Posteado por: Alejandro Villarreal | Viernes, abril 20, 2012

¿Reconocer a la FSSPX significa cuestionar el Concilio?

Título: ¿Reconocer a la FSSPX significa cuestionar el Concilio?
Autor: FSSPX distrito EE. UU.
Traducción: Alejandro Villarreal -abr. 2012- Traducido y publicado aquí sin el permiso expreso del autor

De la reciente cobertura de los medios acerca de la segunda respuesta anticipada, y ya entregada, del Obispo Fellay a la Congregación para la Doctrina de la Fe respecto al Preámbulo Doctrinal, existe un elemento general digno de resaltar. Muchos periodistas han reconocido que este acontecimiento respecto a la FSSPX es de gran importancia para toda la Iglesia, considerándolo como un «momento histórico», un «momento crucial para la Iglesia», e incluso un «punto decisivo», el cual tendrá efectos profundos sobre el mundo católico. Un comentario excelente a este respecto viene del teclado del editor de Inside the Vatican, el Dr. Robert Moynihan:

«Pero más importante que el efecto sobre el juicio histórico de este pontificado, será la forma en que este asunto se resolverá y que tendrá un profundo impacto en la Iglesia, la forma en que se ve a sí misma en su misión en el mundo, en la historia y, por lo tanto, sobre la forma en que la Iglesia orienta su actividad y su vida respecto al mundo secular fuera de la Iglesia.» [1] -énfasis añadido-

El Dr. Moynihan no se detiene en este punto y nos ofrece la razón por la que esto ocurriría:

«El asunto en cuestión es el grupo tradicionalista Fraternidad Sacerdotal San Pío X… pero la cuestión de fondo es el II Concilio Vaticano y la forma en que este concilio debe ser interpretado.» [2] –énfasis añadido-

Esto nos lleva hacia la raíz de la cuestión: ¿Qué nivel de autoridad posee el Segundo Concilio Vaticano? ¿Cómo puede uno reconciliar enseñanzas conciliares que están  desacompasadas con el Magisterio preconciliar?

Añadiendo a tales cuestiones realizadas por Mons. Brunero y Roberto de Mattei, el Dr. John Lamont [3] publicó en Chiesa [4] un cuidadoso análisis [5] del debate escrito entre Mons. Ocariz [6], por parte de Roma, y Fr. Jean-Michel Gleize [7], de parte de la FSSPX, el cual también planteó importantes interrogantes. El Dr. Lamont claramente expresa la posición doctrinal de la FSSPX sobre el Vaticano II vis-à-vis con el auténtico Magisterio:

«La primera pregunta que enfrenta un teólogo es respecto a la posición de la FSSPX sobre el tema de la autoridad del Segundo Concilio Vaticano. (El artículo de Mons. Ocariz)… parece afirmar que un rechazo de la autoridad del Vaticano II es el fundamento de la desavenencia con la Santa Sede. Pero para cualquiera que esté familiarizado tanto con la posición teológica de la FSSPX como con la opinión del ambiente teológico en la Iglesia católica, esta afirmación es difícil de entender. Los puntos mencionados por Fr. Gleize corresponden sólo a cuatro de las voluminosas enseñanzas del Vaticano II. La FSSPX no rechaza por completo el Vaticano II, por el contrario, el Obispo Fellay ha declarado que la Fraternidad acepta el 95% de sus enseñanzas. »

Con ironía el Dr. Lamont agrega:

«Esto significa que la FSSPX es más leal a las enseñanzas del Vaticano II que muchos en el clero y en la jerarquía de la Iglesia católica.

Es relevante que los textos del Vaticano II que son rechazados por la FSSPX sean los aceptados por los grupos liberales dentro de la Iglesia y quienes rechazan otras enseñanzas de ese concilio.»

Continúa con su análisis:

«Uno podría entonces suponer que son estos textos específicos –sobre libertad religiosa, la Iglesia, el ecumenismo y la colegialidad- los que representan el problema. La desavenencia entre la Santa Sede y la FSSPX surge debido a que la Fraternidad rechaza estos elementos particulares del Vaticano II, y no porque la Santa Sede defienda la totalidad del Vaticano II…

[…]

Este grupo (la de los liberales) simplemente sostiene que ciertas doctrinas de la Iglesia católica no son verdaderas. Ellos rechazan así la enseñanza católica, punto final. La FSSPX, por otro lado, no afirma que la enseñanza de la Iglesia católica sea falsa, en lugar de eso, afirma que algunas de las afirmaciones del Vaticano II contradicen otras enseñanzas magisteriales de mayor autoridad, y por lo tanto, el aceptar las doctrinas de la Iglesia católica requiere aceptar esas enseñanzas más autorizadas de la Iglesia y rechazar la pequeña porción de errores del Vaticano II. Se afirma que la verdadera enseñanza de la Iglesia católica puede encontrarse en declaraciones más antiguas y con mayor autoridad.»

El Dr. Lamont plantea otra cuestión: «¿Cómo puede objetarse que la FSSPX sostenga la verdad de pronunciamientos magisteriales de mayor autoridad?»

«Esta cuestión en realidad se responde de forma automática: no puede haber objeción. Si la posición de la FSSPX sobre la doctrina ha de juzgarse como objetable, entonces debe afirmarse que esta posición no es lo que los pronunciamientos magisteriales dicen en realidad, y por lo tanto que la FSSPX falsifica el significado de tales pronunciamientos. Esta afirmación no es fácil de sostener, ya que cuando dichos pronunciamientos magisteriales fueron promulgados, éstos dieron lugar a un cuerpo sustancial de labor teológica que tuvo como objetivo la interpretación de los mismos, y corresponde a la forma en que estos pronunciamientos deben ser entendidos, tal y como fueron hechos.»

El autor entonces plantea estas lógicas preguntas finales:

«Este hecho le otorga aún más importancia y urgencia a la tercera interrogante que enfrenta un teólogo: ¿Qué es lo que estos pronunciamientos realmente enseñan si es falso lo que la FSSPX dice que enseñan?

… ¿Cúal es la enseñanza autorizada de la Iglesia católica sobre los puntos que están en disputa entre la FSSPX y al Santa Sede?»

El Dr. Lamont concluye su análisis con la siguiente afirmación, subrayando el significado universal de las relaciones entre la FSSPX y Roma:

«La naturaleza de las enseñanzas de la Iglesia católica sobre la libertad religiosa, el ecumenismo, la Iglesia y la colegialidad, es de gran importancia para todos los católicos. Las interrogantes planteadas por las discusiones entre la Santa Sede y la FSSPX conciernen, de este modo, a toda la Iglesia, no solamente a los elementos que tomaron parte de la discusión.»

Ciertamente es grato leer tales reflexiones acerca de las enseñanzas del Concilio y del futuro de la Iglesia, sin embargo, se puede hacer aún más, como el mismo Dr. Moyhihan lo sugiere:

«(El Papa) Benedicto ahora se encuentra en el centro de intereses muy poderosos quienes desean influenciar en lo que decidirá sobre este asunto. Por esta razón él necesita de nuestras oraciones.» [8]

Para este fin, es providencial la fecha para la conclusión de nuestra Cruzada de Rosarios (domingo de Pentecostés, 27 de mayo), y se vuelve mucho más relevante y urgente.

Notas.

[1] Published via The Moynihan Report on April 19, 2012 under the title, “7th Anniversary of the Election of Pope Benedict XVI”. Dr. Moynihan’s piece also included some touching and even supportive points about Archbishop Lefebvre and personal stories of the editor that revealed his longtime interest in the Society of St. Pius X.

[2]  Ibid.

[3] Dr. Lamont attended Oxford University where he obtained a degree in philosophy, then took a degree in theology from Ottawa University in Canada. He currently resides in Australia where he teaches theology by archdiocesan mandate at the Catholic Institute and University of Notre Dame in Sydney.

[4] Chiesa.espressonline.it is a Catholic news agency based in Italy.

[5] “A Theologian’s Questions”, quoted by Sandro Magister in his April 13, 2012 article for Chiesa.it titled “For the Lefebvrists, It’s the Last Call to the Sheepfold”.

[6] An Opus Dei theologian from the Roman side of the Rome-SSPX Theological Commission.

[7] Also a member of the Theological Commission who is a seminary professor of ecclesiology at Econe.

[8] The Moynihan Report.

Traducción de Alejandro Villarreal de bibliaytradicion.wordpress.com

>>BITÁCORA<<

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