3. El Verdadero Origen de las Especies

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Título: 3. El verdadero origen de las especies (‘The true origin of species’).
Tomado de DarwinismRefuted.com
Traducción: Alejandro Villarreal de Biblia y Tradición

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Contenido

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i. Introducción

Cuando la obra de Darwin, ‘El Origen de las Especies’, fue publicado en 1859, se creía que él había propuesto una teoría que podría explicar la extraordinaria variedad de seres vivos. El había observado que existían diferentes variaciones dentro de las mismas especies. Por ejemplo, mientras anduvo por la ferias de animales, notó que existían diversas y diferentes razas de vacas, y que los criadores selectivamente las apareaban para producir estas nuevas razas. Tomando esto como punto inicial, Darwin continuó con la lógica de que “los seres vivos pueden diversificarse naturalmente por sí mismos”, lo que significaría que a través de un largo periodo de tiempo, todos los seres vivos podrían haber descendido de un ancestro común.

Sin embargo, esta hipótesis de Darwin acerca de “el origen de las especies” era totalmente incapaz de explicar el origen mismo. Gracias a los desarrollos de la ciencia genética, ahora se ha comprendido que lo que es capaz de hacer posible la variedad dentro de una especie, nunca podrá llevar al surgimiento de una nueva especie. Lo que Darwin creía ser la “evolución” (o transformación), realmente era la “variación”.

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ii. El significado de las variaciones

La variación es un término utilizado en genética y se refiere a un evento que causa que los individuos o grupos de cierto tipo o especie posean diferentes características entre sí. Por ejemplo, todas las personas sobre la tierra portan básicamente la misma información genética, y aún así unos tienen ojos “rasgados”, otros tienen pelo rojizo, nariz grande y otros son cortos de estatura, todo depende de la extensión de la variación potencial de esta información genética.

La variación no constituye una evidencia para la evolución (transformismo) debido a que las variaciones sólo son el resultado de las diferentes combinaciones de la información genética existente, y ésta no agrega ninguna nueva característica a la información genética. Sin embargo, lo que es crucial para la teoría de la evolución, es la cuestión de cómo es que nueva información genética se crearía para desarrollar nuevas especies.

La variación siempre sucede dentro de los límites de la información genética de cada especie. En la ciencia genética, este límite es llamado “acervo genético” (gene pool). Todas las características presentes en el acervo genético de una especie podrían manifestarse debido a la variación. Por ejemplo, en los reptiles, como resultado de la variación, podrían aparecer variedades que tengan colas relativamente largas o patas cortas en ciertas especies de reptiles, debido a que la información de patas o colas cortas y largas está presente en el acervo genético de estas especies. Sin embargo, las variaciones no transformarán a los reptiles en pájaros, agregándoles alas o plumas o cambiando su metabolismo. Tal cambio requiere un incremento de la información genética en los seres vivos, lo cual, ciertamente no es posible a través de las variaciones.

Darwin no estaba consciente de este hecho cuando formuló su teoría. El pensaba que no existían límites para las variaciones. En un artículo que escribió en 1844 declaró:

“No existe límite en la naturaleza para las variaciones, como es creído por muchos autores, aunque no he sido capaz de descubrir un sólo hecho que respalde esta hipótesis” [28].

En el ‘Origen de las Especies’, él citó diferentes ejemplos de variaciones a modo de la más importante evidencia para su teoría.

Por ejemplo, según Darwin, los criadores de animales quienes habían apareado diferentes variedades de ganado con el fin de obtener nuevas razas que produjeran más leche, llegado a un punto extremo, las transformarían en diferentes especies. La noción de Darwin sobre “las variaciones ilimitadas”, es muy clara en el siguiente párrafo del ‘Origen de las especies’:

“No veo ninguna dificultad en que alguna raza de osos se vuelva, por selección natural, más y más acuática en su estructura y hábitos, con hocicos más grandes y largos, hasta obtener una criatura tan monstruosa como una ballena” [29].

La razón por la que Darwin se atrevió a citar tal ejemplo disparatado fue debido al primitivo entendimiento científico de su época. Desde entonces, la ciencia del siglo XX ha establecido el principio de “estabilidad genética” u “homeostasis genética” (genetic homeostasis), basado en resultados de experimentos llevados a cabo sobre seres vivos. Este principio sostiene que, debido a que todos los intentos de apareamiento llevados a cabo con el fin de transformar alguna especie en otra, no han sido concluyentes, existen barreras muy sólidas entres las diferentes especies de los seres vivos. Esto significa que es absolutamente imposible que los criadores de animales puedan convertir el ganado en alguna especie diferente, al aparear las diferentes variaciones de éste, como Darwin había postulado.

Norman Macbeth, quien ha desaprobado al darwinismo en su libro ‘Darwin Retried’ (Darwin reprocesado), declara:

“El núcleo del problema es si los seres vivos pueden variar en forma ilimitada… Las especies lucen estables, todos hemos escuchado la decepción de los criadores quienes han llevado su labor hasta cierto punto, sólo para ver que tanto en animales o plantas se revierte todo lo que ellos habían obtenido. A pesar de los grandes esfuerzos durante dos o tres siglos, nunca ha sido posible producir una flor de rosal color azul o un tulipán negro” [30].

Luther Burbank, considerado el criador más competente de todos los tiempos, expresó este hecho cuando dijo: “existen límites para el desarrollo potencial, y estos límites siguen unas leyes” [31]. Es su artículo titulado “Some Biological Problems With the Natural Selection Theory” (Algunos problemas biológicos con la teoría de la selección natural), Jerry Bergman comenta, citando al biólogo Edward Deevey, quien explica que las variaciones siempre toman lugar dentro de los estrictos límites genéticos:

Deevey concluye:

“Se han conseguido sorprendentes resultados por medio de la crianza cruzada (cross-breeding)… pero el trigo todavía es trigo, y no, por ejemplo, vid. No podemos hacer crecer alas en los cerdos como tampoco podemos hacer que las gallinas pongan huevos cilíndricos”. Un ejemplo más contemporáneo es el incremento general en la altura de los varones y que ha ocurrido en el último siglo. Aunque podría ser debido a un mejor cuidado de la saludo, y quizás también debido a una selección sexual debido a que las mujeres prefieran hombres altos como parejas. Los varones han alcanzado su mayor estatura promedio de todos los tiempos durante el siglo pasado, pero este incremento rápidamente se desvanecerá, indicando que hemos alcanzado el límite [32].

En resumen, las variaciones sólo pueden otorgar cambios que están contemplados dentro de los límites de la información genética de la especie. Ésta nunca podrá agregar nueva información genética a las especies. Por esta razón, ninguna variación puede ser considerada como ejemplo de evolución. No importa cuántas veces se combinen las diferentes razas de perros o caballos, al final, el resultado siempre serán perros y caballos, sin haber emergido alguna nueva especie. El científico danés W. L. Johannsen resume el asunto de esta manera:

“Las variaciones, que fueron la base teórica para Darwin y Wallace, no pueden llevarse más allá de cierto punto, esta variabilidad no contiene ningún secreto de ‘desviación indefinida’.” [33]

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iii. Confesiones sobre “microevolución”

Como ya hemos visto, la ciencia genética ha descubierto que las variaciones, que Darwin consideraba parte del “origen de las especies”, realmente no realizan tal cosa. Por esta razón, los biólogos evolucionistas estuvieron obligados a distinguir entre variación dentro de la especie y la formación de nuevas especies, y así proponer dos conceptos diferentes para definir diferentes fenómenos. La diversidad dentro de una especie es la variación que ellos llaman “microevolución”, y la hipótesis del desarrollo de nuevas especies fue nombrada “macroevolución”.

Estos dos conceptos aparecieron desde hace bastante tiempo en los libros de biología, pero aún persiste un ánimo de engaño aquí, pues los ejemplos de variación que los biólogos evolucionistas han llamado “microevolución”, realmente no tiene nada que ver con la teoría de la evolución (transformista). La teoría de la evolución propone que los seres vivos pueden desarrollarse y tomar nueva información genética por medio de los mecanismo de mutación y selección natural. Sin embargo, como ya hemos visto, las variaciones nunca han creado nueva información genética, y así son incapaces de hacer posible la “evolución” (transformismo). El darle el nombre de microevolución es tan sólo un recurso ideológico de parte de los biólogos evolucionistas.

La impresión que los biólogos evolucionistas han dado al utilizar el término “microevolución”, se funda en falsa lógica, y es que a través de sucesivas variaciones se podrán formar nuevas clases de seres vivos. Y muchas personas quienes no están muy bien informadas sobre el asunto podrían creer la idea superficial de que “si la microevolución es suficientemente extensa, puede convertirse en ‘macroevolución’.” Siempre es posible observar ejemplos de esta clase de razonamiento, algunos evolucionistas aficionados promueven tales ejemplos y su lógica, de la siguiente manera: debido a que en los seres humanos se ha aumentado en promedio de estatura por dos centímetros en tan sólo un siglo, esto significaría que alguna clase de evolución es posible a través de millones de años. Sin embargo, como ya hemos mostrado, todas las variaciones, incluidos los cambios de estatura promedio, suceden dentro de los límites genéticos de la especie, y son tendencias que no tienen nada que ver con la evolución (transformismo).

De hecho, en la actualidad incluso los expertos en la evolución aceptan que las variaciones que ellos llaman “microevolución” no pueden llevar a nuevas clases de seres vivos, en otras palabras, a la “macroevolución”. En 1996 salió un artículo en la prestigiosa publicación ‘Developmental Biology’, donde escribieron los biólogos evolucionistas S.F. Gilbert, J.M. Opitz, y R.A. Raff donde explicaron el asunto de esta manera:

“La Síntesis Moderna (de la teoría de la evolución) es un logro extraordinario. Sin embargo, a principios de la década de los 70 del siglo pasado, muchos biólogos comenzaron a cuestionar su suficiencia para explicar la evolución. La genética podría ser adecuada para explicar la “microevolución”, pero los cambios microevolutivos, en la frecuencia de los genes, no son observados con la capacidad de transformar a un reptil en un mamífero o transformar a un pez en un anfibio. La microevolución busca adaptaciones que tienen que ver sólo con hacer posible la supervivencia del más apto y no con la nueva llegada de alguien más apto. Como Goodwin (1995), puntualiza, ‘el problema del origen de las especies de Darwin’ continúa sin resolución” [34].

El hecho de que la “microevolución” no pueda llevar hacia la “macroevolución”, en otras palabras, que las variaciones no ofrezcan una explicación para el origen de las especies, ha sido aceptado por otros biólogos evolucionistas también. El renombrado autor y experto en la ciencia Roger Lewin describe el resultado de un simposio de cuatro días llevado a cabo en noviembre de 1980 en el ‘Chicago Museum of Natural History’ (Museo de Historia Natural de Chicago), en el cual participaron 150 evolucionistas:

“La cuestión central de la conferencia de Chicago fue si los mecanismos que yacen debajo de la microevolución pueden ser extrapolados al fenómeno de la macroevolución… La respuesta que podemos ofrecer es un claro no” [35].

Los picos de los pinzones, los cuales observó Darwin en las islas Galápagos, los consideró como evidencia para su teoría, en realidad, sólo son un ejemplo de variación genética y no son evidencia de macroevolución.

Podemos resumir la situación así: Las variaciones, que el darwinismo ha tomado como “la evidencia de la evolución”, por algunos cientos de años, realmente no tienen nada que ver con el “origen de las especies”. Las vacas pueden ser apareadas entre sí por millones de años y así se obtendrían diferentes razas de vacas, pero las vacas nunca se convertirán en una especie diferente, como jirafas o elefantes, por ejemplo. De la misma manera, los diferentes pinzones que observó Darwin en las islas Galápagos son otro ejemplo de variación y que no es evidencia de “evolución” (transformismo). Observaciones recientes han revelado que los pinzones no pasarán por variaciones indefinidas e ilimitadas, como la teoría de Darwin presupuso, aún más, la mayor parte de los tipos de pinzones que Darwin consideró que representaban 14 distintas especies, en realidad podían aparearse entre sí, lo que significa que sólo eran variaciones que pertenecían a la misma especie. La observación científica ha mostrado que los picos de los pinzones, los cuales han sido mitificados en casi cualquier fuente evolucionista, de hecho son un ejemplo de variación, por lo tanto, esto no constituye evidencia alguna para la teoría de la evolución (transformista). Por ejemplo, Peter y Rosemary Grant, quienes pasaron muchos años observando las variedades de pinzones en las islas Galápagos buscando evidencia para la evolución darwinista, estuvieron obligados a concluir que “la población, sujeta a la selección natural, constantemente está oscilando respecto a una posición media”, un hecho que implica que no lleva a ninguna “evolución” y que no se confirma la adquisición de nuevos rasgos [36].

Así, por estas razones, los evolucionistas todavía no son capaces de resolver el problema de Darwin sobre el “origen de las especies”.

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iv. El origen de las especies según el registro fósil

La aseveración de los evolucionistas es que cada especie sobre la tierra viene de un ancestro común a través de pequeños cambios a la vez. En otras palabras, la teoría considera a la vida como un fenómeno constante, sin categorías pre ordenadas o predefinidas. Sin embargo, la observación de la naturaleza no revela tal cuadro variable. Lo que se observa del mundo viviente es que las formas de vida están estrictamente separadas en categorías muy distintas. Robert Carroll, una autoridad del evolucionismo, admite este hecho en su obra ‘Patterns and Processes of Vertebrate Evolution’ (Patrones y procesos de la evolución vertebrada):

“Aunque un considerable número de especies incomprendidas habitan actualmente la tierra, éstas no forman un espectro continuo de intermediarios apenas reconocibles, en lugar de eso, casi todas las especies pueden ser identificadas dentro del relativamente limitado número de los distintos grupos mayores, con muy pocas estructuras o formas de vida intermedias identificables” [37].

Por lo tanto, los evolucionistas asumen que las formas de vida “intermediarias” que constituirían los enlaces entre los seres vivos, han vivido en el pasado. Esta es la razón por la que se considera a la paleontología como la rama de la ciencia que puede echar luz en el tema, por su estudio de los fósiles. Los yacimientos de fósiles, estudiados muy intensamente en los últimos 200 años, revelan un cuadro totalmente ajeno a la teoría de Darwin. Las especies no emergerían a través de pequeños cambios acumulativos, éstas parecen emerger repentinamente y totalmente formadas.

Con el fin de que el registro fósil pueda echar alguna luz en el asunto, debemos comparar la hipótesis de la teoría de la evolución con los descubrimientos fósiles.

Según la teoría de la evolución, cada especie ha emergido de un predecesor. Las especies que existirían previamente se transformarían en algo completamente diferente a través del tiempo, y todas las especies habrían surgido de esta manera. Según esta teoría, tales transformaciones ocurrirían gradualmente a través del tiempo.

Si este fuera el caso, entonces las innumerables especies intermediarias realmente hubieran vivido durante el inmenso periodo cuando supuestamente se llevaron a cabo las transformaciones. Por ejemplo, debería haber existido en el pasado algo así como una criatura mitad pez y mitad reptil, las cuales habrían adquirido los rasgos del reptil y sumarlos a los rasgos del pez que ya tenían. O debió haber existido alguna criatura mezcla de reptil con ave, las cuales habrían adquirido los rasgos del ave y fusionarse con los rasgos del reptil que ya tenían. Los evolucionistas se refieren a estas criaturas imaginarias, las cuales creen que existieron y vivieron en el pasado, como “formas transicionales”.

Si tales animales hubieran existido, lo habrían hecho por millones, incluso miles de millones. Y más importante aún, los restos de tales criaturas deberían estar presentes en el registro fósil. El número de estas formas transicionales hubiera sido incluso mayor que las de las especies animales existentes hoy y sus restos deberían encontrarse por todo el mundo. En el ‘Origen de las especies’, Darwin aceptó esto hecho y ofreció la siguiente explicación:

“Si mi teoría es cierta, deberían haber existido numerosas variedades de especies intermedias, relacionadas muy cercanamente con todas las especies y con todos los grupos que han existido… Consecuentemente, la evidencia de su antigua existencia podría sólo encontrarse entre los restos fósiles” [39].

Incluso Darwin era consciente de la ausencia de tales formas transicionales, el tenía la esperanza de que se encontrarían en el futuro. A pesar de su optimismo, el se dio cuenta que la ausencia de estas formas intermedias representaban el mayor obstáculo para su teoría. Esta es la razón por la cual escribió en el capítulo “Difficulties on Theory” (Dificultades de la teoría), de su obra “El Origen de las Especies”, lo siguiente:

… ¿Por qué, si las especies habrían descendido una de otra a través de pequeños cambios, no observamos por todos lados estas innumerables formas transicionales?, ¿por qué no está toda la naturaleza estrechamente asociada y por el contrario observamos que está bien diferenciada?… Pero, según esta teoría, debieron haber existido innumerables formas transicionales, ¿por qué no las encontramos incrustadas y abundantes en la corteza de la tierra?… Pero en la región intermedia, habiendo tenido condiciones de vida intermedias de vida, ¿por qué no encontramos variedades intermedias estrechamente relacionadas? Esta dificultad me ha confundido por largo tiempo [40].

La única explicación que Darwin pudo elaborar respecto a esta objeción fue el argumento de que el registro fósil encontrado hasta el momento era insuficiente. El dijo que cuando el registro fósil fuera estudiado en detalle se encontrarían los eslabones perdidos.

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v. La cuestión de las formas transicionales y el estancamiento evolutivo (stasis)

Creyendo la profecía de Darwin, muchos paleontólogos evolucionistas se han dedicado a desenterrar fósiles en busca de los eslabones perdidos, por todo el mundo desde mediados del siglo XIX. A pesar de su gran esfuerzo, no ha sido encontrada todavía alguna forma transicional. Todos los fósiles encontrados en el subsuelo tan sólo han mostrado que, contrario a las creencias de los evolucionistas, la vida apareció sobre la tierra de forma repentina y totalmente formada.

Robert Carroll, un experto sobre paleontología de los vertebrados y comprometido evolucionista, ha admitido que la esperanza del darwinismo no ha sido satisfecha mediante los descubrimientos fósiles:

“A pesar de los más de 100 años de intensos esfuerzos de recolección, desde la muerte de Darwin, el registro fósil todavía no refleja el cuadro de los numerosos eslabones transicionales que él esperaba” [41].

Otro paleontólogo evolucionista, K. S. Thomson, ha dicho que nuevos grupos de organismos aparecieron abruptamente en el registro fósil:

“Cuando grandes grupos de organismos surgen por primera vez en el registro fósil, parecen hacerlo totalmente equipados, con todo un conjunto de características no vistos antes ni relacionados con otros grupos ancestrales. Estos cambios radicales en la morfología y las funciones parecen haber surgido muy rápidamente…” [42].

El biólogo Francis Hitching, en su libro “The Neck of the Giraffe: Where Darwin Went Wrong” (El cuello de la jirafa: donde Darwin se equivocó), establece:

“Si encontráramos los fósiles y si la teoría de Darwin es correcta, podríamos predecir que el subsuelo debería contener formas muy finas y graduales de fósiles, que irían de un grupo de criaturas hacia otro de mayor nivel o complejidad. Las “mejoras más sutiles” a través de las generaciones deberían ser una realidad como las especies mismas. Pero esto difícilmente es la realidad. De hecho, sucede todo lo contrario, y como Darwin mismo se lamentaba: “Deberían haber existido innumerables formas transicionales, pero, ¿por qué no las observamos incrustadas abundantemente en la corteza de la tierra?”. Aunque Darwin sintió que la ‘extrema imperfección’ del registro fósil tan sólo era un asunto de buscar más fósiles, pero entre más y más fósiles son desenterrados, sin excepción, tan sólo nos acercamos más a los actuales animales vivientes” [43].

El registro fósil no refleja ningún desarrollo gradual como Darwin lo había predicho. Las diferentes especies parecen emerger de una sola vez, con sus características estructuras corporales.

El registro fósil revela que las especies surgieron repentinamente, y con su estructura totalmente diferenciada, la cual ha permanecido exactamente así a través de los larguísimos periodos geológicos. Stephen Jay Gould, un paleontólogo de la Universidad de Harvard y bien conocido evolucionista, admitió este hecho a finales de la década de los 70 del siglo pasado:

“La historia de la mayoría de los fósiles de las especies incluyen dos características inconsistentes con el gradualismo: 1. Estancamiento evolutivo (stasis): la mayoría de las especies no exhiben ningún cambio direccional durante su vida en la tierra, éstos aparecen en el registro fósil con la apariencia con que han desaparecido, el cambio morfológico frecuentemente es limitado y sin dirección en particular alguna. 2. Aparición repentina: En ninguna región específica, ninguna especie aparece gradualmente, ni transformándose gradual y firmemente a partir de un ancestro; parecen surgir todas al mismo tiempo y ‘totalmente formadas’.” [44].

Las investigaciones más recientes tan sólo han confirmado el estancamiento evolutivo (stasis) y la aparición repentina. Stephen Jay Gould y Niles Eldredge escribieron en 1993:

“La mayoría de las especies, durante su historia geológica, no han cambiado en una forma apreciable, o al menos han fluctuado dentro de una media morfológica, sin dirección aparente” [45].

Robert Carroll estuvo obligado a coincidir con esto en 1997 al decir:

“La mayoría de los grupos más grandes parecen originarse y diversificarse en muy cortos periodos geológicos, y persisten por mucho más largos periodos sin mayores cambios morfológicos o cambios tróficos” [46].

En este punto, es necesario hacer una aclaración en el significado del concepto de “forma transicional”. Las formas intermediarias predicen, por la teoría de la evolución, que son seres vivos que se encontrarían entre dos especies, pero que poseen órganos deficientes o semi desarrollados. Pero muchas veces el concepto de ‘forma intermediaria’ es confuso, y las estructuras vivientes que no poseen la característica de ser formas transicionales son vistas así de todos modos. Por ejemplo, si un grupo de seres vivos poseen características que tienen otros seres vivos, esto no querría decir que son seres con formas intermediarias. El ornitorrinco (platypus), un mamífero que vive en Australia, se reproduce empollando huevos, tal y como lo hacen los reptiles, adicionalmente, tiene un pico parecido al del pato. Los científicos describen a tales criaturas, como el ornitorrinco (platypus) como “criaturas mosaico”. El criterio que dice que estas criaturas mosaico no cuentan como formas intermedias es aceptado por muchos paleontólogos como Stephen Jay Gould y Niles Eldredge [47].

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vi. La suficiencia del registro fósil

Hace unos 140 años Darwin ofreció el siguiente argumento: “Actualmente no se han descubierto formas transicionales, pero la investigación en el futuro lo hará”. ¿Es este argumento válido todavía? En otras palabras, considerando las conclusiones de todo el registro fósil total, ¿deberíamos aceptar que las formas transicionales nunca existieron o deberíamos esperar los resultados de nuevas investigaciones?

La riqueza del registro fósil existente con seguridad podría responder esta pregunta. Cuando miramos los descubrimientos paleontológicos, nos percatamos de su abundancia de fósiles. Miles de millones de fósiles han sido descubiertos en todo el mundo [48]. Basados en estos fósiles, 250 mil diferentes especies han sido identificadas, y éstas portan sorprendentes similitudes con las 1.5 millones de especies vivientes identificadas sobre la tierra [49]. De estas 1.5 millones de especies, 1 millón corresponde a insectos. A pesar de la abundancia de las fuentes fósiles, no ha sido descubierta una sola forma transicional, y es poco probable que cualquier forma transicional sea encontrada como resultado de nuevas excavaciones.

Un profesor de paleontología de la Universidad de Glasgow, T. Neville George, admitió este hecho hace algunos años:

“No hay necesidad ya de escudarse en una supuesta escasez del registro fósil. En algunos aspectos, éste se ha vuelto casi inmanejablemente rico y los descubrimientos han rebasado a su integración… No obstante, el registro fósil continúa siendo constituido principalmente por brechas” [50].

Y Niles Eldredge, el bien conocido paleontólogo y curador del American Museum of Natural History (Museo Estadounidense de Historia Natural), expresó lo siguiente sobre la invalidez del argumento de Darwin sobre la insuficiencia del registro fósil como factor principal de la ausencia de formas fósiles transicionales:

El registro muestra saltos y toda la evidencia muestra que el registro es veraz: las brechas que observamos reflejan acontecimientos reales en la historia de la vida, y no la ocurrencia de un pobre registro fósil [51].

Otro erudito estadounidense, Robert Wesson, declaró en si libro de 1991, “Beyond Natural Selection” (Más allá de la selección natural), que “las brechas en el registro fósil son reales y significativas”. Él elaboró su afirmación de esta manera:

“Sin embargo, las brechas en el registro fósil son reales. La ausencia de un registro sobre alguna ramificación importante es algo bastante extraordinario. Las especies usualmente son estáticas, o casi, por largos periodos, las especies muy rara vez (y el género nunca) muestran evolución hacia una nueva especie o género, sino que hay un reemplazo de uno por otro, y el cambio es más o menos abrupto” [52].

Estancamiento evolutivo (stasis) en el registro fósil.

Si la evolución realmente sucedió, los seres vivientes debieron haber emergido mediante cambios graduales, y debieron haber continuado con este cambio a través del tiempo, mientras que el registro fósil muestra exactamente lo contrario. Los diferentes grupos de seres vivientes parecen haber brotado repentinamente y sin mostrar ancestros similares detrás de ellos, y permanecieron estáticos por millones de años sin experimentar ningún cambio.

Ver clave abajo.

1. Cangrejo cacerola (Horseshoe crab) de la era Ordovícica. Este es un fósil de 450 millones de años y no difiere de los especímenes que viven actualmente.
2. Estrella de mar de 100 a 150 millones de años.
3. Fósiles de ostras de la era Ordovícica. No difieren de las ostras modernas.
4. Las amonitas (ammonites) aparecieron hace unos 350 millones de años y se extinguieron hace unos 65 millones de años. La estructura vista es este fósil nunca varió durante el transcurso de 300 millones de años.
5. Fósil de una bacteria de 1.9 millones de años, en el oeste de Ontario, Canadá. Muestra la misma estructura de las bacterias que viven actualmente.
6. El fósil más antiguo conocido de escorpión, encontrado el este de Kirkton, Escocia. Esta especie, conocida como Pulmonoscorpius kirktoniensis, tiene 320 millones de años y no difiere de los escorpiones actuales.
7. Un fósil de insecto en ámbar, aprox. de 170 millones de años, encontrado en la costa del mar Báltico. No difiere de sus parientes modernos.
8. Fósil de libélula de 140 millones de años encontrado en Baviera, Alemania. Es idéntica a las libélulas actuales.
9. Moscas de 35 millones de años. Tienen la misma estructura corporal que las moscas de hoy.
10. Fósil de camarón de 170 millones de años de la era Jurásica. No difiere de los camarones que viven hoy.

Esta situación invalida el argumento antes mencionado, establecido por el darwinismo hace 140 años. El registro fósil es suficientemente rico para que comprendamos el origen de la vida y explícitamente revela que las distintas especies surgieron en la tierra súbitamente y conformadas de todas sus partes características.

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vii. La verdad revelada por el registro fósil

Pero, ¿en dónde está la ruptura entre la paleontología y la evolución (transformismo), las cuales tienen relación que ha permeado en las mentes de la sociedad durante muchas décadas?, ¿por qué la mayoría de las personas tiene la impresión de que existe una conexión positiva entre la teoría de Darwin y el registro fósil, aún cuando ésta relación nunca es mencionada explícitamente? La respuesta a estas preguntas se ofreció en la prestigiosa revista ‘Science’ (Ciencia):

“Un gran número de competentes científicos que no tienen como objeto de estudio la biología evolucionista o la paleontología, desafortunadamente tienen la idea de que el registro fósil es más darwiniano de lo que en realidad es. Esto probablemente viene de la exagerada simplificación que es inevitable en las fuentes secundarias: libros de texto básicos, artículos populistas con tintes científicos y muchas otras. También, probablemente, está involucrada alguna ilusión de que así sea. En los años posteriores a Darwin, sus defensores tenían la esperanza de encontrar progresos en las predicciones, en general, éstos no han sido encontrados pero a pesar de esto continúan con un optimismo casi ciego, y de puras fantasías se han impregnado los libros de texto” [53].

Fósiles de termitas en ámbar de 25 millones de años. Éstas son idénticas a las termitas que viven en la actualidad.

N. Eldredge e I. Tattersall también ofrecieron un notable comentario al respecto:

“El que los distintos fósiles permanezcan reconocibles y sin cambios en el historial del registro fósil es algo que los paleontólogos han sabido desde épocas anteriores a la publicación del ‘Origen’ de Darwin. Darwin mismo predijo que las generaciones futuras de paleontólogos llenarían tales brechas por medio de su búsqueda diligente. Han pasado ciento veinte años de investigación paleontológica y ha quedado bastante claro que el registro fósil no confirmará esta parte de las predicciones de Darwin, y el problema tampoco es ya una escasez en el registro fósil. El registro fósil simplemente muestra que su predicción era errónea. La observación de que las especies sorprendentemente se comportan como entidades conservativas y estáticas a través de los diferentes periodos de tiempo, tiene toda la semejanza con ‘la ropa nueva de un emperador’: todo mundo sabe de éstas, pero prefiere ignorarlas. Los paleontólogos se han enfrentado a un obstinado registro fósil que se niega a rendirse ante el patrón propuesto por Darwin y tan sólo se dirige hacia el otro extremo” [54].

De la misma manera, el paleontólogo estadounidense Steven M. Stanley describe la forma en que el dogma darwinista, el cual ha dominado al mundo de los científicos, ha ignorado esta realidad demostrada por el registro fósil:

“El registro fósil conocido no ha estado ni está de acuerdo con el gradualismo. Lo que es destacable es que, a través de toda la variedad de circunstancias históricas, incluso la historia de la oposición (al evolucionismo) ha sido oscurecida. ‘La mayoría de los paleontólogos han sentido que su evidencia (del registro fósil) tan sólo ha contradicho el énfasis de Darwin en un instante, sobre los cambios lentos y acumulativos que llevan a la transformación de la especie’; sus voces han sido suprimidas” [55].

Examinemos ahora los hechos del registro fósil, los cuales han sido silenciados por mucho tiempo. Con el fin de realizar esta tarea, deberemos considerar la historia natural de las épocas más remotas hasta el presente, etapa por etapa.

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Notas:

[28] Loren C. Eiseley, The Immense Journey, Vintage Books, 1958, p. 186.; cited in Norman Macbeth, Darwin Retried: An Appeal to Reason, Harvard Common Press, Boston, 1971, p. 30.
[29] Charles Darwin, The Origin of Species: A Facsimile of the First Edition, Harvard University Press, 1964, p. 184.
[30] Norman Macbeth, Darwin Retried: An Appeal to Reason, Harvard Common Press, Boston, 1971, pp. 32-33.
[31] Norman Macbeth, Darwin Retried: An Appeal to Reason, Harvard Common Press, Boston, 1971, p. 36.
[32] Jerry Bergman, Some Biological Problems With the Natural Selection Theory, The Creation Research Society Quarterly, vol. 29, no. 3, December 1992.
[33] Loren Eiseley, The Immense Journey, Vintage Books, 1958. p 227., cited in Norman Macbeth, Darwin Retried: An Appeal to Reason, Harvard Common Press, Boston, 1971, p. 33.
[34] Scott Gilbert, John Opitz, and Rudolf Raff, “Resynthesizing Evolutionary and Developmental Biology”, Developmental Biology, 173, Article no. 0032, 1996, p. 361.
[35] R. Lewin, “Evolutionary Theory Under Fire”, Science, vol. 210, 21 November, 1980, p. 883.
[36] H. Lisle Gibbs and Peter R. Grant, “Oscillating selection on Darwin’s finches,” Nature, 327, 1987, pp. 513; For more detailed information, please see Jonathan Wells, Icons of Evolution, 2000, pp. 159-175.
[37] Robert L. Carroll, Patterns and Processes of Vertebrate Evolution, Cambridge University Press, 1997, p. 9
[38] Pierre Grassé, Evolution of Living Organisms, Academic Press, New York, 1977, p. 82.
[39] Charles Darwin, The Origin of Species: A Facsimile of the First Edition, Harvard University Press, 1964, p. 179.
[40] Charles Darwin, The Origin of Species by Means of Natural Selection, The Modern Library, New York, p. 124-125.
[41] Robert L. Carroll, Patterns and Processes of Vertebrate Evolution, Cambridge University Press, 1997, p. 25.
[42] K. S. Thomson, Morphogenesis and Evolution, Oxford, Oxford University Press, 1988, p. 98.
[43] Francis Hitching, The Neck of the Giraffe: Where Darwin Went Wrong, Tichnor and Fields, New Haven, 1982, p. 40.
[44] S.J. Gould, “Evolution’s Erratic Pace”, Natural History, vol. 86, May 1977.
[45] Stephen Jay Gould and Niles Eldredge, “Punctuated Equilibria: The Tempo and Mode of Evolution Reconsidered”, Paleobiology, 3 (2), 1977, p. 115.
[46] Robert L. Carroll, Patterns and Processes of Vertebrate Evolution, Cambridge University Press, 1997, p. 146.
[47] S. J. Gould & N. Eldredge, Paleobiology, vol. 3, 1977, p. 147.
[48] Duane T. Gish, Evolution: Fossils Still Say No, CA, 1995, p. 41
[49] David Day, Vanished Species, Gallery Books, New York, 1989.
[50] T. Neville George, “Fossils in Evolutionary Perspective,” Science Progress, vol. 48, January 1960, pp. 1, 3.
[51] N. Eldredge and I. Tattersall, The Myths of Human Evolution, Columbia University Press, 1982, p. 59.
[52] R. Wesson, Beyond Natural Selection, MIT Press, Cambridge, MA, 1991, p. 45.
[54] N. Eldredge, and I. Tattersall, The Myths of Human Evolution, Columbia University Press, 1982, pp. 45-46.
[55] S. M. Stanley, The New
Evolutionary Timetable: Fossils, Genes, and the Origin of Species, Basic Books Inc., N.Y., 1981, p. 71.

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