Posteado por: Alejandro Villarreal | Jueves, abril 19, 2012

El historial de la izquierda en su guerra contra la historia

Título: El historial de la izquierda en su guerra contra la historia
Autor: Dr. Samuel Gregg
Traducción: Alejandro Villarreal -abr. 2012- Notas e imágenes añadidas

Dr. Samuel Gregg. Director investigador del Acton Institute. Autor de varios libros.

¿Qué tienen en común, aquel argentino participante del golpe sedicioso en Cuba y ejecutado hace 45 años en la selva boliviana, con un pequeño pueblo de la costa occidental irlandesa? Aparte de sus tenaces vínculos ancestrales, la respuesta es nada. Sin embargo, recientemente hubo intentos por fabricar tal relación y que constituye sólo otro intento determinado de la izquierda para lavar la historia.

En febrero de este año, el Ayuntamiento de la Ciudad de Galway -Irlanda-, anunció sus planes para construir una estatua del Che Guevara «para honrar a uno de los suyos» (una de las abuelas del Che nació en Galway).

Ernesto Guevara de la Serna. Fotografía: estatua en su ciudad natal de Rosario, Argentina.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que se manifestaran muestras de indignación de parte de varios empresarios irlandeses, periodistas y eventualmente la del Presidente de la Oficina del Comité de Asuntos Exteriores -House Foreign Affairs Committee- sobre esta intención del ayuntamiento. ¿Por qué -les preguntaron- la ciudad de Galway erigiría un monumento a alguien quien personalmente se encargó de asesinar a muchas personas sin mediar proceso legal alguno? ¿Por qué honrar a un hombre quien apoyó uno de los periodos más brutales del régimen castrista de opresión, incluyendo encarcelamientos arbitrarios y ejecuciones sumarias?

La reacción inicial de la izquierda irlandesa fue negar estos hechos y lanzar ataques ad hominem. Cuando esto falló, ellos presentaron racionalizaciones que rayaron en lo absurdo. Por ejemplo, un columnista escribió:

«Sí, el Che fue cruel, fanático y algunas veces asesinó, pero ¿fue él un homicida? No, no en el sentido de un asesino serial. Él sólo fue una de esas raras personas quienes están preparados para ir más allá de las limitaciones éticas, incluso más allá de los límites de su propia consciencia, y así traer un bien mayor por medio de realizar obras terribles.»

Aparentemente, un asesino no es realmente un homicida si está justificado por «traer un bien mayor».

Sin embargo, no debemos sorprendernos de tales respuestas, éstas reflejan un patrón. Por ejemplo, entre los intelectuales franceses contemporáneos izquierdistas, es casi imposible que reconozcan el genocidio por causas ideológicas desatado por la Revolución Francesa en la Vendée, en la década del noventa del siglo dieciocho. En la actualidad en EE. UU., cualquier mención de la asociación de Planned Parenthood en sus primeros años con el movimiento eugenésico invariablemente resulta en una reacción de indiferencia y, eventualmente, en pobres explicaciones como que su fundadora, Margaret Sanger, fue sólo un «producto de su tiempo». La misma actitud se muestra en casi todos los liberales estadounidenses, en su negativa para discutir los infundios que emplean al estilo de Bill Maher para describir a la mujer conservadora.

Pero cuando la izquierda es confrontada con la historia del comunismo, es el momento en que el soslayo, el recurso del ad hominem, los silencios sombríos y las excusas frágiles se manifiestan al unísono. Allá en el año 1997, varios intelectuales franceses, muchos de ellos con historial en la izquierda, publicaron El Libro Negro del Comunismo. Este texto detalla exhaustivamente la forma en que los movimientos y regímenes comunistas encarcelaron, torturaron, castigaron con el hambre, experimentaron, esclavizaron y exterminaron a millones de personas en todo el mundo durante el siglo XX.

Nota de B&T: El uso aquí de “millones” de personas no es un eufemismo ni una exageración como el que suelen utilizar los mismos militantes y simpatizantes de la izquierda cuando se trata de golpear, principalmente a la Iglesia.

Aunque sólo unas pocas almas valientes de la izquierda han concedido que el libro ofrece evidencia abrumadora, la respuesta general de la izquierda es seguir el guión acostumbrado: ataques a la credibilidad del autor, la disputa sin fin del número preciso de las cifras de muertos (como si un millón más o menos fuese a cambiar de forma sustancial la tesis general), afirmaciones de que Stalin representó una “distorsión” del marxismo, e incluso sugerencias más descabelladas como que tales crímenes no nos deben distraer de los «auténticos logros del comunismo».

En general, la izquierda ha tenido un éxito notable para distorsionar la percepción de las personas respecto a lo que ha sido el comunismo. Hoy todos saben acerca de las inenarrables atrocidades de los nazis, pero ¿alguien puede dudar que sólo unos pocos sepan acerca de las atrocidades ordenadas por caudillos como Lenin, Castro, Mao y Pol Pot?, ¿comprenden esos ocupados manifestantes en las calles de Wall Street, ondeando banderas rojas con el martillo y la hoz, que tales símbolos pertenecen a aquellos quienes implantaron  y defendieron el comunismo?

Pero mientras que la respuesta de la izquierda a estas preguntas incómodas no es probable que cambie, la pregunta enigmática es por qué tantos políticos e intelectuales de tendencias izquierdistas se comprometen en esta clase de tretas.

Parte de la respuesta reside en la humana resistencia de cualquiera a reconocer el lado oscuro de los movimientos por los cuales tiene alguna simpatía. Incluso hoy, por ejemplo, existen latinoamericanos inclinados a elaborar excusas para defender los escuadrones de la muerte cuyos orígenes están en la derecha, en el infame Escuadrón de la Muerte que se manifestó en América Central en la década de los 70 y 80 del siglo pasado.

Sin embargo, la pronunciada escalada de negacionismo entre los liberales sugiere que algo más está sucediendo, pienso que se debe al intento de la izquierda por monopolizar la nobleza moral.

Nota de B&T: Obviamente esto está sólo en un nivel discursivo, pues como dice este escritor, cuando se trata de confrontar la realidad tan sólo deciden ensordecerse o elaborar justificaciones implausibles, ya sea en temas históricos, como en este caso, o en temas como el aborto y la legalización de los actos homosexuales. Es muy curioso el caso de la izquierda mexicana, pues en la estrategia de su candidato presidencial (López Obrador) parece que es muy importante parecer lo que no es, parecer conservador con el fin de provocar una empatía con el pueblo de México que sí es conservador: se le ha querido hacer pasar por cristiano protestante o “evangélico” (utilizando su eufemismo), en sus campañas es común que utilice “decálogos”, hoy existe una campaña donde dice enfatizar “los valores”, pero tibiamente se niega a definirse abiertamente en torno al aborto y la uniones homosexuales, aunque todos sabemos que esa es la bandera actual de los liberales, en otras palabras, López Obrador está poniendo en práctica su vieja estrategia de parecer impoluto mientras otros le hacen el trabajo sucio, ya sean las encuestas fantasma o sus subalternos, hace unos meses en sus vídeos aparecía con una actitud que recordaba mucho la de los ministros de culto, incluso haciendo gestos que parecían bendiciones, este candidato siempre ha gustado acusar a sus oponentes de “neoliberales”, obviamente con referencia exclusiva a la forma de llevar la economía, sin embargo en la mente del público en general, parecería que este candidato es más papista que el papa, o la clásica de los caudillos de izquierda que es despotricar contra Estados Unidos, cuando hoy existe un gobierno izquierdista radical en ese país y desde el cual se está presionando con mucha fuerza para que se pasen políticas como el aborto o la legalización de la homosexualidad.

Cualquiera que lea los escritos de los liberales pronto descubrirá que ellos suelen expresar que se encuentran trabajando en la liberalización de todos nosotros contra toda clase de opresiones. Normalmente, su meta tan sólo es expresar una especie de utopía secular. Carlos Marx, por ejemplo, describió su fin particular en la historia como un mundo en el cual todo fuese posible para todos «realizar una cosa hoy, otra mañana; cazar en la aurora, pescar al mediodía, atender al ganado al atardecer y criticar después de cenar, tal y como a mí me gusta».

Por supuesto, el afirmar la nobleza moral le permite a la izquierda ignorar a sus críticos y sus acusaciones por sus acciones faltas de ética, innobles o peligrosas. En muchas ocasiones se ha invocado la supuesta consciencia de hacer lo correcto para justificar el uso de medidas feroces contra los oponentes de la izquierda, los reales y los imaginarios.

Por ejemplo, en su búsqueda de legitimizar el Reino de Terror durante la Revolución Francesa, su principal arquitecto Maximiliano Robespierre afirmó:

«La primavera del gobierno durante la revolución estuvo virtuosamente combinada con el terror… el Terror tan sólo es un tipo de justicia expedita, severa e inflexible, y en tales casos es una emanación de la virtud.»

Desafortunadamente para los liberales, algunos izquierdistas han llevado esto muy lejos para materializar sus objetivos y pone seriamente en duda sus afirmaciones sobre su propia autoridad moral. Después de todo, ¿quién en sus cabales podría asociar la virtud con la guillotina, en el preciso Lugar de la Revolución?, ¿no se supone que sólo los reaccionarios son quienes llevarían a cabo tales cosas? ¿Podría creerse que el santo Che alguna vez haya dicho lo siguiente?:

«Es innecesario enviar a los hombres al pelotón de fusilamiento mediante pruebas judiciales. Estos procedimientos son detalles arcaicos y burgueses… un revolucionario debe convertirse en una máquina fría de matar, motivado sólo por el odio.»

Como regla general, los conservadores generalmente no creen en utopías. Desde el tiempo de Edmund Burke, ellos han enfatizado la falibilidad humana y su torpeza, sin mencionar la soberbia de tratar de crear paraísos sobre la tierra.

Sin embargo, para la izquierda, cualquier reconocimiento de tales verdades dolorososas sobre la condición humana compromete severamente su raison d’être –razón de ser-. Este autoconocimiento también significa que ellos deben librar una guerra de rechazo y racionalización contra todo lo que contradiga su mitología, tal y como sucede con los hechos no muy románticos de personajes anti angélicos como el Che.

Finalmente, la verdad histórica usualmente triunfa sobre la mera ideología. Las mentiras tienden a desintegrarse desde dentro, aunque Alexis de Tocqueville alguna vez escribió:

«Cuando el pasado deja de iluminar el futuro, el espíritu camina en la oscuridad.»

Los conservadores tienden a olvidar este consejo, poniéndose en peligro.

Traducción de Alejandro Villarreal de bibliaytradicion.wordpress.com

SOBRE la REPRODUCCIÓN del CONTENIDO de B&T: Se concede el permiso para reproducir, total o parcialmente, las traducciones originales de este blog, en otras páginas o blogs, con la condición de mencionar el origen del mismo, así como a su autor original y el nombre del traductor. El autor de B&T hace lo correspondiente al tomar material de otras páginas, sin excepción, y a pesar de no concordar totalmente con las ideas de otras webs o autores, creyendo que en esto reside un simple pero no despreciable acto de honestidad.


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