaba en medio de unas matas de uva en tiempos que no son de cosecha. Las uvas en mi tierra se cosechan en septiembre y ahora apenas estábamos en marzo. Y al ver semejante cantidad tan grande de racimos exclamé: – ¡Qué hermosa está la uva! Este año tenemos una cosecha muy abundante.

Y oí que mi hermano José me decía: – Es necesario recoger ahora todo lo que se pueda, mientras hay abundancia, porque van a venir tiempos de mucha escasez.

- ¿Por qué va a llegar esa escasez? – Porque la gente abusa de la abundancia. Cuando tienen mucho vino, toman mucho vino.

Puede referirse no solo a la cosecha de uvas sino también a las vocaciones. En aquel año San Juan Bosco tenía alrededor de 100 novicios. Había que aprovechar estos años de abundancia, porque después llegarían los años de gran escasez de vocaciones.

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155. Los castigos de los pecadores 1887 (MB. 18,284).

El 3 de abril de 1887 hablo así Don Bosco: Anoche vi en sueños los castigos que esperan a los pecadores. Y lo que vi es tan terrible que si los que me oyen pudieran verlo, o se dedicarían a una vida santa o saldrían huyendo llenos de susto. Primero oí un estruendo y un griterío como los que se sienten cuando hay un terrible terremoto. Luego vi un enorme horno donde muchos ardían y lanzaban lastimosos quejidos. Y una voz me dijo:- Muchos se dedican en esta tierra a todos los goces deformadas. Y después horribles sufrimientos.

Luego vi allí sufriendo a muchas personas horrendamente deformadas. Y eran de los nuestros. Y al verlos sufrir tanto y oírles tantos lamentos exclamé: – ¿Pero no habrá algún modo de que paguen sus pecados y no tengan que venir a sufrir tantos tormentos? Y una voz me respondió: – Que paguen sus pecados con plata y oro. Con limosnas a los pobres, pero también con otra plata y oro preciosos: las oraciones frecuentes, las confesiones y comuniones fervorosas servirán para librarse de los sufrimientos que esperan a quienes viven cometiendo pecados.

Nota: Don Bosco se despertó muy angustiado y lloraba al narrar este sueño. Allí vio destinados a muy terribles castigos a muchos de sus amigos que manchaban sus almas con frecuentes pecados. Afortunadamente la voz del Cielo le anunció unos modos prácticos para librarse de aquellos castigos: oras, dar limosnas y recibir con fervor y frecuencia a los Santos Sacramentos, especialmente la Sagrada Eucaristía.

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156. Acerca de la obligación de dar limosna 1887 (MB. 18,361).

El 14 de junio de 1887 hablo así nuestro Santo: Hace unas noches soñé que se me aparecía la Santísima Virgen y me reprochaba por haberme callado últimamente acerca de la grave obligación de dar limosna. Y me dijo: – Mire, que aunque uno sea sacerdote puede perderse por pecados contra el sexto y séptimo mandamiento.

Y me insistió en que son muchos los que se pierden por no haber hecho buen uso de las riquezas, por hacer uso indebido de sus bienes, y no repartir lo suficiente a los pobres. Y añadió: – Si los que tienen bienes de fortuna repartieran entre huérfanos y pobres lo que no les resulta muy necesario, seria mucho mayor el número de los que lograrían salvarse. Pero desafortunadamente son muchos los que se guardan para ellos solos sus riquezas y esto será su perdición.

Nota: Desde hacia varios años venía Don Bosco hablando muy frecuentemente a los ricos y a todos los que tenían algunos bienes de fortuna, acerca del gravísimo deber que tiene todo cristiano de compartir sus bienes con los necesitados. Muchos lo criticaban por esto y hasta lo querían acusar ante las autoridades eclesiásticas por hablar tanto acerca de los graves peligros que les esperan a los que tienen bienes si no los comparten con los necesitados. El Santo repetía: “Si ahora no reparten voluntariamente sus bienes a los pobres, un día ellos vendrán con un puñal u otra arma en las manos y se los quitaran a la fuerza”.

Y se quejaba de que a muchos sacerdotes les da pena insistirle a la gente acerca de lo grave que es la obligación de dar limosnas, y limosnas proporcionadas a lo que cada uno tiene o gana. (No migajas que no se sienten. Que eso seria un engañarse uno a sí mismo. Si lo que se da a los demás no cuesta nada, eso no es dar, es sólo un engañarse. La limosna debe empobrecer en algo al que la regala).

Repetía y repetía que el recomendar a los otros que se dediquen a dar limosnas generosas es hacerles un gran favor, porque según dijo Tobías en la Santa Biblia: “La limosna borra multitud de pecados”.

Pero como lo criticaban tanto por enseñar esto, dispuso callarse últimamente. Y fue entonces cuando se le apareció la Santísima Virgen en persona a regañarlo por haberse callado y a recordarle que aunque uno sea sacerdote puede perderse si vive en pecado contra el sexto mandamiento o no reparte debidamente sus bienes a los pobres.

Después de este sueño el Santo llamó al Padre Bonetti, buen escritor, y le dijo: – Por favor, redacte un libro acerca de la grave necesidad y obligación que tiene todo buen cristiano de dar limosnas. Y repártanlo por todas partes.

El Padre Bonetti publicó ese libro al año siguiente, unos meses después de la muerte del Santo. El título del libro era: “Cómo ganarse el Cielo dando limosnas en la tierra”.

Es curioso que ésta es quizás la última aparición de la Santísima Virgen a Don Bosco, y la hizo para insistirle en un tema importantísimo para la salvación: Dar limosna.

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Ayudar a los pobres con toda generosidad. No hacer mal uso de las riquezas.

Ahora existe un libro muy hermoso acerca de este tema (cuya lectura recomendamos como enormemente provechosa). Su título es: “Cómo hacerse rico para el Cielo, dando limosnas en la tierra”, por Sálesman. En ese bello libro está lo que San Juan Bosco enseñaba acerca de la grave obligación que cada uno tiene de dar limosnas según sus posibilidades, y además otros muchos ejemplos muy hermosos. No dejemos de leerlo, su lectura puede ser de gran provecho.

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157. Viaje en compañía del Padre Cafasso 1887 (MB. 463) El 24 de octubre de 1887 dijo Don Bosco: Una de estás noches soñé que se me aparecía el Padre Cafasso, mi antiguo confesor y director espiritual, y que con él recorría todas las Casas que la Congregación Salesiana tiene en América, y vi las condiciones de cada casa, y el estado del alma de cada uno de sus salesianos.

Nota: San José Cafasso fue el generoso sacerdote que le costeo al pobre Juan Bosco la beca en el seminario para que pudiera terminar sus estudios sacerdotales. Después durante los primeros 19 años de apostolado de Don Bosco, fue San José Cafasso su confesor, su director espiritual, su generoso bienhechor y en muchos casos el único que lograba comprenderlo y que siempre sabia defenderlo. Nuestro Santo guardó siempre un gratísimo recuerdo del Padre Cafasso, y éste vino a hacerle una última visita apenas tres meses antes de la muerte de Don Bosco.

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158. Remedios y peligros de la Santa pureza 1887.

A finales de noviembre de 1887 (60 días antes de la muerte del Santo) fue a visitarlo su apreciadísimo amigo y discípulo, el Padre Lemoyne (el que después escribió 10 volúmenes de la Vida de Don Bosco, las Memorias Biográficas) y el Santo le dijo: – Anoche tuve un sueño.

- Llámele más bien una visión, le dijo el Padre Lemoyne.

- Como tú quieras. ¡Oh qué bueno es con nosotros Nuestro Señor! – ¿Y qué ha sabido en ese sueño? – Vi y oí lo que hay que decirles a los jóvenes acerca de lo que deben hacer y evitar para conservar la santa virtud de la pureza o castidad, y los graves daños y males que les llegan a los que pecan contra la virtud de la pureza. Se me dijo que muchos que comenten impurezas, mueren cuando menos lo piensan, y son castigados. Que los vicios impuros atraen muchas muertes. Y creo que estas enseñanzas acerca de la pureza y de los peligros que hay en perderla, podrán ser de gran provecho para los que desean conservarla o volverla a conseguir.

Nota: Desafortunadamente el Padre Lemoyne vio a Don Bosco muy fatigado y creyendo que no se iba a morir pronto le dijo: – Padre, lo veo cansado. Si quiere me cuenta después detalladamente lo que le dijeron en este sueño y yo lo escribiré.

Pero pocos días después ya el Santo se agravó y no se lograron saber más detalles de este sueño.

Para alguno que tenga interés en saber muchos datos y detalles de gran importancia acerca de la pureza o castidad, le recomendamos conseguir y leer el impresionante libro titulado: “La castidad, avisos para defenderla”. Su lectura puede hacer un gran bien.

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159. Como un Santo voló por los aires para llevar una terrible noticia a otra nación 1886.

En el año 1886 cuando todavía no había aviones, ni helicópteros, ni dirigibles, ni cohetes espaciales, San Juan Bosco voló una noche por los aires pasando desde Italia su patria, y por sobre el país de Francia hasta llegar a España para llevarle una espantosa noticia al director de uno de sus colegios.

Veamos cómo sucedió el asunto: En el día de fiesta de San Francisco de Sales. Aquella noche el Padre Branda, director del Colegio Salesiano de Barcelona, España, dormía tranquilamente cuando de pronto se despertó y vio frente a su cama a San Juan Bosco (que vivía centenares de kilómetros de distancia, en otro país, en Italia) el cual le dijo: – Padre Branda, levántese y venga conmigo.

La habitación había quedado iluminada con una misteriosa luz. El rostro de Don Bosco y su mirada estaban llenos de afecto paternal.

El Padre Branda se levantó y oyó que el Santo le decía: – Venga conmigo. Le haré ver cosas tremendas de las cuales no tiene ni imaginación de que estén sucediendo en esta casa.

El director tomó las llaves de los dormitorios de los alumnos internos y se fue, siguiendo a Don Bosco que subió por las escaleras y entró en un dormitorio. Allí el Santo fundador le señaló tres alumnos que aparecían con la cara terriblemente desfigurada y le dijo: – ¿Ve estos tres desdichados? Los ha corrompido un empleado de la casa. Uno que si yo no hubiera venido a avisarle, usted nunca se habría imaginado que es él. He venido porque es necesario que esta maldad secreta sea descubierta y se sepa.

Padre: Usted se fía y le tiene confianza a tal empleado, que se llama NNN. Pero ese es el asesino de las almas de estos jóvenes. Y mire en qué estado han quedado esos pobres (los muchachos aparecían con la cara deforme y descompuesta).

El Padre Branda se quedó frío. Jamás había imaginado que aquel empleado fuera capaz de cometer tales maldades.

Aparecía exteriormente como hombre bueno y era tenido en el colegio como persona de muy buena conducta. San Juan Bosco continuó diciendo: – Mándelo lejos; despáchelo enseguida fuera de la casa. No permita que permanezca en medio de los jóvenes. Porque es capaz de corromper a otros.

Salieron del dormitorio y de pronto se encontraron con el empleado corruptor. Estaba inmóvil. Con la cabeza baja, temblando y asustado como un condenado a muerte. El rostro de Don Bosco se volvió terriblemente serio y señalándolo con el dedo le dijo al Padre Branda: – ¡Este es el que corrompe a los jóvenes! Y volviéndose hacia el corruptor le dijo con voz terrorífica: – ¡Corrompido y corruptor, usted es el que le roba las almas a Nuestro Señor! ¡Usted es el que traiciona la confianza que le han dado los superiores! ¡Usted es indigno de trabajar en esta casa! Y con un tono amenazador le siguió reprochando lo terriblemente graves que eran sus pecados, y como en vez de irse a confesar y arrepentirse, se había callado y había aparecido hipócritamente como bueno durante muchos meses, siendo en realidad tan malo.

Apareció luego allí cerca un joven profesor y Don Bosco mirándolo también aunque no tan seriamente como al otro, le dijo al Director: – A este también aléjelo de la casa, porque si se queda será causa de graves pecados.

Y diciendo esto se apagó la misteriosa luz que iluminaba todas aquellas habitaciones y el Padre Branda se encontró en la mitad de su alcoba, de pues, con las llaves de los dormitorios en sus manos y muy emocionado.

Prendió una vela y vio que eran las cuatro de la madrugada. Se puso a rezar salmos de la Santa Biblia, y a las seis se fue a celebrar misa, invadido por un horror que lo hacia temblar, y oyendo en su interior una vez que le repetía: – ¡Decídase a actuar! ¡No tenga miedo a proceder! Pocos días después desde Turín, Italia, le escribía el Padre Rúa, el hombre de confianza de San Juan Bosco y le decía: – Paseándome con Don Bosco le oí decir que fue hasta allá a visitarlo, mientras usted dormía. Y me pide que le pregunté si ya cumplió lo que él le mandó.

El pobre Padre Branda estaba angustiado. No hallaba qué razones buscar para expulsar a tal empleado, al joven profesor y a los tres alumnos, pues todos aparecían ante los demás como gente de muy buena conducta.

Y una mañana al empezar la Santa Misa sintió un terror inmenso y empezó a temblar y oyó una voz que le decía: – ¡Cumpla enseguida lo que le mandó Don Bosco, o de lo contrario, ésta será la última misa que usted celebra! El Padre Director llamó enseguida al jefe de disciplina del colegio, el Padre Aime y le dijo: – Por favor, llame a los tres jóvenes, N, N y N por separado, uno por uno, y exíjales fuertemente que le digan cómo se llama el que los ha corrompido. Yo escribo aquí en una hoja sin decírselo a nadie, el nombre del que yo creo que es el corruptor.

Y usted escribe en otra hoja el nombre que ellos le digan. Trae ese nombre. Y comparamos a ver si coinciden.

El Padre Aime llamó a los tres por separado. El primero negó al principio, pero luego al saber que los superiores sabían muchos detalles, le dijo el nombre del empleado. Los otros dos señalaron también como su corruptor al tal empleado. El Padre Aime llevó el nombre escrito en un papel y el Padre Branda abrió la hoja en la cual había escrito el nombre que le había dado Don Bosco. Era el mismo, exactamente.

Entonces llamó al empleado, que desde hacia varios días estaba sufriendo una angustia espantosa. El sacerdote le dijo con voz que significaba un gran disgusto: – ¡Usted es el que está corrompiendo a nuestros alumnos! – ¿Yo? ¿Y cómo me puede decir eso?, exclamó temblando el pobre hombre.

Y arrodillándose y pidiendo misericordia añadió: – ¿Es que Don Bosco le ha escrito contándole esto? – No, no me ha escrito. Ha venido personalmente a decírmelo.

El pobre hombre empezó a llorar y a pedir que no lo expulsaran inmediatamente de la casa, sino que le dieran unas semanas de plazo para conseguir otro empleo. Dijo que lo cambiaran de oficio, pues en aquel trabajo era donde tenía más peligros. Y prometió enmendarse.

Los tres jóvenes fueron enviados definitivamente en esos días a sus familias y también el joven profesor fue despedido.

Cuando varias semanas después llegó Don Bosco a Barcelona, el Padre Branda le dijo: – Cumplí sus órdenes. Los demás ya se fueron. El empleado ha sido totalmente alejado del trato con los alumnos y espera a conseguir un nuevo empleo.

Por orden del Santo, unas semanas después se fue aquel empleado, el cual cambió totalmente de modo de comportarse, y llegó a ser excelente persona, y ya no volvió a cometer estas maldades.

El Padre Branda, el Padre Aime y el empleado mismo, narraron después a muchas personas esta impresionante historia, que a muchos debería hacer pensar muy seriamente, ya que es el cumplimiento de aquellas palabras de San Pablo: “Para todo el que hace el mal, tristeza y angustia vendrán”.

Y de aquellas otras de Nuestro Señor: “El que enseñe el mal a un pequeño, más le valiera que le colgaran una piedra al cuello y lo echaran al fondo del mar”.

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